¿Qué es un nombre propio? ¿Qué significa la palabra “Jeshua”, “Jesús”? ¿Quiénes somos?   Leave a comment

imagen corazón en círculoLos nombres propios, es decir, el hecho de nombrarnos igual durante el tiempo… más que individualizarnos, en realidad quizá a la larga nos “desindividualiza”.

Son algo muy curioso, los nombres; digamos que quizá nos “universalizan”.

En todo tipo de situación, durante toda la vida, se nos irá llamando igual: por el nombre propio, “Juan”, “María”…

Qué curioso proceso de igualación 🙂

Da igual lo que suceda.

En cierto sentido dan igual las experiencias por las que pasemos… pues en casi todas sabremos que siempre alguien nos re-conocerá… habrá alguien que nos seguirá llamando igual, desde “fuera”, igual que siempre…: “Juan”, “María”.

Eso materializa repetidamente, fugazmente, la pura separación, la pura nada de la separación.

Alguien nos podrá separar de la experiencia al nombrarnos.

¿O bien sucede al revés, que ese nombre bien nos podría servir también… ese acto de nombrarnos desde la separación… como una garantía de que siempre nos vamos a poder “fundir”, en unidad… de que siempre nos vamos a poder hacer-uno… un solo ser “con” todas las experiencias?

No importará que desfilemos por mil diferentes tipos de “trabajos”, de situaciones, de compañías… no importará si somos “peores” o “mejores”… o si somos niños o ya viejos —en esa edad en la que a menudo ya no hay tantas excusas para no dar el permiso para que se disuelvan todas las fronteras, en su nulidad.

Entonces, si en realidad solo HAY UNO de nosotros… si solo somos UNO, la cosa puede parecer que se nos pone algo complicada 🙂

Y es que se siente muy claro que de cierto modo debemos contar con ese dato que son “nuestras” diferencias, y no meramente anularlas. Son un don, un dado, una dación…

Y a la vez nos vamos a dar cuenta, uno por uno, de que somos todas las vidas, de que somos todo ser, todo ser en cualquier tipo de “universo”.

Y bien, este asunto nos parecerá algo menos complicado si, por ejemplo, atendemos al uso que se hace de los nombres en este trajín del “mundo de lo espiritual”.

Por ejemplo, un nombre en torno al cual hay muchísima energía puesta, es decir, en torno al cual nuestra Unidad infunde energía para despertar las diversas identidades mundanas a su verdadera identidad —en una sola relación con todo—, un nombre que atrae pues mucha energía… es el nombre propio “Jesús”, Jeshua.

El caso de Jesús de Nazaret no es uno cualquiera, es decir: así hemos conseguido que sea: no uno cualquiera —así la humanidad ha hecho que sea, cosa que está a la vista.

Curiosamente, es un nombre propio: Jeshua ben Joseph.

He ahí lo que es quizá un hecho indubitable que quizá es lo que aún hace eco en nuestros días y para siempre: la enorme, descomunal “energía amorosa” enfocada en esperarlo todo de ese niño… de ese niño nacido hace muchos años en un mar de esperanzadas proyecciones colectivo-religioso-espirituales… en una energía que, digamos, sigue haciendo eco, como uno de esos pilares “energéticos” invisibles pero fundamentales sobre los cuales puede “darse Unidad”, “recordarse Unidad”.

Es, pues —lo queramos o no— uno de los pilares sobre los que se monta ese RECONOCIMIENTO DE LA ÚNICA MENTE que somos… sobre los cuales remontamos el camino hacia la cúspide de la experiencia de la Unidad… y recogemos (purificamos), de camino, todos los bártulos (experiencias).

Esa única mente, en esta tradición, es llamada “el Cristo”.

La podríamos llamar como quisiéramos: la mente de Buda, de Mahoma, de Dios, de Krisna. Lo único que importa es la Unidad reconocida… que transforma y sana las vidas armando poco a poco el tapiz de la Reconciliación cósmica.

Entonces, sobre ese “pilar energético” que llamamos “Jesús”, con excusa de esa vida personal, puede brillar cada vez más el reconocimiento unitario que es la Reconciliación… la restauración de una sola mente.

Ese reconocimiento brillará con toda su luz, en esta “dimensión”, en esta “mansión del Padre”… para transformarla por completo.

Este nombre, pues, lo hemos usado como vemos en y para la Unidad: en y desde esa “UNA SOLA MENTE” que somos. Dicha Mente usa y ha usado ese nombre propio, es decir, esa experiencia que en realidad siempre va a ser revisitable —y cada vez más revisitable en la mente de cada cual (“la vida de Jesús”).

Ese nombre señala esa experiencia “final”… es como un importante índice señalador… a la hora de apuntar hacia esa Unicidad, nuestra Unicidad real (desde la cual todo es posible y sin la cual nada lo sería).

Igual que nuestro nombre propio podemos ver que en realidad apunta a “nada” —a una experiencia siempre cambiante— la Unidad tiene un nombre que apunta a la experiencia de Todo Lo Que Es.

Todo Lo Que Es tiene una experiencia, y su nombre quizá podríamos decir que es Dios, un nombre propio: Dios.

“Dios” sería el índice, en la mano de la humanidad, con el cual esta humanidad apunta hacia la experiencia de Todo Lo Que Es.

Esa experiencia es también algo siempre cambiante… aunque sobre diferentes bases.

Y de una forma digamos “complementaria”, uno cualquiera de nuestros nombres propios —pongamos “María”— apuntaría en principio hacia ese “todo evanescente” que es la totalidad de la experiencia ilusoria de esa ilusión juguetona llamada “el yo separado”… “la Separación”.

“Dios” le sirve entonces, a la humanidad, para señalar o señalizar algo que también es en el fondo siempre cambiante —igual que lo es ese “todo evanescente” de la “nada” de la experiencia de una “María”, de un “Juan”…

Y ese “algo cambiante” —que es la experiencia de Todo Lo Que Es— tiene una base inmutable y segura, una base que se suele por ejemplo invocar con el siguiente título honorífico 🙂 :

amor eterno en unidad creadora.

Es decir, Unidad de todos con todo y para todos 🙂 , en una sola relación, que por tanto es un estado desconocido aquí… en un “aquí” donde venimos a “jugar al tiempo”, en un estado en que aún no parecemos tener consciencia de habernos reunido en lo que supone la re-unión entre:
— nuestro nombre propio, y
— el de “Dios”… ese índice que es “Dios”.

Pero, no hemos re-unido… ¿qué es lo que no hemos reunido realmente? ¿No hemos reunido lo que significa esa unión PARA QUIÉN? ¿Para nosotros? ¿Quién es ese “nosotros”? ¿O es lo que significa esa unión PARA “DIOS”? ¿O para Todo Lo Que Es?

Tal y como aprendemos en Un curso de amor, dado en nombre del proceso de Restauración de nuestra Unidad Real —apoyándose al principio en la identidad de Jesús como hombre particular—, tal y como aprendemos en ese texto… ahora nosotros vamos a ser quienes somos para Dios, para el Original (y no quienes somos para nadie más, en la ilusoria separación, etc.).

Hasta ahora nos habíamos creído de cierta manera “dioses” (dioses sacrificados)… en el sentido de haber sido (en creencias)…, de haber representado entre todos… lo siguiente:
— quien Dios era para nosotros.

Y ahora seremos quienes realmente somos, pues seremos quienes somos para Dios.

Por eso se dice que seremos la Palabra, el Verbo encarnado… quienes realmente éramos, quienes realmente habríamos sido desde siempre.

Es decir, somos quienes habremos sido… en el necesario final del tiempo por venir… que es quienes somos PARA DIOS —un final sin fin, ya siempre finalizados en un eterno devenir glorioso creativo.

Publicado 16 diciembre, 2014 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

Etiquetado con , , , , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: