La Expiación y la comunicación. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   1 comment

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[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.
Esta transmisión, maravillosa (muy clarificadora y directa), aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló desde la personalidad de Jesús.

La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-14.IV-VI] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

La Expiación y la comunicación [T-14.IV-VI]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
Estábamos hablando estos días atrás sobre enseñar la verdad.
Y te he dicho que el Espíritu Santo usa la lógica
tan bien como el ego.
Pero el Espíritu Santo no puede comunicarse con el ego,
porque cada uno parte de premisas distintas.

Dada la premisa de la separación,
se sigue clara y lógicamente
el sistema de pensamiento de este mundo.
Y a quienes creen que la separación es posible
y que puede ser real, entonces este mundo, ciertamente,
les puede parecer que tiene sentido, un perfecto sentido.
Esa es la principal razón por la cual muchos de vosotros
experimentáis un gran conflicto cuando digo
que este mundo no es real, que no existe,
que nunca pudo haber existido, y que nunca sucedió.

Pero el Espíritu Santo usa la lógica
empezando con un conjunto muy diferente de premisas.
Y su lógica se sigue igual de claramente que lo hace la del ego.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental
entre ambos sistemas, entre ambos conjuntos de lógica.
Esa diferencia, aunque es extremadamente simple,
resulta extremadamente conflictiva a la hora de siquiera escucharla,
en este mundo de ilusión y de espacio y tiempo.

Las premisas del Espíritu Santo están basadas en la verdad.
Y de la verdad surge un sistema de pensamiento que es verdadero.
Esto es lo que fundamentalmente debes llegar a entender
si quieres escuchar el mensaje del Espíritu Santo.
Y se expresa así de simplemente: la verdad es verdad;
Y NADA MÁS es cierto, o puede ser cierto.
Es muy simple: o Dios ES, o Dios NO ES.
La verdad es verdad, o no lo es.
Cualquier sistema de pensamiento que use la lógica,
llegará a esa conclusión.
Y esto lo puedes comprobar en seguida, por supuesto.
Así que la premisa fundamental del Espíritu Santo es
que la verdad es verdad, y que debe seguirlo siendo.
La verdad es de Dios, quien es la Única Fuente,
que es la Primera Causa de todo lo que es.

Hoy quiero hablarte sobre
tu función en la Expiación.
Tu función es algo extremadamente simple.
Tú le das el regalo de la inocencia a tu hermano.
Y eso es todo.
Te he dicho que un regalo primero debe ser dado
para poder ser recibido.
Te he dicho también que tu única función en la Expiación
es aceptarla para ti mismo.
Pero no puedes aceptarla para ti mismo a menos que primero la des.
Nada puede ser tuyo sin que lo hayas dado.

Pero la belleza real de esto reside aquí:
tú no puedes dar nada.
Si te aseguro que PRIMERO debes dar para recibir,
automáticamente piensas en términos de vuestro tiempo.
Y piensas que, en un momento dado de tu tiempo,
debes dar el regalo de la inocencia,
para que más tarde, en tu tiempo,
lo puedas recibir para ti mismo.
¡Ah! Pero Dios dio PRIMERO,
Dios dio primero a Su Hijo la vida misma.

Te he dicho que no hay PRIMERO en el tiempo.
Porque el tiempo no tiene sentido.
Solo hay PRIMERO en la eternidad.
Pero, en la realidad, en la eternidad, “PRIMERO” no se refiere
a tu tiempo, a tus relojes imaginarios.
PRIMERO simplemente se refiere a causa.

Dios ES la Primera Causa.
Y del dar de Dios
surgió el Hijo de Dios,
nunca separado de Dios en absoluto,
y no siendo “segundo”.
Pues en tu tiempo piensas en primero y segundo,
pero en realidad hay solo causa y efecto,
que no están en absoluto separados.
Hay, en verdad, una Causa, que es Dios.
Hay, en verdad, un efecto, que es el Hijo de Dios.
Mas ambos no están separados.
Y, al Dios crear al Hijo,
Dios se vuelve Su Hijo. Y el Hijo se vuelve Dios.
Y eso eres Tú.

Así, si tú quieres darle la inocencia a tu hermano,
que es tu única función en la Expiación,
entonces, TÚ debes convertirte en causa.
Si primero quieres dar, debes convertirte en causa,
pues es entonces cuando verdaderamente le puedes dar algo a tu hermano.
Y para poder convertirte en causa,
debes tú mismo experimentar
la inocencia perfecta del Hijo de Dios.
Y entonces, aquí, en tu mundo de percepción,
contemplarás a tu hermano en esa misma inocencia.
Y en tu mundo de percepción, eso es lo que significa
dar el regalo a tu hermano.
Lo que harás es entonces ver en tu hermano
la perfecta inocencia que es la tuya propia.
Y así, tú la recibirás. ¿Lo ves?

Es muy importante para ti darte cuenta de que,
al dar un regalo,
tiendes a pensar que das lo que TIENES.
Pero esas son las palabras del espacio, del tiempo y la separación.
Pues en realidad debes dar el regalo de lo que ERES.
Si Dios da el regalo de la vida a Su Hijo,
entonces, la Vida es lo que Dios ES.
Y si Dios da lo que Él conoce,
entonces Dios da el Conocimiento Mismo.
Porque Dios debe SER aquello que Él quiere dar,
y no dar lo que Él TIENE. ¿Lo ves?

Y así, si quieres verdaderamente dar el regalo de la inocencia
a tu hermano,
debes darte cuenta de que eso está lejos, muy lejos
de ser simplemente el ver a tu hermano,
dentro de tu espacio y tiempo,
como alguien que no es culpable.
Para dar inocencia, debes dar lo que tú ERES.
Y no puedes dar lo que tú ERES
si no trasciendes este mundo imaginario
de separación y de seres diferentes.
Para poder dar de lo que tú eres,
debe suceder que quieras darlo con Dios.

Pero esto va incluso más allá de dar CON Dios.
Pues si piensas sobre ti mismo como alguien que está CERCA DE Dios,
si te ves a ti mismo como compartiendo CON Dios en el dar,
aún te sigues imaginando como separado de Dios.
Cuando das lo que tú ERES, no lo que tú TIENES,
cuando te das cuenta de que tú, el efecto, el Hijo de Dios,
te has convertido en Dios porque Dios se ha dado a Sí Mismo,
entonces, cuando das el regalo de la inocencia,
das tu SER.
Y das el regalo que también es Dios.
Y así, tu función real en la Expiación
es dar el regalo de la inocencia,
que no es algo que TIENES,
sino que es lo que tú ERES,
y, más aún, que es lo que también es Dios.

Lo que haces entonces es traer a cada hermano, a través de tu dar,
adentro de lo que he llamado el círculo de la Expiación.
¿Y eso qué significa?
El círculo es solo un símbolo, un símbolo que INCLUYE, que ABARCA…
y en realidad, el radio del círculo se extiende al infinito.
No hay nadie, ningún ser, que no esté dentro del círculo
en este momento y en cada momento de la eternidad.
Así, cuando obras dentro del círculo de la Expiación,
cuando das el regalo de la inocencia,
lo haces al traer a todos y cada uno de los hermanos,
adentro del círculo de la Expiación.

Mas, ¿cómo haces eso?
No puedes dar el regalo de la Expiación,
no puedes dar la inocencia,
a un hermano a quien percibas como diferente de ti mismo.
Dios no podría haberle dado vida a Su Hijo
si este hubiera estado separado de Él.
La naturaleza de Dios, la verdadera esencia de Dios,
exige que eso no podría pasar, no pasó, y nunca podrá ocurrir.
No puedes dar el regalo de la inocencia
mientras aún percibas al hermano a quien la quieras dar,
como siendo un ser diferente, como estando separado de ti mismo.
Así, cuando traes a cada hermano
adentro del círculo de la Expiación contigo,
entonces, lo que le das a tu hermano
es el regalo de tu propia inocencia,
porque has visto a tu hermano como perfecto.

Pero aún es más que eso.
Tú literalmente te das a ti mismo como regalo.
Y, cuando das el regalo de ti mismo a tu hermano,
tú, sin esfuerzo,
verás la voluntad de tu hermano como siendo tu propia voluntad.

Pero te he dicho que TODO ser
da el regalo de la Expiación.
Porque esa es tu única función aquí.
Porque eso es todo lo que PUEDES hacer,
aun cuando la FORMA del dar
variará prácticamente con cada uno de tus hermanos.
Y así, al dar el regalo de la Expiación,
al dar el regalo de la inocencia a tu hermano,
DEBES ver más allá, DEBES ver a través
de la forma misma.
Debes ver la Unicidad perfecta,
la innegable armonía de la Unicidad
que compartes con tu hermano y con toda la Creación.
Y cuando hagas eso, sin esfuerzo,
traerás a tu hermano al círculo de la Expiación;
y tú te mantendrás allí también.

Si contemplas a tu hermano como diferente de ti,
si le das el regalo de lo que TIENES,
e intentas apartar lo que tú ERES
separado de lo que querrías dar,
entonces, en esa percepción, sacas FUERA a tu hermano
—fuera de la armonía de la Unicidad del Amor.
Lo expulsas del círculo de la Expiación
hacia un mundo imaginario de abandono,
de soledad y separación.
Y allí, en ese mundo, TÚ VAS A UNIRTE A ÉL.
Y este es el vivo retrato de la falsa ilusión
que tú llamas ‘este mundo’.

Si comienzas desde la premisa de la separación,
lo que ves es el mundo que estás acostumbrado a ver
desde el mirador del ego, desde el sistema de pensamiento del ego.

Así, tu función en la Expiación
es dar el regalo de la inocencia,
que das al SER tú el regalo mismo,
y que das al traer a tu hermano al círculo de la Expiación,
al hacer que tu hermano se CONVIERTA en el regalo que das,
que no es sino tu Ser, Tú Mismo.

¿Cómo puede parecer que haces eso, aquí en tu mundo?
Ya que, dentro del mundo de la ilusión,
donde ves imágenes de cuerpos que parecen estar separados,
¿cómo ahí puedes dar el regalo de la Unicidad,
que es verdaderamente el regalo del Amor,
que es el regalo de la Expiación misma?
¿Cómo puedes hacer eso?
LO HACES AL COMUNICARTE CON TU HERMANO.

Te he dicho que no puedes dar el regalo de la Expiación
a no ser que lo des con Dios.
Pero eso significa que lo das con el Dios
con respecto al cual tú eres Uno.
Así, si quieres dar el regalo de la comunicación,
solo se requiere que te abras, dentro del mundo de la forma,
a la Unicidad que vosotros compartís.
Y si quieres dar la luz de la comunicación,
es importante que escuches mis palabras:
te comunicas al DAR la comunicación.
Te comunicas al DAR la luz.
Como te he dicho,
no puedes recibir nada a menos que primero lo des.

Entonces, ¿cómo das comunicación?
Lo que das a tu hermano es el regalo
de su libertad para que él pueda estar completamente abierto en tu presencia,
sin secretos, sin nada que esconder,
sin ningún deseo o necesidad de esconder nada en absoluto.
Y entonces, ¿cómo recibes la comunicación?
Por supuesto, al darla.

¿Y cómo das esa comunicación a tu hermano?
Simplemente aceptándolo con apertura y amor,
al aceptarlo con el reconocimiento de que no hay culpa,
que no hay separación entre tu hermano y tú.
Lo haces dando desde el discernimiento
de que la Expiación os ha enseñado
que vuestras voluntades son la misma.
Lo haces al reconocer que
todo lo que podrías observar en la forma
es solo una oportunidad más PARA la Expiación.

Y a medida que extiendes a tu hermano
la completa apertura a ser, pensar, sentir, expresar y actuar
del modo que quiera y cualquier cosa que quiera,
sin juicio, sin condenación,
sin tú haber escrito para ti mismo ningún guión previo de cualquier clase
sobre lo que el proceso de la Expiación debería ser…,
cuando extiendes la aceptación completa de tu hermano,
él se vuelve completamente libre en tu presencia.
Y no hay ser que no responda
al amor que se precisa para poder ofrecer tal apertura.

Pero, ¿qué sucede si encuentras que tu hermano
no está dispuesto a ser abierto contigo?
Entonces, mira adentro.
Pues puedes estar seguro de que estás albergando
algún juicio, algún conflicto, acerca de tu hermano.
Porque si tienes, todo lo sutilmente que sea,
un programa, por así decirlo, sobre cómo debería vivir tu hermano,
entonces, él no puede ser abierto contigo.
Más bien se sentirá atacado por ti.
Sentirá que quieres quitarle su libertad,
que no confías en él, en su Unicidad contigo;
que no confías en la voluntad común que compartes con él.

Y ASI, LA MEDIDA DE LA COMUNICACIÓN ES SIEMPRE
NO LO QUE CONSIGUES, SINO LO QUE DAS.
Y a medida que das a tu hermano la libertad perfecta de ser,
de ser cualquier cosa que elija experimentar,
sin juicio o condena,
entonces, su corazón, su ser, se abrirá a ti.
Se sentirá amado en tu presencia.
Y te darás cuenta de que TÚ, entonces,
estás en presencia del Amor.
Porque constatarás que eso es lo que tú eres.

Ese discernimiento te brindará bendiciones.
Y te verás a ti mismo abriéndote a tu hermano.
Y en esa Unicidad perfecta vosotros viviréis juntos,
rodeados por la luz de la comunicación,
que es la luz del Amor,
y que realmente no es otra cosa que la Luz de Dios,
y la Luz de la Vida Misma.
Porque en último término es eso
lo que tú y tu hermano sois.

Mis bendiciones para todos. Eso es todo.

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Una respuesta a “La Expiación y la comunicación. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED

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  1. …uno mismo (como separado), no puede en realidad dar nada, dar nada “más o menos”,
    no se puede dar “más” o dar “menos…
    …porque uno va a ser consciente de que ya ES todo, de que es Uno… y de que TIENE todo;
    de que ya lo es y lo tiene todo.

    Y ya está.

    Y así sí que podremos “dar” de nuestra parte… sin ser parte —ni juez ni parte—, pues el amor no nos creó escatimando…, reteniendo…, dando parte de sí… sino dando “todo”…
    claro

    ____

    Como ya sabemos por todas nuestras citas anteriores, entonces, el “amor” solo puede “llegar” cuando se da por sí solo; sin juicio, sin opiniones, sin discriminaciones o comparaciones.

    Es “amor real” cuando nos permitimos no intervenir por nuestra cuenta, juzgando a quién dar, o a quién no dar; opinando sobre quién se merece qué y quién no.

    El “amor” es reconocimiento de “mí” en el otro… de Mí… al “recordar” activamente sintiendo que nunca hubo separación con nadie, con nada.

    Somos literalmente amor, el amor ES… la relación ES…

    Y así, el ser no se puede “dar” —el ser se es.

    Entonces, “uno”, con minúsculas, uno mismo… no puede dar nada… y digamos que “Uno” con mayúsculas, Uno Mismo, sí 🙂 .

    No hay un “otro” fuera de uno mismo a quien poder dar.

    El amor es “automático” y pre-transferible 🙂 si nos permitimos sentir sin opinar nada de nada, cero.

    Y el amor será quien “mande”, quien dirija…, y no nuestro “ego espiritual” (el más peligroso).

    Y uno…, uno no se puede tampoco amar “a sí mismo”…, porque como “sabemos”…: se trata de deshacer obstáculos para reconocer que nuestro ser siempre fue amor.

    El amor nunca puede ver otra cosa que amor…, el amor, en eso, tiene pues un matiz de “tonto”… de tonto de remate… de tonto del bote: de “no sé”.

    Y todos llegaremos pues felizmente a la constatación de que queremos ser así de tontos tontísimos… tontos para este mundo… para un mundo que quiso ser la demostración de que la asociación de “separación” con “miedo” era real y eterna.

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