20. Sufrimiento y observancia. Los Tratados de Un curso de amor (III)   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Los Tratados de Un curso de amor. III. Un tratado sobre el yo personal

Capítulo 20. Sufrimiento y observancia

20.1 Al decir que ya no hay tiempo que perder con la ilusión, estamos diciendo que ya no servirás más al tiempo, sino que el tiempo será el que te sirva a ti. El tiempo fue desperdiciado en la ilusión, por lo que pareció poderse convertir en un amo que hacía de ti su esclavo. Ahora hay que considerar el tiempo de una nueva manera, una manera que tiene que ver con la eficacia. La ilusión tiene como fundamento una causa falsa, por lo que ninguno de sus efectos existe en la verdad. Ahora bien, cada uno de tus pensamientos y de tus acciones tendrá un efecto, y las elecciones que se encuentran ante ti serán elecciones que tendrán en cuenta dónde van a tener el mayor efecto tus pensamientos y tus acciones.

20.2 Aunque conceptos como “más” o “menos” no tenían sentido en la ilusión; y aunque esos conceptos sean extraños también para la verdad, se les puede encontrar un sentido en lo que se refiere al aprendizaje de la verdad. Como esto es para lo único que necesitamos el tiempo, y como esto es lo único que dicho tiempo mide, sería lógico decir que el aprendizaje puede tener lugar a un ritmo lento o a uno rápido. No hay “más” o “menos” en lo que se refiere a conocer la verdad que siempre has conocido, pero hay grados de remembranza y, como esto es lo que intentamos que ocurra, el tiempo puede llegar a ser nuestro aliado al usarlo para ser eficaces.

20.3 Repito, no dejes que tus pensamientos se desvíen con ideas de beneficiar y de afectar a los demás. En la unidad, todos los demás son uno contigo y, por tanto, aquello por lo que te esfuerzas al ser efectivo es por tu propio aprendizaje. Ahora, en vez de aprender la verdad, estás aprendiendo a vivir según la verdad. Esto te beneficiará a ti y, al hacerlo, también beneficiará a los demás.

20.4 En Un Tratado sobre el arte del pensamiento se te dijo que pidieses un milagro como dispositivo de aprendizaje. Este dispositivo de aprendizaje tenía dos aspectos. El primero era revelarte tus miedos al respecto del milagro, para que aprendieras de ellos. El segundo era el de garantizarte que el milagro es la manera más eficaz de demostrarte quién eres.

20.5 Vinculemos ahora la observación y el milagro. Puedes obtener un ejemplo sencillo, como suele ocurrir, fijándote en cómo es la observación bajo la orientación del sistema de pensamiento del ego y, por tanto, viendo los errores del método viejo para constatar el perfecto sentido del nuevo.

20.6 Piensa en una situación en la que hayas observado la enfermedad o el sufrimiento de otro. La empatía es la observancia más común en tales circunstancias. Puede que te sientas llamado a llorar, a decir unas palabras que reconozcan lo “malos” que son el sufrimiento o la enfermedad. Probablemente acabes discutiendo sobre cómo “luchar” contra la enfermedad o el sufrimiento. Probablemente escuches preguntas sobre por qué la enfermedad o el sufrimiento han llegado a materializarse, y probablemente escuches u ofrezcas comentarios sobre lo injusto de la situación. Los juicios nunca están lejos de estas observaciones. Podrías pensar que el sufrimiento solo se podría considerar como algo “malo”. No puedes sentirte de ninguna otra manera que “triste” por aquel que sufre. Sin embargo, siempre te ves inspirado a animar a esa persona, a pesar de estos sentimientos sobre lo “mala” que es la situación. Si la situación es particularmente nefasta —y constata que esto también es un juicio, ya que algunos sufrimientos y enfermedades se consideran peores que otros— se anima a esa persona a pesar del “hecho” de que tales ánimos pueden no estar basados en ninguna garantía. Aun así, a la vez que animas a alguien, te preocupa que estés dándole “falsas” esperanzas, y te preguntas cuán realista deberías ser o cuánto deberías asumir que lo debería ser el otro. Miras hacia adelante y, con el ojo de tu mente, “observas” el futuro como una repetición del presente o como una larga guerra con pocas posibilidades de ser ganada. Te reprimes para no negar los hechos, y junto con aquel al que observas comienzas el largo camino hacia las puertas de la muerte. Todas estas acciones podrían denominarse tu “observancia” de la situación.

20.7 No pareces darte cuenta de que todo esto ocurre en la relación, y que la relación es significativa y capaz de causar un efecto. No puedes imaginarte no sentirte “mal” en tales circunstancias. No puedes imaginarte no ofrecer empatía. Piensas que es de ingenuos creer en resultados positivos. Escuchas las estadísticas de lo que ha ocurrido anteriormente en situaciones similares y crees en lo que las estadísticas te mostraban. Puede que “des gracias a Dios” por una tecnología que parece ofrecer esperanzas, o por fármacos que alivian el sufrimiento; y puede que le ruegues a Dios que le ahorre a esta persona un futuro que parece estar ya escrito, y quizá pienses que es más realista e incluso más útil hacer eso que vivir según las leyes de la verdad.

20.8 Al principio te parecerá bastante difícil responder a esas situaciones de una nueva manera, pero todas las situaciones en la casa de la ilusión piden la misma respuesta, la respuesta del amor al amor. ¿Por qué piensas que creer en el sufrimiento es algo amoroso? ¿Es que no empiezas a ver que al hacerlo solo lo refuerzas, refuerzas aquello que incluso podrías llamar el “hecho” del sufrimiento? ¿No puedes preguntarte, en vez de eso, qué daño podría causar ofrecer un nuevo tipo de observancia?

20.9 Aunque no necesites actuar de maneras que no concuerden con la compasión o incluso verbalizar tus nuevas creencias, aquí se te está diciendo directamente que ninguna circunstancia debería conducirte a abandonarlas.

20.10 Tu nuevo sistema de pensamiento no está vinculado a las creencias del tipo “si esto, entonces lo otro”. Piensa en los ejemplos que te rodean. La gente que vive lo que llamas vidas sanas sucumben a enfermedades y accidentes igual que aquellos que viven lo que se llama vidas no sanas. A la gente “buena” le ocurren tantas calamidades como a la “mala”. No te estoy llamando simplemente a otra versión de ser bueno o de estar mentalmente sano, a ejercicios de visualización o al pensamiento positivo. Te estoy llamando a vivir según la verdad y a que nunca la niegues, a que no consideres ninguna circunstancia como un motivo para abandonarla. Sí, te estoy proporcionando medios para ayudarte a saber cómo vivir según la verdad, pero los medios nunca deben confundirse con los resultados.

20.11 Los milagros no son el fin, sino solo el medio para vivir según la verdad. Los milagros no son algo que se invoque para poder crear resultados específicos en circunstancias específicas. Son para que se viva según ellos, al igual que la verdad es para que se viva según ella, y no porque desees un resultado, sino porque es quien tú eres, y porque constatas que ya no puedes ser, vivir, ni pensar como alguien distinto a quien tú en realidad eres. Así de profundo debe ser tu aprendizaje. Es un aprendizaje que no debe cambiar para adaptarse a las circunstancias de la ilusión, sino que debe ser inmutable para ajustarse a las circunstancias de la verdad.

20.12 Ya no puedes volver a la casa de la ilusión, ni siquiera para ocasionar explosiones en ella. Has salido de esta casa y se te llama a que no regreses, a que no le des la espalda a la verdad, ni a Dios, ni al amor.

20.13 ¿Seguirán sufriendo quienes tú amas? Puede que muchos sí, pero no con tu ayuda. ¿Con tu ayuda, muchos más verán el final del sufrimiento? Muchos lo harán. ¿Tu trabajo está encaminado a lograr el final del sufrimiento? No. Esa no es tu tarea. Aquí no se trata de tu esfuerzo, se trata de tu observancia, de tu observancia de las leyes del amor. Tu observancia se trata de permanecer con la causa en vez de perderse con el efecto, permaneciendo en la forma de vida que llevan quienes han concebido la idea de que causa y efecto son en verdad una sola cosa.

20.14 Os doy las gracias por vuestro fuerte deseo de ser los salvadores del mundo y de acabar con su sufrimiento. Os doy las gracias por vuestra compasión y por vuestro deseo de ser de utilidad para el mundo. Pero os llamo desde la paz y os pido que permanezcáis en ella conmigo, y que no dejéis que el sufrimiento del mundo os aparte de ella. Cuando estas cosas del mundo amenacen con apartaros de vuestra paz, os debéis recordar a vosotros mismos que solo desde dentro de la Paz de Dios son logradas vuestra incondicionalidad y nuestra unidad.

20.15 Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo, no dejéis que nada os devuelva a los métodos de lo viejo. ¡No funcionan! Atender, como ministro, a aquellos que están en la casa de la ilusión significa ofrecer lo transitorio a lo transitorio, mientras que a lo que te llamo es a ofrecer lo eterno a lo eterno. El nuevo método funcionará dondequiera que encuentre disposición. ¡No puedes pedirle a los demás que abandonen su disposición a vivir en la ilusión uniéndote a ellos allí! Solo puedes atraer a los demás a estar dispuestos a dejar a un lado la ilusión, y a comenzar el viaje al hogar de la unidad. ¡Solo puedes atraerlos a la unidad si tú ya estás allí!

20.16 Estos llamamientos salen del amor y llegan al amor. Lo que se escuchará no serán las palabras que salgan de tu boca, y a lo que se responderá no será al lenguaje de tu mente. El amor de tu corazón es lo que emitirá el llamamiento. Y, una vez sea escuchado y tu hermano o hermana trate de llegar hasta ti, por lo único que necesitas pedir es por un poco de disposición por tu parte. Lo único que necesitas hacer es abrir la puerta por la que el amor pueda entrar.

20.17 Y así, volvemos a la observancia, a la observancia del amor por el amor. No veas lo que el amor no haría que vieses. Aléjate de los caminos oscuros de la ilusión y haz brillar la luz de la verdad para que todos la vean. Sigue siendo quien tú eres y continúa viviendo según las leyes del amor en todas las circunstancias, y traerás amor a cada circunstancia. No te sientas consternado ni desanimado por aquellos que no ven y que no pueden ofrecerte ninguna predisposición. Simplemente sé consciente de que ellos no son las personas que se te han asignado para que les lleves amor, y confía en que nadie permanecerá para siempre perdido para sí Mismo.

20.18 Tú eres como un pionero en este mundo nuevo. Tu mera existencia atraerá a otros, y cada uno de ellos verá que el precio de admisión es su disposición a dejar atrás lo viejo. Se trata de un precio que deben pagar libremente, y no vas a poder emplear la fuerza para que lo pague nadie, ni siquiera aquellos que tú crees que son especiales. Por tanto, se te libera de una carga que nunca debiste llevar, aunque haya sido una carga que has elegido libremente. Tu tarea es crear el nuevo mundo y hacerlo observable, no reclutar a otros para que lo hagan.

20.19 Por tanto, la situación de sufrimiento o de enfermedad no es diferente sino la misma que cualquier otra que te encuentres. Encontrarás verdad o ilusión, y nada más, ya que no existe nada más. Solo existe un llamamiento para todas las circunstancias, el llamamiento al amor desde el amor, el llamamiento que les da a todos la bienvenida a una vida en la verdad.

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