2. El propósito de la representación. Los Tratados de Un curso de amor (III)   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y un listado de capítulos y entradas, ver índice.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando]

Los Tratados de Un curso de amor. III. Un tratado sobre el yo personal

Capítulo 2. El propósito de la representación

2.1 ¿A qué propósito parecería servir el hecho de que algo exista solo como una representación? Podríamos pensar sobre ello en términos de propósito original, y de que el propósito original de la representación es compartir el Yo, el Ser, de una nueva manera. Las expresiones a las que llamas “arte” son deseos de compartir el Yo de una nueva manera. Son las expresiones de un Yo que observa e interactúa en la relación. No se trata de expresiones que se mantengan limitadas por el margen de lo que tú eres o de quien piensas que eres. No son expresiones del yo-solo, del yo aislado. No son expresiones del yo aislado en términos que podrías considerar autobiográficos, ni expresiones de ese yo aislado que considerarías que es el yo en la separación. Son más bien expresiones del Yo en unión –expresiones de lo que el Yo o Ser ve, siente, concibe e imagina en relación.

2.2 ¿Cuál es el propósito del arte? Aunque el arte no es más que una representación de lo que el artista elige compartir, pocos de nosotros consideraríamos estas representaciones como algo inútil o carente de valor. El arte es una representación, pero también se convierte realmente en algo, en algo que se ha llamado “arte”. El arte se convierte ciertamente en algo al expandir el discernimiento, la consciencia –o, en otras palabras, al hacer que algo se vuelva conocido. Esto es lo que la verdadera relación hace, y es su propósito, así como lo que ella es.

2.3 Aunque hayamos dicho que tú elegiste la separación, no se ha dicho que esta elección fuera la elección en que ha parecido convertirse. Elegiste representarte a ti mismo de una nueva manera, expresarte de una nueva manera, compartirte a ti mismo de una nueva manera. La elección de representar a tu Ser en la forma, fue una elección por la separación, pero no porque la separación en sí misma fuese deseada tal como has supuesto que lo fue. Esta es la suposición que has aceptado de forma muy parecida a como has aceptado que tu libre albedrío es lo que te permite estar separada de Dios y ser independiente de Él. Una vez que esto fue aceptado, la dualidad de tu existencia se volvió primordial; se convirtió en la única manera que encontrabas para poder descifrar el mundo que te rodea y tu papel en él. La separación, el aislamiento, la independencia, la individualidad, se convirtieron en el propósito que asumías y dabas por hecho en vez del propósito que comenzabas a lograr –el de una nueva manera para expresarte de una forma tal que expandiera la consciencia del yo y de los demás, por medio de la relación. Tú elegiste un medio de creación… al igual que Dios eligió un medio de creación. Ese medio de creación es la separación, convertirse en separado (en el observador así como en el observado) para poder extender la creación por medio de la relación (entre observador y observado).

2.4 Aunque pasamos mucho tiempo en este Curso hablando de la elección que tú crees haber hecho, esta discusión era necesaria solo en el mismo sentido en que se hacía necesario discutir en profundidad el sistema de pensamiento del ego. Lo que tú crees sobre ti mismo forma parte de la base que se ha construido en torno a este sistema. Ahora, junto con las creencias planteadas en el Tratado sobre la Unidad, se te pide que aceptes una nueva creencia al respecto de la elección que hemos llamado “la separación”, una elección que tú has considerado un pecado.

2.5 Mientras has creído que tú eres el yo del ego, has creído en la necesidad tanto de glorificar al yo como de denigrarlo. Estas creencias han moldeado tu visión dualista del mundo y de todo lo que existe en él contigo. Por cada “gloria”, regalo o éxito que has conseguido, has creído en un precio correspondiente, que era, en esencia, un precio que se pagaba a costa de la denigración del yo, del ser. Creías que por cada ganancia había una pérdida. Esto se debía a que creías que cada paso en el avance de tu estado de separación era un paso que se alejaba de Dios y de tu Yo real. Esta creencia estaba basada en la lógica, pero en la lógica de la ilusión –en una lógica que hizo que creyeses que elegiste separarte de Dios como acto de rebeldía y como deseo de ya no ser más una unidad con Dios. Esto no podría estar más lejos de la verdad, y esta es la causa de todo tu sufrimiento, ya que, dentro de esta creencia se encontraba la creencia de que con cada paso exitoso hacia la independencia, venía un paso correspondiente que te alejaba de Dios. Como la independencia parecía ser tu propósito aquí, no podías evitar intentar avanzar en esta dirección. Y, sin embargo, tampoco podías evitar castigarte a ti mismo por este avance.

2.6 Ahora dejamos todo esto atrás mientras avanzamos hacia la verdad por medio de nuestro regreso al propósito original. Tu regreso a tu propósito original elimina el concepto de pecado original y te deja libre de culpa. Es a partir de este estado libre de culpa o inalterado, como tu yo personal puede comenzar a representar la verdad, puesto que la falsedad, o el ego, se dejan atrás. Solo este único, este inalterado Ser, es la verdad de quien tú eres y de quienes tus hermanos y hermanas son. Esto es lo que significa la unicidad. Esto es lo que quiere decir la unidad.

2.7 Y no obstante, la verdad tiene tantas maneras de ser representada como tiene la ilusión.

2.8 Al igual que las representaciones artísticas de la ilusión a veces se llaman “arte”, las representaciones del yo de la ilusión se han llamado “el yo” o “el ser”, pero sin serlo. Sin embargo, en cada una de ellas se revela el yo o ser que tú crees que es real. Por tanto, no todo lo que se llama “arte” es arte, y no todo lo que tú llamas “yo” o “ser” es Yo o Ser, incluso aunque ambos representen la verdad tal y como tú la percibes. Representar la verdad, tal y como tú la percibes, ha sido el trabajo que han emprendido muchas personas con aires de superioridad que han causado un gran daño a otros y al mundo. No existe ninguna verdad en la ilusión, por lo que ninguna representación de la verdad percibida, a pesar de lo intensamente que haya sido defendida, ha alterado realmente el efecto, pues no ha alterado la causa.

2.9 En el arte no existe lo correcto ni lo incorrecto, así como no existe lo correcto o lo incorrecto, lo bueno o lo malo, en lo que respecta al yo o ser, sino solo representaciones precisas o imprecisas de la verdad. Las representaciones imprecisas de la verdad simplemente carecen de significado. A pesar de lo mucho que uno intente encontrar un significado en lo que carece de él, no lo encontrará. Lo que carece de significado no tiene la capacidad de cambiar el significado de la verdad. Así que tu Ser, tu Yo, ha permanecido inalterado, al igual que lo ha hecho todo aquello a lo que le has asignado un significado impreciso.

2.10 Por tanto, te encuentras al principio, con un Ser ahora libre de la carencia de significado que tan solo intentabas asignarle. Te encuentras vacío de falsedad y a punto de embarcarte en el viaje de la verdad. Te encuentras en el momento transformacional entre lo irreal y lo real. Lo único que esperas es una idea, un recuerdo de la idea original sobre tu yo personal.

2.11 Este recuerdo yace en tu corazón y tiene la capacidad de convertir la imagen que has creado en un reflejo del amor que mora en él, con una santidad que está más allá de tu capacidad actual de imaginar. Es imposible que imagines esta santidad con los conceptos del sistema de pensamiento del que has dependido hasta ahora. Este sistema de pensamiento solo ha permitido la aceptación de una realidad dentro de unos ciertos parámetros, ya que no te ha permitido imaginarte como siendo capaz de dar pasos “hacia atrás”, hacia el Dios que crees haber dejado como acto de rebeldía, o hacia el Ser que crees haber abandonado ahí. Sé sincero contigo mismo ahora y constata que lo que estoy diciendo es algo que ya sabes. Constata que sabes que Dios no fue quien te abandonó, sino que fuiste tú el que abandonó a tu Yo y a Dios. Abandona tu deseo de pensar que si hiciste algo así es porque había una razón para hacerlo. ¿Cuántas veces te has preguntado por qué habrías elegido la separación si no hubiese habido una razón para que lo hicieses? Constata que aquí se te ha dado una razón, y que esta razón, aunque es perfectamente creíble, no incluye la necesidad de abandonar a tu Ser o a Dios. ¿Por qué deberías estar más inclinado a creer que dejaste un paraíso para vivir un rato en una forma que te ocasionaría tanto sufrimiento y lucha, por la única razón de estar separado de aquello a lo que deseas regresar? La única alternativa ha parecido ser una creencia en un Dios que te desterraría del paraíso por tus pecados. Hasta ahora, hemos trabajado para cambiar tu idea de un Dios vengativo. Ahora trabajamos para cambiar tu idea de un yo vengativo. Pues, ¿qué otra cosa podría ser un yo así?

2.12 Es tan importante que entiendas este punto que vuelvo a nuestra comparación entre la familia del hombre y la de Dios, además de a nuestra discusión sobre el regreso de los hijos e hijas pródigos de Dios. En esta discusión puede que parezca que se ha aceptado la idea de un yo tan altamente desarrollado como el de un niño adolescente, un yo que elegiría voluntariamente explorar la independencia, fuese cual fuese su precio. Esta discusión examinaba meramente la realidad en la que decidiste creer, la realidad del yo del ego, un concepto del yo aparentemente estancado en una fase adolescente de desarrollo. El único deseo del yo del ego era que “maduraras” en su versión de un ser independiente… fuese cual fuese el precio.

2.13 Aunque puede que os estéis felicitando alegremente por haber dejado atrás ese pensamiento adolescente, este pensamiento debe ser rápidamente reemplazado por una nueva idea sobre vosotros mismos para que su agarre deje de tener efecto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: