3. El Yo verdadero. Los Tratados de Un curso de amor (III)   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas traducciones, ver las notas en esta entrada que iré completando]

Los Tratados de Un curso de amor. III. Un tratado sobre el yo personal

Capítulo 3. El Yo verdadero

3.1 Tú le tienes cariño a tu yo personal y yo también se lo tengo. Yo siempre te he amado porque siempre te he reconocido. Lo que no puede ser conocido o reconocido, no puede amarse. Aunque tu ego no haya sido algo para ser amado, tú siempre lo has sido. Ahora es cuando necesitas constatar que el yo personal que tú aprecias no es tu yo del ego y nunca lo ha sido.

3.2 Todas tus características personales no son más que una máscara que ha servido fielmente al ego. Todos tus rasgos han sido elegidos de acuerdo a los deseos del ego o en su contra. Tanto si estaban de acuerdo o en contra, su fuente seguía siendo el ego. Estos rasgos, tanto si los ves como buenos, como malos o como algo intermedio, son lo que tú has considerado que te hacía merecedor o no merecedor de ser amado. Sin embargo, también los has convertido a menudo en desafíos para el amor, diciendo, de hecho, a quienes te quieren: “queredme a pesar de estos rasgos que no son dignos de ser amados, y entonces sabré que vuestro amor es verdadero”. Estas mismas palabras te las dices también a ti mismo, sintiéndote aparentemente llamado a desafiar continuamente tu capacidad de ser amado.

3.3 Tanto como temes decepcionarte a ti misma y dejas que este miedo te aparte muchas de las cosas que desearías, temes también tanto o más tu capacidad de decepcionar a los demás o de “fallarles”. Algunos construyeron sus vidas cuidadosamente para dejar tan poco espacio como fuese posible para que la decepción las afectase, o afectase a quienes apreciaran. Algunos habéis parecido hacer lo contrario, a pesar de vuestras mejores intenciones, al haberos decepcionado a vosotros mismos, y al estar en un constante lamento por haber decepcionado a los demás. Entre vosotros también hay quienes siempre han pensado que sus vidas se encontraban más allá de responder a todo esfuerzo por intentar controlarlas, y dejaron de intentarlo hace ya tiempo. Y la mayoría de vosotros se encuentra en algún lugar intermedio, viviendo una vida llena de buenas intenciones y de esfuerzos, y no sorprendiéndose por lo que parece funcionar ni por lo que parece fracasar.

3.4 A ti mismo era al que muy a menudo culpabas por todas tus desgracias. Te habría gustado ser fuerte y capaz, y odiabas tu propia debilidad. Te habría gustado ser apacible, y odiabas los humores que parecían sobrevenir sin causa alguna. Cuando las enfermedades o la depresión se interponían en el camino de tus deseos o de los planes de los demás, no lo entendías, y permitías que esas circunstancias te llenasen de una aversión hacia ti mismo.

3.5 Creaste una sociedad que reflejase este odio hacia el yo, y que funcionase con la búsqueda de un culpable para cada desgracia. Tus enfermedades se convertían en el resultado de comportamientos que iban desde fumar a no practicar el suficiente ejercicio. Tus accidentes provocaban denuncias para poder encontrar un culpable. Culpabas al pasado por tu depresión. Incluso tus éxitos eran a menudo considerados como algo que se consigue a costa de otra persona, o como algo que había llegado a pesar de los más severos fracasos. Aunque parezca que la sociedad ha hecho mucho para provocar tu infelicidad, y aunque a su vez tú la hayas culpado a ella tanto como ella te ha culpado a ti, a nada le has echado tanto la culpa como a ti mismo.

3.6 Este es el yo vengativo que ahora eliminamos. Verdaderamente, has reemplazado los juicios con el perdón, pero no te has perdonado a ti misma plenamente. Puede que esta afirmación te resulte incongruente, ya que, ¿cómo podrías haber reemplazado los juicios con el perdón y no haberte perdonado a ti misma? Lo que esto significa es que has reemplazado los juicios con el perdón como una creencia. Esto significa que has puesto esta creencia en práctica en cada caso en el que creías que se necesitaba. Lo que esto significa es que sigues sin reconocer tu necesidad de reemplazar los juicios con el perdón cuando se refiere a ti misma. Aún no te has dado cuenta de todas las cosas que todavía consideras indignas de ser amadas en ti. Esto no significa que tú no seas digna de ser amada, sino que aún no has reconocido plenamente a tu verdadero Yo. Hasta que no lo reconozcas plenamente, no podrás amarte a ti misma plenamente. Y si no amas plenamente, no amas de verdad.

3.7 Tanto Dios como el amor se encuentran en la relación, en la cual se te da a conocer la verdad. Cuando llegas a conocer la verdad, conoces a Dios, porque conoces el amor. Las creencias, y especialmente las creencias transformadas que hemos trabajado juntos para integrar en tu sistema de pensamiento, son tan solo un primer paso, un paso hacia la relación santa. Estas nuevas creencias de tu nuevo sistema de pensamiento deben ser incondicionales. En otras palabras, no pueden ser creencias que existan solo en tu mente, como una nueva filosofía que aplicar a la vida. Deben existir en tu corazón. Y, ¿cómo pueden existir en el corazón de un yo que no es digno de ser amado?

3.8 A base de pensamientos no puedes abrirte camino hacia la nueva vida que te llama. Solo puedes llegar allí siendo quien en verdad eres.

3.9 Yo siempre te he amado porque siempre te he reconocido. Aunque tu propio reconocimiento de tu Yo ha progresado muchísimo gracias a lo que has aprendido en este Curso, tu yo es todavía considerado como un impedimento. Puede que creas que si pudieses vivir en una comunidad ideal, apartada de todo lo que te ha llevado adonde te encuentras ahora, podrías ser capaz de poner en práctica las creencias de este Curso. O bien, menos drásticamente, puede que tus pensamientos te digan que si tuvieses otro trabajo, si estuvieses libre de ciertas responsabilidades familiares o de la necesidad de tener obligaciones económicas, estarías mejor preparado para poner estas creencias en práctica. O puede que te fijes en tu comportamiento, tus costumbres, tu personalidad en general, y simplemente te declares incapaz de seguir aprendiendo. Tanto si tienes esos pensamientos de manera consciente como si no, existe una parte de ti que sigue creyendo que no eres lo bastante bueno como para ser el “buen” yo que crees que este Curso te llama a ser. La mayoría de vosotros cree ser lo “bastante bueno” durante unos días, horas o momentos, pero siempre hay algo que os acaba devolviendo a la idea de que no sois lo bastante buenos o que no os queréis esforzar tanto como para llegar a ser lo bastante buenos. Es como una persona que cree tener un problema de sobrepeso, y que sabe que cierto régimen sería “bueno” para ella, pero que a menudo rechaza la dieta porque cree que el fracaso es seguro. Mientras sigas considerando el llamamiento de este Curso como una llamada hacia la bondad, fracasarás con toda seguridad.

3.10 El Ser, el Yo que yo reconozco como Tú, no es otro distinto de quien tú eres; es quien tú eres. Todo lo que siempre ha sido distinto de quien tú eres es el ego, y el ego se ha ido. El ego era simplemente tu idea acerca de quien tú eras. Esta idea era un complejo conjunto de juicios, de bueno y malo, de correcto e incorrecto, de merecedor y no merecedor, en una lista tan infinita como carente de valor. Constata ahora la falta de valor de esta idea y deja que se marche.

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