Milagros y verdad. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.

Esta transmisión, maravillosa (muy clarificadora y directa), aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló desde la personalidad de Jesús.

La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-14.X-XI] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Milagros y verdad [T-14.X-XI]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
Hemos estado hablando estos días sobre la verdad.
Básicamente de eso trata todo lo que hablamos —de la verdad.
Y de la única verdad de la que hablamos
es la simple verdad acerca de lo que tú eres.
Y te he dicho que eres el único, más preciado,
más amado y más valioso Hijo de Dios.

Cuando sepas eso, cuando llegues a reconocer eso de nuevo,
en el sentido de tu espacio y tiempo,
entonces, lo que yo llamo ‘la Expiación’ será, y va a ser tuya.
Pues la Expiación o Reconciliación es simplemente
la aceptación de la verdad de lo que tú eres.
Si quieres enseñar la verdad aquí, es decir,
si quieres llegar a entender la verdad para ti mismo,
entonces, debes dar, debes compartir, la esencia de la verdad.

¿Y cómo haces eso?
Te lo he dicho: al abrir tu mente,
de manera tal que puedas reflejar la verdad de Dios.
Te he dicho que cualquier cosa que aceptes
en el espejo de tu mente,
es lo que brillará hacia fuera de ti,
es lo que darás,
y por tanto, es lo que recibirás,
y lo que comprenderás.
¿Escuchaste esas palabras: “aceptar dentro del espejo de tu mente”?
Cuando te hablo del “espejo de tu mente”
te estoy hablando en términos de espacio y tiempo.

Necesitas saber que lo que llamas ‘discernimiento consciente’ [conscious awareness]
es solo lo que la mente proyecta sobre una pantalla
para poder percibir lo que está allí.
Para poder dividir tu mente, por así decirlo,
para poder llegar a imaginar que eres lo que no eres,
tú, la mente, la realidad de lo que tú eres,
eligió proyectar sobre una pantalla aquello que querías percibir.
Y la pantalla sobre la cual la mente proyecta
para pretender que está experimentando el espacio y el tiempo,
esa pantalla sobre la cual la mente proyecta…,
es la consciencia misma.

Y así, lo que permitas que entre dentro de tu discernimiento consciente
ES lo que reflejarás.
Lo que permitas que entre en tu discernimiento consciente
ES lo que parecerás experimentar aquí, en el espacio y el tiempo.
Y eso se convierte en el regalo que le das a tu hermano.
Y así es como te hablo de ser
el reflejo de la santidad aquí.

¿Y cómo puedes hacer eso?
Bien, en el espacio y tiempo tienes una sola elección,
la elección acerca de la voz que debes escuchar:
la voz del ego, o la voz del Espíritu Santo;
la voz de la guerra o la voz de la paz;
la voz del miedo o la del amor.
Y esa es tu única elección —abrirte,
aceptar, dentro del espejo de tu mente, que en realidad es la consciencia misma—
aceptar, dentro de tu consciencia,
aquello que reflejarás hacia tu mundo,
y aquello que tus hermanos parecerán ver,
pero que también es lo que tú parecerás ver de ti mismo.

Y si eliges aceptar dentro de tu mente
la verdad de Dios,
hay algunas formas para poder llegar a comprender
cuándo te estás abriendo, cuando estás escuchando,
la Voz del Espíritu Santo, la Voz de Dios.
Y para ayudarte a llegar a ese entendimiento
te hablaré una vez más
sobre la igualdad de los milagros.

Me gustaría recordarte que
los milagros, como he dicho, no compiten entre sí.
La presencia de un milagro en tu vida,
tu elección de abrirte a la presencia de un milagro,
en ningún sentido bloquea o compite con
la presencia de otros milagros.
Un milagro no es más grande que otro.
Uno no invalida a otro.
En verdad, un numero infinito de milagros
podrían estar derramándose sobre el espejo de tu mente al mismo tiempo.
Y tú puedes reflejar un numero infinito de milagros,
ninguno de los cuales competiría con cualquiera de los otros.

Esto puede que te parezca difícil de entender,
pero cuando piensas sobre tus propios pensamientos, por así decirlo,
hay tantos de ellos
que parecen ir y venir, y estar coexistiendo…
Y, cuando miras a tus hermanos,
te parece como si una miríada de pensamientos pudieran estar sucediendo al mismo tiempo
dentro de esta Unicidad que llamas ‘humanidad’.
Y eso es algo que puedes entender
si te detienes por un momento.

Te resulta más difícil entender
que no hay grados de dificultad en los milagros.
Si quieres aprender a reflejar la santidad,
a reflejar la verdad de Dios, la verdad de lo que tú eres,
es muy importante que entiendas
la ausencia de grados de dificultad en los milagros.
Estás muy acostumbrado a ordenar tus pensamientos,
a escuchar los que parezcan ser de amor,
a escuchar los que parezcan ser de miedo.
Entonces deseas seleccionar y elegir los pensamientos de amor,
en una selección que intentas hacer por tu cuenta.
Intentas examinar tus pensamientos
—que realmente son las imágenes que la mente
ha proyectado sobre la pantalla de la consciencia—,
y estás acostumbrado a mirarlos y a juzgar,
a decidir por ti mismo sobre cuáles son de miedo y cuáles de amor,
con el propósito de aceptar los que sean de amor.

Y tus tentativas de hacer eso te parece que tornan obvia
la existencia de un orden para tus pensamientos:
el que algunos sean mejores que otros;
que unos sean más valiosos que otros;
que unos sean más verdaderos que otros.
Por eso es que todo resulta tan difícil cuando te aseguro
que no hay grados de dificultad en los milagros.
Tú piensas en los milagros relacionándolos con la forma
—con lo que en último término no tienen relación—,
mas, al pensarlos relacionándonos con la forma,
se te hace difícil entender
que no hay diferencias entre
abrirte a los pensamientos de amor, curar una enfermedad,
caminar sobre las aguas o transformar el agua en vino.

Y dentro de las enfermedades no hay grados de dificultad.
Una enfermedad no es más difícil de curar que otra.
Si te detienes por un momento seguramente te darás cuenta de
que dentro de tus pensamientos crees que
puedes liberarte de algunos tipos de pensamientos miedosos,
mientras que hay otros que parecen muy difíciles de soltar.
Por tanto, estás tratando de definir un orden,
unos grados, que los milagros no tienen.

¿Cómo puede ser que no haya grados de dificultad en los milagros?
Esto debe surgir del siguiente discernimiento:
que los milagros no surgen, ni pueden surgir,
de un estado de separación.
Te he dicho antes que si te quisieras situar, solo y aislado,
en tu creencia en la separación,
y decidirte a elegir qué milagro harías,
seguro que fracasarías.
Y el milagro se te escaparía por entero.
Los milagros NO PUEDEN surgir de tu creencia en la separación.
Los milagros DEBEN ser compartidos.
Y si tú quieres reflejar verdaderamente la santidad, la verdad de Dios,
entonces, aquello que quieras reflejar
debes estar dispuesto a compartirlo con todos tus hermanos y hermanas
sin excepciones.
Y si esa disposición no está presente,
te estás impidiendo, a ti mismo,
que la presencia de los milagros entre en tu vida.

Los milagros surgen de la Unicidad, que ES lo que tú eres.
Y dentro de esa Unicidad,
¿puede una expresión de Amor ser más grande que otra?
¿Puede el Amor competir consigo mismo?
Como te he dicho, los milagros
no compiten entre sí,
¿puede el Amor competir consigo mismo?
¿Puedes imaginar a Dios compitiendo dentro de la Mente de Dios,
tratando de decidir qué extensión de Amor
es más grande o es mejor que otra?
Tú, aun en tu mente pensante,
puedes sentir lo absurdo de esa noción.
Porque el Amor es simplemente Amor.

¿Y qué sucede con aquellos de vosotros que aún no seáis capaces
de abrir los espejos de vuestras mentes
al discernimiento de que todo ES Amor, tal y como te he dicho?
Puedes estar seguro de que entonces aún albergas miedo en tu vida.
Y, en presencia de tu miedo,
el Espíritu Santo desea ayudarte a contemplar ese miedo
como una llamada o petición de Amor.
Pues, como te he dicho, una llamada de Amor no puede estar presente
sin que lo esté también el discernimiento,
subyacente y profundo,
de que el Amor mismo existe y puede ser invocado.

La igualdad de los milagros requiere
que no haya competencia ni orden.
Y la ausencia de grados o de un orden en los milagros se torna clara
cuando te das cuenta de que el Amor es simplemente Amor.
Y, cuando no puedas ver amor en tu propia vida,
si te puedes calmar, serás consciente
de que aquello que no puedas ver como Amor
puede ser visto como una petición de amor.
Y esta será la interpretación del Espíritu Santo
que Él hará para ti, alegre y voluntariamente,
cuando estés dispuesto a abrir el espejo de tu mente.

Si miras al mundo y ves amor,
entonces amor es lo que recibirás en tu vida.
Ello ha de ser así, pues esa es la naturaleza del Amor Mismo.
¿Pero qué sucede si miras al mundo
y eres incapaz de percibir como amor eso que tú ves?
Entonces, estás obligado a abrirte a ello bajo la forma de verlo como una petición de amor.
¿Y qué sucede si eso es todo lo que puedes hacer?
Entonces, el Espíritu Santo, cuando le ofrezcas tu disposición,
te permitirá extender, te provocará a extender, te hará extender el amor, en esa circunstancia.

Así, cuando miras hacia fuera y ves amor, todo esto parece fácil.
Porque el Amor ya esta allí y es tuyo.
Cuando miras hacia fuera y parece que no puedes ver amor,
entonces, el Espíritu Santo te enseñará a darte cuenta de que
DEBE estar presente una petición de Amor,
aun cuando sea tu propia llamada al Amor,
tu propia petición del Amor que DEBE necesariamente estar dentro de ti.
Y, como el Amor ESTÁ dentro de ti,
serás capaz de dar Amor en esa circunstancia.

Y bien, ¿cómo puedes realmente hacer eso?
La única manera de hacerlo es admitir
que no sabes qué es Amor y qué no lo es.

En este mundo estás tan acostumbrado a ver la forma…
Pero, te lo aseguro, el amor mira más allá de la forma.
Es cierto que te es muy difícil ver lo que llamo ‘contenido’,
ver la esencia del ser, que es siempre, sin cuestionamiento alguno,
el Amor Mismo siendo expresado.
Te resulta muy difícil contemplar el contenido
cuando lo que tus ojos parecen darte es imágenes de formas.
Entonces, ¿cómo puedes contemplar la forma y ver el amor?
Debes hacerlo al entender que tú,
dentro de tu mente pensante, NO SABES.
Tú, en tus pensamientos, no sabes
lo que es Amor, y lo que no lo es.
Y eso es todo.
Tú no sabes.

En último término debes admitir en tu pensamiento
que no conoces la esencia del Amor.
Y lo que haces es admitir que te resulta muy difícil
ver más allá de la forma. ¿Lo ves?
Y a medida que desees reflejar la santidad de Dios,
a medida que desees compartir con tus hermanos ese reflejo,
cuando, por tanto, desees ver solo Amor,
ello VA a darse a partir de la aceptación
de que tú no sabes.

En realidad, cuando te abras al discernimiento
de que lo que no puedes ver como Amor es una petición de Amor,
esto va a consistir en realidad en tu declaración de que no sabes.
Pues el amor está realmente presente y puede ser encontrado en CUALQUIER situación.
Y harás este descubrimiento
mediante la guía del Espíritu Santo.
Y así es como puedes permitir
que cada situación te sea interpretada.
Y cuando tú, al calmarte,
estés dispuesto a abrir el espejo de tu mente,
cuando estés dispuesto a no intentar
estructurar este espejo por tu cuenta,
SERÁS CAPAZ de abrirte
a la presencia del Espíritu Santo.
Cuando estés dispuesto a estar en calma y escuchar,
entonces, como te he dicho, sabrás qué hacer,
qué decir, a dónde ir y qué ser.
Y eso será la guía del Espíritu Santo,
en acción, en tu vida.

Ahora bien, hay una prueba que puedes aplicar aquí,
en el mundo de la forma, una prueba que puedes usar
para ser capaz de discernir si has abierto o no
el espejo de la mente a la verdad de Dios.
La de hoy es una prueba extremadamente simple.
Cuando mires afuera y veas Amor,
entonces, Amor es lo que recibirás.
Y cuando no puedas ver Amor
y debas tratar de ver una petición de amor,
entonces, depende de ti abrirte al Espíritu Santo,
cuya guía le permitirá al Amor
entrar a la situación a través de ti.
Debes estar dispuesto a renunciar a tu creencia
en que aquello que tú no puedas ver como Amor,
puede ser visto como una PETICIÓN de amor.
Debes ir más allá de eso hasta el punto en que
compartas la visión del Espíritu Santo,
quien reconoce a la perfección que TODO EN SÍ ES AMOR.

¿Qué sucede si fueras capaz de abrirte
a la guía del Espíritu Santo, más allá de la forma,
hacia la comprensión de que TODO es Amor?
¿Qué sucede si, en el centro de tu ser,
más allá de tu juicio y tus pensamientos,
existiera simplemente la experiencia del Amor,
y nada más?
Entonces, ¿cómo sería tu vida?
Lo primero es que dejarías de tener miedo.
Pues a medida que constatas que todo es En Sí Amor,
y comprendes que el Amor expulsa necesariamente al miedo,
tu miedo dejaría de estar presente.
Y así, una parte de esta simple prueba de la verdad es la siguiente:
no tendrás miedo en absoluto,
y simplemente porque todo lo que ves es Amor.

Y la segunda parte de la prueba de la verdad
es igualmente importante.
Pues cuando has abierto el espejo de la mente
al discernimiento de que todo es Amor,
cuando has dejado que el miedo se disipe de tu ser,
de tu discernimiento,
lo que vas a reflejar es la santidad de Dios,
la presencia del Amor.
Y cuando haces eso, todos los seres,
todos los seres que lleguen a tu presencia,
y todos los seres que aún sean conscientes de ti
aunque puedan no estar en tu presencia,
se encontrarán en paz.
Todos los seres estarán en paz
cuando tú reflejes la santidad de Dios,
cuando reflejes Amor.

¿Exigirá esto que, dentro de la forma,
todo ser ACTÚE en tu presencia como si él estuviera en paz?
Recuerda que te dije que esto no trata sobre la forma.
Cuando abres el espejo de tu mente
solamente a la presencia del Amor,
entonces, el Amor se convierte en lo que tú reflejas.
Desde un espejo limpio SOLAMENTE reflejas Amor.
Y, te lo prometo, todos los seres serán tocados por ese amor
que tú reflejes aquí, en el espacio y el tiempo.

Así, la primera señal es esta: ¿YA NO TIENES MIEDO?
Y la segunda señal es:
¿EXTIENDES PAZ A TUS HERMANOS?
Y una cuestión simple que te puedes plantear es esta:
si todo lo vieras como Amor,
entonces, no habría nada que desearas cambiar;
cuando vieras realmente todo como Amor,
entonces, eso que llamas ‘resentimiento’, queja, pena,
NO PODRÍA ENTRAR EN TU MENTE.

Así, aun cuando las formas que ves puede que no te parezcan decirte
que todo hermano está en paz,
si miras adentro y ves que no tienes ningún tipo de deseo de que tu hermano sea diferente,
si no encuentras dentro de ti resentimientos ni quejas, en absoluto,
INCLUSIVE ESA QUEJA
QUE CONSISTE EN QUERER QUE TU HERMANO ESTÉ EN PAZ
CUANDO NO PARECE ESTARLO,
si no encuentras ningún resentimiento…
entonces, puedes estar seguro de que tu hermano
está en paz en tu presencia.
Pues no has puesto deseos sobre él.

¿Y qué sucede con tu deseo de que tu hermano esté en paz,
o, por ejemplo, de que tu hermano aprenda este curso?
Este es uno de los resentimientos más sutiles de los cuales debes percatarte.
Pues cuando quieres que tu hermano sea diferente,
en cualquier sentido, aun en el de entender este curso,
aun en el de abrir su mente a la paz de Dios AHORA,
le estás diciendo a tu hermano:
“tú DEBERÍAS ser distinto de lo que eres”.
Y te aseguro que, en ese escenario,
más que ser quien trae la paz,
incrementas el miedo.

Si quieres entender la verdad,
debes entender que la paz y la comprensión
van de la mano.
La paz y la comprensión son cada uno causa del otro.
Si quieres comprender la verdad, ¿qué supone eso?
Podríamos pensar que para “comprender” tienes que ser capaz de apoyar
aquello que comprendes, es decir, de sostenerlo,
de sustentarlo manteniéndolo de cierta forma en ti.
Y si quieres mantener y sostener la verdad en tu vida,
esto DEBE DARSE más allá de la forma,
DEBE SER en el nivel del contenido,
debe ser “estando abajo”, sosteniendo, sustentando * .

Tu comprensión, entonces, debe ser acerca de lo que tú eres.
Si comprendieras la verdad de Dios,
eso significaría que la verdad de Dios ES
lo que tú experimentarías y lo que tú serías.
Y, cuando entiendas en ese sentido la verdad de Dios,
te aseguro que VAS A ESTAR en paz.
No vas a sentir miedo.

Por tanto, te he dicho que el Espíritu Santo te habla de la verdad
con una lógica tan rigurosa como la que usa el ego.
Pero es una lógica que supera con mucho la base caótica
en la cual se fundamenta el sistema de pensamiento del ego.
Pues el Espíritu Santo empieza con los fundamentos que son verdaderos,
de los cuales hemos hablado en este capítulo.
La verdad es lo que tú eres.
La verdad es la presencia del Amor.
La verdad es el discernimiento de la Unicidad y del compartir.
La verdad es el discernimiento de que los milagros no pueden competir,
sino que deben ser compartidos;
y la verdad es el discernimiento de que, si algo PUEDE ser compartido,
lo compartido va a ser necesariamente Amor.
Y más allá de eso, la verdad es el discernimiento
de que todo ES Amor.
Y por tanto, la verdad es el discernimiento
de que no hay separación dentro del Amor Mismo,
y que no puede haber grados de dificultad en los milagros.
La verdad es el discernimiento de que, cuando entiendes la verdad,
esa misma verdad se convierte en tu experiencia,
se convierte en lo que tú eres.
Y así es que la verdad de Dios ES en último término
lo que tú eres.

A medida que te des cuenta de que no sabes
y escuches la Voz del Espíritu Santo,
escucharás Su guía.
Escucharás una Voz que entona una canción
sobre tu hermano, sobre su belleza,
sobre la verdad de lo que él es.
Y escucharás una canción que también te canta a ti
sobre la verdad de lo que tú eres.
Porque lo que tú eres, y lo que tu hermano es,
DEBE SER lo mismo.

Y a medida que dejes ir todas las nociones de separación,
todos los grados de dificultad que tratan de imaginar
que un Hijo de Dios podría ser más digno de amor que otro
—y lo hagas aun estando aquí, en el espacio y tiempo—,
a medida que dejes ir esas nociones,
entenderás la verdad sobre lo que tú eres,
sobre lo que tu hermano es, sobre lo que Dios es;
entenderás que todo ello
debe ser, ha sido siempre,
y permanecerá siendo siempre
lo mismo.
Y esa comprensión te brindará, sin remedio,
la paz de Dios.

Mis bendiciones para todos vosotros. Eso es todo.

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