1. Aceptación del estado de gracia del hijo de Dios nuevamente reconocido. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
— Elegimos publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.]

Los Diálogos de Un curso de amor.

 

Aceptación
(título que engloba los cinco primeros capítulos)

Capítulo 1. Aceptación del estado de gracia del hijo de Dios nuevamente reconocido

1.1 Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,

1.2 Hoy me dirijo a vosotros como co-creadores del Ser que sois, del Yo que sois, y del Ser o el Yo que esperáis representar con vuestra forma física. Hoy me dirijo a ti no como un yo personal que es otro, “distinto” de ti, sino como un Yo divino que es el mismo que tú. En nuestra unión, portamos y asumimos la mismidad del Hijo de Dios. Al avanzar con la visión de la unidad, te conviertes en lo que yo fui en vida. “Recibes“ y “das” desde la fuente del espíritu. No necesitas prepararte o planificar, tan solo necesitas reclamar tu herencia, tus regalos, tu Ser.

1.3 En términos prácticos, lo que esto significa es que permitas que el yo personal dé un paso atrás, y el Yo verdadero lo dé hacia delante. Date cuenta de que todas tus “preocupaciones” siguen estando enfocadas en tu ser personal, un ser que sigues creyendo que puede fracasar a la hora de llevar a cabo o vivir tu misión y tu propósito. Consideras o “ves” que este fracaso ocurre debido a la torpeza del lenguaje, o por un atuendo inapropiado… por la falta de resistencia física o quizá por la falta de inteligencia —en otras palabras, debido a alguna carencia en cuanto a las capacidades del yo personal. Siempre y cuando “veas” esas visiones, estás viendo el patrón del yo personal activándose igual que lo ha hecho en el pasado. Así, no ves lo nuevo, el nuevo Yo de la forma elevada, o el verdadero Yo de la unión divina. Así “ves” al yo separado todavía intentándolo, todavía luchando, buscando a tientas. No ves la gracia natural y el orden del universo que se extiende hacia el ámbito del Yo elevado, hacia el espacio del Yo elevado. Siempre y cuando veas de esta manera, mantienes el yo personal al frente en vez de permitir y ayudar a que el yo personal dé el paso atrás que se requiere para que el verdadero Yo pueda dar un paso adelante.

1.4 Toda esta confusión y esta lucha ocurren porque no sabes qué hacer para prepararte. No te has convencido de que has terminado de prepararte así como de aprender. Aún quieres averiguar qué hacer, qué es lo que sigue ahora, qué necesitas aprender, cómo “prepararte” mejor para lo que te espera.

1.5 Y sin embargo, sabes que yo te he preparado, y que gracias a la unión conmigo no puedes fracasar. No puedes dejar de estar preparado, pues ya estás realizado. ¿Qué es lo que necesitará tu mente ahora para aceptar esta verdad? Puesto que lo que se necesita es que la mente acepte esta verdad.

1.6 Tu corazón reconoce la realidad de esta verdad, ya sabe que esta nueva realidad es real y distinta de la vieja realidad. Idealmente, la mente y el corazón unidos aceptan juntos esta nueva realidad y, con esta aceptación, el corazón es liberado para morar en la casa del Señor, en el nuevo mundo, en el Reino que ya ha sido preparado y que por tanto no necesita preparación.

1.7 Esta aceptación es crucial para la elevación del yo personal. Sin esta aceptación, el yo personal debe aún esforzarse e intentarlo, prepararse y planificar. No sabe hacer otra cosa. crees que no sabes cómo hacerlo de otro modo.

1.8 Esta es la rendición final, la entrega del control del yo personal. Incluso una vez que el ego se haya marchado, el yo personal puede continuar vagando por el mundo como una entidad sin nombre ni cara, como un ser sin identidad, humilde, abnegado e ineficaz. Puesto que debe haber una causa para engendrar un efecto.

1.9 Estas tendencias anti-ego son un verdadero peligro en esta época. ¡No se te llama hacia la abnegación, sino a ser el Yo!

1.10 Esta es la transición en la que ya has notado que estás. El ego ha desaparecido, pero al Yo verdadero aún no se le ha permitido vivir en el yo personal, y por tanto no se le ha permitido elevarlo. De esta manera, has carecido de un yo durante un tiempo, y el yo personal no ha sabido qué hacer frente a esta falta de identidad. Alguien podría literalmente morir durante este tiempo de falta de identidad, de falta de causa. Morir para el yo personal ya no es lo que se requiere, puesto que  trabajamos para elevar el yo personal. Esta elevación ocurre a través de la aceptación de tu verdadera identidad, y no a través de la ausencia de identidad. El reinado del ego comenzó precisamente en una época de ausencia de identidad. No puedes seguir adelante de esa forma.

1.11 La ayuda está aquí. Sé lo que estás llamado a ser. Abre tu morada a tu Yo verdadero, a tu verdadera identidad. Imagina que esta apertura y este reemplazo ocurren en cada fibra de tu ser. Imagina que el yo separado es envuelto, aceptado y finalmente consumido —acogido en el Yo de la unión. El cuerpo de Cristo se hace real a través de esta implantación de Cristo en la forma.

1.12 Este pensamiento hace que te preocupes por la identidad de aquel a quien has llamado “tú mismo”. Este ha sido el propósito de muchas ceremonias de cambio de nombre, que simbolizan la liberación de lo viejo y la aceptación de lo nuevo. Esto ocurre de una forma u otra en los sacramentos que has conocido como Bautismo, Confirmación y Matrimonio. Cada uno de ellos invita a una nueva identidad. De la misma manera, nosotros invitamos ahora a una nueva identidad. Mientras que estos sacramentos han perdido en gran medida su sentido, el sacramento al que ahora te llamo restablece el sentido. Como los nuevos nombres son tan solo símbolos de nuevas identidades, aquí no se requiere ni se espera un cambio de nombre. Vamos más allá de lo que se puede simbolizar hacia lo que solo puede reconocerse desde dentro. Es hacia este estado de gracia al que te llamo ahora, hoy: el estado de gracia del hijo de Dios nuevamente identificado.

1.13 Abre tu corazón, pues el que ahí habita unido a todo, emergerá de esta apertura. Lo que una vez fue un pequeño agujerito de luz, se convierte en un faro a medida que abres tu corazón y permites que tu verdadera identidad sea lo que es, incluso dentro de tu forma. Estás en gracia y en unidad con el Origen y la Causa de la unidad. Deja de estar sin causa. Tú y tu Origen sois uno solo.

1.14 Ya no soy el yo personal que se encontraba apartado y solo.
Soy mi Yo de Cristo, mi Ser Crístico.
Habito en unidad.
Mi identidad es segura.
Esta es la verdad.

No soy menos de lo que una vez fui, sino más.
Si antes estaba vacío, ahora me encuentro pleno.
Si antes moraba en la oscuridad,
ahora vivo en la luz.
Si antes había olvidado,
ahora recuerdo quién Soy.

Ahora, sigo adelante
para vivir en el mundo como quien yo Soy,
para hacer de la causa y el efecto una sola cosa,
y para hacer que la realidad sea la Unión con el Origen del amor y de toda la creación.

1.15 Estos diálogos son para todos porque existimos en unidad con todo el mundo. Nadie se verá forzado a unirse a nuestra conversación. Solo aquellos que escuchen estarán preparados para oír. Recuerda que no se te puede enseñar lo que la unidad da gratuitamente, libremente. La meta es dejar de aprender. La meta es aceptar la identidad que siempre te ha pertenecido y que ha sido nuevamente revelada y devuelta a tu memoria. “Saber”, y no aceptar lo que “sabes” que es verdad, es una continuación del patrón de la demencia que debe ser reemplazado con un patrón de cordura.

1.16 La demencia es actuar como si la verdad no fuese verdad. La cordura es aceptar la verdad como tu realidad y actuar a partir de ella. Una vez que se ha aprendido la verdad, la naturaleza de la falsedad permanece tan solo como una aceptación de la demencia. A lo que te ayudaré ahora es a rechazar esta demencia y a aceptar la perfecta cordura de la verdad.

1.17 Esto no puede lograrse por medio del aprendizaje, ya que, como se te ha dicho, el aprendizaje era el medio para el regreso del yo separado a la unidad. Estas lecciones han sido dadas. Se pueden revisar una vez tras otra. Se pueden usar como lecciones continuamente hasta que sientas que el aprendizaje ha sido plenamente logrado. Pueden servir como recordatorios a medida que continúas convirtiéndote en el Ser que has aprendido que eres. Pero seguir aprendiendo no es lo que completará la transformación del yo personal hacia el Yo elevado. El aprendizaje no sostendrá la consciencia-de-Cristo.

1.18 Y entonces, ¿qué haremos ahora? Si yo no enseño y tú no aprendes, ¿cuál es nuestro medio actual para completar esta transformación? Tal y como se te ha mostrado, esto no ocurrirá por medio de la preparación sino por medio de la aceptación. Esto no ocurrirá por medio de seguir intentándolo, sino por medio de la rendición, de la entrega.

1.19 Al entrar en este Diálogo surgen preguntas de forma natural. Puede que pienses que para la receptora de este Diálogo, este puede sentirse realmente como tal, como un diálogo, un intercambio, una conversación; y puede que tú, como lector de estas palabras, te cuestiones si podrías sentirte de la misma manera. Puedes sentirte de la misma manera si constatas que mientras lees estas palabras eres tan “receptor” de este Diálogo como la mujer que las escuchó primero y que las transfirió al papel.

1.20 ¿No recibes una obra musical incluso si eres uno de los miles o millones de personas que la escuchan? ¿Acaso importa quién es el primero en oír la música? Este es, en realidad, un diálogo entre tú y yo. No desees que el “camino” de aquella que transcribió estas palabras sea el camino para todos, y no creas que escuchar “directamente” al Origen es distinto de lo que tú haces aquí. Eso es pensar con una mentalidad de separación, en vez de una de unidad. Lo que te digo aquí, te lo digo a ti. No importa que dirija las mismas palabras a muchos, ya que tanto tú como los muchos otros que se unen a ti para recibir estas palabras, sois uno solo.

1.21 Estos Diálogos comienzan con una plegaria para recordarte lo que has aprendido en unidad, un aprendizaje que ha sido distinto de todo el aprendizaje que creías haber conseguido como un yo separado. Has logrado una hazaña increíble al permitir y aceptar el estado de unidad a pesar de que no podías aprender cómo hacer eso. Esta ha sido la dificultad con la cual se ha encontrado todo plan de estudios que pretendiera enseñar la verdad. Para que la verdad pueda ser realmente aprendida, primero tenías que entrar en un estado en el que este aprendizaje pudiera ocurrir, un estado que no podía enseñarse, sino al que tan solo se podía acceder a través de tu anhelo y tu deseo.

1.22 Vosotros, que habéis unido mente y corazón, habéis regresado a un estado natural de conocimiento en el que el aprendizaje ya no es necesario. Ahora os habéis encontrado con un plan de estudios que es imposible aprender. No existe ningún maestro disponible, ya que no se necesita ninguno. Y, sin embargo, muchos aún sentís lo que describiríais como una necesidad de aprendizaje continuo, y una relación continua con un maestro que os guíe en la aplicación de lo que habéis aprendido. No os atrevéis todavía a recurrir a vuestro propio corazón, ni a confiar en el conocimiento que te ha sido devuelto a medida en que has empezado a vivir en la realidad de la verdad.

1.23 Esto es parecido a pensar que existe un dios fuera o apartado de ti mismo. Si aceptases por completo tu verdadera identidad dejarías de buscar un guía fuera de ti mismo, ya que constatarías que tu propio Yo, tu Ser, es todo lo que hay. Somos un único cuerpo, un único Cristo. Somos un único Ser.

1.24 Tu Yo no es la persona que has sido desde tu nacimiento. Tu cuerpo no te contiene. Lo que vas a notar que ocurre a medida que aceptas tu verdadera identidad es una transferencia del propósito respecto a tu cuerpo. Lo que antes veías como siendo tú mismo, ahora debes verlo tan solo como una representación de tu Ser. Tú eres todo y todos. Todo lo que ves, es tú. No estás separado ni apartado de nada.

1.25 Somos un único cuerpo.

1.26 El aprendizaje acepta que existen personas separadas de ti que saben cosas que tú no sabes. Este no es el caso. Cuando aceptes eso plenamente, verás que es cierto. Al igual que la aceptación de la unidad, que no se podía enseñar sino que era la condición para el verdadero aprendizaje, la aceptación de tu verdadera identidad no se puede enseñar, sino que es la condición necesaria para ser quien tú eres, y la constatación de que el aprendizaje ya no es necesario.

1.27 Por eso ahora trabajamos para conseguir la aceptación de lo que has aprendido en unidad. Trabajamos para conseguir que aceptes la cordura y rechaces la demencia. Trabajamos juntos en amor y unidad para conseguir lo que tan solo se puede recibir en el amor y en la unidad en que realmente existimos juntos, como un único cuerpo, un único Cristo, un único Yo.

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