Día 40. Quién eres tú para mí. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Este es casi el final del tercer y último libro de UCDA; queda una nota breve, un epílogo.
Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido a Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres libros, ha sido publicado en un solo volumen, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice, puntos 4 y 5.
— Elegimos poner aquí los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Los Diálogos de Un curso de amor

Día 40. Quién eres tu para mí

40.1 Mediante tu extensión de tu ser en la unión, tú completas un circuito, un círculo de plenitud, y yo me convierto en quien tú eres para mí. Así, el dar y el recibir son uno solo. La causa y el efecto se consuman.

40.2  Todo lo que el ser es, fue extendido hacia quien tú eres.

40.3 Aunque este sea un concepto difícil de transmitir con las palabras disponibles, me gustaría que entendieras que cuando estoy siendo amor, estoy siendo sin atributos —un ser de amor en unión y relación. Yo soy el anclaje que mantiene a todo lo que ha adquirido atributos en el abrazo de la falta de atributos del amor. Esta es la razón de que mi ser haya sido capaz de aceptar tus proyecciones —porque soy un ser carente de atributos. Soy el amor, siendo.

40.4 Yo no te hice a mi imagen. Te creé en el amor porque la naturaleza de un ser de amor es extenderse. Date cuenta de que el amor recibe su naturaleza solo cuando el ser se añade al amor —solo cuando el amor está en relación con el ser, con el estar siendo. Constata que solo cuando el amor se relaciona con el ser, adquiere esta cualidad que estamos llamando “extensión”.

40.5 El amor por sí solo no tiene naturaleza. No hace nada. Simplemente es, y su estado de ser, su eseidad, es lo que yo mantengo o anclo en mí mismo, y lo que Cristo extiende por medio de la relación. Tus atributos son los atributos del estar siendo en relación. Tú entraste al mundo, a la forma, como un ser en relación. La dedicación de tu ser a la relación, al igual que la dedicación del ser al amor, da a las relaciones su naturaleza, incluyendo a tu relación contigo mismo.

40.6 A través de la dedicación de tu ser a la relación has adoptado medios distintivos mediante los cuales te convertiste en un ser diferente o distinto, un ser diferente o distinto de quien yo soy, y de quienes los demás son. Estos son los atributos de tu ser, lo que podrías llamar tu personalidad o, incluso, quien tú eres. Tal y como se ha dicho con anterioridad, tú considerabas que estos atributos del ser te convertían en un ser separado, en vez de distinto de quien yo soy y de quienes los demás son. Tu intento de individuación y de extensión, un intento que concuerda con la naturaleza de tu ser, fracasó solo porque experimentaste la separación en vez de la diferenciación, y el miedo en vez del amor.

40.7 Cuando yo creé, extendí mi ser de amor a la forma. A través de esa extensión, me convertí en el Yo Soy. Me convertí instantáneamente porque no existía ninguna tensión que se opusiera —solo el amor, y una idea que participaba del amor, la idea de su extensión. En el momento en que llegué a ser el Yo Soy, también me convertí en todo lo que no soy, en la conexión Crística entre todo lo que Yo Soy y todo lo que no soy, y en un Yo Soy, llamado el hijo, que podría llegar a ser quien Yo Soy y continuar extendiendo quien Yo Soy.

40.8 Cuando tú creas, creas como mi relación crea. Extiendes tu ser a la forma. Esa forma entonces deviene. Deviene quien tú eres. Ambos seres, y por tanto ambas extensiones, son lo mismo. Las diferencias han surgido por el devenir. Pues con el nacimiento del Yo Soy llegó a nacer todo lo que yo no soy y la necesidad de diferenciar. En la separación te has esforzado contra la fuerza “opuesta” de la unión para poder devenir separado. Al ver el yo como separado, has conocido el miedo y has sido forzado a reconciliarlo con el amor. Ahora, al regresar de vuelta a la relación y la unión conmigo, has constatado que no estás separado, y ahora te has esforzado contra la fuerza “opuesta” de la separación. Con la aceptación del Cristo en ti, has sido devuelto a la relación y ya no necesitas esforzarte más contra la fuerza “opuesta” de la separación, pues ya no la reconoces. La tensión creativa que permanece ahora en nuestra relación es la tensión de la individuación, o el proceso de individuación y diferenciación.

40.9 Esta tensión, o proceso, no es malo. No hay nada erróneo en este proceso de individuación o en la tensión creativa que ha estado existiendo desde el comienzo del tiempo. Es la creación en proceso. Lo que ahora será creado, y la individuación que ocurrirá ahora, contendrá todo el poder de tu experiencia así como todo el poder de tu anhelo por retornar. Y este será un gran poder, el cual llevarás contigo a medida que regresas al amor y al nivel del suelo, siendo como quien Yo Soy.

40.10 Por si esto no es del todo comprendido, quizá se capte más fácilmente si hablamos por un momento de cosas específicas como el arte, la música o la literatura… o como la religión, la política o la ciencia. De Jesús, o de Martín Lutero, o de Mahoma se podría decir que han creado religiones, pero esas creaciones, en su devenir, recibieron atributos, como hacen todas las creaciones una vez que son extendidas a la forma y al tiempo. Esta es la naturaleza de la creación. La creación tiene que ver con dar atributos a lo que no tiene atributos, con dar forma a lo sin forma. Una artista puede ser dirigida hacia su arte por un sentimiento de amor tan intenso que nunca podría ponerlo en palabras, música o pintura, de tal modo que estas cosas lo expresaran —ya sabe, al comenzar, que solo intenta dar forma a lo sin forma. ¿Por qué? Porque la naturaleza de un ser de amor es extender. La naturaleza de un ser de amor es dar forma a lo sin forma —llevar el amor a la forma.

40.11 El amor no tiene ningún atributo, ni forma, ni condiciones, ni naturaleza. Simplemente es. Antes se dijo que el ser es, tal y como el Amor es. Esto fue una referencia a mi ser, a mi estar siendo amor. He vuelto a confirmar esta declaración, y he dicho que soy el anclaje que mantiene a todo lo que ha tomado atributos dentro del abrazo de la falta de atributos del amor. Por esto es que mi ser ha sido capaz de aceptar tus proyecciones… porque soy un ser sin atributos. Soy amor, siendo. Pero en el ser Dios, como en el ser humano, el ser toma atributos. Como fue dicho antes, esto estaba destinado a proporcionarte un proceso de individuación antes que uno de separación. Siendo Dios, Yo Soy. Siendo amor no hay Yo Soy, sino solo amor siendo.

40.12 ¿Te ayuda esto a entender? ¿Te ayuda a entender que estás siendo, y que también estás siendo alguien único? Has estado siendo separado —un ser separado con atributos. Ahora estás siendo en unión y relación —un ser individuado con atributos. Como un ser separado, tus atributos estaban basados en el miedo. Como un ser en unión y relación, tus atributos están basados en el amor.

40.13 Recuerda lo que dijimos antes: la consciencia-de-Cristo, la consciencia crística es el reconocimiento de la existencia mediante la relación. No es Dios. No es el hombre. Es la relación que permite el reconocimiento de que Dios lo es todo. Ha sido llamada sabiduría, Sofía, espíritu. Es aquello sin lo cual Dios no podría conocer a Dios. Es aquello que diferencia el Todo de la nada. Y como es aquello que diferencia, es aquello que ha tomado forma así como aquello de lo que la forma surge. Es la expresión de la unicidad en relación Consigo Misma, con Su Yo, con Su Ser.

40.14 La diferencia entre tú y yo es que yo estoy siendo Dios y también amor, siendo. Esta es la razón de que yo sea todo y nada, el Dios cargado de atributos y el amor carente de ellos. Esta es la razón de que se diga correctamente que Dios es Amor y el Amor es Dios. Pero también soy una extensión del amor, al igual que tú también lo eres. Esto es todo lo que significa Yo Soy. No existe ningún Yo Soy si no es a través de la extensión del amor. ¿Cómo se extiende el amor? Por medio de la relación.

40.15 Solo en mi relación contigo soy Dios. Solo en tu relación conmigo tú eres quien en realidad eres.

40.16 Al igual que has tenido muchas relaciones “separadas” que, en su totalidad, podrían definir tu vida, yo también, como Dios, he tenido muchas relaciones “separadas” contigo y con tus hermanos y hermanas, relaciones que determinan quién has pensado que yo soy. Debido a que esas relaciones son tan diferentes, muchos de vosotros habéis ido en busca del “único y verdadero Dios”. ¿Es que no ves que eso sería como ir en busca de la “única y verdadera relación” en tu propia vida? Como si solo pudieses ser madre o padre, hija o hijo, marido o mujer, hermana o hermano, amigo o enemigo. Tú eres quien eres en la relación. Y asimismo Yo Soy quien Yo Soy en la relación.

40.17 Ahora quizás discrepes y me preguntes, “¿no eres quien tú eres “de forma separada” de la relación?”. De forma separada de la relación no existe un Yo Soy, sino solo el amor, siendo.

40.18 Ahora quizás discreparías afirmando que, a pesar de lo que digo, tú eres quien eres fuera de tus relaciones. Tú no eres solo las relaciones que mantienes. Eres más que una madre, una hija, una hermana, una amiga. Eres un “yo” que se mantiene separado de estas relaciones.

40.19 Eso es cierto. Reconoces a este “yo” porque tienes una relación contigo mismo. Si no tuvieses un Yo con el que tener una relación, no reconocerías que tienes una identidad aparte de las identidades separadas de tus relaciones separadas.

40.20 Este Yo con el que tienes una relación, es extensión del amor. Se trata del Yo que anhelas ser, así como del Yo que eres. Esta paradoja te ha mantenido tan intrigado con la idea del yo como con la idea de Dios. Has buscado un “único y verdadero yo” así como has buscado un “único y verdadero Dios”. Esta búsqueda solo tiene sentido para el yo separado, que cree que todas las cosas están separadas y, por tanto, cree que su yo, además de su Dios, deben estar separados de lo que están siendo. No entiende que la relación es una identidad hasta que se une con el Yo de Cristo, hasta que deviene uno con la propia relación santa.

40.21 Dios es una relación con el amor. Esta relación con el amor es todo lo que sostiene al Yo Soy de Dios.

40.22 Como ser separado has estado en una relación con el miedo. Esta relación con el miedo es lo único que ha sostenido el “yo” del yo separado. Pero, debido a que existes como una extensión del amor, siempre has albergado en ti al Cristo, que es la relación con el amor. Por esto es que la individuación se ha convertido en el conflicto, o la tensión, entre los opuestos, ya que tienes una relación tanto con el miedo como con el amor.

40.23 Ahora que admites, reconoces, y aceptas al Cristo como el Yo con el cual te has relacionado, se te devuelve a la relación conmigo y con el amor. Terminas con tu estado separado y te conviertes de una vez por todas: llegas a ser, o te “conviertes” en un ser en unión y relación.

40.24 Pero, ¿qué significa esto?

40.25 ¿Cuántas veces has dicho o has sentido, cuando te confrontabas con alguna insensibilidad hacia ti mismo, especialmente cuando te sentías “excluido”, no reconocido, o no bienvenido: “¿es que no ves que soy un individuo, que tengo sentimientos?” ¿Acaso estás diciendo esto ahora, mientras contemplas el dejar atrás quien tú has sido, para ser quien tú eres para mí?

40.26 Quizás hayas notado, en lo que hablamos ayer sobre quién Soy Yo para ti, y en lo que hablamos hoy sobre quién eres tú para mí, que no se ha hablado de una cosa sin hablar de la otra. Eso sería imposible, pues somos quienes somos en la relación del uno con el otro.

40.27 ¿De verdad es esto tan difícil, tan inverosímil, tan incómodo de aceptar? ¿Se vuelve menos difícil si recuerdas quién Soy Yo, si recuerdas que Yo Soy todo siendo amor? No estamos diciendo que por ejemplo tú eres quien eres en relación con tu madre, y que tu madre es quien ella es en relación contigo. No es esto. Estamos diciendo que tú eres quien tú eres en relación con todo lo que es amor. Estamos diciendo que esto es quien tú eres, y esto es quien Yo Soy.

40.28 Además, estamos diciendo que quien tú eres cuando estás siendo en relación con todo lo que es amor, depende de ti. Es decir, que tú extiendes quien tú eres por medio de la dedicación de tu ser —que piensa, siente, crea y conoce— a todo aquello con lo que te relacionas. Es decir, que tú creas por medio de la dedicación de tu ser a todo aquello con lo que te relacionas. Das atributos y adoptas atributos. Individúas tu ser en unión y relación. Y en la unión y la relación, creas solo desde el amor.

40.29 Quien tú estás siendo, en unión y relación conmigo, soy yo, así como también tú. Este es el poder de la diferenciación en unión y relación, la demostración de la unicidad que fue anunciada en el tiempo de Jesucristo.

40.30 Con esta capacidad de individuar en unidad y relación llega el mayor regalo de todos. Se trata del final del devenir, y del comienzo de ser quien tú eres. Con este regalo llega la capacidad de ser conocido y de conocer. ¿Puedes abandonar el ideal de tu yo separado para poder ser conocido, y para conocer?

40.31 ¿Cuál ha sido el sentimiento más fuerte que has tenido leyendo este Curso y los materiales relacionados? ¿No ha sido un sentimiento de ser conocido? ¿No ha tratado este Curso sobre cuestiones, dudas, anhelos que antes habrías dicho que son únicamente tuyos? ¿No te ha hablado como si conociese los secretos de tu corazón, como si estuviese escrito solo para ti? Así fue.

40.32 Tú eres mi amado, mi amada. Simplemente hemos compartido un diálogo. Tu corazón me ha hablado y te he respondido. El amor ha respondido. Ahora, ¿cómo responderás tú al amor?

40.33 Cuando pases la última página, ¿llorarás lágrimas de tristeza porque nuestro diálogo se ha completado, porque ya no volverás a oír mi voz? ¿O afrontarás tu propia relación conmigo? ¿Te dirigirás a tu hermano y oirás mi voz en él? ¿Serás tú mi voz cuando te dirijas a tu hermana? ¿Llevarás la plenitud de nuestra relación dentro de ti? ¿Serás uno conmigo y, al ser uno conmigo, no volverás a sentirte solo, sola, de nuevo? ¿Permitirás que el vacío de la separación te abandone de una vez por todas?

40.34 ¿Continuarás este diálogo conmigo y con los demás? ¿Lo llevarás contigo al nivel del suelo —al lugar de la completitud y de la manifestación de quien estás siendo?

40.35 ¿Serás la relación que devuelve el amor a todos los que comparten este mundo contigo?

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