10. La vía del corazón. Lección 10. Jeshua – Jayem   2 comments

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– En diciembre 2015 empecé una revisión de la traducción de este primer libro de La Vía (que he tardado o tardaré pocas semanas en terminar).
– Aunque la traducción había quedado bastante bien, aún había algunas cosas más o menos claramente mejorables en cuanto a la transmisión del significado del texto en inglés (dentro de que el objetivo es fundamentalmente transmitir el sentido lo mejor posible).
– Para ver el PDF entero actualizado ver el índice enlazado arriba, punto 6 (y la carpeta con todos los textos en Google-Drive que también enlazo en el índice)]

Lección 10

Ahora, comenzamos.

Y ciertamente, una vez más, saludos para vosotros, queridas y santas Criaturas de la Luz y del Amor Divinos. Como siempre, vengo en adelante para morar con vosotros en una perfecta confianza, una perfecta aceptación, y en perfecta paz. Como siempre, vengo en adelante para morar con vosotros desde un lugar donde colaboramos eternamente como el único, el unigénito Hijo de Dios. Soy, por tanto, esa Mente que te susurra en cada instante de inspiración. Soy ciertamente, entonces, esa Mente que se desliza en la tuya, en el espacio que quede entre dos de tus pensamientos temerosos, y que te recuerda la Verdad que te hace libre.

Una vez fui un hombre como tú. Una vez desvié mi atención y me identifiqué como un ser único, que había nacido en el tiempo y que se desvaneció de este. Y caminé por tu plano como hacen todos los hombres y todas las mujeres. Mas, al caminar por tu planeta, comencé a considerar el significado de la Creación, el propósito de mi misma existencia. Y mientras otros parecían estar alegremente cautivados en, o al menos entregados a, las maneras del mundo, a sus caminos, buscando ahí sus distracciones momentáneas, sus tentativas por ganar y controlar tanta riqueza como pudieran, y todo eso… yo, a menudo deambulaba solo, sentándome bajo los árboles al lado de algún arroyo, tratando de descubrir el misterio que se muestra a sí mismo como la belleza de una flor, tratando de ver el poder que se revela a sí mismo como el viento que atraviesa danzando por los herbazales, o contando los diamantes que brillan centelleantes en la superficie de un lago, cuando el sol de la mañana se levanta y hace que su luz resplandezca sobre las aguas.

Y comencé a aprender a preguntarle, a esa Fuente, a ese Misterio,

Padre, Aquel que me ha concebido, ¿para qué existo?
¿
Dónde estoy? ¿Quién soy yo?

Mi deseo, entonces, se convirtió de forma creciente en el de conocer la Verdad que pudiera liberar a toda la humanidad. Y descubrí que, a menos que esa libertad se hiciera plenamente manifiesta en , no tendría ningún sentido hablar de ello con los demás. Y así, salí a la búsqueda de las mejores mentes, del mejor profesor. Y sí, fui bendecido por una estructura familiar que ya estaba dedicada a comprender los misterios de lo que ellos conocían como Dios. Y me llevaron ante muchos de esos profesores.

Y a medida que mi propia sabiduría comenzaba a desarrollarse, los profesores me miraban y decían,

Mmm, aquí está ocurriendo algo interesante.

Pues ya había quienes sabían más sobre mí mismo que yo —profetas, videntes, astrólogos, sabios de muchas culturas, que ya sabían que, en el marco del consenso mental de la humanidad, en eso que podríamos llamar vuestra consciencia colectiva, iba a ser arrojada una piedrita, en ese claro y calmo estanque, una piedrita que crearía ondas que comenzarían a cambiar la manera en que se percibía a sí misma la consciencia de la humanidad. Aún no sabía esas cosas por mí mismo, porque mi propio nacimiento en este mundo quedó no obstante velado en misterio para mí, igual que el tuyo, tu nacimiento, quedó velado en misterio para ti cuando afrontaste el acto de convertirte en un ser humano.

Y, al crecer, comenzaban a revelárseme, en lo más profundo de mi oración silente y en lo más profundo de mi muy silente meditación, atisbos, destellos, reconocimientos, recuerdos de otras dimensiones. Comenzaba a desarrollar la capacidad de estar en comunicación con maestros de mi linaje, quienes hacía mucho tiempo que habían dejado el planeta. Comencé a entender que la consciencia no está limitada al espacio y al volumen de un cuerpo, en absoluto. Y según contemplaba a la gente, tan atareada con sus trabajos, comenzaba a ver que los seres, en su más vasta mayoría, estaban totalmente confundidos, confundiéndose totalmente a sí mismos con el cuerpo. Vivían como si moraran en el cuerpo, y por tanto como si estuvieran aprisionados de una cierta extraña manera. Vivían como si lo que le ocurría al cuerpo les ocurriera a ellos. Vivían como si no supieran que podían trascender el cuerpo en cualquier momento, que podían saborear la vasta extensión de la consciencia, que podían viajar a otros tiempos y lugares con nada más que deponer la atención del mundo que habían fabricado.

Al principio no comprendía esas cosas, y me percibía a mí mismo como alguien muy raro. Y dentro de mí se iban dando conflictos al ir surgiendo miedos en mi consciencia, los miedos que forman parte de la realidad humana consensuada, del conflicto.

¿Seguiré siendo como otro cualquiera? Quizás debería retornar a la carpintería de mi padre y simplemente aceptar que mi destino es ser solo un carpintero.

Pero también me hablaban otras voces, y me llamaban a menudo durante la noche. Y al desarrollar mi capacidad de discernir esas otras realidades, esas otras dimensiones, al redirigir mi atención desde el mundo del cuerpo al mundo de la visión interior, a menudo venían en la noche y se situaban junto a mi cama. Y llegué a saber quiénes eran. Llegué a reconocer a los maestros y a los profesores de un linaje muy antiguo del cual yo formaba parte. Y venían y me susurraban,

No te olvides del propósito por el cual has sido enviado desde la Mente de Dios, porque a través tuyo será concebido el nacimiento de un antiguo recuerdo. Y tu vida se convertirá en la que demostrará a muchos la Verdad de que solo el Amor es real.

El objetivo de todo esto es simple. Quiero transmitirte, una vez más, que la vida que yo viví como hombre no fue desemejante de la tuya propia. Comencé velado en misterio, como un niño entre niños, un ser humano, luchando por darle sentido a su mundo. Sí, había en mí algo que estaba llamando, había un anhelo por saber algo que el mundo no parecía enseñar. Pero, ¿no es cierto que muchos de vosotros habéis sentido esa misma llamada, ese mismo anhelo —tocar lo que es invisible, ver lo que no puede verse, oír lo que los oídos nunca han escuchado, abrazar lo que los brazos no pueden alcanzar, morar en una perfecta paz y en una confianza perfecta?

Queridos amigos, entended bien, entonces —y lo digo de nuevo una vez más— que yo solo vengo como vuestro hermano y vuestro amigo; como alguien que ha caminado por aquí igual que tú, que ha respirado como tú, llorado como tú y reído como tú. Soy como vosotros. Y si hay algo que pueda daros, es simplemente esto: al contemplar vuestra vida, en cada evento que se despliegue en ella, en todo momento en que sintáis que habéis fracasado, siempre que estéis en conflicto, en todo momento en que estéis seguros de que nunca seréis capaces de trascender todos esos altibajos y esas olas emocionales que parece conllevar la vida en vuestro mundo, recordad que yo he vencido al mundo. Y como yo lo he hecho, ya está hecho para ti.

¿Y por qué? Porque compartimos el mismo Campo Infinito de la Mente, que trasciende con mucho todos los niveles o dimensiones de la manifestación. Puedes acceder a lo que ya ha ocurrido. Solo necesitas contemplarme como tu hermano y amigo, y reconocer que el mundo ya ha sido vencido, y entonces, aceptar la libertad que es el efecto de esa victoria como algo tuyo propio.

De modo que aprendes a sentarte en tu silla, tras tus cinco minutos de morar como Cristo, en un momento en el que te dices esto a ti mismo,

Aquí, soy libre. El Cielo es ahora. El pasado ha pasado, y elijo de nuevo. Y hoy, me comprometo a enseñar solo Amor, compartiendo solo pensamientos amorosos. En este mismo día contemplaré a todo aquel que venga a mi experiencia, pero primero respiraré profundamente la presencia del Espíritu Santo. Y miraré a través de unos ojos transformados por el simple reconocimiento de la Verdad: todas las mentes están unidas, y no veo un extraño ante mí, sino a alguien que camina como yo, que siente como yo siento, que anhela como yo anhelo, que es humilde como yo lo soy, que suplica por la paz tal y como yo he suplicado. Y, por tanto, les daré lo que buscan. Y en ese dar, yo lo recibo.

Este camino, esta vía, es tan simple y tan fácil que la mente del mundo la pasa por alto —“simplemente no puede ser cierto”. Pues lo que es simple le parecerá imposible a aquello que se empeñe en la complejidad. Y una mente que se empeña en el conflicto simplemente no puede aceptar que hay otra manera, otra vía, otro camino. Y no obstante, lo que te espera es, entonces, simplemente esto: al final de todas tus luchas, al acabar con todas tus dudas, y al acabar con todos esos momentos de tu inconsciente conformarte con o ajustarte a, la mente del mundo, ahí, no obstante, sigue encontrándose una simple opción: la elección de reconocer la Verdad que ya te ha hecho libre.

Yo y mi Padre somos Uno. Así ha sido siempre. Esto fue logrado en el ser de Jeshua ben Joseph, quien me reveló la Verdad sobre mí mismo, pues él me amó. Y si puede hacerlo, yo puedo hacerlo. E incluso ahora, en este instante, acepto mi destino para caminar por esta Tierra despierto y en paz, en maestría y no con miedo. Y comienzo mi ministerio, ahora.

Pues, ¿a quién puedes hallar que pueda sanarte? ¿A quién puedes descubrir que te pueda brindar alguna forma de magia que pueda vencer tu resistencia a la Verdad? Mires a donde mires, no los hallarás. Busca por siempre, y seguirás para siempre siendo un buscador. Pues la Verdad está en tu corazón y te ha sido dado todo el poder del Cielo y la Tierra. Y ese poder es lo que cambia el impulso de la mente, y sana toda percepción herida.

Entonces, al final de toda búsqueda, debes mirar en el espejo y decidir ser tú quien se sana a sí mismo, a sí misma. eres el único que decide, desde una libertad infinita, cómo emplear el poder de tu mente en cada momento. Por tanto, la única cuestión que un buscador de la Verdad necesita verdadera y realmente plantearse a sí mismo, a sí misma, es esta:

¿Deseo reconocer el conflicto o la paz? ¿Deseo tener la razón o ser feliz? ¿Deseo considerar que todos los eventos de este mundo, en su completa neutralidad, son como briznas de un sueño que está siendo concebido y que ya está pasando? ¿Me quiero ver a mí mismo como pleno y completo? Porque el modo en que mire al mundo, es el modo en que me he juzgado a mí mismo. Y el modo en que me mire a mí mismo, es como juzgo al mundo.

Este fue el simple secreto que una vez descubrí cuando caminaba por tu planeta, con lo cual ya ves que no se trataba de alcanzar un cierto grandioso estado místico de consciencia. No se trataba de adquirir grandes poderes que pudieran atraer la atención de miles de personas. No se trataba tampoco de ser capaz de manifestar nada, aunque todos esos poderes pueden ciertamente expresarse a menudo a sí mismos a través de la mente, a medida que esta despierta. Se trataba de aceptar la Verdad que es siempre verdad, y de estar determinado a permitir que la Verdad sea la base que aplicas en todos y cada uno de los momentos de tu experiencia.

Estoy despierto. Estoy a salvo. Estoy en paz. ¿Para qué quiero que sea este momento, realmente? Pues lo que yo decrete, así será.

Queridos amigos, el camino es fácil y no requiere esfuerzo alguno. Existes para extender tu tesoro. Y tu tesoro es aquello que adquieres y almacenas en el Cielo a través de la decisión de recordar solo tus pensamientos amorosos, de extender solo pensamientos amorosos, de permitir que tus acciones expresen o manifiesten, en el campo del tiempo, lo bueno, lo bello, y lo santo. Y tu libertad nunca te es retirada. Y nunca, en ninguna circunstancia, pierdes la inocente libertad de enseñar solo Amor, de ser la presencia de la paz, de reconocer que el mundo no te puede proporcionar nada, al igual que no te puede quitar nada.

Cuando un niño pasa por un cambio en su consciencia —puedes llamarlo proceso de maduración— llega un cierto punto en que contempla los juguetes con los que ha estado jugando y simplemente los trasciende; y no es algo que se deba al esfuerzo, ni al diseño, ni es por haber procesado muchas cosas, ni es debido a cualquier tipo de estrategia. Y los padres llegan un día a casa y ven que el niño ha metido el camión en el armario. Mmm. La muñeca ahora está en el alféizar de la ventana, y en vez de ella agarró un libro. ¿Quién hace el cambio? Nadie fuera de ese niño.

Y cuando dejas a un lado todo hábito negativo —así es como los llamarías—, cuando has dejado de valorar algo que ya no te sirve, meramente lo trasciendes y ya está —no haces de ello un mundo, y nadie lo hace por ti; simplemente lo decides. Retiras el valor que habías colocado en ello, y los objetos que fueron los símbolos de lo que estabas valorando son meramente retirados de tu vida.

Precisamente así, tu estado de no-iluminación puede ser apartado, como si hubiera sido un juguete que se te ha quedado pequeño; y simplemente al contemplar todos los efectos que una tal no-iluminación tiene, entonces, puedes preguntarte esto,

¿Esto es lo que deseo que continúe siendo mi experiencia? ¿O estoy dispuesto a dejar la muñeca en el alféizar y agarrar un libro?

Un libro que habla de la Vida, un libro que está lleno de sabiduría, que te enseña cómo pisar suavemente el mundo, cómo estar en el mundo sin ser de él. Y ese libro es lo más profundo de tu consciencia, donde todas las cosas ya están escritas. Y esa profundidad encuentra su fuente en tu corazón. Y tú entras ahí mediante el perdón, mediante el proceso de renunciar al mundo, de entregarlo. No odiándolo, no menospreciándolo, sino simplemente renunciando. Permites que tu tiempo te sirva en el proceso de entrega de aquello que ya no te sirve más y que solo perturba tu paz.

Y a medida que cultives esa práctica encontrarás que la paz ya está en ti; que es aquella paz que ya has tocado miles de veces y de un millón de maneras diferentes, y que comienza a crecer de forma más continua, como los rayos del sol que comienzan a filtrarse a través de la neblina asentada en el valle de la montaña, que oscurece la claridad de todas las cosas. Tu paz desciende gentilmente como una paloma y, como algunos lo dirían, lo hace a través de la corona, atravesando la mente cerebral, hacia el corazón, el abdomen y hacia todas las células del cuerpo, mientras este dure.

Renunciar gentilmente al mundo es algo que depende de tu decisión de elegir enseñar solo Amor, porque te has dado cuenta de que, cuando no lo haces, el efecto que inmediatamente reconoces es doloroso, es conflictivo, no te satisface, y es algo que ya no quieres más. Con esto, has comenzado a trascender el mundo que has fabricado y a reivindicar el mundo que se hizo para ti, un mundo que descansa en perfecta unión, en la unión de Padre e Hijo, de Dios y su Descendencia, Creador/Creado. El camino es fácil y no requiere esfuerzo.

¿Qué valor has colocado jamás sobre el mundo que te haya devuelto la paz que buscas?

Oh, este automóvil lo hará; esta relación lo hará; esta nueva carrera lo conseguirá. Si tan solo pudiera viajar hasta llegar a las más apartadas esquinas del mundo, entonces, estaría en paz.

Y así, nunca llega la suficiente paz.

Un creador, morando en la iluminación, sabe que todos los eventos son neutrales, tan neutrales que no tienen efecto sino para aquellos que eligen estar capturados en las ilusiones. El creador, despierto, meramente crea a partir de la devoción al Misterio de Aquello que le ha creado a él o ella. La mente de un creador iluminado no se levanta por la mañana y dice,

¿Cómo voy a sobrevivir otro día más en este mundo?

Por la mañana, cuando un creador iluminado se levanta, la cuestión es,

¿Cómo puedo hoy extender el tesoro de lo bueno, lo santo y lo bello? ¿Cómo puedo yo, justo aquí donde estoy, experimentar esos tesoros, incluso en el espacio y el volumen de este cuerpo? ¿Cómo puedo contemplar amorosamente todo lo que me muestren mis ojos físicos, de modo tal que discierna o extraiga lo bueno, lo santo y lo bello, y que así me los dé a mí mismo?

La mente de un creador iluminado sabe que por sí mismo no hace nada, sino que, en cada momento de decisión, puede permitir que el gran poder y misterio del Amor dirija su curso. Y puede comenzar a utilizar el tiempo para refinar su capacidad de escuchar solo la Voz que habla por el Amor —momento a momento, respiración a respiración, día a día, hasta que el tiempo sea traducido en eternidad. Y la mente descansa, se reclina en su perfecta unión con Dios.

Los eventos aún tienen lugar. El mundo será todavía lo que el mundo elija ser, inconsciente de que en medio de sí mismo camina alguien despierto, que no necesita hacer ningún show. Ellos son meramente la presencia de la cualidad del despertar, reconociendo que en cada momento serán informados por la guía del Confortador, la guía de la mentalidad correcta, de la iluminación, de modo que ya no se unen más al miedo,

¿Qué debería decir? ¿Qué debería hacer? ¿Cómo se lo tomará esta persona? ¿Cómo se lo tomará aquella?

El mundo ya no es motivo de preocupación.

Y experimentan sus mismas vidas como un misterio constantemente fluyendo, como si algo más estuviera viviendo a través suyo. Y este es el significado de las palabras de aquel amigo mío, tal y como las leéis en vuestra biblia: “permite que te habite la Mente que estuvo en nuestro Señor, Cristo Jesús”. Esa Mente es la mente de la libertad perfecta. No le pertenece a nadie, mas puede ser cultivada para fluir a través tuyo. Pero esto solo sucede, solamente, si cada fibra de tu ser está plenamente comprometida a la santidad. No puedes dejar un solo dedo fuera y alcanzar el Cielo. Toda tu mente, toda tu energía, todos tus regalos, todo tu mismísimo discernimiento debe estar comprometido a ser la presencia de la Paz. Y esto es lo que nadie puede hacer por ti. Sentarte a los pies de profesores iluminados o escucharme en tus cintas o vídeos, no lo hará por ti.

Y el más sabio de los estudiantes es aquel que escucha la palabra y la pone en práctica, diligentemente, para y por sí mismo. No por su madre, no para su padre, no por su esposa ni para su hermano o su hermana, no en beneficio del planeta ni del universo, no por el nuevo tiempo que está amaneciendo —por ninguna otra cosa que por sí mismo. Pues su Ser es lo que Dios creó. Y ese Ser, ese Yo, te llama a que lo honres, separándolo de las ilusiones que has permitido que se alojen en tu mente, y estando plenamente comprometido a enseñar solo Amor.

No hay otra manera. Sí, puedes aprender a sentarte en meditación y permitir que la mente y el cuerpo floten libres, para relajarte. Sí, puedes aprender rituales que te ayuden a enfocar tu atención tal que recuerdes en qué estás comprometido, y así las distracciones del mundo no parezcan agarrarte o engatusarte demasiado. Hay muchas estrategias con las que puedes disfrutar y experimentar. Pero, al final, se trata de solo esto: una calma elección, dentro, que nadie reconoce, que nadie ve, que nadie escucha. Por esto es por lo que una vez les grité a los Fariseos,

Oh sí, ciertamente que recibís vuestra recompensa ahí de pie, en las esquinas de las calles, dejando que todo el mundo vea que estáis ayunando y orando…, cuando realmente deberíais ir a vuestra propia celda para rezar.

Es decir, para estar en tu propia privacidad, no haciendo un show, sino simplemente utilizando cada momento para reafirmar tu compromiso en aprender todo lo que el Amor es, al enseñarlo. Y con la palabra enseñar quiero decir simplemente que eliges expresar solo Amor en cada momento.

El perdón es un acto a través del cual aprendes lo que el Amor es, y que te lleva a trascender el mundo. Compartir solo pensamientos amorosos —pensamientos de apoyo— según contemplas gentilmente el Cristo en otro, es una vía que te lleva a trascender el mundo. Contemplar todas las cosas de este mundo y ver su perfecta inocuidad, su incapacidad para limitarte o aprisionarte, es una vía que te lleva más allá del mundo.

Y no obstante, todas esas cosas descansan sobre la práctica de “buscar primero el Reino”, lo que significa no ya creer en mí, no ya tener cierta noción teológica sobre lo que Dios es, no tanto adherirse a cierta religión o cierta doctrina eclesial. El Reino del Cielo está dentro de ti. Este es el auténtico poder de elección. ¿Qué piedra arrojarás en el estanque de tu consciencia?

Imagina que alcanzas un punto en que, justo antes de cada acción en que te involucres, sin ritual, sin dificultades, sin grandes shows ni grandes alardes, sin tener que quemar mucho incienso y sin encender cuarenta millones de velas, mmm, y sin cantar necesariamente todo ese gregoriano ni tanto rock and roll, o lo que sea que elijas —sin nada de ello—, en el silente templo de tu corazón, realizas una simple elección.

En este momento, voy a descubrir lo que significa enseñar solo Amor.

Puede consistir en solo una simple sonrisa. Puede consistir en permitirte contemplar la belleza de una flor, y decir,

Aaah, es muy bueno.

Puede consistir en comerte tu desayuno y realmente estar ahí donde estás, mientras estás comiendo, en vez de dejar que tu mente se vaya ya a la oficina.

Esta es, queridos amigos, la vía de la Verdad que os hace libres. Debes convertirte en alguien absolutamente comprometido a estar despierto, y por no otro motivo que el de haber constatado que no tienes otra elección (pues ya las has hecho todas, y solo te han conducido al dolor), que la que te brinda tu Ser al llamarte a que lo reconozcas por lo que es: un maestro despierto, la presencia del Cristo en ti, que informaría cada paso, cada decisión, que informaría la cualidad de tu percepción, o la misma naturaleza de tu transparente consciencia siempre en expansión. Porque es solo tu consciencia lo que puede extenderse para abrazar todas las cosas creadas, ¡hasta que literalmente constates que todas ellas han surgido de dentro de ti!

¡Así de grande es como tú eres! ¡Así de grandioso! ¿Y por qué? ¡Porque eso es todo lo que eres! Eres el océano del cual han surgido olas y más olas de dimensiones y de mundos. Esa Mente es lo que se te pide que dejes estar en ti, similarmente a como una vez lo estuvo en mí, cuando caminaba sobre vuestra Tierra. No lo hagas difícil.

Y cuando quiera que oigas a un profesor enseñar una cosa, o a otro enseñando aquella otra, pregúntate a ti mismo esto,

¿Me ofrecen simplicidad o bien es complejidad? ¿Ofrecen una paz accesible, o me llevan a meterme en varias trampas? ¿Me dan meditaciones complejas y oraciones, y más cosas que hacer, o simplemente me recuerdan la Verdad y me piden descansar en ella? ¿Me dicen que necesito ir a mil peregrinajes? ¿O me recuerdan que, cuando me tomo mi taza de té por la mañana, el Cielo está presente, si recuerdo quién está haciendo el té?

Es Cristo.

Así pues, no te dejes distraer. Porque al final de esta Era se acerca todo un bufé de profesores, quienes se declaran profesores de iluminación, que te guiarán hacia todo el conocimiento. Mira cuidadosamente y considera esto: ¿te exigen que les sigas? ¿Te exigen que abandones tu propio discernimiento? ¿O te alientan a que mires más profundo en tu interior…

¿Qué estás sintiendo? ¿Qué estás pensando? ¿Qué es lo que quieres? ¿Estás dispuesto a aceptar responsabilidad por los efectos? ¿Qué es lo que crees? ¿Qué es lo que quieres? Eres libre. Soy igual que tú. Solo hago el papel de ser tu guía temporal, y, algún día, tú te encontrarás mucho más lejos que yo.

¿Cómo hablan? ¿Qué enseñan? ¿Se filtra su miedo en sus palabras? ¿Creen que deben enseñarte a controlar las fuerzas de la naturaleza, las fuerzas de la mente? ¿Te enseñan a protegerte a ti mismo contra el mal? Hay muchos así, y habrá muchos más. Y cuando escuches esas cosas viniendo de ellos, ¡date la vuelta y aléjate de su presencia! Porque no los necesitas. Ya estás más allá de ellos.

Solo pregunta,

¿Cómo puedo extender hoy mi tesoro?

Y almacena tesoros que no puedan ser carcomidos por el polvo y la polilla, esto es, con los cuales el tiempo y la materialidad, el cuerpo y el mundo, no puedan “engancharte”; almacena pues tesoros que están en el Cielo: perdón, paz, ilimitación, reconocimiento de tu poder ilimitado, aquello que te brinde alegría y que ponga una sonrisa en tu semblante. Almacena para ti mismo esos tesoros, y todas las demás cosas vendrán por añadidura.

Porque existe una manera de estar en el mundo que no requiere de planificación o de esfuerzo, aunque para entrar en ella hay que renunciar al miedo. Para entrar en ella se requiere que te comprometas a enseñar solo Amor, hasta que la mente se encuentre de nuevo plena e indivisa. Existe una manera de estar en el mundo que no es del mundo, en absoluto. El cuerpo aún mora aquí. Sí, aún actúas igual, como cualquiera podría creer que actúas. Esto es, conocen tu nombre, saben dónde vives. Tú sabes qué automóvil se supone que conduces, sabes con quién te encontrarás en casa. Pero todo eso queda impregnado de la transparencia que hay en tu consciencia al contemplar todas esas cosas.

Y cualesquiera que sean los sentimientos que surjan, vienen y se van. Pero, de algún modo, comienzas a reconocer que eres mucho mayor que las cosas que vienen y se van; y que estás viendo una danza de sombras, un sueño, pasando gentilmente para irse en una fracción de segundo cósmico. Esto no se convierte en una forma de negar tu experiencia, sino que te da la libertad de abrazarla y vivirla totalmente, con pasión, con propósito, con poder, y en una perfecta libertad —sin ansiedad, sin presión, solo con la disposición a danzar en el mundo de los sueños, mientras permaneces despierto. Mmm.

Para aquellos de vosotros que están escuchando este mensaje de forma consecutiva, si realmente habéis estado poniendo en práctica vuestros cinco minutos, ya estáis llevándoos a vosotros mismos más y más cerca, o quizá más y más profundamente, hacia la transparencia que os estoy describiendo. Y esa transparencia crece hasta un punto —que quizá llamaríais “masa crítica”— en el cual repentinamente vosotros, en vuestra misma cualidad de ser, ya no podéis siquiera albergar el pensamiento de ser un cuerpo en el espacio y el tiempo. Y entonces, el cuerpo simplemente se disuelve. Y vuestra consciencia ya nunca más experimentará las limitaciones del cuerpo. Pero llevaréis con vosotros los gozos que la experiencia corporal os enseñó, pues están impresos en vuestra consciencia para siempre. Esta Tierra es un bello lugar, pero es solamente un pálido reflejo de la esplendorosa, de la trascendente belleza de lo bueno y lo santo que impregna la Creación de mi Padre. Ámala, abrázala, agradécela, pero no te aferres a ella.

Aprende entonces a enseñar solo Amor. Y ahora, a modo de añadido a lo que habéis estado haciendo, simplemente os pedimos sumar esta simple práctica. Cuando te sientes en tu silla por cinco minutos, morando como Cristo, recordando la Verdad que te ha hecho libre, comienza a plantearte esta simple cuestión,

Hoy, ¿cómo extenderé mi tesoro? ¿Cómo puedo añadir algo más a aquello que estoy almacenando en el Cielo de mi consciencia?

Inmediatamente comenzarás a recibir imágenes —un viejo amigo que necesita una llamada de teléfono, alguien a quien escribirle una carta. Podría ser algo tan simple como agarrar a tu gato, colocarlo sobre tu regazo y contemplar toda la infinitud en ese ser vivo, y sentir el gozo que te brinda acariciar su piel. Podría ser algo tan grandioso como ir a Washington para desearle bendiciones a vuestro Presidente. No importa lo que sea, porque esa Voz del Amor guiará tus acciones. Puede ser tan simple como dirigirte a tu esposa y decirle, “sabes, te aprecio”. Eso es todo. Sea lo que sea, permite que este día no se acabe sin que la acción sea realizada, o al menos puesta en marcha.

Así, como ves, la gran cuestión es,

¿Estoy dispuesto a confiar en el flujo de la Mente de mi Padre, que fluye a través de la mía como algo que me capacita y me da poder para extender mi tesoro?

Sí, significa vivir de forma diferente a como vive el mundo. Sí, significa ir a contracorriente. Y puede que parezcas necesitar aplicarle una mayor energía al principio, a medida que tu mente adquiere el suficiente impulso como para poder ir en otra dirección, como para sacudirte todo el fango que se ha asentado en tu consciencia.

Pero te puedo prometer, si quieres aceptar un camino así —simplemente, alegremente, gentilmente, pacientemente—, que el final de tu viaje es asegurado. Si eliges un camino lleno de magia y con muchas estrategias complejas, el final no está tan asegurado. El camino es fácil y no requiere esfuerzo.

Soy ya Aquello que busco. Solo necesito permitir que Eso me guíe. Y mientras este cuerpo dure, permitiré que sea un instrumento de comunicación que extienda el tesoro del perfecto Amor, perfecta seguridad y perfecta paz a todo aquel que entre en mi casa.

Y tu “casa” es tu campo de energía, la extensión de tu presencia.

Y finalmente, os sugeriría, especialmente a quienes vayan a involucrarse en este proceso de una manera mensual consecutiva, os sugeriría que hicierais lo siguiente, desde ahora hasta ese momento que llamáis “la Navidad”: hacia el final de tus cinco minutos, contémplate a ti mismo desde dentro del ojo de tu mente, como si, desde la última Navidad hasta esta, hubieras girado en un círculo. Habéis atravesado muchas casas astrológicas, muchas influencias energéticas. Os habéis involucrado en relaciones con incontables hermanos y hermanas. Habéis visto miles de visiones, de sueños y de revelaciones entrando en vuestra consciencia. Habéis tenido tropecientas oportunidades de ser perturbados y de perder vuestra paz.

Habéis sido como un residente temporal, como el hijo pródigo que ha salido a atravesar las esferas de la consciencia humana, y ahora os veis a vosotros mismos con el círculo ya completado. Desde el momento en que primero escuches esto, cuenta los días hasta el que llamas veinticinco de diciembre. Y permite que cada día sea considerado un paso, un peregrinaje, una conclusión de un círculo muy antiguo. Permite que cada día sea uno en el que reafirmas tu compromiso a liberarte de todo lo que no sea Amor, tal que al ir llegando a tu veinticinco de diciembre, te dediques a estar preparado para él.

Y el veinticuatro de diciembre te irás a la cama lo suficientemente pronto, en calma y en oración, de modo tal que puedas despertarte antes de que los primeros rayos del nuevo día acaricien la Tierra. Y saldrás de tu puerta, incluso aunque debas enfundar tu cuerpo con mucha ropa, y te darás prisa por llegar a un lugar desde el que puedas ver, a un sitio desde donde puedas contemplar el lugar donde vives, y que eso sirva para representar tu capacidad de contemplar toda la Creación. Ahí, dirige la cara hacia el sol naciente, y realiza una simple oración. Cierra tus ojos. Asegúrate de que no ves nada a través de los ojos físicos, de ningún modo. Ponte en pie con los brazos a los lados y con las palmas abiertas. Respira profundamente en el cuerpo, relaja la mente, y comienza simplemente a decirte, a ti mismo:

La muerte ha pasado, y ahora el nacimiento de Cristo está a mano.

Padre, acepto plenamente tu Voluntad para mí.

Y tu Voluntad es solamente que yo sea feliz y que emplee el tiempo para extender mi tesoro.

Y ahora, recibo la calidez de Tu Luz y de Tu Amor.

Y entonces quédate simplemente así, de pie, y espera, y recibe la calidez de la Luz. Porque ten por seguro que, aunque el cielo esté nublado, al salir el sol ocurre un cambio en la energía del aire. Y si estás en calma puedes sentir cómo esto comienza a afectar a la esfera de energía de tu consciencia y de tu cuerpo. Bebe de esa energía solar mediante cada célula de tu cuerpo. Bébela hasta que sientas que tu misma columna vertebral se calienta.

Y cuando todo el cuerpo —desde la coronilla en la cabeza hasta las puntas de los dedos de los pies, y bajando por cada dedo de la mano— esté lleno de Luz, entonces, abre suavemente los Ojos del Cristo, y permítete a ti mismo ver un nuevo mundo, una nueva creación, un nuevo comienzo. Ahora, la travesía hacia el Reino se ha acabado, y la travesía dentro de él puede comenzar. La escuela superior está a la vuelta de la esquina.

Entonces, tu instrucción ha sido dada. Y para aquellos que vayáis a escuchar estas palabras en algún marco temporal distante, se aplica la misma Verdad. Escuchad bien todo lo que ha sido dado, porque hemos ingresado en unas muy simples pero muy poderosas iniciaciones, del tipo de la que una vez me fue dada cuando yo también desperté a la Realidad de que solo Cristo mora en mí.

Y con esto, queridos amigos, daremos esta hora por terminada. Escuchad bien todo lo que ha sido compartido. No os lo toméis “a la ligera”, aunque esté solamente lleno de esa liviana, esa ligera Luz del Amor. Considerad bien cada frase, cada oración, e incluso las pausas entre las palabras. Porque en esas pausas silentes os pueden llegar las revelaciones. ¡Es el tiempo de hacer nacer plenamente la presencia del pacífico Cristo en ti!

Y cuando regreséis a vuestro hogar, en esa mañana del veinticinco de diciembre, haced algo que celebre vuestro nacimiento. No el mío, el vuestro. Yo me las puedo apañar con mi propia celebración. Y entonces, id con alegría y celebrad de la manera en que lo deseéis. Y reconoced que la Nueva Era, el Nuevo Día, ha amanecido. Y ya no serás capaz nunca más de convencerte a ti mismo de que existe una excusa para confiar en otra cosa que sea menor que una Consciencia Crística Iluminada.

La paz sea entonces con vosotros siempre. Y siempre estoy con vosotros.

Amén.

 

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2 Respuestas a “10. La vía del corazón. Lección 10. Jeshua – Jayem

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  1. ¡Cuánta SABIDURÍA !

    “¿Qué valor has colocado jamás sobre el mundo que te haya devuelto la paz que buscas?
    ¿Cómo puedo hoy extender el tesoro de lo bueno, lo santo y lo bello? ¿Cómo puedo yo, justo aquí donde estoy, experimentar esos tesoros, incluso en el espacio y el volumen de este cuerpo? ¿Cómo puedo contemplar amorosamente todo lo que me muestren mis ojos físicos, de modo tal que discierna o extraiga lo bueno, lo santo y lo bello, y que así me los dé a mí mismo?

    Los eventos aún tienen lugar. El mundo es aún aquello que el mundo elegirá ser, inconsciente de que en medio de sí mismo camina alguien despierto, que no necesita hacer ningún show. Meramente es la presencia de la cualidad del despertar, reconociendo que en cada momento sabrá ser informado por la guía del Reconfortador, la guía de la mentalidad correcta, de la iluminación, de modo que ya no se asocie más con el miedo,..
    El mundo ya no es una preocupación.”

    ¡GRACIAS!

  2. ¡Qué regalazo!

    Y experimenta su misma vida como un misterio constantemente fluyendo, como si algo más estuviera viviendo a través suyo. Y este es el significado de las palabras de mis amigos, tal y como las leéis en vuestra biblia: “permite que la Mente que esté en ti sea la que estuvo en nuestro Señor, Cristo Jesús”. Esa Mente es la mente de la libertad perfecta. No le pertenece a nadie, mas puede ser cultivada para fluir a través tuyo. Pero esto solo sucede, solamente, si cada fibra de tu ser está plenamente comprometida a la santidad. No puedes dejar un solo dedo fuera y alcanzar el Cielo. Toda tu mente, toda tu energía, todos tus regalos, toda tu misma consciencia debe estar comprometida a ser la presencia de la Paz. Y esto es lo que nadie puede hacer por ti. Sentarte a los pies de profesores iluminados o escucharme en tus cintas o vídeos, no lo hará por ti.
    Y el más sabio de los estudiantes es aquel que escucha la palabra y la pone en práctica, diligentemente, para y por sí mismo. No por su madre, no para su padre, no por su esposa ni para su hermano o su hermana, no en beneficio del planeta ni del universo, no por el nuevo tiempo que está amaneciendo —por ninguna otra cosa que por sí mismo. Pues su Ser es lo que Dios creó. Y ese Ser te llama para que lo honres separándolo de las ilusiones que has permitido que se alojen en tu mente, y estando plenamente comprometido a enseñar solo Amor.

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