2. La vía del corazón. Lección 2. Yeshua-Jayem (La vía de la maestría)   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[- Para más información, ver índice.
– El audio con la lectura de esta lección en este enlace.
– En diciembre 2015 terminé una revisión detallada de la traducción (y en 2016 hago ciertos retoques).
– Para descargar el PDF entero actualizado ver el índice enlazado arriba.]

Lección 2

Ahora, comenzamos.

Y ciertamente, saludos para vosotros, queridos y santos amigos. De nuevo vengo con una gran alegría a pasar esta hora con vosotros. Ciertamente, venimos con una gran alegría a pasar esta hora con vosotros. Pues en Verdad no vengo para unirme en comunión solamente con este querido amigo mío, para poder comunicar con vosotros a través de un medio que podáis entender y aceptar.

Pues es una gran Verdad que llego a menudo hasta muchos. Pero, por todo lo que habéis aprendido en vuestro mundo, también muchas veces habéis creído que no soy más que el producto de vuestra imaginación. Pensarías que esa voz que se desliza sigilosamente en el espacio entre los pensamientos es solo una ilusión. Y no obstante, te digo que llego hasta muchos. Y además, cuando vengo a hablar con vosotros a través de este querido amigo, existe en Verdad toda una serie de diferentes amigos que vienen para poder crear un vortex, un círculo, por así decirlo, de energía. Hemos venido en esta hora, a este espacio, y hemos anclado esa cierta sintonía. Si tenéis a bien recibirla, existen muchos amigos, no visibles con ojos físicos, que están gentilmente rodeando a quienes habéis venido a contribuir, a soportar, a morar en la creación de esta obra. ¿Y de qué se trata, en esta obra, sino de crear un medio de comunicación?

¿Por qué es importante esto? Porque siempre, en todos y cada uno de los momentos de tu experiencia, lo que en Verdad está ocurriendo es que tú, como alma, como una chispa divina de consciencia, estás deliberadamente eligiendo crear medios de comunicación. Lo haces con el atuendo que coloques en tu cuerpo, con tus gestos, con el sonido de tu voz. Lo haces con la misma cultura y el marco temporal en que encarnas. Estás constante y únicamente creando medios a través de los cuales comunicar. Y, ¿es acaso la comunicación otra cosa que el intento de permanecer en comunión con la Creación? Es lo que hace que, a través de ti, todo lo que estés eligiendo percibir, creer, y aceptar como verdadero, sea radiado mediante tus instrumentos de comunicación (que por supuesto incluyen al cuerpo); es lo que hace que puedas transferir tus percepciones a otro, para que él pueda así saber quién eres, y con qué Voz estás comprometido.

He dicho a menudo que el cuerpo es un instrumento de enseñanza y aprendizaje, y que todas las formas de comunicación afectan a tal proceso de enseñanza y aprendizaje. Cuando te levantas por la mañana, el primer pensamiento que establezca su hogar en tu mente, es el que pondrás a actuar. Puedes estirar el cuerpo; sonreír; fruncir el ceño; puedes ser llenado de paz, o puedes sentir todo el peso del mundo. Esas cosas llegan no porque las hayas percibido fuera, sino porque has permitido que habiten dentro de la profundidad de tu consciencia, que permanece pura, sin mancha y radiante más allá de todo límite y para siempre. Y a medida que ese pensamiento establece su hogar en tu mente, literalmente comienzas a transformar el instrumento de comunicación que llamas “cuerpo” en aquello que portará, expresará y reflejará lo que sea que haya venido a plantar su hogar en tu mente. Recuerda por favor que la mente no está donde se encuentra el cuerpo. No mora en el cuerpo, sino que el cuerpo mora en el campo de tu mente.

La comunicación es creación. Esas dos cosas son una y la misma. Por tanto, si quieres crear bien, pregúntate, solamente,

¿Qué me comprometo a comunicar? ¿Qué expresarán mis creaciones? ¿Qué le transmitirán a otros? Pues aquello que busque transmitir, revela la Verdad de mí Mismo al mundo.

Por tanto, en verdad, queridos amigos, a medida que comenzamos este año para enfocarnos, refinar, profundizar, madurar en lo que hemos elegido llamar La Vía del corazón, es sabio comenzar por el principio. Y el principio de este camino es simplemente este: Tú eres tal y como Dios te ha creado para ser. Tú eres un foco infinito de consciencia. Tu propio sentido de la existencia no es nada más que un bucle de retroalimentación, o mecanismo de retroalimentación, tal que puedas atestiguar los efectos de las elecciones que estás haciendo en lo más profundo, en la más honda profundidad de tu mente, que permanece junto a la Mente de Dios.

Por tanto, en cada momento de tu existencia, que incluye esta encarnación corporal, te estás literalmente permitiendo, mediante una elección deliberada (aunque quizá inconsciente), portar una vibración de pensamiento, de creación, y comunicarla al mundo en un intento de experimentar comunión con toda la Vida –con un amigo, o un padre, o un niño, o un amante, o con las nubes que pasan por el cielo, con la tierra misma. Cada gesto, cada pensamiento, la manera en que el cuerpo respira… todas esas cosas que suceden constantemente están comunicando o revelando el efecto de lo que has permitido que se aloje en tu mente.

Entiende bien, entonces, que La vía del corazón requiere que te permitas a ti mismo descansar en la simplicidad de esta Verdad:

Soy Puro Espíritu, inmaculado, y nadie ni nada me puede afectar. Se me ha dado pleno poder para elegir y, por tanto, crear mi experiencia tal y como desee que sea.

No hablamos tanto del “yo” que es la parte egoica de la mente, puesto que esa es solo una de tus creaciones que llegaron en algún punto del proceso –y es una parte muy pequeña de la mente. Estamos hablando del “yo” que es Puro Espíritu, que sabe que existe, aunque al mismo tiempo no conozca el momento de su propia creación.

Eres Puro Espíritu. Por tanto, debes reconocer que,

Soy solo eso, y en cada momento, sin importar lo que yo crea ver, sin importar qué sentimientos surjan en mi consciencia, yo, y solo yo, soy plenamente y cien por cien responsable de ellos. Nadie los ha causado, no hay fuerza mayor en el universo que haya hecho que esta percepción brote dentro de mi consciencia. La he seleccionado.

Al igual que irías a una tienda de comestibles y dirías, “bien, qué voy a cenar…”, eres dueño de una percepción, la alojas en la mente, y entonces se expresa a sí misma mediante el cuerpo, mediante el ambiente que creas alrededor de ti, mediante los amigos que invocas en tu consciencia. Cada aspecto de esa vida que vives es el símbolo de lo que has elegido experimentar, y, por tanto transmitir, a través de la Creación.

La vía del corazón comienza con la aceptación de la simple Verdad que dice que,

Soy en mi ser tal y como Dios me creó para ser. Estoy hecho a Su imagen; soy siempre un creador.

¿Qué deseas entonces pedir que tus creaciones comuniquen? ¿Por qué haces las elecciones que estás haciendo? Sabes perfectamente bien que a veces pareces verte compelido, obligado… y la mente quiere que así lo creas –y ahora estamos hablando de la parte egoica. Entonces, el ego quiere hacerte creer que estás obligado a realizar ciertas acciones, a tener ciertos sentimientos, o elecciones, percepciones, declaraciones… que estás obligado por algo que ciertamente existiría fuera de ti mismo. Pero eso nunca es verdad. Bajo ninguna circunstancia hay algo en la Creación que tenga el poder de dictarte la elección que vayas a hacer.

Por tanto, el camino del despertar, La vía del corazón, debe comenzar con la decisión de abrazar la Verdad que es verdad siempre,

Soy el creador de todo lo que pienso, veo y experimento. Soy libre siempre. Nada puede repercutir sobre mí sino los pensamientos que he elegido albergar dentro. Nada me aprisiona sino mi propia percepción de aprisionamiento. Nada me limita en ningún nivel o dimensión de experiencia, salvo aquello que yo haya elegido.

La vía del corazón, entonces, abraza todas las cosas, confía en todo y, finalmente, trasciende todas las cosas. Pero, ¿por qué? Porque comienza asumiendo una total y completa responsabilidad por aquello que está siendo canalizado a través de ella. Y así, como ves, no son solo esos pensamientos, percepciones, mi querido hermano… lo que sirve como canal. Es, en Verdad, todo lo que haces, desde el momento en que te levantas… hasta aquel en que te vuelves a levantar. Pues incluso durante tu tiempo de sueño todavía estás eligiendo lo que va a fluir a través de tu consciencia.

La meta que perseguimos no ha cambiado nunca. Es, en Verdad, un viaje sin distancia. Es meramente el regreso al lugar donde te encuentras desde siempre, para que de nuevo puedas crear deliberadamente, claramente, y con el perfecto reconocimiento de que, si estás experimentando algo, es porque tú eres la fuente de ello –y por ninguna otra razón.

La vía del corazón no es entonces una manera de ganar poder. La vía del corazón no es una manera mediante la cual consigues hacer que el mundo sea lo que tú quieres que sea. Antes bien, La vía del corazón es aquel camino en el que aprendes a trascender y disolver de tu consciencia cada percepción, cada pensamiento, que no esté alineado con lo que es verdad. El pensamiento de muerte no está alineado. El pensamiento de miedo no está alineado. El pensamiento de culpa no está alineado. El pensamiento de Vida eterna sí está alineado. El pensamiento de una perfecta ausencia de miedo está alineado. El pensamiento de paz está alineado. La constatación de la inocencia está alineada. El pensamiento de alegría y de perdón… esas cosas sí están alineadas, y reflejan la Verdad que es verdad siempre.

Pues, como ves, aunque eres libre por completo para crear lo que elijas crear, el alma empieza a aprender que aquello que le brinda la alegría más elevada, aquello que le brinda la mayor paz, lo que le brinda la mayor bendición imaginable, es lo que fluye de la Mente de Dios a través de la mente del canal, el alma, y se expresa a sí mismo en el campo de la experiencia. Es por esta razón que la Voluntad de tu Padre es que seas feliz. Y tu felicidad se encuentra en elegir restaurar tu perfecto alineamiento solo con la Voz que habla por Dios.

La vía del corazón es entonces un camino que comienza con el compromiso a sanar y a despertar, y se basa en la premisa, el axioma, que te hemos dado: que eres perfectamente libre en todo momento; que todo lo que has experimentado ha sido por tu elección; y que en ningún momento ha ocurrido por otro motivo.

Parece simple, ¿no es cierto?

Bien, desde luego, de acuerdo. Estoy creando mi propia experiencia.

Y no obstante, ¿qué alma no ha sentido resistencia ante esta idea? Si cocinas un bizcocho y sale muy bien, dirías, “yo lo hice”. Pero si lo cocinas y te sale realmente mal,

Tiene que haber sido la harina. Habrá sido la temperatura del horno. Seguramente hubo algo que provocó que esta creación no fuera lo que yo realmente habría deseado que fuera.

Requiere gran coraje, gran fe, contemplar todas tus creaciones –pensamientos, sentimientos, manifestaciones– con Amor y con la inocencia de un niño; poder plantar un jardín o huerto, ver cómo todas las cosas se resecan y mueren y, no obstante, sonreír y decir,

Yo planté esto. Yo, y solamente yo, lo he hecho. Y bien, veo que voy a tener un poco de hambre aquí, según veo que está todo… así que voy a tener que ir de todas maneras a la tienda.

¿Por qué es esto tan importante? Porque el alma, hace mucho tiempo, comenzó a crear la percepción de que ella era algo distinto de lo que había sido creada para ser. Y emergió la voz que habla por el ego en el jardín de la consciencia. Y, como almas, como esa mente profunda que todos vosotros habéis conocido y que de hecho sois… la mente profunda, como tal, comenzó a identificarse con una voz que era distinta de la Voz que habla por Dios. Y esa voz te ha conducido a creer que tus creaciones determinan tu valía. ¿Conoces ese sentimiento?

Y por tanto, si lo que creas no se ajusta a lo requerido, eso significa que tú, en el núcleo de tu ser, tendrías cierto tipo de fallo, de fracaso. Pero te aseguro que en realidad el fallo no es ni siquiera remotamente posible. ¿Y por qué? Si plantas un jardín y la semilla no se convierte en una bella flor, y se seca y se muere, esa experiencia es una creación; tú la has hecho. Y debido a que todos los acontecimientos en el espacio y el tiempo, todo lo que experimentas… debido a que todas esas cosas son perfectamente neutrales… entonces, jamás existe en realidad ningún fracaso.

El único fracaso tiene lugar solamente en tu propia consciencia, cuando crees que no es aceptable recibir, adueñarte y abrazar tu creación –con amor e inocencia. Contemplarla, experimentarla, reconocer que estás perfectamente a salvo al hacerlo… para desde ahí poder decidir si continúas con esa forma de creación, o si piensas de modo diferente para enfocar las cosas de una manera diferente. Es aquí donde está el truco: es que aquella parte de la mente ha comenzado a enseñarte, hace mucho, mucho tiempo, qué cosas admitir como creaciones aceptables, y qué otras cosas no; de qué tomar responsabilidad y de qué negar la responsabilidad. Y ese conflicto crea la ilusión de separación. Y cuando esto se lleva al extremo, entonces, una de esas cosas que llamas “psiquiátricos” se llena de quienes están en profunda depresión, paranoia… con ese cierto sentimiento, en su ser, en la mente humana, de estar alienados y solos.

El desamparo, la desesperanza, la desesperación, la ira, el odio… todo eso es síntoma de un engaño fundamental que ha tenido lugar en lo más profundo de la mente. Y ha tenido lugar porque se ha dado una larga historia donde se ha cultivado la habilidad de escuchar la voz equivocada. La voz equivocada es la del ego. Te ha enseñado a juzgar, a elegir, a seleccionar aquello de lo que te harás responsable. Cuanto más te instalas en esa consciencia, más difícil te parece tener siquiera un atisbo de esperanza de poder trascender la sensación de separación, de conflicto y de falta de paz.

Pues, ¿cuántos de vosotros, al recostar la cabeza sobre la almohada por la noche, no habéis tenido el sentimiento de no ser capaces de dormir porque todo no está yendo como se esperaba? La razón por la que no puedes dormir es porque estás juzgando tu creación. Pero es posible cultivar precisamente lo opuesto, de tal modo que aprendes a contemplar con perfecta inocencia todas las cosas que surgen en ese campo que es tu experiencia… aprendes a contemplar con inocencia, y con eso que es llamado “asombro”, cada sentimiento, y lo haces con una actitud de curiosidad, como mirarías una nube que atraviesa el cielo. Aprendes a mirarla y a maravillarte con ella, con su forma, su color, “y bien, ¿de dónde vino? Mmm”. Y aprendes a abrazarla, sabiendo que no afecta la pureza del cielo a través del cual vuela flotando transitoriamente.

Y cada una de tus creaciones es exactamente como esa nube. Surge en el campo del tiempo y del espacio, la experimentas, y entonces se disuelve. Cada daño, cada herida que hayas conocido jamás es como una nube que comenzó a pasar por el campo de tu consciencia, pues tú estabas percibiendo las cosas de una cierta manera. Y si esa herida está todavía alojada en ti, es porque tú te estás aferrando a ella. Tú sigues la voz del ego, que te hace creer que ese sentimiento o esa percepción te define. Y al haber hecho eso, y como ahora tú eres eso, entonces, si lo dejas marchar, ¿qué puede pasar? ¡Tú podrías desaparecer! ¡Podrías morir!

Y la mente humana, entonces, es aquel campo en la Creación, en la Consciencia, que ha aprendido a convertirse en algo que está tan identificado con las percepciones, experiencias y sentimientos que no son necesariamente confortables… que cree que, si los deja ir, morirá. Y así, desde nuestra perspectiva, al mirar hacia vuestros campos de energía, hacia aquellos de vosotros que todavía os identificáis con esta dimensión, parece como si estuvierais adheridos aquí, provocando una condensación de energía. Y vuestros nudillos están blancos intentando aferrarse a la limitación y la culpa, a la falta de merecimiento y a la duda.

En realidad querríais encontrar inocencia y paz. Querríais abundancia y prosperidad, y alegría. Pero a menudo, cuando rozáis esas cosas, os aterran. ¿Y por qué? Porque la Verdad del Reino requiere apertura, confianza, expansión, espaciosidad. Conlleva permitir, confiar, atestiguar, dejar las cosas ir y venir, aprender a cultivar un profundo regocijo ante lo que sea que surja, viendo que todas las cosas son solo modificaciones de la Propia Consciencia, y entonces, dejarlas ir cuando llegue el tiempo de hacerlo. Y ten por seguro que no existe nadie, ni una sola alma, que haya jamás descubierto algo que haya nacido en el tiempo, y que no haya también acabado en el tiempo.

Y, ¿cuánto de tu sufrimiento proviene de que te estás aferrando a un pasado sin vida, e insistiendo en que lo llevas contigo todavía? Y estás haciendo eso porque, en ese pasado, te identificaste con las nubes que estaban pasando –reclamándolas como tu propia identidad. Y por tanto, si las sueltas, significará que tendrás que cambiar, que tendrás que seguir.

Y la creación en sí, que fluye desde la Mente de Dios, se da en continuidad –¡para siempre! Nunca dejarás de ser. Seguirás para siempre, para siempre, para siempre, para siempre… Seguirás siendo para siempre exactamente tal y como eres ahora, o bien permitirás que la Mente de Dios fluya a través de ti, llevándote hacia una mayor expansión, profundizando tu reconocimiento del infinito encanto del poder de la Mente de Dios.

Este año, entonces, lo que hacemos es ciertamente embarcarnos en La vía del corazón. Y aunque se te han dado ya muchas claves, vamos a refinarlas durante este año para crear lo que podrías considerar como un sistema o vía a través de la cual puedas marchar y cultivar deliberadamente cierta cualidad de discernimiento en la consciencia… la cualidad que resulte necesaria para poder estabilizar dicho discernimiento, de modo tal que puedas llevarlo hacia todos y cada uno de los momentos de tu experiencia.

Imagina, entonces, ser capaz de experimentar lo que sea que surja, pero sin perder el sentido de espaciosidad y de inocencia, de comodidad, que ahora experimentas en momentos fugaces. Por ejemplo, ¿conoces la experiencia de que las cosas vayan bien fuera, alrededor de ti, e ir cantando una canción feliz cuando la vida parece ir bien? Imagina tener esa misma cualidad de confianza, fe, y certeza de propósito, aunque los edificios estén derrumbándose a tu alrededor y la cuenta bancaria se haya secado; imagina ser capaz de contemplar esos acontecimientos con el mismo sentido de inocencia y de asombro con el cual mirarías a los ojos de tu amado o amada.

Porque, como ves, tal cualidad de discernimiento es perfecta maestría. Ahí se descubre la perfecta paz y la perfecta libertad, la perfecta alegría, y una comunión ininterrumpida con toda la Creación. Y si tienes a bien recibir esa cualidad de sentirse íntimamente en unidad con toda la Creación, vas a ver que se trata de lo que has estado buscando como alma desde que comenzó eso que hemos llamado “ego” –ese hecho de identificarse con una creación. Puesto que tal creación, de nuevo, es lo que creó conflicto y separación. Y todo lo que jamás has tratado de hacer desde ese momento ha consistido en un intento de vencer a la separación, un intento de recuperar aquello que sentías que habías perdido. Y lo único que pasa es que las maneras en que lo has intentado hacer no funcionan.

El ojo de una aguja es lo que separa, en tu consciencia, el mundo de conflicto, miedo y culpa e indignidad, del mundo de la Verdad del Reino; ambos descansan pegados, en tu propia mente. Y el ojo de la aguja que uno debe atravesar es volver a cultivar la inocencia de un niño. Y es por este motivo que a menudo enseñé que,

Para entrar al Reino, vuélvete de nuevo un niño pequeño.

Y el cultivo de La vía del corazón es ese camino por el cual deliberadamente, conscientemente, eliges convertirte de nuevo en algo tan inocente como un niño, como si estuvieras en el comienzo, antes de haber creado nada, y entonces encarnaras en esta dimensión de experiencia que parece estar tan inundada por una sensación de conflicto y de separación.

Por tanto, todo esto comienza ahí. Y ahora te pido que comiences a ponerlo en práctica. Así, dondequiera que estés –ya sea viendo esto con tus ojos o escuchando las palabras– detente un momento, y verdaderamente hazte consciente de dónde estás. Y, ¿dónde estás? ¿No estás teniendo la experiencia de estar aparentemente en un cuerpo? ¿No pareces estar en una habitación en algún lado? ¿No estás en un ambiente en el cual existen ciertos patrones climáticos a tu alrededor? Quizás haya algunos sonidos llegando hasta tus oídos. ¿Puedes ser verdaderamente consciente de dónde estás ahora? ¿Puedes sentir el peso del cuerpo en tanto que estás de pie sobre tus pies, o bien sentado o recostado en algún lado? ¿Notas la tensión en el cuello? ¿Notas el trajín de los pensamientos en la mente, si eso está pasando? ¿Puedes empezar a llevar consciencia exactamente a lo que es –desde un lugar de inocencia y sin juicio?

Tienes un dicho en tu mundo, “es lo que es”. Y ese es el comienzo de la sabiduría. Descubrirás, por supuesto, que lo que es, es lo que has elegido hacer que sea. Estate, por tanto, donde estés ahora, y decide deliberadamente –deliberadamente– aceptar completamente que, lo que estás experimentando en este mismo momento, no tiene otra causa que no sea tu elección de experimentarlo. Ten por seguro que, cualesquiera que sean las cosas que la mente trate de decirte en otro sentido, si no hubieras querido plenamente estar justo donde ahora estás, no estarías ahí. Y si estás en un cuerpo en el campo del espacio y el tiempo, ten por seguro que lo deseaste, lo elegiste, y aquí está.

Comienza con esto, pues. No hay necesidad de juzgarlo, ni de pedir que sea diferente. Solo sé verdaderamente consciente de lo que es. Si estás sintiendo el cuerpo sentado en una silla, ¿puedes permitir que llegue a tu mente este pensamiento?,

Literalmente he creado esta experiencia. Algo en mí es tan grande, tan poderoso, tan vasto, está tan más allá de todo lo que los científicos puedan jamás averiguar, que, literalmente, ¡he cristalizado, en el campo de la experiencia, esta consciencia de ser un cuerpo en el espacio y el tiempo! Esto ha surgido desde el Campo de mi Consciencia, que es el regalo que Dios me hizo, y Quien solo me pide que aprenda a crear tal y como Dios crea.

He dicho muchas veces que el Padre te contempla y dice,

Esta es Mi creación única, y es muy buena.

Pues el Padre se maravilla ante lo que tú eres, sabiendo perfectamente bien que lo que eres emergió de Su Santa Mente.

De igual manera, contempla tus creaciones y maravíllate. ¿Cómo es que puedes morar en este marco temporal en este planeta? ¿Cómo pudo ser que te colocaras a ti mismo sobre las ruedas de un automóvil y realmente fueras del punto A al B? Es un misterio y una maravilla, ¡y nadie sabe cómo sucedió! Y no obstante, se hizo. La razón de que se hiciera es que todo el poder se te ha dado a ti, y así, lo que tú decretes, es. Porque un hombre o una mujer pueden decretar una cosa, y ello será. Has decretado este momento. ¡Aduéñate de él! Porque así, adueñándote de él, justo ahora, puedes comenzar a sentir el increíble y deslumbrante poder que fluye a través de ti en cada momento. ¡Se trata del poder de crear!

Entonces, comienza ahí, eligiendo cada día, ahora, cultivar la práctica de esta manera de la que hablamos. Pon la intención en la práctica –en cada hora de tu día, por tres o cinco minutos– de llevar esta cualidad de discernimiento a exactamente aquello que estás experimentando, cuando te venga el pensamiento de practicar. Y piénsalo, ¿de dónde ha surgido ese pensamiento? Imagina que está transcurriendo tu día, uno bien ajetreado, has ido a tu oficina o trabajo; o has hablado con amigos, o comprado cosas. Has hecho quizá todas esas cosas, y de repente aparece el pensamiento,

¡Vaya! Enfocarme en ser consciente de que literalmente soy el creador de lo que experimento.

¿Crees que eso ocurre por accidente? ¡No! El pensamiento está penetrando en eso que llamas tu discernimiento consciente, y desde lo más profundo de tu mente, que descansa justo al lado de la Mente de Dios.

Por tanto, el poder de generar ese mismo pensamiento es el efecto de la Voluntad de Dios entrando en tu campo de ser, y penetrando los velos de la distracción, y brillando a través, en tanto que ese pensamiento [chasquido de dedos sonoro],

¡Vaya! Eso era, cinco minutos cada hora.

¿Puedes sentir lo formidable que es esto? Porque estás enlazado a la Mente de Dios, y Dios sabe cómo llevarte de regreso a la libertad completa y a la paz perfecta, y al dominio de este ámbito por entero.

Por tanto, aquellos que realmente aman a Dios, aquellos que realmente quieren despertar, sentirán cierta obligación de dominar esta simple práctica de cinco minutos cada hora. Aprenderán a deleitarse y la esperarán ansiosos. Y muy pronto, esos cinco minutos se extenderán a seis, y luego a diez, y quince, y cincuenta, hasta que finalmente se haya establecido en su consciencia –como un fondo, por así decirlo– el reconocimiento de que todo lo que surge lo han decretado ellos, y que por tanto, es como es. Cinco minutos cada hora no es mucho pedir. Porque son cinco minutos cada hora siendo tú, por tanto, tal y como fuiste creado para ser –un creador, decretando aquello que te brindará tu experiencia. Y nunca más te permitas decirte a ti mismo,

Vaya, estoy aquí solo porque debo estar aquí. Hago esto solamente porque, vaya, ya sabes… es lo que tengo que hacer.

Toma las palabras “debo”, “tengo que” y “hay que”, escríbelas en un papel, contémplalas, y entonces enciende una cerilla o algo parecido, prende la esquina del papel, y permite que se queme y se convierta en polvo. Porque esto es un símbolo de que permites que la energía que le has dado a esas palabras se convierta de nuevo en ceniza o polvo del suelo. Limpia tu consciencia de toda identificación con esas palabras. Porque todas ellas son negaciones de la realidad.

Muchas veces os he comentado que no necesitáis hacer nada. Escucha esas palabras, y tómalas en ti mismo como si se trataran de tu propia voz, pues lo son.

No necesito hacer nada.

No tienes que sobrevivir. ¿Quién te ha dicho que tenías que hacer eso? No tienes que hacer a todo el mundo feliz. ¿Quién te ha podido decir que tenías que hacerlo? ¿Quién te ha dicho que podrías hacer a alguien feliz? No tienes por qué morar como un cuerpo en el espacio y el tiempo. ¿Quién te ha dicho que tuvieras? No tienes por qué pagar tus cuentas.

¡Qué irresponsable!

¿Quién te ha dicho eso? Literalmente no necesitas hacer nada.

Eso es muy diferente a querer o a elegir hacer algo. No necesitas amar a tu familia, no necesitas honrar a tu padre y a tu madre. No necesitas adorarme o amarme. No necesitas amarte a ti mismo. Literalmente, no necesitas hacer nada, pues “necesitar” es una expresión de la percepción de que hay algo que te falta. Y, como tú eres Uno con Dios, no existe ni un solo momento en que te falte nada en absoluto.

No necesito hacer nada

Podrías permitir que emergiera este pensamiento en la mente cuando te levantas por la mañana,

No tengo por qué salir de la cama. No tengo por qué ir a la oficina. No necesito cumplir esa orden. No necesito decirle “buenos días” a mi compañero. Literalmente no necesito hacer nada.

Porque, ¿cómo puede existir el poder de la libertad de elegir y de crear cuando estás siendo gobernado por la creencia mundana de que debes ser de una cierta manera? De que necesitas ser aceptable para los demás. De que necesitas conformarte y adaptarte. De que necesitas vestirte de la manera en que otros lo hacen. De que necesitas estar comprometido a sobrevivir un día más en este plano. Donde hay necesidad, no puede haber libertad.

Entonces, estos son los dos primeros axiomas de La vía del corazón –para ser expandidos, recordados, cultivados diariamente:

Fui creado tal y como mi Padre me creó para ser. Soy libre. Y nada puede ser la fuente de mi experiencia si no es yo mismo, a cada instante. Nada tiene efecto sobre mí, sea el que sea, salvo aquello que yo elija permitir que me afecte.

No necesito hacer nada.

De nuevo te pediría que al menos dos veces en cada uno de tus días –y al comienzo te sugeriría que fuera en la mañana y en la noche, según te levantas y según te retiras– cultives durante cinco minutos ese pensamiento hasta que lo sientas penetrar hasta en los huesos.

No necesito hacer nada.

Llegará como si fuera un shock para tu consciencia, y la mente dirá,

Pero ahí están todas esas cosas que tengo que hacer… ¡Ah! ¿y qué pasará con esto y con lo otro? ¡Oh, dios mío! Vaya, ¿y dejará el mundo de dar vueltas si yo dejo de necesitar?

Eso depende del mundo, no de ti.

No necesito hacer nada.

El poder de estos dos primeros axiomas será tal, que todo lo que sigue se ampliará, y no obstante todo lo que sigue es meramente una manera de regar esos dos axiomas y convertirlos en un ancla para tu consciencia. Porque cuando el ancla esté firmemente en su lugar, literalmente crearás cualquier cosa que desees, desde una perfecta libertad, una perfecta intencionalidad. Incluso trascenderás la mentalidad milagrosa. Puesto que los milagros… mmm… ves…: a medida en que comienzas a abrirte a la mentalidad milagrosa, te maravillas…

¡Guau! Eso fue un milagro –¡qué grande!

La mentalidad milagrosa es todavía una fase de la percepción, a algunos pasos cerca de la maestría. Porque la maestría llega cuando sabes que estás literalmente e intencionadamente creando. Y no hay nada milagroso en ello. ¡Decretarás una cosa y ello será!

Eso es crear como Dios crea. Pues, aunque Él se maravilla ante ti, Él sabe perfectamente bien que tu creación no fue un milagro. Fue realmente deliberada, nacida del Puro Resplandor del Amor. Dios no se sienta en Su trono y dice,

Me pregunto si me merezco crear a Mis Hijos. Me pregunto si soy digno de expresarme a Mí Mismo a través de la Divina Chispa de Consciencia que ellos son.

Algo como eso nunca puede entrar en la Santa Mente de Dios,

Me pregunto si sería adecuado crear un sistema solar.

Dios recibe un pensamiento, o un pensamiento emana de Su Santa Mente, Él lo decreta, ¡y así se hace! Y Él contempla todas las cosas y dice,

¡Es muy bueno!

El tercer y último ejercicio que te querría proponer en esta hora es este. Elige algo que hagas cada día, que estés convencido de que es lo bastante ordinario como para que ciertamente no tenga ningún tipo de poder o significado espiritual. Podría ser algo tan simple como beber un vaso de agua, lavarte los dientes o bostezar. Elige algo que sepas que haces cada día, y decide que eso sea el centro de tu adoración, de modo que al hacerlo, te detengas y digas,

Esto es muy bueno.

Incluso si es algo tan simple como levantar la cabeza de la almohada. Sé consciente de ello, aprópiate de ello como algo autocreado, y, entonces, di, en ti mismo, a medida que contemplas la acción,

Es muy bueno. He hecho esto, y es bueno. Lo he creado.

Y de nuevo, aquellos que realmente estén comprometidos encontrarán que comienzan a disfrutar de este proceso, y comienzan a aplicarlo más y más a otros acontecimientos en sus vidas. Comienzan a redespertar el gozo infantil de construir un castillo en la arena. Pues en Verdad eso es todo lo que estás haciendo aquí. La consciencia es tu cajón de arena, y estás levantando castillos. Y simplemente te has olvidado de disfrutarlos. Y cuando quieres liberarte de ellos, entonces te lamentas,

Oh, pero si abandono esto, cambio de opinión y sigo, ¿qué le sucederá a mis creaciones? ¿Qué pensarán otros de mí si actúo como un niño y simplemente agarro mi palita de plástico, y voy, arraso el castillo, y me tomo un bocadillo?

¿Qué pensará la gente de mí? ¿Agradaré? ¿Seré aceptado? ¿Seré juzgado? ¿Seré perseguido?

¿A quién le importa? Pues las opiniones de los demás no significan nada, a menos, desde luego, que tú quieras que signifiquen algo.

Y ahora, llegamos a la conclusión de esta hora. ¿Qué te bloquea en tu mente? Porque, incluso cuando escuchas esto, muchos de vosotros reconocéis una resistencia. Esa resistencia es la energía del miedo:

¿Qué sucederá si sigo por este camino?

Esa parte de tu mente, llamada “el ego”, se alzará para decirte que si escuchas a “ese loco” (aquel que algunos han llamado el Salvador del mundo), te llevará por un camino de destrucción. Y eso es porque la voz del ego sabe que será destruida si este camino es seguido. no puedes ser destruido –no en la realidad de lo que tú eres.

Esa resistencia es, entonces, miedo. Y el miedo es una de las energías que están fuera de alineamiento con la Verdad del Reino. Por tanto, realmente, no temas, sino continúa con fe. Porque te digo que aquello que descubrirás al final de este camino es la perfecta libertad, el perfecto poder, la perfecta espaciosidad, la perfecta alegría, la perfecta paz, de vivir –literalmente– en el Reino del Cielo.

Entonces, la elección es tuya. Y, para aquellos de vosotros que sintáis que esa resistencia llega con mucha fuerza, para quienes aún me llaman en sus sueños y sus oraciones, diciendo, “ayúdame con esto”, os digo que no camináis solos. Porque no puedo estar más lejos de ti que la anchura de un pensamiento. Y sí, tú eres el creador de ese pensamiento.

Quiero compartir contigo que yo, yo también, me embarqué en una vía así. Y cada una de esas cosas que podríamos llamar “axiomas”, y que compartiré contigo y refinaré para ti –muchos de estos ejercicios que iremos dándote durante este año en curso–, son concretamente verdades y ejercicios que me fueron dados en el tiempo en que fui iniciado por ciertos maestros esenios en La vía del corazón.

Y cuando mis maestros decían, “es el momento de que vayas a pasar cuarenta días y cuarenta noches en el desierto”, ¿crees que no sentí también esa resistencia? ¿Crees que yo, también, no tuve que notar que estaba creando un pensamiento de miedo, y separándome a mí mismo de la gran protección y Amor de Dios? ¿Crees que no tuve que llevar mi cuerpo a lugares salvajes para poder atravesar mis propios anillos de miedo, y descubrir qué es lo que había al otro lado?

El camino que yo he seguido es, entonces, el que tú estás caminando. Y si nuestro camino es el mismo, entonces, caminamos juntos –hacia Dios–, y más allá de la ilusión y del dolor, más allá de la debilidad, la indignidad, la culpa y la muerte.

Entonces, comprométete con tus ejercicios con un gran celo y una gran alegría, y, sobre todo, ¡con un gran y extravagante sentido del juego! Aprende a contemplar con inocencia todo lo que surja. Y si haces estos pequeños ejercicios, es mucho lo que ciertamente surgirá. Practica, entonces, bien. Y practica con alegría. Reconócete amado, encantador, amable, y reconoce que lo único que en Verdad está ocurriendo es que un viejo sueño está siendo soltado para que un nuevo sueño pueda reemplazarlo –el sueño de merecimiento, de paz, de despertar, y de unión con toda la Creación.

Y durante este año que viene, de nuevo te digo que habrá otros que van a tener cierta guía específica que darte por medio de este, mi querido hermano. Pues una vez más te digo que no vengo yo solo a hacer este trabajo específico, sino que vengo con muchos otros que apoyan tu sanación y tu despertar.

Por tanto, ciertamente, id en paz hoy, amados amigos.
Permaneced… amorosamente… con vuestras creaciones.

Amén.

 

 

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