Los dos usos del tiempo. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   1 comment

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[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.

Esta transmisión, maravillosa (muy clarificadora y directa), aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló desde la personalidad de Jesús.

La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-15.I-II] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Los dos usos del tiempo [T-15.I-II]

Saludos de nuevo, soy Jeshua.
Hoy quisiera hablar contigo algo más acerca del tiempo.
El tiempo, como te he dicho, es la mayor ilusión.
El tiempo es básicamente lo que fabrica todo tu miedo.
Sin tiempo, te lo aseguro, el miedo no sería posible
en tu discernimiento, o en tu experiencia.

¿Cuánto te gustaría vivir de una manera
en que estuvieras totalmente libre de toda duda, de toda preocupación,
de todo sentido de molestia, de toda falta de paz?
Pues ese es el propósito del tiempo,
el de permitirte alcanzar tal estado.
Y, no obstante, es el propio tiempo quien produce,
quien crea, por así decirlo, tu propio miedo.
¿Y acaso no parece haber una gran discrepancia
entre las dos declaraciones que acabo de hacer?
Por supuesto que parece haberla.
Y se debe a que hay dos usos del tiempo.

Te he dicho muchas veces que ciertamente
hay dos usos para todo en este mundo de ilusión.
Porque este mundo de ilusión, en su aparente realidad,
puede ser usado para reforzar la creencia en la ilusión.
Todo en este mundo es usado para convencerte
de que este mundo, que no es real, es verdaderamente real.
Y esa es la lucha fundamental en la cual te hallas
al intentar aprender este curso.
Pero te he dicho también que el Espíritu Santo
te hablará en cualquier momento en que estés dispuesto a escucharlo.
Él puede literalmente utilizar CUALQUIER COSA en este mundo
para enseñarte la verdad de lo que tú eres,
la verdad de Dios.

Y así, hay dos usos del tiempo.
Uno es del ego,
y el otro es el del Espíritu Santo.
Pero no te olvides de que el ego es algo que no existe,
no es una cosa de la realidad.
El ego —aun cuando hablo de él
como si FUERA un ser con consciencia,
con capacidad para tomar decisiones, calcular y planificar—
el ego es tan solo algo que has fabricado
con el propósito de simular que eres lo que no eres,
y con el propósito de simular
que un mundo de ilusión podría ser real,
cuando, en verdad, no puede serlo en absoluto.

Recuerda que la esencia del propio tiempo
es que causa y efecto pueden estar separados.
Pues al creer que existe una causa
que puede ejercer un poder creativo
y que, de alguna manera, SEPARADO de ella,
aparece un efecto —el efecto de esos poderes creativos—,
lo que estás haciendo es creer en el tiempo.
Pues lo que parece intervenir entre la causa
y el resultado de la causa siendo expresado,
que puedes llamar ‘efecto’,
es lo que llamas ‘tiempo’.
Y si puedes SEPARAR la causa del efecto,
entonces, la separación debe existir, ¿no es así?

Así, tu creencia en que la causa y el efecto pueden estar separados
es lo que genera tu creencia en el tiempo.
Y dentro del sistema de pensamiento de este mundo de ilusión,
es el tiempo quien literalmente te brinda
la ilusión de la separación.
Así, crees que hay un pasado
que se convierte en causa,
y que, DESPUÉS, produce un efecto, en tu tiempo.
Y ese efecto es lo que eres en este momento.
Y así, tú crees que el pasado
de alguna manera te ha traído a este momento,
crees que el pasado ha CAUSADO que tú seas
lo que eres en este momento.

Por tanto, siempre miras hacia fuera de ti
para ver seres diferentes de ti mismo
que se convierten en la causa de lo que tú eres.
Y así, crees estar separado de esa causa.
Por tanto crees que son OTROS quienes te han convertido en lo que tú eres.
E incluso crees que Dios, la causa,
está separado de ti, el efecto.
Incluso tus historias sobre la creación del mundo
hablan de tiempo y de días, y básicamente de una separación
que existe entre Dios y Sus creaciones,
y de la forma que esas creaciones tomaron. ¿Lo ves?

Por tanto crees que PARA PODER EXISTIR necesitas el pasado.
Esa es tu creencia en el tiempo.
Eso significa que el futuro
también depende de este momento para SU existencia.
Y este momento se convierte en pasado
para aquello que parece ser el futuro.
Y por tanto, crees en el flujo del tiempo.
Crees en el tictac del reloj,
como si un segundo llevara al siguiente y al siguiente, y al siguiente.
Crees que, sin el momento anterior,
no puede existir el siguiente. ¿Lo ves?

¿Pero qué pasa cuando este cuerpo parece morir?
Estás tan atado a tu creencia en el tiempo
y en que el pasado origina el presente,
que sigues atrapado en esa creencia,
incluso aunque reconozcas que los cuerpos van a tener que morir.
Y así, dentro de la creencia en el tiempo,
que te brinda tu creencia en la separación,
estás atado a la creencia en que el tiempo va a seguir existiendo
aun cuando tu cuerpo parezca morir.
Y por tanto te ves obligado a creer
que tú existes incluso tras tu muerte.
Pues si tú no siguieras existiendo,
el tiempo dejaría de estar ahí, ¿no es cierto?

Así, fabricas muchas historias diferentes sobre la vida después de la vida.
Algunos creéis que os darán un nuevo cuerpo.
Otros no creen en cuerpos,
sino que creen en la existencia
de la consciencia que tienen de sí mismos.
Pero la consciencia que tienes de ti mismo,
como ser separado y solo, es tu ego.
Y en último término tu creencia en la preservación del ego
es la mera condición que permite que el tiempo exista,
que continúe fluyendo. ¿Lo ves?

¿Pero, qué pasa si, como te he dicho,
esta creencia en la separación de causa y efecto
es también la fuente de tu culpa (que lo es)?
Entonces, si tu ego continúa viviendo aun después de que tu cuerpo muera,
y si aún lleva culpa consigo,
entonces, para preservar tu creencia en el tiempo,
debes creer en una vida después de esta,
una vida en la que permanezcas separado y culpable,
en la que permanezcas separado de Dios
y separado de la verdad de lo que tú eres.
Y eso es, por supuesto, tu creencia en el infierno.

Algunos fabrican historias sobre un Dios vengativo
que les querría castigar para siempre jamás.
Y aquellos que no podéis con el absurdo
de un Dios de amor castigando de esa forma,
simplemente creéis en la continuación de vuestra separación.
Y a eso lo llamáis ‘infierno’.
Y todo ello procede de vuestra creencia en el tiempo,
que fue fabricado con el propósito de creer
que en un primer momento estabais separados. ¿Lo ves?

Pero hay un segundo uso del tiempo.
El Espíritu Santo puede usar el tiempo para enseñarte
la verdad acerca de lo que tú eres.
¿Y cómo hace eso el Espíritu Santo?
El Espíritu Santo, cuando estás en calma y escuchas
te habla siempre desde adentro.
Y aun cuando te hablo de ello, dentro de tu estado egoico,
como si el Espíritu Santo estuviera separado de ti, no lo está.
El Espíritu Santo ES básicamente tú.
Es la parte de ti que permanece consciente de tu verdadero Ser,
la parte de ti que aún es consciente de Dios.
Así, si escuchas adentro, escucharás una Voz
hablándote de la verdad.
Y aun tú, ego, en tu calma, debes poder constatar
que esta Voz viene de adentro,
que ella procede de ti.

Así, ahora tienes una Voz que viene DE ti,
que ES tú,
que te dice la verdad de lo que tú eres.
Te habla de esa verdad,
aun cuando aún te mantienes apegado a una imagen de lo que tú eres,
que es el ego, el cual parece diferente de tu verdad.
Pero este ego es producto del pasado.
Este ego es producto de la creencia
en que algún ser separado de ti mismo te ha creado a ti,
aun si ese ser separado de ti es Dios.

Mas, cuando estás en calma y escuchas adentro,
escucharás una Voz que VIENE de adentro,
que no viene de ninguna parte que esté fuera de ti.
Escucharás una Voz que invalidará la separación.
Y en tu silencio, en el silencio de tu mente, cuando escuches,
ese es el primer discernimiento que te llegará
—el discernimiento de que esa Voz que te habla A ti ES tú.

¿Y qué sucede si no hay fuera de ti ningún ser
que te diga lo que tú eres?
ENTONCES, TU NECESIDAD DE TIEMPO COLAPSA.
En este capítulo te estoy hablando del instante santo.
A medida que hablamos de ello, vamos a hablar de experimentar el presente.
¿Sabes lo que es el presente?
¿Sabes lo que es ESTE MOMENTO?
¿Sabes lo que es el Instante Santo?
El instante santo es ese estado en el cual
tu percepción y tu experiencia de la causa y el efecto
se unen como uno solo.
El instante santo, este momento, el presente,
debe surgir del simple discernimiento
de que la causa no está separada del efecto, en absoluto.

¿Y qué significa esto en palabras?
Simplemente significa que TÚ EXISTES.
Esta es la única manera de decirlo.
TÚ EXISTES.
¿Fue Dios causado por alguna fuente?
Quienes creen en el tiempo encuentran incomprensible
que no hubiera nada ANTES de Dios.
Pero la respuesta es: DIOS EXISTE.
Porque el verdadero discernimiento de Dios debe venir
del discernimiento de la ausencia de separación
entre causa y efecto.
Y tu verdadero reconocimiento de lo que TÚ eres
debe venir de la ausencia de cualquier separación entre causa y efecto.
Y esto es lo que el Espíritu Santo te quiere enseñar.

Y así, el Espíritu Santo querría utilizar el tiempo y la lógica
para ayudarte a constatar que el tiempo no tiene sentido. ¿Lo ves?
Y lo único que provocaría
que desearas creer en el tiempo
es tu insistencia en que existes como un ego, como un ser separado
que requiere que un pasado lo haya fabricado
y lo haya traído hasta este momento.
¡Ah! Pero EN ESTE INSTANTE TÚ SIMPLEMENTE EXISTES.
Si no hay pasado que te haya traído a este momento,
entonces simplemente existes,
limpio, puro perfecto y hermoso
—todo lo cual son palabras que describen al Hijo de Dios,
que es lo que tú eres.

¿Te das cuenta de que el miedo no puede existir en el presente?
¿Te das cuenta de que literalmente el miedo requiere de un pasado?
Y el miedo requiere literalmente de la creencia de que este momento
se va a convertir en pasado para el futuro.
Pero en el momento presente,
en el cual la causa y el efecto son Uno,
y la Vida y la existencia simplemente SON,
en este momento, el miedo no existe.
No es posible.

¿Sabes lo que esto significa?
Significa que si tu hermano no tuviera pasado, en tu creencia,
no te sería posible
temer su presencia en tu vida.
Piensa en tu miedo solo por un momento,
y esto se volverá claro para ti.
Siempre que tienes miedo en la presencia de un hermano
es porque has escrito una historia sobre su pasado,
y querrías proyectarla en TU futuro,
en términos de lo que él podría hacerte a ti.
Si tienes miedo en tu propia vida
es porque crees en un pasado tuyo propio,
que te ha traído a este momento,
y que provocará luchas y sufrimiento en el futuro.

Así, si PUDIERAS vivir este momento,
en ese presente de lo que yo llamo el instante santo,
deberá ocurrir, sin remedio,
al haberse marchado todo el miedo.
Así, si quieres escapar del miedo,
si quieres vivir una vida de armonía perfecta y paz perfecta,
de Unicidad y tranquilidad perfecta,
de lo cual hablé al comienzo de este capítulo,
tan solo necesitas dejar ir tu miedo.
Y lo que necesitas para hacer eso
es constatar que la ausencia de miedo
reside en el momento presente.

El Espíritu Santo te querría enseñar acerca del tiempo,
sobre que no fluye desde el pasado al presente y luego al futuro,
sobre que estás libre de la causa y del efecto
porque estás libre de la separación. ¿Lo ves?
Y así, el Espíritu Santo querría usar el tiempo
para recordarte que lo único que hay de ese tiempo es este momento.
Y en este momento, en este instante santo,
el miedo se ha ido.

Estaremos compartiendo contigo y enseñándote
a experimentar este instante, el presente,
y cómo llegar a la ausencia de miedo.
¿Existe un primer paso que puedas dar,
y que elimine toda duda que pueda haber en tu mente
sobre lo que he dicho acerca del tiempo, de la causa y del efecto?
Y la respuesta es que sí, lo hay.
Y como siempre, si quisieras encontrar ese lugar, esa experiencia,
necesitarías ver a tu salvador,
que es, como siempre, tu hermano.
¿Recuerdas mis palabras?
Y así, si deseas experimentar este instante santo,
en el cual el miedo no existe,
ENTONCES DEBE OCURRIR QUE ESE MISMO INSTANTE
SEA EL REGALO QUE TÚ LE DAS A TU HERMANO.

¿Y cómo haces eso, en palabras?
Haces eso dándote cuenta de que el pasado de tu hermano
no tiene efecto en lo que él en verdad es.
¿Acaso el pasado de tu hermano define lo que llamarías ‘ego’?
Por supuesto. Eso es lo que el ego es, por definición:
la colección de pensamientos falsos que tienes
acerca de lo que tú eres y de lo que es tu hermano,
todo lo cual está basado en un pasado imaginario.
Por eso es por lo que el ego no es real. ¿Lo ves?

Entonces, ¿parece como si el pasado determinara
lo que tu hermano es?
Oh sí, lo parece.
Pero, lo que ello determina es la IMAGEN FALSA
de lo que tu hermano PARECE ser.
Y esa imagen falsa no tiene nada que ver
con la realidad, con la verdad
de lo que es tu hermano, o de lo que tú eres.
Así, si quisieras ser liberado del miedo,
si quieres descubrir ese instante,
a medida que das el instante santo a tu hermano,
lo que haces es abrirte al simple discernimiento
de que él ES el Hijo de Dios.
Te abres al discernimiento de que,
sin importar cómo haya sido ese pasado imaginario,
no puede determinar, y no determina, lo que tu hermano es.

Y si eligieras contemplar a tu hermano
como un ser de Luz y como un ser de Amor,
mirando a sus ojos
y viendo solo Amor y la verdad de Dios,
si hicieras eso, entonces tú,
bajo la guía del Espíritu Santo,
habrías transcendido el tiempo mismo.
Y no es posible que trasciendas el tiempo
al contemplar a tu hermano,
y NO lo trasciendas también para ti mismo.

Para cerrar te diré algo
sobre el poder del instante santo.
En ese único instante en que verdaderamente transciendes el tiempo,
cuando verdaderamente contemples a tu hermano,
a tu mundo, a ti mismo, sin pasado,
sin separación de causa y efecto…
simplemente te darás cuenta de que Dios ES,
de que tu hermano ES, de que yo SOY
—y de que todo ello es lo mismo.
Cuando constates simplemente eso,
habrá tal poder en tu experiencia de esa verdad,
que, en tu vida, serás completamente liberado de cualquier miedo
ante lo que tu hermano, tú mismo o Dios pudieran hacer.
Hay tal poder en esa verdad en sí misma,
que ya nunca serás el mismo.

Una vez que has transcendido el tiempo
por un instante —en el instante santo—,
cuando has transcendido la creencia falsa
de que causa y efecto están separados,
encontrarás tal poder en esa verdad,
que nunca volverás a contemplar el mundo,
a tu hermano, a ti mismo y a Dios
con los mismos ojos.
Cuando eso suceda, constatarás
que has experimentado el tiempo
a través de la presencia del Espíritu Santo dentro de tu ser.
Constatarás que has experimentado ESTE MOMENTO
en conjunción con la presencia del Espíritu Santo dentro de ti.
Y constatarás que, en ausencia de tiempo,
verdaderamente no hay diferencias ni separación en absoluto
entre tu hermano y tú, tu hermana y tú,
tu mundo y tú, y, sobre todo,
entre tú y Dios.

Y la verdad que encontrarás en el instante santo
es la verdad que siempre ha sido verdad:
que no hay y que nunca pudo haber
ninguna separación, ninguna diferencia entre Dios y tú;
pues tú eres, y debes seguir siendo, Su Hijo amado,
Uno con Él.

Mis bendiciones para todos. Eso es todo.

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Una respuesta a “Los dos usos del tiempo. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED

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  1. Una parte del “ego espiritual” tiene que ver con creer, para colmo explícitamente, que Dios está realmente separado de nosotros.

    Esa creencia funda de cierto modo este mundo de locura, como nos explica la mitología antimitológica del curso de milagros.

    Esa creencia fundamenta todo el mundo que vemos (separación), pero, en el caso de muchas “religiones”, o incluso de “espiritualidades”, y por tanto de nuestros amados “egos espirituales”…, parece que queda muy explicitada: “eh, que Dios está ahí lejos”… y Dios de alguna manera se siente como algo muy separado.

    Esto, sin duda, parece de lo más “peligroso”, de lo más “proto-satánico”, pues abre paso a inventarse, más o menos conscientemente, toda una serie de nuevas necesidades… de la necesidad de todo tipo de experimentos y experiencias en torno a la Creación.

    Así que el tratarse uno a sí mismo como alguien que se está relacionando nada más y nada menos que con el Creador… pero, a la vez, de cierta forma separándolo fuertemente de uno mismo —en vez de consumar la vía unitiva, como creo que lo llamaríamos en idioma “místico”, creo— al separarlo de cierta forma en vez de unirse a Dios… al separarse de Dios con quizá toda una enorme institución de conceptos, edificios y teologías varias…… parece que se puede dar el colmo de los colmos 🙂 en la vida.

    Y todo ello dentro de que, como dice San Yeshua en su primer curso de milagros, como de hecho no somos un cuerpo y nunca lo fuimos realmente… y, como la mente no puede ser ni siquiera atacada ni puede atacar…, entonces… no hay peligro real —”nada real puede ser amenazado”.

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