Nuestra siguiente semana con UCDA: capítulos 31 y 32   Leave a comment

imagen corazón en círculo[Anterior entrada donde hablábamos algo del cap. 29 y 30]

Ahora viene una nueva etapa de este tipo de entradas del blog, donde íbamos comentando los capítulos del curso de amor.

Estas páginas serán más “personales”, y quizá alguien se nos sume aquí o en facebook a comentar.

Ver el índice de entradas para encontrar el texto completo de UCDA, y por capítulos (punto 5).
Y ver ahí en el punto 4 una lista con los enlaces a estos comentarios.

Al leer el capítulo 31 y el 32 de Un curso de amor, podemos hablar por ejemplo sobre algunas de estas cosas.

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Para comentar esta parte (31 y 32) pondremos solo unos breves comentarios por ahora:

– I. Confesar – Confiar
– II. Inseparables
– III. La naturaleza, sin problemas
– IV. Nuestro “mantra” preferido 🙂

 

I. Confesarse como un compartir

Esta es una de las cosas tratadas en el siguiente capítulo del curso de amor, el 31 (confesar como compartir).

En el ámbito de la religión institucionalizada (impulsado a veces de formas muy interesantes y aleccionadoras, como en las apariciones marianas* de Medjugorje… ya visitadas por más de 30 millones de personas) está haciendo furor el hecho de confesarse… pues se trata de un simple compartir confianza, honestidad… intentar llevar una mirada “limpia”, inocente, sobre todo eso que guardamos, que retenemos (pues al guardarlo “en secreto” nos hace idolatrar el tiempo, y por tanto el “yo separado”, y así, fácilmente, nos hacemos a nosotros mismos idolatrar la idea de la separación con respecto a nuestro Origen, en cada Aquí y Ahora).

Este confesarse, obviamente lo podemos “hacer” de muchas maneras, estableciendo climas de confianza en grupos o en encuentros de meditación, de unión, de amistad, etc., y obviamente se puede recurrir a los sacerdotes y religiosos que están para ello, donde idealmente se trata también de traer “visión de Cristo” a estos encuentros de confesión… es decir, de traer una visión clara, redentora, desde la Unidad de Amor que somos.

«31.15 Todo lo que guardas en privado y sin compartir es, esencialmente, lo que crees que eres. Digo “lo que crees que eres” porque es importante distinguir entre lo que crees ser y quien realmente eres. Por un lado, crees ser tu pasado, tu a miedo, tu culpa; por el otro, crees ser tu futuro, tu gloria, tu potencial. No quieres compartir ni tus pensamientos más negativos ni tus pensamientos más positivos acerca de ti. […]

» 31.16 […] Es el ego el que pregunta: ¿estás seguro de que si compartes ese sentimiento seguirás siendo amado? ¿Estás seguro de que si revelas ese secreto estarás aún a salvo? ¿Estás seguro de que si intentas algo nuevo serás aún aceptado? Es el ego el que considera que la honestidad es un juego y a él le dejas decidir sobre tu verdad. […]

31.17 […] lo que verdaderamente sois no puede ser mejorado. Pero debido al estado de olvido, debéis aprender de nuevo quiénes sois. Solo puedes aprender de nuevo quien eres, siendo quien eres. Y solo puedes ser quien eres compartiendo quien eres.

31.18 […] Tú, que ya te sientes preocupado acerca de si la honestidad y el compartir van a tener algo que ver con la confesión, piensa por un momento por qué estás preocupado. La idea de confesar es la idea de compartir. En vez de pensar en ti como alguien lleno de pecados y necesitado de perdón, piensa que se trata simplemente de una necesidad de compartir. […]»

II. Inseparables sin ser lo mismo

Otro de los temas hablados en el 31 es cómo somos inseparables sin ser lo mismo.

«31.4 Te cuesta entender que algo pueda ser inseparable y al mismo tiempo no ser lo mismo.»

Este capítulo me gustaría mucho que lo comentarais, y así mejoramos esta revisión de la traducción…, y “ampliamos” interpretaciones, modos de ver…

Dios, el amor, la Luz personal que nos creó…, es inseparable de nosotros sin ser el mismo que nosotros.

Eso mismo le pasa a todo el mundo… en eso es en lo que somos “iguales”… en espíritu… creaciones de un mismo Padre-Madre… (creaciones siempre inocentes, como veíamos en el capítulo 13… en esa forma de hablar allí, en el 13, que equivalía a “ver la faz de Cristo” en todos… y que desarrollaba ese tema hablando de reconocer el espíritu de “los demás”, de reconocernos en el espíritu de “los demás”).

En ese espíritu somos todos inseparables sin ser el mismo espíritu… todos inocentes como espíritu… que aquí representa dramas para “re-aprenderse” a Sí Mismo.

Somos inseparables de “los demás”, sin ser lo mismo, sin ser iguales.

Como cuerpos, estos cuerpos que son “nuestras creaciones”…, como cuerpos tenemos que de cierta forma ocurre lo inverso:

– somos perfectamente separables de “los demás”, pero en realidad siendo el mismo tipo de cuerpo… siendo equivalentes como cuerpos.

Vemos cómo nuestra creación de separación replica de forma inversa la Creación… dando como un espejo invertido… donde nos venimos a reconocer como espíritu, es decir, a reconocernos en la Creación de Dios, que no está separada de esta, pues esta creación de cuerpos separados sería simplemente distorsión… distorsión donde reaprendemos nuestro Ser de nuevo…, nuestro Yo en Unidad.

En espíritu, todos de cierta forma estamos encajados en todos. Venimos pues a creaciones que parecen muy opuestas a la original, para reconocer la original también aquí… y así integrar todo… entregando todo.

Como sabemos, no somos cuerpo, sino libres como mentes creadoras, aunque al final inseparables, una sola Mente.

Como Dios es amor y es libertad, Dios “quiere” que asumamos y sintamos eso, esa “madurez espiritual”, por así llamarla: ser inseparables del Origen pero sin ser lo mismo.

Así, para poder, realmente…, con toda una experiencia a nuestras espaldas… para poder realmente, experiencialmente… sentirnos “inseparables de Dios” (cosa que ya somos pero hemos de sentir aunque estemos en nuestras creaciones)…

… para poder “sentirnos Dios” pero no sentirnos “lo mismo”… parece que hemos de pasar por estas experiencias de separación, tan ilusorias, en las que nosotros mismos nos provocamos a nosotros mismos una vivencia tan “opuesta” a lo que somos Nosotros Mismos (para así re-aprendernos a Nosotros Mismos, “iluminándonos”).

En estas experiencias, creemos estar dentro de “un universo” que no es nosotros… un universo que parece estar fuera de nosotros, y que nos hace cosas “a nosotros”… cuando sin embargo nosotros seríamos mente que proyecta su universo estrictamente privado, aunque en un consenso increíble con los demás universos privados de “los demás” (para que no nos sintamos solos… pues pese a que sean universos privados… solo podemos crear replicando de cierta manera la Creación: aquí en nuestra separación, buscamos la relación, necesitamos la relación, es imposible estar totalmente solo).

Como ya vimos, para comentar lo que veíamos en otros capítulos…, a veces se da parcialmente una “rotura” más aparente dentro de la mente (para que una mente individual o cierto grupo de mentes, por ejemplo, experimente algo completamente diferente del resto…)… se da una cierta “rotura” que hace aparente tanto el consenso mental compartido como la posibilidad de que este no exista…, dentro de la Mente…, y así, vemos en parte “demostrado” lo que hablamos.

Hay muchos fenómenos en ese sentido: a veces en terapias grupales donde un grupo de personas experimenta una cosa claramente, por ejemplo oyendo algo que otros no, etc.

Estas roturas también vimos que consiguen recordarnos que no es el cuerpo quien piensa, quien oye, quien ve.

Dios es pues ese querer, ese querer o anhelar ser “maduros espiritualmente”…, que llama desde nuestro interior.

Dios quiere que nos enteremos de nuestro “ser seres creadores, de Luz”, que lo discernamos, más allá de “la consciencia” tal y como la entendemos usualmente.

Dios nos quiere creadores como Él… lo cual es el significado del regreso. Nos quiere como la Fuente que somos, en unidad con Ella…, como seres de Luz que contienen universos y son capaces de ser plenamente relación con todo… como espíritu…, aunque hasta ahora, en el “aspecto exterior de la Vida”, creíamos falsamente que estos universos nos contienen, y que están fuera de nosotros… despistándonos así del hecho de que cada uno somos una relación con todo.

Dios nos quiere capaces de ser espíritu pero habiendo experimentado ciertas cosas.

Las historias relativas a padres, madres, profesores… simbolizan esto en nuestra creación de cuerpos.

Así, veíamos arriba cómo el capítulo 31 sigue hablando de una “nueva” forma sobre la separación…:

«31.4 Te cuesta entender que algo pueda ser inseparable y al mismo tiempo no ser lo mismo.»

Ahora el texto seguirá y pondrá el ejemplo, aparentemente burdo, del agua y el vino.

El agua y el vino son inseparables sin ser lo mismo.
Sin agua no hay vino, sin Dios no hay “Nosotros”…

Como decíamos, nosotros y Dios, el Origen, somos inseparables sin ser lo mismo.

Y esa es toda la historia en que nos vemos metidos en estas experiencias… la historia del origen del anhelo que nos pica y nos atrae… del hecho de que seamos inseparables de nuestra Fuente de luz…, y de que a la vez no seamos lo mismo.

Somos todos por igual creadores, como la Fuente, aprendiendo a no ser lo mismo que ella (contra la rabieta inicial de un niño espiritual que, imaginemos, al empezar, querría “fusionarse con su Padre/Madre”).

De ahí lo que decíamos arriba: que, como ya “sabemos”… el tema de las madres, los padres, es muy simbólico, hay ahí mucha “energía”… en los padres, que en parte representan en pequeñito esa paradoja cósmica global…:
– que no podamos ser Dios más que extendiendo el amor (libertad) que nos dio como nuestro mismísimo ser…
– el hecho de que Dios al crearnos se diera completamente como pleno amor, que es libertad, y que venimos a reaprender en la manifestación de cada universo privado… para “proclamar” unidad de luz dentro de nuestras creaciones.

Sigue diciendo:

«El milagro de la conversión del agua en vino ilustra, como lo hacen todos los milagros, la falacia de esta idea. [de la idea que nos hacemos y con la que empezaba el párrafo: el hecho de que nos cueste entender que algo pueda ser inseparable sin ser lo mismo]. Si quieres ser un obrador de milagros debes comprender de forma correcta esto último, así como todos los milagros. Lo que es inseparable no puede ser diferente, pero esto no significa que deba ser lo mismo. Inseparable no significa reemplazable. El agua no reemplaza al vino ni el vino reemplaza al agua, pero ambas cosas provienen de la misma Fuente, por lo que no son diferentes aun cuando no sean lo mismo.

31.5 Tu miedo a la igualdad es tu miedo a la unicidad, y es un miedo infundado aunque comprensible dada tu concepción sobre lo mismo y lo diferente. Sin embargo, como tan fácilmente es ilustrado por vuestras formas, a la vez que todos los cuerpos son el mismo, también son diferentes. La forma no hace más que imitar al contenido.»

 

III. Sin problemas con “la naturaleza”

A veces luchamos contra la idolatría, la idolatría que hacemos a veces de “la naturaleza”… idolatrando “lo natural”.

Pero… dependiendo de cómo se expresen esas palabras, las que luchan contra la idolatría de “lo natural”… podemos entristecernos mucho.

La naturaleza es un vehículo o un instrumento de “llamada” -el hecho de su regalo, el hecho de su gratuidad para nuestra consciencia.

Entonces, por ejemplo en el curso de milagros, hay una especie de llamada correctora en su teoría: una llamada a NO “espiritualizar demasiado lo natural”.

Pero podemos entristecernos mucho… pues la naturaleza es ejemplar en muchas cosas, como posible reflejo del Cielo, en tanto que “una sola relación” y un regalo muy claro.

Somos amor, no cuerpos… y el amor es “relación”… es relación antes que “particularidad”, es relación antes que objeto que se relaciona… antes que “yo separado” o cuerpo separado que se relaciona.

Y, en “la naturaleza” tenemos un medio de cierta forma ideal…, puesto ahí por nosotros mismos, como ya sabemos… en tanto que mente que contiene universos… pero puesto ahí con ayuda de “patrones divinos” distorsionados a placer (así que con ayuda “de Dios”).

Es pues un medio, el de “la naturaleza”, que está ahí; es un regalo, no estamos separados de él, ni de él como regalo. Está puesto “ya ahí” para poder sentir más y más plenamente nuestro “ser relación”.

Es el medio para ejercer nuestro regalo de libertad, y así poder reencontrarnos con la verdadera libertad, que es Amor, espíritu sin límites.

“La naturaleza” sería un mural, un mural para pintar una sola relación, para ver una sola relación; para sentir el equilibrio de la única relación que existe, sin que nada perturbe… sin valorar ninguna “muerte”, de esas muertes que parecen “equilibrarse”, en la naturaleza, con otras muertes… y así para ir sintiendo, realmente, y en medio de todo ese “mural”… ir sintiendo que la muerte no existe.

“La naturaleza” sería pues la pantalla de videojuego que hemos elegido…, ayudados por “Dios”, en este “no-trabajo” que hacemos… para este regalo que es la vida, un regalo sobre aprender a aceptar regalos (hacia el regalo casi “final”: el regalo de nuestro ser de Amor o Luz, creado por Dios… que lo aceptamos aceptando la libertad y su amor, en medio de todas las ilusiones que queramos).

Y decía “ayudados por Dios” porque nunca estuvimos separados de ese “amor personal” suyo… de Dios… de ese Amor que nos creó como Él Mismo… también como amor…, también como Luz personal creadora…, conteniendo universos.

¿Y todo ello para qué? Para ejercitar “la visión” aquí… la visión y la reunión en “la única relación”…, en la relación “santa”, o “sagrada”… en una visión que por tanto solo siente o “ve” lo “bueno”, lo “bello”, lo “verdadero”…

Esa sería la “apuesta” que ya hemos aceptado.

Ya sabemos que la “consigna” es “todo está bien” 🙂

Así lo llegaremos a sentir.

IV. Una sola relación cada aspecto con todo, es su unicidad

Tras todo el texto de este primer libro de Un curso de amor, viene el breve capítulo 32, que ya estamos leyendo… y que contiene una especie de gran colofón en forma de guinda, de broche de cierre…, con una especie de “mantra” final sobre la relación, como no podía ser de otra manera (y que, por cierto, podríamos pintar con dibujos de relaciones, de flechas…, cosa esta que podría ser útil para algunos y que esperamos poder hacer en alguna “reunión” más juguetona “pierde tiempos”).

Seguimos siendo seres pensantes, pero tenemos que serlo desde el corazón, para “aprender” ya siempre en Unidad… y no reforzar el sistema de la carencia, de la escasez… para dejar de aprender en separación.

Esto mismo ahora lo iremos profundizando en el segundo libro del curso de amor, un libro digamos más “transformativo”.

En este primer libro nos hemos familiarizado con las maneras del corazón, con la vía, con el camino, con el “método” del corazón…

Es decir, que más o menos espontáneamente nos han surgido (o bien hemos recordado, de momentos “pasados”, y hemos podido imaginar más o menos vívidamente de nuevo… con más o menos fuerza…)… nos han surgido… decíamos, esas visiones del corazón, esa dimensión del Abrazo, que da todo el sentido a la “meditación”…, esas maneras con las que podremos ir conviviendo más y más naturalmente…, para así aprender a “Aprender en Unidad”, y no seguir aprendiendo en separación unas lecciones dadas “por nuestra cuenta”, desde nuestras almas que se sienten en deuda, etc.

Así pues, nos hacemos a la idea de la disposición que vamos a tener, una disposición a reunirnos con esa “visión del espíritu”…, con ese muy concreto “estar en todo” de nuestra percepción en tanto ser espacial-mental que está literalmente en el universo de su creación… tal y como veíamos en el capítulo 10…, o con esa ternura de la sabiduría del corazón que reconoce a Uno Mismo en el otro, en el espíritu del otro (con “la visión de Cristo”, como también decía la Voz en su primera muestra, tan pura, de “curso de milagros”, en UCDM… pero que ahora sigue con otro lenguaje, en UCDA, en esta actualización de lo que lleva tanto diciéndonos “Dios”, a través de miles de voces).

El “mantra”, como decíamos, lo extraemos del siguiente párrafo, que comento por pedazos:

«La manera en que experimentas la relación con cada aspecto de la creación es diferente a pesar de la unicidad de la creación.»

Como vimos en otro capítulo, aquí hemos venido a experimentarnos en la creación de Dios, no en las ilusiones, por mucho que estas nos despisten. Es decir, venimos a “ser Dios”, ser pura relación, en la Tierra…, a ser espíritu.

Venimos pues a experimentar aquí, paradójicamente, la digamos “Creación real”.

Y ahora viene el final de ese párrafo, una frase que nos sirve como gran broche y recordatorio, que hay que disfrutar más y más…, como “impulsor mental”, como combustible intelectual, para quien lo necesite… en este nuestro no-trabajo… este que “realizamos” cuando entregamos todo en esta dimensión de “sueños”, donde venimos a reunirnos con nuestro Yo en Unidad, con nuestro Ser, aunque parezca que no estamos en Unidad:

«Es en la diferente relación de un aspecto de la creación con todo el resto donde existe esa diferencia que tanto aprecias como tu cualidad de ser único.»

Con “el ego” creemos que somos únicos por ser separados, por estar aislados. El ego nos quiere completamente aislados, cosa imposible.

Aquí, la visión del “mundo espiritual”, que nos habla a través de este curso… nos cuenta cómo es en realidad la película.

Es decir, este curso de amor, tan concreto… en una concreta comunión mental de la mente concreta de esta mujer que hizo de canal, que “descargó” este ejemplo de “Curso de amor”… de curso de milagros…, desde la Unidad de Amor (Mari Perron)… desde esa comunión concreta… ahí… se nos cuenta así la película.

Pongo otra vez la frase anterior, el mantra…, pero esta vez con mayúsculas, despacio, varias veces…, para resaltar dónde hay “cosas a sentir”… dónde resulta bonito o fructífero darse tiempo para detenerse… en este “mantra” que vamos a invitar a leer muchas veces para quizá no perdernos… para quizá ayudarnos a “invocar” el resto del contenido de este curso de amor… sus sensaciones… sus no-ejercicios… etc.:

«Es en la DIFERENTE relación de UN aspecto de la creación con todo el resto donde existe esa diferencia que tanto aprecias como tu cualidad de ser único.»

Un aspecto de la creación, cualquiera, nosotros mismos, pero en Unidad: nuestro Yo en Unidad… Ese aspecto tiene una DIFERENTE relación con TODO el resto:

«Es en la diferente relación de un aspecto de la creación CON TODO el resto donde existe esa diferencia que tanto aprecias como tu cualidad de ser único.»

Estamos relacionados con TODOS, con TODO el resto, en una especie de “relación interior”… en una Consciencia más allá de esta consciencia mundana.
No hay nada fuera de nosotros “por eso”.

Lo importante aquí sería seguramente remarcar mucho que ese “CON TODO” significa con todo YA MISMO, con todo ya aquí y ahora.
Somos esa relación con todo ya aquí y ahora.

Y cada uno es una diferente relación así: con todos.

El otro es OTRA relación con TODOS.

Y es en la diferente relación de UN aspecto de la creación con todo el resto… donde existe esa diferencia que tanto apreciamos como nuestra “unicidad”…, nuestro ser “solo nosotros”, únicos…, nuestro ser “nosotros mismos” (no como “cuerpos”, sino como relación).

Así pasa con todo ser, con todo ser que vemos aquí reflejado, jugando en las sombras de este tipo de dimensiones de experiencia…: todos están relacionados a su propia manera con TODO el resto de “aspectos de la creación”… en una cadena de eslabones sin fin… en un círculo sin principio… es decir, como creo que decían los herméticos…: “un círculo cuyo centro está en todas partes y cuya circunferencia en ninguna”.

«Es en la diferente relación de un aspecto de la creación con todo el resto donde existe esa DIFERENCIA que tanto aprecias como tu cualidad de ser ÚNICO.»

Esa unicidad es lo que hemos remarcado ya: somos únicos pero no porque estemos relacionados a nuestro modo, caprichosamente, según las historias personales de nuestros yoes separados… en el “especialismo” de nuestro mundo de separación en sombras finitas y mortales.

Si somos únicos es porque cada cual es una relación (SU relación) CON TODO, a la vez, y ya lo es.

Ahí está lo que REALMENTE nos diferencia como “únicos”… ahí, en el mundo espiritual, en la cadena que siempre asciende en gloria… en la cadena de la creación de Dios… donde venimos a re-conocernos, desde nuestras sombras, “elevándolas”… elevando estos universos privados, estas películas, estas pantallas de videojuego… reintegrándolas al reintegrarnos.

Y sigue diciendo:

«Y solamente en relación eres únicamente tú. La relación es lo único que existe, pues el Amor es relación.»

Solo somos únicos en relación.
La relación y el amor son uno solo… para CADA UNO, un UNO que es CADA TODO…, un UNO que es CADA TODO RELACIONAL…, el SUYO, SU TODO…; un UNO con todos YA, y PARA SIEMPRE.

Por eso somos todos bienvenidos, por igual.
He aquí el reino…, el Reino de Dios.

Publicado 3 mayo, 2015 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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