6. La vía del corazón. Lección 6. Yeshua-Jayem (La vía de la maestría)   Leave a comment

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[- Para más información, ver el índice de estos libros.
– En diciembre 2015 empecé una revisión de la traducción de este primer libro de La Vía (que he tardado o tardaré pocas semanas en terminar).
– Aunque la traducción había quedado bastante bien, aún había algunas cosas más o menos claramente mejorables en cuanto a la transmisión del significado del texto en inglés (dentro de que el objetivo es fundamentalmente transmitir el sentido lo mejor posible).
– Para ver el PDF entero actualizado ver el índice enlazado más arriba (y la carpeta con todos los textos en Google-Drive que también enlazo en el índice).]

Lección 6

Ahora, comenzamos.

Y ciertamente, una vez más, a vosotros os saludo, queridos y santos amigos. Ciertamente, a vosotros os saludo, queridos y santos amigos. Si entendierais el significado de este saludo, si comprendierais cada término en toda su profundidad, ya sabríais todo lo que hay que saber. Y estaríais bien preparados para extender el Amor de Dios, para siempre.

Ciertamente, o realmente”, significa que no hay más opciones. “Saludos para vosotros”, son saludos a quien fue creado del Padre, antes de todas las cosas, pues me inclino ante tu resplandor. ¡Saludos para ti, “querida” y santa Criatura de Dios! Ciertamente, amada de Dios. Ciertamente, amada por cada molécula en tu universo físico. Ciertamente amada por tu Santa Madre, esta preciosa Tierra. Ciertamente amada por cualquier cosa que imagines que existió jamás o que pueda existir jamás, y que se ha extendido a sí misma desde el Corazón y la Mente de Dios. Eres el Amado, pura y simplemente. Y de nuevo, no hay otra opción.

Santo, ya que eres pleno, y no porque te hayas ganado esa santidad, sino porque ella es la Verdad desde la cual te extendiste para siempre; pues estás hecho a imagen de Dios, ya que brotas de la Mente de Dios. Eres la santidad misma cada vez que dejas a un lado la tentación de soñar un sueño inútil, y caminas por esta Tierra como el Cristo.

Querido y santo “amigo”. Un amigo no es alguien inferior a mí mismo. Un amigo es alguien que camina en perfecta igualdad, con el más grande de los maestros, sea quien sea quien concibas que ese maestro es. Un amigo, un amigo es alguien que elige mirar a otro para ver ahí solo la Faz de Cristo. Y no hay nadie en esta habitación, ni habrá ciertamente nunca nadie que escuche estas palabras, que no me haya mirado ya a y que no haya visto la Faz de Cristo adentro. E igualmente, yo te miro a ti y te digo “amigo”.

Pues cuando te miro, no veo esos sueños pasajeros que pareces creer que son tan duraderos. Solo veo el resplandor de aquello que mi Padre ha extendido desde el Amor. Solo veo aquello que no tiene ni comienzo ni fin. Y veo solo aquello que no conoce nacimiento ni muerte. Veo solo lo ilimitado. Solo veo eso, cuya Luz ya está extendida por todas las dimensiones y por todos los universos.

Veo solo a mi hermano y a mi hermana. No veo ni rastro de desigualdad entre nosotros. Y además, también reconozco que a ti, en tu sueño, te parece como si yo estuviera un poquito más avanzado que tú. Y a veces, en vuestros corazones, existe el anhelo de seguirme. Y si tan solo pudieras prestarle atención a ese anhelo, si pudieras hacer que ese anhelo fuera algo primordial en todo momento, tu propio deseo te llevaría plenamente adonde yo estoy. Y te reirías al descubrir que no te has movido ni un centímetro, al ver que donde yo estoy es donde tú estás, y donde tú estás es en la eternidad, y no en el tiempo; y que donde tú estás es en el lugar de tu nacimiento: la Mente de Dios. Esta es la única cosa cierta, y cierta para siempre. Es la única realidad que posees genuinamente. Por tanto, ciertamente, te llamo amigo. Porque compruebo con claridad que tú eres como yo soy, y por tanto, ciertamente, a vosotros os saludo, queridos y santos amigos.

Así que ahora podríamos detenernos. No hay nada más que decir. Y no obstante la mente echa a correr, ¿no es así? Y además echa a correr desde la misma realidad que te acabo de describir como la tuya propia. La mente echa a correr desde esa fuente, como un rayo de luz solar saliendo del sol. Mas, en realidad, nunca abandona su Fuente. Y el mismo poder con el cual pareces poder distraerte, con un pensamiento momentáneo de miedo, es el mismo poder mediante el cual despertarás a tu propia llamada.

En Verdad, existe un lugar dentro de ti que ya sabe el día y la hora. Tú ya sabes cuándo estarás preparado para decidirte a vivir la decisión de despertar en Dios, de ser solo la presencia del Amor. Y el amor abraza todas las cosas, permite todas las cosas, confía en todas las cosas, trasciende todas las cosas. El amor nunca es posesivo. El amor nunca teme. El amor es simplemente Amor. El amor no puede brillar de forma especial sobre nadie en ningún momento. Porque el especialismo, en sí mismo, es una contracción, es la tentativa de tomar el Amor y hacerlo brillar solo sobre un objeto, solo sobre una persona, solo sobre un ser, solo en un universo.

Por tanto, siempre que reconozcas que has aislado alguna cosa, o a alguien, y has dicho, “tienen un gran valor”, puedes estar seguro de que en absoluto estás en el Amor, sino en el miedo. Y por tanto, si ese ser fuera a abandonarte, ¿dónde te quedarías? Pero, si estás en el Amor, como un pez en el mar, todos los seres pueden surgir y pasar, y los bendices en su caminar. Y recuerdas que resides donde Dios te ha colocado. Y Dios te ha colocado en Su Corazón. Y cuando elijas ser solo la presencia del Amor, incluso el sueño de pérdida se disolverá de tu consciencia como la bruma en el bosque ante el sol de la mañana.

Ciertamente, queridos amigos, el Amor realmente espera vuestra bienvenida. Y no obstante, no podéis darle la bienvenida al Amor esperando que os sea traído a vosotros por algún otro, ni siquiera por . No podéis darle la bienvenida corriendo de un lado para otro intentando crear un entorno en el cual creéis que vuestras preferencias se verán satisfechas. No podéis darle la bienvenida al Amor cuando esa bienvenida está relacionada o asociada con alguna cosa fenoménica, con cualquier cosa que haya sido concebida en el tiempo. Al Amor solo se le puede dar la bienvenida allá donde el Amor realmente reside. Y el Amor reside en ti, como el Núcleo y la Fuente de tu mismo ser.

Por tanto, si quisieras conocer el Amor, conócete a ti Mismo, a tu Yo. Abraza la Verdad sobre ello y la Verdad te hará libre. Entonces, ciertamente, el Amor fluirá a través de ti. Y como la gran luz solar que viene a nutrir a esta amada Tierra vuestra, el Amor que fluye a través de ti se verá libre de trabas. No encontrará ningún obstáculo. Y contemplarás a quienquiera que se halle frente a ti reconociendo que te ha sido enviado por el Padre, que ha sido guiado hacia ti por el Espíritu Santo, pues a través de ti el Amor le puede ser dado bajo una forma que comienza a tocar ese espacio de su despertar. Por eso es por lo que no eres sino el servidor del Amor. ¡Eso es todo lo que la Vida es!

Cuando elijas rendirte, abandonar el juego, abandonar el sueño de intentar resistir la Verdad que es cierta sobre ti siempre, te harás un mero canal, un mero conducto. Ya no serás más un buscador, pues habrás decidido que has encontrado. Y, entregando el más pequeño vestigio de la demente posibilidad de contracción que te aparta de la Verdad, cuando hayas entregado eso, el Amor fluirá a través de ti. Pero date cuenta de que si fluye a través de ti, primero debe fluir hacia ti. Por tanto, busca siempre recibir para poder dar. Porque, ¿qué puedes darle a otro si todavía no te lo has dado a ti mismo?

¿A cuántos de vosotros se os ha enseñado a intentar amar, a intentar hacer lo “correcto”, lo “bueno”?… sea lo que sea que se suponga que eso signifique. Y, no obstante, ¿cuántas veces os habéis dicho, en vuestra cámara secreta, “no soy digno”? Y entonces, te preguntas por qué tus tentativas de unión en Amor con otros nunca parecen ser lo suficientemente satisfactorias, nunca parecen llenar la copa lo suficiente, nunca parecen suscitar toda la alegría que crees que podrías encontrar ahí. Porque ciertamente, escucha bien, tu trabajo, si lo quieres llamar así, no es buscar y encontrar el Amor, sino meramente dirigirte hacia dentro para poder desvelar todo obstáculo que hayas interpuesto ante su presencia, y ofrecer ese obstáculo al gran disolvente de los sueños, a la gracia del Espíritu Santo.

Te he dicho muchas veces que el mayor de los regalos que puedes ofrecer es este: llegar plenamente al reconocimiento de que, en todo intento que has probado para resistirte a ser la presencia del Cristo, has fracasado miserablemente; todos te han fallado miserablemente. Y, sin importar cuántas veces te hayas intentado convencer de que no eres digno, el universo encuentra una manera de amarte. Sin importar cuántas veces hayas intentado enclaustrarte a ti mismo en el espacio y el volumen de un cuerpo, no has tenido éxito. Y en la muerte, has recordado y te las has visto con el esplendor de tu ilimitación. Por tanto, ciertamente, el mayor de los regalos que le puedes dar a otro es ser alguien que haya prescindido de la necesidad de insistir en la demencia del miedo.

La ausencia de miedo es la primera característica de la maestría. Y en la maestría no se trata de tener un gran poder para conseguir que ocurran cosas. La maestría es solo el reconocimiento de que lo que es verdad es siempre verdad, y que no hay otra elección. El libre albedrío no significa que tengas derecho a creer que puedes tener éxito en ser distinto de lo que Dios te creó para ser. Tener libre albedrío no significa que puedas elegir no seguir el plan de estudios que la Vida te ofrece en cada momento. Solo significa que tienes el derecho a posponerlo para otro día más. Y, cada vez que lo pospones, caes dormido en tu sufrimiento.

Pero cuando eliges seguir el único plan de estudios que importa, cuando eliges usar el poder de tu libre albedrío para decir,

Ahora, desde este momento, ya no toleraré más el error en mí mismo. No más juegos, no más sueños. Me comprometo a ser solo la presencia del amor, pues esa es la Verdad de quien yo soy. No importa lo que digan otros que aún se resisten a tal decisión.

…entonces, ciertamente, todas las cosas en el Cielo y en la Tierra se moverán para apoyarte, para guiarte hacia la persona correcta, el lugar adecuado, el libro correcto, el amanecer correcto, la pradera adecuada, para poder asistirte en la labor de retirar las cadenas de los obstáculos interpuestos ante la presencia del Amor, los obstáculos que has creado como ídolos y como sustitutos del Amor. Y por eso es por lo que cuando realmente rezas desde las profundidades de tu alma, “Padre, llévame a casa”, puedes estar seguro de que, desde ese momento, será bueno para ti confiar en cada pequeño detalle que se despliegue. Pues, aunque no lo veas, aquellos que llamarías ángeles –amigos que simplemente no tienen cuerpos– corren de un lado a otro apresurándose ante tu orden,

Sí, acepto vuestra presencia en mi vida. Entrego todo este asunto. Ahora, cada momento, lo dedico a la sanación y a despertarme de esta sensación ilusoria de separación de Dios, esa que una vez yo creé en el error.

¡Amor! ¿De cuántas maneras lo has buscado? ¡Mmm! ¿Podrías contarlas? ¡Mmm! ¿Estarías dispuesto a contar cada granito de arena en las playas de tu planeta? Pues ten por seguro que todas y cada una de las almas ya han intentado buscar el Amor de todas esas maneras, si no más. Lo has buscado en las millones de formas que tú ya sabes que no podrías encontrarlo. Y todo porque querías perpetuar el intento demente de tratar de separarte a ti mismo de Dios. Y eso es tan fútil como si un rayo de sol intentara separarse a sí mismo del sol.

Ciertamente, queridos amigos, solo hay una cuestión a responder:

¿Qué estoy eligiendo en este momento?

¿A qué le he entregado el dominio sobre mi vida: a qué percepción, a qué pensamiento, a qué sentimiento? (ya que el sentimiento meramente fluye del pensamiento o la percepción que hayas elegido). ¿Qué comportamiento, qué acción estoy eligiendo en este momento? ¿Eso expresa la realidad de mi ser? ¿Estoy ocupado extendiendo Amor, o bien intentando agarrarme con miedo a lo que creo que puede dármelo de tal modo que no lo pierda?

Mira bien, entonces, a tus padres, tu familia, tus compañeros, tus amigos. Ninguno de ellos, ninguno de ellos, tiene el poder de traerte el Amor hacia ti. Así que, ¿qué es lo que estás intentando sacar de ellos? ¿Por qué insistes tanto en que otro debería ajustarse a lo que crees que tú necesitas? Es fútil, es cien por cien fútil, es extremadamente, es absolutamente fútil buscar el Amor en la relación con algo o alguien.

Es, sin embargo, muy apropiado extender el Amor en cada relación, con cada cosa y con cada cual. Pero la extensión de ese Amor requiere que hayas despertado a la Verdad de que la única relación que tiene valor es la relación entre tú, como alma, y el Padre, o Dios, como tu Creador.

Imagina que una bombilla de luz, en una de tus lámparas, mirara hacia fuera desde sus pequeños filamentos y dijera,

¡Mmm! Vale, espero que la persona que acaba de entrar por la puerta sea la correcta. Si solo pudiera llegar hasta ahí y agarrarla, quizá mi propia luz podría encenderse.

Mmm. ¿No es mucho más fácil simplemente agarrar el cable y meterlo en el enchufe correcto? ¿Cuántas veces has insistido en intentar meterlo en el lugar incorrecto? ¿Mmm?

Bien, ese no funcionó. Vamos a ver con este otro cuerpo, intentaré con esta persona, esta carrera. Mmm. Y al no sacarle tampoco demasiado jugo a eso… entonces… ¡Ah! Bien, sí había un poco de jugo.

Y entonces te quedas hambriento porque no te está dando suficiente jugo, o bien, sí que te lo dio ayer, pero no hoy, así que todo debe ser por su culpa. ¡Mmm!

Solo hay un pequeño enchufe donde puedas meter tu cable. Solo hay uno que se ajuste, y es el único que está operativo como para poder brindarte las Fluyentes y Vivientes Aguas de la Gracia. Y ese enchufe está solamente dentro de tu Corazón –no el físico, sino aquel que es simbolizado por el corazón físico: el núcleo mismo de tu ser.

Pero, ¿cuántas veces cada día miras a ver si el cable está enchufado ahí? ¿Cuántas veces recuerdas preguntarte a ti mismo,

¿Mi compromiso es el del Amor, o es el del miedo?

El miedo es el arte de desconectar tu cable del único enchufe que verdaderamente te satisfaría, y te hace corretear para intentar enchufarte a alguna cosa más o a alguien más. Y te pido que consideres solo esta cuestión al contemplar toda tu experiencia: ¿ha funcionado alguna vez? ¿Puede alguna vez funcionar?

Imagina que aprietas los dedos contra tu mano tratando de contener el agua que fluye por la palma de tu mano. ¿Con cuánta te quedas? ¿No se escapa por mucho que los aprietes? Encuentra pequeños agujeros y se va. Abres tu mano y no queda suficiente como para poder siquiera humedecer la lengua. Y no obstante, cada vez que miras a otro –padre, pariente, amigo, compañero, profesor o lo que tengas–, cada vez que has contemplado un objeto físico y te has intentado enchufar ahí para extraer el jugo que creías necesitar, eso es lo que estabas haciendo. Y literalmente acababas exprimiendo la mismísima vida de la relación, expulsándola.

Pero en Verdad, cuando buscas primero el Reino y enchufas tu cable en el enchufe dentro de tu corazón, cuando recuerdas que tú y tu Padre sois Uno, que solo el Amor es real y que nada más importa… entonces, quizá sientas algo, algo que quizá te esté diciendo esto: “pero…, pero…, pero… pero…”. Y esto no es más que el eco de un viejo hábito. Y ese hábito no puede seguir vivo a menos que lo alimentes.

Por tanto, alimenta el único hábito que sí importa: el de recordar que la Verdad es verdad siempre, pase lo que pase ante tus ojos físicos, y, por tanto, ante tu mente. En todas las idas y venidas, nacimientos y muertes, en todo surgir y pasar de universo tras universo tras universo, en medio de un pinchazo o de una repentina tormenta, nada –nada– tiene valor excepto tu relación con tu Creador.

Cuando has experimentado, en relación con cualquiera o con cualquier cosa, un momento de éxtasis, un momento de esa paz que siempre sobrepasa todo entendimiento, un momento de realización tan dulce y tan sublime que ninguna palabra podría ni rozarlo, y mucho menos expresarlo, lo que has experimentado es solo el fluir del Amor de Dios a través de ti. No era algo provocado por esa persona o cosa. Fue provocado porque, por solo un momento, te saliste de tu drama, de tu sueño, y permitiste que la Verdad fuera vivida.

Entonces, por supuesto, te engañaste a ti mismo:

Dios, ¡fue tan dulce! Ha sido lo mejor que jamás he probado. Debe haber procedido de ti, así que ¡ven aquí! ¡Te necesito!

Si alguna vez creíste que necesitabas algo o a alguien, ten por seguro que en ese momento estabas viviendo en el engaño.

Todo lo que necesitas es Amor. El Amor satisface todas las cosas. El Amor abraza todo. El amor sana todas las cosas y el Amor transforma todas las cosas. Por tanto, ciertamente, recuerda bien que tú, y solo tú, puedes convertirte en la causa, por así decirlo, de tu realización, de tu paz, de tu consumación del tiempo. Y esto requiere que tú no hagas nada salvo recordar establecer la conexión con tu Creador.

¿No es cierto que lo que deseas más que nada es el Amor? ¿No es cierto que intentas, o al menos esperas, que cada relación, sin importar lo breve que sea, sin importar su forma, que cada caminar, que cada proyecto, te permita experimentar la paz? ¿No es cierto que tú, que te encuentras transitoriamente en un cuerpo dentro del tiempo, no es cierto que las más grandiosas experiencias que has conocido han sido aquellas que parecían inundar las mismísimas células de tu cuerpo con Amor, con un sublime éxtasis y con paz?

Acepta esa Verdad: que por encima de todo deseas la experiencia viviente del Amor. Y entonces recuerda que nada de lo que haces te puede brindar ese Amor. Nada de lo que hagas puede mantener el Amor bajo la forma que hayas elegido. Nada de lo que hagas –nada de lo que hagas– puede hacer que el Amor se muestre de acuerdo a tus exigencias.

Mas, soltando el drama, soltando el sueño, eligiendo recordar la Verdad que siempre es verdad, regresando al Reino dentro, incluso antes de cada inspiración, y recordándote a ti mismo decirle a tu Creador,

Solo quiero aquello que es verdad siempre. El amor es lo que quiero. Amor es lo que Tú eres. Amor es lo que recibo. Amor es lo que yo soy. Yo y mi Padre somos Uno.

Con esto, y solo con esto, descubrirás lo que buscas.

Y entonces te conviertes en alguien libre para caminar por esta Tierra, para estar en ella, pero sin ser de ella en absoluto. Y aunque tus amigos te miren y todavía contemplen a un hombre o a una mujer que parece actuar de forma parecida a ellos, no obstante, aunque ellos no lo vean, Cristo está con ellos. Y algo en ellos hará que les atraigas. No estarán seguros de lo que es. ¿La forma de tu cuerpo? ¡Mmm! ¿El resplandor de tus ojos? No es eso. Sienten la cualidad del Amor.

¿Puedes imaginarte caminando por esta Tierra, por este mismo planeta en el que os encontráis, y sin importar dónde estés, sentirte como si cada retazo de nube y cada brizna de hierba, y todas las cosas buenas del Cielo y la Tierra estuvieran ya contigo, albergadas en la esfera de tu semblante? ¿Te puedes imaginar caminando sobre la Tierra y sintiendo que la Luz de la más lejana de las estrellas que brilla durante la noche ya está dentro de ti, y que toda la Creación se viera albergada en las palmas de tus manos? ¿Habría todavía algún modo de poder convencerte a ti mismo de que hay algo que te falta, algo que necesitas, y de que la inquietud que sientes debe ser aceptada?

En Verdad, eres como alguien a quien le ha sido entregado un tesoro perfecto, una joya que no tiene precio. Pero la has colocado en tu bolsillo y has olvidado que la tienes. Y así, vas por ahí intentando rebuscar en los bolsillos de todos los demás. Y has intentado seducir a algunos para que te entreguen su ropa para con ello intentar poseer la joya que esperas que esté en sus bolsillos. Pero la gran Verdad es que no puedes poseer el Amor hasta que lo liberes. No puedes dirigirte hacia la relación sagrada con nada ni con nadie si no abandonas toda traza de necesitar poseerlo.

Cuando tu único deseo sea el Amor, estarás dispuesto a liberar a todos para apoyarles en sus propias travesías, sin importar las que sean, o lo que se requiera. Y además, nunca sentirás que tu Amor vacila. Y si surge una punzada de tristeza porque reconoces que dos cuerpos en el espacio van a separarse ahora para marcharse a diferentes partes del planeta, según surge eso, lo reconocerás como el efecto de una percepción errónea. Y te dirigirás adentro, al lugar donde todas las mentes están unidas. Y recordarás que tu satisfacción no reside en ganarte el Amor de otro, sino en darle Amor a todos.

Si ciertamente quieres reconocer que la Verdad te hace libre, presta atención a cada palabra que está siendo compartida. Y si quieres probar el dulce néctar de la perfecta libertad, comprométete a reemplazar cada percepción errónea que jamás hayas tenido, todo pensamiento que hayas tenido de cualquiera y de cualquier cosa, para dejar de lado esas cosas y comprometer la totalidad de tu energía a la simple pero vigilante práctica de recordar la Verdad –incluso antes de cada inspiración:

¡Vivo! Pero no yo, sino el Cristo mora en mí. Por tanto, entrego y me rindo a la Verdad que siempre es verdad. Pues mi satisfacción solo procede de permitir que Cristo sea entregado al mundo.

Y así, ves, la Verdad es muy simple. No es para nada compleja. Quítate de en medio, permite que el Amor viva a través de ti. Y de repente reconocerás que ciertamente se te han dado todas las cosas buenas, por toda la eternidad. Reconocerás que la Gracia es la realidad. Reconocerás que la vida sin esfuerzo es la forma de Vida en el Reino. Pero sin esfuerzo no significa que no sientas, pues estás en una dimensión de sentimiento. Sin esfuerzo no significa que no descubras, que no profundices en tu capacidad de ser una encarnación viviente del Amor. No significa que no te desafíes a ti mismo para poder aprender a expresar Amor de una manera tal que pueda ser escuchada por algún otro. Sin esfuerzo solo significa que abandonas la resistencia ante lo que el Amor requiere en cada momento.

Sin esfuerzo es la manera del Reino. En el mundo, sin esfuerzo significa que permites que caiga el muro que has construido entre tú mismo y el resto de la Creación. Ya no te resistes a la viva experiencia de la relación, cualquiera que sea esta –la relación con una nube, con otra persona, la relación con un perro o un gato, o con –lo que llamarías– tu 15 de abril, o cuando le escribes a tu gran gobierno y le mandas un cheque. Mmm. ¿Y por qué no lo envuelves con lo que llamas papel de regalo y ribetes, y se lo envías con mucho Amor? ¡Mmm!

Cuando hayas aprendido a liberar las barreras, los muros entre tú mismo y lo que esté frente a ti; cuando abras la puerta de lo que muchos llamaríais chakras y simplemente permitas que el Amor sea vivido a través de ti; cuando mires a otro, a una situación, a alguna cosa, y constates que nada en este mundo tiene el poder de herirte, que nada en este mundo tiene el poder de quitarte nada, si recuerdas extender Amor, entonces, ¡eres libre! Y has trascendido el nacimiento y la muerte. El buscador deja de existir, y solo Cristo camina por esta Tierra. Y si realmente estás comprometido a mirar adentro y a desvelar todos y cada uno de los obstáculos que jamás hayas colocado ante la presencia del Amor, ¿por qué te resistes a sentir esas cosas? Pues es cierto aquello que se te ha explicado, cuando se te ha dicho que justo al otro lado se encuentra ese mismo Amor que buscas.

No niegues entonces el papel del sentimiento en esta dimensión, ya que ¡el sentimiento lo es todo! No puedes ni siquiera reconocer la presencia de Dios a menos que la sientas. No puedes pensar sobre la presencia de Dios. No puedes insistir con empeño en alguna creencia sobre la presencia de Dios. Eso no puede ser, no llenará tu copa. El sentimiento llena tu copa. ¡El sentimiento –desenfrenado, desbloqueado, no obstruido– es la puerta de entrada a ese Amor que te hace libre!

Por tanto, cuando dices, “no quiero sentir esto”, ten por seguro que lo que realmente estás diciendo es:

Sí, sí. La puerta de entrada al Reino del Cielo está justo ante mí, ¡pero si crees que voy a abrirla estás listo! No vale la pena hacerlo, de ningún modo. Lo que sí que merece la pena es proteger el sustituto que he fabricado.

Y a eso lo he llamado “el ego”, el falso yo, lo que una vez te describí como un ratoncito, o una mosquita, da lo mismo, gritándole al espacio, en un pequeño mosqueo,

¡Eso! Oh, eso es con lo que estoy comprometido. Y voy a proteger esto. ¿Abandonar el Cielo para proteger esta cosita inútil? ¡Oh, sí, claro! ¡Cómo podías creer que no iba a hacer este sacrificio! ¿Qué es el Cielo de todas maneras? Un asunto de nada más que montones y montones de amor. ¡Mmm! Un montón de gente corriendo en éxtasis, algunos sin cuerpos, pasando el rato en la ilimitación, sin miedo, en absoluta satisfacción. ¿Quién necesita eso? Oh, pero este, mi pequeño mosqueo… ¡Oh! ¡Voy a hacer que brille!

Hay tanta sabiduría que contemplar en tus dichos tan divertidos, en tu música y tus cosas… ¿Cuántas veces has intentado hacer que ese mosqueo brille? ¡Mmm!

Todo el mundo lo nota, está brillando. Por favor, date cuenta de lo grande que soy. Estoy haciendo que brille. Escucha mi lloriqueo y mis quejas (y perdón por la expresión: eso que llamas “puteo”), el lamento, la gran tristeza. ¡Oh! ¡Qué grande es mi mosqueo!

Mientras tanto, el Amor de Dios fluye a través de una multitud de universos y crea –para siempre– incluso nuevos universos. Y el Amor de Dios ni siquiera nota el mosqueo, para nada. Nadie le presta ninguna atención. Tus amigos, en tu entorno, no quieren prestarle atención, aunque a veces les arrincones y no tengan otro remedio. Pero, aquellos que no tenemos cuerpos, ¿en serio, realmente piensas que perdemos nuestra preciosa eternidad tomándonos seriamente tu tentativa de hacer brillar tu mosqueo? Ciertamente, como te Amamos, te damos el espacio y honramos el libre albedrío que utilizas para ser todo lo pequeño y miserable que desees. Y esperaremos hasta que elijas venir una vez más al esplendor en el que realmente resides. Nunca retiraremos nuestro Amor de ti. Simplemente, miramos a través de tu línea de vida, porque lo que nosotros deseamos amar es el Cristo que mora en ti.

¿En qué día del calendario y en qué hora decidirás amarte a ti mismo tal y como el Padre te ha amado en un principio? Para verdaderamente –para verdaderamente– y de una vez por todas, ¡tomar la decisión de vivir! Porque hasta que decidas todo con la Mente de Cristo, y para la Mente de Cristo, y para siempre desde la Mente de Cristo, ¡la vida no habrá comenzado todavía!

¡Oh Dios mío! Esto es un poco como un puñetazo, ¿no? Considera todas esas experiencias que he tenido, Jeshua. ¿Cómo puedes decirme que no he vivido? ¿Por qué tuve ese drama, y entonces ese otro, y entonces ese otro más? ¿No recuerdas, diecisiete vidas pasadas atrás, cuando yo hice eso y entonces hice eso otro? Salí adelante tras ello, y he salido adelante con esto otro. He vivido.

No, tú has soñado.

¿Y si te despiertas una mañana y te das cuenta de que has tenido toda la noche unos sueños en los que recibías distinciones y trofeos, y lo que sea, de parte del mundo? Y entonces vas, y dices,

Eso fue muy real. Los trofeos deben estar ahí en la mesa de la cocina.

Al despertar, cuando te sientas y pones tus pies sobre el suelo, dices,

¡Ah! Sacudiré mi cabeza un poco. Solo estaba soñando.

Pero mientras soñabas sentías que era muy real. Y de esta cualidad es de lo que estoy hablando aquí.

Y si deseas tomarte esto como una afrenta, todo está perfectamente bien. Eso no va a perturbar mi paz en absoluto. Solo en el momento en que decidas plenamente venir a la Vida como la presencia del Cristo, como la presencia del Amor, para reconocer que cada momento de tu experiencia es algo plenamente autocreado, y no por otro motivo que porque lo has elegido desde la libertad perfecta e infinita de tu Ser Ilimitado; solo cuando contemples todas las cosas sin juicio, a través de los ojos del perdón, cuando decidas encarnar solo la realidad del Amor, sin importar lo que nadie más esté haciendo, ¡solo entonces, habrá empezado la Vida!

Hasta esta fecha de tu calendario solo ha habido un puñado de seres que han vivido realmente la Vida en este plano, un puñado muy pequeño. ¡Hay muchos de nosotros que simplemente se quedarían absolutamente encantados si te unieras al club! Y te permitiré saber un pequeño secreto: hasta que no lo hagas, no te gradúas. Nunca abandonarás este plano, lleno de ese conflicto y ese sufrimiento que parece albergar, hasta que no hayas vivido la experiencia de caminar plenamente por esta Tierra como el pensamiento de Amor en la forma, sin ninguna otra lealtad que no sea la del Amor. Nunca abandonarás este plano. Nunca aceptarás tu cruz y me seguirás. Darás vueltas una y otra vez, y otra vez, solo para ser confrontado por la misma necesidad de decidirte plenamente por el Amor.

Y finalmente mirarás al Cielo y dirás:

Padre, pongámonos manos a la obra. Ya se ha derrochado bastante tiempo. Se fue, está bien, no importa. [se oye “¡plas!”, un palmoteo] ¡Ahora! Estoy comprometido con el Amor. Tráeme lo que sea que tenga que experimentar para poder extraer, de la profundidad –de los lugares donde lo he escondido dentro de mí–, cada obstáculo que deba aún ser disuelto por la Luz de la Gracia del Amor Perfecto. Y haré todo lo que pueda, desde mi lado de la valla, para poder abrirme a esos lugares, para sentir esos lugares, para abrazar esos lugares, para amarlos, para reclamarlos como totalmente autocreados.

Y libraré de culpas a mis padres, y a mi familia, y liberaré a mi tataratarataratarabuelo de la culpa. Y libraré a Adán y Eva de la culpa, y al gobierno. Y me amaré a mí mismo lo suficiente como para sanar mi separación de Dios.

Y seré lo suficientemente humilde como para reconocer que, si estoy teniendo una experiencia, y como sé que he hecho el compromiso de sanar, entonces Tú, ciertamente, preciado Padre, me has brindado todas las cosas adecuadas. Porque este momento de experiencia puede ser visto con los ojos que reconocen que no es sino un peldaño más hacia la Paz Perfecta que busco.

Mi vida ya no es mía, porque no sé cómo corregir ese único error fundamental. Pero puedo rendirme a sentir cada momento plenamente mientras elijo siempre el Amor. Y el Amor disolverá el dolor que he acarreado debido a que yo insistía en intentar separarme a mí mismo de la Fuente de mi ser.

Este, mi pequeño mosqueo, está descansando. Porque lo único que puede brillar es el Cristo.

Pues Cristo, el Hijo de Dios, la descendencia de Dios, es la única creación de Dios. El resto es atribuible a ti. Incluso el tiempo y el espacio son tuyos. , la Verdad de ti, es la única creación de tu Creador. Porque eres Amor, y Dios crea solo aquello que es semejante a Sí Mismo. Y Dios es solo Amor.

Muchos creéis que estáis en un camino espiritual. Sabréis si es cierto eso por vuestra disposición a sentir y a experimentar plenamente lo que esté justo frente a vosotros, momento a momento. ¡Uf! Así que si tienes enemistad con otro, si tienes un conflicto con alguien y te quedas en tu silla y decides hacer lo que llamas oración o meditación para poder cambiar el sentimiento en ti mismo, y te levantas más tarde y dices, “mira, me siento mucho mejor ahora”, pero ese asunto no ha sido resuelto todavía con el otro, entonces nada ha cambiado. Ve a ver, por tanto, al otro. Abre tu corazón, comparte, resuelve. Si has ofendido a otro, pídele su perdón. Si lo has juzgado, admítelo. Pide su perdón. Solo así puedes realmente sanar el lugar de conflicto dentro.

Queridos amigos, la esencia del mensaje de esta hora es muy simple:

¿Dónde estás tú ahora? Estás dispuesto a permitirte a ti mismo ver todo lo que existe a tu alrededor y dentro de ti como la puerta de entrada al Reino del Cielo, que espera solamente a que reconozcas su presencia y la abras? ¿Estás dispuesto a realmente estar justo donde estés –plenamente, justo donde estés? Y la mente dice,

Vale, desde luego. Estoy en un camino espiritual.

Ten por seguro que si miras bien en tus sentimientos y encuentras cualquier rastro de resistencia, no habrás tomado todavía el compromiso necesario que te da el poder de abrir esa puerta.

El sentimiento es el mensaje de esta hora. Pues solo a través del sentimiento es como realmente despiertas. Los conceptos e ideas pueden comenzar a conducir a la mente a creer que hay algo ahí fuera que es fascinante, o puede que incluso mejor que lo que estabas haciendo antes. Pero los conceptos y las ideas no abren por sí mismos la puerta. Son símbolos, y eso es todo. Y un símbolo no puede saciar tu sed. Solo en el nivel del sentimiento genuino es donde puedes una vez más conocer la presencia del Dios que mora en ti, alrededor de ti, y a través de ti, incluso ahora.

Siente aquello que has creado como sustituto de la Verdad. Asúmelo, míralo, y déjalo que se vaya. Aprende que, a pesar de la elección que puedas haber hecho en el pasado, una vez que hayas abrazado eso, una vez que lo hayas sentido, te quedarás en una perfecta inocencia e impregnado del poder de elegir de nuevo… para sentir, para aprender una vez más a sentir la gloriosa calidez omnipresente del Reino del Cielo.

Nada de lo que hagáis en el tiempo puede igualarse en importancia a lo que hemos compartido en esta hora. Nada de lo que hagas en el campo temporal se puede comparar ni remotamente al increíble regalo que te está esperando. Por tanto, ciertamente, usa el tiempo constructivamente decidiendo amar, para que el Amor pueda enseñarte sobre Sí Mismo. Y ciertamente, queridos y santos amigos, cuando hayáis hecho esto, os encontraréis a vosotros mismos traducidos, por así decirlo, en una forma que de ningún modo podría verse contenida en el espacio y el volumen de un cuerpo físico.

Y contemplaréis toda esta dimensión meramente como un instrumento transitorio de aprendizaje. Y la dejaréis de lado, como un niño deja de lado un juguete que se le ha quedado pequeño. Pero lo haréis con una profunda apreciación y amor por ese juguete con el que habéis jugado durante tanto tiempo. Y llevaréis con vosotros una profunda sensación de gratitud por todo lo que esta dimensión física os ha brindado. No habrá ni una molécula de tu ser, por así decirlo, dentro de ti, que vaya a sentir ningún resentimiento, ninguna nostalgia, ninguna ira… ningún arrepentimiento por nada. Y todo en tu experiencia se habrá convertido en algo plenamente aceptable para ti. Porque fue con esa experiencia como finalmente fuiste conducido a querer solo la Verdad. ¡Mmm!

¡Así es! Desde este día en adelante nunca más serás capaz de convencerte a ti mismo de que es cierto que todos tus intentos de permanecer distraído del mundo o adaptado al mundo están consiguiendo realmente algo. Y vas a ver cómo tu mente comienza a sumergirse en los hábitos inconscientes que has creado para intentar esconder aquello que todavía debe ser sentido. Y reconocerás perfectamente bien cuándo simplemente te estás engañando a ti mismo. Y comenzarás a sonreír y dirás,

Oh, sí, mmm, mmm, mmm. Ahí voy de nuevo. Podría también apartar eso. Podría plantar bien firmes mis pies en el suelo, ¡y realmente vivir con pasión por la Verdad del Reino del Cielo!

Por tanto, por ahora, queridos amigos, permaneced, por todo ello, en paz. Dijimos que este año, en esta Vía del corazón, íbamos ciertamente a hablarte más directamente aún, e incluso más contundentemente. Porque llega rápidamente el momento en que este planeta ya no será capaz de tolerar más invitados descuidados que no estén dispuestos a vibrar en la frecuencia de ser a la cual este planeta se está preparando para dirigirse. ¡Mmm! Por tanto, que no os sorprenda regresar un día a casa y descubrir que el propietario ha cambiado las cerraduras y no tenéis un lugar donde recostar vuestra cabeza. Más bien, convertíos en encarnación viva del Amor, y viajad con vuestra Santa Madre hacia una dimensión completamente nueva de ser. Y nunca os olvidéis de cantar, de reír, de danzar y de jugar por el camino.

Estad en paz por ende, queridos y santos amigos.

La paz sea entonces con vosotros.

Amén.

 

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