Día 37. Una nueva idea de Dios. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido a Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres libros, fue publicado en un solo volumen, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice, puntos 4 y 5.
Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Los Diálogos de Un curso de amor

Día 37. Una nueva idea de Dios

37.1 Lo que acabamos de hacer es reemplazar una vieja idea de Dios por una nueva.

37.2 Si ya no crees en Dios como un ser supremo y separado, ¿por qué debería ser difícil entender que Dios está siendo, que Dios es ser? Esto no es muy diferente de que la verdad más básica sobre ti es que estás siendo —y que la verdad más básica sobre Dios es que Dios está siendo. Sin embargo, el hecho de que estés siendo no es algo que te pueda definir mejor que lo que te definirían algunas de tus anteriores experiencias, porque el ser, por sí mismo, no te diferencia ni te individúa.

37.3 Recuerda que la creación comienza con el movimiento. El ser solo está siendo en la relación. Ni el movimiento ni la experiencia existen sin la relación. Por tanto, el mundo no existe sin la relación – puesto que nada existe sin ella. Pero la relación, al igual que el ser y la experiencia, no te diferencia ni te individúa en la separación del mismo modo que lo hace en la unión. La separación y el contraste de lo separado, define toda relación con el pensamiento del tipo “o bien esto / o bien lo otro”, en vez del tipo “eso / y lo otro”; por ejemplo, en la separación, si eres una mujer no eres un hombre, si eres un ser humano no eres divino, si eres una persona no eres un árbol. Como ser separado solo te relacionas con otras cosas separadas. Dicho brevemente, quien estás siendo, se basa completamente, primero y ante todo, en la relación que consideras que estás teniendo con el mundo que te rodea. Y como te consideras separado de este, todo lo que experimentas con tu ser es la separación. Todo lo que representas con tu ser es un ser separado o un yo separado.

37.4 Tu percepción no podría dejar de ser así, ya que viniste a un mundo conocido, en el que se te dijo que eres una persona con un nombre determinado, que perteneces a una familia, donde cada uno de los integrantes tiene su propio nombre y su propio papel, y que vives en una casa, en una ciudad, en un estado, en una región, en un mundo, en el que todo tiene un nombre y un propósito. En cierto sentido, este es el final de la historia, o el comienzo de una historia que ya está escrita —una historia de separación. Tú no estabas solo en esta historia y, sin embargo, se te enseñó a experimentar solo en la separación, a partir del ser que estabas siendo. Y, por tanto, al no conocer tu unión y tu relación con tu ser, sino solo tus relaciones separadas con “otros”, te consideraste un ser separado e incapaz de crear nada excepto quizás la relación que elegirías tener con los otros y con el mundo que te rodeaba.

37.5 Por tanto, has experimentado la relación de un modo muy definido y separado: un modo que no representa la verdad de quien tú eres o de lo que una relación es, un modo que representa la separación en vez de la diferenciación o la individuación.

37.6 La relación y la unión son la vía, el camino de Dios. Son la vía del corazón y la mente, el cuerpo y el alma, el cielo y la tierra. Dios está siendo en unidad y relación. Tú también.

37.7 ¿Cómo es posible entonces, podrías preguntar, que seas distinto a Dios? ¿Es tu cuerpo distinto de tu vitalidad? Sigues buscando tu distinción de Dios como si la distinción significase separación —como si Dios fuese un ser separado. Si esta idea se tratase solo de eso, no sería tan difícil de reemplazar, pero la dificultad está en que piensas en un Dios a tu imagen, y la imagen que tienes de ti mismo ha sido imprecisa. Debido a que te crees separado, creaste a Dios como un ser particular y separado.

37.8 Sigues luchando por encontrar la diferenciación de un modo que simplemente no funcionará —¡por medio de la separación! Y, lo que es más, sigues luchando por encontrar la diferenciación mientras deseas seguir con una cierta dependencia confiada. ¡Tu diferenciación del ser de Dios solo puede llegar gracias a esa relación y esa unidad que querrías rechazar en tu búsqueda de la separación! ¡Esto sería como pedir ser un cuerpo y no una mente! ¡Tu dependencia confiada de Dios solo puede llegar gracias precisamente a la relación y a la unidad que querrías rechazar en tu búsqueda de la separación! Esto se podría comparar a una mente que enviara al cuerpo las señales que este necesite, mientras proclama su separación del cuerpo.

37.9 Una de las razones por las que has estado tan decidido en lo que respecta a tu idea de un Dios separado y particular, es que quieres creer que existe un ser compasivo a cargo de todo, cuidándote, que está ahí para ayudarte cuando lo necesites. Dios es todo ser compasivo en cualquier parte —¡no un solo ser de compasión! En la unión y la relación constatas esto. Y constatas que todo ser compasivo en cualquier parte es una consciencia o una cualidad de ser que compartes. Y además, constatas que lo que es posible para ti es convertirte en ese ser de compasión que ya eres en Dios.

37.10 Y entonces, constatas que Jesús estaba siendo Dios y que se llamó Jesucristo porque vivió en la consciencia-de-Cristo, o en la consciencia compasiva que tú compartes. Constatas que el hombre, el Dios, la figura histórica que se ha llamado Jesucristo, no solo era Jesús, sino también Cristo; no solo Cristo, sino también Jesús. No separados, sino individuados. Constatas que la llamada a la segunda venida de Cristo ha sonado y que es una llamada a la diferencia que siempre has deseado, ¡aunque sin requerir que permanezcas separado!

37.11 Sustrae una cantidad cualquiera de otra y verás que de esto resulta un nuevo número que, cuando se añade al anterior, vuelve a su valor original. Piensa más allá, en un problema de división, donde resulta que algo queda sin dividir, algo permanece y es llamado “resto”. Permanecer significa continuar existiendo. Es lo que permanece cuando se han retirado las partes. Es lo que no se destruye al quitar las partes. Tú “permaneces” uno en el ser. Tú “permaneces” siendo uno con la totalidad, al igual que lo siguen siendo los números de las matemáticas simples. Te has considerado capaz de ser divisible de aquello que es tu Fuente, pero la división, como la diferenciación o la individuación, solo es posible en unión y relación. Dos números separados, sin relación, sin interacción, sin división y sin sustracción, simplemente permanecen siendo lo que son.

37.12 Fijémonos por un momento en qué y quién has estado siendo y en qué y quién Dios ha estado siendo.

37.13 Simplemente, has estado siendo. La simple realidad de que seas un ser que está siendo, te convierte en uno con Dios, que está siendo. Esta verdad, sin embargo, se te ha escapado de tal modo que has estado siendo el yo particular que has “conocido” o percibido que eras —el yo que fue definido cuando naciste, un ser humano, algo que has considerado separado en vez de distinguido del ser divino que es Dios. Sin embargo, debido a que estás siendo, (y nota ahora que decimos que estás siendo, y que Dios está siendo, pero que no se ha dicho que ni tú ni Dios seáis “un” ser) tienes poder: el poder de estar siendo, que es el poder del pensamiento, de los sentimientos, de la creación y de percibir o conocer.

37.14 Has conocido ese poder solo en relación con la realidad separada en la que crees que existes. Has ejercitado ese poder al hacer elecciones como un yo separado, y para tu yo separado; unas veces lo hacías en relaciones con personas queridas, otras veces viendo la conexión de tu vida con las vidas de los demás, pero, incluso entonces, tan solo a una escala limitada. A menudo no has ejercitado ni siquiera este poder limitado, creyendo que la vida simplemente te “ocurre” a ti, y luego respondiendo a lo que ocurre. O bien crees que tienes todo el control de tu vida, o bien que Dios o el destino tienen tanto control como tú. Puede que creas que tú, Dios o el destino son benevolentes, o puede que creas que todo, incluido tu yo, está trabajando en contra tuya. Puede que confíes más en tus pensamientos, o más en tus sentimientos. Puede que te consideres creativo, o puede que no. Puede que te des cuenta de hasta qué punto tu percepción del mundo moldea tu vida, o puede que no.

37.15 Pero, más fundamental que todo esto, puede que te preguntes que, si eres uno en el ser con Dios, ¿se está diciendo que eres Dios, que has estado siendo Dios, incluso en los parámetros limitados de la vida tal y como la has conocido?

37.16 Desgraciadamente, esto no es lo que se está diciendo. Lo que se está diciendo es que simplemente estás siendo. Estás siendo un ser humano que siente, piensa, crea y percibe porque esto es lo que crees que eres. Puede que te veas a ti mismo como un ser humano separado teniendo una relación separada y distinguida con Dios, con lo cual quieres decir una relación que no es como ninguna otra. Y si te ves así a ti mismo, entonces sí que tienes una relación en la separación. Podría ser de cierto modo como tu relación con un pariente fallecido, en la que sientes una conexión, un enlace entre el cielo y la tierra, e incluso alguna posibilidad de comunicación por medio de la oración o de otro medio experimental. Pero esto es aún una relación en la separación —entre tu yo separado y el yo separado y ahora fallecido del pariente. No es tan solo una relación en la separación, sino solo una relación percibida —y solo porque no crees que puedas “conocer”, conocer verdaderamente, lo que en realidad sí conoces. Sabes que conoces, pero no crees que conozcas, porque crees que estás separado y, por tanto, que no puedes saber nada con seguridad excepto aquello para lo cual tienes prueba experimental o científica. Como un yo separado incapaz de conocer, has sido forzado, o eso piensas, a depender de las pruebas “externas”.

37.17 La percepción y el conocimiento se han utilizado juntos aquí para describir las condiciones del ser, porque para poder ser un ser, debes ser capaz de percibir. Pero el conocimiento también se utiliza porque, como ser que está siendo, eres tan capaz de conocer como de percibir. En la separación, sin embargo, lo único conocido puede ser el yo. ¿Cómo podrías “conocer” algo de lo que estás separado? Puedes imaginar lo que podría ser “conocer” a otra persona, o ser un árbol meciéndose al viento, o cómo sería conocer a Dios, pero no puedes conocer, y tu yo separado “sabe” de esta imposibilidad. Esta es la razón de que el objetivo principal de este Curso haya sido tu regreso al verdadero conocimiento de ti Mismo, de tu Yo. Un ser separado solamente puede conocerse verdaderamente a sí mismo. Sin embargo, al conocerte a ti mismo, puedes llegar a reconocer que no estás separado. Y si puedes llegar a reconocer que no estás separado, puedes volver a la unión y a la relación y, por medio de estas, a la verdadera individuación y al verdadero conocimiento.

37.18 Ciertamente “te sientes” como un ser individuado, un ser único. “Sientes” amor y sientes dolor, y ambos te resultan, de forma bastante inconfundible, “tu” amor y “tu” dolor, y el de nadie más. Te sientes como un “tú”. Esto también es “quien” has estado siendo, porque como ser que eres, sientes. Pero una vez más, solo has sentido como podría sentir un ser en la separación. Sabes que, a pesar de que a menudo alguien te diga que “él sabe cómo te sientes”, eso no es cierto. No puede saberlo, porque él o ella no es tú. Tú no puedes saber cómo se siente otro porque tú no eres esa persona. Puedes confluir en la relación con otros que se sienten de manera similar y puedes encontrar una gran alegría al sentirte “como si” alguien supiese cómo te sientes y quién eres. Pero te has sentido condenado a nunca ser conocido y a nunca compartir realmente cómo te sientes.

37.19 Esto es “quien” has estado siendo.

37.20 Ahora, hablemos de Dios.

37.21 Dios está siendo en unidad y en relación con todo. Así que Dios te conoce. Dios está siendo uno en el ser contigo, porque tú eres un aspecto del todo. Como Dios es un ser que está siendo en unidad y relación con todo, Dios es uno con cada pensamiento y con cada sentimiento. Dios es uno con cada creación. Dios lo conoce todo. Dios es, en resumen, la consciencia colectiva y la consciencia colectiva es aquello que enlaza a cada ser con los demás seres en unidad y relación.

37.22 Este “enlace” es muy poderoso. Donde hay predisposición, este enlace puede pasar a ser una relación cooperativa en vez de ser “solo” un enlace. Esta relación cooperativa, a la que se accede estando dispuestos, también podría ser llamada el “ser” al que apelas cuando apelas a Dios. Por tanto, conocer lo que estás llegando a conocer sobre la verdadera naturaleza de Dios no debería hacer que te sintieses despojado de un Dios con el que puedas sentirte unido, al que puedas invocar, agradecer y alabar. Pero hacer eso también puede resultar confuso si te lleva a pensar en Dios como en un ser particular. Sin embargo, la idea de Dios como Padre, introducida y defendida por Jesucristo, también fue creada por Jesucristo. Y por tanto es el poder del hombre y de Dios juntos, el poder de la creación. Lo que esto significa es que existe un Dios Padre con el que relacionarnos, y que este Dios Padre no invalida a Dios, ni Dios invalida a Dios Padre.

37.23 Dios Padre es una idea que fue creada y que por tanto existe, al igual que otras ideas de Dios que también fueron creadas y por tanto existen. Pero esta creación, como la creación del mismísimo Jesucristo, no es todo lo que Dios es, mientras que al mismo tiempo sí que es todo lo que Dios es, al igual que Jesús fue y es todo lo que Dios es. En unión y relación, Dios lo es todo y Dios está diferenciado.

37.24 Jesús, la vida ejemplar utilizada a lo largo de este Curso, era tanto hombre como Dios. Estaba siendo en la unidad y la relación. El ser Dios no invalidaba su ser Jesús. Y el ser Jesús no invalidaba a Dios siendo Dios. Jesús podía crear a Dios Padre, podía crear un ser coherente con su ser, porque él era un creador. Él estaba, en resumen, siendo en unión y relación.

37.25 Jesús era todo lo que Dios es, y Dios era todo lo que Jesús era, mientras que, al mismo tiempo, cada uno era diferente o individuado al estar en unión y relación.

37.26 La única diferencia real que existe o que ha existido jamás entre Dios y el hombre es que el hombre entiende la diferencia de una manera que no tiene sentido. Al igual que las ideas incorrectas sobre la creación que moldearon tu “creación” de tu mundo separado, de las que hablamos al principio del Curso, tu búsqueda de la diferenciación ha sido provocada por tu defectuoso recuerdo de la creación. Diferenciar en la unión y la relación significa ser Dios en la forma —dar expresión a “todo” lo que existe en unión y relación a través de tu ser.

37.27 Al simplemente ser, has sido “parte” de Dios, pero tampoco has considerado esto teniendo en cuenta lo que realmente significa. El “simplemente ser” lo has considerado como algo separado o, como mucho, como siendo “una” parte de Dios, como si fueses una gota de agua en el océano; y con este ejemplo del océano has enfatizado el poderío de Dios y la humildad del hombre. La “parte” de Dios que has estado siendo, está siendo, es ser. Has sido un ser que siente, piensa, crea y percibe. La “parte” de Dios que no has estado siendo, es la unión. Recuerda, Dios está siendo en la unión y la relación. Esto es lo que Dios es. Dios es ser. Dios es relación. Dios es unión.

37.28 La Relación Santa es la relación con el Cristo en ti – el puente a la unidad.

37.29 Lo mismo que son el corazón, la mente y el cuerpo para tu forma, lo son el ser, la unión y la relación para la “forma” de Dios.

37.30 Has estado siendo, y has estado siendo en la relación, porque no podías “ser” de ninguna otra manera; pero no has estado siendo en la unión.

37.31 La divinidad de tu ser se revela al máximo en la relación. La divinidad de tu ser se revela al máximo cuando te unes cooperativamente con otro o incluso contigo mismo. Cuando confluyes cooperativamente, haces a un lado el yo particular, y a veces vislumbras el ser divino en la relación. Pero, debido a que te has aferrado tanto a la separación, hasta no hace mucho raramente has vislumbrado la unión.

37.32 Los atisbos del ser que estás siendo cuando estás en unidad y relación han sido ofrecidos a todo el mundo. Habéis sido capaz de tenerlos mediante vuestra predisposición. Provienen de la observación de uno mismo, así como de la observación de otros. Provienen de lo que estás dispuesto a observar. Y se convierten en algo más que atisbos solo cuando se convierten en lo que estás dispuesto a ser.

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