La aceptación de tu hermano. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-9.VI-VIII] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

 

La aceptación de tu hermano [T-9.VI-VIII]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
He venido hoy a comentar contigo
sobre la aceptación de tu hermano.

Hay una forma muy práctica de reconocer
si el Espíritu Santo te está hablando a ti y a través de ti.
Es lo que te dije hace dos mil años:
por sus frutos los conoceréis.
Así, te he dicho que si el Espíritu Santo está hablando a través tuyo,
ello despertará alegría en tus hermanos.
Y si no, no habrá alegría.
Y con esta simple prueba puedes saberlo.

Pero, ¿qué ocurre si pareces producir alegría en tus hermanos
y tú no estás contento?
¿Qué haces con eso?
Simplemente, reconoces la misma verdad:
por sus frutos los conoceréis.
Y se sigue que por los frutos te conocerás a ti mismo.
Porque si dentro de ti tienes
eso que puede producir alegría en tus hermanos,
entonces, por supuesto, eso está ahí, dentro de ti,
incluso aunque tú no seas consciente.

Te dije antes que estar en el error
es simplemente no ser consciente de algo, no caer en la cuenta.
Así, si estás en el error
y no reconoces al Espíritu Santo dentro de ti,
entonces quizá no experimentes alegría,
aun cuando pueda ocurrir y ocurra que esta sea inducida en tu hermano.
Eso sucederá como la prueba
de que el Espíritu Santo está ciertamente en ti.
Es muy simple, y es suficiente.
La verdad es esta:
LO QUE APRENDERÁS DE TU HERMANO
ES LO QUE LE HAYAS ENSEÑADO.

También te he dicho que
la decisión de aceptar es la decisión de recibir.
Y la decisión de recibir es la decisión de aceptar.
¿Y no te he dicho también que tú eres Espíritu,
Uno con Dios, Uno con tu hermano,
y Uno con toda la Creación?

Por tanto, ¿qué es enseñar y aprender?
¿Qué es recibir? ¿Y qué es aceptar?
Todo ello debe ser entendido, debe ser constatado,
desde dentro del sistema de pensamiento
donde tú sabes que todo es Uno.

Así, si quisieras aceptar a tu hermano,
no pienses ni siquiera por un momento
que tú, un ser separado, un ser aislado, está aceptando
a otro ser separado y aislado.
Porque si tú albergas ese pensamiento dentro de tu mente
—lo cual tienes la libertad para hacer—
no entenderás lo que es aceptar.
Porque en realidad aceptar es recibir.
Y cuando aceptas a tu hermano,
lo recibes en, y hacia DENTRO de ti mismo.
Cuando aceptas a tu hermano,
simplemente constatas que tu hermano ES TÚ.

Entonces, cualquier cosa que quieras darle a tu hermano,
cualquier cosa que le enseñaras, por así decirlo,
será necesariamente aquello que tú recibieras en tu propio ser.
Y necesariamente eso sería lo que TÚ aprenderías.
¿Lo ves?
Y así, aprenderás lo que tú eres,
con lo que le hayas enseñado a tu hermano.
Y ahora, ¿ves cómo es aquello de que por sus frutos los conoceréis?
Y por sus frutos ellos se conocerán a si mismos.
¿Está claro ahora?

A medida en que contemplas a tu hermano,
tú, literalmente, verdaderamente, te contemplas a ti mismo.
Y no puede ser de otra manera.
Así, te he dicho una y otra vez
que tu hermano es tu salvador.
Y así es como sucede esto.
Cuando ves a tu hermano te ves a ti mismo.
CUANDO CONTEMPLAS A TU HERMANO,
TÚ, LITERALMENTE, REALMENTE, VES TU VISIÓN DE DIOS.

A medida en que miras a tu hermano para poder verte a ti mismo,
hay dos posibles evaluaciones que puedes contemplar.
Verdaderamente, cuando ves a tu hermano, te ves a ti mismo.
Y cuando ves a tu hermano, tú ves, ciertamente,
tu visión de Dios.
¿Y cuales son las posibilidades?
Como te dije, hay dos,
ambas disponibles dentro de tu mente,
y el que ambas estén disponibles significa simplemente esto:
que tienes el poder de elegir cuál quieres escuchar,
cuál aceptarás,
y, por tanto, cuál recibirás,
y por tanto, también cuál enseñarás,
y del mismo modo, también cuál aprenderás.

Primero, hay una evaluación que es verdadera.
Hay una evaluación que viene de,
y que es del Espíritu Santo.
Ella te hablará, por supuesto, de lo que tú verdaderamente eres.
Ella te hablará y te cantará una canción del Hijo de Dios.
Te hablará y cantará una canción
de perfección, de paz, de amor y alegría.
Pero sobre todo te comunicará y te cantará una canción
de Unicidad, de unión y de compartir.
Te comunicará y cantará una canción
sobre el hecho de que no hay diferencias
entre tu voluntad y la Voluntad de Dios,
entre tu voluntad y la voluntad de tu hermano.

Y luego, hay una evaluación del ego.
Y el ego no puede comunicarse con el Espíritu Santo.
Y el motivo es este:
el ego no entiende la unión.
Porque el ego, como hemos dicho antes,
es solo la simple creencia de que estás separado, aislado y solo.
El ego empieza por decirte y asegurarte
que tú no eres más que un único ser aislado y solo.
Y para preservarte a ti, lo cual es preservar tu ego,
debes estar, literalmente,
en oposición al resto del mundo.

Y el Espíritu Santo te susurra al oído,
mientras estás escuchando estas palabras,
que tu paz no está en la separación
sino en la libertad que procede de la unión y del compartir.

¿Y cómo puedes decidir cuál eliges?
¿No parece que, mirado desde dentro, el esquema del sistema
de pensamiento del ego es consistente?
Ciertamente que lo es.
Todo sistema de pensamiento está basado en premisas.
Y si empiezas desde un sistema de pensamiento
que dice que estás separado y solo,
puedes ciertamente imaginar todo un mundo.
Y eso es exactamente lo que has hecho.

Pero surge un problema.
No puedes evaluar de forma precisa y justa
el sistema de pensamiento del ego DESDE SU INTERIOR.
La única manera en que puedes ver la verdad es, de cierto modo,
tan solo por un instante, saliendo del sistema de pensamiento del ego,
y, entonces, mirándolo en retrospectiva y evaluándolo.

Bien, ¿y como puedes hacer eso?
La forma más simple, como te he dicho muchas veces,
es estar en silencio y escuchar la Voz del Espíritu Santo.
Porque es ÉL quien te hablará de un mundo
basado en diferentes premisas
—las de compartir, Unicidad y unión,
todo lo cual es la esencia del Amor.

Pero, ¿qué ocurre si intentas ver
la falsedad del sistema de pensamiento del ego desde adentro?
Porque en tanto que estés aferrado a la creencia de que estás separado,
eso es lo que te ves obligado a hacer.
Si tú, en tu engaño y tu error,
quisieras tratar de explorar el ego
desde dentro de su propio sistema de pensamiento,
te sugiero que consideres estas palabras:
“Dios Mismo está incompleto sin mí”.

¿Qué ocurriría si tú, dentro del sistema de pensamiento del ego,
pudieras detenerte y verdaderamente pensar sobre estas palabras?
¿Qué ocurriría si tú, desde dentro del esquema del ego,
pudieras contemplar la noción de que Dios mismo está incompleto?
Seguramente sonreirías cuando lo dijeras.
Porque es claro que, aun dentro del sistema de pensamiento del ego,
defines a Dios como perfecto,
pleno y completo.

Así, si dices, “Dios Mismo está incompleto sin mí”,
¿qué estás diciendo?
Que Dios no es lo que tú crees que sería.
Porque cuando dices estas palabras,
estás viendo a Dios como un ser separado y aislado.
Estás redefiniendo a Dios como un conjunto hecho de pedazos,
como fragmentado, como partido
y como dividido hasta en Su mismo corazón.
Y esto, como bien te das cuenta,
aun dentro del sistema de pensamiento del ego,
no puede ser cierto.

Entonces, incluso al pensar sobre las palabras
“Dios Mismo estaría incompleto sin mí”,
debes salirte del sistema de pensamiento del ego
y preguntar, ¿Qué significa esto,
puesto que en realidad Dios Mismo no está incompleto, y no puede estarlo?

Y verdaderamente te aseguro que tú no estás separado de Dios,
nunca lo estuviste y no puedes estarlo.
La única forma de que Dios pueda estar incompleto
se da en tu imaginación.
La única forma de que Dios pueda estar incompleto
es dentro de un sistema de pensamiento que cree
que tú eres lo que no eres,
y que tu estás, o puedes estar, separado de Dios.

Ahora, ¿qué ocurriría si tomaras en consideración
la Visión del Espíritu Santo acerca de lo que tú eres?
Ella te hablará de la grandeza de Dios.
Te dirá que eres el Hijo de Dios,
que eres la creación de Dios,
que tú, literalmente, eres el testimonio de la realidad de Dios.
Si quisieras escuchar la Voz del Espíritu Santo,
ella realmente te cantaría una canción y te traería una visión de Dios
que es la misma que la visión de ti mismo.

¡Ah! pero el ego…
el ego está hasta el fondo metido en su creencia en la separación y el aislamiento.
Está en su miedo, que surge de la creencia
en que la Voluntad de Dios está separada y es diferente de la suya,
y que por tanto Dios podría, con Su Voluntad separada,
destruirlo.
Y si tienes en cuenta ese pensamiento, necesariamente vivirás con miedo.
Así, te ves a ti mismo pequeño, pequeño y fragmentado,
pequeño y sujeto a los caprichos de Dios,
y, por tanto, sujeto a los caprichos del resto del mundo,
que representan para ti a Dios.
¿Y no hablas de la Madre Naturaleza,
de alguna manera ligando la naturaleza a su creador Dios?
¿No te ves a veces como una víctima de ella,
así como de Dios?

¿Y qué pasa si esa creencia se hiciera insostenible para ti?
¿Qué pasa si cometes el error,
desde dentro del sistema de pensamiento del ego,
de quedarte en calma por un momento,
un momento en el cual escuchas una voz
susurrando sobre la grandeza de lo que tú eres?
Entonces, el ego protesta a gritos.
El ego intentaría luego transformar
tu creencia en la pequeñez en una de magnitud,
que es lo he llamado grandiosidad.
Porque esto es lo que el ego te querría ofrecer
cuando has sentido en algún nivel, profundamente adentro,
la grandeza de Dios,
que es la misma que la tuya.

¿Cuál es la diferencia entre grandeza y grandiosidad?
La grandeza de Dios habla de Unicidad,
y de la armonía del Amor,
y de la unión de toda la Creación.
Automáticamente habla de la libertad perfecta
que, si pudieras conocerla por solo un instante,
haría que el ego desapareciera
en ese mismo momento
para nunca regresar.

Mas la grandiosidad es el intento del ego
de hacerte creer que tú eres, ciertamente,
el poseedor de tu propia grandeza,
que, en algún nivel, sabes que está allí.
Pero el ego necesariamente habla de tu magnitud
desde el esquema de la separación.

Así el ego dice que eres grande porque puedes plantarte
alto y fuerte contra el resto de tu mundo.
El ego te hablaría de una grandiosidad
que está basada en la competición,
y que, en último término está basada en su fuente,
que es el ataque.
Así, cuando el ego,
dentro de su sistema de pensamiento de separación,
te encuentra pequeño, asustado y débil,
debe contemplar toda tu experiencia
con cierta sospecha.
Y se pregunta, “¿habrá algo aquí que esté destruyendo mi creencia
de que estoy separado, aislado y solo?
Porque esto lo debo preservar.
Pues esto es en realidad mi verdadera existencia.”

¿Y qué ocurre si un pensamiento se desliza hacia tu mente
y te habla de la grandeza de Dios?
Entonces el ego súbitamente cambiará de engranaje,
y hablará de tu magnitud, de tu grandiosidad,
que es tu fortaleza imaginaria,
basada en la competición, la oposición y el ataque.
Porque el ego solo puede hablarte desde su perversión,
la cual te hace necesariamente atacar
para poder creer que puedas estar a SALVO,
lo cual te hace atacar
para tú poder tan siquiera creer que tú existes.
¿Lo ves?

Si quisieras aceptar la Expiación, la Reconciliación,
debes aceptar a tu hermano.
Y aceptar a tu hermano es recibirlo en ti mismo,
lo cual es experimentar, más allá del nivel de los pensamientos,
más allá de las palabras, más allá del análisis,
que él ES tu mismo.

Y si quieres aceptar a tu hermano,
debe ocurrir que tu visión de tu hermano
sea la misma que la visión de ti mismo.
Y a medida en que escuches hablar al Espíritu Santo sobre tu hermano,
de su Unicidad y armonía, de su poder creativo,
de la grandeza dada a él por Dios,
eso es lo que en tu propio discernimiento
descubrirás sobre ti mismo.

Escúchame bien. Tu inconsciencia, tu error,
no cambia ni un ápice la verdad de lo que tú eres.
Y la aceptación de la Reconciliación,
que NECESARIAMENTE conlleva la aceptación de tu hermano,
consiste solamente en dejar ir la inconsciencia,
consiste solo en perdonar tu error
—que fue la visión falsa con la cual veías a tu hermano.
Ese error será transformado a medida que estés en silencio adentro,
cuando permitas que el susurro del Espíritu Santo
te hable de lo que tu hermano verdaderamente es,
y siempre ha sido.

Y según Él susurra en tu oído,
cuando te cante una canción de armonía y Unicidad,
una canción de una sola voluntad que no sabe de competición,
que no sabe de codicia,
que no sabe de especialismo y de aislamiento…
cuando te cante una canción de libertad que proviene
del perfecto compartir de una sola voluntad,
y que debe ser la voluntad de libertad para todos los seres…
cuando el Espíritu Santo te hable y te cante
acerca de esa visión de tu hermano,
tú aceptarás, sin esfuerzo, a tu hermano.
Y luego, cuando te detengas y mires adentro,
enfrentarás la verdad, perfecta y bella,
de que eso es ciertamente lo que tú también eres.

Según contemplas a tu hermano como el Hijo de Dios,
como la perfección, como la luz, el amor y la alegría que él es,
entonces, automáticamente, te darás cuenta que eso es también lo que tú eres,
lo que siempre has sido, y lo que siempre serás.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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