3. La vía del corazón. Lección 3. Jeshua-Jayem (La vía de la maestría)   1 comment

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imagen corazón en círculo[- Para más información, ver índice.
– En diciembre 2015 empecé una revisión de la traducción de este primer libro de La Vía (que he tardado o tardaré pocas semanas en terminar… y que en 2016 tendrá las últimas mejoras mínimas que puedo hacer).
– Aunque la traducción había quedado bastante bien en el 2014, aún había algunas cosas más o menos claramente mejorables en cuanto a la transmisión del significado del texto en inglés (dentro de que el objetivo es fundamentalmente transmitir el sentido lo mejor posible).
– Para ver el PDF entero actualizado ver el índice enlazado arriba y la carpeta con todos los textos en Google-Drive que también enlazo en el índice.]
 

Lección 3

Ahora, comenzamos.

Y realmente, una vez más, saludos, queridos y santos amigos. Al hablar en el lenguaje de vuestro mundo, no puedo encontrar palabras que puedan transmitir el Amor que siento por vosotros. No puedo encontrar palabras que puedan transmitir el Amor que siento que Dios tiene por todos nosotros. Si busco entre los lenguajes de vuestro mundo, no puedo encontrar un solo concepto, una sola palabra, una sola idea, filosofía o dogma que pueda contener, en Verdad, el Misterio que está más cerca de vosotros que vuestro propio aliento, y que aguarda a vuestro descubrimiento.

Si busco por toda la creación, si busco por las muchas mansiones que existen en los dominios de la Creación de mi Padre –que es infinita–, por mucho que lo intente no puedo descubrir nada que realmente pueda describirte a ti. No puedo encontrar nada que sea más valioso que tú. En Verdad, no puedo descubrir nada que hable más elocuentemente sobre el Amor que Dios es, que tu propia existencia. Por tanto, en Verdad, te contemplo constantemente, y me maravillo ante el Esplendor del Amor de mi Padre.

Es entonces a través de ti como alcanzo a descubrir todo lo que Dios es. Y como hombre, cuando caminé por vuestro plano, comencé a constatar que el mayor regalo que jamás pudiera recibir, solo me podría llegar cuando eligiera entregar cualquier percepción que yo pudiera inventarme sobre ti, mi hermano o hermana, y que pudiera velar la Verdad que es cierta siempre acerca de ti.

Cuando tenía nueve años de edad, comencé a despertar justo a esto que te estoy describiendo ahora. Y cuando mi padre quiso que me sentara con los ancianos, y cuando me leía la Torah, comencé a ser compelido por algo interior. Algo me empezó a decir que, bajo todas aquellas percepciones que yo pudiera crear acerca de otro, había algo Esplendoroso y Brillante esperando a ser descubierto. Comencé a sentirme muy diferente de mis compañeros. Comencé a preocuparme por las cosas interiores. Y cuando escuchaba hablar a los ancianos a menudo sentía como si hubiera sido arrastrado muy lejos de donde me encontraba. Y me llegaban imágenes, me llegaban pensamientos y sentimientos que no comprendía ni había asimilado en mi ser.

Pero algo comenzó a impulsarme. ¿Cómo podría descubrir el modo de ver solamente ese Brillante Esplendor? ¿Me sería posible ver a mis hermanos y hermanas tal y como mi Padre contempla a Sus Niños? Y, en Verdad, descubrí que la manera de ver con los Ojos de Cristo comienza con la aceptación de que yo, como creador, creado a imagen de Dios, realmente, literalmente, elijo cada experiencia y la atraigo hacia mí; que yo creo los velos mediante los cuales veo la Creación.

Y comencé a cambiar de marcha suavemente. Comencé incluso a ser visto como alguien que se estaba rebelando contra las enseñanzas de mis ancianos maestros esenios. Porque comencé a apartarme de la lucha por llegar a Dios, de la lucha por la perfección, y a cultivar en mí mismo el proceso de permitir. Descubrí que si contemplaba mis percepciones, mis sentimientos, mi comportamiento, tal y como exactamente eran, sin ensombrecerlos con mis propias interpretaciones –que si podía enseñarme a mí mismo a acoger las cosas con inocencia–, entonces los velos comenzarían a ser disueltos en mi mente. Pues cuando tenía nueve años de edad, ya había aprendido a tener miedo a pensar, a hablar, a actuar de alguna manera que no estuviera en conformidad con la sabiduría prevaleciente en ese tiempo, incluso dentro de la comunidad esenia, que ya había devenido bastante rígida. Ya había mucho dogma. Y el dogma siempre conduce a la riña.

Comencé a descubrir que si contemplaba con inocencia todas las cosas, entonces, a través de ellas, comenzaba a brillar una Luz. Y que a medida que más permanecía en esta inocencia, más la Luz brillaba.

Y al crecer, comencé a descubrir que los viejos maestros que hablaban de la necesidad de “perdonar setenta veces siete” sabían algo muy profundo, y algo que se había incluso perdido en la tradición –en las tradiciones judía y esenia de mis días. Pues como ves, perdonar significa “elegir liberar al otro de las percepciones que has estado proyectando sobre él”. Se trata por tanto del acto de perdonarse uno mismo sus propias proyecciones. Y a medida que comenzamos a perdonar, incluso hasta setenta veces siete, cada vez que perdonáis, os lleváis a vosotros mismos más y más profundo hacia la pureza de vuestra propia consciencia. Comenzáis a ver cuán profundamente habéis estado coloreando, y por tanto afectando, a todas vuestras relaciones mediante el simple acto de no ser conscientes del poder de la proyección.

Por tanto, aprendí –y lo aprendí bien– que el perdón es una clave esencial en la sanación. Lo opuesto al perdón es el juicio, y el juicio siempre crea separación y culpa. El juicio evocará una sensación de culpa en aquel que haya sido juzgado, a no ser que, por supuesto, él o ella esté perfectamente despierto, despierta. Pero, más que esto, cada vez que tú juzgas algo o a alguien, literalmente habrás suscitado culpa dentro de ti mismo, ya que existe un lugar, dentro de ti, aún presente, que reconoce la perfecta pureza de tu hermano y hermana, y que ve muy claramente que todas las cosas en el ámbito humano son o bien extensión de Amor, o un clamor por ayuda y sanación.

Por tanto, querida amiga, querido amigo, cuando juzgas, te has ido fuera del alineamiento con respecto a la verdad. Has decretado que los inocentes no lo son. Y si juzgas a otro y lo ves como alguien que no es inocente, en ese mismo momento habrás declarado, para ti mismo, que eso es también cierto sobre ti. Por tanto, la práctica del perdón realmente cultiva la cualidad de consciencia en la cual finalmente llegas a perdonarte a ti mismo. Y son los perdonados, ciertamente, quienes pueden recordar a su Dios.

Y así, por tanto, en esta hora, queridos amigos, desearíamos compartir con vosotros el poder del perdón: sobre cómo cultivarlo, refinarlo, sobre cómo entender esas profundidades del perdón que os pueden ser reveladas a medida que perdonáis setenta veces siete, y sobre cómo poder poner sobre la mesa aquello que aún no ha sido perdonado, sino quizá olvidado. Queremos hablar también, en esta hora, de qué es la percepción y de qué es la proyección.

Queridos amigos, estas cosas son de una importancia crítica. Porque cualquiera que entre en uno de los así llamados “caminos espirituales”, debe finalmente afrontar y lidiar con su profunda necesidad de perdón, que es una expresión del profundo deseo del alma de ser perdonada. Pues no hay nadie que camine por este plano que no haya sido tocado por el veneno del juicio.

Queridos amigos, al hablar de esas cosas, no obstante, no permitáis que la seriedad penetre en vuestras mentes. Pues, en Verdad, todo lo que hacemos es en realidad describir para vosotros lo que necesitáis hacer, y podéis hacer, para poder liberar la carga de ilusión que parece dibujar un pesar en vuestro rostro, una sensación de no estar a salvo en el mundo. Podrías pensar sobre esto como algo que consistiera en agarrar algún tipo de mando de control que, al girarlo un poco, te ilumina, llevándose tu carga de culpa y juicio.

Por tanto, en Verdad, comprende bien que el perdón es esencial. Y lo que no ha sido perdonado a otros, no te ha sido perdonado a ti –y no por un Dios que esté fuera de ti, sentado en su trono, pues el Padre nunca juzga. Lo que no has perdonado en otro o en el mundo no es sino un reflejo de lo que tú llevas dentro como carga que no puedes perdonarte a ti mismo.

Tienes un dicho interesante en tu mundo,

Quien lo dice, lo es.

¿Crees que podrías ser siquiera capaz de juzgar a otro si en ti no se despertara algo dentro de ti que dispara en ti la creencia de que sabes exactamente lo que el otro tiene entre manos? Y por eso es por lo que les juzgas. Y algunas veces juzgas tan duramente porque le tienes miedo a esa misma energía que hay dentro de ti mismo, o porque recuerdas el dolor que has sentido cuando has actuado desde esa energía.

Mas, cuando te hayas perdonado a ti mismo, ten por seguro que conocerás lo que significa caminar en este mundo y, sin embargo, no ser de este mundo. Serás capaz de sentir la energía o las actividades que cualquier otra alma pudiera libremente elegir. Y discernirás esa energía, comprenderás esa energía, verás a través de ella, y no obstante verás el Rostro de Cristo ante ti. No reaccionarás, lo cual significa “actuar otra vez tal y como lo hiciste en el pasado”. En vez de eso, e incluso si estás siendo perseguido, oprimido (o, por hablar de una experiencia personal, clavado en una cruz), habrás cultivado la capacidad de amar.

Y en todas las situaciones, sin importar lo que otro ser esté haciendo, tu primera respuesta será entrar en la callada calma de tu interior, y meramente preguntarle al Espíritu Santo,

¿Qué me quieres hacer decir? ¿Que es más apropiado para esta alma en este momento?

Pues cuando el perdón haya purificado la mente y el corazón, y el campo emocional de tu propio ser, descubrirás que existes solo para extender Amor.

Tú eres el Salvador del mundo. Y en toda situación tu papel es preguntarle al Espíritu Santo cómo puedes servir a la Reconciliación, a la Expiación, a la corrección, a la sanación que aún necesita ser obtenida dentro de otra alma. Entonces, incluso si alguien te está odiando, no responderás de modo defensivo, sino con curiosidad, como testigo inocente. Y si incluso tus manos se ven atravesadas por clavos, te aseguro que realmente es posible aun así entrar en el calmado santuario del Corazón, y preguntarle al Espíritu Santo,

¿Qué me harías decir o hacer que le pudiera servir a mi hermano o a mi hermana para la sanación de su corazón?

Entonces, es hacía ahí adonde vamos. Y todo lo que compartiremos contigo, no solo en esta hora sino durante este año, tiene como meta final tu completa Consciencia Crística, la realización de lo que tu propia alma desea: perdón.

Primero de todo, no hay nada de lo que puedas ser consciente en la energía de otro ser que no hayas conocido en ti mismo. No hay nada que otro pueda decir o hacer, o incluso que sea capaz de imaginar que dice o que hace, y que no hayas conocido tú también. De nuevo, quien lo dice, lo es. Y cuando percibes que otro actúa desde la hostilidad, o desde el miedo, o desde lo que sea, la única manera en que puedes reconocerlo así es porque tú ya has estado ahí.

El mismo hecho de que en tu mundo alguien pueda asesinar el cuerpo de otro y puedas reaccionar con el reconocimiento de que se trata de un comportamiento inapropiado, es porque, como alma, ya conoces las energías involucradas en tratar de asesinar a alguien. Y, en Verdad, si sois honestos con vosotros mismos, podéis probablemente contar con al menos cincuenta veces en el último año en las cuales alojasteis pensamientos asesinos en vuestras mentes. Puede que no los realizarais, o incluso que no permanecierais con ellos por más de un segundo, pero la energía ha llegado al campo de vuestra consciencia y la habéis reconocido y aceptado. ¿Quién es pues inferior que tú? ¿Quién será entonces digno de merecer tu juicio? Nadie. ¿Quién es pues igual que tú? Todos. ¿Y quién es entonces digno de tu amor? Todos.

El perdón es el puente que te enlaza con el alma, con la esencia de tu hermano o hermana. El perdón es ese puente que, cuando es cultivado, te permite ver claramente no solo las energías que otro esté expresando, sino que te permite literalmente ser capaz de ver qué eventos parecieron cultivar en esa alma la creencia en que ella debía actuar así para poder sobrevivir, para vivir –qué percepciones le han conducido a sentirse justificado en sus comportamientos inapropiados. Y lo verás tan claro como si alguien hubiera pintado un cuadro delante de ti. Y entonces sabrás hábilmente qué decir y qué hacer para ayudar gentilmente a los demás a corregir sus percepciones equivocadas sobre sí mismos, y aprender el camino del autoperdón. Y cuando esa hora llegue, ten por seguro que caminarás por este mundo aunque no obstante sin ser de él. Te convertirás en lo que yo me convertí, en el Salvador del mundo.

¿Qué es la proyección? La proyección tiene lugar cuando ha habido primero negación dentro de ti mismo. La proyección es un acto en el cual, psíquicamente, intentas arrojar fuera de tu propiedad todo aquello que hayas juzgado como despreciable o indigno de ti, como algo que no deseas. Y así, lo proyectarás. Lo arrojarás fuera y permitirás que aterrice en quien sea que esté por ahí cerca. La proyección es el efecto de la negación del primer axioma que te hemos dado. Es la negación de la Verdad que dice que nada de lo que experimentas ha sido provocado por algo que esté fuera de ti. La proyección es entonces el intento de insistir en que la realidad es distinta de la manera en que Dios la hizo; de insistir en que no eres poderoso, en que eres una víctima de las circunstancias, en que estás en un mundo que puede realmente hacerte cosas, y que puede hacer que tomes decisiones que no habrías tomado de otra manera. Eso es siempre negación, y es una mentira.

La proyección es la negación del primer axioma de la Verdad. Y es algo que has dominado muy bien. Cuando proyectas sobre otro, entonces crees que tu ira, tu odio, están justificados. Ten por seguro que existen muchos en tu sistema legal… y, bueno, que de hecho todo el sistema legal en sí mismo conlleva meramente tomar el acto de la proyección y la necesidad de juzgar, y hacer de ello algo aceptable socialmente, de modo tal que ya no necesites preocuparte por esa “otra persona” como alguien que en realidad es tu hermano o hermana, como quien ha estado en realidad clamando por ayuda. Y en vez de eso, justificas su castigo. No obstante, el castigo es en sí solo el insano intento de convencer al que castiga de que la oscuridad, de que el mal –o como quieras llamarlo– no está en él, sino ahí fuera.

Imagina entonces una sociedad en la cual la visión legal prevaleciente fuera simplemente que tu hermano o hermana es un aspecto de ti mismo. Y que, si quieres ayudarte a ti mismo, debes ayudarles a ellos –afrontando cada petición de ayuda y de sanación con perdón, amor y apoyo. ¿Puedes imaginar, por un momento, cómo sería vivir en una sociedad así? ¿Cómo de diferente sería el mundo que ves?

Y no obstante, si quieres que esas cosas sean diferentes, debes comenzar por ti. Porque la manera de sanar el mundo no es buscando cambiar lo que hay fuera, sino primero cambiando lo que está dentro. Pues cuando este cambio haya sucedido te convertirás en un canal para una energía que sabe cómo usar tus dones, que sabe colocarte justo en las situaciones adecuadas. Y a través de ti trabajará efectivamente un gran Poder –el Poder que es Quien real y solamente conoce cómo sanar tu mundo. Hay muchos que de hecho querrían marchar hacia la paz a través de airados ataques contra quienes hacen la guerra. Pero si quieres crear paz en el mundo, debes estar en paz contigo mismo.

Entonces, la proyección es el acto de intentar librarte de aquello que no quieres tener en ti como algo propio. Es el efecto de la negación de la Verdad. La proyección colorea a tu hermano o hermana con las mismas energías que tú juzgarías en ti mismo. ¿Cómo entonces comenzar a romper el patrón de la proyección? ¿Cómo entonces permitir que se construya el puente del perdón? Es realmente muy simple, pero se requerirá de tu compromiso.

Te he dicho muchas veces que el mundo que ves no es nada más que el efecto de los pensamientos que has albergado en la mente. Por tanto, el despertar requiere actuar con vigilancia y disciplina –la disciplina de cultivar una manera de vivir en la que observas tus propios pensamientos, escuchas las palabras que salen de tu boca, observas los sentimientos que son evocados en tu cuerpo, la cualidad reactiva que parece adueñarse de ti, y contemplas todo eso como algo inocente y provocado por ti mismo.

Y entonces, cuando el mundo te refleje algo a ti que te provoque ira o te haga mantenerte juzgando, detente justo donde estés y mira hacia tu juicio, pero no con más juicio, sino con inocencia y honestidad:

Oh, veo que estoy juzgando a alguien. Es una nube interesante que pasa a través del cielo de mi consciencia. Me pregunto si sería capaz de hacer otra elección.

Ahora, la mente te dirá,

Pero esta persona acaba de entrar en mi casa y robó mi equipo de música. ¡Por supuesto que tengo motivos para juzgarle! Tengo derecho a sentir ira.

Mas te digo que la ira nunca está justificada. Esto no quiere decir que no vayas a experimentarla, pero deja de engañarte a ti mismo creyendo que tiene algún valor. ¿Qué sucede con aquel que acaba de entrar a robar tu equipo de música o lo que sea que tengas (algún otro ídolo que ames… mmm), qué sucedería si entendieras que tienes el poder en ese momento de recordar que todos los eventos son neutrales? Esto simplemente te daría una oportunidad para elegir el Amor.

¿Qué sucedería si literalmente escogieras la “loca” vía –“loca” para el mundo– de contemplar a quien justo acaba de hacer eso como un hermano o una hermana que está clamando por ayuda y sanación, y que no sabe cómo vivir en este mundo sin ser del mundo, que no conoce la vía del autoperdón, que no conoce la Verdad de la Luz que vive en él o ella, que no reconoce su gran poder para crear lo que sea que quiera y de una manera que no dañe a nadie –contemplándolo con compasión más que reaccionando?

Esto comienza de maneras bien simples. Y para empezar a plantar el escenario, quiero que realmente recuerdes bien que se te ha dado el tiempo para que lo puedas emplear constructivamente. Eso significa que cuando despiertas por la mañana constatas que ya estás en la escuela; que no tienes que ir a ningún lado, que ya estás ahí. Y que el universo te está literalmente ayudando a tener experiencias que te brindarán cosas que puedas elegir contemplar de forma diferente; y así, descubres el gran poder en ti, la libertad en ti, para elegir lo que quieres percibir, para suscitar en ti solo lo que quieres sentir. Entonces, de nuevo, incluso si hubiera clavos atravesando tus manos, finalmente eres liberado en el poder de elegir Amor, y por tanto, de vencer a este mundo.

Una vez dicho esto, entiende entonces que cada uno de tus días es una bendición y un regalo si lo utilizas comprometiéndote plenamente con tu despertar. Tu día está repleto de un millón de oportunidades para descubrir una Verdad más profunda. Por tanto, nunca sientas que el propósito de tu vida debe ser otro que aquel en el que te encuentras. Porque recuerda lo que decíamos antes: estás literalmente creando todo lo que eliges, y no hay nada que se te esté imponiendo.

Y ahora vamos a tomar ese pensamiento y profundizarlo un poco por un momento, porque significa literalmente que, si has decidido que quieres despertar, ya has atraído hacia ti mismo las experiencias que realmente mejor puedan servirte para ello. E igualmente, los amigos, y la familia, la gente con quienes te relaciones, son aquellos que más pueden ganar con las experiencias que surjan a través de vuestras relaciones. Significa que, justo aquí, y justo ahora, estás ya demostrando el poder que buscas –el poder de elegir verdaderamente despertar, y el de ordenar a toda la Creación servirte para tal despertar.

Por tanto, cuando te despiertes, en cada una de tus mañanas, mira a tu alrededor. ¿Quién es esa persona que está durmiendo cerca de ti? Son tus compañeros perfectos. Son mensajeros de Dios. Y lo que se esconde justo detrás de todo eso, y debido a que tu mente descansa junto a la Mente de Dios, es el hecho de que, cuando al principio dijiste como alma, “quiero despertar, quiero ir a casa”, el Padre respondió a tu oración y comenzó a mandarte cierto pensamiento a través de tu espíritu y de tu alma, hacia tu mente consciente,

Sé cómo dirigirte al hogar. Abandona esta carrera y empieza esta otra. Muévete de este lugar hacia ese otro.

Y comenzaste a sentir todo tipo de impulsos. Comenzaste a leer diferentes libros, a hacer diferentes cosas. Quizá encontraste a alguien y te enamoraste. ¿Todo por accidente? ¡Ni hablar!

Entonces, ese mismo pensamiento que reivindicarías como tuyo propio, con el cual has creado el mundo de tu propia experiencia personal, es también, literalmente, el resultado de tu súplica para despertar. Y el Padre está creando –asistiéndote para crear– justo aquellas experiencias que, peldaño a peldaño, puedan llevarte de donde estás a donde Dios está. El resultado es que tu vida ordinaria es el ashram más perfecto en el que puedas jamás estar. Es la Ciudad Santa a la cual es sabio peregrinar a diario, lo cual significa llevar consciencia y compromiso precisamente a lo que estés experimentando, y agradecerlo, bendecirlo, acogerlo, estar vigilante, ser plenamente consciente de ello:

¿Qué me está enseñando este momento?

Habiendo dicho esto, entonces, como trasfondo o fundamento, recuerda que no experimentas nada que pueda llamarse “momento ordinario”. En todos y cada uno de los momentos suceden cosas extraordinarias. Ocurren cosas extraordinarias en las cuales todo el Universo está conspirando –lo que significa “respirar conjuntamente”– para despertarte, para sanarte. ¡Confía en él! ¡Ámale! Que esas cosas sean ciertas –y te aseguro que lo son– significa que tu vida, la misma vida que estás viviendo, es igual en poder, majestad y efectividad a cualquier otra que haya sido vivida. Eso significa que tu misma vida es igual a la que yo viví. Porque es una vida de regreso al hogar, tal y como mi vida fue mi camino de regreso a Dios.

Y entonces, para ampliar lo que dijimos antes, el tercer axioma o principio podría ser encapsulado así:

No vivo momentos ordinarios. Con cada respiración, mis experiencias son peldaños plantados ante mí por Dios para guiarme hacia el hogar. Por tanto, llevaré consciencia a cada momento y permitiré que me enseñe cómo perdonar, cómo acoger, cómo abrazar, cómo amar y, por tanto, cómo vivir plenamente.

En tus momentos ordinarios, mil veces al día, te ves confrontado con oportunidades para sentirte molesto [risas] ¡mmm! Y en ese mismo instante, estás siendo regalado con la bendición de la oportunidad de elegir paz, de recordar cultivar una percepción de tu hermano o hermana que sea concebida a partir de la Mente de Cristo, y no de la mente egoica. El perdón, entonces, puede ser practicado diligentemente. Y no vas a necesitar mirar demasiado lejos. No necesitarás hacer un peregrinaje a ninguna ciudad lejana. No necesitas sentarte en una cueva en las montañas de algún lugar para descubrir la vía hacia Dios. Está en todo a tu alrededor, porque solamente puedes estar allá donde hayas decretado estar. Y has decretado estar ahí porque tú, como alma, realmente no deseas otra cosa que despertar. Y tu vida, tu vida exactamente tal y como está desplegándose momento a momento, ha sido dispuesta así para ti.

Si esto es cierto, y te aseguro que lo es, la vía hacia Dios solo puede ser encontrada en tu disposición a acoger y a vivir plenamente precisamente la vida que está en ti, la que se despliega a través de ti en cada momento. Vivir sin miedo, marchar hacia delante para realmente confiar, para abrazar el mismísimo poder y majestad que es la semilla, el abono, la tierra, desde la cual está creciendo la experiencia de tu vida. ¡Es precioso! ¡Es extraordinario! ¡Es bendito! ¡Y es un regalo para ti, de Dios! ¿No querrías abrazar la bendición de tu vida, y santificarla para así mantenerla sagrada, y para realmente marcar límites y reconocer que tu vida es digna de tu respeto? No importa lo que los demás piensen. Solo importa lo que pienses.

¡Queridos amigos, vuestra vida –tu vida– es vuestro camino a casa! Si no la vives plenamente, ¿cómo quieres poder regresar jamás? Por tanto, no le temas a tu grandeza. No temas el poder que procede de abrazar tu vida y reclamar su valor. ¡Vívela plenamente con cada poquito de pasión que puedas reunir! ¡Abrázala a cada segundo! Cada vez que laves tu plato y tu taza tras el desayuno, contempla esas cosas y di,

¡Dios mío! ¡Esta es mi vida! ¡Es mi camino de vuelta a casa! ¡Y voy a vivirlo!

Ciertamente, apreciados amigos, en esta vía, llegaréis a perdonaros a vosotros mismos por los juicios que habéis hecho. Porque quiénes de entre vosotros no habéis conocido el sentimiento de decir,

Dios, mi vida no vale mucho la pena. Nunca seré como ese, o como tal otro, que va andando por la calle. Y nunca tendré el suficiente dinero. Y no me conocerá la suficiente gente. Y, ¿cuándo será tan importante mi trabajo como el de aquella persona?

…etc. etc. etc.

Pero te digo que cada vez que te juzgas a ti mismo, te has debilitado a ti mismo. Cada vez que te has juzgado o que lo has hecho con otros, te has deslizado hacia abajo por la montaña otro nivel más, cuando tu deseo es estar en la cima.

Una vez comprendido esto, entonces, vamos a examinar con más precisión el perdón. ¿Cómo funciona? ¿Qué ocurre realmente cuando perdonas? Eres un canal de energía. En el grado en que este canal esté en perfecto estado de funcionamiento, la energía podrá fluir tan radiante que el canal se hará realmente transparente. Esto es, ya no estará bloqueado. No habrá barreras o límites para la Luz. Cuando juzgas, es como si te contrajeras, haciendo que las paredes del canal se estrechen, justo como si se desarrollara óxido en una tubería. Y el flujo se hace menor y menor. A medida que perdonas juicios, es como si el óxido se fuera disolviendo en las tuberías. Es como si las paredes de la tubería, que transportan el líquido del Amor de Dios, comenzaran a expandirse y se hicieran cada vez más delgadas y transparentes. El juicio es contracción. El perdón es relajación y paz, confianza y fe.

El perdón permite que crezca la espaciosidad en tu consciencia. Pues cuando contemplas al ladrón que entró en tu casa y dices “te perdono”, estás decretando lo opuesto a lo que has aprendido. Estás decretando que nada valioso te puede ser arrebatado. Estás decretando que el juicio es lo opuesto a lo que tú quieres, y que es lo que te hace sentir de manera opuesta a como tú te quieres sentir. Estás decretando tu poder de percibir de forma diferente. Te estás, por tanto, sanando a ti mismo.

Y si es seguro que deseas venir al hogar, vas a tener que convertirte en alguien muy muy divinamente egoísta. Vas a convertirte en alguien tan egoísta que no tolerarás el juicio en ti mismo –de nada y de nadie. Porque comenzarás a reconocer que con cada pequeña intervención del juicio te catapultas justo al lado contrario del Universo en el cual tú quieres estar. Provoca que tu misma estructura celular (si pudieras ver esto, nunca juzgarías de nuevo)… provoca… cuando juzgas… que incluso las células de tu cuerpo se vuelvan locas. Vibran de una manera completamente disonante. Y se da una contracción. Los fluidos no se mueven a través de ellas. Los nutrientes no llegan a las células. La materia de desecho no es correctamente procesada. Todo se atasca y tiene lugar la enfermedad.

Por tanto, mis amados amigos, entended bien que el juicio no es algo para ser tomado a la ligera. ¿Deberías entonces juzgarte a ti mismo si notaras que estás juzgando? No. Eso también es juicio en sí mismo. Solo el Amor puede sanar. Entonces, cuando reconoces que has juzgado, di,

¡Ah, sí! Es esa energía. Reconozco esa nube que acaba de atravesar el campo de mi consciencia. Pero elijo de nuevo.

Entonces, ¿cómo funciona esto? Si en tu vida ordinaria –que ahora sabemos que no es para nada ordinaria– detectas que has estado juzgando a alguien o a algo, reconoce que ese juicio está todavía en ti. Está presente, incluso aunque lo hayas hecho hace cinco minutos, hace cincuenta años, o hace diez vidas atrás. Cuando lo notes, o cuando lleves consciencia al mismo, lo habrás convertido en algo realmente presente. Entonces, ahí está, justo ante ti para ser deshecho. Y en lo que necesitas enfocarte es en esto:

Voy a elegir de nuevo.

¿Conoces la experiencia de mirar atrás en tu vida y ver repentinamente una escena en la cual ahora tú sabes que te comportaste egoístamente, desde el ego, al ser manipulador, malicioso o dañino? O reconoces,

Dios mío, estaba realmente juzgando a aquella persona. ¡Ah! ¡Oh! Si solo pudiera volver atrás y deshacerlo.

¿Conoces ese sentimiento? Te digo que sí puedes, que puedes volver, porque todo está presente. No hay tal cosa como un pasado o un futuro, sino solo ahora. Entonces, cuando has tenido ese pensamiento o ese recuerdo, resulta que está viniendo hasta ti por una razón muy específica. Como alma, estás aprendiendo sobre el perdón y sobre cómo deshacer los efectos de tus elecciones previas. Así pues, todo se te está presentando de nuevo ante ti, para que puedas hacer una nueva elección.

Entonces, cuando ese recuerdo antiguo llegue, mantente con él. Míralo. Reconoce cómo el juicio funcionaba en ese momento. Y entonces dile a esa persona o a ese evento,

No te juzgo. Extiendo el perdón hacia mí mismo por lo que he creado. Te abrazo, y te amo. Y te libero para ser tú mismo. Y te bendigo con la Bendición de Cristo.

Entonces, mira cómo la imagen o el recuerdo comienza suavemente a disolverse en la Luz, hasta que no queda ni rastro. Y acaba con él. E inmediatamente la mente dirá,

Bueno, sí, pero cuando golpeé a ese niño pequeño en la espinilla cuando tenía cuatro años de edad, y solo para ver cómo lloraba… él no está aquí.

¿Ah no? El cuerpo no está aquí, pero el cuerpo no es en absoluto el alma. Y todas las mentes están unidas. Eso significa que cuando extiendes perdón en la consciencia, en tu campo emocional, hacia otro, ya sea que se encuentre presente físicamente o no lo esté, le estás extendiendo exactamente lo mismo que podrías extenderle si estuviera físicamente ante ti. Pues ya sabes que, incluso si estuvieran ahí delante, ellos aún tendrían que aceptarlo, ¿no es así? Ellos aún tienen que tomar su propia decisión –si aceptan tu perdón, o si permanecen en juicio hacia ti. Y ese es su problema, no el tuyo.

Entiende entonces que estás tratando con la consciencia. No eres un ser físico, eres Espíritu. Y estás íntimamente enlazado con todas las mentes y con todos los tiempos. Por tanto, el perdón de otro puede suceder en cualquier momento en que decidas que así sea. Cualquiera que hayas creído que te ha hecho algún tipo de daño, alguna vez, puede ser perdonado por ti en este mismo instante. En cualquier momento en que hayas juzgado a otro, y que por tanto te hayas juzgado a ti mismo, puedes deshacerlo, en ese mismo momento presente, simplemente haciendo una elección diferente.

Ten por seguro que continuarás proyectando sobre otros lo que aún te quede por sanar, sin perdonar, dentro de ti. Cada vez que reaccionas ante otro se te está dando una señal de que hay algún tipo de energía que te está siendo presentada ante tu consciencia, y que no has perdonado dentro de ti mismo. Si alguien es crítico y cada vez que lo es te altera, ten por seguro que no has sanado esa parte en tu propio ser –esa parte de tu propia experiencia de criticar a los demás. Ya sea que esté ocurriendo ahora, o si parece ser un patrón que has interrumpido y que ya no tienes, tú aún no te has perdonado a ti mismo por haberte identificado con esa energía.

Emplea entonces tu experiencia ordinaria de cada día para observar qué es lo que te altera. Y si quieres mantenerte con ello –y ahora mismo te daremos una técnica simple para hacerlo–, si puedes mantenerte con ello, te revelará las energías que necesitan tu perdón.

La técnica es muy simple. A medida que transcurre tu día, observa cuándo te sientes como si estuvieras contraída, contraído. ¿Están tensos los músculos del cuerpo? ¿La respiración es muy poco profunda? Cuando hablas acerca de alguna energía de alguna persona… ¿tu voz se acelera o sube de volumen? Esto significa que necesitas realizar sanación en ti mismo. Cuando reconoces que se dan este tipo de signos en ti –en otras palabras, que la vida te ha presentado una oportunidad para alterarte– quiere decir que hay algo que requiere sanación.

Entonces, la alteración que sientes, tómatela como una bendición. No dirijas tu foco de consciencia hacia aquello que crees que te está provocando la perturbación, y recuerda el primer axioma:

Soy la fuente de mi experiencia. Me siento alterada… ¿qué hay en mí que necesite ser sanado?

Comienza a respirar rítmica y profundamente con el cuerpo. Permite que este se relaje, se tranquilice, y pregunta…

¿Qué hay en la energía de esta persona que realmente me está sacando de quicio?

Y lo verás inmediatamente:

Oh, es un criticón. Y esto me saca de quicio. ¿Cuándo habré sido yo un criticón, una criticona, con otros?

Y bien, enseguida vas a verlo, y dirás:

Bien, ahora estoy siendo crítica porque ellos son críticos.

O también, si estás juzgándoles, te pueden llegar recuerdos, recuerdos desagradables. Permite que lleguen. Continúa relajándote y respirando. Contempla esa energía de ser crítico. Hónrala, ámala, porque es una creación. Son tus creaciones que regresan a ti, y que debes abrazar y transformar. Y, siguiendo con el ejemplo, simplemente mantente con ello, contémplalo.

¡Ah, sí! Ser una criticona. Ciertamente… yo lo puedo ser. Lo he sido en el pasado; conozco muy bien esa energía.

Contempla una escena en tu memoria en la cual hayas sido el criticón. Mírala con profunda honestidad y sinceridad, y dite a ti mismo,

Me perdono por ser así. Me perdono por mis propios juicios. Elijo enseñar solo Amor.

Y observa cómo desaparece esa imagen de tu mente, cómo se disuelve. Y lleva tu mente al momento presente, hacia esa persona que te acaba de poner de los nervios. Y nuevamente, no necesitas decirle nada en absoluto, aunque podrías hacerlo. Sino que, dentro de ti, perdónale por permitir que la energía de ser criticón se aloje temporalmente en su mente. Y simplemente pídele al Espíritu Santo que reemplace tu percepción con la Verdad. Pide ver la Luz inocente en él.

A medida que cultives esto, te harás muy hábil en ello. Podrás hacerlo así de rápido [chasquido de dedos]. Y una vez que comiences a ver la Luz en ellos, puedes preguntarle al Espíritu Santo,

¿Qué está ocultando esta energía en ellos? ¿Qes lo que están realmente reclamando?

Y entonces, sentirás compasión. Pues te será revelado por qué están heridos dentro. Y, de pronto, en vez de reaccionar ante ellos, simplemente podrás ser compasiva. Las palabras que elijas, tu propio comportamiento, podrían volverse muy diferentes, más de lo que nunca hubieras imaginado. Y además, a través de ti se canalizará exactamente lo que les sirva.

Cuando fui clavado a la cruz, ciertamente había alguien que tuvo que alzar el mazo para clavar el clavo. Y según lo alzaba, sus ojos se encontraron con los míos por un solo instante. E hice precisamente lo que te he descrito. Primero recordé, y en aquel entonces ya era todo un maestro haciendo esto, de modo que todo transcurrió muy rápidamente. Y pregunté lo siguiente:

¿Cuándo habré yo deseado atravesar a alguien con un clavo?

Y recordé mis pensamientos asesinos. Me perdoné a mí mismo y llevé mi atención de vuelta a aquel que me clavaba, y pedí ver solo la Luz en él. Y pregunté también,

¿Qué me está reflejando esta acción? ¿Qué está enmascarando eso dentro de él?

Y vi su alma, y amé su alma. Y sentí compasión por él. Y en ese momento –toma nota de mis palabras– en ese mismo momento en que los ojos se pusieron en contacto en la mirada, ¡esa persona lo comprendió!

Como mi energía era diferente, se creó el espacio en que esa alma pudiera hacer una nueva elección. Y esa alma vio repentinamente toda su experiencia, y se dio cuenta de que si dejaba que ese mazo empujara el clavo, eso equivaldría a tomar la decisión de continuar siendo un mero esclavo de la percepción de otras personas. Y, en ese mismo instante, decidió seguir un camino que le llevó a una maestría soberana, y nunca más volvió a ser el peón de ningún gobierno, grupo o facción… o de cualquier persona. Tiró el mazo –era un soldado romano–, se rebeló, se dio la vuelta y desapareció.

Esta persona se fue para convertirse en un Maestro que hoy conocen literalmente miles de seres. No existe en forma física; visita a muchos, enseña a muchos. Realmente encarnó la perfecta maestría, y, por tanto, trascendió el mundo. Y todo ello comenzó a resultas de mi deseo de enseñar solo Amor. Y ahora tenemos una muy buena amistad.

Así que ya ves, no puedes saber cuán poderosa va a ser tu apuesta por la sanación. No puedes realmente ver cómo de seria y profundamente te afectará, según te diriges hacia ser un creador –y a continuar siéndolo para siempre. Y jamás podrías saber qué frutos nacerán de ese árbol en la vida de otro ser. Mas, debido a que todas las mentes están unidas, cuando eliges sanación mediante el perdón, literalmente creas el espacio en el cual el otro también puede sanar su vida.

No permitas entonces que ningún momento se desperdicie. No consideres nada como algo ordinario. Y no contemples las percepciones que el mundo te enseña como algo justificable dentro de ti mismo. Sino que comprométete plenamente a desarraigar y a extirpar de tu ser todo lo que no se asemeje al Amor de Cristo. No creas que yo soy el único que puede amar así –eso no es cierto. Estás aquí para amar tal y como yo aprendí a amar. ¿Por qué? Porque tú eres ese Amor. Y todo lo demás no es más que una cortina de humo.

El perdón es necesario. El perdón es una habilidad y un arte que te dará una gratificación tras otra, y tras otra… y tras otra más. Nunca dejará de rendirte rentas. Cada momento en que eliges perdonar, ¡te has ahorrado literalmente un millar de años de sufrimiento! ¡Guau! Y digo esto todo lo literalmente que se puede decir. En pocas palabras, cada acto de perdón es un milagro que acorta la necesidad de tener más experiencias dentro de esta dimensión. Y, cuando te encuentras en una situación que crees que es demasiado grande, ten por seguro que si eso es así es porque algo grande ha llegado finalmente a la superficie para poder ser sanado en ti, y de tal modo que un mayor poder pueda por fin brillar a través de ti, puesto que has alcanzado un punto en que ya estás preparado para ello. Hay más Cristo que puede ser vivido.

Es muy, muy importante permitir que cada día se baste a sí mismo. Esto es, que cuando tu día acabe, siempre acábalo de verdad. Y no hagas cuatro horas de ritual. Puedes hacerlo en un solo aliento. Según tomas una honda inspiración, y reposas tu cabeza sobre la almohada, contempla el día entero, abrázalo con tu consciencia, y a medida que permitas que el aire salga, di dentro de tu consciencia,

Libero y perdono este día. Ha sido perfecto, y se terminó.

Déjalo ir, simplemente déjalo ir. ¿Por qué? Porque si no, lo llevarás de nuevo contigo. ¿Conoces esa experiencia? Y tres semanas más tarde dirás,

Oh, cielos, ¿por qué tomé esa decisión tres semanas atrás? Si tan solo hubiera tomado una diferente, esto no hubiera sucedido, y aquello otro tampoco.

Eso será probablemente cierto. Pero el asunto que importa ahora es que, tres semanas más tarde, aún te das golpes en la cabeza trayendo el pasado hasta ti. Y te pierdes la gloria del presente. Todos habéis oído esto miles de veces, porque es la Verdad.

La consciencia es una cosa muy sutil y poderosa. No puedes hacer otra cosa que crear. Recuerda la meta de este año, que es aprender a crear deliberadamente con perfecta maestría. Por tanto, contempla las cosas del día y di,

Es muy bueno. Y ha acabado.

Permítete, cada noche, cuando dejas reposar tu cabeza sobre la almohada y sabes que vas a apagarte para dormir, ser precisamente tal y como Dios fue en ese relato, en tu relato bíblico de la creación, en el cual está escrito que en el séptimo día descansó. En el relato, Dios ya había terminado, en cierto sentido. Y proporciónate esa misma cualidad al final de cada uno de tus días. Si estás llevando en ti cierto tipo de reacción emocional porque alguien dijo o hizo algo, lo que sea, o porque tú dijiste o hiciste algo, practica el perdón antes de dormir. Pues si no, te mantendrás experimentando esas energías conflictivas en tus estados de sueño. Y la comunicación que hay entre tú y ese otro ser que no ha sido aún perdonado, te mantendrá en el mismo estado hasta que el perdón sea completado en ti.

Espero que esto tenga sentido para ti, pues es muy importante. El tiempo no debe ser tomado a la ligera, nunca. Juega con él, sí, pero juega desde la consciencia, la claridad, desde el reconocimiento de que no hay tal cosa como un pensamiento fútil. Cada pensamiento crea un mundo de experiencia para ti. Y mereces experimentar el Cielo.

Tendremos mucho más que decir sobre el perdón a medida que comenzamos a sumergirnos en las profundidades de lo que es descubierto según lo practicas setenta veces siete. Él te lleva más y más adentro, hacia la propia mecánica de la consciencia misma –hacia la misma mecánica de la creación. El perdón, sí, colócalo en la primera línea de tu lista, hasta que reconozcas perfectamente lo perdonado que estás. Mantente pues vigilante frente a la negación que está todavía necesitando del perdón dentro de ti. Porque aquello que niegues, lo proyectarás. Y cada proyección es un acto dañino contra ti mismo. También contra el otro, por supuesto, pero igualmente contra ti mismo.

¡Así es! Dejaremos que con esto baste por hoy. En esta hora hemos dicho muchas cosas que precisan ser escuchadas de nuevo, y otra vez de nuevo, de modo que la consciencia comience realmente a captar lo importante y lo poderoso que el perdón es. Alcanzarás un espacio donde vas a deleitarte absolutamente yendo a través de tu día expresando perdón, como si fuera una onda que se emite a sí misma desde el océano de tu consciencia, incluso si nadie está haciendo nada. El perdón en sí mismo se convierte en una deliciosa energía en la que vivir.

Por tanto, realmente, queridos amigos, perdonaos bien a vosotros mismos, y habréis perdonado a Cristo. Y cuando Cristo es perdonado, Cristo surgirá y hará Su hogar en vuestro corazón y en vuestra mente, e incluso en las células de vuestro cuerpo. Y conoceréis lo que significa caminar por este mundo, mas sin ser del mundo. Y cuando os miréis en el espejo, diréis,

Contempla, he aquí el Salvador.

No será la arrogancia egoica quien lo dice, sino el reconocimiento de lo que es verdad siempre:

Soy el Hijo de mi Padre, y he sido enviado a este mundo para traer Luz aquí.

¡Así es! Estad por tanto en paz. Practicad bien el perdón hasta que se vuelva como respirar. Y descubriréis un poder que no sabíais que podría existir, y una libertad cuyo sabor es más dulce que el de la miel.

Os perdono [risas1]. No porque os haya juzgado, sino porque conozco la bendición que el perdón me brinda a . El perdón es algo que perfeccioné como hombre. Perfeccionadlo igualmente en vosotros mismos, y conoceréis la Gloria de Cristo.

Estad por tanto en paz, amados amigos.

Amén.

______
Notas:

1Estas risas, así como las anteriores señaladas entre corchetes, son de la misma voz en la transmisión (no son por ejemplo las risas de los asistentes a estas sesiones de dictado de los libros).

 

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Una respuesta a “3. La vía del corazón. Lección 3. Jeshua-Jayem (La vía de la maestría)

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  1. ¡Qué buen complemento de UCDM!
    Lo he conocido gracias a esta WEB.

    ¡GRACIAS!

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