El no-problema del enamoramiento   Leave a comment

imagen corazón en círculo

El problema del “enamoramiento” no es el amor, sino nuestras interpretaciones: “el ego”, esas interpretaciones que parten del supuesto de que nuestro yo separado es real.

El problema nunca puede ser “el amor”…, ni un estado demasiado vibrante como para ser cierto.

El problema es este mundo demente, donde no vemos que estados así (de vulnerabilidad, una vulnerabilidad y sensibilidad que puede aprender la verdadera fortaleza, la del amor… y que puede aprender a conservarla… como conexión con la unidad)… donde no vemos que esos estados… son los estados naturales… y son los “amplificables”.

En este mundo preferimos el estado aparentemente usual, constante: de callada desesperación; pero este estado es una cuestión de creencias, y por tanto es algo a ser abolido.

El ego es la atribución de ese estado “de amor”, tan vibrante, al afuera…, es la identificación de ese estado con el supuesto afuera de los cuerpos de los “otros”…, de las circunstancias físicas, etc.

El amor son invitaciones muy simples, demasiado para nosotros, a que dejemos para siempre de interpretar, y a que cabalguemos para siempre en eso tan “demasiado subjetivo y bonito” como para ser cierto.

Cuando sentimos algo, en general, no solo enamoramiento, viene corriendo “la mente” a interpretarlo todo, a vendernos el cuento de los cuerpos separados frente a la Unidad…

Es el mismo “problema espiritual” que siempre.

Pensamos demasiado tras sentir, para no sentir a fondo, y para no simplemente sentir, solo sentir, y ya está.

Entonces en seguida vienen las interpretaciones: este estado se debe al afuera, a algo afuera.

Pero no, somos creadores.

La teoría ya la sabemos: es precisamente nuestro ser quien es creador, quien es directamente amor, quien literalmente contiene universos…, quien es, pues, capaz de crearlos de nuevo.

Así, ese estado enamorado a veces sería una pista que nos da nuestro ser interior, para que nos unamos paso a paso sumando seres, sumando situaciones.

Pero normalmente viene la exageración de una mente separada del corazón, y que guía a este corazón, en vez de ser al revés (mente y corazón unidos…, y guiando el corazón)

Y claro, ahí lo vemos: normalmente nuestro apego a atribuir al afuera nuestra felicidad, es algo que no puede ser deshecho rápidamente, pues no creemos ni que sea posible. Y esa creencia “nos cuesta”… “tiempo”.

Entonces es como si fuéramos por etapas, adquiriendo pistas o confianza en cuanto a qué es esa identificación posible con nuestro verdadero ser, con el ser interior… con nosotros mismos como creadores de nuestra experiencia…… es decir, con esa guía perfecta que está en el interior, y que finalmente somos. Y como siempre, lo importante es quizá poder mantener esa conexión, permitirlo.

Pero parece que es con el ego con quien potencialmente convertimos esos pasos, o esos progresos… los convertimos… en “adquisiciones”…, y sometiéndolos así al esquema de interpretación del ego, ese esquema o sistema que contiene cosas como: “si alguien gana, alguien tiene que perder”.

Eso ocurre, como decíamos, en vez de permitirnos la fusión con el interior, con la guía perfecta que somos/tenemos.

Normalmente el ego se aferrará a los nuevos estados, atribuyéndole al “fuera” la capacidad de mantener la conexión con la unidad creadora. Así el ego intentará recrear un nuevo “yo del ego” cada vez que “ascendamos” en “vibración”…

Pero cada encuentro, increíblemente, sabemos que es una oportunidad para que abandonemos para siempre (y no a saltos, rehaciendo yoes del ego cada vez) el hecho de estar representando la tragicomedia titulada: “mi yo separado es real”.

Mientras tanto, como decíamos, todo pequeño ascenso en vibración (en consciencia de la posible identificación con nuestro ser real) puede ser barrido por el ego y ser puesto al servicio de la ilusión del yo separado, con renovadas fuerzas.

La idea clave parece estar en que mientras pasa todo esto, en las vidas lineales ilusorias, nosotros nos podemos ir dando cuenta en estas experimentaciones que estamos luchando en una batalla que no tiene sentido, y que el ego puede finalmente dejar de barrer para casa.

Simplicidad total.

Entonces ante un estado así, que llamaríamos “enamoramiento”, podríamos decirnos:

Sé que ese “estar enamorado” es un estado que de cierto modo se puede permitir que se prolongue para siempre si uno definitivamente se suelta y se deja guiar a partir de la conservación de esa vibración, de esa conexión.

Y es que no existe ningún peligro en fundirse con nuestra guía o ser real (amor).

Así que, por tanto, frente a “la voz del ego”, frente a esa voz que me dice que no me tome muy en serio ese estado tan “subjetivo” de “amor”…, nos diremos que no, que sí que ese “amor” es lo único que “debemos” tomarnos en serio, pues ya nos hemos tomado demasiado en serio un mundo que nunca valió el precio de su entrada, y donde no hemos representado la verdad.

Después de todo, ni esos seres ahí “fuera”…, ni yo…, hemos sido jamás “humanos” (solo lo seremos paradójicamente cuando seamos a la vez plenamente humanos y plenamente “divinos”, originales, aquí).

La aceptación definitiva de la paz y la felicidad que es nuestro ser nos mostraría un mundo nuevo, creándolo, pues nunca aquí existió nada realmente “objetivo”.

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