2. La visión compartida. Los Tratados de Un curso de amor (IV)   Leave a comment

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[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
— Elegimos publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.]

Los Tratados de Un curso de amor. IV. Un tratado sobre lo nuevo

Capítulo 2. La visión compartida

2.1 La búsqueda en el exterior se está convirtiendo en búsqueda interior. Los descubrimientos interiores o internos se están volviendo exteriores. Se trata de una inversión, de una inversión polar que está ocurriendo a nivel mundial, y que ocurre exteriormente además de individual e interiormente. Está ocurriendo. No se puede predecir. Yo nunca he sido ni seré nunca predecible, porque yo soy la consciencia-de-Cristo. La consciencia-de-Cristo significa ser consciente de lo que es. Solo una consciencia de lo que es, una consciencia que no concibe lo que fue ni lo que será, puede coexistir en paz con la unidad que está aquí y ahora en la verdad.

2.2 Una vez más, deja que repita y enfatice mis palabras: donde antes te dirigías al exterior en tu búsqueda y veías dentro lo que percibías fuera, ahora te diriges al interior y reflejas fuera lo que descubres dentro. Lo que descubres dentro es de una manera en que lo que percibes fuera no es.

2.3 Yo siempre he sido un partidario de El Camino de la consciencia-de-Cristo en tanto que Vía hacia el Yo y hacia Dios.

2.4 No hubo ninguna Vía ni sendero, ni proceso de regreso a Dios y al Yo, antes de mí. Se trataba del tiempo del hombre que vagaba en la jungla. Yo llegué como una representación o demostración del Camino. Esta es la razón de que a mí se me haya llamado “el Camino, la Verdad y la Vida”. Vine a mostrar el Camino hacia la consciencia-de-Cristo, que es el Camino hacia Dios y al Yo. Pero también vine a proporcionar un intermediario, ya que eso es lo que se deseaba: un puente entre el yo humano u olvidado, y el Yo divino o recordado. Jesús, el hombre, fue el intermediario que introdujo el tiempo del Espíritu Santo, invocando al Espíritu Santo para que poseyera al yo humano u olvidado con el espíritu del Yo divino o recordado. Aunque Dios nunca abandonó a los humanos que sembraron la Tierra, los humanos, en el estado del yo olvidado, no podían conocer a Dios debido a su miedo. Yo revelé un Dios de Amor y el Espíritu Santo proporcionó un medio indirecto y menos temible de comunión o comunicación con Dios.

2.5 La gente de la Tierra y todo lo que se creó siempre han sido los bien amados de Dios, porque el Amor es el medio de la creación. La gente de la Tierra y todo lo que se creó, se creó por medio de la unión y la relación. La creación a través de la unión y la relación sigue siendo la Vía, el Camino, y el Camino ha llegado a su momento de plenitud.

2.6 La producción que te ha tenido ocupado durante tanto tiempo te servirá ahora, cuando dirijas tus instintos productivos y reproductivos hacia la producción y la reproducción de la relación y la unión.

2.7 Pero, antes de que podamos seguir adelante, debo volver atrás y disipar cualquier ilusión de superioridad que tengas sobre aquellos que vinieron antes que tú. El que aquellos que vinieron antes no reconocieran su verdadera naturaleza no significa que no existiese. El que haya otros que, viviendo entre vosotros ahora, no lleguen a reconocerla, tampoco significa que no exista en ellos. Tú no estás más realizado de lo que lo haya estado nadie, ni de lo que lo esté nadie ahora, ni de lo que lo vaya a estar nadie en el futuro. La verdad de quien tú eres está tan lograda como la verdad de todos tus hermanos y hermanas, desde el principio de los tiempos hasta el final de estos. Cualquier texto que te diga que tú o los que son como tú, o los que pertenecen a tu tiempo, son más o son mejores que cualquier otro, no dice la verdad. Esta es la razón de que empezáramos con los elegidos, y de que volvamos una y otra vez a las palabras que dicen que todos son elegidos.

2.8 Elaboro sobre este punto porque, literalmente, tú no puedes avanzar hacia el pleno discernimiento mientras ideas como ‘más’ y ‘mejor’ sigan en ti. Esto no trata de la evolución, a menos que quieras hablar de la evolución en términos de discernimiento, de consciencia. Debes constatar que, si mirases dentro de los ojos y de los corazones de cualquier humano de cualquier época con una visión verdadera, verías allí al Yo realizado. No puedes seguir llevando contigo ningún tipo de juicio, y si sigues creyendo en un proceso de la evolución que te ha hecho mejor que aquellos que vinieron antes que tú, sigues llevando juicios contigo. Mientras sigas creyendo que ser elegido significa que alguien no lo ha sido, seguirás llevando juicios. Mientras sigas creyendo que un juicio final separará el bien del mal, seguirás llevando juicios.

2.9 También elaboro este punto porque aquellos de vosotros que están familiarizados con la Biblia, al oír palabras como ‘el fin de los tiempos’ o ‘la plenitud del tiempo’, piensan en las predicciones del fin de los tiempos de la Biblia. Hablo de ello porque esto se encuentra en vuestra consciencia, y porque abundan muchas interpretaciones falsas de este tiempo como un tiempo de juicios y de separar a los elegidos de los demás. Todos son elegidos. Todos son elegidos con amor y sin juicios.

2.10 La idea de la separación es una idea que no concuerda con la idea de la unidad. Si sigues adelante pensando que este nuevo tiempo te va a separar de los demás, o que hará que tú, como el elegido, estés separado, no reconocerás plenamente el nuevo tiempo. El pleno discernimiento de lo nuevo es lo que este Tratado busca alcanzar, por lo cual es necesario insistir sobre estas ideas falsas que te mantendrían alejado de este discernimiento. Si crees que puedes observar teniendo juicios, es que no entiendes la definición de observación proporcionada en Un Tratado sobre el yo personal.

2.11 Ser el primero no significa ser el mejor. El hecho de que yo fuese el primero en demostrar lo que tú puedes ser no significa que yo sea mejor que tú. Al igual que en los acontecimientos deportivos se le aplaude al “primero”, y pronto un nuevo récord reemplaza al primero, y al igual que alguien tuvo que ser el “primero” en pilotar un avión o en aterrizar en la luna, ser el primero solamente implica que habrá un segundo y un tercero. Esa atención y ese respeto que se les da a aquellos que consiguen algo con algún mérito por primera vez no es más que una manera de llamar a todos los demás para que sepan lo que ellos pueden conseguir. Puede que uno desee mejorar un récord deportivo y otro seguir al primer hombre en el espacio; y puede que el que desee mejorar el récord deportivo no desee seguir al primer hombre en el espacio y viceversa. Y, sin embargo, lo que uno consigue abre las puertas para los demás, y esto es algo que tú reconoces. Incluso aquellos que no deseaban volar en un avión cuando esta hazaña se consiguió por primera vez, han volado después en aviones.

2.12 De manera similar, aquellos que han conseguido el “primer puesto” lo hacen dándose cuenta de que ese “puesto” elevado que brevemente ostentan tiene una naturaleza finita, ya que otros pronto harán lo mismo, y aquellos que les sigan en el tiempo lo conseguirán más fácilmente, con menos esfuerzo y con un éxito aún mayor. Puede que se consideren a sí mismos “mejores que” por un momento en el tiempo, pero los que lo hagan se sentirán amargamente desilusionados cuando su momento pase. A pesar de la necesidad de tener esa confianza que les ha llevado a conseguir su fin deseado, la mayoría de los que lo consiguen y llegan a ser los primeros en establecer un récord, o en descubrir o inventar lo nuevo, no se reconocen a sí mismos como “mejores que”, ya que su objetivo no era ser mejor que nadie, sino mejores que sí mismos. Es cierto que muchos desean ser “el mejor” para glorificar al ego, pero pocos de ellos tienen éxito, pues el ego no puede ser glorificado.

2.13 Por tanto, debes examinar tu intención incluso ahora, y retirar de ella cualquier idea que pertenezca al viejo camino, la vieja vía, la vieja manera. Tú no estarías aquí si siguieras interesado en glorificar el ego, pero también es cierto que aún no estás del todo seguro de tu Yo, y en tu incertidumbre, sigues sujeto a los viejos patrones de pensamiento. Muchos de estos patrones no me preocupan, ya que caerán por su propio peso a medida que crezca tu discernimiento de lo nuevo. Pero estos pocos en los que insisto evitarán que crezca tu discernimiento de lo nuevo, y es por eso que deben dejarse atrás conscientemente.

2.14 Debido a los patrones del pasado os resulta difícil creer que sois los elegidos o los pioneros de un nuevo tiempo sin creer que sois especiales. Esta es una de las muchas razones por las que hemos trabajado para disolver tus ideas de especialismo. Uno de los mejores medios que tenemos para clarificar la carencia de especialismo que conlleva la afirmación de que todos son elegidos, es a través de tu propia observación de ti mismo.

2.15 La capacidad para observar lo que el Yo expresa se encontraba entre las razones originales para esta experiencia elegida. Observa ahora las expresiones del yo que eres y has sido. Aunque ahora seas distinto a como eras de niño, distinto a como eras hace un par de años, y distinto a como eras cuando empezaste tu aprendizaje de este curso, sigues sin ser nadie más que quien siempre has sido. Quien tú eres ahora ya estaba allí cuando eras un niño, ha estado ahí en todos los años que han pasado desde entonces, y estaba ahí antes de empezar con el aprendizaje de este curso. Tu discernimiento del Yo que ahora eres no estaba presente en el pasado, pero ahora, con la devoción del observante, puedes ver que en realidad el Yo que ahora eres sí que estaba presente, y que era la verdad de quien eras entonces, al igual que lo es ahora.

2.16 Entonces, ¿cómo podrías observar a cualquier otro sin reconocer que la verdad de quienes son está presente, incluso aunque parezca no estarlo? Este poder, el poder de la devoción del observante, es el poder al que se te llama, es el poder de la causa y de su efecto. Este es el poder que ahora tienes en ti: el de observar la verdad en vez de la ilusión. Este es el poder de observar lo que es. Esta es la consciencia-de-Cristo.

2.17 Repito, se trata del poder de observar lo que es. No se trata de observar lo que potencialmente podrían ser tu hermano o hermana si ellos siguiesen el camino que a ti se te ha mostrado. Se trata de observar lo que es. El poder de observar lo que es, es lo que te mantendrá unificado con tus hermanos y hermanas en lugar de separarte de ellos. No existe poder sin esta unidad. Tú no puedes ver a “los demás” como otra cosa que lo que son y conocer tu poder. Tú debes ver como yo veo y ver que todos son elegidos.

2.18 Solo a partir de esta visión compartida, esta observación de lo que es, comienzas a producir la unidad y la relación a través de la unidad y la relación.

2.19 Esta es la razón de que se te dijese hace tiempo que no se te llama para que evangelices ni para que convenzas a nadie de los méritos de este curso de estudio. Este es simplemente un curso de estudio. Aquellos a los que buscas evangelizar o convencer son tan santos como tú Mismo, como tu Ser. Esta santidad solo necesita observarse. Cuando piensas en términos de evangelización o de convencer, piensas en términos de resultado futuro en vez de en términos de lo que ya es. Este tipo de pensamiento no servirá a lo nuevo ni permitirá tu pleno discernimiento de lo nuevo.

2.20 ¿Podréis recordar esto, benditos hijos e hijas de lo más alto? Tus hermanos y hermanas son tan santos como tú Mismo, como tu Yo. La santidad es la armonía natural de todo lo que fue creado tal y como fue creado.

2.21 Ahora te dejaré claro algo más, y espero que lo recuerdes y apuestes por su veracidad. Cada día es una creación y es también santo. Ningún día tiene que ser vivido luchando en contra de lo que trae. El poder de observar lo que es guarda relación con todo lo que existe contigo, incluidos los días que forman tu vida en el tiempo y el espacio. Observar lo que es te une con el presente porque te une con lo que es, en vez de con lo que tú percibes que es.

2.22 La observación de lo que es, es un efecto natural provocado por la causa de una mente y un corazón confluyendo en la unidad. Este primer confluir en la unidad, la unión del corazón y la mente, reúne a los mundos físico y espiritual en una relación de la cual puedes ser cada vez más y más constantemente consciente. Se trata de una nueva relación. La unidad siempre ha existido. La unicidad siempre ha existido. Dios siempre ha existido. Pero tú te separaste a ti mismo del reconocimiento directo de tu relación con la unidad, con la unicidad y con Dios, al igual que te separaste a ti mismo de la relación con la plenitud del patrón de la creación. Tú has creído en Dios y, quizás, en algún concepto de unidad o de unicidad, pero también has negado la posibilidad de experimentar tu propia relación directa con Dios o la posibilidad de que tu vida sea una experiencia directa del patrón de la unidad o unicidad que es la creación.

2.23 Piensa en esta negación ahora, ya que todavía es evidente en el patrón de tu pensamiento. Nos hemos referido a esto en el texto de Un curso de amor como tu incapacidad de constatar la relación que existe con lo no visto, e incluso con lo visto. Has avanzado por la vida creyendo que tienes relaciones con la familia, los amigos y los compañeros de trabajo, reconociendo ocasionalmente relaciones breves que se desarrollan con conocidos o extraños, conexiones que parecen reales con socios que tienen ideas parecidas a las tuyas propias durante breves períodos de tiempo, pero, aun así, todo lo hacías esencialmente considerándote a ti mismo como alguien que avanza por la vida solamente con pocas conexiones sostenidas, excepto las relaciones especiales, y con poco propósito implicado en los breves encuentros que tienes con los demás. Has mirado las noticias y los desarrollos en partes del mundo distantes de donde tú estás y, a veces, eres consciente de conexiones ecológicas y sociológicas, o de otros hechos que posiblemente tengan un impacto en tu vida o en tu parte del mundo. Pero, a menos que creas que lo que sucede tiene la capacidad de provocar un efecto sobre ti, no consideras que tengas una relación con ello.

2.24 Con tu nuevo entendimiento de la observancia debe llegar un nuevo entendimiento de la relación y de la capacidad que tiene la devoción del observante para afectar a la relación.

2.25 Sin embargo, nos hemos apartado aquí de la idea preponderante de lo que te he revelado. Ahora existe una nueva relación entre lo físico y lo espiritual. No se trata de una relación indirecta, sino de una relación directa. Existe, y te estás haciendo consciente de su existencia. Cada vez serás menos capaz de negarla y no querrás hacerlo. Mientras permites que el discernimiento de esta relación crezca en ti, aprenderás las lecciones de las que se habla en este tratado.

2.26 Esta nueva relación es el único estado en el que la observación de lo que es puede ocurrir. El estado separado no era sino la desunión del corazón y la mente, un estado en el que la mente intentaba conocer sin la relación del corazón, por lo que meramente percibía sus propias creaciones en vez de las creaciones concebidas en la unidad.

2.27 Permite que esta idea se geste durante un momento en ti y te revele la verdad de la que habla. El estado mental separado crea su propio mundo separado. La causa y el efecto son una misma cosa. El estado percibido de la separación creó el estado percibido de un mundo separado. El verdadero estado de unión, devuelto a ti a través de la confluencia de la mente y el corazón, te revelará ahora la verdad de lo que fue creado, y te permitirá crear de nuevo.

2.28 Este estado de unión es lo que me diferenció de mis hermanos y hermanas en el momento de mi vida sobre la tierra. Debido a que mi estado de consciencia, un estado de consciencia al que llamamos consciencia-de-Cristo, me permitió existir en unión y relación con todos, yo podía ver a mis hermanos y hermanas “en Cristo”, o en su verdadera naturaleza. Los veía en unión y relación, donde ellos se veían a sí mismos en la separación. Esta capacidad para ver en la unión y la relación es la visión compartida hacia la que se te llama.

2.29 Tú has vivido con la visión del yo separado durante tanto tiempo que no puedes ni imaginar lo que podría significar la visión compartida, y aún no la reconoces cuando la experimentas. Esta es la razón de que aún puedas pensar que la observancia de lo que es es un juego imaginario, y de que sientas que tienes que engañarte a ti mismo para creer que ves amor donde hay motivos para el miedo. Debes recordar que ahora se te llama para que veas sin juicio. Ver sin juicio significa ver verdaderamente. No necesitas buscar lo bueno ni lo malo, sino que solo necesitas ser constantemente consciente de que solo puedes ver de una de estas dos maneras: con amor o con miedo.

2.30 Tú esperas seguir viendo con los ojos de la separación en vez de con la visión compartida de la que hablo. Esperas ver cuerpos y hechos pasando a través de tus días tal y como los viste pasar en el pasado. Y, sin embargo, tu visión ya ha cambiado aunque no eres consciente del alcance de este cambio. Constata ahora que has llegado a reconocer la unidad. Ya no ves a cada persona o acontecimiento como algo separado y sin relación con el todo. Tú estás empezando a ver las conexiones que existen, y este es el principio.

2.31 Examina lo que puedas haber sentido que podría significar el comienzo de la verdadera visión. ¿Has considerado esta pregunta? ¿Has esperado ver de la misma manera pero con más amor? ¿Has pensado que podrías empezar a reconocer a aquellos que, como tú, están unidos a mí en la consciencia-de-Cristo? ¿Has sospechado que podrías ver de maneras literalmente distintas, que podrías ver auras o halos, señales y pistas anteriormente no vistas? ¿Has incluido otros sentidos en tu idea de “visión”? ¿Has pensado que tus instintos se agudizarían y que sabrías cosas con un conocimiento interior que ayudaría a la vista de tus ojos?

2.32 Todas estas cosas son posibles. Pero la verdadera visión significa ver la relación y la unión. Se trata de lo opuesto a ver con los ojos y con la actitud de la separación. Se trata de ver, primero y ante todo, en espera de la revelación. Se trata de creer que existes en la relación y la unión con todos, y que cada encuentro es un encuentro de unión, relación y propósito… propósito que te será revelado porque existes en unión con la Fuente y la Causa de la revelación.

2.33 Ver con la visión de la consciencia-de-Cristo es algo que ya se encuentra en ti. Tú estás en el proceso de aprender lo que significa. Este tratado está aquí para ayudarte a conseguirlo. Aprender a ver de nuevo es el precursor del aprendizaje para crear de nuevo. Crear de nuevo es el precursor de la llegada del nuevo mundo. Recuerda que solo a partir de una visión compartida de lo que es podrás comenzar a producir unidad y relación a través de la unidad y la relación. Este es tu propósito ahora, y este es el plan de estudios que te guiará hacia la realización de tu propósito.

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Publicado 6 julio, 2014 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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