Culpa II. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.

Esta transmisión, maravillosa (muy clarificadora y directa), aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló desde la personalidad de Jesús

La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-13.I-IV] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Culpa II [T-13.I-IV]

Saludos de nuevo, soy Jeshua.
He venido hoy a continuar contigo
mi comentario sobre Un curso de milagros.

Hoy deseo hablar contigo acerca de tu mayor miedo.
Te he dicho que lo que no sea amor debe ser miedo.
Pero hay un miedo fundamental que subyace a todo el resto,
un miedo fundamental tan grande
que literalmente él solo puede ser la base de un mundo por entero.
De ese miedo es de lo que te querría hablar hoy.

Hoy quiero hablarte sobre la culpa,
sobre la inocencia del Hijo de Dios, sobre tu invulnerabilidad,
y sobre el miedo fundamental más grande.
Es verdad que la aceptación de la culpa
dentro de la mente del Hijo de Dios,
fue el comienzo de la separación.
También es cierto que si no te sintieras culpable,
no podrías atacar.
También es verdad que la condenación es la raíz de todo ataque.
Si no condenaras no te sería posible atacar.
Y también, si no sintieras culpa, no podrías atacar en absoluto.
De donde se sigue que si no sintieras culpa
no habría ataque ni condenación
de absolutamente ninguna clase
en la mente del Hijo de Dios.

Trata de detenerte por un momento e imaginarte un mundo
en el cual NO hubiera CONDENACIÓN de ninguna clase.
Trata de imaginar una vida, incluso aquí en tu espacio y tiempo,
en la cual, sin importar lo que tú hicieras, sin importar lo que dijeras,
sin importar lo que pensaras o sintieras
en lo más íntimo de tú ser —
ningún pensamiento de castigo o condenación, ninguno,
pudiera deslizarse hasta tu discernimiento.
Que no pudiera existir ni el más leve pensamiento
de que algo que tú hicieras, o pensaras, o dijeras, o sintieras,
fuera errado, en ningún sentido.
Trata de imaginar un mundo, aun aquí en el espacio y tiempo,
donde, sin excepciones,
todo lo que tu hicieras, o dijeras, o pensaras, o sintieras,
fuera aceptado con amor,
plena y solamente con amor.

Y lo que te estoy diciendo hoy es
que si no fuera por la presencia de la culpa,
así sería exactamente la manera en que tu mundo, tu vida y la vida de tu hermano
se desarrollarían.
E incluso en vuestras mentes pensantes
estáis obligados a reconocer que eso es lo deseable, lo preferible,
para el mundo que experimentáis aquí y ahora.

La aceptación de la culpa dentro de la mente del Hijo de Dios
fue el comienzo de la separación.
Para siquiera poder creer que estabas separado
(que fue y que es la noción que sirve para diseñar este mundo
tan cuidadosamente planificado a partir de vuestro pleno discernimiento),
para poder siquiera creer en la separación,
hubo que perder la paz.
Pues la plenitud, la integración y la compleción del amor
NECESARIAMENTE producen la paz perfecta.
Así que si pretendes simular la separación,
debes representar la ausencia de paz.

El mero intento de experimentarte a ti mismo
como siendo lo que no eres,
de experimentar a Dios como siendo lo que Dios no es,
y, sobre todo, creyendo insanamente
que Dios y el Hijo de Dios podían ser diferentes…
esa noción, en un instante,
trajo inquietud a la mente del Hijo de Dios.
Y en ese mismo instante, la paz se fue.
Y en ese mismísimo instante
el Hijo de Dios renunció a la ausencia de la paz,
y la dejó ir.

Así, para siquiera poder permitir que esa noción
penetrara en la consciencia del Hijo de Dios,
se creyó en la separación.
En último término, la creencia en la separación es la creencia
en que causa y efecto son diferentes.
O que Dios y el Hijo de Dios son diferentes.
Porque Dios es la causa, y Su Hijo el efecto.

La noción de separación exigió la creencia en el tiempo,
que no es realmente otra cosa que la creencia
en la separación de causa y efecto.
En la medida en que se pretenda experimentar
la separación de causa y efecto
y albergar la ausencia de paz,
esto hace que el Hijo de Dios crea
que la ausencia de paz NO fue su propia elección
—que la ausencia de paz fue el efecto,
y que la causa de esa ausencia
fue DIFERENTE DEL Hijo de Dios.
Dicho brevemente, fue esencial que tú creyeras
que alguien, que alguna cosa AJENA,
fue la causa de la ausencia de tu paz.

Y así surgió la creencia en la separación,
la creencia en que alguna cosa o alguien AJENO a ti
fue la causa de tu falta de paz,
que consideras como su efecto.
En un instante ello vino y se fue, y ya no está.
Pero en ese instante, el TIEMPO, la mayor de las ilusiones,
fue creado.
Y así, tú pareces vivir en lo que aparenta ser el tiempo,
la ilusión del tiempo y de este mundo,
y la ilusión de tu miedo fundamental.
A la mente del Hijo de Dios
le tomó solo un instante que el pensamiento de separación
naciera y se fuera, siendo descartado
con el simple reconocimiento de su necedad.
Fue dentro del tiempo, y no fuera de él,
que el Hijo de Dios se olvidó de reír.
Y así nació este mundo de ilusión,
de dolor y de miedo.

En tanto que desees estar y permanecer aquí,
y fomentar la creencia en la separación,
es ESENCIAL que acuses a alguien o a algo
por la ausencia de tu paz.
Debes considerar que unos seres, diferentes de ti, son los responsables
de la ausencia de tu paz.
Y así es como nació la separación.

¿Qué coste conllevó para ti el hecho de creer
que alguien AJENO a ti era la causa de tu miseria?
El coste de creer que alguien o algo ajeno a ti
PUEDE hacerte miserable.
Te cuesta la creencia de que alguien o algo ajeno a ti
tiene tal poder sobre tu vida
que puede determinar si estás o no en paz.
Te cuesta, diciéndolo lo más simplemente posible, la creencia
en que el Hijo de Dios es débil y vulnerable.

Y si el Hijo de Dios ES débil y vulnerable,
¿qué debe hacer el Hijo de Dios,
qué debes hacer TÚ, para poder existir,
para sobrevivir, por así decirlo?
Debes defenderte. Debes pelear.
¿Y cómo te defiendes?
Te defiendes, por supuesto, al atacar.
Para sobrevivir, para siquiera vivir,
debes estar en constante ataque.
No dije que debes estar LISTO PARA ATACAR
por si acecha algún tipo de daño;
te dije que debes ESTAR EN CONSTANTE ATAQUE
para ser siquiera capaz de existir
como un ego, como un ser separado.

Por eso es que te he dicho que el ego cree literalmente
que el ataque es la salvación.
¿Y por qué?
¿De qué serías salvado?
¿Por qué la salvación es una palabra que siquiera puede entrar en tu consciencia?
¿De qué hay que ser salvado?
Por supuesto, es de tu propia muerte,
porque esa es la amenaza fundamental.
Y si hablamos de salvación en este curso,
se trata simplemente del despertar a la constatación de que no puedes morir.

Así, para ti, ego, que te ves a ti mismo como ser separado,
lo sepas o no, lo creas o no,
te guste o no,
TU EXISTENCIA ESTÁ BASADA EN LA CREENCIA
EN QUE DEBES ATACAR PARA PODER EXISTIR.
Esto es así porque hasta tu creencia en que existes
está basada en la noción de que tu mundo por entero
está en un constante ataque contra ti.
Si no fuera así, no podrías estar a disgusto.
Si no fuera así, la paz ya no sería algo que tú buscas,
tu paz ya sería tuya.
Y la culpa, la condenación y el ataque ya no existirían.

¿Estás empezando a darte cuenta de por qué llamo a este mundo “demente”?
Este mundo es un intento engañoso
de preservar una noción falsa sobre el Hijo de Dios,
que enloqueció por la culpa.
¿Ahora, queda claro para ti?

¿Pero, qué ocurre si supieras que eres invulnerable?
El plan de estudios cuerdo, el único que enseña el Espíritu Santo,
EXIGE que te des cuenta de que,
de hecho, eres invulnerable.
Y bien, ¿qué ocurre si supieras que ERES invulnerable?
¿Qué sucede si SUPIERAS que nada puede pasarte,
que ninguna experiencia podría llegar a tu vida
si no fuera por tu propia elección y tu propia creación?
Brevemente, ¿qué sucede si supieras que eres libre?

Si te dieras cuenta, en el corazón de tu ser,
aun aquí en el espacio y tiempo,
que ninguna experiencia podría presentarse en tu vida
a no ser que fuera por tu propia elección y creación…
si supieras eso, jamás te sería posible
culpar a otro por tu disgusto.

¿Qué sucede si no puedes encontrar a alguien AJENO a ti a quien poder culparle
por tu miseria y tu descontento,
siempre en tu creencia de que ERES vulnerable?
¿Qué haces entonces?
Diciéndolo lo más sencillamente posible, entonces culpas a DIOS.
Culpas a Dios por tu miseria.
Y, surgiendo de la creencia en que ERES vulnerable,
no hay ni uno de vosotros que no haya contemplado su mundo
y pensado que Dios es cruel.
Y si el mundo fuera realmente tal y como lo has imaginado,
estarías absolutamente en lo cierto.

Entonces, ¿qué ocurriría si no culparas a Dios
por ser la causa de tu descontento,
la causa de la falta de tu paz,
la causa de tu miseria?
¿Qué sucede si no CULPARAS ni a tus hermanos, ni a tu mundo, ni a Dios?
Dicho brevemente, ¿qué ocurriría si supieras que eres invulnerable?
Entonces, estarías MAS ALLÁ de cualquier capacidad de siquiera poder sentir
que alguna vez se presentó ante ti un solo ataque.
Y, sin remedio, sabrías lo mismo de tu hermano:
que nada, ningún ser, incluyéndote a ti mismo,
podría ocasionarle, en ningún sentido, su disgusto,
o su miedo.

Y al no culpar jamás a otro, incluyendo a Dios,
en el entendimiento de que nunca puedes dañar a otro,
en tu conocimiento de que nunca podrías hacerle nada a tu hermano,
la culpa tendría que desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.
Es así de simple.

¿Qué sucede si supieras que eres invulnerable,
que no podrías ser atacado o herido?
¿Y si supieras que no puedes morir?
Porque ese es, en la forma más simple,
el mensaje de la resurrección.
Vine a enseñarte de una manera categórica
que no pude ser atacado ni herido,
pero, sobre todo, que no pude morir.
Y por tanto, a demostrar que lo mismo es verdad para ti.

Entonces, ¿cuál es ese miedo fundamental del cual te he venido a hablar hoy?
Tu miedo último está en tu resistencia a creer
que todo lo que te he dicho es cierto.
Estás literalmente aterrorizado por la noción de que eres libre
—que eres y debes necesariamente ser el amo de tu propia vida.
Estás aterrorizado por la noción de que hay una sola voluntad,
de que hay un solo Ser en toda la Creación,
de que hay una existencia tan grande y armónica
que solo puede ser descrita como la presencia del Amor.
Estás aterrorizado por eso.
¿Y, por qué lo estás?
PORQUE ABRIRSE A ESA NOCIÓN
REQUIERE QUE TÚ MUERAS.
“¿Qué yo muera?”, preguntas…

Exige que, aquellos de vosotros que os percibís a vosotros mismos
como egos, como seres separados,
debáis morir a la creencia en vuestra separación,
que debáis morir a la noción de que el ego puede existir,
que debáis morir a la noción de que el ataque
es lo que os mantiene en vida.
Pero esas nociones están tan fuertemente enraizadas dentro de vuestra consciencia humana,
que la base de este mundo literalmente descansa en estas creencias.
Y tu miedo, TU ÚNICO Y GIGANTESCO MIEDO,
ES EL MIEDO A PERDERTE A TI MISMO Y A ESTE MUNDO,
TAL Y COMO LO CONOCES.

Por eso es que te he dicho que tú no deseas este mundo.
La preservación de este mundo está basada
en tu creencia en la vulnerabilidad, la debilidad y el miedo.
Este mundo es lo que tú consideras como siendo tú mismo.
Y dejarlo ir, es literalmente, para el ego, morir.
Y como tú, ego, crees que debes atacar
para siquiera poder vivir,
debes atacar también esa noción.

¿Pero qué os pasaría si vuestros egos murieran?
¿Desaparecería este mundo en la nada?
¿Se te pediría renunciar a tu vida tal y como la has conocido,
si tuvieras que renunciar a tu miedo a la redención,
a tu miedo al Amor, y finalmente, a tu miedo a Dios?
Recuerda que ES posible experimentar el mundo real incluso aquí.
ES posible parecer que caminas a través del espacio y del tiempo
sin condenar, sin atacar,
y sin tenerle miedo a Dios.
ES posible ver, con los ojos humanos,
a aquellos que aparentan ser seres separados, cuerpos separados,
mientras que al mismo tiempo experimentas lo que está
más allá de la ilusión de la separación,
mientras que al mismo tiempo experimentas la verdad
de que tú, tus hermanos, tus hermanas y Dios, sois Uno Solo.
ES posible representar una vida que se parece a la separación,
y aun así, experimentar Amor.

Y esa es la esencia del perdón en sí mismo:
ver más allá de la ilusión de la separación
hacia la verdad de que la vida es Una Sola, y que es solo Amor.
Por eso es que te he dicho que el Hijo de Dios
no es capaz de dar otra cosa que Amor,
y no es capaz de recibir nada más que Amor.

Así, cuando quizá leas estas palabras una y otra vez,
simplemente ábrete a la constatación de que la aceptación de la culpa
es lo que dio pie a tu creencia en la separación.
Date cuenta de que la aceptación de la culpa debe necesariamente ser mantenida
por la creencia en el ataque,
y debe ser necesariamente mantenida por la creencia
en que estás sometido al constante ataque por parte de tu mundo,
y sí, también por parte de Dios.

Entonces, reflexiona sobre lo que te he dicho, sobre que tu mayor miedo
es a dejar ir tu creencia en la separación,
y tu creencia en que el ataque es necesario
para hacer de ti lo que tú eres.
Tu mayor miedo es el miedo a abrirte a la simple constatación
de que Dios REALMENTE TE AMA.

Entonces, quédate con estas palabras, en calma.
Escucha, y ábrete.
El Hijo de Dios NO PUEDE atacar.
Porque lo único que puede dar es Amor.
El Hijo de Dios no es diferente de ningún otro ser,
y, sobre todo, no es diferente de Dios.
El Hijo de Dios es invulnerable.
No hay nada que experimentes, o recibas, que,
visto con los ojos del perdón,
no se presente a sí mismo como amor, armonía y paz.
No hay nada que tú puedas dar
que no se presente a la vida como lo mismo.
Y la piedra angular de tu aprendizaje de este curso,
para poder experimentar su verdad en el mismo centro de tu ser,
esa piedra angular reside en experimentar, más allá de las palabras,
la verdad de esto que hemos hablado hoy.

Por tanto mantente en calma y abierto.
Tú ERES el Hijo de Dios.
La culpa es, total y completamente, un invento de tu imaginación.
El Hijo de Dios no tiene culpa
porque tú eres puro, inmaculado e invulnerable
en cada momento de tu tiempo.
Tú no tienes culpa porque ERES la presencia del Amor.
No hay nada que puedas dar que no sea el Amor Mismo.
No hay nada que puedas recibir que no sea el Amor Mismo.
Y todo aquello que alguna vez puedas dignarte a dar o a recibir
DEBE ser el Amor y la presencia de Dios.
Pues eso es Todo Lo Que Es, y es exactamente lo que tú eres.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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