Día 16. El paraíso reencontrado. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido a Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres libros, será publicado en un solo volumen, en inglés, en el año 2014 o cerca de este.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de revisarlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Los Diálogos de Un curso de amor

Día 16. El paraíso reencontrado

16.1 Todo lo que no puede verse pero es, es consciencia. Aceptar todo lo que no puede verse, incluido lo desconocido, es consciencia plena. La aceptación es la clave. No puedes aceptar lo que temes.

16.2 Debido a que todo lo que no es físico solo existe en la consciencia, simplemente existe. Simplemente está “allí”, en la consciencia. Todo lo que “conoces” porque lo has sentido, sigue estando ahí porque la consciencia es eterna. Todo lo que has aprendido que te ha tocado el corazón está ahí porque lo sentiste. Todo lo que has pensado sigue ahí porque lo pensaste.

16.3 Lo que pertenece a la forma va y viene, y es pasajero. Lo que pertenece al espíritu, o consciencia, es eterno.

16.4 La enfermedad ha sido definida como sentimientos rechazados, sentimientos sobre los cuales se eligió no tener consciencia. Con este rechazo, estos sentimientos se hicieron físicos. Lo que no pertenece a la consciencia pertenece a la forma física. El yo fue quien convirtió los sentimientos rechazados en algo separado, que no obstante fue mantenido en el cuerpo, interrumpiendo así el modo natural de funcionamiento del cuerpo. La enfermedad no es enfermedad, sino sentimientos rechazados. Los sentimientos rechazados existen como manifestaciones físicas separadas y olvidadas hasta que se recuerdan deliberadamente y vuelven a aceptarse en el Yo espacioso. Los sentimientos rechazados son aquellos de los que te culpas a ti mismo. La enfermedad es la forma en que se manifiestan los sentimientos rechazados. Estas manifestaciones llegan hasta ti para probarte lo que crees que sabes: que eres responsable de las circunstancias lamentables de tu vida.

16.5 Los sentimientos expulsados son proyectados fuera del cuerpo. Se trata de sentimientos no deseados, de los que se culpa a los demás. Estos se manifiestan en tus interacciones con el mundo, y adquieren forma en las acciones de los demás, o en los momentos en que las acciones de la naturaleza o los accidentes parecen frustrar los planes, o en los “problemas” o crisis de todo tipo. Estas manifestaciones también suceden para probarte lo que crees que sabes: que son los demás, o el mundo en general, quien tiene la culpa del lamentable estado de tu vida.

16.6 A esto es a lo que nos referimos con que no hay escapatoria. Que no haya escapatoria no significa que todo el mundo esté encadenado al pasado y a su antiguo dolor, sino que cada uno aún está limitado por, y afectado por, todo lo que se haya rechazado o expulsado. Todo lo que ha sido expulsado es parte de la plenitud del yo. A medida que lo que se rechazó o se expulsó, y que se convirtió en “real”, es devuelto al Yo, la manifestación física se disuelve, porque su fuente, que fue la separación, ya no existe. En otras palabras, la enfermedad ya no es observable una vez que lo que se rechazó se reúne de nuevo con el Yo espacioso. La enfermedad estuvo, pero ya no está más. Debido a que era algo físico, solo estaba de paso. Debido a que el sentimiento que generó la manifestación física no era físico desde el principio —no pertenecía al mundo físico— regresa a su naturaleza no física en el Yo espacioso. Por tanto, nadie ha huido de él, sino que se reintegró en la unicidad del Yo.

16.7 Esta reintegración requiere, por supuesto, un cambio en lo que deseas demostrarte a ti mismo. De lo que ahora vas a seguir quizás buscando una demostración, es de que son tus sentimientos, y no tus pensamientos sobre tus sentimientos, quienes reflejan quien tú eres, y que, al actuar a partir de ellos, actuarás de acuerdo con quien tú eres y, por tanto, de acuerdo con el universo. La reintegración es precisamente el proceso por el que descubres esta demostración, la prueba de la benevolencia de tus sentimientos y de la benevolencia del universo mismo.

16.8 ¿Qué ocurre cuando los sentimientos de soledad o desesperación, de ira o de dolor, se unen al Yo espacioso? Esta unión ocurre tan solo por medio de la aceptación. Sin la aceptación, la separación permanece, así como la manifestación física.

16.9 La aceptación solo puede ocurrir en el presente. No se requiere “ir hacia atrás” o volver a revivir el pasado. Tampoco existe escapatoria, sin embargo, porque en la consciencia-de-Cristo debes volverte plenamente consciente del presente. El presente es el tiempo atemporal, la plenitud, donde existen todo lo que es real y todo lo que jamás haya sido real. Mientras que las manifestaciones físicas de todo lo que temías y expulsaste no eran reales, porque se trataba de proyecciones en vez de creaciones, los sentimientos eran reales porque los sentías. Si no los hubieses temido ni los hubieses expulsado, habrías visto que no tenías nada que temer.

16.10 No tienes ningún sentimiento que sea malo. El miedo no es un sentimiento, sino una respuesta a un sentimiento. Las emociones son respuestas. Aquí se te ha dicho que tan solo existen dos emociones, el amor y el miedo. Lo que esto significa en realidad es que tan solo existen dos modos de responder a lo que sientes —con amor o con miedo. Si respondes con miedo, expulsas, proyectas y separas. Si respondes con amor permaneces pleno. Constatas que no tienes sentimientos que sean malos. Abrazas la tristeza, la pena, la ira y todo eso que sientes, porque estos sentimientos son parte de quien tú eres en el momento presente. Cuando permaneces en el presente permaneces en la consciencia-de-Cristo, donde todo lo que es existe en armonía. Abrazar es lo contrario de escapar. Mantener todo dentro de ti en el abrazo del amor es lo contrario de aferrarte a aquello a lo que ya has respondido con miedo y convertido en separado. No hay escapatoria porque solo existe el abrazo. El abrazo es la consciencia-de-Cristo.

16.11 Esto está relacionado con todo, no solo con tu respuesta a la enfermedad o ante situaciones críticas, porque tiene relación con si eres o no capaz de permanecer en un estado constante de llegar a conocer. Lo que expulsas es lo que no quieres conocer. Lo que intentas controlar es lo que no quieres conocer. No quieres conocer cada vez que predeterminas, adelantándote al conocimiento, lo que algo es o será. Predeterminas, o decides, por ejemplo, que un síntoma físico es malo, y luego eliges averiguar qué es lo que va “mal”, en cuyo caso lo único que confirmas es tu “decisión” en vez de tu “sentimiento”. Cuando te sientes incómodo o inquieto con una situación, determinas que ya sabes que la situación es mala, o que lo más probable es que lo vaya a ser, y entonces “piensas” que por medio de tu esfuerzo o del control puedes alterar la situación para mejorarla. Solo cuando aceptes que no hay sentimientos malos, te permitirás llegar a saber lo que son en realidad.

16.12 Cuando sientes una “intuición”, respondes de manera distinta que ante los sentimientos no deseados con los que rápidamente quieres “hacer algo”. Si todos los sentimientos fuesen tratados como tratas a la intuición —”sabiendo” que el sentimiento ha venido a decirte algo todavía desconocido, pero que, aun así, es por tu propio bien— avanzarías muchísimo hacia la aceptación.

16.13 Todo aquello de lo cual predetermines su conocimiento, constituirá tan solo una causa de sufrimiento, de arrogancia y de severidad en la rectitud, si intentas aferrarte a ello como lo “conocido” y no permaneces en un estado constante de llegar a conocer. Aquello a lo que te aferrarías está basado en el miedo, y se expulsa hacia lo sólido, donde puedas mantener los ojos sobre aquello a propósito de lo cual te has “formado” una opinión. Lo que mantienes en el abrazo se mantiene en el amor, y por tanto existe junto contigo en el estado espacioso del llegar a conocer constante.

16.14 La consciencia, o Yo espacioso, incluye por tanto sentimientos de tristeza, soledad e ira, además de sentimientos de felicidad, compasión y paz. La consciencia no incluye tus respuestas. La consciencia, por tanto, no incluye ni el amor ni el miedo. Y esto se debe a que el amor lo es todo, y el miedo no es nada.

16.15 La consciencia comenzó siendo todo sentimiento y todo pensamiento, y todos ellos eran de amor, porque el amor lo es todo. Todos los sentimientos y todos los pensamientos de amor se extendieron al paraíso de la creación. Este era el Jardín del Edén, el Yo, el Ser, el Todo de Todo. Los sentimientos no deseados que intentaste expulsar del Jardín del Edén no se expulsaron de la consciencia, sino de tu discernimiento. Esto creó lo separado y lo no amado en tu percepción, y tu percepción creó una realidad irreal de lo separado y lo no amado, que a menudo se denomina “infierno”, o “el infierno en la tierra”. Entonces, el amor y el miedo existieron simultáneamente, al igual que el paraíso y el infierno. Esto se convirtió en tu mundo, que lentamente pasó de ser un mundo compuesto principalmente por el paraíso y el amor, a ser un mundo compuesto principalmente por infierno y miedo, porque, a medida que se expulsaban más elementos del paraíso, más era lo que pasaba a ser considerado infernal o temible. Así se extendió menos amor, y se proyectó más miedo.

16.16 Los sentimientos expulsados que parecían provocar esta dualidad aún existen en la consciencia. Una vez que estos sentimientos expulsados regresen al Yo espacioso y este los abrace con amor, el Yo espacioso será pleno, ya que lo abrazará todo, tal y como el amor, que lo es todo, lo abraza a él. Este es el paraíso reencontrado.

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