8.p. La vía del corazón. Preguntas y respuestas de la Lección 8. Jeshua – Jayem (sobre la consciencia y lo “superior” y lo “inferior”. Las resistencias y el tema de “lo tuyo” y “lo de otros” en la sanación. El compromiso a ser)   Leave a comment

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imagen corazón en círculo(el anterior audio contiene toda la lección entera, incluyendo al final esta sección de preguntas y respuestas)

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Lección 8. Preguntas y respuestas

Pregunta: durante un periodo de consciencia elevada, fui consciente de una presencia que abarcaba a los individuos. Se me hizo claro que esta presencia realizaba la función de guiar a la persona hacia las experiencias apropiadas. No tengo claro si es esto lo que llamas “Espíritu Santo”. Me pareció como una Superalma de la persona. ¿Podrías clarificar algo sobre ella y sobre el Espíritu Santo?

Respuesta: querido amigo, para poder darte una respuesta plena se requeriría cierta complejidad y una gran extensión de tu tiempo. Porque hay muchas cualidades o matices de experiencia dentro de la consciencia que llamarías “consciencia elevada”, aunque yo, personalmente, no reconozco lo superior y lo inferior. Solo hay un darse cuenta de, un discernimiento, que es lo que la consciencia es.

Lo que he llamado Espíritu Santo no es una entidad. Es una forma de energía. Anteriormente también lo he llamado mentalidad-correcta, lo cual significa simplemente que la mente está operando en alineamiento con la ilimitación, alineada con la Mente de Dios. Por tanto, lo que se requiera a modo de guía o de conocimiento, simplemente fluye, sin trabas. El Espíritu Santo es ese aspecto de la propia Mente de uno mismo, de una misma, que está ciertamente alineado, y que siempre ha estado alineado, con la Mente de Dios. Por tanto, sería muy apropiado decir que el Espíritu Santo es como tu Superalma, por así decirlo. Es un aspecto de tu propia cualidad de ser, dado a todos y compartido igualmente por todos. El Confortador, el Espíritu Santo, es mentalidad correcta, visión correcta, alineamiento correcto.

La experiencia que tuviste fue muy válida. No te pusiste a desfigurar lo que estabas experimentando, en absoluto. Solo eras testigo. Sería apropiado decir que estabas ciertamente viendo, percibiendo, sintiendo, lo que podrías llamar “Superalma”, un aspecto de tu propia alma. Y no obstante, al mismo tiempo, fue y sigue siendo la presencia del Espíritu Santo, esa parte del Espíritu de ese ser, que ha seguido siempre siendo pleno, total. A menudo, todo eso que se llama “la guía” emana de esa parte de tu propia mentalidad correcta —todos esos pequeños impulsos intuitivos, las imágenes claras y las visiones, o las sensaciones que atraviesan el cuerpo. Ella te parece que te está hablando desde otro lugar solo debido a que aún no has cultivado la cualidad que te permita comprender que ella es más “tú”, es más “tú mismo”, que el “tú” que creías que eras.

La consciencia elevada… no hay tal cosa. Solo hay rememoración y reconocimiento de lo que siempre es verdad. Sí, puedes reducirte a ti mismo a lo que llamas “consciencia inferior”, pero entonces, ¿qué es lo que se presenta? Tenemos consciencia, la elección libre, y el uso de un ilimitado poder para generar experiencias por ti mismo. Eso no me parece que sea algo muy inferior, en absoluto. Es infinito. Solo ocurre que quizás mañana puede que no quieras hacer de nuevo la misma elección. Pero eso no la convierte en algo inferior. Inferior y superior son juicios.

Hay Amor y hay miedo, pero nunca he dicho que el miedo sea inferior al Amor. Es meramente una elección. Y de la elección procede la experiencia. Y eres libre de recolectar para ti mismo cualquier forma de experiencia que desees —la que exprese Amor o miedo. Pero bajo cada una de ellas, el poder de elegir sigue siendo uno solo y el mismo —infinito para siempre, sin detención posible por siempre… dado a ti gratuitamente por un Creador que te ama, y que te ama tanto que te ha sido dada una libertad perfecta.

Pregunta: ¿cómo distinguir entre aquellos aspectos de nuestro ser que necesitan ser sanados, y el simplemente ser, simplemente ser el ser perfecto que ya somos?

Respuesta: no hay diferencias. Cuando en Verdad estés siendo el ser perfecto que tú eres, encontrarás que hay una ausencia de resistencia. La mente que busca tratar de entender lo que debe ser sanado, o la mente que dice,

Bien, me está viniendo esta historia, y realmente no creo que eso sea quien yo soy y lo que yo soy, de ninguna manera, así que, ¿por qué no me limito a morar en algún reino espiritual?

Esa mente, está en resistencia. Ha perdido su humildad. Ha perdido su perfecta confianza en que el Padre de todas las cosas sabe cómo guiarla al hogar. Y ese hogar es meramente el regreso a un lugar donde te haces disponible a permitir que algo sea extendido a través tuyo.

Permitidme compartir con todos vosotros algo bastante importante, y que no ha sido planteado tan claramente como se necesita. A menudo, cuando te llega algo para que lo sanes, es una energía. Y, escúchame bien, aunque parezca que la asocias con alguno de los recuerdos o experiencias que crees que están dentro del muy privado ámbito de tu experiencia, lo que realmente ocurre es que esa energía que te está llegando para ser sanada, está involucrada o está controlando la vida de otra alma. Y se está presentando en tu consciencia porque estás en una situación donde tienes el poder y la claridad para comprender que puede ser sanada.

Y por eso es que cuando eliges la sanación, cuando no te resistes a lo que viene, cuando constatas que el Amor confía en todas las cosas, abraza todas las cosas, permite todas las cosas y trasciende todas las cosas…, cuando constatas que meramente eres el portador del Amor, entonces ¡no importa lo que llegue!

¡Oh! Esto necesita sanación.

Y tú lo sanas desde un nivel impersonal. No te identificas con ello, incluso si crees que está asociado de alguna manera con algo que sí estás muy seguro que ha formado parte de tu propia experiencia pasada.

Si hay ocasiones en que no puedes ni siquiera recordar dónde pusiste las llaves del auto, ¿cómo vas a estar seguro de que se trata de algo de tu pasado? Solo sánalo. Porque cuando lo haces, estás siendo la perfección del ser que eres. Estás siendo el Cristo, diciendo,

Ven y deja tus pecados sobre el altar de mi Corazón, y los sanaré por ti.

No importa de dónde venga. No importa quién lo provocó. Todo lo que importa es la sanación. Si viene algo y reconoces que contiene un obstáculo, que es algo que requiere sanación desde la perfección de tu ser, envuélvelo con el Amor de Cristo y sánalo. Y cuando lo haces, elevas a un hermano o una hermana a quien puede que nunca encuentres físicamente.

Si te comprometes con Cristo, te comprometes a sanar cualquier cosa desemejante al Amor. Intentar imaginarte si se trata de tus asuntos o de los de otro, es un mero entretenimiento. ¿Acaso importa? ¿Acaso hay separación entre tú y todos tus hermanos y hermanas? Asistir a otro a sanar es sanarte tú mismo. Sanarte tú mismo es elevar a otro. Solo hay Amor y miedo. Y al final, en realidad, solo estás sanando el miedo, al llevarle Amor.

Puede parecer que hay muchas mentes e individuos donde el Amor y el miedo parecen luchar entre sí por ganar predominancia. Pero son como olas en la superficie del océano. En este ámbito de experiencia crees que hay muchas mentes separadas. Pero al final “los otros” no son sino aspectos de ti, y tú de los demás. Y solo hay una Criatura de Dios.

Sana pues aquello que se te presente en tu consciencia, y deja de identificarlo como tuyo. Hay Amor, y hay miedo. Y existe la necesidad de sanar, que es el puente entre ambos. ¿Elegirás identificarte como miedo y por tanto rechazar el Amor? ¿O te identificarás como Amor, y te pondrás manos a la obra con ello? Si estás morando en la perfección de tu ser, creo que la respuesta se hace autoevidente.

¡Entonces! Hay tantos que vienen y me preguntan cosas…, pero yo nunca lo hago. Así que voy a plantear una cuestión:

¿Querrás tú, quien escuchas estas palabras…, estarás tú dispuesto a ser la Luz que brilla sobre este mundo, al convertirte en alguien plenamente comprometido en cada momento y a cada respiración, en la elección de sanar mediante el Amor y el perdón?

Es solo algo para pensar sobre ello…, de rato en rato. La paz sea entonces con vosotros.

Y aquellos que estén escuchando o leyendo estas palabras, y que estén cerca del momento en que van a dejar el cuerpo en la cama y a tomarse ese preciado “sueño reparador” que tanto necesitan, ¿apoyaréis esta noche la cabeza sobre la almohada y me daréis solo un momento de vuestro tiempo reconociendo que sabéis que no hay distancia entre nosotros, en absoluto, salvo la que represente el ancho del pensamiento que elijáis pensar? Piensa en ello, entonces, y reconoce que estoy contigo. Y, ciertamente, vamos a viajar juntos mientras el cuerpo duerme.

La paz esté siempre con vosotros.

Amén.

 

 

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