El mundo real. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.

Esta transmisión, maravillosa (muy clarificadora y directa), aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló desde la personalidad de Jesús

La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-13.VII-VIII] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

El mundo real [T-13.VII-VIII]

Saludos de nuevo, soy Jeshua.
De lo último que hablamos fue de la culpa.
Y si quisieras escapar de ella,
lo que debes hacer es abrirte al discernimiento del mundo real.
Porque en el mundo real no hay culpa.
En el mundo real no hay pasado.
Pues como te he dicho, es la culpa la que define tu pasado.
Y sin el sentido de culpa,
sin tu necesidad de creer que algo o alguien más
es la causa de que seas lo que eres,
sin ello, no habría culpa en absoluto.

En una simple frase, ¿qué es el mundo real?
Un lugar en el cual te has librado para siempre, por ti mismo,
de tener que mirar “ahí fuera”
para poder determinar lo que eres y quién eres.
EL MUNDO REAL ES UN LUGAR
DONDE SOLO MIRAS ADENTRO.

Y te he dicho que el mundo real
no es para nada como el mundo que ves.
No hay sol, ni luna, ni día ni noche.
No hay oscuridad en absoluto.
No hay hogares, ni estructuras, ni tiendas.
No hay cosas que necesites.
Pero sobre todo, en el mundo real, no hay cuerpos.

También te dije algo que puede parecer confuso
o a lo mejor difícil de entender.
Porque te he dicho que el mundo que ves debe ser negado,
pues su mera visión, LA MERA VISIÓN DEL MISMO,
es lo que te impide tener un tipo diferente de visión.
Te dije que hay dos mundos,
el que tú ves y el mundo real.
Y no puedes ver ambos.
Y lo que determinará cuál mundo vas a ver
es aquello que no hayas negado,
pero sobre todo, aquello que aprecies,
lo que tengas en más alta estima.
Estas palabras son muy importantes:
“lo que aprecies”, “lo que tengas en más alta estima”.

EL MUNDO QUE VES DEBE SER NEGADO.
Eso es absolutamente cierto si quieres experimentar el mundo real,
y la paz y el amor que conlleva.
Debes negar el mundo que ves,
sus cuerpos, sus casas, sus tiendas y sus cosas
—debes negar todo eso.
¿Pero qué significa esto?
¿Significa que tienes que pasarte tus días y noches
aquí en el espacio y tiempo diciendo,
“esa casa no está allí;
el sol no está en el cielo,
no siento su calidez;
esa persona que creo ver no está ahí”?
¿Es así como niegas este mundo
y sus procesos y leyes aparentes?
¿Significa acaso que no debes comer ni beber,
ni respirar tu aire?
¿Acaso eso es lo que significa negar el mundo que ves?

¿Te das cuenta de que cuando anduve por esta tierra
dos mil años atrás,
CAMINÉ por esta tierra?
Me cubrí a veces con una manta, para que me diera calor.
Respiré el aire, como tú lo haces.
Comí como tú, bebí como tú.
Pero te aseguro que, verdaderamente, negué el mundo
a través de toda mi vida,
así como ahora te estoy sugiriendo que lo hagas para ti mismo.

¿Cómo puede ser eso?
¿Qué significa verdaderamente negar el mundo?
¿Y también, que significa “ver el mundo”,
especialmente cuando el hecho de ver este mundo te impide tu visión
en todo momento, mientras que esa visión es una de tus metas aquí?
La clave de la respuesta está en estas palabras:
“lo que aprecias”, “lo que tienes en más alta estima”.
Y la clave está también en una cuestión
que el ego se plantea siempre, siempre.

Todo lo que tú haces como ego, como ser separado y aislado,
toma la forma de una respuesta a una sola pregunta,
que es esta: ¿qué soy yo?, o, ¿quién soy yo?
Y eso, como te he dicho antes, es lo que el ego es:
la colección de respuestas que tienes a esas preguntas:
¿quién soy yo? ¿qué soy yo?
Y tales respuestas conforman tus creencias acerca de lo que tú eres.

¿Cuál es la ÚNICA razón para que tú, ego,
quieras apreciar alguna cosa en este mundo de ilusión?
Puedes explorar la respuesta, por así decirlo,
tan a menudo como desees.
Pero lo que te digo es verdadero:
el hecho de que haya algo que aprecies y que tengas en alta estima en este mundo,
se deberá siempre a que te proporciona una respuesta a la pregunta
“¿quién soy yo?”.
En esencia, aquello que aprecies, lo que tengas en alta estima,
es lo que DEFINE QUIÉN ERES.
Pero, más allá de eso, literalmente, dentro de este mundo,
esas respuestas son lo que parece darte tu propia vida.
Cuando miras a tu mundo
y descubres respuestas “ahí fuera” sobre lo que tú eres,
esas respuestas se convierten en la fuente de tu vida,
se convierten en quien tú eres.
Pero ese mismo proceso, como ya te he dicho,
es lo que da lugar a la culpa en primer lugar.

Entonces, ¿qué significa negar el mundo?
¿Acaso significa no ver tus automóviles y tus casas,
tus cuerpos y tus tiendas, el sol y las estrellas?
¿Significa de alguna manera estar ciego
y no verlos con tus ojos?
La respuesta es ciertamente que no.
Eso no es lo que quiero decir cuando te digo que debes negar el mundo.
NEGAR ESTE MUNDO ES SIMPLEMENTE CONSTATAR
QUE ÉL NO ES LO QUE TÚ ERES.
Negar el mundo es simplemente darte cuenta,
en el nivel de tu experiencia,
en el centro de tu ser,
más allá de las preguntas, más allá de la duda, más allá del pensamiento mismo,
que lo que tú en realidad eres
NO ESTÁ DETERMINADO POR EL MUNDO QUE VES.

Y si podéis contemplar vuestros hogares y vuestras tiendas,
y todo eso que veis con vuestros tus ojos…
si pudierais ver eso siendo libres de necesitarlos,
entonces, no los apreciaríais ni los tendríais en alta estima.
Y en ESO consiste negar vuestro mundo.
Si pudieras ver las imágenes que ves,
las imágenes de espacio y tiempo,
y constatar en el nivel de la experiencia
que eso no es lo que tú eres,
y que eso no determina quién y lo que tú eres,
entonces, verdaderamente, has negado tu mundo.

Y si yo, hace dos mil años, hablé a los hombres y dije,
“niégate a ti mismo y sígueme”. ¿Qué quise decir con eso?
Simplemente negar que tú eres lo que ves en tu mundo;
y ven y sigue el camino que te mostraré,
el camino hacia la verdad sobre lo que tú eres.

¿Y qué sucede entonces con “el ver”,
si la mera visión de tu mundo de espacio y tiempo
te imposibilita ver el mundo real?
¿Qué sucede con la “vista” y “el ver”?
Es muy simple. Es lo mismo.
Porque eso que VES es verdaderamente lo que experimentas.
Y lo que tú eres, es en lo que te has convertido.
Y lo que tú eres adentro, es reflejado
en lo que pareces ver afuera.
Y cuando adentro reconoces la simple verdad
de que no eres un cuerpo,
no te verás tentado por las circunstancias
que parecen acontecerle a dicho cuerpo.
Y, por tanto, serás libre.
Te verás libre de este mundo.

¿Eso significa que las imágenes de espacio y tiempo
desaparecerán?
La respuesta es ciertamente que no.
Pues eso requiere del conocimiento.
Y el conocimiento es algo que no puedes alcanzar aquí,
algo en lo que no puedes convertirte mientras aún estés aquí,
en el mundo de la percepción,
aun cuando tu percepción pueda ser verdadera.

Así, si quieres alcanzar el mundo real,
simplemente niega el mundo que pareces ver con tus ojos.
Y eso es simplemente constatar que él no es lo que tú eres.
¿Y cómo hacer eso?
De eso hemos hablado antes.
TE ABRES A LIBERARTE DEL PASADO.
Pues en tu creencia en el espacio y el tiempo, y en este mundo de ilusión,
crees que el pasado y sus circunstancias
te han convertido literalmente en lo que tú eres.
Y, sin un pasado, te liberas de todo eso.
Y cuando estás completo, puro, limpio y sin un pasado,
simplemente experimentas, en ese momento,
la presencia del Amor,
la presencia, la experiencia de lo que verdaderamente eres.

Ahora, te he dicho que el ego te enseña
a que vayas hacia fuera y CONSIGAS, obtengas, cosas.
¿Y por qué haces eso?
Haces eso para definir quien tú eres.
Y así, te vuelves alguien que está identificado, por así decirlo, con tu hogar,
con tu auto, con tus amigos,
con tus relaciones más íntimas,
con la cantidad de dinero que tengas…
Esto lo conoces bien.
Y cuando te identificas con cosas,
estás siendo enseñado que obtenerlas
es convertirte en lo que tú eres.

¿Y qué sucede cuando obtienes cosas?
Tu meta se convierte en más dinero, en una casa más grande,
en un coche mejor, un cuerpo más atractivo.
Y la lista sigue y sigue. Esto también lo conoces bien.
Cuando obtienes cosas, las usas para definir lo que eres,
en tanto que es algo que te mantiene aparte de tus hermanos y tus hermanas.
Así, al seguir el consejo del ego
y seguir intentando obtener más cosas,
solo te separas a ti mismo más aún de tus hermanos.

Y debido al profundo e íntimo discernimiento de tu Unicidad,
discernimiento que no puedes evitar ni cambiar,
ello destruye tu paz.
Así, aun cuando obtienes más y más cosas,
tan solo te apartas a ti mismo de la presencia de la paz.
Y esto todos lo reconocéis cuando sonreís y decís,
“el dinero no puede comprar la felicidad”.

Así que de esto es de lo que hablas cuando dices esas cosas
sobre la felicidad.
Y todo lo que te aparta de ella procede de mirar hacia fuera de ti mismo
para poder ganar, para poder volverte, lo que tú eres.
Y todo eso surge desde la mismísima esencia de la culpa.
¿Y qué hace todo eso por ti?
Perpetúa tu creencia en la separación,
y con ella la ausencia de tu paz.

¿Y qué es la sanación?
Sanar es unir.
La sanación es el llegar a la unión
que trae paz y niega la separación.
Y la sanación, como te he dicho, simplemente es
la liberación del pasado.
Porque es el pasado lo que determina lo que eres,
lo que define tu ego, quien pone dentro de tu ego
la exigencia de conseguir y de convertirte en algo.
Y todo ello es, realmente, el requerimiento
de aislarte a ti mismo de tus hermanos y de tu mundo.
Y cuando liberes el pasado,
serás sanado.

Si quieres alcanzar el mundo real,
debes negar este mundo,
lo cual es simplemente darte cuenta de que este mundo no es lo que eres,
y, más aún, que no tiene el poder de dictarte lo que eres,
y, más importante para ti en el espacio y el tiempo:
que no tiene el poder de dictarte lo que tú experimentas.
Eres libre de experimentar paz,
independientemente de lo que te proponga el decorado espacio-temporal;
así como eres libre de experimentar la ausencia de paz,
independientemente del decorado de tu espacio-tiempo.

Pero, ¿qué sucede si tu auténtico deseo
es ir totalmente más allá de este mundo,
ir, por así decirlo, de la percepción al conocimiento?
¿Cuál es la diferencia entre los dos?
Si puedes empezar a alcanzar el mundo real
y constatar que cuando ves con tus ojos no estás viendo,
y constatar que este mundo de espacio y tiempo
no es lo que tú eres
y no determina lo que eres;
si puedes llegar a ese lugar, ¿basta con ello?

Muchos de vosotros os habéis sentido frustrados en este punto,
pues aquí, en vuestro espacio y tiempo, eso es más que suficiente.
De hecho, es lo mejor que podéis hacer.
Si todavía percibes algo,
la percepción requiere que veas tu mundo con tus ojos,
aparentemente como un ser aislado.
Y así, no es posible percibir tu libertad en ningún sentido,
excepto que tienes la constatación de que eres TÚ
quien está realizando el acto del percibir.

¿Y qué pasa cuando experimentas el conocimiento
que está más allá de este mundo?
Cuando experimentas el conocimiento,
la percepción se disuelve en la nada, que es lo que ella es.
Te abres a la presencia de la creación,
que es simplemente el reconocimiento de que todo es Uno,
y de que no hay separación de ninguna clase,
dentro de cualquier cosa que cree el Hijo de Dios,
dentro de cualquier cosa que el Hijo de Dios experimente.

Si percibieras verdaderamente,
verías aspectos de tu mundo
y sintiendo que eres Uno con ellos.
Eso cobrará la forma de tu discernimiento
de que la voluntad de tu hermano y la tuya son lo mismo,
y que estáis en perfecta armonía.
Entonces, verás cada circunstancia
desde ese punto de vista,
que será el lugar del Amor,
que solo puede encontrarse en el presente,
libre de pasado y libre de culpa.

Sin embargo, aun desde ese punto de vista,
pareces estar viéndote a ti mismo Y a tu hermano, diciendo,
“estoy en armonía CON mi hermano”.
E incluso esas palabras hablan de separación, ¿no es cierto?
En el estado de conocimiento existe un total discernimiento
de que no hay ningún aspecto, en absoluto.
Tú y tu hermano LITERALMENTE os hacéis Uno Solo.
Tú y toda la Creación, sin excepciones,
SOIS la Unicidad que es Dios.

Habéis diseñado este mundo de espacio y tiempo
de tal manera que no podéis, desde dentro de la percepción,
experimentar el conocimiento.
Pues si pudieras, en un instante de conocimiento
verías la verdad completamente, y el mundo se iría.
Y eso no fue lo que deseaste
cuando fabricaste este mundo de ilusión.
Por eso es que el último paso debe ser dado por Dios.
Pero recuerda que no hay separación entre tú y Dios.
Así, el último paso debe ser tomado por ti.

¿Cómo das el último paso
desde la percepción al conocimiento?
¿Cómo vas completamente más allá de cualquier percepción
hacia el discernimiento total y perfecto de la presencia de Dios?
Lo haces cuando renuncias total y completamente
a cualquier deseo de permanecer siendo un ego.
Vas de la percepción al conocimiento
al dejar ir completamente cualquier necesidad
de tener respuestas a la pregunta “quién soy yo”.
Vas de la percepción al conocimiento
al dejar ir completamente cualquier deseo
de existir como un “yo” que parezca estar separado
del resto de tu mundo.

Y en ese lugar, cuando hayas renunciado, por así decirlo,
a cualquier atadura al ego en cualquier forma,
entonces, desde lo que parece ser un lugar más allá del espacio y tiempo,
te trasladarás rápidamente y lleno de gozo al conocimiento,
más allá del espacio y del tiempo, literalmente fuera de este mundo,
a un lugar donde las palabras que he dicho hoy
te harían mirar hacia atrás
y sonreír ante la necedad,
ante el juego de miedo y de culpa que pareces haber jugado ahí,
durante todos aquellos minutos, días y años de tu tiempo.

Si quieres alcanzar el mundo real,
empieza por negar el mundo que ves.
Y cuando lo niegues, simplemente constata
que él no es lo que tú eres,
y, más aún, que no puede determinar lo que tú eres.
Simplemente constata que tú, en este momento,
estás libre de cualquier pasado que hayas imaginado.

Y con ese discernimiento liberarás a tus hermanos
de cualquier pasado que puedas haber imaginado acerca de ellos,
o que ellos hayan imaginado de sí mismos.
Y en ese momento, libre de pasado,
ocurre la sanación.
Y la sanación no será otra cosa que tu unión con tus hermanos
en el lugar del Amor,
que consiste en simplemente constatar que compartís una sola voluntad,
y que no hay diferencias entre vosotros.

Y, cuando tú, en tu espacio y tiempo,
evoluciones más y más hacia ese discernimiento,
todas las ataduras que pareces tener con el ego,
para con él poder definir lo que tú eres,
lentamente se disolverán hasta el día en que,
completamente, en un instante, se vayan definitivamente.
Y en ese instante, tú, en tu apertura,
sentirás como si fueras llevado,
llevado en los brazos de Dios,
llevado hacia un nuevo mundo de completo conocimiento,
de paz perfecta, de perfecta Unicidad
y de armonía perfecta, más allá de cualquier cosa que puedas imaginar
con tu mente pensante.

Y en el momento en que eso suceda
celebrarás, con la mayor de las alegrías,
que estás de nuevo totalmente en la presencia de Dios.
Y, con la misma alegría,
te darás cuenta de que nunca te habías ido en absoluto,
debido a que tú y Dios sois Uno y lo mismo,
y siempre lo habéis sido.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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