6. El cuerpo y la elevación de la forma. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

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[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Los Diálogos de Un curso de amor.

Capítulo 6. El cuerpo y la elevación de la forma

6.1 A lo largo de este texto del curso has oído muchas ideas que o bien cambiaron o bien reforzaron las que ya tenías sobre ti mismo. Un curso de amor es un texto de enseñanza, y la meta de esta enseñanza se ha expuesto una y otra vez de tal manera que no olvidases el propósito del aprendizaje en el que estabas participando. Llegó un momento en que tu aprendizaje alcanzó un punto final cuando alcanzaste la meta de este curso, y eso también se te dijo. Digo esto para recordarte que el tiempo de la “enseñanza”, al igual que el del “aprendizaje”, ya tuvieron su espacio, además de sus métodos.

6.2 Uno de los métodos empleados por tu maestro, en el texto de tu trabajo de curso, fue el de la comparación; este método se usará cada vez menos a medida que pase el tiempo de aprendizaje. La inversión del pensamiento de la que recientemente hablamos es la razón de que saque este tema. Durante tu tiempo de aprendizaje usé un método de comparación —comparé lo real con lo irreal, lo falso con lo verdadero, el miedo con el amor— para destacar la demencia de tu percepción y la perfecta cordura de la verdad. Para algunos, la repetición de las propiedades de lo falso que sirvió de ayuda durante el aprendizaje, podría funcionar ahora en detrimento de vuestra aceptación, a medida en que os aferráis a ideas relacionadas con la representación falsa en vez de dejar que se marchen para poder abrazar la representación verdadera. En el tiempo del aprendizaje te encontrabas tan atrincherado en tus falsas creencias que su demencia tenía que ser expuesta una y otra vez. Pero a medida que nos adentramos en este nuevo tiempo de la forma elevada, esas mismas ideas —ideas que muchos asociaban con la forma en vez de con su percepción de la forma— deben rechazarse.

6.3 Esto es lo que ya he tratado, y de lo que hablaré de nuevo, entendiéndolo como una revisión de lo que crees que te aprisiona.

6.4 Aunque la representación falsa del cuerpo como siendo el yo, como siendo tu ser, era algo casi tan perjudicial para tu aprendizaje como la representación falsa que el ego hacía del yo, del ser, ahora el cuerpo continúa —dado que eliges regresar a quien realmente eres mientras aún sigues en la forma—, mientras que el ego, por supuesto, no continúa. Tu creencia en la no existencia del ego es ahora total, y te ha traído una libertad y una liberación en las que regocijarte. Tu verdadero Yo comienza a revelarse en ti de maneras de las que te harás cada vez más consciente. A medida que te identificas más íntimamente con el Yo o Ser que realmente eres, el yo de la forma tiene más posibilidades de volverse más y más extraño para ti, y de resultar cada vez menos confortable. Por tanto, lo que ahora se requiere es una nueva forma de concebir el cuerpo y el servicio que puede darte.

6.5 Al igual que todo lo que se creó para el tiempo del aprendizaje, el cuerpo era el recurso de aprendizaje perfecto. Verlo de esta manera nos ayudaba a provocar el final del tiempo del aprendizaje. Pero ahora, tu cuerpo —tu forma—, debe ser considerado de una nueva manera. Por tanto, con nuevas ideas sobre el cuerpo es como comenzaremos la última inversión de pensamiento que te permitirá vivir en la forma como quien en verdad eres.

6.6 El cuerpo, al igual que todo lo que ves entre los vivos, está, en efecto, viviendo. Existe como una forma viviente. Y por tanto comenzamos con una distinción entre lo que existe como forma viviente, y lo que existe como forma inanimada o inerte. Aunque puedas pensar que esta es una distinción sencilla de hacer —y lo es—, quizá ahora no signifique para ti lo mismo que anteriormente, ya que todo lo que existe en la forma tiene el mismo Origen. Incluso aquellas cosas que tú has fabricado no las has sacado de la nada. No existe ni una sola cosa que hayas hecho que no exista como alguna variación de lo que fue creado originalmente. Esto se debe, y nunca me cansaré de repetirlo, a que la creación comienza con lo que es. Por eso, incluso las creaciones que tú has fabricado solo se distinguen de lo que fue originalmente creado en tu percepción de lo que son, o en tu percepción de lo que has determinado que su uso debe ser. En todo lo que hay en la forma existe la verdad, o lo que podríamos llamar las semillas de lo verdaderamente real, o la energía de la creación.

6.7 Al percibir tú las formas que te rodean como formas inertes, haces que estas muestren una rigidez y un significado particular. Pero aun así, son reales, aunque no sean lo que parecen ser a simple vista.

6.8 Lo que no es real son las cosas que has hecho para que representen lo que es real, ya que no entendiste qué era lo que hacías que esas cosas representaran. Estos son los sistemas de los que ya hemos hablado: sistemas judiciales, sistemas de gobierno, sistemas empresariales, los sistemas de la economía y de la ciencia… es decir, los sistemas de aquello que crees que te gobierna.

6.9 En la Biblia había muchos relatos sobre milagros, tanto de antes como de después del tiempo en que yo viví. Si le preguntases a un científico si estos milagros son posibles o no, te nombrarían todas las “leyes” de la ciencia que se oponen a que ocurran. Te dirían que si el sol se hubiese detenido habría provocado catástrofes galácticas; y que hay razones por las cuales el diluvio de Noé no podría haber sucedido tal y como se describió, o que habría sido imposible repoblar la tierra después, aunque hubiese ocurrido como se describió.

6.10 Lo que estas leyes de la ciencia no tienen en cuenta son las leyes de Dios. Aunque la ciencia comienza a ver muchas cosas tal y como realmente son, los científicos aún buscan leyes naturales que gobiernen lo que es, en un mundo de “si esto, entonces lo otro”.

6.11 Este mismo tipo de actitud aún rige en tus ideas sobre el cuerpo y sobre los sistemas del mundo en el que existes. Si ya no estás viviendo en un mundo que se rige por “si esto, entonces lo otro”, entonces, es obvio que esas mismas leyes no se aplican. Tú creaste un mundo de “si esto, entonces lo otro” porque era la manera más sencilla de aprender. Y era la manera más sencilla de aprender porque parecía proporcionar pruebas. Sin embargo, si la ciencia enseña algo, es que lo que se ha probado puede ser refutado —y a menudo es así. Por tanto, la plegaria de los Indios Americanos que agradecían al sol por salir cada día es una plegaria que reconoce que el sol podría no salir. Esta no es una actitud apocalíptica, sino una que acepta que la ley científica o natural, y la ley del espíritu, no son la misma.

6.12 Existen muchos relatos en muchas culturas que celebran y que son testigos de acontecimientos que revelan que las leyes del espíritu y las leyes del hombre coexisten. Sí, existen leyes naturales, pero estas leyes “naturales” no son ese conjunto de hechos que has definido que son, sino una sorprendente serie de relaciones, relaciones infinitas, relaciones que existen en armonía y cooperación. Esta es una armonía y una cooperación que podría abarcar algún día al sol, y demostrar que el sol no tiene por qué salir —o quizás que no tiene por qué ponerse— y que, aun así, la tierra seguiría girando sin ningún percance en su órbita.

6.13 Si esto ocurriera, los científicos rápidamente determinarían la existencia de una ley natural que permitiese que ese acontecimiento ocurriese. Requeriría la revisión de muchos “hechos científicos” anteriormente conocidos, pero eso no evitaría el descubrimiento de nuevos “hechos científicos”. No quiero ofender a los científicos; de hecho, les bendigo por su deseo de encontrar la “verdad”, al igual que tú has de bendecirles por la certeza que os han proporcionado en un mundo incierto. Incluso si ha sido una certeza falsa, sirvió a un gran propósito en el tiempo del aprendizaje. El descubrimiento ha facilitado mucho la búsqueda de la verdad que el espíritu humano ha emprendido, y forma parte de lo que finalmente te llevó a emprender la búsqueda del conocimiento de tu Yo, de tu Ser.

6.14 Estoy haciéndote pensar en todo esto para comenzar nuestra discusión sobre la suspensión de las creencias. Si continúas adentrándote en lo nuevo con tus viejas ideas sobre tu cuerpo, el cuerpo viejo será lo que traigas contigo a lo nuevo. Así que comencemos con la suspensión de la creencia acerca de lo que piensas que sabes sobre el cuerpo, de lo que la ciencia te diría sobre él, o de lo que has experimentado dentro de tu cuerpo —una suspensión de la creencia que viene en el mismo espíritu que el del indio americano que sabe que el sol puede salir y puede ponerse, pero que también sabe que puede no hacerlo. Estoy hablando de un espíritu que está abierto al descubrimiento de algo nuevo e “increíble”, e incluso “científicamente imposible”, así como a la creación de algo nuevo. Esto se debe a que en este tiempo de revelación, el descubrimiento es el nuevo patrón o arquetipo divino que reemplazará los sistemas de pensamiento de los que hemos hablado. Descubrir es simplemente enterarse de lo que anteriormente no sabías.

6.15 La creación de lo nuevo se basará en el descubrimiento de lo que no sabías con anterioridad. Esto no ocurrirá si te aferras a las verdades “conocidas”. La revelación no puede llegarle a aquellos que están tan “seguros” de lo que es, que no permiten que lo nuevo les sea revelado. Tu certeza sobre lo que es, es una certeza falsa, una certeza aprendida basada en el temor que te hizo ordenar el mundo de acuerdo con un conjunto de hechos y reglas.

6.16 Siéntete jubiloso en vez de inseguro sobre el tiempo de descubrimiento que se avecina. Poner en cuestión lo que crees que sabes no es una llamada a la incertidumbre, sino a permitir que llegue la verdadera certeza.

6.17 Si piensas en lo “viejo” como en un mundo en el que gobierna una actitud de “si esto, entonces lo otro”, y en lo “nuevo” como en un mundo en el que dar y recibir son una sola cosa, comenzarás a ver la enormidad del cambio de pensamiento que ahora espera tu aceptación. Como dije antes, comenzamos aplicando esta nueva actitud al cuerpo.

6.18 Se te ha enseñado que si cuidas el cuerpo de ciertas maneras, entonces tendrás buena salud. Se te ha enseñado que si tu cuerpo gasta energía, entonces necesitará del reabastecimiento que la comida y el descanso proporcionan. La lista podría ser interminable, pero estos ejemplos bastarán. Estos modos de comportamiento que conciernen al cuerpo se han otorgado para enseñar y para representar. Y lo que has hecho es convertirlos en reglas implacables a las que llamas leyes naturales. Y todos aquellos casos en que se ha probado que estas leyes no se aplican, los consideras como casualidades o milagros.

6.19 Cuando una persona que ha tenido hábitos sanos enferma, piensas que es injusto. Cuando una persona que ha tenido hábitos no saludables enferma, piensas, aunque no lo digas, que “él se lo ha buscado”, o que lo habría podido evitar si se hubiese abstenido de sus hábitos no saludables. Es posible que veas ahora estas dos actitudes y te des cuenta de que son un poco tontas, pero, aun así, te aferrarías a ellas, porque querrías creer que una persona de costumbres sanas tiene más probabilidades de no enfermar que una de costumbres no saludables. Una vez más, podríamos dar innumerables ejemplos de este tipo de pensamiento, pero los ejemplos solo importan para hacerte ver que estas actitudes no están regidas por la certeza, sino por la simple idea de mejorar las probabilidades de conseguir lo contrario a lo que el destino pudiera deparar.

6.20 Pensar en “lo que el destino puede deparar” es en sí mismo una actitud que expone la vida al riesgo y al capricho de una fuerza externa que no tiene otra realidad que la que se encuentra en tu imaginación. ¿Qué es eso a lo que llamamos destino? Como todos los demás sistemas en los que crees, es también un sistema, una idea interna a la que se le ha dado un nombre, que se ha exteriorizado, y a la que se ha culpado de todo lo que no entiendes, de todo lo que no puedes hacer que tenga sentido, de todo lo que parece injusto y fuera de tu control.

6.21 Cuando recuerdes que hemos dejado la culpa atrás, verás que creer en el destino es algo tan sistemático y que necesita que lo dejes tan atrás, como creer que se puede culpar a ciertos hábitos de causar enfermedad. Puede que este no sea el tipo de culpa que entiendes tan fácilmente como cuando echas la culpa a un amigo por herir tus sentimientos, o cuando echas la culpa al pasado por el presente que tienes. Y no obstante, lo que se consigue al liberar tu mente de la idea de echar la culpa, es alejarla un paso más del pensamiento “si esto, entonces lo otro”, que es ese sistema de pensamiento que estamos dejando atrás. Como un ser liberado del aprendizaje, ahora se te pide que aceptes que ya no necesitas este tipo de mecanismo de aprendizaje, y que constates que ya no te servirá más.

6.22 Volvamos ahora al principio y empecemos con el cuerpo como algo dado, como un dato. Él es lo que es, en lo que se refiere a carne y huesos, y también es la forma que ahora te sirve para representar la verdad de quien tú eres. ¿Cómo podría esto cambiar las “leyes” del cuerpo, las leyes que le diste al cuerpo durante el tiempo del aprendizaje sin saber lo que el diseño del cuerpo representaba? ¿Qué podría representar ahora el diseño corporal?

6.23 El primer ejemplo corporal que presentábamos de nuevo fue el del diseño perfecto de la unión proporcionada a través del acto sexual —un diseño dado para abrir el camino del deseo de unicidad y completitud.

6.24 Solo hemos hablado de un sustituto para el patrón del aprendizaje —el patrón de la aceptación. ¿Qué se podría pedir al cuerpo que acepte? A eso hay una respuesta sencilla, pues ya le has pedido al cuerpo que acepte que Cristo viva en él. Has reemplazado el yo personal, el yo del aprendizaje, por el Yo verdadero. Has aceptado tu verdadera identidad. ¿Cómo podría el cuerpo ser ahora el mismo que fue entonces?

6.25 El cuerpo, durante el tiempo del aprendizaje, fue representativo de un ser que aprende. El ego, sin embargo, reducía tus ideas sobre lo que el cuerpo había venido a aprender aquí a ideas sobre la supervivencia. Por tanto, aprendiste a sobrevivir en vez de a vivir. Aumentaste la esperanza de vida del ser humano pero no aumentaste su capacidad de vivir verdaderamente o de aprender verdaderamente. Y con el incremento del periodo de vida llegaron razones de más para tener miedo, y una forma física que creíste que necesitaba cada vez más recursos para poder mantenerse.

6.26 El cuerpo es ahora la encarnación del Yo verdadero, la encarnación del amor, la encarnación de la divinidad. Su existencia sigue estando dada por sentado, como siempre. Pero ahora la naturaleza esencial de su existencia ha cambiado. Digo “cambiado aquí porque puede que recuerdes que el cambio ocurre en el tiempo. Fuera del tiempo y de la forma, tu Yo, tu Ser, siempre ha existido en la perfecta armonía en la que fue creado. Ahora que tu Yo se ha unido al Yo elevado de la forma, existís los dos juntos tanto en el tiempo como fuera del tiempo. Recuerda, el Yo elevado de la forma nunca será todo lo que tú eres. Esto no significa, sin embargo, que a tu Yo le falten pedazos en esta nueva experiencia en la forma en la que ahora entras, sino que el Yo elevado de la forma es ahora capaz de unirse al Yo en la unidad de la consciencia compartida. Una vez más, estás pleno, y tu forma simplemente representará un aspecto de tu plenitud en el marco temporal.

6.27 El yo de la forma, en tanto que forma, nunca podía experimentar verdaderamente el Todo de Toda cosa, que es el estado natural de lo que es sin forma. Pero el Yo verdadero no puede dejar de experimentar su estado natural, el estado de la consciencia-de-Cristo, compartiendo en unidad, el Todo de Toda cosa. Así, estos dos estados, el estado de la forma y el estado de la unidad, existen juntos ahora mismo. En el estado de la unidad, tu Yo verdadero es totalmente consciente del Yo elevado de la forma, y participa plenamente de sus experiencias y sentimientos. El Yo elevado de la forma, sin embargo, al ser una forma que aún existe en el tiempo, debe constatar la consciencia del Yo verdadero en el tiempo. Lo que esto significa es que el Yo elevado de la forma podría seguir necesitando “tiempo” para llegar a conocer los cambios que solo se dan con el “tiempo”, aunque estos ya se hayan logrado en la unidad. Esta es la razón de que hayamos hablado de milagros y del colapso del tiempo que un milagro es capaz de proporcionar. Hemos redefinido el milagro como arte del pensamiento, o el acto continuo de oración que sostiene la unidad de la consciencia-de-Cristo.

6.28 La forma y el tiempo van de la mano. Se te ha dicho que el tiempo es una medida de aprendizaje. Si ya no eres un aprendiz, ¿para qué se necesita tiempo? El tiempo se necesita ahora tan solo para la transformación del yo, para que pase de ser un aprendiz a un ser que puede aceptar la consciencia compartida de la unidad y comenzar a descubrir lo que esto significa.

Publicado 17 julio, 2014 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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