Trascender el ego. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.
-Esta transmisión, maravillosa (muy clarificadora y directa), aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló desde la personalidad de Jesús.
– La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-11.VI-VII] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Trascender el ego [T-11.VI-VII]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
La última vez te hablé de las dinámicas del ego,
y te recordé que el ego no puede HACER nada,
que el ego es simplemente una colección de pensamientos
que tú, en tu realidad,
has proyectado en el espacio, el tiempo y tu consciencia,
con el propósito de ver las cosas de forma diferente,
con el propósito de ver lo que no es verdad.

También te he dicho que el ego busca, y encuentra, el error.
¿Y eso qué significa?
Eso significa que el ego debe buscar lo que no es verdad.
El ego debe hacerte creer que la vida es incoherente,
que la vida no es justa, que la vida te pasa a ti,
que eres una víctima,
y, al final, por supuesto, quiere hacerte creer que eres una víctima de Dios.
Y el ego —el sistema de pensamiento que has fabricado
con el propósito de hacer como que estás separado—,
el ego, debe ver eso.

Y así, también te he dicho que el ego ve el error
para poder hacerlo real.
Entonces, él concluye que el error ES real, y que la verdad no es verdadera.
Y decir que el error es real es simplemente decir
que la ilusión es la realidad.

Y también he dicho
que no es posible ver lo que no crees.
Y tampoco es posible no creer en lo que sí ves.
Tal es el poder de la percepción.
Tal es el poder, el poder creativo, del Hijo de Dios.
Y como tú has fabricado la ilusión,
como has elegido ver el error como si fuera real,
te parece tan real como la misma realidad.

Y por tanto, he venido a traerte
este curso de milagros y estas palabras para poder
ayudarte a ir más allá de la creencia en el error,
para ayudarte a VER, para ayudarte a ver lo que es verdadero.

Te he hablado sobre el despertar a la redención.
Y despertar no es más que
llegar a ver lo que es verdad.

Si eliges ver aquello que es verdad,
hay algunas cosas que deseo compartir contigo.
Te he dicho que la resurrección
no es nada más que la trascendencia del ego.
La resurrección no es un evento en el cual el cuerpo surge de nuevo.
La resurrección, mi resurrección,
fue solo la declaración, fue la prueba,
de que lo que es verdad, es verdad.

Hay algunas cosas que necesitas saber
sobre la resurrección.
Yo hablo de la crucifixión y de la resurrección.
Y te pregunto cual elegirías.
Y te pregunto si elegirías
aprisionar a tus hermanos y a ti mismo,
o dejar a todo el mundo libre.
Y las dos preguntas son, por supuesto, la misma.

A medida que tomas conciencia de la resurrección,
cuando te abres a trascender el ego,
cuando tu percepción va más allá del ámbito del ego,
hacia lo que es verdadero,
entonces, vas a encontrar una nueva experiencia
que te conducirá a nuevas creencias que, cuando se estabilicen,
te llevarán a una nueva percepción,
a una percepción verdadera del mundo.
Y verás el mundo real.

Es totalmente posible, tal y como te he dicho,
ver el mundo real incluso aquí.
Lo único que necesitas es creer en él.
Porque lo que crees, es lo que ves.
Pero no puedes creerlo a menos que se convierta en tu experiencia.
Y eso es lo que te brindo aquí.
No son lecciones que tengas que aprender, ni juegos con ideas,
sino una aplicación práctica que te llevará a la experiencia
que es necesaria para que creas, y por tanto para que tu percepción
cambie.

Primero y ante todo se trata de esto:
Dios, el Espíritu Santo, aquello que es real,
nunca te pedirían que renuncies a tu miedo,
nunca te lo quitarían,
ni lo incrementarían.
Cuando tú, en cualquier sentido, percibas
algo que te pide retirar lo que tienes,
y que parece desear quitártelo,
aun cuando ello sea tu creencia en el error…
si percibes que hay algo que te quisieran “quitar”,
entonces, no estás experimentando el mundo real
—escúchame bien—
y no estás entendiendo el Amor.

Pues el Amor es, simple y claramente, LA condición de la realidad.
Si quieres ver el mundo real aquí, si quieres creer en ese mundo,
si quieres experimentarlo,
entonces solo necesitas abrirte al Amor.
Y eso es todo.
Porque el mundo real es, literalmente —te lo aseguro, literalmente—
es todo pensamiento amoroso del Hijo de Dios.

Ahora, escúchame bien hoy.
No es posible que el Hijo de Dios
tenga pensamientos que no sean reales,
pensamientos que no sean Amor.
Y así, el mundo real es literalmente
TODOS los pensamientos del Hijo de Dios.
El mundo real, y el discernimiento del mundo real,
que te conducirá al conocimiento,
te exige que constates
que no hay opuestos en toda la Creación.

No se trata de que exista el bien,
y que por tanto, como existe, existiría asimismo el mal.
No se trata de que, como existe la verdad,
por tanto deberían existir el engaño y la falsedad.
No, pues todo eso es la gran Unicidad que es Dios.
NO HAY OPUESTOS.

Si tú, desde dentro del sistema de pensamiento del ego,
quieres ver el error, ¿qué estás haciendo?
Estarás mirando hacia aquello que es verdadero,
y, a través de la interpretación que exige la percepción,
estarás percibiéndolo como lo que en verdad no es.
Y eso es todo.
La ilusión es simplemente mirar hacia eso que es verdadero,
verlo, creerlo,
y parecer experimentarlo como siendo algo que no es.

El Espíritu Santo representa la parte de tu mente
que contiene la verdad dentro de sí, que ve la verdad, que verdaderamente perdona.
Pero recuerda que perdonar no es ver el error
y luego decir, “bien,
aun cuando has errado, te perdono”.
Perdonar es simplemente mirar más allá del error mismo,
hacia la verdad.
Así, el Espíritu Santo literalmente representa
esa parte de tu mente que SOLO ve la verdad.

Si quieres percibir el mundo
mediante el sistema de pensamiento del ego,
debes ver el error del cual he hablado.
Si te ves separado y percibes opuestos,
si percibes que la voluntad de tu hermano
puede ser distinta a la tuya,
entonces, no estás viendo la realidad.
Y nunca puedes verla desde ese marco de pensamiento.
Y si tratas de verla desde ahí, vas a bloquearte a ti mismo
el discernimiento del Amor.

La condición de la realidad es simplemente esta:
la realidad es Amor.
La realidad es una voluntad que nunca quita y solo da.
Que extiende para siempre, por siempre… y por siempre.
La realidad es una sola mente, sin oposición de ninguna clase.
Es una armonía tan perfecta, que la oposición,
si fueras a pensar en ella, sería incomprensible.
Y esa es la condición de la realidad.

Y si tuvieras que elegir entre Dios o el ego,
todo lo que necesitas hacer es elegir aquello que es real.
Te he planteado una cuestión muy importante,
y que fue esta:
si querías tener el problema o la respuesta.
¿El problema? ¿El problema?
Te he dicho que tienes un solo problema,
y ese problema ES el ego.
Y la solución a ese problema es la verdad de Dios,
que surgió como respuesta a la decisión de pretender
que el ego podría existir.

Así que cuando te pregunto si quieres
el problema o la respuesta,
esto se convierte en esta cuestión:
“elegirías al ego o a Dios”.

Si quisieras elegir a Dios, ¿cómo lo harías?
Lo haces al constatar que, en tu percepción,
en el sistema de pensamiento del ego,
lo que siempre vas a encontrar es conflicto,
que es, como te he dicho, la marca característica del ego.
Si quieres ir más allá del ego,
debes ir más allá del conflicto,
debes ir más allá de la contemplación del error,
debes ir más allá de ver opuestos,
y aun de la posibilidad de que estos puedan existir.

¿Cómo, entonces, haces eso?
¿Cómo decir, “sí, he contemplado la ilusión,
he contemplado el sistema de pensamiento del ego,
y no quiero elegir al ego sino a Dios,
quiero elegir la realidad,
quiero elegir el Amor,
la Armonía,
y, sobre todo, la paz?”
¿Cómo hacer eso?

Y te aseguro de nuevo hoy, tal y como te he dicho muchas veces,
y como te seguiré diciendo una y otra vez,
que si quieres ver a Dios,
si quieres experimentar la presencia de Dios en tu vida,
ello DEBE NECESARIAMENTE SURGIR al ver verdaderamente a tu hermano.

Si contemplas a tu hermano
y ves oposición en cualquier sentido,
o una voluntad que pudiera parecerte distinta de la tuya,
entonces, no estás viendo en absoluto.
Y estás ciego a la visión del Amor.
Si quieres considerar a un hermano como alguien confundido,
como alguien que no está en armonía consigo mismo,
si lo ves como enfermo,
como no disfrutando de su propia libertad…
si deseas ver cualquier cosa de esas, entonces, te aseguro
que solo te estás contemplando a ti mismo.

Pero, si quieres experimentar la trascendencia del ego,
si quieres experimentar la resurrección
—la resurrección que vine a enseñar
y para poner en el ámbito de la consciencia humana para ti—,
si quieres experimentar la resurrección,
entonces debes mirar de nuevo a tu hermano.

¿Qué ocurre si tratas de ver a tu hermano
como un ser separado de ti, tal y como estás acostumbrado a hacer,
y, desde esa creencia en la separación, dices,
“voy a ver armonía aquí;
pensaré que de alguna manera esto es Amor”?
Fracasarás.
Si quieres ver la verdad,
debes permitir que quien se encargue de tu mirada
sea el dador de la Visión.
Si quisieras experimentar la paz de Dios,
debes mirar a través de los ojos del Espíritu Santo.
Y eso requiere que te vuelvas como un niño pequeño,
como el niño que constata, de la forma más simple,
que él no sabe.

Y así, en vez de llevar contigo las percepciones de este mundo,
las percepciones del ego,
a tus encuentros con tu hermano, a tus encuentros santos,
en vez de llevar eso contigo,
si quieres experimentar la realidad, el Amor y la paz de Dios,
no debes llevar contigo
ABSOLUTAMENTE NADA .
Debes abrir tu mirada al Espíritu Santo,
debes ir sin pensamientos del pasado,
sin miedo al futuro,
sin ningún guión que defina a tu hermano como alguien separado de ti.
Tú simplemente llegas en quietud, con apertura, a cada momento,
con apertura a cada momento de tu vida.
Llegas con apertura a todo momento
que pases solo, o con tu hermano —eso no importa.
Llegas con apertura, una apertura que dice,
“no sé, y querría aprender; enséñame”.

Y lo que sucederá cuando simplemente te abras,
cuando renuncies a cualquier deseo de apegarte
a cualquiera de los pensamientos que definen este mundo para ti,
cuando renuncies a cualquier deseo de apegarte al ego,
cuando tan solo digas “elijo a Dios,
y la paz de Dios”
—cuando hagas eso y dejes ir,
el Espíritu Santo te brindará, verdaderamente,
una nueva percepción, una percepción verdadera,
te brindará la visión de tu hermano
que es la Visión de Cristo.

Y cuando yo te lleve de regreso por el camino
que va más allá de tu ego,
de regreso por el camino que literalmente lo transciende,
primero percibirás,
luego creerás,
y luego experimentarás,
en un gran instante de éxtasis y de gozo,
la verdad sobre lo que tu hermano es
—que es el perfecto, el inmaculado, feliz, libre
y amado Hijo de Dios.

Y entonces, lo que va a suceder, te lo aseguro de nuevo, es esto.
Cuando ves a tu hermano como el Hijo de Dios que es,
cuando te abres a la Visión del Espíritu Santo,
en ese mismo instante, vendrá, brotando de dentro de tu ser,
el discernimiento y la experiencia
de que eso, en toda su belleza,
es exactamente lo que tú eres,
lo que siempre has sido.
Pues tú eres, siempre has sido,
y debes permanecer siempre siendo
el Hijo de Dios.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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