Intermedio: un poco de sentido común con algo de “filosofía práctica”, “política” y “sociología”   Leave a comment

imagen corazón en círculo

Índice:
— El materialismo del sabio
— La política
— ¿Capitalismo? ¿Qué es eso?
— ¿Cómo estamos capturados en “política”?
¿Cómo se traduce la libertad política?
— La inscripción de las relaciones
— Senectud social, senectud personal

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Hay un viejo asunto en “filosofía práctica” que se puede llamar “materialismo del sabio”, como nos cuenta por ejemplo Deleuze.

“Sabio” tiene este primer sentido: simplemente alguien que de entrada busca NO hacerse demasiado infeliz él mismo a sí mismo; es decir, busca no meterse así como así en dificultades e “infelicidades” que le resulten realmente improductivas —”improductivas” no en el sentido de producción económica, sino simplemente por hacernos más “infelices”, por hacernos menos capaces, más tristes.

¿Cómo buscamos no impedir la vida? Simplemente con una aunque sea mínima selección de las situaciones, de lo que compone nuestro ambiente o las situaciones donde nos metemos, siempre guiados por nuestra intuición y alegría.

Para empezar, recordamos que no hay “mal” ni “bien” sino inadecuaciones, desajustes, con respecto a lo que hemos elegido ser; y por tanto solo hay tres cosas, más allá del bien y del mal:

— elegimos un “ser” a cada paso (alegres, tristes; amor o miedo); lo elegimos a cada paso respondiendo a la pregunta ¿quién quiero ser?
Esto lo hacemos individualmente y se refleja en lo colectivo; es como si también socialmente eligiéramos dentro de esas coordenadas tan simples.
El hecho de remitirnos a esta esfera de la elección interior es de cierta forma hacer “laica” la sociedad… suavizar lo moral… es acabar con “la moral” en tanto que aparato de entristecer… como máquina de pensamiento que recrea el mal, que en realidad necesita “perversamente” de más y más corrupción… que necesita ver más y más “gente mala” fuera, para poder juzgar.
Pero no es necesario “juzgar moralmente”.

— hay ajustes a realizar para poder “ser” quienes queremos ser (esto es la justicia en un sentido laico); hay ajustes a nivel individual, a realizar cuanto antes podamos y observando sin culpa las consecuencias de nuestras acciones, y viendo si se ajustan o no a lo que hemos elegido ser. Y también hay a nivel colectivo (este sentido nuevo de “justicia”).

— y hay o no sostenibilidad de lo conseguido con todo lo anterior; y aquí se trata de la propiedad, e incluso de la propiedad “privada” de las cosas, que la haremos depender de la sostenibilidad, en principio.

Nuestra sociedad no es “laica” en absoluto; el hecho de reaccionar contra la religión ha sido una buena trampa que nos hemos hecho, pues hace que sea a menudo más fuerte aún “la religión” en nuestra mente: la religión como moral, como queja casi constante sustentada en juicios morales.

La reacción ha hecho a menudo que la religión sobreviva fuera y dentro en su esencia. Como institución, su esencia es “lo moral”, es la moral como sistema del juicio, del ego-juicio, de la separación planteada como principio.

Esta sociedad, por tanto, no ha separado bien el poder que realmente “la religión” tiene en nuestras mentes, con esa especie de institución mental “religiosa” interior, que no espiritual (“religiosa” en tanto que represión del amor, en tanto “moral” como casi lo contrario al verdadero perdón).

El poder en general vive de entristecer, y eso se consigue en parte no separando bien la moral de las demás “instituciones sociales”.

Y esta no separación se nota porque casi no podemos pensar, hacer y estudiar nuestras sociedades mediante una:
ética sin moralina,
— una justicia de ajustes sin saña ni juicios (sin ningún castigo relativo a “lo moral”, tanto individual como colectivamente),
— y una sostenibilidad que haga frente a la propiedad privada sin medida, ayudando a comprender, aportando luz a los anteriores ajustes —a aquellos de una justicia verdaderamente “laica”.

Y esto tanto a nivel individual como colectivo.

Diríamos que si somos aún primitivos es porque ahora somos inconscientes sobre nuestra elección interior mental acerca de la idea de la separación. Esta elección por lo falso, la separación, nos “irrealiza”.

¡Ay!, pero… ¿quién quiere tener individualmente consciencia de lo que ha elegido ser, y quién puede además aceptar un cambio, estar dispuesto a que se cambie, a experimentar o a “cambiarlo”? He ahí la cuestión, la consciencia de uno mismo, de su elección interior mental (que al final es o miedo o amor… un amor que empieza por “uno mismo”).

En el fondo todos deseamos librarnos de esa inconsciencia… pero nos da miedo.

Recordemos que ahora, en el tiempo de nuestra re-unificación, en el tiempo de la Unidad, ya estamos de hecho aprendiendo a elegir nuestro “verdadero ser”.

Ese ser es uno para todos y, a grandes rasgos, tiene las características “eternas”, o que nos llevan a una literal vida eterna: alegría, paz.

Si de algo nos vale todo el “asunto espiritual” (incluyendo lo denigrado como “autoayuda”), y aunque no podamos meterlo todo en el mismo saco, es simplemente debido a que nuestro “verdadero ser”, que lo que realmente somos todos y cada uno de nosotros, es unidad… unidad con todo (incluyendo todos los humanos).

Traducido, lo que esto quiere decir es simplemente que como principio del proceso social vamos a valernos cada vez más del de cooperación, como principio ya muy explícito en los nuevos movimientos político-sociales.

Es esta una fe elemental 🙂 , digamos… y que podríamos ver como reflejo de la más elemental fe en “Dios”, es decir, en el amor, la unidad y la relación… una fe en la relación cohesiva que une todo con todo, que “crea” todo en todo (que es el garante de nuestro ser verdadero, que es creador igualmente).

Esta fe elemental es traducida al proceso de cambio social que se daría si toda la civilización instaurara como principio, desde niños, ese principio más global y realista: el de la cooperación.

Recordemos que podemos ver la red “natural” que da lugar a la continuidad del ecosistema “Tierra” como una inmensa orquestación de relaciones de cooperación, aunque esta sea una cooperación que por ejemplo, en el caso más triste, conlleva la muerte de unos seres frente a otros, en las usuales actividades de caza entre especies.

Así, lo que hacemos o pensamos de alguien, nos lo hacemos a nosotros en el fondo. Lo que dejamos de hacer, igual, aunque tenemos en cuenta que no podemos ir “salvando” a todos…, pero que sí “debemos” “salvarlos” deseando unión mental…, aprendiendo a no sentirnos separados… aprendiendo a aceptar y pedir unidad dentro en toda ocasión —e intentando que nos mueva la inspiración que parte de ahí, de esa unidad, y que nos mueva tanto en la vida “en general” como primero, poco a poco, de “milagro” en “milagro”.

Así que tenemos “el materialismo del sabio”: saber darse situaciones que nos faciliten ser “menos malvados”, es decir, permitirse el a veces lujo de pensar en cambiar una situación, para que nuestro ambiente, aquellos patrones, procedimientos, mundos…, en los que nos vemos envueltos, no nos sigan incitando a hacer cosas que en realidad no queremos hacer, es decir, cosas que sentimos que no nos sientan bien, que disminuyen nuestra alegría y nuestra capacidad de hacer cosas.

Así que a esto lo podríamos llamar una micropolítica.

La política

Y podríamos pensar simplemente que “la política” es la extensión a veces “lógica” de esto mismo, de esa micropolítica, hacia la esfera más grande —planetaria incluso.

“La política” sería responder a la cuestión sobre las condiciones que podrían hacer extensible globalmente esa micropolítica “sabia”.

¿Qué condiciones sociales nos hacen querer ser menos “malvados” (traicionarnos menos a nosotros mismos, entre nosotros, y al medio ambiente), y más cooperativos?

Lógicamente una democracia real (no una básicamente nominal, como la actual en España) promoverá y cuidará unas instituciones donde se cuidará mucho que la gente participe (pero quizá mucho menos dura o férreamente que en la actual obligación de la escolarización), instaurando así, en múltiples procesos variables y con constantes cambios, una visualización de la cooperación, de la transparencia acerca de ese “ser social cooperante” que somos, y que hace que de una forma u otra podamos vivir juntos.

¿Para qué? Por ejemplo para que la innovación tecnológica (y la falta de innovación) pueda ser administrada y creada cada vez más por “la gente”, y no básicamente por intereses de acumulación “capitalista”.

¿Qué son esos grandes sistemas de organización en una civilización como esta… tan primitiva (pues no entendemos ni queremos sentir y comprender que no existe ninguna separación real)? ¿Qué son?

¿Son acaso condiciones o situaciones que en general nos hacen ser más “malvados”? ¿Con quién o con qué nos hacen ser más malvados?

El simple consumo “normal” de productos a menudo hoy nos hace ser aparentemente “malvados” con muchas cosas: medio ambiente, trabajadores en países distantes, etc. Y digamos que ocurre debido a esta colosal “ampliación del capitalismo”.

¿Capitalismo? ¿Qué es eso?

Simplemente para empezar digamos que es un sistema político de extensión de nuestro ego, de nuestro afán individual abstracto: el afán por “más” y “más”… más y más de las cosas del mundo, más “hacia fuera”, más de lo de fuera.

Este “más y más”, que es una de las “esencias” del “ego”…, no es algo malo en sí, pero sí que está capturado en un sistema llamado “capitalismo”.

Un matiz esencial del ego y de su sistema de pensar-ser, es que nosotros cuando estamos poseídos por el ego (casi siempre) no dejamos de querer valorarnos y definirnos por “lo de fuera”, por lo que vemos “afuera”… por lo que consideramos que está REALMENTE* afuera.

Ese afán, tan egoico y tan universal hoy, ese afán por tener “más y más”, simplemente por el hecho de tener “más”…, se encuentra pues capturado, dispuesto en unas instituciones, o dispositivos sociales, que NO encauzan ese “más y más” dentro de “fines ecológicos” (en sentido amplio de la palabra “ecología”, incluyendo humanos y futuros “habitantes” de derecho…, en nuestra “sociedad” que contiene tanto actores humanos, como “no humanos”: vacas, yacimientos arqueológicos, etc.).

Y tenemos también, por ejemplo, esa herramienta elemental que es el dinero, una herramienta que de por sí es neutral, pero que, mediante una determinada conjunción con diversas instituciones (bancos, financiarización, industriales, etc.), ha facilitado enormemente la función de una cierta “abstracción de las relaciones”.

¿Cómo estamos capturados en “política”?

La gente NO queremos libertad, al igual que nos da miedo el amor (que en el fondo son lo mismo: libertad = amor).

Hay libertades prácticas, digamos “sociales”, que se dan en el ámbito de lo social: un simple poder hacer lo que a uno le dé la gana. Y en civilizaciones como esta, esta “libertad” casi no tiene límites si uno tiene mucho dinero (se pueden realizar todo tipo de salvajadas).

¿Qué más “libertades” hay? :
— civiles o cívicas (libertad de expresión, etc.)…
— y políticas.

El sentido común parece que tendería a definir la libertad política en negativo, y mezclándola con la cívica: como “derecho a que no me toquen las libertades civiles ya conseguidas”.

En culturas tan antidemocráticas como la que vivimos hoy en España, creo que casi no sabemos definir en positivo la libertad política (que queda aún, por otra parte, como algo a crear de nuevo, en procesos de libertad constituyente).

Sobre la libertad política “grita” hoy muy muda y claramente Antonio García-Trevijano, que es el testigo más directo de lo que ocurrió en “las altas esferas” en España, y que aún habla hoy sobre lo que ocurrió en “la transición” y antes, dentro del gobierno y de la oposición institucional al franquismo. Y está muy lógica y productivamente obsesionado por todo lo que ocurrió y que vivió.

“Gritar” por la libertad política es lo que se hace también, a veces sin la claridad de Trevijano, en los ámbitos de la nueva vida política en España, como en el nuevo e ilusionante partido político Podemos. Este partido institucionaliza ya en sí mismo un proceso más popular y democrático, frente a la casta política habitual que está desde el principio trucada en “la transición”…, y que se colocó en este país en gran parte para simular la libertad política y poder “vender” España a “los de siempre”.

En definitiva, no hay libertad política, o hay muy poca, muy superficial. Hoy existe como sistema por definición una oligarquía de partidos que lo que hace, en las altas esferas, es ante todo atender y cuidar a sus “amigos”: grandes empresarios, banqueros, etc.

Y una libertad política que fuera menos superficial (que necesita ser institucionalizada a partir de cosas como Podemos y quizá necesariamente con alianzas internacionales entre pueblos) chocará pues contra los intereses de las oligarquías mundializadas —que como vemos suelen estar entremezcladas: financiero-político-empresariales.

Un caso anterior, y quizá el más célebre como caso donde se consiguió algo así como darse los medios para ir institucionalizando más y más una libertad política real, y donde esto se consiguió además mediante los procesos democráticos legales…, fue en Chile, y el presidente Allende fue asesinado para implantar una dictadura acorde a los intereses de los neocons.

El sistema “político” llamado “democracia” está trucado en países como España al no haber una real separación de poderes, etc., y está pues al servicio de lo que vivimos ahora: “capitalismo”.

Este capitalismo se postula cada vez más como una segunda naturaleza. Se erigió como movimiento de rapiña carroñera tras la destrucción de relaciones humanas y humano-ecológicas…, y tras su sustitución más o menos industrialmente programada: sustituir las relaciones tradicionales (agrarias)… y alimentarse de los despojos que quedaban… y recrear un mundo sobre esos despojos.

Por ejemplo se da ahora de nuevas maneras en el caso del ecosistema planetario humano-terrestre… con alimentos nuevos procedentes de tecnologías más o menos impopulares…, conseguidos de manera cada vez más industrial, y destinados a procesos de cultivo y uso que se postulan para su globalización —sustituyendo pues “relaciones sociales” en un sentido amplio de “social”, incluyendo la “sociedad” o comunicación universal que realmente hacemos y somos celularmente, con plantas y animales.

¿Cómo “hacemos” esto? Pues de cierta forma pasando al ámbito de “la economía” todo lo que se pueda…, creando una burbuja flotante por encima de todo lo que antes se entendió como “más natural”, o espontáneo… y estableciendo varios niveles de uso y de participación en este proceso en el planeta.

Existe pues un cierto movimiento de innovación que involucra una cierta sustitución de “lo humano” y de “lo natural”… donde hay proliferación de normas y leyes para poder sostener y reforzar la burbuja.

Y lo malo no es la innovación, obviamente, sino el qué se hace con ella, quién lo hace, con qué fines.

¿Cómo es que no se puede preguntar prácticamente nada a nadie sobre este proceso? ¿Por qué se pretende que todo sea “natural” e incuestionable? ¿Qué nos pasa?

Este movimiento de innovación —que deshace relaciones y sustituye para poder capturar tales relaciones, alimentarse de los despojos, y mantener las inercias del pasado alejadas de los centros de innovación— este proceso, podría ser “domado” (o bien completamente cambiado) por humanos e instituciones “conscientes” y transparentes, para que así se pudieran respetar digamos que ciertos “núcleos esenciales” sin los cuales no hay vida sobre la Tierra.

Así, “el capitalismo” va a detenerse o bien globalmente, o bien en muchos ámbitos, si se consigue traducir el lenguaje económico al de una adecuada ecología política…, pues tal como se vive hoy el capitalismo apunta lógicamente a ser incompatible con la continuidad de la vida humana.

¿Cómo se traduce la libertad política?

Lógicamente vamos a institucionalizar la facilitación de opciones… de libertad de elección… y que no haya trabas para ello… en una libertad de elección más allá del mercado, sobre las condiciones de inscripción en el mercado (financiero, de productos y de servicios).

Dicho rápido y mal: si hubiera libertad política por ejemplo habría una gran facilidad para desmontar los oligopolios de las empresas de bebidas, de refrescos de azúcar, etc., en la actual forma usual de administrar el negocio de los bares, etc.

Estos negocios privados encontrarían todo tipo de facilidades para aliarse y cooperar en brindar e incluso fabricar todo tipo de productos en procesos controlados democráticamente donde prime ante todo la gente: la salud, etc.

Pues es cuando menos curioso, divertido incluso, que haya que fabricar tan lejos del lugar donde se sirven, unas bebidas que son polvos con agua añadida.

Esto nos lleva a una curiosa cuestión:

La inscripción de las relaciones

Al estar obsesionados con lo de fuera, todos queremos dejar huella, o bien solo entendemos o sentimos que nuestra participación social pasa por cierto “dejar huella”.

Así que cuantos más intermediarios y más consumo haya, entre “un productor” y “un consumidor”, más y más gente habrá que sea “socialmente necesaria” tal y como entendemos o “sentimos” hoy tal “ser socialmente necesario” (pero sin sentir, es decir, “mecánicamente”, “socialmente”).

Las relaciones socialmente necesarias están básicamente dictadas por lo económico. Y esta podría ser una buena definición del capitalismo.

Las relaciones son necesarias, y el capitalismo es un sistema de ampliación de la producción de inscripción económica de relaciones, de inscripción económica de las relaciones.

Es pues una cierta expansión constante del “Consumo luego existo”, porque por ejemplo seré socialmente necesario si facilito más consumo, es decir, si por ejemplo tengo mi parte y tomo parte en la cadena de 10 o 15 intermediarios que bien pudiera existir entre un productor de por ejemplo “tomates”, y por ejemplo una pizza margarita que llega al consumidor.

Y solo nos interesa esta cuestión en tanto que nos hace visualizar el tipo de sociedad que tenemos: en buena medida somos socialmente necesarios de una manera que es dictada por lo económico (excepto lo que aún queda de protección social, que digamos que es mucha: ancianos, parados, etc.).

Nos debemos al mundo, y nuestro mundo es cada vez “más capitalista”. Así, debemos “hacernos necesarios” ante y para los demás (quizá sobre todo “ante”, en el parecer ante ellos).

Y este “deber” no escrito puede conllevar que debamos vender un envase más, otro más, para cualquiera de los productos que antes eran envasados quizá solo una vez. Y esto, digamos, puede ir más o menos claramente en detrimento del “medio ambiente”. Pero… pero nosotros “nos debemos relacionar” 🙂 … y en esta sociedad “nos ganamos el pan” así.

Podemos poner el ejemplo también de la industria que gira en torno a la publicidad. Nuestra vida puede depender de que se gaste más y más papel y colorante plástico para manufacturar cada vez más carteles o folletos publicitarios. Y “sabemos” que, si no crecen los números de esos gastos, nosotros nos vamos a tener que “dedicar a otra cosa”.

Entonces, y esa es la cuestión…, ¿cómo hemos llegado a crear una sociedad donde, al no importar más que el “más y más”… esa enorme abstracción, en conjunción con técnicas y sistemas tecnológicos dominados en oligopolio, lo que hace es crear una vida que depende de “consumir más y más”…, aunque para ello haya que pasar por encima de mil cosas y “comerse” mil relaciones?

Digamos que hacemos ciegas las relaciones o que nos las comemos… y que solo cosas como la transparencia y el abrir los procesos a su conocimiento nos van a “salvar” de nuestra ceguera… —una mera “transparencia” que ya tiene muchos “seguidores” en el movimiento de datos abiertos, open data… ya que, por parte de las multinacionales de la información (google), etc., ya somos bastante “transparentes” para ellos y para sus fines mercantiles privados…, mientras que casi NO podemos usar ahora esa transparencia personal para fines “social-político-culturales”.

Volviendo al tema: es como si viviéramos en una especie de contrato social que dice: «no hay vida posible sin instaurar un cierto “destruir por destruir” que cada vez se amplíe más».

Siguiendo con el ejemplo, para consumir más y más petróleo, son “necesarios” más y más envases, y más “círculos viciosos” donde, en vez de parar la producción de envases, conseguimos dar más trabajo a más gente en cosas como las empresas de reciclado, que a su vez también vuelven a usar más y más combustible para sus camiones y “fábricas”…, y donde por tanto vuelven a “contaminar” más y más en las fábricas para poder reciclar todo eso que podría haberse evitado.

La “relación” en general digamos que es “sagrada”, obviamente, y no la podemos evitar, sino que es necesaria; pero, a falta de relaciones “no económicas”… y siendo como somos un ser humano que apunta siempre hacia el exterior de forma tan obsesiva…, y siendo que a la vez somos despojados de forma ya “natural” de un sustrato relacional fuerte… siendo que somos despojados de unas relaciones ecológico-sociales…, en un ser humano así como este que somos… que mira preponderantemente hacia fuera dentro de un sistema donde todo debe pasar por lo económico, y donde cada vez se quiere que haya menos “protección social”, entonces, nos vemos “obligados” a ser malvados con nosotros mismos y con el medio ambiente**.

Lo que importaba subrayar aquí era esa “inscripción económica de las relaciones”, que procedió a la sustitución de por ejemplo “nuestro mundo” agrario, a veces más sostenible —pero menos “económicamente relacionado” con todo el planeta industrial mediante productos como los fertilizantes químicos—, por un mundo que nos hace ser automáticamente “más malvados” (es decir, que nos hace que nos sienten mal las cosas (literalmente a nuestro cuerpo), y que les sienten mal a otros y al medio ambiente).

Es natural querer “participar socialmente”, y de hecho es inevitable y necesario para vivir, incluso aunque se viva más contestatariamente, en grupos más o menos alternativos… pero esta participación se ve a menudo como “obligada” a pasar por unas instituciones que tienden a esa “inscripción abstracta económica de relaciones”.

Recordemos: las relaciones son necesarias, pero la forma de la relación no.

Y en el sistema capitalista, que vive en cierto modo de lo que queda tras deshacer las relaciones tradicionales (pueblos, agrarias, etc.)…, en gran medida nos hemos hecho necesarios y aún hoy nos hacemos necesarios…, nos relacionamos…, cuando “pagamos” al sistema con nuestra traición: nos traicionamos entre nosotros, a nuestros cuerpos, y al medio ambiente.

Una democracia sería justamente lo contrario —siendo casi incompatible con el capitalismo.

En ella se explicaría transparente y constantemente “el mundo”, de forma que se incitara globalmente en todo el planeta, desde la infancia, a “cambiarlo” de una forma cada vez más natural y alegre (cooperativa)… para que, así, dicho mundo fuera cada vez menos propenso a hacernos ser “malvados” contra nosotros mismos, contra los demás y contra “el medio ambiente”.

De cierta manera las relaciones hoy son consumidas en una especie de traición cultural.

Senectud social, senectud personal: adenda “espiritual” 🙂 

Podríamos intentar hacer un paralelo para hablar de más aspectos sobre esta sociedad, casi tocando o recordando algunos modos de hablar de Santiago Alba Rico en La ciudad intangible.

Una persona que se hace vieja se vuelve desmemoriada de lo que pasó hace un rato. Pierde el interés.

Una sociedad que de forma parecida pierde tanto el interés y lo hace mecánicamente (ser “sociales”, hasta hace poco, conllevaba perder el interés y simplemente consumir)…, algo como esto… quizá anuncia —igual que anuncia el anciano sobre todo cuando se llega muy mal a anciano—, anunciaría… un enorme recambio civilizatorio…, una muerte o desaparición de esta civilización, o incluso una desaparición de lo humano sobre la tierra.

Pero nada desaparece, nada real desaparece realmente, así que en el “peor” caso nuestra mente-una volvería a “encarnar” (a soñar) quizá “metida” en otros tipos homínidos. Aquellos “espíritus” de entre nosotros que no hubiéramos querido alcanzar cierta auto-percepción de nuestro ser más global (que incluye cuerpo-mente-alma-espíritu), nos veríamos en la “necesidad” de seguir encarnando en este modo de relación… en estas condiciones donde el ego humano está tan plenamente identificado u obsesionado con la forma y el “cuerpo y solo cuerpo”… ya que vive muy rudamente el sistema de pensamiento del ego, que dice…: “la separación es real” (con sus corolarios de carencia, miedo, escasez).

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Notas

* No hay nada realmente afuera de nadie, por ese primer y casi único principio de “la espiritualidad” (del que hablábamos arriba): no hay separación…, nuestro ser real, que no es cuerpo, sino mente creadora… nuestro ser real es unidad con todos y con todo —aunque tal unidad sea distinta en otro nivel que sigue conservando nuestra individualidad, pero de otra forma, en un nivel que aquí no captamos si no es “milagro a milagro”.

** Esa era la cuestión, la de las inscripciones, que queríamos “bautizar”.

Y, más superficialmente o sociológicamente, podemos tener en cuenta constataciones más o menos “entretenidas” o “explicativas”, ya que solo alrededor de un tomate que llega a una pizzería, pongamos que en Alemania, podemos tener un lío como poco tal que así:

— productores de tomates almerienses que ganan mucho dinero y por tanto quizá tienen a sus hijos estudiando en EEUU (si es que no ocurre, cada vez más quizá, que directamente se están comprando los tomates a Marruecos);
— y recogiendo los tomates, estos productores tienen a inmigrantes que quizá llegaron en patera a España, y de los cuales quizá uno perdiera a su hermano, su hijo, etc., en el viaje;
— dos o tres intermediarios: como los envasadores, que utilizan materias primas de todo tipo en cajas de plástico y madera, en naves industriales construidas con metales procedentes de cualquier parte, y que como mucho contratan quizá principalmente a mujeres andaluzas, por el salario mínimo;
— el mundo del transporte: camiones y furgonetas, cuyas piezas y conductores proceden de los más diversos puntos del mundo y cuyo combustible puede proceder del último pozo petrolífero expropiado tras una guerra cualquiera;
— varios representantes comerciales con estrategias de comunicación o marketing más o menos sofisticadas involucrando toda la historia del “mercado” y la informática;
— el negocio final de la pizzería alemana, donde podremos ver también en miniatura de muchos de los elementos anteriores.

🙂 Mundo de locos 🙂

 

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Publicado 7 julio, 2014 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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