17. Un error en el aprendizaje. Los Tratados de Un curso de amor (III)   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Los Tratados de Un curso de amor. III. Un tratado sobre el yo personal

Capítulo 17. Un error en el aprendizaje

17.1 ¿Por qué habrías elegido ocultar la verdad? Como ya hemos mostrado, haber elegido expresar el Yo en la forma física fue una elección en consonancia con las leyes del amor. No había necesidad de que el Yo estuviese separado para que esto ocurriese, pero había necesidad de que el Yo tuviese una forma observable y existiese en relación con otros que tuvieran una forma observable. Esto fue así simplemente para que las expresiones del amor pudiesen crearse y observarse en el ámbito de lo físico.

17.2 La historia bíblica donde Adán y Eva comen del árbol del conocimiento, es un ejemplo del efecto de la observación y del juicio que surgió de ahí. El yo “cayó” fuera de la unidad por medio de los juicios hechos a lo que observaba como algo “diferente” de él —al comenzar a hacer distinciones entre el yo, y todo lo demás que existía junto con él en la creación. Esta es la razón de que la historia de la creación incluya el nombramiento de las criaturas. Fue el comienzo de la percepción y de la idea de que lo que era observable era algo “distinto” de quien hacía la observación. Ahora, tu ciencia te está probando la relación entre el observador y lo observado, el efecto que uno no puede evitar tener sobre el otro. La ciencia aún tiene un largo camino por recorrer para determinar por medio de sus procesos lo que esto dice sobre la naturaleza del hombre, pero está más cerca cada día de un entendimiento de la unidad y de la interconexión de todas las cosas.

17.3 Tan pronto como el espíritu adquirió una forma, el hombre comenzó a existir en el tiempo porque se dio una necesidad de un comienzo y un final para la experiencia elegida. Así, cada yo de la forma nace al tiempo, y cada yo de la forma muere hacia fuera del tiempo. Tanto el nacimiento como la muerte siempre han existido como elecciones, como comienzos y finales de la experiencia finita del tiempo. La naturaleza de lo que es finito es empezar y terminar. Y el nacimiento y la muerte son lo único que tú has considerado como verdaderos comienzos.

17.4 Como hemos dicho antes, el tiempo es una medida del “tiempo” que se necesita para que ocurra el aprendizaje. Se eligió una nueva experiencia —la experiencia de existir en el ámbito de lo físico. Como tal, esta supuso un comienzo tan nuevo como lo es el comienzo al que ahora se te llama. Requirió el aprendizaje de un nuevo sistema de pensamiento, el sistema de pensamiento de lo físico, un sistema de pensamiento que no había sido necesario antes de que existiese la forma física. La historia de la creación de Adán y Eva, además de otras muchas historias de la creación, habla de un “error” en el aprendizaje del sistema de pensamiento de lo físico, un error que llegó a ser el componente básico de todo lo que vino después.

17.5 Ese error consistió en ver a Dios como alguien “distinto” y separado del yo. Aunque para la experiencia que se deseaba era importante aprender las lecciones de lo que era observable en el ámbito de lo físico, al haberse comenzado a olvidar de lo no observable, se inició un proceso de olvido o desaprendizaje de la verdad, que es lo que ha conducido al mundo en el que ahora existes por medio del aprendizaje de la falsedad en el mecanismo del tiempo. Puede que parezca ridículo decir que la falsedad puede aprenderse, pero esto es exactamente lo que se ha aprendido durante el tiempo de tu experiencia en la forma física. Como tu verdadero Yo no podía aprender la falsedad, entonces, un nuevo yo, al que hemos llamado “el yo del ego”, fue creado. Como el yo egoico no puede aprender la verdad, tuvo que invocarse a tu yo verdadero para que este aprendizaje tuviese lugar.

17.6 El Espíritu Santo fue llamado a devolver este recuerdo a las mentes y a los corazones. Pero, una vez más, permíteme que te recuerde que el Espíritu Santo no es distinto de quien tú eres, sino un aspecto de quien tú eres y de Quien Dios Es. Deja que te recuerde también que nombres como “Espíritu Santo” no son sino símbolos verbales que representan lo que es. Así que piensa ahora en cualquier historia que conozcas sobre el Espíritu Santo, en alguna de esas historias que simbolizan lo que es. En esas historias siempre se apela al Espíritu Santo para que al yo de la ilusión le sea devuelto el verdadero Yo. En ellas, un Espíritu Santo es invocado para que regrese a tu mente y a tu corazón.

17.7 En Un Tratado sobre el arte del pensamiento se te dijo que el momento del Espíritu Santo ha terminado, y que el momento de la segunda venida de Cristo está aquí. El nombre de Cristo se asoció con mi nombre, el nombre de Jesús, porque yo viví como hombre con un Espíritu Santo en mi mente y mi corazón, y, como tal, representé la verdad. Muchos otros, con muchos otros nombres, han representado la verdad, y al hacerlo, han disipado la ilusión en ellos mismos y en aquellos que siguieron sus enseñanzas y su ejemplo. Esto ha ocurrido durante la época del Espíritu Santo.

17.8 El Espíritu Santo, al contrario que Dios el Creador, ha conocido la existencia de la ilusión y el sistema de pensamiento del yo del ego, y ha sido capaz de comunicar dentro de esa ilusión. Sin este medio de comunicación con el yo del ego, la capacidad de aprender la verdad no podría haber regresado a ti. La época del Espíritu Santo ha terminado ahora, pues el tiempo de la ilusión llega ahora a su fin. Lo que es finito tiene un punto final y este es ese punto final para el tiempo de la ilusión. Lo que hará que se termine el tiempo de la ilusión es el regreso de Cristo, es decir, tu capacidad y tu disposición para vivir como tu verdadero Yo, para vivir en la casa de la verdad en vez de en la casa de la ilusión. Al igual que la verdad es la verdad, y la ilusión es la ilusión; al igual que estas cosas son lo que son, sin ninguna clase de juicios, el comienzo también es el comienzo y el final es el final. El comienzo del que hablamos aquí es lo mismo que el final del que hablamos aquí. El tiempo del Espíritu Santo, o el tiempo en el que era necesaria la comunicación entre la ilusión y la verdad, debe terminar para que la verdad se convierta en la única realidad.

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