Día 17. El cumplimiento de la vía de Jesús. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido a Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres libros, será publicado en un solo volumen, en inglés, en el año 2014 o cerca de este.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de revisarlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Los Diálogos de Un curso de amor

Día 17. El cumplimiento de la vía de Jesús

17.1 Al igual que el relato de la creación tuvo que empezar en alguna parte, tú también tuviste que empezar en alguna parte. Hemos hablado del espíritu que animó todas las cosas como el movimiento o la causa del movimiento que puso en marcha el relato de la creación. Hemos hablado de la consciencia-de-Cristo como el discernimiento de la existencia por medio de la relación. Hemos hablado de la consciencia de la vida y de la consciencia-de-Cristo como la confluencia de lo humano y lo divino en la forma observable. Por tanto, debe haber una diferencia entre la consciencia de la vida y la consciencia-de-Cristo, ya que has sido vitalmente consciente sin ser crísticamente consciente. Has sido lo creado sin ser el creador. Algo ha faltado. ¿Qué es Cristo? ¿Qué es la consciencia-de-Cristo? ¿Son cosas distintas o lo mismo?

17.2 Se te ha dicho que la consciencia-de-Cristo no es ni Dios ni hombre, sino la relación que permite el discernimiento de que Dios lo es todo. Se te ha dicho que a la consciencia-de-Cristo también se le ha llamado sabiduría, Sofía, espíritu. La consciencia-de-Cristo, por tanto, precede al hombre llamado Jesús, y a la creación misma. Es tanto lo femenino como lo masculino, la “identidad” de Dios, o, en otras palabras, el Todo de Todo al que se le ha dado una identidad. Dios te alberga en Él. Cristo está albergado en ti como tu centro o tu corazón —como tu identidad y como la identidad de Dios. Cristo es el “Yo Soy” de Dios, la expresión del “Yo Soy” en la forma, el animador y el animado, el informador y el informado, el movimiento, el ser y la expresión de la creación. Cristo es aquello que ungió la forma con el “Yo Soy” de Dios. En muchas tradiciones religiosas, la vida es ungida de manera ritual o sacramental en su ir y venir, en recuerdo de la unción original.

17.3 ¿Por qué volvemos a esto ahora, repitiendo lo que se ha dicho antes? Porque hemos llegado al momento, una vez más, en que debes reclamar tu identidad. Aunque ser quien eres ha sido tratado de muchas maneras, muchos de vosotros aún esperáis ser distintos a quienes sois. Esto se debe a que eres consciente de que ser tu verdadero yo significa estar en unión, indiviso e inseparable de Dios, el Todo de Todo. Dios es único como conocimiento pleno, es decir, es único en ser todo-conocimiento, pues Dios está en todo y en todos. La consciencia en sí no es conocimiento, sino discernimiento, toma de conciencia. Dios es el creador del conocimiento porque Dios creó un medio de llegar a conocer. Esta “parte” de Dios, el animador y el informador, es la consciencia-de-Cristo.

17.4 ¿Cuál es el impulso que te mantuvo leyendo este Curso, que hizo que entraras en este diálogo, que te mantuvo examinando e intentando avanzar más allá del aprendizaje hacia un nuevo medio de conocer? La consciencia-de-Cristo. Esta es la razón por la que se dijo en las primeras páginas del Curso que el Cristo en ti era el aprendiz. El Cristo en ti es lo que fue creado para inspirar el movimiento que va más allá del simple discernimiento hacia el conocimiento. Tú siempre has sido consciente de que existes, y siempre has buscado una respuesta a por qué existes. Siempre has discernido el mundo que te rodea, y siempre has buscado darle un sentido. Anteriormente, el enfoque en el conocimiento que fue llamado “aprendizaje” era el enfoque predominante. Cuando este enfoque se centró más y más en la mente, y se centró más y más en cómo llegar a conocer lo que otros ya habían aprendido y eran capaces de enseñar, el aprendizaje empezó a traicionar la causa del conocimiento.

17.5 Siempre ha habido individuos que desafiaron los patrones predominantes del aprendizaje debido a la fuerza de su conexión con la consciencia-de-Cristo. Aunque nadie tiene más acceso a la consciencia-de-Cristo que los demás, algunos exhibían una mayor predisposición a permitir que esa consciencia fuese la fuerza que les guiara —aquella por la que su ser ganaba movimiento y expresión. Aquellos que como Jesús expresaron plenamente la consciencia-de-Cristo en la forma, lo hicieron como individuos al no negar su ser cuando constataron esta conexión. Muchos otros con una comprensión de la consciencia-de-Cristo tan fuerte como la de Jesús, el hombre, no expresaron esa constatación, sino que negaron lo individual en favor de lo “espiritual”.

17.6 Esta es la razón de que volvamos ahora a tu identidad y a la individuación de tu identidad.

17.7 La consciencia-de-Cristo no es la segunda venida de Cristo, sino la primera —el movimiento del ser entrando en la forma. Este ser fue expresado plenamente por Jesucristo, que representó en la forma la primera llegada, y que comenzó el movimiento desde el mantenimiento hacia la conservación de la consciencia-de-Cristo. Consideremos por qué esta representación fue necesaria.

17.8 Al igual que el universo no contiene nada innecesario, los seres humanos tampoco. El universo, al igual que los seres humanos, no contiene nada que sea superfluo, sino solo lo necesario en el sentido de que todos los componentes dados son necesarios para la plenitud. La representación del poder de la consciencia-de-Cristo en la forma humana era necesaria para completar el ciclo del nacimiento, la muerte y el renacimiento.

17.9 La consciencia-de-Cristo fue representada no solo por Jesús, sino también por su madre, María. María, como Jesús, constató e hizo plenamente real la consciencia-de-Cristo y su plena expresión en la forma. Cada uno hizo esto a su manera, y estas maneras individuales revelarían las elecciones disponibles para aquellos que les iban a seguir. Una vía, la de Jesús, era la de la aceptación, enseñando por medio de ejemplos, y preparando un camino para aquellos que enfocaran la consciencia-de-Cristo a través de la enseñanza, del aprendizaje y de llevar vidas ejemplares destacadas. Otra vía, la de María, era la vía de la creación, y fue una representación y una preparación para aquellos que iban a enfocar la consciencia-de-Cristo a través de la relación.

17.10 La vía de Jesús representó una interacción a gran escala con el mundo, demostrando el mito de la dualidad, la muerte de la forma y la resurrección del espíritu. La vía de María representaba la encarnación por medio de la relación, demostrando la verdad de la unión, el nacimiento de la forma y la ascensión del cuerpo. Ambas vías eran necesarias. Ambas vías fueron necesariamente representadas o demostradas. Ambas vías fueron representadas y demostradas también por muchos otros individuos. La vía era una elección. La principal capacidad del individuo es la de representar lo que Dios creó, el medio de llegar a conocer —que es la consciencia-de-Cristo— por medio de la elección o voluntad individual.

17.11 La consciencia-de-Cristo es tu voluntad de conocer, de ser y de expresarte. El tiempo de Cristo y la segunda venida de Cristo son expresiones destinadas a simbolizar la finalización del ciclo del nacimiento, muerte y re-nacimiento como un medio de llegar a conocer.

17.12 Lo que Jesús representó o demostró se está constatando ahora, razón por la cual este es llamado el “tiempo de Cristo”. El “tiempo” de Cristo, el cual tantos asociaron con Jesucristo, representa el “tiempo” para el cumplimiento de la vía de Jesús. Lo que podía enseñarse y aprenderse se ha enseñado y aprendido. Ahora es el momento de avanzar mas allá de lo que podía enseñarse y aprenderse, hacia lo que solo puede constatarse y hacerse real a través de la relación. Ahora es el momento de la revelación final de lo que puede constatarse, o hacerse real, al seguir la vida ejemplar de Jesús.

17.13 Por tanto, entramos en la fase final de lo que puede constatarse y hacerse real a través del cumplimiento de la vía de Jesús, y en el comienzo del cumplimiento de la vía de María. Esta fase final del cumplimiento de la vía de Jesús es la fase de interacción con el mundo, el tiempo de los milagros, la muerte de la vieja manera y el nacimiento de lo nuevo.

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