La espiritualidad, la locura, la ciencia y la iluminación: ¿qué valor tiene lo espiritual y la locura para “el saber”, para “la ciencia”, el “conocimiento”?   Leave a comment

imagen corazón en círculoEs célebre esta unidad de ciencia y espiritualidad, esta unidad que, digamos, es como se suele invocar (a modo de colofón o guinda) aquel tema que podríamos caracterizar más tímidamente como el de la intrincación entre “intuición” y “conocimiento”.

Y esto es algo muy comentado.

Y no nos referimos a los resultados más o menos catastróficos que ambos devenires humanos —en general: “mente” y “corazón”— tienen y han tenido debido a su viaje en común pero en desarticulación… en una especie de auto-presentación que nuestra mente humana en unidad se ha hecho ante sí misma…, presentando esa desarticulación galopante entre mente y corazón, debida a la simple creencia en la separación (a la creencia en lo que en realidad ya está hasta “demostrado científicamente” que es una mentira).

Enfocaremos un rasgo de esta unidad o reunión, como hacíamos a cuento del Quijote, es decir, teniendo en cuenta:

— el indicio que nos dan las visiones de locura, típicas de la locura, como por ejemplo en ese caso prototípico del Quijote,

— y de la “inocencia” de un Sancho que se permite hablar calmadamente con don Quijote —es decir, sin meterle rápidamente entre los barrotes de alguna de esas categorías estúpidas a las que aún hoy estamos tan habituados: “loco”, etc.

Tenemos esa re-unión entre:

— el saber, ese saber digamos más separado, o más “separatista”, de eso que se ha llamado modernamente “conocimiento”…,

— y “lo espiritual”, que se enfoca en un cierto “dejarse hacer”, en cierto fluir desde el interior… en una especie de permiso cósmico que damos interiormente, permiso ante la unidad y la relación… y que hace así posible precisamente el descubrimiento interior y transformativo de esa misma unidad y esa misma relación, pero en nosotros, dentro —y eso es la célebre “beatitud”, como lo llamaban algunos…, o la “iluminación”, etc.

Esa beatitud es el resultado final, por así decirlo, clásicamente, de la ascensión por la escalera de la sabiduría, llamando “sabiduría” a la integración de mente y corazón, pero cuando se permite que sea este último quien “dirija” nuestra vida.

Así que:

— descubrimos nuestro verdadero ser —nos autoconocemos cuidándonos en ese proceso de autoconocimiento que apunta a ese ser,

— gracias al permiso que damos; es decir, gracias a la “fe”, en sentido amplio, ya que “fe” es también ese permiso interior que en realidad le pertenece a todo el mundo (y es por tanto más bien casi siempre una “fe” laica, o abiertamente atea).

Es decir, lo queramos o no, nos reuniremos con nuestro verdadero creador, “padre” cósmico —o si se quiere llamar “madre”—, que siempre fue precisamente aquel tan aparentemente abstracto Amor, amor universal, cósmico (Dios) (y todo lo demás es mero juego, ilusión mental sin consecuencias y que se da en base a jugar con las “reglas” de la separación ilusoria).

Y quien no se confiesa abiertamente ni espiritual ni religioso, tiene como base para su actuación una “fe” de base, un “espíritu” —igual que todo el resto del mundo.

Entonces, volviendo a esa unión o esa reunión entre ciencia y espíritu… hablar de esto requiere que oigamos palabras que, si son un poco creídas —si las aceptamos con una mínima mentalidad abierta, aunque sea meramente como “hipótesis”, por así decirlo— transformarán inmediatamente al “sujeto” (“sujeto” sería una nueva palabra moderna para hablar de “alma” o “mente”).

De ahí, por esa transformación subjetiva tan profunda y tan temida —ya que el cambio se teme, pese a todo lo que se lo idolatre superficialmente hoy, en esta economía de lo económico—, por esa transformación, es lógico que se haya dado en nosotros en la vida tanta resistencia ante “lo espiritual”.

Este ámbito trastoca todas las relaciones del ser consigo mismo, pues esa es precisamente su definición, la definición de “espiritualidad”: el “alma”, el “sujeto”, la “mente”, se postula de cierto modo a sí misma como “objeto” de autoconocimiento y de cuidado, en constante transformación… y constante aceptación de la transformación de la misma percepción (que es interpretación).

Y esto lo hará, lo hacemos, en niveles cada vez más profundos, y con una apertura vivida a todo tipo de experiencias y de ampliación e integración de la Experiencia, aunque siempre alejándonos lo suficiente de la manipulación o del control mediante por ejemplo drogas o “gurús”, etc. Estos trucos a menudo habrían sido, digamos, los “sucedáneos” que nuestro “ego” —la creencia en la separación— usaría y nos presentaría para poder auto-engañarnos a lo largo de la historia, autoengañándonos sobre quién es nuestro verdadero ser (nuestro verdadero creador), pues partimos de que las reglas del juego de la separación inducen en nosotros un constante “afán de idolatría”, un afán por proyectar, es decir, por encontrar “fuera” las causas de nuestros sentimientos, de nuestra felicidad o de nuestro sufrimiento.

Así, en la espiritualidad, trastocamos toda nuestra auto-comprensión, cosa también abordada por la ciencia cuando los científicos se han puesto a pensar y a ampliar filosóficamente las “paradojas” de lo cuántico: observador y observado, etc.

Por ejemplo, lo espiritual trastoca el estatuto de lo que quizá antes era usado como “refugio” para el alma y sus identificaciones enclaustrantes:
— el análisis, la mente o alma que analiza inercialmente el mundo…,
— o la queja, ese aspecto donde la mente se queja automáticamente como reacción instintiva, y así como asumiendo, constantemente y sin “crítica”, una especie de postura pasional inútil —inútil ante un mundo que, en realidad, como bien “saben” los locos (sin conocerlo), es creación nuestra de cabo a rabo (está en la mente de CADA UNO).

Y he aquí que hemos llegado ya de nuevo a “la clave” que es también la que comentábamos rápidamente en el texto sobre Sancho y Quijote: ese “CADA UNO”.

Cada uno, todos, somos universos estrictamente privados… somos “mónadas”, como decía la filosofía, mónadas que son habitaciones sin puertas ni ventanas.

Pero, eso sí, no hay puertas ni ventanas… excepto UNA: la del Amor, de un amor que está más allá de este mundo.

Así, cada uno… cada ser… es un ser, una mente-alma-sujeto que, en su mismo ser, no tiene absolutamente nada que ver con lo que creemos que somos cuando creemos que estamos pensando, en la inercia cotidiana, para manejarnos aquí, entre los cuatro célebres jinetes del apocalipsis (economía, política, ciencia, religión)… aquí… desde estos nuestros hábitos… esos hábitos que proceden de lo que nos hemos enseñado a nosotros mismos a través de los tan sobrevalorados “sentidos físicos” 🙂 .

Cada uno es una mente y contiene todo un universo —y mucho más.

Esto, sumado a que el tiempo no es en absoluto continuo… ambas cosas… nos vuelven a recordar cómo es que son tan “paradigmáticas”, o cómo es que nos enseñan tanto las cosas que “les ocurren” a “los locos” en su ser falso: esas visiones, repentinas, que trastocan todo un universo… y que, si este hecho contiene algún problema en sí… es solo porque no son visiones compartidas por “los semejantes”.

[Aunque claro está que hay que tener en cuenta que quizá estas alucinaciones se dan y podemos ser conscientes de ellas en muchos momentos de la vida, y en muchos tipos de personas, y no solo necesariamente en “los locos”: ancianos con demencia, personas al tomar sustancias “psicodélicas”, momentos de extraña brusquedad entre sueño y vigilia…, etc. ]

¿Semejantes? : nunca hemos sido semejantes como cuerpos… no; nunca lo habremos sido por ello, sino que, la verdadera semejanza, es semejanza en amor, esa que en términos espirituales se dice así: un único Hijo de Dios, que es el mismo, y que es Amor-Relación en y por el Padre-Madre de todos los “universos”.

Y esta es la “enseñanza” radical, quizá dada muy a su pesar por los “pobres” locos: CADA UNO.

Esta es una de esas “verdades” a las que puede llegar “la falsedad” (en la mente de los locos o en la de cada uno de nosotros cuando experimente conscientemente algo similar). Es la falsedad que es en sí este universo: un sueño que nunca puede ser “común” —NO en los términos en que lo vemos ahora, si no lo vemos “brillar”

Y entonces, el único “problema” en o con las visiones de los locos es que en ellas no se da ese Amor (esa aceptación de unidad y relación, del compartir, dentro del sujeto), esa aceptación que, por ejemplo, podría transformar una “visión loca”… en un milagro compartido… o, mejor, podría dar, en vez de visiones locas, milagros.

Y nada más.

Y ¿qué ocurre con todo esto? Pues también ocurre, de pasada, que —como ya hemos hablado mucho en este blog— nos sirve para comprender e integrar en nuestras coordenadas… en esas coordenadas de “lo que nos hacemos a la idea que podemos llegar a saber”… todos esos “fenómenos raros” llamados “paranormales”, y hoy tan cotidianos, como el de los fantasmas, etc.

Estos fenómenos son los que aún hoy, increíblemente (pero como es también lógico) el “sujeto moderno” evita considerar —pero solo previamente a su feliz conversión 🙂 a la nueva era…, y si es que es verdaderamente amante de lo “científico”, tal sujeto… claro está…, si es que quiere admitir toda la “fenomenología”… todos los hechos 🙂 .

Así que hoy, en la era de las revelaciones, en este tan célebre “apocalipsis” que no es necesariamente terminante como catástrofe, vivimos el proceso casi último de subjetivación: lo que se llama la segunda venida de “Cristo”, es decir, la aceptación última de nuestra unidad real y creadora (“Cristo”), dentro de nosotros: la única unidad real, como una sola mente, en el amor.

Esta unidad, por otra parte, ya fue probada y admitida in situ por el célebre “Jesús” de nuestra tradición.

Entonces, su aceptación, la aceptación que realizó Jesús de “Dios” en la Tierra… supone para nosotros que nuestra aceptación de ese mismo Amor va a pasar por su ser, por el ser de Jesús (su espíritu)…, supone que nuestra aceptación va a encontrarse necesariamente con “su espíritu”.

Es decir, que nuestra aceptación incluirá la aceptación de su espíritu, un compartir unidad con él (tras habernos habituado de cierta forma a sentir unidad con todos los semejantes aquí)…, puesto que él (y demás “gente” que haya llegado y trabaje en este asunto de la Restauración: las dos Marías, etc., etc.)… ya llegaron perfectamente ahí, y nos enseñan desde ahí su “comunicación perfecta”… en los niveles profundos de la mente.

Así que estamos en una “era”, quizá larga aún, para el recuerdo final, para el descubrimiento final que traerá a este mundo las consecuencias de aquello que en realidad somos y solamente somos: de ese verdadero ser que somos: “Hijos de Dios”, es decir, unidad personal de amor con todo y todos…, relación…, el amor de nuestro creador, la relación única de todos con todos… pero personal para cada uno, en un otro nivel de la “personalidad” que ahora es incomprensible en un estado “no iluminado”.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: