Nuestra siguiente semana con UCDA: capítulos 27 y 28   Leave a comment

imagen corazón en círculo[Anterior entrada donde hablábamos algo del cap. 25 y 26]

Ahora viene una nueva etapa de este tipo de entradas del blog, donde íbamos comentando los capítulos del curso de amor.

Estas páginas serán más “personales”, y quizá alguien se nos sume aquí o en facebook a comentar.

Ver el índice de entradas para encontrar el texto completo de UCDA, y por capítulos (punto 5).
Y ver ahí en el punto 4 una lista con los enlaces a estos comentarios.

Al leer el capítulo 27 y el 28 de Un curso de amor, podemos hablar por ejemplo sobre algunas de estas cosas.

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Ya nos ha planteado, en todo el curso, las bases para poder ahora “entender con el sentimiento” este capítulo 27.

Y este capítulo nos dice directamente que somos relación, literalmente -cosa esta que ya habremos sentido.

Teníamos aquella “llamada” sutil (llamada a “lo sutil” en todo momento) que nos hacía en el capítulo 13, y que ya no se nos borrará: «¿qué conoces ya del espíritu del otro?».

Nos llegamos a conocer a nosotros mismos, verdaderamente, sumergiéndonos en la relación, y como una relación (directamente siendo la relación)…, y no pidiendo o exigiendo otra cosa del mundo.

Siempre nos vamos a preparar interiormente para “ser antes relación”.

Ya nos está presentando, pues, una especie de “fórmula”, muy bella, que luego concretará más aún al final de este primer libro de UCDA.

Es una fórmula que de cierto modo abarcará todo nuestro sentir, presentando de nuevo lo que aquí en el 27 se presenta: esa especie de “Yo único” que somos, en relación con todo.

Fuimos creados como una relación, una relación digamos que, a la vez, en “vertical”… con la Fuente/Origen…, y, a la vez, en lo que luego aquí parecemos ver “en horizontal”…: “con todo lo que Ella creó”:

«27.9 El pensamiento de Dios por el cual fuiste creado es sinónimo del Cristo en ti. Es tu relación con tu Fuente y con todo lo que Ella creó.»

Vimos hace mucho que “el Cristo en ti” es lo que “aprende” a ser Dios en forma humana.

Vimos que para ser el pensamiento de Dios, para ser lo Real de lo que somos… solo hay que “volver a pensar” dicho pensamiento o, de cierta manera, dejarse pensar por Dios en vez de estar proyectando, juzgando, lo que creemos que la Vida es…, en vez de proyectar “lo que creemos que Dios es”.

En vez de hacer imágenes de “la vida”, es decir, de Dios…, en vez de hacer (y ser) esas imágenes “a nuestra imagen y semejanza” (separación)… nos vamos a fundir en y como relación, en relación y como una sola relación con todo, hacia dentro, y hacia lo que aparentemente está “fuera”, pero que nunca lo estuvo de Nosotros Mismos como relación, como “parte” en Cristo.

Ya nos ha dado el curso también invitaciones concretas a ese “viaje hacia dentro” (cap. 20)… e “imágenes” sobre esa “cadena espiritual”… de eslabones (cap. 18)… de la que somos un eslabón tan fundamental, como el resto de seres… y donde de cierta forma todo se caería si faltara uno de nosotros.

Aquí se concreta más esa visión.

«27.11 Ese establecimiento de tu identidad que procuramos aquí no es solo para que puedas comprenderte mejor a ti mismo o a tu mundo, o incluso para que puedas traer el Cielo a la Tierra. Estas son metas complementarias pero, como hemos dicho antes, no son metas que puedas lograr “por ti mismo”, ni con el concepto que ahora tienes de ti mismo. Así como puedes mirar a tu alrededor y ver que no hay dos cuerpos iguales en esta tierra, el Yo que tú eres es un Yo único. Un Yo de relación no implica que ese Yo sea igual a todos los demás. Pero sí implica un Yo que es esencial para todos los demás. Tú importas, e importas como parte interactiva de la relación que la vida es. Ya estás realizado como quien tú eres. Todo se cumple en unidad. En la separación meramente luchas por todo lo que ya es tuyo en relación. La relación es unidad, y la relación es tu estado natural. Es quien tú eres.»

En este cap. 27 también se dicen cosas como las siguientes:

«Cristo es la relación santa que existe entre todo y Dios»

«Es tu relación con tu Fuente y con todo lo que Ella creó.»

Fijémonos en que dice “tu”, “tu relación”.

Es algo en el fondo “personal”… como irá ampliando en el curso de amor.

Lo es, pero en otro sentido de “personalidad”, en un modo de ser “personales” que aquí, con estas herramientas temporales que parecemos ser, y que son nuestros cuerpos…, aquí, difícilmente atisbamos ese sentido de “personal”… aunque vayamos a terminar siendo a conciencia ese “Yo en la Unidad de amor”, como me gusta llamarlo.

Para sentir esto, recordemos la inocencia en esos “experimentos” que nos anunciaba en el capítulo 10.

Pensamos intuitivamente que el amor es esa luz que “indistingue”, informe. Y de cierto modo lo es… es de donde diríamos que a cada instante “sale” toda forma. Es lo que en el fondo informa las formas.

Las formas no “irradian luz”… sino que NOSOTROS mismos somos esa Luz, profunda, en la cual “nadan” estos sueños de formas.. de sueños y formas que, vistos desde la distorsión, parecen ser fuente u origen de cosas, parecen irradiar luz, “auras”… como anunciando nuestro verdadero Yo, o Ser.

“Amor” es con quien nos vamos a “lograr” identificar… es el “Cristo en mí”… la Unidad de amor en mí.

Y aunque nos creamos “cuerpo”… somos esa “informidad” relacional, que es condición para toda forma… somos, cada uno de manera única… en un “Yo” que ni podemos imaginar… a su modo personal: un campo preindividual de la relación entre todo y la Fuente.

Ser amor no sería pues eso tan “abstracto” que podríamos pensar es… siendo una especie de “nada” en el limbo… pues “ser amor” conlleva conocimiento y máximo “ser Uno Mismo”, “ser Yo”… el Yo de cada Uno en Unidad… en plena unidad reconocida con la Fuente y “con todo lo que Ella creó”.

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En el siguiente capítulo, el 28, en el curso de amor se hace una llamada a la paciencia.
Compara el que fue “el inicio” de nuestro “camino”, con la llegada de un día, un día que se levanta como desde la nada de la oscuridad.
El amanecer del reconocimiento de nuestra inocencia es claro, y más o menos rápido, como el sol del amanecer, que rápido lo cambia todo. Pero otra cosa es lo que viene después, que requiere paciencia (obligada quizá por la necesidad de vivir otra experiencia, tan radicalmente diferente de la que hemos tenido con el “yo separado”…, y todo para deshacer las antiguas creencias que validaban el miedo…).

«28.12 De manera similar a cuando sientes la necesidad de convencer a otros de tus creencias, en la necesidad de dar forma a lo que no tiene forma se pierde lo esencial de lo que has ganado. Es probable que ahora te preguntes: “¿acaso me estás diciendo que no haga nada?”. Esta sola idea te deja pasmado y, peor aún, amargamente decepcionado. Una vez más, como al principio, buscas realizar una tarea y te olvidas de que solo tú puedes ser realizado.

28.13 Cuando uno piensa: “hay tanto para decir”, se olvida de escuchar. […]»

Podemos querer hacer cosas que validen lo que conocemos… en vez de estar atentos a nuestro sentir.

O quizá queramos buscar y buscar…, sin parar… afuera, en todos los “afueras”… buscando entre los haceres y los resultados de “los demás”…, buscando validación, pruebas, testigos…

Pero aquí se nos habla de que esos testimonios (a veces proféticos) vendrán más bien desde la inocencia, no tanto desde un reconocimiento consciente.

«Crees que cuando estás lo suficientemente iluminado como para conocer, también estás lo suficientemente iluminado como para saber qué hacer con lo que conoces. Mientras continúes pensando en la separación entre el hacer y el conocer, es obvio que ese no será el caso.»

El capítulo 28 decíamos que hablaba de la paciencia.

Y es que ante ese cambio, tan radical, que vamos a aceptar o “sufrir” :), sin sufrimiento… en nuestro propio ser… parece obligado hablar de “paciencia”.

Sabemos que, para salir de la experiencia de la separación (para dejar de aprender este círculo vicioso en el que parecemos estar metidos por toda la eternidad de muerte… en este “eterno” aprender a ser “un yo separado”)… para salir de ahí… tenemos “necesidad” de vivir otra experiencia.

Parecemos tener necesidad de otras experiencias…, de las experiencias que se vayan a dar de cierto modo en nuestro “caminar” por este “viaje sin distancia”, y que de cierto modo se irán sumando en este nuestro “nuevo aprendizaje”.

¿En qué es “nuevo”? En que estamos aprendiendo a “aprender en Unidad”.

Es otro tipo de “aprender”: “aprender en Unidad”, sin carencia, sin reforzar el sistema del ego (escasez).

Por eso parece ser tan importante el concepto de “aprender”.

Por eso quizá vemos tanta broma de parte de la Voz (la Voz de nuestra Unidad de Amor que dicta tantos textos en comunión con Mentes de personas vivas…)… tanta broma… en el mismo título de varios de sus grandes textos (el curso de milagros, el curso de amor…).

Y por eso serían tan tramposas esas inercias en las que nos vemos metidos, normalmente, a la hora de jugar a la “espiritualidad”… llevándonos a este terreno del “despertar” aquel viejo concepto nuestro de “aprender”.

Y así, podemos entender que van a ser radicalmente nuevas las experiencias que nos faciliten entender algo que en realidad no se puede entender, sino solo “ser”, “sentir”: el hecho de que solo seamos AMOR, amor abstracto… el hecho de que solo seamos RELACIÓN.

¿Cómo se nos puede facilitar algo así…, y a cada uno en concreto… y sin asustarnos mucho :)…, para que no salgamos muy rebotados…, para que no retengamos todavía más nuestro ser de Luz?

Desharemos, pues, todas las antiguas creencias…, mirando de frente todas esas creencias con las que validábamos nosotros mismos nuestros miedos…, todas esas creencias “del ego”…, las que hemos aprendido a través de tantas y tantas “experiencias de separación”…, esas experiencias que nosotros mismos hicimos que se quedaran ahí dentro, como grabadas…, en forma de creencias en la Mente…, profundamente enterradas…, y que ahora nos sirven para proyectar pasado sobre el ahora…, y que así nos sirven para retenernos más…, para “bloquearnos” y no compartir nuestro “Ser de Amor”, nuestro “Yo en Unidad”…, que solo nos pide que nos apartemos de cada ocasión para dejarnos simplemente mecer por Él.

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Así que seguimos con el ánimo de hacer de este curso, del primer libro, nuestro “compañero”.
Siempre que “nos aburramos”… cuando decaigamos… cuando quizá queramos dejarlo todo… podemos usar esta muleta, para centrarnos, la muleta del texto… de buscarnos ahí en el texto, donde se nos pide que vayamos al Abrazo, adentro.

Es a veces quizá importante no olvidarse de lo anterior… de los anteriores capítulos y sus propuestas sobre escucharnos, el cuerpo, nuestra percepción…

No olvidarnos quizá de la disposición que nos hemos comprometido a tener progresivamente… disposición a integrar y ser fieles a lo que hemos leído… a un cambio que cambiará incluso nuestra manera de hablar…, en una disposición a abrirse más a lo que ya llevamos visto en el primer libro del curso de amor… que es mucho.

Por eso cada vez seremos más llamados a centrarnos en pocas cosas y a no hacer mucha lectura o “picoteo espiritual”, en general.

Simplemente se nos llama a la unión, no a hacer demostraciones hacia afuera… no a buscar reforzar la necesidad de “validación”, queriendo comprobar en testigos o “profetas” ahí fuera, que logren validar (según nuestro pensamiento mental-intelectual) aquello que sentimos.

La abundancia de tareas y de diferentes textos es quizá casi siempre una expresión del antiguo concepto de “aprender”, el concepto que estamos superando (pues vamos de “aprender en separación” a aprender desde la Unidad…)

Y ya nos dirá pronto que vamos a sentir cuándo se nos presenta un maestro…, y cuándo es alguien más en el papel de aprendiz.

Por ejemplo, de este primer libro del curso, podemos querer repasar las cosas vitales que se nos han dicho sobre el cuerpo… para animarnos a movernos más desde aquel “sentimiento más allá de las emociones” (comunión).

Quizá teníamos que haber hablado mucho más sobre lo que se cuenta en 18.22… sobre qué es lo que supone lo allí dicho, para cada cual, en concreto…, ya que quizá es fácil pasar de largo por cosas así:

«Tú, entonces, le retransmites una reacción [al cuerpo]. Esta relación circular entre tu cuerpo y tú es una relación perfecta para los propósitos del aprendizaje, pues en ella es posible aprender tanto de la experiencia como de la reacción ante la experiencia, ya que ambas pueden ser elegidas por el que aprende. No es, en cambio, la relación perfecta cuando percibes erróneamente el cuerpo como tu hogar, en vez de como un instrumento de aprendizaje»

En este capítulo 18 se nos decía que de cierto modo no hay un “tú” que escuche los mensajes que en realidad nos estamos mandando a Nosotros a Nosotros Mismos… no hay un “tú” que digamos “actúe” de forma más “englobante”.

Y entonces…, ¿ocurre que todos los dolores de “la gente”, si nos fijamos… están ahí en gran parte porque no gozan de alguien, un “tú”, que los escuche sin reaccionar?

Habría quizá que intentar hablar más concretamente sobre esto, para que cada cual contara quizá las épocas en su vida donde puede que recuerde haber estado presente de otra forma en el cuerpo… de una forma donde se nos haría menos confuso empezar a distinguir la esfera de los sentimientos de la esfera de las meras reacciones a sensaciones.

Y este tema está, por supuesto, relacionado con esa otra cosa de la que quiero hablar mucho:

lo de hacer de sanador, de facilitador de sanación… que ya comentábamos un poco hace tiempo, en estos hilos de comentarios.

Digamos que “hacer de sanador” es, por así decirlo, como un sacar a la “acción” a nuestro “Yo en Unidad”.

Por un lado, resonamos o podemos resonar con los miedos de los demás… con los miedos que potencialmente pueden realimentar nuestro propio yo separado… en una situación o un encuentro dado.

Estos son los miedos que en general y en teoría realimentan el yo separado de aquella persona que, en ese momento, tiene el papel de “paciente” o “alumno” (aquel que se sitúa ante nosotros en esa actitud receptiva, en su papel momentáneo de presentar un miedo al campo posible de liberación o de Reconciliación o Restauración de la Mente).

Y esa resonancia, ficticia, de miedos…, ese falso compartir, sería otro compartir distinto del que tiene nuestro “Yo de amor”… nuestro “Yo en Cristo”… nuestro Yo en Unidad… ese Yo relacionado abierto a todo en relación… hacia dentro (Dios)…, y, por consiguiente, hacia todo lo que parece haber en el aparente “afuera” de ese espectáculo horizontal de “mundo”… del mundo que realmente no está afuera.

Ese Yo, ese Ser, intentamos que brille o inunde el campo compartido…, para que este se haga “de sanación”…, con ayuda de todos esos agentes personales espirituales que nos conectan, seguro, en Unidad…, y que al parecer son (aparte de nuestros Yoes en Unidad)… son… multitud de personalidades que apoyan a nuestro Ser en Unidad.

Ese Yo es verdaderamente compartido… y entonces, el que hace en ese momento de “sanador”, solo está ahí para recordar, par un quizá momentáneo recordar, donde así nos permitimos entre todos “subirnos” a ese Yo de la Unidad… a esa Relación… a sentirnos como Mente, y sus elecciones… para sentir tales elecciones en la inocencia de esa relación “neutral” que somos todos como espíritu…, y poder así quitar peso a la distorsión de cada uno…, o a veces poder pasar de largo algunos efectos… rememorando de otra manera… (si es que inconscientemente se ha podido “hacer” eso porque quien haga de alumno/paciente dio su acuerdo interior “invisible”… el acuerdo de “pasar página”).

Así que quizá nos vendrá bien hablar de estos temas, que son:

– ese “otro modo de estar en el cuerpo”…,
– “la intersección”, en aquel cap. 22 donde se nos invitaba a utilizar la imaginación para “dejar pasar” o dejar ir lo que nos resuene del mundo…, para que ello y nosotros podamos crecer juntos en sentido o significado.

Es quizá importante que diferenciemos muy bien, que reconozcamos, si nos movemos desde la unidad o no… para aprender a reconocer si desprogramamos realmente las viejas creencias…, lo que equivaldría a la limpieza de esos estantes, o baldas, o capas de la cebolla de nuestro ser… esas capas que utilizábamos antes mucho más para acumular cosas, cosas que luego nos bloquean, pues no nos permiten que las cosas sean lo que son, y que todo se dé el sentido a sí mismo, por sí solo…, creciendo así nosotros junto con ello.

Todo requerirá que sintamos que la certeza crece, o que no…, y ello requiere quizá que podamos reconocer cada vez más fácilmente que estamos fuera del antiguo ciclo de acción/reacción…, fuera del seguir reaccionando al pasado, a nuestras antiguas reacciones (que dependían de experiencias pasadas).

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Así que aquí tenemos este curso de amor 🙂

El primer libro vemos que es un cierto habituarse a las maneras del corazón, pero con esas notas que ya nos ha dado, en varios capítulos, como queriendo abrir nuestra visión: sobre el hecho de que, en gran medida, somos seres “espaciales”… ser espacio (cap.10)…, o espíritu (cap.13)…, o sobre la diferencia entre el sentimiento de comunión, en quietud, y las emociones.

En el segundo libro toca aplicar más todo esto, desprogramando todas las creencias más fundamentales…, en la vida… tras la petición que nos ha hecho a cierto compromiso con la vida… tal y como ya se nos va anticipando en el primer libro…, resquebrajando pues la oscuridad casi definitivamente…, para que así, con el acompañamiento del tercer libro, se efectúe del todo esa unión ya algo reconocida en el segundo libro.

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Recordemos también el cap. 23.

Habla de que creeremos que se nos pone a prueba, en este periodo de desaprendizaje. Y habla de limpiar las creencias.

Aprendemos que una “antigua creencia” ya no vale, mientras nos hacemos espaciosa intersección…  que se abre al sentido del mundo… abarcante.

De cierto modo, habría que ponerse a aprender esto aposta… 🙂 , y ese sería el sentido del comprometerse con la vida del que está hablando.

Las “creencias del ego” que van a ser desafiadas, digamos que contienen una base, dentro… o que están ambientadas en algo que siempre nos intentaría convencer de esto: de que “dar ≠ recibir”; que dar no es igual a recibir.

En cada ocasión concreta, el ego dice cómo dar el amor, o cómo dejarlo de dar…, inventando o exigiendo lo que habría que recibir en cada momento.

Y así, vamos reteniendo.

Retenemos para impedir (en cada ocasión a su manera), para impedir… de cierto modo… la ley o “ecuación” global del Amor, la ley de Dios…, la ley de que “dar = recibir”; dar es igual a recibir.

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Publicado 19 abril, 2015 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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