Día 14. Sanación. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor está compuesto por tres libros en inglés, en sus primeras ediciones.
Fue transmitido a Mari Perron, y fue publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres libros, fue publicado en un solo volumen, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Los Diálogos de Un curso de amor

Día 14. Sanación

14.1 La totalidad del tiempo está incluida en el Yo espacioso. La aceptación es necesaria porque es imposible escaparse. Todo lo que es, está con nosotros, razón por la cual somos tanto lo ya realizado como el vacío, el sano y el enfermo, el caos y la paz. Ahora, por tanto, sanamos invocando la plenitud, aceptando la capacidad de elegir el yo sanado, y no oponiendo resistencias o cualquier intento de rechazar el yo herido o enfermo. Tu aceptación de que es imposible escapar es lo que te conducirá desde tu condición de olvido hacia la remembranza. Al constatar la igualdad de todos —que es constatada con la aceptación del Yo espacioso, del Ser Uno, y de los muchos— es realmente lograda la plena aceptación, y comienza la transformación completa.

14.2 El Yo espacioso constata que el mundo exterior es una proyección y, muy a menudo, que es un rechazo en vez de una extensión de lo que está en el interior. Así, la enfermedad es un rechazo de los sentimientos. Todo lo que causa miedo es un rechazo de los sentimientos. Todo lo que provoca soledad es un rechazo de los sentimientos. Todo lo que causa violencia es un rechazo de los sentimientos.

14.3 Lo que se expulsa del yo se convierte en algo separado y, a través de esa separación, es olvidado deliberadamente. El Yo espacioso ya no expulsa ni olvida porque todos los sentimientos se aceptan como siendo del Ser Uno, o Único Ser.

14.4 Todos los sentimientos también son aceptados como siendo los sentimientos de los muchos. La aceptación ocurre al albergar todo sentimiento de los demás en el Yo espacioso, al no olvidar que los muchos y el único son lo mismo, al recordar deliberadamente que los sentimientos de los muchos pueden ser “albergados” en lugar de proyectados en el mundo bajo la forma de enfermedad, de violencia, etc. Los sentimientos de “los demás” son aceptados como propios y albergados en la espaciosidad del Ser Uno, el Ser pleno, al aceptar todos los sentimientos como los sentimientos de los muchos.

14.5 Además, al recordar deliberadamente es como la extensión puede reemplazar al rechazo, tanto en el yo como en “los otros”. La extensión de la salud puede así reemplazar al rechazo de la enfermedad y de las heridas.

14.6 Por esta razón, y tras aprender a repudiar todo aquello que has llamado “propio”, ahora se te da la tarea de reivindicar tu poder como propio. Todo lo que se encuentra dentro de tu poder, está en tu poder. Tu poder es el poder de los muchos y del uno, y es un poder que existe en plenitud dentro del Yo espacioso.

14.7 Una vez que constatas plenamente que no puedes escapar, lo que aún permanece dentro de ti y que se había estancado debe pasar a través tuyo para que el yo pueda ser el Yo completamente invisible o espacioso que se describió anteriormente. Lo que una vez detuviste y retenías en un “patrón de estancamiento” para poder volver a ello más tarde, es lo opuesto a este albergar dentro que se te pide que consigas ahora, porque esas cosas que retenías en un “patrón de estancamiento” se basaban en el miedo. Las temías porque no las entendías y no podías asignarles sentido. Al ser inexplicables, el “patrón de estancamiento” en el que entraste con ellas era uno de olvido y escape deliberados. Estaban “archivadas” como piezas de museo y acumulaban solidez en ti. Como piedras arrojadas a una poza transparente, formaban ondas, y luego se asentaban.

14.8 El Yo invisible o espacioso es el Yo a través del cual el paso a través ocurre de manera natural porque no existen obstáculos ni fronteras, no hay ni patrón de estancamiento ni interferencias mentales.

14.9 En el paso a través nunca se trató de escapar o de rechazar. En el paso a través se trata de liberar lo particular mientras se mantiene la relación. Es lo que sucede en la unicidad, y es lo contrario del detener y del mantener “aparte” que ocurrían en la separación. Lo que el Yo espacioso alberga dentro es la relación de Todo con Todo. La relación es la realidad invisible, expresable solo a través de la forma.

14.10 Solo ahora, al constatar tu invisibilidad y tu espaciosidad, miras dentro y ves las piedras que se asentaron en tus pozas transparentes. Son como granitos de arena en el océano. Y no obstante, elegimos no mantenerlas ahí. La espaciosidad es espaciosidad. La invisibilidad es invisibilidad. Ya no somos coleccionistas, sino recolectores. Solo mantenemos en el interior lo que es real y, al constatar la realidad de la relación, aceptamos nuestra relación con lo inexplicable.

14.11 Todo, todo lo que estás haciendo aquí, no es más que aceptar tu relación con lo inexplicable. La aceptación es la creadora de la invisibilidad, la creadora del Yo espacioso. Se ha descrito a Dios como “el que todo lo sabe” porque Dios es la relación. La relación es lo conocido. Lo desconocido, así como lo inexplicable, se torna conocido a través de la relación de aceptación. La aceptación de tu relación con lo desconocido es la única manera de llegar a aceptar tu relación con tus medios de llegar a conocer.

14.12 Tu aceptación de estas palabras es una forma de aceptación de lo desconocido y, como tal, un medio de llegar a conocer. Estas palabras son tan solo un medio, razón por la cual llamamos a esto un diálogo. Constata ahora que esto no es más que una voz de los muchos. Has entrado a formar parte de un diálogo con los muchos así como con el uno. Este diálogo está teniendo lugar por todas partes alrededor de ti. ¿Es que acaso has estado oyendo solo una voz? ¿O has empezado a oír la única voz en los muchos?

14.13 Ahora debes adueñarte de este diálogo —tenerlo tal y como tienes el poder que te pertenece. Esta única voz entre las muchas seguirá indicándote el camino solo por un poco más de tiempo. Por tanto, la voz de los muchos debe ser escuchada como la voz del uno. ¡No estás solo en la cima de esta montaña! ¿Es que no puedes oír tu propia voz? ¿Es que no puedes oír las voces de los muchos que se unen a nosotros aquí?

14.14 Entrar en el diálogo es el medio de conservar la única voz entre las de los muchos, el medio de compartir tu acceso a la unidad; es la manifestación, en la forma, del Yo sanado, del Yo pleno y, por tanto, del Yo espacioso.

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