21. La identidad del Yo verdadero. Los Tratados de Un curso de amor (III)   Leave a comment

imagen corazón en círculo [— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información y listado de entradas, ver índice, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Los Tratados de Un curso de amor. III. Un tratado sobre el yo personal

Capítulo 21. La identidad del Yo verdadero

21.1 La verdad no es un conjunto de hechos. La verdad escrita no es la verdad, sino solo la disposición de la verdad en el lenguaje. Tú tienes un certificado de nacimiento que indica la verdad sobre tu nacimiento. El certificado de nacimiento no es la verdad, sino que simboliza de la verdad.

21.2 La verdad no es simbólica. Simplemente es. Es la misma para todos.

21.3 No existen dos versiones de la verdad. No existe más que una verdad. Existe una sola verdad.

21.4 La verdad no es un concepto. Es real. Es todo lo que es real.

21.5 Tu verdadero Yo existe en la verdad. No existe en la ilusión.

21.6 Tu yo personal existe en la ilusión. Se llama así porque es atribuido a una persona. Una persona es un ser nacido en el tiempo, un ser cuya existencia comenzó en el tiempo y terminará en el tiempo.

21.7 La única manera de que el yo personal y el verdadero Yo existan juntos es que la verdad se viva en el tiempo. Para vivir la verdad en el tiempo, debes olvidarte de tu incertidumbre y tener certeza de la verdad.

21.8 Esta certeza es antagónica a ti. Piensas que creer en una verdad significa negar otras verdades. Solo existe una verdad. Lo que no es verdad debe ser negado ahora.

21.9 Esto te parecerá intolerante. Es una postura que no tolera la ilusión. ¡Debes de dejar de ver la ilusión porque ya no está ahí! Así es como debes vivir con ella. Debes vivir con ella al igual que antes vivías con la verdad. ¡Debes encontrarla inobservable! Tiene que llegar a ser tan solo un concepto. La ilusión es un conjunto de hechos o, en otras palabras, un conjunto de información. Estos hechos están sujetos a cambio y significan una cosa para una persona y algo distinto para otra. La ilusión es simbólica. Y lo que es más, ¡no simboliza nada porque no simboliza lo que es!

21.10 Este es tu acertijo. Puesto que nunca has conocido lo que es, nunca has sido capaz de tener certeza. No tienes ninguna experiencia con la certeza que no sea —y se trata de un “no sea” crucial— tu certeza sobre tu propia identidad, la misma identidad que este Curso ha refutado. Esta identidad ha sido considerada aquí como tu yo personal. Por tanto, tu yo personal es el único espacio en el que tienes una experiencia que puede usarse ahora para un nuevo propósito.

21.11 Aunque esta experiencia sea la experiencia de un yo del ego, sigue siendo una experiencia tan cercana a la certeza como hayas sido capaz de tenerla, simplemente porque no podías existir sin una identidad. Podrías pensar en esto recordando la certeza que se tiene sobre los hechos y la información, ya que estas son las cosas sobre vosotros mismos de las cuales pocos habéis dudado. Aquellos que han tenido una razón para dudar de las circunstancias de su nacimiento, a menudo se ven devorados por un deseo de descubrir estas circunstancias desconocidas. Esto se debe a que tu nacimiento, tu nombre, la historia de tu familia y las experiencias acumuladas a lo largo de toda tu vida son las cosas a las que recurres para sentir la certeza que sientes sobre tu yo personal. Tú te identificas como hombre o mujer, casado o soltero, homosexual o heterosexual. Puede que os llaméis, unos a otros, chinos, libaneses o americanos, negros, blancos o indios. Tu yo personal puede verse profundamente afectado por esas cosas que llamas “tú mismo”, o puede que se vea muy poco afectado.

21.12 E incluso los pensamientos de tu mente pueden afectarte en mayor medida que todas esas cosas, aunque estos no se hayan considerado tan a menudo como parte de lo que te hace sentirte seguro de tu yo personal. Son pensamientos que, aunque variables, se consideran tan inequívocamente propios como pocas cosas llegan a ser consideradas propias, aparte de tu nombre y de tu familia de origen. Incluso los más materialistas raramente cuentan con lo que han adquirido en la forma como parte de su identidad. Lo que has adquirido y que no proviene de la forma, sin embargo, lo has añadido a las pocas ideas que consideras seguras. Un título ganado, o un talento desarrollado, son considerados como parte de tu identidad, parte de quien tú eres.

21.13 Lo mismo ocurre con las creencias. Muchos tenéis una identidad religiosa además de una profesional. Muchos tenéis identidades políticas o filosóficas. Puede que te consideres cristiano, doctor o demócrata. Puede que tengas creencias que mantienes con firmeza, como una postura contra la pena capital, o a favor de la igualdad de derechos o de la protección del medio ambiente. Y puede que, al mismo tiempo que reconoces que estas creencias están sujetas a cambio -cosa que seguro crees-, te aferras a comportamientos que entran en los parámetros de tu sistema de creencias. Tú piensas en estas cosas como parte de lo que conforma la totalidad de quien tú eres, de tu yo personal.

21.14 Entonces, puede verse que hay varios aspectos de tu yo personal: un aspecto histórico, un aspecto al que llamaremos “autoimagen”, y un aspecto que tiene que ver con las creencias.

21.15 El aspecto histórico se basa en tu familia de origen y en su historia, además de en la vida que has llevado desde tu nacimiento. El aspecto de la autoimagen se basa en tu raza, etnia, cultura, tamaño y forma corporal, sexo y preferencias sexuales, etc. El aspecto que tiene que ver con las creencias está vinculado a tus pensamientos e ideas sobre el mundo en el que vives y el “tipo” de persona que sientes que has elegido ser en ese mundo. Puedes haber pensado en las interconexiones que hay entre todas estas ideas que tienes sobre ti mismo, o quizá no hayas pensado en ello, pero igualmente tales interconexiones existen. Tu visión del mundo y tu visión de tu yo personal están ligadas inextricablemente. En otras palabras, el “mundo” en el que naciste, a pesar de ser el mismo “mundo” en el que nacieron los demás seres humanos, también es distinto al de los demás seres humanos. Y, lo que es más, tus experiencias en ese mundo también son distintas a las experiencias de todos los demás seres humanos.

21.16 Todas estas cosas han contribuido a tu idea de que eres un ser separado y de que, como tal, eres incapaz de entender verdaderamente, o de conocer, a tus hermanos y hermanas, a aquellos cuyos yoes personales y cuya visión del mundo no pueden dejar de ser diferentes a los tuyos —a aquellos cuyos pensamientos son ciertamente tan distintos y separados como los tuyos propios.

21.17 Ahora, sin embargo, se te llama a que aceptes tu verdadera identidad, a la vez que mantienes la forma de tu yo personal. Esto te podría parecer imposible de hacer, pues tu verdadera identidad es la de un Yo que existe en la unidad, y la identidad de tu yo personal es la de un yo que existe en la separación. Incluso aunque tu sistema de pensamiento haya cambiado y creas que existes en la unidad, todas las cosas que hemos enumerado arriba actuarán para desafiar estas creencias a menos que seas capaz de verlas bajo una nueva luz. Creas lo que creas, mientras tengas un cuerpo diferente al del resto, un nombre que te distinga de algunos y también te vincule a otros, una nacionalidad que te separe de otras nacionalidades y un sexo que te separe de aquellos del sexo “opuesto”, la unidad te parecerá que es solo una creencia.

21.18 Por tanto, algunas cosas sobre tu yo personal deben ser aceptadas como aspectos de tu forma y dejar de ser aceptadas como aspectos de tu identidad. Esto hará que tu existencia parezca tener una naturaleza dualista por algún tiempo mientras llevas la observancia hacia la observancia de tu yo personal. Como se dijo al principio de este Tratado, para cuando se complete el aprendizaje del mismo, el yo personal continuará existiendo solo como el yo que presentas ante los demás. Tan solo se tratará de una representación. Solo representará la verdad. En otras palabras, dejará de ser considerado como tu identidad, y pasará a ser considerado como representante de tu identidad, una identidad que no tiene nada que ver con los pensamientos de una mente separada ni con las circunstancias del cuerpo físico.

21.19 Lo que podría parecer contradictorio es que he dicho que también podemos usar la certeza que has sentido sobre tu identidad para nuestro nuevo propósito, el propósito del milagro que te permitirá existir como quien tú eres en forma humana. Podrías preguntar, y con toda razón, ¿cómo puedes dejar de identificarte tal y como siempre lo has hecho, y usar para un nuevo propósito la única identidad de la que has estado seguro?

21.20 La respuesta también parecerá contradictoria, ya que la respuesta radica en darte cuenta de que tu vieja identidad no importa, a la vez que te das cuenta de que te servirá para tu nuevo propósito. Además, esta respuesta aparentemente contradictoria tiene incluso dos aspectos. Uno es que tu certeza en lo que respecta a la identidad de tu yo personal te será útil en tanto que, al ser traducida al sistema de pensamiento de la verdad, te ayuda a estar seguro de tu verdadera identidad; y la segunda es que las mismas diferencias que pareces tener serán vistas como semejanzas por algunos, y les atraerán hacia ti y hacia la verdad que ahora re-presentarás.

21.21 Aunque a este tiempo se le ha llamado el tiempo de Cristo, obviamente ya no es el tiempo de Jesucristo. Mi tiempo llegó y mi tiempo terminó. El tiempo en el que un único bebé nacido de una madre virgen podía cambiar el mundo ha pasado. El mundo es ahora simplemente mas grande, y las identidades de vuestros yoes personales se separan muchísimo más que la historia, y muchísimo más que lo que los océanos puedan separar el este del oeste. Es por esto que este llamamiento para que regreses a ti Mismo resuena por todo el planeta, y está siendo dirigido a gente corriente y humilde como tú. No existe exclusividad en esta llamada. No excluye ninguna raza, religión, sexo o preferencia sexual. Simplemente llama a todos al amor y a vivir en la abundancia de la verdad.

21.22 En otras palabras, no importará que no haya un sacerdote o un gurú a los que puedan dirigirse aquellos que buscan la verdad. No importará si un negro no quiere recurrir a un blanco, o un musulmán a un cristiano. No importará que una persona joven se fije en alguien de su propia edad o que se dirija a alguien mayor. Y, aun así, importará que alguien se fije en ti y vea que tú no eres tan distinto de él o ella. Importará que alguien se fije en ti y se vea atraído por la verdad sobre él mismo, la que está siendo reflejada en ti. Lo que estoy diciendo es que vuestras diferencias pueden servir a nuestro propósito hasta que dejen de ser tenidas en cuenta. Lo que estoy diciendo es que puedes tener confianza en tu yo personal, sabiendo que tu yo personal servirá a quienes tú tengas que servir. Lo que tú has considerado como tus fracasos o debilidades, es algo tan valioso como tus éxitos y fortalezas. Lo que te ha separado, también te unirá.

21.23 No se le está diciendo a nadie que deba permanecer o que permanecerá ciego ante la unidad que existe más allá de todas las barreras de las diferencias aparentes, como las de la raza o la religión. Simplemente se está diciendo que no importan. Para poder encontrar la verdad, no importará si una persona se dirige a alguien que sea “como” él o ella misma, o si se dirige a alguien totalmente “distinto” de él o ella. Tal y como se ha dicho muchas veces, la disposición es el punto de partida y, como es comprensible, donde uno está dispuesto, otro puede no estarlo.

21.24 No existe ningún “otro” que pueda seguir el llamamiento que está dirigido a ti. No hay nadie más que pueda dar la respuesta que tú tienes que dar. No idees ningún plan falso que le dé tu poder a otros que saben más de este Curso que tú, para que sean ese salvador que solo tú puedes ser. No pienses que solo aquellos más atrevidos que tú, que hablan con más elocuencia o que son mejores ejemplos de una vida bondadosa y santa serán los que lideren el camino para que los demás les sigan. No cedas ante la idea de que es necesario alguien especial, ni le des a alguien un papel que tú no reclamarías para ti mismo. No se necesitan líderes ni seguidores. Obviamente, esa es una manera antigua de pensar. Aunque no se llame a nadie para evangelizar, se llama a todos igualmente para que representen la verdad y hagan observancia de ella. Debemos hablar más acerca de cómo todos haréis esto de una manera única de acuerdo a quien cada uno es, pues tiene que ver con la relación entre el yo personal y el Yo, entre la verdad y su representación y observancia.

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