11. La vía del corazón. Lección 11. Jeshua – Jayem   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[- Para más información, ver índice de estos libros de Jayem, en esta web.
– En diciembre 2015 terminé una revisión de la traducción de este primer libro de La Vía (la primera versión la hice en 2014).
– Aunque la traducción había quedado bastante bien, ya ha sido bastante “reparada”. Aún había algunas cosas más o menos claramente mejorables en cuanto a la transmisión del significado del texto en inglés (dentro de que el objetivo es fundamentalmente transmitir el sentido lo mejor posible).
– Para ver el PDF entero actualizado ver el índice enlazado arriba (y la carpeta con todos los textos en Google-Drive que también enlazo también en el índice)]

Lección 11

Ahora, comenzamos.

Ciertamente, saludos para vosotros, queridos amigos.

Únete a mí en este instante. Únete a mí en esta hora. Únete a mí en este lugar donde, solamente en él, dos mentes pueden unirse. Pues el cuerpo no puede llevarte adonde yo estoy, así como no puede llevarte adonde tu ser querido esté. Únete a mí, entonces, en el lugar silente de tu Corazón donde ya se encuentra toda la sabiduría. Únete a mí, entonces, en este instante, en el lugar preparado para nosotros por nuestro Creador, antes de que el tiempo existiera.

Únete a mí, eligiendo ahora permitir que tu atención descanse de las cosas del mundo. Permite que los ojos se cierren suavemente, como un símbolo de tu disposición a dejar a un lado tu implicación con, y tu apego a, las cosas de este mundo creado. Únete a mí, permitiendo que el cuerpo sea liberado. Y esto solo requiere que no le exijas nada. Ciertamente, déjalo reposar, como si se hubiera convertido de nuevo en el polvo de la tierra de la cual provino.

Únete a mí a medida que permites que tu atención regrese desde su estancia en el mundo a tu alrededor. Comienza a prestar atención a los pensamientos que parecen correr a través de la mente. Únete a mí dirigiéndote siempre hacia lo más profundo, como si estuvieras permitiendo que tu atención se asiente cada vez más, y más, en el Corazón. Y según los pensamientos parezcan transcurrir por la mente, ¿puedes acaso decir de dónde vienen? ¿Puedes saber adónde van? Surgen en un momento y se borran en el mismo instante, mientras continúas renunciando a tu apego a todas las cosas del mundo.

Verdaderamente, te digo que incluso los pensamientos que surgen y transcurren por la mente sin cesar, son del mundo. Tranquilízate entonces, morando en la amable calma del corazón. Tú no eres quien hace que el corazón físico lata y envíe la sangre a través del cuerpo. Simplemente él sabe, y lo hace. No haces que la respiración fluya por el cuerpo. Surge y pasa. No requiere de tu atención.

Y en este instante, ¿eres tú quien sostiene las estrellas del cielo por encima de ti? ¿Eres tú quien sostiene a tu bello planeta, tu Tierra, girando, precipitándose por el espacio, dando vuelta tras vuelta en torno a tu Sol central, sin nunca desviarse demasiado de la misma órbita que tuvo desde su creación? ¿Debes acaso ocuparte de la tranquila y desapercibida manera en que están creciendo las flores más allá de tu ventana? ¿Puedes escuchar el sonido que la hierba hace al crecer?

En algún lugar, en este mismo instante, un niño ha nacido. ¿Eres consciente de ello? Ciertamente, toda la Creación sigue adelante en una danza eterna, el misterio dando a luz al misterio, regresando al misterio, sin cesar. Y no obstante, tú moras simplemente en un tranquilo lugar, en el santuario del corazón. Únete a mí ahora, en perfecta paz. Únete a mí en el único lugar donde podemos recordar que estamos juntos. Abandona toda esperanza de dirigirte a mí por tu cuenta, con preocupación. Únete a mí en la simple comprensión de que, por tu cuenta, no puedes hacer nada. Únete a mí rindiéndote a la Verdad de una unión más allá de todo entendimiento. Establécete profundamente en el tranquilo santuario del corazón que compartimos.

Ese corazón es lo más profundo y la esencia de la única creación del Creador. Y esa creación es Mente Pura, Puro Ser, Pura Inteligencia, el cumplimiento de toda sabiduría, la profundidad de toda compasión, la certeza de cada propósito bajo el Cielo. Descansa conmigo, únete a mí, y reconoce que nuestras mentes están unidas. Y al descansar de nuevo, podrías notar que los pensamientos parecen surgir y pasar. Mas, ¿no los sientes ahora como si estuvieran viniendo de un lugar donde tú no estás, como si te hubieras sumergido más profundamente en un lugar de calma, bajo esa superficie sobre la cual los pensamientos fluyen de un lado para otro sin cesar?

¿Eres tú, entonces, los pensamientos? No, no lo eres. ¿Eres entonces siquiera el pensador de los pensamientos? No, no lo eres. Tú eres meramente esa calma, y esa presencia, que observa toda la Creación fluyendo a través de un campo de discernimiento, que es la Mente de Cristo. Por siempre ilimitado, eres tú. Siempre inmutable, eres tú. Perfectamente invariable, eres tú. Y somos de una sola sustancia, una Luz, y una Verdad. Solamente aquí reside la realidad. Solo aquí es recordada la realidad. Solamente aquí el Amor reina, supremo. Solo aquí es donde tú estás.

Y en este lugar —que está en todos lados a la vez—, y en esta eternidad —que abraza cada momento del tiempo—, ¿qué descubrimos? ¿Qué es lo que compartimos? No es un cuerpo, pues los cuerpos están limitados, son expresiones transitorias de la concreción del pensamiento. No es el cuerpo lo que podemos compartir. Mira aún más profundamente. ¿Serán los pensamientos que aún danzan sobre la superficie, allá lejos sobre ti? No. ¿Qué es entonces lo que nos enlaza entre nosotros, como uno solo? ¿No es el silencio y la consciencia del Aquel Ser que observa el surgir y el pasar de todas las cosas creadas?

Comparto contigo la profunda intensidad de un perfecto silencio. Comparto contigo una sabiduría suprema. Moro aquí, tal y como tú también lo haces, como el pensamiento de Amor en la forma. Estar en la forma no significa ser un cuerpo. Solo significa que Aquella Mente, que es la realidad de la existencia del Amor, realmente mora en cada uno de nosotros por igual. Y si esto no fuera así, no podrías reconocerme. Y cuando digo una palabra, una frase, o un párrafo que resuena dentro de ti como la Verdad, no podrías reconocerlo así si esa Verdad no viviera ya en ti como la realidad de tu misma existencia.

Sigue conmigo ahora. No hagas caso de la llamada de esa parte de la mente que te distraería y te llevaría de vuelta a las ilusiones que conforman tu mundo. Aquí no hay parejas, ni carreras, ni pérdidas, ni ganancias, ni dolor, ni sufrimiento. Solo aquí, la Verdad permanece resplandeciente dentro de ti. Aquí es donde yo estoy. Y este Corazón que compartimos no está contenido en tu cuerpo. Más bien, el cuerpo ha emergido del poder que reside en este Santo Lugar. Él tan solo te ha proporcionado una experiencia transitoria de aprendizaje, y estará ahí cuando regreses, si desearas hacerlo.

Pero por ahora, date permiso para descansar en el Corazón de toda la Creación —el tranquilo y silente Lugar De Perfecta Paz. ¿Qué podríamos compartir si no es la misma consciencia? Porque aquí, si alguien fuera a mirar aquí, no vería diferencias entre tú y yo mismo. Eres un Resplandeciente Campo De Consciencia. Y ese mismo Resplandeciente Campo comprende la esencia de Todo lo que yo soy.

Y dentro de esta Consciencia reside la respuesta a cada cuestión que puedas decidir plantearte. Dentro de esta Resplandeciente Consciencia se encuentra la confirmación de que el final del viaje es seguro. En esta Consciencia Resplandeciente moras como Uno Solo con todas las mentes y cada aspecto de la Creación. Únete a mí aquí a menudo, en mi recuerdo. Porque este es el secreto de la comunión: renunciar a la percepción del mundo en favor del reconocimiento de la realidad.

La mente siempre busca extenderse, pero solo se extiende hacia Sí Misma. Por tanto, cada palabra que comparto contigo ya está presente dentro de ti. Aquí, el Amor mora, solamente aquí, donde no hay espacio para nada desemejante al Amor. Por esto es que cada pensamiento amoroso es verdad, pues surge no ya de la superficie, no ya del nivel superficial de la mente, que genera pensamientos meramente como reacción a otros pensamientos; el Amor emerge de la profundidad del corazón, que trasciende eso que reconoces como tu cuerpo y tu mente, tu mecanismo de retroalimentación.

Cuando piensas un pensamiento amoroso, has sido acariciado por el contacto de Dios. Cuando no escuchas pensamientos amorosos en ti mismo, esto solo puede significar que has regresado a la superficie y has negado la profundidad en ti. Si quisieras, entonces, escuchar solo pensamientos amorosos, simplemente observa dónde está colocada tu atención, y permite que se asiente profundamente en este lugar más allá del tiempo, más allá del cuerpo, más allá del sueño del mundo. Porque este lugar, el Reino del Cielo en ti, es vasto más allá de todo entendimiento. El mundo que reconoces cuando pones tu atención en la superficie de la mente, está contenido en él y es abrazado dentro de este Corazón, como una gota del rocío que surge de la ola cuando regresa al océano que la recibe.

Aquí, entonces, queridos amigos, está el lugar de toda certeza. He aquí el lugar del perfecto poder para realizar los pensamientos amorosos con los cuales tu Creador te ha acariciado. He aquí la manera de realizar cada visión amorosa. He aquí la fuente de toda sabiduría que puedes desplegar para recrearte siendo la presencia del Cristo Encarnado. He aquí, entonces, el camino estrecho y directo que conduce a la Vida. Porque la Vida está más allá de todo concepto que jamás hayas escuchado, incluso de aquellos que yo he utilizado para comunicarme contigo. Estos han sido como muchos dedos, apuntando a la luna que destila su luz suavemente sobre ti. Esa Luz vive en la profundidad de un Silente Corazón. Por tanto, el silencio es el portal de la Sabiduría Divina.

Permanece conmigo aquí. No pienses en lo que oyes, sino permite que se vierta a través tuyo, sabiendo que las vibraciones de Sabiduría que portan estas palabras dejarán su huella en ti, sin el más mínimo esfuerzo por tu parte. Solo necesitas ser como un amante para la Mente de Dios —abierto, permisivo, receptor—, acogiendo aquello que tu Creador querría otorgarte. Permanece conmigo en la profundidad de este Silencio Perfecto. Nota cómo comienzas a sentir una espaciosidad suave, una paz que desciende sobre ti, como una amable paloma —y no obstante, no has hecho nada. Y de nuevo, en caso de que sintieras que tu atención se ve devuelta a la superficie de tu consciencia, meramente elige de nuevo, y regresa a la calma del Corazón.

Soy amado; soy amoroso; soy adorable, para siempre.

Permite que esta frase sea como una escalera que desciende desde el mundo de tu invención a la profundidad de la Paz Perfecta. Solo necesitas repetirla cuando notes que te has distraído temporalmente con los atisbos, sonidos e imágenes del mundo alrededor del cuerpo, así como con los pensamientos que parecen correr y danzar sobre la superficie de lo que llamarías tu centro cerebral.

Soy amado; soy amoroso; soy adorable, para siempre.

Y a medida que llegas a sentirte anclado, enraizado en ese profundo y silente lugar, pide lo que quieras y su respuesta no se te ocultará. Pide ser testigo de mi vida cuando caminé por tu Tierra, y te será mostrado. Pide que se te muestre el campo vibratorio en el que fuiste concebido en esta vida; no se te ocultará. Pide lo que sea sobre un amigo que quizás haya estado en problemas, y el origen de lo que sea que esté sucediendo dentro de él te será amablemente revelado. Porque recuerda que tú, en este lugar, eres la Consciencia Misma, meramente haciéndose consciente de Sí Misma. Y ese Reconocimiento, esa Consciencia, vive igualmente como la esencia de todos y de cada uno de aquellos que conoces y amas. Y tu amor por ellos es lo que te enlaza a ellos, en la profundidad de una tranquila Consciencia.

Mas, al descender por la escalera, hacia el calmo lugar del corazón, hay unas pocas cosas que dejar atrás: la necesidad de tener la razón, de ser apoyado en tus ilusiones, el miedo al rechazo, al abandono, a la negación y a la muerte. Deja atrás todo pensamiento acerca de lo que el mundo es y de cuál es su propósito. Deja atrás todo pensamiento que hayas jamás albergado sobre cada cosa y sobre cada cual.

Entrega, renuncia al mundo de tus percepciones, y ven calladamente a arrodillarte ante tu Creador. Y ahí, en el silente lugar del Corazón, desapegado de lo que te es dado o mostrado, nada se mantendrá en secreto. ¿Querrías conocer los fundamentos del mundo? La respuesta está aquí. ¿Querrías saber cómo dirigir mejor el Amor a un ser querido? La respuesta está aquí. Y una Voz te hablará, como voz clamando en el desierto. Se te mostrarán imágenes, sentimientos vivos en ti, y reconocerás la manera de extender tu tesoro.

Permanece conmigo aquí, pues es aquí donde yo moro. Y la única diferencia entre nosotros es que tú, ocasionalmente, crees que moras en algún otro lugar. Y, cuando vas por la escalera, y comienzas a distraerte con los pensamientos de la superficie de tu mente y con la retroalimentación sensorial del campo de energía que conlleva tu creación física, yo permanezco en nuestro Corazón Compartido, esperando pacientemente por tu regreso.

Permanece conmigo aquí.

Soy amado; soy amoroso; soy adorable, para siempre. Esta es la verdad que me hace libre. Soy Lo Que Yo Soy. Mi consciencia no conoce limitación, y todos los mundos surgen dentro de mí. Soy Esa Mente presente en todos los seres, cuando descienden por la escalera y abrazan esa Verdad que es únicamente verdad, por siempre. Aquí, hay perfecta paz. Aquí, hay reconocimiento de que nada falta. Aquí está el abrazo de la consumación del Amor que he buscado por todos los lugares equivocados. Solo aquí, moramos. Aquí solamente permanezco. Soy Aquel que existe antes de todos los mundos. Solo esto es la Verdad sobre mí.

Esas palabras no son mías, son nuestras. Y nos compartimos en ellas, por igual.

Soy amado; soy amoroso; soy adorable, para siempre. Soy Lo Que Yo Soy.

Y a partir de la profundidad de ese Silencio Perfecto y del recuerdo de ese perfecto conocimiento, llega el impulso de un pensamiento amoroso:

LlévaMe a la forma. LlévaMe al espacio y al tiempo. RevélaMe al mundo.

Tu vida puede convertirse, cuando quiera que así lo elijas, meramente en el proceso de la encarnación del Cristo. Renuncia al mundo, a la vez que caminas por él. Entrégalo con cada respiración. Aprende a cultivar la profundidad de este reconocimiento en medio de todas las actividades en las que el cuerpo es empleado como un instrumento transitorio de enseñanza y aprendizaje.

Queridos amigos, morad conmigo en esta Unión. Y sin importar lo que los ojos del cuerpo os muestren, sin importar lo que los oídos del cuerpo escuchen, sin importar los “inofensivos” pensamientos que parezcan atravesar la superficie de la mente-cerebro, moráis donde yo estoy, in-formados por ese Amor del cual han sido concebidos el sol, la luna, y todas las estrellas del Cielo, los planetas en sus órbitas y todas las dimensiones en nuestra Creación del Padre. Puedes realizar la encarnación de Cristo viniendo a morar al Corazón de Cristo hasta que cada paso, cada palabra y cada gesto fluya desde este profundo, silente y perfecto lugar, hasta que Su Voz sea la Única desde la cual actúes.

Y aunque los pensamientos del mundo corran a través de tu mente cerebral, aunque los datos sensoriales sean recibidos mediante las estructuras celulares del sistema nervioso del cuerpo, no obstante, puedes renunciar a esas cosas y actuar solo desde esa profundidad de Perfecta Sabiduría, Perfecta Seguridad, y Perfecta Paz. Este es el mes de tu “acción de gracias”, tal y como lo llamáis. ¿Será este el mes en que tú des realmente las gracias por la Gracia que te hace libre? ¿Honrarás esa Gracia descendiendo por la escalera hacia los lugares calmos del Corazón, en cada uno de tus días?

Soy amado; soy amoroso; soy adorable, para siempre. Soy Lo Que Yo Soy. Infinita Consciencia —sin nacimiento, sin muerte. Soy aquello que abraza el sueño de espacio y tiempo, y que contempla amorosamente todos los eventos, inofensivos y neutrales. Y ni siquiera el cuerpo es ya mío. Meramente surge y pasa, mientras yo, el Creador de toda la creación, lo informo con la consciencia del Perfecto Perdón, de la Perfecta Paz, y de la consumación del Amor. Sí, aunque camine por los valles del espacio y del tiempo, el miedo no surge en mí. Porque todas las cosas buenas están bajo mi cuidado, almacenadas donde la polilla y el polvo no pueden corromperlas, donde los ladrones no pueden entrar a robar. Aquí, solo aquí, está el tesoro que ya no busco más, pues, ¡he encontrado!

Mora aquí conmigo, hasta que llegue la hora en que reconoces que ya no te marcharás nunca más de nuestro Santo Lugar del Padre. Ese Lugar es esta Profundidad de Paz, que mora allá donde estés, como el mismo Corazón Y Esencia de tu realidad.

Soy amado; soy amoroso; soy adorable, para siempre.

Esto te doy como meditación divina y como manera de orar. ¡Perfecciónala! ¡Vívela! ¡Bebe de ella! ¡Abrázala! ¡Devórala! ¡Conviértete en ella! Porque en esta conversión meramente recordarás lo que siempre ha sido cierto desde antes del surgimiento de todos los mundos. Como un pájaro regresa a descansar a su nido, como la nieve que se funde para dar a un río que fluye hacia la profundidad de un silente océano, como el sonido, como la canción de una flauta que se desliza suavemente por tus propios oídos… tú, como creador de las notas… así sé tú también, por ende, tan sabio como las serpientes, y disuélvete a menudo en esta profundidad de la Verdad de tu ser, hasta que mores aquí, en cada uno de tus dóndes y en cada uno de tus cuándos.

Y cuando el cuerpo marche por la Tierra y las cuerdas vocales vayan a formar palabras, el roce de los pies sobre la Tierra te recordará la bendición del Cristo. Y las palabras que se formarán por sí solas enseñarán solo Amor. Aquí, entonces, querido amigo, está la esencia de todo lo que querría extenderte hoy y en esta hora.

Utiliza el resto de tu tiempo en esta hora de comunicación para practicar suavemente el ascenso y el descenso por la Escalera de la Consciencia. Date permiso para ascender, para notar los pensamientos que corren por tu mente. Escucha los sonidos a tu alrededor, siente el peso del cuerpo sobre el asiento en el que estés, y entonces, desciende de nuevo. Y habita ahí un poquito más, para entonces de nuevo elegir ascender. Escucha los sonidos a tu alrededor, el latido del corazón físico. Desplaza el peso del cuerpo, presta atención a los pensamientos que concurren a través de la superficie de la mente. Renuncia a esas cosas, y desciende otra vez, ascendiendo y descendiendo suavemente. Porque en tanto que hagas esto, unirás ambos polos. Y cultivarás dentro de ti la consciencia y el poder espiritual necesarios para estar en el mundo sin ser del mundo.

¿Puede haber un mayor logro que este? ¿Puede haber algo que te ofrezca una mayor satisfacción que ser el canal a través del cual la Consciencia y el Poder Infinitos fluyen con cada respiración, cada gesto, cada palabra hablada —para revelar el Cristo al mundo mediante tu ser? ¿Qué puede haber jamás más valioso que esto?

Disfruta entonces de tu hora. Y reconoce que cuando desciendes a ese lugar del Corazon Silente en ti, te recibiré y me sentaré contigo en la profundidad de ese Silencio. Y nuestras almas, nuestras mentes y nuestros corazones se fundirán como Uno Solo. Y cuando asciendes, me llevas contigo. Y cuando desciendes, me absorbes en ti mismo, hasta que finalmente no hay diferencia entre nosotros. Y cuando el mundo te mira, dice,

Mirad, estoy en la presencia de algo misterioso, algo atractivo, algo vasto y pacífico y lleno de poder. Ciertamente, ¡este es el Hijo de Dios!

Y ahora, desde esa Mente que compartimos como Uno Solo, de nuevo os digo,

Que la paz sea con vosotros. Y mis bendiciones os son dadas, mas no como el mundo da; os doy la Voz que habla por Cristo y que anhela ser la vuestra. Porque el mundo da y quita, pero mi Amor va siempre con vosotros. Permitid que se convierta en el vuestro propio. Reclamadlo. Poseedlo. Gustadlo. Bebedlo. Respiradlo. “Caminadlo”. Habladlo. ¡Encarnadlo!

Y aunque ahora me vaya para desvanecerme en el Silencio, no obstante camino con vosotros por el camino que elijáis, que puede convertirse en la manera de extender el tesoro de vuestro Perfecto Reconocimiento de que sois amados, de que sois amorosos, y de que sois adorables, por siempre. Eso es, ciertamente, Lo Que Vosotros Sois. ¡Y no podéis ser otra cosa! Haced que cada momento sea suavemente acariciado con lo que os lleváis de aquello que descubrís en la profundidad de vuestro descenso al Corazón del Cristo.

La paz sea con vosotros, siempre, e ilumine vuestro camino mientras aún moráis en el mundo. Sois ciertamente enviados como Aquel que contiene todo el poder para extender el tesoro de la Verdad. Sed, por tanto, Aquello Que Vosotros Sois —y sois las estrellas que lucen en los cielos y ofrecen su resplandor a las cosas temporales.

Id por tanto al mundo, y bendecidlo con el Resplandor del Cristo en vosotros.

Y si alguna vez necesitáis saber dónde deberíais estar, descended a esa Profundidad. Y cuando ascendáis, abrid los ojos y bendecid el lugar donde os encontréis. Y así, vuestro propósito queda cumplido.

La paz sea con vosotros, siempre.

Amén.

 

 

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