Nuestra siguiente semana con UCDA: repaso (II)   Leave a comment

imagen corazón en círculo[Anterior entrada de repaso del primer libro de Un curso de amor (UCDA)]

Ahora viene una nueva etapa de este tipo de entradas del blog, en las que íbamos comentando los capítulos del curso de amor.

Estas páginas serán más “personales”, y quizá alguien se nos sume alguien aquí o en facebook a comentar.

Ver el índice de entradas para encontrar el texto completo de UCDA, y por capítulos (punto 5).
Y ver ahí en el punto 4 una lista con los enlaces a estos comentarios.
Para aprender a usar ese índice de entradas, podemos utilizar esta otra página, que contiene las instrucciones de uso.

¿Cómo nombraremos las citas de los párrafos y capítulos?

A partir de ahora nombraremos así los capítulos del primer libro:
C:1 (que sería el capítulo 1), C:23 (el 23), etc.
Y cuando queramos añadir el número de párrafo:
C:23.10 (el párrafo 10 del cap. 23).

Nombraremos así los capítulos de los tratados, del segundo libro:
T1:5 (tratado primero, cap. 5), T4:11 (tratado cuarto, cap. 11).
Y cuando queramos añadir el número de párrafo:
T4:11.5 (párrafo 5 del capítulo 11 del cuarto tratado)

¿Cómo citaremos los textos?

Todo lo que se halle en letra negrita o por ejemplo subrayado dentro de una cita, es nuestra aportación, porque el texto del curso prácticamente solo contiene subrayados en cursiva.

Repasaremos todo el primer libro (con su introducción, preludio y los capítulos C:1 al C:32), teniendo en cuenta algunas claves, y también a veces teniendo en cuenta alguna parte del principio del segundo libro (T-I), que iremos leyendo y practicando (en lo que llama “arte del pensamiento”, hasta “fundirnos” con ese modo de “estar en el mundo”).

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I. el preludio y la percepción verdadera
II. otra vez el tonto del bote
III. retener
IV. muerte y luz
V. más sobre la muerte
VI. capítulo 9
VII. capítulo 8
VIII. Santa Teresita
IX. De nuevo el capítulo 9. USAR frente a CREAR
– X. una mirada no identitaria a las ideologías, la vida y los valores

Ya “sabemos”…
que todo era un despliegue cósmico impresionante para jugar a estar solitos 🙂 …
solitos en el mundo de lo relativo…
y así poder re-engrandecernos…
al redescubrir lo que sí somos…
al redescubrir de nuevo el Sí 🙂  …
en unidad con el Creador personal que nos creó a nosotros mismos como futuros “creadores personales”,
en una ascensión eterna en la verdadera gloria.

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I. El Preludio y la percepción verdadera

En el curso de milagros teníamos una primera “bofetada” cariñosa, una bofetada a nuestro modo usual de estar en el mundo.En esa actitud, como sin querer y sin ser muy conscientes de ello…, íbamos pensando que tiene que haber algún tipo de SEPARACIÓN real (y, como el pensamiento de cierta manera “crea” nuestra experiencia…, y como la separación conlleva de cierto modo “miedo”…, entonces, así nos va 🙂 ).

Por eso, en ese “primer” curso de milagros se tenían que dar las afirmaciones más básicas y universales, en cuanto afirmaciones que puedan empezar a desestabilizar la base de nuestro sistema de creencias…, para que dejemos de valorar nuestra perspectiva usual.

Esa perspectiva la podríamos llamar:
– “valorar hacia fuera”…,
– “mirar fuera intentando SER lo de fuera”… etc.

Es una actitud que alimenta una idea muy “loca”… : la de que hay algo “afuera”…

Y esto a su vez alimenta la idea de que esa cierta “consciencia” más elemental que somos en un primer momento…
…esa consciencia que da pie a todos estos juegos en cuerpos…
…alimenta la idea de que esa consciencia estaría realmente dentro de un cuerpo, de un cuerpo separado del “afuera”.

La puerta de salida de esto, de esta separación…, de esto que nosotros mismos hemos elegido para obtener experiencia “en separación”…, la salida… lo que nos daba la posibilidad de “salir de esto”…, tenía un nombre en el curso de milagros, y que podríamos decir así:

crecer en percepción “verdadera”, en percepción “corregida” o “correcta”, percepción “recta”.

El curso de amor es una de las posibles continuaciones del curso de milagros, con la idea de facilitar y acompañar hacia el “logro” real de una percepción verdadera y un verdadero aprendizaje que nos dirija más allá de toda esa sensación de lucha que a menudo asociamos a la idea de “aprender” (y con más motivo quizá si se trata de ese aprendizaje tan “raro” que podríamos describir rápidamente como “ser Dios en forma humana”…).

Así que la idea es facilitar el poder perderle miedo al logro de esa percepción nueva…, de ese cierto “sentir”… del sentir que buscaba el curso de milagros… en esa unión buscada con nuestra “guía interior”.

El sentir del amor real, como libertad, ese amor que nos permite fundirnos con la guía que llevamos dentro… esa guía que nos ilumina los pasos si nos dejamos (si escuchamos inocentemente a nuestra experiencia, y hacemos algún caso)… ese sentir…, quedaría consignado en esta frase que acompaña gran parte del final del libro de ejercicios del curso de milagros: “no soy un cuerpo, soy libre”.

En el curso de amor, sin embargo, se trata de otra manera diferente (y que puede resultar clarificadora) el tema del aprendizaje, y el de crecer de verdad en “percepción verdadera”.

Se trata de otra manera esta “percepción verdadera”, este alcanzar “el mundo real”, esa cierta visión interior…, “no dual”…., al irnos dejando mecer por la guía personal que nos habla constantemente en imágenes, experiencias, palabras (a las que no solemos hacer caso)… y que no están en el mismo nivel que los pensamientos usuales que provienen de nuestra confusión, de esa confusión que a menudo vemos como “normal”.

Así que el curso de amor sienta las bases para poder hablar de otra manera acerca de dicha “percepción verdadera”… así como de esa “confusión miedosa”… esa confusión que nos impide escuchar una sola voz.

Y lo hace muy pronto, en el Preludio, en su mismo principio…, y de una forma que quizá a poca gente le deja indiferente.

Es esta:

«P.3 El yo separado o ego no aprende. Aunque el ego haya recibido muchos cursos y muchas enseñanzas, no ha aprendido, sino que se ha sentido meramente amenazado. El espíritu no necesita un curso de amor. Si el ego no puede aprender y el espíritu no necesita hacerlo, ¿para quién es entonces este curso y cualquier otro semejante?
[…]
¿Puede acaso el ego aprenderlo? Nunca. ¿Acaso el espíritu lo necesita? No. ¿Para quién es, entonces, este curso?

P.4 Esta es una pregunta elemental que no ha sido contestada adecuadamente en Un curso de milagros. Como un curso de milagros carece de sentido para el ego y es innecesario para el espíritu, no tendría público si estos dos fuesen los únicos estados que existiesen. Como es imposible ser en parte espíritu y en parte ego, no tendría sentido asumir que existe un estado en el cual es posible el aprendizaje.

P.6 ¿Qué hay en ti que sea capaz de aprender? ¿Qué hay en ti que reconoce que tú no eres el ego? ¿Qué hay en ti que reconoce el espíritu? ¿Qué hay en ti que oscila entre dos mundos, el mundo dominado por el ego y el mundo del espíritu? ¿Qué reconoce la diferencia? El Cristo en ti.

P.7 Resulta fácil imaginar de qué manera el Cristo en ti difiere de tu ego pero no es fácil reconocer la forma en que el Cristo en ti se diferencia del espíritu. El Cristo en ti es aquella parte capaz de aprender en forma humana lo que significa ser una criatura de Dios. El Cristo en ti es aquella parte capaz de tender un puente entre ambos mundos. Esto es lo que quiere decir la segunda venida de Cristo.»

II. Otra vez con el tonto del bote

Retirando de la jugada a nuestro “tonto del bote” (el famoso proceso de indagación de creencias 🙂 ):

Si recordamos, todos tenemos dentro un “tonto/tonta del bote”… como decía Corbera.

Dentro de nosotros hay un hacedor de historias… de historietas… un listillo.

Y de cierta manera necesitamos afrontarlo, bajarlo de su trono.

Este buen hombre, o buena mujer, nos va contando historietas por la vida… con todas sus buenas intenciones… nos cuenta una historia o una interpretación sobre “por qué nos pasa lo que nos pasa”.

Y eso que nos cuenta con toda la buena intención del mundo no tiene por lo general absolutamente nada que ver con lo que realmente está pasando…, es decir, con ciertas creencias más profundas que tenemos, que están más en la “raíz” del “problema”…, y que estarían asociadas íntimamente a ese nuestro “núcleo insano”, al núcleo desde el cual se modela nuestra actitud de separación y por tanto todo nuestro apego a nuestros queridos círculos viciosos de “problemas y soluciones” — de problemas que buscan solución y de soluciones que buscan problemas.

Esa es en general la actitud de “juicio”, de juzgar… ese núcleo es la actitud “basal” desde la que provocamos nuestro apego a los síntomas, a los círculos viciosos… a las enfermedades… que podamos tener en un momento dado.

Y es un “apego” propio, algo buscado inconscientemente por nosotros…, como ya sabemos, pues no somos víctimas de nada…, y desde el “inconsciente” profundo nosotros mismos nos provocamos todo (provocamos nuestra vivencia o experiencia de las cosas) gracias a creencias y a miedos raíz –unas creencias que siempre incluyen el presupuesto de que estamos separados de alguien, y por tanto separados de la Vida (de “Dios”, del amor, la abundancia y la paz que realmente somos)… y, por tanto, unas creencias raíz que incluyen y refuerzan ese miedo que conlleva la mera idea de “la separación”.

El proceso de indagación -dentro de nosotros mismos- de indagación de esas “creencias raíz”, es a veces relatado de forma muy simple por la gente… y es enseñado o utilizado por mucha gente diversa.

Aquí traduzco, de la nota en facebook de la “canalizadora” Regina Dawn Akers, este proceso tal y como ella lo enseña:

«Pautas para la Indagación de la Causa Raíz:

1. Lo mejor a la hora de practicar la Indagación de la Causa Raíz es hacerlo periódicamente.

2. El punto de partida para la Indagación es una molestia emocional, una irritación o enfado emocional, que puede ser grande o pequeño.

3. Comienza aceptando la siguiente idea: “siempre estoy enfadado, o molesto, por una creencia en mi mente”. Mantente dispuesto a ver cuál es la creencia que sirve como causa raíz de la molestia, que puede ser una para nada evidente al comienzo del proceso.

4. La primera cuestión a plantearse es: “¿por qué me siento ______?”. Rellenando el espacio en blanco con el tipo de enfado o molestia emocional que tengas. Algunos ejemplos: “¿por qué me siento airado / herido / culpable / avergonzado?”, etc.

4.b. Si no estás seguro de lo que estás sintiendo, comienza preguntándote: “¿cómo me siento?”, o “¿cómo me hace sentir esto?”. Es útil identificar el sentimiento antes de comenzar el proceso de indagación. Puedes mirar alguna lista de sentimientos en internet, y ver lo que resuena.

5. La respuesta a la cuestión en el punto 4 señala al primer nivel de creencia. Podría llamarse “la historia”, o “la historieta”. Por ejemplo, “me siento enfadado porque él/ella no me llamó, ¡pero me dijo que lo haría!”. Este es el punto de partida para la Indagación de la Causa Raíz, porque la historia es el primer nivel de creencia. Sin embargo, el proceso nos llevará más allá de este primer nivel, hacia uno más profundo.

6. Una vez que has examinado este primer nivel de creencia, tienes que asumir lo siguiente en el proceso para que este funcione: “si mi mente estuviera perfectamente sanada, nada me podría enfadar o perturbar, ni siquiera esto”. Entonces, pregunta esto: “por tanto, ¿por qué me enfada esto?”. Tu pregunta puede ser más concreta, como por ejemplo, “¿por qué me fastidia que no me llamara cuando esperaba que lo hiciera?”.

7. En este punto, te llegará una respuesta que comienza a dirigirte hacia tu propia percepción y tus creencias. Si la respuesta que llega apunta en alguna otra dirección, inténtalo de nuevo. Por ejemplo, si la respuesta es: “porque a él/ella no le importo”, la respuesta apunta hacia “él/ella”. Recuérdate a ti mismo de que estás buscando las ideas que en tu propia mente están provocando la molestia. Dite algo como…: “siempre estoy molesto debido a algo en mi mente. Y entonces, ¿por qué me molesta que él/ella no me llamara cuando lo esperaba?”. Esto vuelve a dirigir la atención hacia dentro. La respuesta puede entonces que vuelva a ser algo como esto: “estoy molesto porque me siento como si a él/ella no le importara”. Esto apunta hacia dentro en vez de hacia afuera, así que esa respuesta se está moviendo en la dirección correcta.

8. Según llegue cada respuesta que apunte hacia dentro, plantéate otra cuestión que apunte más hacia dentro. Una cuestión corriente que puede ser planteada todo el rato es, “¿y por qué eso me molesta”?. Asume siempre que la última respuesta no te molestaría si la mente estuviera sanada; continúa buscando la idea raíz sin sanar, la que está provocando la molestia.

Por ejemplo, si has identificado que estás molesto porque te sientes como si a él/ella no le importaras, pregunta, “¿por qué eso me molesta?”. La respuesta podría ser: “me siento avergonzado”. Esta es una respuesta que se dirige hacia dentro. No hay ningún “otro” en este pensamiento. Eso significa que la respuesta se está acercando a la creencia raíz que está provocando la molestia.

Puede que sientas una profunda emoción en este punto del proceso que es diferente de la emoción inicial. La inicial puede haber sido un mecanismo de defensa, una tapadera, escondiendo una emoción cruda. Puedes haber sentido “ira” y ahora sientes “vergüenza”. Este sería el sentimiento más honesto.

9. Es útil seguir indagando hasta que intuitivamente reconozcas que has tocado la creencia de la causa raíz. Por ejemplo, pregunta, “¿por qué me siento avergonzado?”. Para algunos, las cuestiones del tipo “por qué” ya no funcionan llegados a este punto. La mente está ansiosa por escapar del proceso de indagación, así que volverá al nivel de la historieta, de vuelta al: “¡es el/ella quien lo hizo!”. Si eso sucede, se necesita un reenfoque. Necesitas recordarte a ti mismo que estás buscando adentro una creencia que está provocando la molestia. Si las cuestiones del tipo “por qué” no están funcionando, intenta otro enfoque exploratorio como…: “cuando me siento avergonzado, ¿qué estoy creyendo sobre mí mismo?”. La respuesta podría llegar en frases así: “soy feo”, o “soy estúpido”. Si despunta algo relativo a las formas en la respuesta, como ocurre en “soy feo”, pregunta…, “¿cómo me hace sentir la idea de que “soy feo”?. Eso puede dirigirnos hacia el siguiente nivel de creencia, que es anterior a la forma. Puedes constatar que lo que crees es que: “soy odioso”, o “no me lo merezco” (o algo similar).

10. cuando sientas que has descubierto la verdadera causa de la molestia, que siempre es una creencia en tu mente que no tiene nada que ver con la historia, puedes volver a la creencia original de esa historia. Deberías ser capaz de ver que el primer nivel de creencia no era la verdadera causa de tu molestia. Por ejemplo, deberías ser capaz de ver que no estás enfadado porque él/ella no te llamara. Estabas así porque crees que eres odioso o que no te lo mereces. Debería estar claro que la historia simplemente desencadenó una creencia más profunda que ya estaba presente.

11. Una vez que la causa raíz es descubierta, quédate en esa creencia raíz y en los sentimientos que están presentes ahí. Constata que es una interpretación que tú das a la historia. Eres quien ha decidido que “este evento significa esto sobre mí”. También constata que has estado enseñándote a ti mismo esta creencia durante mucho tiempo, interpretando muchos acontecimientos con este mismo significado, y que es por eso que ese sentimiento es tan fuerte en ti. No se siente así de fuerte porque sea la verdad, se siente así porque ha sido muy reforzado a través de tu interpretación de los acontecimientos.

12. Cuando hayas aceptado tu responsabilidad como intérprete de esa interpretación, perdónate amablemente a ti mismo de una manera que sientas como honesta. Podría ser tan simple como decir: “me perdono a mí mismo por creer esto sobre mí mismo”. Otra idea de perdón podría ser: “ahora veo que yo mismo me lo he inventado; es meramente mi interpretación, y no es la verdad”.

13. Cuando sientas una sensación de alivio, el perdón está completado. Quédate con esa sensación de alivio durante un ratito, aceptándola plenamente.»

III. Retener

¿Qué nos impide “darnos completamente”?

La respuesta es que de cierta forma partimos la relación que ya somos con todo.

De esto tan fundamental se habla en el capítulo 7 del curso de amor, que repasamos.

Nos impedimos a nosotros mismos “darnos” de una forma más completa… por ejemplo al retener ofensas, penas… en una retención que a veces se muestra a su vez en la actitud con la que retenemos gestos, cosas materiales, etc.

Si recordamos, esta era nuestra anti-doctrina en el curso de milagros: “para poder tener, da todo a todos”.

Todas las situaciones son relaciones, relaciones donde tenemos la oportunidad de hacernos más pequeñitos… reteniendo un poco más, y así cerrándonos más a nosotros mismos, partiéndonos y desperdigándonos en muchos cachos (en eso que en el curso de milagros llamábamos “proyección”, pero que aquí tratamos más bien desde el punto de partida de que somos relación, y nada más que relación):

– por ejemplo, un “cacho” de alguien, un pedazo que se ha quedado retenido… se expresaría así en palabras: “lo que una persona quizá nos reproche no haber hecho”.

Esa persona no nos comunica que está resentida con nosotros. Se guarda, retiene esa ofensa, esa queja, un resentimiento, esa pena.

Hay que tener en cuenta, ya que estamos repasando, nuestro “manta favorito”, el mantra con el que termina el primer libro del curso de amor en el capítulo 32:

nuestra condición de “ser únicos” (no “especiales”), nuestro “Yo en Unidad”, reside en el hecho de que de cierto modo todos estamos en todos (recordar el cap. 13 donde se nos invita a sentir esto realmente en toda mirada)… de que ya somos una relación con todos a la vez.

Con todos, y todo, somos ya cada uno UNA SOLA RELACIÓN.

Cada cual es una sola relación a la vez con todos, la suya propia.

Y esta es la unicidad real, la que venimos de cierta forma a redescubrir aquí, es “la última palabra de Dios” sobre nosotros… :)… es lo que venimos a recrear… y que nos permitirá “crear” (dejando pasar así “a Dios”, aquí, dejando que Dios “pase” a volver a representarse en estas realidades físicas… para que podamos crear “mundo nuevo”).

Esa es la unicidad real… frente a la condición de ser “especiales”, o del “especialismo”…, con la cual nos despedazamos en ilusiones creyendo que por un lado hay una relación, por otro lado otra… y así hasta el infinito de la ilusión… en el mar de proyecciones que llamamos “ego”, en esa maraña privada de pensamientos que todos creemos ser.

Así, para esa persona, queda partida en su “consciencia egoica” esa Relación que somos todos juntos en Él (en su “Cristo en él”, en esa persona)…, esa Relación que esa persona es con todos los demás…, queda como partida en ilusiones, ilusoriamente… pues, como decimos, nuestro “ser en unidad” (nuestra verdadera identidad compartida en Unidad y en una sola relación…)… nuestro ser en unidad… está y vive realmente “en la relación”, en unidad y relación.

Así que sucede como si un cacho de esa persona estuviera retenido por ella misma al haberlo “proyectado” en nosotros, más o menos inconscientemente.

Y así, es como si un cacho de esa persona se quedara trabado en su propia mente, su propia estantería de cosas retenidas o guardadas, reservadas (penas, quejas, resentimientos…)… donde se agolpan los recuerdos y experiencias grabados… con los cuales, en el presente, nos seguimos “inconscientemente” fabricando un presente reactivo, con un patrón de respuesta que no es una verdadera respuesta, sino reacciones a nuestras propias reacciones del pasado.

Reaccionamos pues al pasado… que solo está ahí en nuestra mente, acumulado en todas nuestras retenciones… con todo aquello a lo que le hemos dado el sentido “por nuestra cuenta”… oscureciendo así “el Cristo en nosotros”… el “Cristo en mí”, el “Cristo” que es esa relación única que cada uno somos y que cada uno ya tenemos con todo y con todos.

Así, la persona conserva, conservamos, en las estanterías de nuestra demencia normalizada… conservamos las ilusiones… las que refuerzan la separación… como piedras… como una piedra más con la que impedirnos ser realmente la relación con todo que ya somos, personalmente.

Y viceversa… lo que es lo mismo…: esa misma persona puede que esté “desperdigada” en mi propio “sentirme ofendido” con algo que ella hizo o dejó de hacer… pues quizá otro día fue ella quien no hizo lo que yo quise que hiciera… y así hasta el infinito de la separación ilusoria, en este despiporre “doloroso” que llamamos “separación”, en este vivirnos en separación, desintegrados y desintegrantes.

IV. Muerte y luz

El universo es un regalo que parece una escalera de ascensión… en una estructura de ascensión por sistemas de realidad y planetas donde aprender a ser creadores en sintonía con la Creación dentro. Y por cierto, en El libro de Urantia, se puede ver planteada la fría estructura de esa escalera. Esa estructura se debió crear de un plumazo desde el principio, respondiendo a eso que la Voz contaba en el curso de milagros…, respondiendo “al ego”…, siendo un “plan” de respuesta al ego…, en esa alfombra que es el tiempo…, que se replegó en realidad al mismo “tiempo” que se desplegaba.

Mas, si miramos mucho los detalles de las posibilidades del plan de ascensión…, podemos perdernos de lo real. “Lo real” sería ese centro nuestro…, con el que, si no contactamos, permitiéndole que guíe e ilumine nuestras vidas…, no se da la ascensión natural en “gloria” que es nuestro destino.

Si algo nos va mal es porque somos esos globitos ascendentes que no permitimos que el aire natural de Dios nos llene, un aire como el de los globos que se levantan solos en el aire más pesado que ellos.

Ese gas es el regalo que Dios nos dio al crearnos… lo verdaderamente real…y si no permitimos que entre y pase nos quedamos siendo simple coraza, zombies de nuestros planos… pequeños Gollum tan enfrascados en sus sueños que permiten que se deformen hasta el extremo que ahora nos parece natural en este planeta de locos (la muerte y el deterioro tal y como los conocemos… la vida de quejas y oscuridad sin sentido que conocemos…).

Nuestro ser es todo el universo a la vez.

No somos el cuerpo, sino un haz de luz libre, que está en todo.

Solo estamos aprendiendo juntos, en relación (por eso tenemos cuerpos y universos que se parecen tanto)…
aprendiendo a ser a la vez esa luz y estas ilusiones… permitiendo que estas se recreen en esa luz.

Solo aprendemos, parece, a re-unirnos con ese ser, ese ser con consciencia de creador, que somos.

Y podemos “aprender en separación” (sufrimiento)… o “aprender en unidad” (con certeza y expansión con la ayuda de la guía gratuita y las percepciones nuevas sobre lo que significa “tener un cuerpo”… etc.).

Curiosamente, en vez de sentirnos protegidos y maravillados por tener una “manta” protectora tan enorme alrededor nuestro :)… todo un universo… tan lleno de sorpresas… en vez de sentirnos tan inmensamente ricos como la magnitud de todo un universo…
…nos sentimos pequeñitos poniéndole precio a todo 🙂 …
nos sentimos abandonaditos… vapuleables…

Y en esa confusión nos lo ponemos difícil entre nosotros, en vez de expandirnos en la relación…, en vez de expandirnos al cosmos.. y hacia dentro de nuestra luz.

En vez de expandirnos como luz nos quedamos en la falsa invulnerabilidad del ego, la invulnerabilidad de las corazas…, que no se deja penetrar por todo por igual… y así literalmente nos matamos a nosotros mismos con enfermedades y entre nosotros nos matamos con “mala organización”.

Pero ese sería el trato divino… el de experimentar lo que no somos… para hacer crecer de cierto modo “la personalidad del amor”… la de lo que sí somos.

Todos estos cursos, los principios de reiki, y demás…, son la señal de partida desde el sufrimiento como modo de vida hacia otra cosa… es la “segunda venida de nuestra Unidad de Amor”, “de Cristo”…, que nos invita personalmente a que pasemos página desde este modo de crear experiencia o “aprender”… hacia el otro… para que podamos responder a la Creación de amor que somos… extendiendo eso y solo eso… solo ese amor y luz abstracta que somos.

Esta “espiritualidad” pone fin a una época, invitándonos a que nosotros mismos la demos fin (no se puede si no queremos)… y nos invitan a recoger el fruto, ya, y durante una eternidad de consciencia creadora y de servicio a Dios que nos queda por delante para siempre… habiendo reconocido el espíritu con el cual nos reuniremos del todo en algún mundo… y siguiendo para delante, cada vez más grandes… trascendiendo nuestra condición de ser “mente evolutiva que crea cuerpos/universo distorsionado para ayudar a personalizar a Dios”.

Así que, si “morimos”… parece que nos llevamos toda la “versión de universo” que somos.

Eso no tiene importancia, sino solo el hecho de “ser espíritus”, con una mente que se enfoca/”crea” distorsiones de “la Creación”, a cada instante.

Nosotros mismos estamos de acuerdo en que de cierta forma lo único real que queda “es el amor”, pues eso es lo que se nos dio como nuestro ser, y lo demás no lo queremos realmente más que como poso para realzar el significado y el poder personal de nuestro ser, que estará al servicio de la creación, de maneras ahora inimaginables.

Otros tipos de comentarios que se pueden hacer podrían centrarse más bien en otra cosa, en la perspectiva inversa:

es decir, en las formas de lo que vemos y veremos en un futuro ilusorio… en los diversos tipos de “niveles de experiencia” que están previstos en la estructura del “plan divino”.

El plan divino es simplemente el desarrollo de cómo esa Vida, ese “Dios” personal que somos en Unidad (sus valores espirituales… traducidos aquí en armonía, bondad, verdad, belleza…)… ese Dios que nos creó a su imagen como espíritu/mente creadora a su modo… ese Dios… crece a través de sus diversos cuerpos (sus universos)… extendiendo desde adentro su luz personal mediante todas las personalidades que creó.

Y nosotros somos esa luz de Dios… y a la vez células de esa luz… al servicio de la expansión de esa luz a través de las formas…, para permitir el crecimiento verdadero que tiene que ver con la manifestación de los valores y significados divinos… en cada vez mayores extensiones purificadas y armonizadas por ello y para ello.

Pero en todos esos niveles la historia, el asunto, sería el mismo: somos en realidad ese espíritu de solo amor, buscando unirse con nuestra voluntad personal… esta que distorsiona la creación en todos estos juegos de formas y cuerpos separados… en multitud de tipos de cuerpos y mundos… tal y como aparecen muy fríamente descritos por ejemplo en El libro de Urantia.

Los materiales y prácticas de verdadero acompañamiento a la sanación, menos conceptuales que Urantia (renacimiento… curso de milagros, curso de amor, y los acompañamientos de haskell, carpenter…u otros cursos como el de jayem, etc.)…, solo “quieren” que nos unamos personalmente YA con esa fuente que somos en unidad…, ese origen de luz y amor… desde donde venimos aparentemente a representar sueños evolutivos.

Esa unión con nuestro origen no impide todo lo demás… sino que nos “eleva” (al menos por de pronto facilitará cambiar de planos en la ilusión del alma y su ilusión de “seguir cierto tiempo en una línea”…, la ilusión de los niveles… en el plan divino de la experiencia del Amor de Dios).

Entonces, todo esto que hablamos (sobre el curso de milagros, curso de amor… etc.)… no describe la estructura de cómo luego nuestra luz juega a intentar representar a Dios en diversos sistemas de realidad… en cuerpos y planetas muy diversos… etc.

Esos materiales invitan a la verdad, la unión, a unirse dentro.

Así que podríamos hablar del libro de Urantia y de por ejemplo algunos tipos de cuerpos, que dice que ya no necesitan órganos dentro… donde muchas consciencias parece que vamos a habitar algunos “millones de años” más… aprendiendo y enseñando a “ser Dios”, ser amor, de múltiples formas humanoides 🙂

Así que lo que muere es una identificación con el cuerpo.

Ese ser espiritual que somos ya…, ese ser… podríamos decir que está “sobre-identificado” con el cuerpo…., por el miedo que quisimos aceptar al venir a este “servicio a Dios” que es la separación… este servicio a nosotros mismos que es servir al Amor a través de la distorsión…

… vamos pues con ese miedo que es de donde parte nuestra separación, pues para sentir el amor “desde fuera” había que sentir lo contrario, el miedo, y dejarse llevar en lo que ello ha supuesto… mientras vamos recordando la verdad, y así amplificamos la personalidad del Todo.

Ese ser de solo luz y amor que somos diríamos que no lo queremos reconocer, y ese sería el juego… sin culpa… en una falta de quietud que a la vez nos impulsa a seguir creando experiencias de separación, despistándonos en ellas más o menos.

Somos a cada instante una especie de luz, anclada a su Origen para siempre… un haz de luz/amor que quiere extenderse…, y que todo lo penetra…, y que está en unión, dentro, con todos los demás haces de luz a su modo “personales”…, cuyo foco de consciencia está ahora aquí enfocado.

Este haz espiritual “condensa” su foco de consciencia para ver una perspectiva completa de la Creación, completamente “a su modo”, en un aparente nivel de distorsión de “la creación”, que sería una versión de esta triada en relación abstracta eterna:
– materia o equivalentes,
– “significados mentales”,
– “valores espirituales”.

Esto lo hacemos también en unidad… y paradójicamente ese “a nuestro modo” coincide enormemente con el “modo” de “los demás”, pues al final somos una sola mente… y el origen de todo es uno solo… la fuente primera es un solo espíritu en una sola creación…, y nuestras distorsiones se parecen todas entre sí a cada “microsegundo” en que estamos enfocándonos aquí… por la mera “com-pasión” que es la Creación de nuestro Ser-Uno.

V. Más sobre la muerte

Hagamos una “excursión” hacia un punto del curso que está mucho más adelante, en el segundo libro.

Así nos da pie para hablar de una cosa muy general (el ahora, la “resurrección”, ya aquí y ahora) que es todo el tema del curso, de este nuevo tiempo.

Es una cita de los tratados, el segundo libro, en T-IV.5 donde se dan claves muy concretas y también generales sobre la nueva “política celestial” sobre la muerte 🙂 … tema este que es uno de los asuntos que más nos pican a veces, como vemos.

Comentaré al principio un poco la cita, partiéndola en dos o tres pedazos.

Es muy bonito el asunto de la muerte y de sus sustos… 🙂 … porque al parecer ha cambiado globalmente nuestro “uso” de la muerte (diríamos “globalmente”… por lo de la dinámica total… la dinámica que juega conjuntamente con lo que se ve y lo que no se ve… con los sentidos usuales, por así decirlo).

Y por eso hay tanto ruido con tantos libros y cursos que anuncian un nuevo tiempo… sin depender por ello de paraísos terrenales ni de nada utópico en principio…, pues el nuevo tiempo ya es… y “los resultados” ya vendrán solitos…, después y a la vez de que personalmente abracemos ese tiempo…, ese tiempo que depende de ese “hecho” que involucra a todo a la vez: a nuestro interior y a nuestro exterior (como una sola Mente que contiene todas estas perspectivas personales de distorsión de la Creación).

Está en el aire esto de “un tiempo nuevo”. Es el que llaman “tiempo de Cristo” en el caso de los cursos que seguimos lentamente.

Y ese “Cristo” en principio no es más que nuestra Unidad de Amor, personal, en una sola Mente.

Cada uno es un cacho de ese Cristo, y en ese Cristo, de esa Unidad, y en esa Unidad. Pero claro, “ser un cacho” ahí no es lo que pensamos que es cuando pensamos en “cachos” en esta dimensión nuestra… pues “en Cristo” (en unidad y relación) cada uno ya es una relación con todos, a la vez…, a la vez con todos y ya mismo. Todos en todos, ya.

Ahí uno ya es su propia relación…, y simplemente “siendo quien es”, gratis…, igual de gratis que tenemos este aspecto exterior de la Vida, en todo esto que ahora “vemos” y donde estamos tan gratuitamente… proyectando todo un universo en donde sin embargo venimos como a penar, en mayor o menor medida -y la medida da lo mismo, pues como nos enseñan de nuevo estos cursos, todo lo que no sea una felicidad más allá de cualquier cosa imaginable… es digamos que “un infierno” 🙂 .

“Cristo” sería el nombre para el hecho de que ya estamos realizados, en la Unidad, en Origen… y sería el nombre del “darnos cuenta” de que nosotros hemos venido aposta aquí, a jugar a que no estamos realizados/completos.

La cita comienza así:

«Cuando mueres, no mueres para quien eres ni para quien crees ser. No mueres para la elección. En el momento de la muerte, recibes ayuda para tomar la decisión de ser quien tú eres, de unas maneras anteriormente imposibles para ti estando en la forma.»

Entonces, como vemos, la elección de “ser quien realmente somos” está abierta aquí, allá donde estemos ahora… ahora que “tenemos el cuerpo” como este límite tan patente.

“Aquí”, en la perspectiva usual de “tener un cuerpo”… aquí quizá no nos dejamos tanto ayudar así como así (aparte de porque sería al parecer más difícil, en cierto sentido, ya que somos una sola mente y sin embargo aquí ese hecho queda muy nublado por nuestro modo de habitar en cuerpos separados)…

Y ese no dejarnos ayudar fácilmente es, quizá, porque nos sentimos a veces tan tan limitados… tan poca cosa… 🙂 … y se nos hace tan tan “tonta” la idea de que tenemos un destino eterno… y crecientemente glorioso…, como mente creadora de universos.

Sigue la cita:

«Se te muestra la gloria de tu verdadera naturaleza, de una manera tal que los ojos del cuerpo eran incapaces de ver. Se te da la oportunidad, igual que se te está dando ahora, de elegir tu verdadera naturaleza con tu libre albedrío.»

Fijaos: “igual que se nos está dando ahora”… pero nosotros, al ser “seres de pasado”… que usamos el pasado para inconscientemente sentirnos “no merecedores”… nosotros… así… no elegimos lo que dice la cita que sí podríamos ya elegir.

En la continuación de la cita, abajo, dirá que en este tiempo nuevo tenemos la misma oportunidad de elegir, DURANTE ESTA VIDA, lo que antes normalmente solo elegíamos “tras la muerte”.

Por eso sería que quizá ahora más que nunca antes… en “la espiritualidad” se habla de un nuevo concepto y nueva vivencia del “ahora”.

«5.12 Debido a que ahora has hecho una nueva elección, una elección colectiva como un único cuerpo, una única consciencia…»

Fijaos aquí cómo expresa ese haber entrado en un nuevo tiempo: como elección colectiva ya hecha, ya hecha así como “en otro nivel”… mientras que, aquí, de cierta forma, seguiríamos siendo como “fantasmas” de lo viejo…, de nuestra anterior elección global.

«… [la elección] de acabar con el tiempo del intermediario y de empezar a aprender directamente».

Es el tiempo donde podemos aprender directamente de la Unidad (en unidad y relación), sin necesidad de intermediarios mentales, y “sufrimientos” varios.

«… se te da ahora la misma oportunidad que antes estaba reservada para ti solo tras morir.»

Eso supone que se ha desatado algún nudo, digamos, entre el cielo y la tierra. Eso nos permite en general experimentar nuestro “estar en un cuerpo” de formas que antes podríamos haber pensado que eran un anticipo de la muerte… y que, por eso, nos siguen dando miedo… pero que, si dan miedo, sería solo porque de cierta manera habríamos vivido ya muchas muertes… unas muertes donde esa ampliación de capacidades de “observarnos como mente que elige” debió verse asociada con la irreversibilidad de no poder ya volver atrás, porque esos cambios perceptivos estaban asociados a “muertes reales”…, y estaban anteriormente asociados solamente con tales muertes…, digamos.

Ahora, sin morirnos realmente… por decirlo pronto y mal (pues nunca hemos muerto)… ahora… podemos tener (parece que quiere decir…)… podemos tener… todo “lo bueno de la muerte” (lo bueno son todas las posibles autopercepciones como seres de espacio, mentales, etc…. como seres que contienen cuerpos y universos…. sin lo “malo” de “desaparecer del mundo de los vivos”, en esta ilusión de la densidad de estos planos, planetarios.

Sigue diciendo esto la cita… muy claramente:

«Antes, solo después de tu muerte podías elegir la revelación directa de Dios. Piensa en esto ahora y verás que es cierto. Esperabas vivir una buena vida y, al final de esa vida, conocer a Dios. Tu visión de la vida después de la muerte era una en la que Dios se revelaba ante ti y, en esa revelación, te transformaba a ti. Las revelaciones directas que te llegarán ahora te transformarán con tanta seguridad como a muchos otros les transformaron aquellas revelaciones que les llegaron tras la muerte.

5.13 Si en algún momento has creído en algún tipo de vida después de la muerte, quizás hayas pensado en ella como algo con dos caras. Algunos las han considerado como cielo e infierno; otros, como todo y nada. Muchos habéis considerado que este momento es un tiempo para el juicio. Pero te aseguro que en verdad no es distinto al momento en el que vives ahora mismo. La vida tras la muerte simplemente ha sido un tiempo de mayores elecciones porque ha sido un tiempo de mayor discernimiento. Liberada del cuerpo y de la visión limitada de este, la verdadera elección ha sido revelada a aquellos que han experimentado la muerte. En ese momento, lo que va a determinar la manera en la que tu vida continuará es tu juicio de tu yo y tu capacidad de creer en la gloria que te pertenece. ¡Lo mismo ocurre ahora mismo! Esto se debe a que este es el tiempo de Cristo y, por tanto, el tiempo de tu capacidad de elegir la consciencia-de-Cristo, la consciencia devuelta a aquellos liberados de sus cuerpos por la muerte. Liberarse del cuerpo a través de la muerte fue el medio elegido en el tiempo del intermediario, el medio elegido para conseguir la consciencia-de-Cristo y la revelación directa. La elevación del yo personal en este tiempo de Cristo puede ser la nueva elección.»

 VI. Capítulo 9

Como vimos, en el curso de amor, al hablar del USO, se está tratando del problema de la “autoridad” (“el único problema de este mundo”, como ya también vimos en ucdm).

Le damos “autoridad” a nuestros cuerpos para usarnos a nosotros mismos (a nosotros, que no somos el cuerpo).

¿Cómo lo hacemos? Al usar a los cuerpos para justificar el sistema de pensamiento del ego: el de la carencia, la escasez… el de la necesidad mal entendida.

Toda nuestra confusión depende, como sabemos, de una confusión “entre dos voces”.

Y “la voz del ego” depende de que nosotros -que no somos “el cuerpo”- nos creemos usados por este mismo cuerpo que tan íntimamente sentimos como nuestro hogar… en vez de sentirlo inocentemente (desde nuestro verdadero hogar, en el centro de todo) como un instrumento para realizar el simple “plan divino” sobre nosotros.

Y como sabemos el simple “plan” divino sobre nosotros es el de poder constatar, incluso aquí, la verdadera felicidad…: la que conlleva el haber estado desde siempre, y el no haber salido jamás, de nuestro verdadero hogar…, y no la “felicidad” relativa a necesidades y carencias… que son esos acompañantes perpetuos del sistema de pensamiento del ego… cuando este vive desde su sistema ese concepto de “necesidades”… unas necesidades que no solemos vivir como lo que solo son: otras señales, unas señales más… de que somos relación y nada más…, y de que en el fondo solo hay una relación.

Así que en C9 la voz decía cosas como estas, a Mari Perron:

«Mientras tomas distancia y observas tu cuerpo, siempre con la visión de tu corazón, piensa solo en para qué querrías usarlo. Lo que Dios creó no puede ser usado, pero lo que tú creaste sí, pues su único propósito es que tú lo uses. Elige usarlo para regresar a tu Yo real, tu verdadero Ser, y el nuevo propósito que estableces cambiará para ti tanto su utilidad como sus condiciones.

9.11 Todo uso se basa en la simple idea de que no tienes lo que necesitas. Mientras tus lealtades permanezcan divididas seguirás creyendo en esa idea. Mientras no retires toda tu fe de lo que tú has fabricado, seguirás creyendo que sigue siendo útil para ti. Ya que este es el caso, y ya que esto no puede cambiar sin que tú estés totalmente dispuesto a hacerlo —una disposición que aún no es total—, en vez de ignorar lo que has hecho lo usaremos de otra manera. Debes tener en cuenta, sin embargo, que solo estamos ahorrando tiempo, y que tu verdadero Ser no tiene necesidad de usar nada en absoluto.»

VII. Capítulo 8

Sobre la falta de espontaneidad y “la espiritualidad”.

Las emociones parecen ser al principio nuestro “enemigo”.

Luego serán eso que, observándolo desde la Unidad de Amor, utilizaremos en este nuestro caminar hacia otra forma de “habitar un cuerpo”, sirviendo a la simple felicidad de nuestro ser en unidad.

Sabemos que, en el “modo EGO”, no vivimos en el Ahora, sino en un presente ilusorio de REACCIONES, reaccionando a nuestras propias reacciones grabadas…, reaccionando al PASADO.

Reaccionamos a reacciones que nosotros mismos tuvimos tuvimos en el pasado.

Como en un diálogo de sordos.

Es decir, vivimos “en ilusiones”, en esos “datos de grabación” de nuestra experiencia…, que pasaría por digamos patrones emocionales de reacción, que de cierta forma nosotros mismos inscribimos en el cuerpo.

Vivimos reaccionando a nuestro propio “ser de pasado”, en una especie de círculo vicioso que quisiera ser “eterno”.

Esas reacciones saltan con emociones y como emociones, diríamos, como reacciones a impulsos corporales… se inscriben emocionalmente

Este capítulo 8 señala que las emociones no son los sentimientos que “vienen” de la Unidad de Amor, de ese Corazón-Unidad que es el centro de todos nosotros como Mente unida desde siempre… Mente que quiere manifestarse como tal Unidad en estas dimensiones o planetas donde de cierta forma hacemos la representación simbólica del Amor.

Las emociones dependen de las “reacciones”, que como sabemos, mucha gente contrapone a las “respuestas”.

Lo que se pretende es “aprender” a vivir en Unidad, aprender a “aprender en Unidad”, es decir, a responder desde lo que “pide” y “es” esa Unidad, más allá de todo lo que nosotros hemos inventado al haber de cierta manera distorsionado la Unidad, dando lugar a la percepción, y para poder jugar a creer que hay un afuera que realmente está fuera de nosotros.

Esto quizá nos puede llevar a etapas de una digamos excesiva “prudencia fría”…, o de una falta de espontaneidad.
¿Lo habéis vivido así?

Necesitamos cultivar la comunión, hacia dentro, con el centro de nuestro ser, el corazón. Y el signo de que lo hacemos “bien” sería precisamente cierto tipo de espontaneidad.

Y como en cierto sentido hemos de ser “no emocionales”, no dejándonos arrastrar por la “reacción corporal”… a veces podríamos equivocarnos siendo “fríos” 🙂 , no solo pareciéndolo 🙂 .

Las emociones no hablan el lenguaje de la comunión; no hablan el lenguaje de la unión en lo eterno de la mente “compartida”, en la Unidad de Amor:

«8.7 […] No recurres a tus pensamientos para poder encontrar ahí los motivos de tu resentimiento, la munición para tu venganza, o el dolor para tu rememorar. Recurres a tus EMOCIONES, a esos sentimientos que dirías que provienen de tu propio corazón.

8.8 Qué tontería creer que el amor podría morar con semejante compañía. Si las emociones se encontraran en el corazón, ¿dónde estaría el amor? Si estas ilusiones fuesen reales no quedaría lugar para el amor, ya que el amor habita donde la ilusión no puede entrar. Esas ilusiones son como rémoras que se adhieren a la superficie de tu corazón, y que sin embargo no le impiden cumplir con su función, la de portar consigo aquello que te mantiene a salvo en este mar proceloso.

8.9 Dentro de tu corazón descansa a salvo la realidad del amor, una realidad tan extraña que crees no recordarla. A esta realidad nos dirigimos cuando nos internamos en lo más profundo de ti, hacia el centro de ti Mismo.» (cap. 8 de UCDA. Mayúsculas añadidas por mí)

VIII. Santa Teresita

Ejercitando nuestra “mentalidad abierta”… podemos divertirnos y alimentar la ternura al leer algunos textos muy célebres de algunas “santas” de la iglesia.

Historia de un alma” creo que es de los más tiernos de la tradición de las santas de la iglesia, de Teresa de Lisieux (“Santa Teresita“, la llaman, para distinguirla de por ejemplo la “Madre Teresa” o de “Santa Teresa de Jesús”):

«Durante toda mi vida, Dios ha querido rodearme de amor. Mis primeros recuerdos están impregnados de las más tiernas sonrisas y caricias… Pero si él puso mucho amor a mi lado, también lo puso en mi corazón, creándolo cariñoso y sensible. Y así, quería mucho a papá y a mamá, y les demostraba de mil maneras mi cariño, pues era muy efusiva… Solo que los medios que empleaba, a veces eran raros, como lo demuestra este pasaje de una carta de mamá:

«La niña es un verdadero diablillo, que viene a acariciarme deseándome la muerte: “¡Cómo me gustaría que te murieras, mamaíta…!” La riñen, y me dice: “¡Pero si es para que vayas al cielo! ¿No dices que tenemos que morirnos para ir allá?” Y cuando está con estos arrebatos de amor, desea también la muerte a su padre». » (Historia de un alma. (Autobiografía de Teresa de Lisieux))

Digamos por ejemplo que la “virgen” María representa la Mente Maternal universal…, la creadora de todas las mentes, y capaz por ello de “poseerlas” desde el Amor (lo que queda patente en las apariciones marianas)… en todos estos universos evolutivos nuestros… donde creemos evolucionar, pero donde finalmente entregamos “la experiencia” a la Mente de nuestros creadores de Amor… para que se produzca la verdadera obra en la Eterna Novedad de gloria y servicio que nos espera.

El espíritu ascendido de María podríamos entender que es nuestro principal puente con respecto a esa Mente Maternal.

Una aclaración encontrada en internet sobre Teresita:

«Celina comentó que muchos místicos antes de Teresita “se esforzaron por la perfección para poder alcanzar el amor. La Hermana Teresa tomó el amor mismo como camino de perfección.”

»El camino a Dios es el amor, y el acto de amar, la iniciación del amor, viene de Dios, no de nosotros.

»Nuestro rol, es entonces, rendirnos al amor; como escribió Teresita, “Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a esa hoguera divina. Ese camino es el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre.”

»Efectivamente, Teresita creía que hasta la confianza que tenemos en Dios es un regalo de Dios hacia nosotros. El día antes que la cargaran a la enfermería dijo “Desde niña, me encantaban estas palabras de Job; ´Aunque Dios me matara, seguiría esperando en él´” Pero he tardado mucho tiempo en llegar a este grado de abandono. Ahora ya estoy en él; Dios me ha introducido en él, me ha tomado en brazos y me ha instalado en él…”

Teresita tenía un sentido viviente de que recibimos todo de Dios, y esto lo convirtió en su alegría.»
(Un mapa del camino de confianza y amor de Santa Teresa de Lisieux. Maureen O’Riordan http://www.thereseoflisieux.org/un-mapa-del-camino-de-confianz/)

IX. De nuevo el capítulo 9. USAR frente a CREAR.

La idea de “usar”, en este mundo, depende de que, al habernos identificado así con los cuerpos, creemos que el usuario (nosotros) y la cosa usada (cuerpos) son lo mismo:

«9.32 […] ¿Cómo pueden ser uno y lo mismo aquel que usa y el objeto usado? Esta locura hace que el propósito de tu vida parezca ser el de la utilidad. Cuanto más útil sea tu cuerpo para ti y para otros, más valor le adjudicas.»

La idea de “crear” depende del “perdón”, entendiendo que este es simplemente la retirada de las proyecciones que nosotros pusimos sobre las cosas y los cuerpos…, por nuestra cuenta, por nosotros mismos, en actitud separada (unas proyecciones que al final tiñen todo del mismo propósito de “separación”).

Nuestras proyecciones (interpretaciones / percepciones) hacen que “peguemos la mirada” en tan gran medida aquí…, hacen que peguemos nuestra “mente” tanto aquí, en el mundo de cuerpos… que nos absorbemos a nosotros mismos en la pantalla del mundo… y se nos olvida que estamos “arriba” mirando esto, como seres “eternos” y con un “compañero eterno”.

Entonces, nos quedamos en un diálogo de locos… en nuestros propios comentarios de las jugadas que aquí parecen tener lugar… en la idea de “tener pensamientos privados”. Y estamos como doblando pésimamente una película, por nuestra cuenta, con una voz en off… en esta película del mundo, en una película que ya hemos visto… doblando así “lo que pasa” en este mundo con nuestra inercia de interpretaciones…, en el bucle que sea el que esta vez estamos arrastrando…, un bucle con el cual nos cegamos… sumiéndonos en el pasado…, pues seguimos dependiendo de reacciones ante el pasado… de reacciones que tuvimos nosotros… y ahora reaccionamos a esas reacciones (y no “reaccionamos” a nada real)… y seguimos “creando experiencia”… montada ilusoriamente en el “modo pasado”…, al reaccionar a nuestras reacciones a otras experiencias.

En vez de eso, podríamos RESPONDER A LA CREACIÓN, que es lo que nos dice este curso de amor que no hacemos, es la frase con que se resume lo que estamos haciendo aquí: no respondiendo a la Creación, que es un diálogo en el que nosotros, por estar cegados en nuestra voz de doblaje, no entramos, un diálogo al que no respondemos.

Una forma de considerar esta actitud inercial, es la que aparece en este capítulo 9.

Dice que en la forma, no en sustancia, esto que hacemos en estos planos de separación se asemeja a “la creación”, en el sentido en que, como sentimos que el amor y la relación son importantes, los intentamos “usar”, cuando sin embargo no pueden ser usados.

Así es como nos hundimos aquí, pues: en esta actitud ansiosa y que quizá ya pasa desapercibida: querer usar la relación para nuestros fines, querer usar el amor… etc.

Perdidos en la percepción, seguimos teniendo dentro la memoria de “la creación” (pues de hecho somos en sí Amor y Relación, “dentro”), y así, al estar enloquecidos con el “afuera”, con la idea del afuera, intentamos usar la relación y el amor.

Dentro de la idea de “USAR” entran esos ídolos fundamentales: la PROTECCIÓN Y el CONTROL.

Ellos dependen de ese juego de reacciones, de proyecciones, de nuestro hilo de interpretaciones.

Estos, protección y control, sabemos que derivan del miedo subyacente a este mundo.

Y cuando decimos “mundo”, este “mundo” es una perspectiva sobre todo nuestro ser (una versión de distorsión de “toda la Creación”)…, la perspectiva de “la percepción”… que es en sí todo un sistema, como sabemos. Es el modo de proyectar todo un universo privado (de cada uno), en el que solemos estar “metidos”, creyéndonos que el cuerpo es nuestro hogar…, aunque realmente estemos “fuera”, “arriba”, observándolo todo… observando todo esto que está en realidad DENTRO de nosotros como proyección en una pantalla de digamos “menor dimensión”.

Estamos “arriba”, pero tan perdidos que no podemos responder a quien está mirando esto con nosotros, desde allá “afuera”, que nos habla constantemente.

Preservamos nuestra idolatría al “sistema del ego” creyendo que el cuerpo es nuestro hogar. Y así protegemos nuestro dolor, o todo lo que supuestamente nos hace infelices… pues es lo que podemos comentar por nuestra cuenta, con nuestra voz de doblaje. Es “lo nuestro”, nuestro tesoro (serán “malos”, como se dice a veces de los políticos, pero son “nuestros malos”)… es “lo nuestro” en la locura usual de haber asociado amor con dolor…, de haber asociado, lógicamente, a ese poderoso Amor que es lo que nos creó y es nuestro ser…, con el dolor (con lo cual no podemos entregar ese dolor, esas interpretaciones, al Amor).

Esto se funda en un miedo que no queremos volver a ver, y que por tanto retenemos para no dejarlo pasar… para que no se disuelva… si es que por algún descuido nuestro lo volvemos a sacar a la superficie y lo contemplamos con una “percepción inocente”, verdadera.

Y es que el miedo es nuestra creación, una distorsión de ese amor que nosotros no creamos, sino que se nos dio como nuestro ser (amor) para siempre en expansión. Y así, nos cuesta soltar lo que es totalmente de nuestra creación: el miedo, nuestras criaturitas de distorsión.

Para no volver a verlo, proyectamos en otros ese miedo, lo proyectamos en el mundo… queriendo proteger y controlar, pero desde esa actitud subyacente de miedo, de “usar”.

Y este capítulo dirá al final claramente que, si no cambian “los fundamentos del mundo” (desde el “usar” a eso que hemos resumido como “crear” (“perdonar”))… entonces de poco servirá intentar modificar las conductas de maltrato o de mal uso…, de abuso…, que podamos creer estar viendo “fuera”.

Estas cosas que vemos “fuera”, en los grandes o pequeños maltratos y abusos… en los grandes maltratadores del mundo, etc…., estas cosas… son reflejo de que el fundamento del mundo es el del USO… y solo cambiando ese fundamento DENTRO de nosotros podremos “cambiar el mundo”:

«9.3 […] Debido a que recuerdas que el amor es lo que te mantuvo a salvo, lo que te mantuvo feliz, y lo que consiguió enlazarte a todos aquellos a quienes amas, lo intentas usar aquí. Este es un recuerdo real de la creación, que has distorsionado. Tu memoria defectuosa te ha llevado a creer que puedes usar el amor para mantenerte a salvo, para hacerte feliz, y para mantener junto a ti a quienes eliges amar. Este no es el caso, pues el amor no puede ser usado.

» 9.4 Así es como también has distorsionado toda relación, convirtiéndola en algo que solo es real en la medida en que es usada por ti o contra ti. En tu recuerdo de la creación has recordado que todas las cosas existen en relación y que todas suceden en relación. Por ello, has elegido usar la relación para demostrar tu existencia y para lograr que sucedan cosas. Este uso de la relación nunca te proporcionará la prueba o la acción que buscas, pues la relación no puede ser usada.

[…]

» 9.49 En un mundo regido por el uso, las tentativas de modificar las conductas abusivas son prácticamente inútiles. Los fundamentos del mundo deben cambiar, y el estímulo para este cambio reside dentro de ti. Todo uso se acaba con la unión, porque el uso es lo que has utilizado para intercambiarlo por ella. En vez de reconocer tu unión, un estado en el que estás pleno y completo puesto que estás unido a todo, has decidido vivir apartado y usar al resto como apoyo para tu actitud de separación.»

X. una mirada no identitaria a las ideologías, la vida y los valores

Saliendo del circuito de la IDENTIDAD… una mirada a lo que suponen las ideologías frente a la vida. Sobre la realidad de los valores:

Qué extraño que hay personas que están muy inspiradas en lo biológico… pero siguen diciendo que tienen una ideología determinada… por ejemplo “libertaria”… cuando esto de lo ideológico es algo tan humano, tan distorsionador a su manera.

La naturaleza se mueve para sostener la vida.

Nuestro “problema”, como humanos, quizá lo podríamos describir diciendo simplemente que, colectivamente, no sabemos (no queremos) imitar sin más ese movimiento de la naturaleza, como adaptación…: realizando ajustes adaptativos que hagan sostenible (armoniosa) la vida… simplemente dejándonos trabajar desde dentro por la misma Vida que respira en los animales, etc.

Y no podríamos hacerlo fácilmente en parte porque somos “seres espirituales” (también se dice “morales”)…, es decir, seres sensibles al Circuito de Gravedad Espiritual del universo (un circuito más, uno más…, como el material o el mental… aunque de cierta forma abarca a estos otros).

Este circuito contiene, por así decirlo, “valores espirituales”, es decir, que tiene que ver con la libertad, el amor, la bondad, la justicia/igualdad, la verdad, la belleza (valores de la relación “en abstracto”).

De cierta manera es como si estuviéramos ya para siempre locos de amor, por amor al Amor de donde todo en el fondo surgió.

Es como si simplemente fuéramos sensibles a esa locura… y entonces, todos nuestros juguetes (planetas), serían territorios donde poder vérnoslas con ese nuestro “estar locos”… e ir integrando esta nuestra naturaleza de “estar condenados a amar el amor”.

Somos seres, pues, cuyo impulso a la vida, la ELECCIÓN por la vida… es digamos menos inmediato… estaría más mediatizado… (aunque también lo podríamos decir al revés: en realidad todo estaría menos mediatizado… pues nos “pica” cada vez más conscientemente el conocimiento de que en el fondo no son necesarias las “formas materiales” para estar “vivos”).

Estaríamos de acuerdo en que la misma vida que anima la “vida biológica” es la fuente de “lo moral”, pues solo habría una vida, solo una relación, dentro.

Pero nuestro problema sería ese…: el de nuestra inscripción en un circuito de “gravedad espiritual”, que de cierta manera confronta los universos consigo mismos.

Así que estamos como en un nivel más abstracto de elección, en un potencial de elegir lo que hayamos elegido experimentar: paz, alegría (si fuimos creados así, en un núcleo relacional espiritual de paz y alegría… aquí vendríamos a reelegirnos, pasando por “las formas”).

Y entonces…, ¿y si todo lo que vemos y no nos gusta (como “mundo en destrucción”… aparentemente suicida… etc…) nos estuviera simplemente hablando de que hemos elegido “mal”, dentro de nuestro ser… de que hemos elegido dentro de nosotros “ser lo que no somos”?

Así que diríamos que estamos más mediatizados al estar inscritos en ese “circuito”, donde podemos plantearnos de otro modo las cosas –de un modo que afectaría de otra manera al núcleo de la creación… de la creación como “elección libre”, para experimentar.

Dichos “valores” no serían pues un resultado cultural que emerge de la materia y su dinámica… sino el núcleo de todo, el núcleo del que de alguna manera nos toca hacernos cargo en especial a los humanos, como simples partes de la mente cósmica que están, lo quieran o no, unidos a ese “circuito de lo espiritual”, proto-enloquecidos 🙂 .

Estamos pues encargados de, por así decirlo, realizar un nivel más global de integración de lo visible (de la relación que llamamos “mundo”, entre lo percibido y el perceptor)…, un nivel afectado por ese movimiento que se da de forma natural en el circuito de gravedad espiritual.

Podríamos entonces distinguir entre ideología e ideales, diferenciar ideas de ideales.

Un ideal sería lo que permite que se mantengan juntas y activas a la vez por ejemplo estas dos cosas:
– la libertad
– y la igualdad.

Libertad e igualdad podríamos decir que son como valores, valores asociados a la relación.

Una ideología diríamos que quiere, lo sepa o no, destruir esa tensión, polarizando hacia uno de los lados, por ejemplo el de la igualdad.

En realidad sería una especie de venganza contra nuestro “ser profundo”, un ser de relación… un ser que en realidad es relación, potencialmente integradora de todo.

Al final, vimos que cierta ideología igualitaria llamada “comunismo” (sirviéndose de muy buenas intenciones y de una idea de “progreso cultural”, civilizatorio… siendo pues una ideología “modernizadora”, a su manera…)… vimos que… fue usada astutamente, en un desvío, por los banqueros y sus amigos magnates industriales y demás… para extender todo “un mundo”… para extender sin problemas sus inversiones y su modo nuevo de “vida industrial” (confundiendo progreso civilizatorio con el avance de lo industrial, incluyendo, claro, la industria armamentística).

Los ideales serían tensiones que permiten que se dé la relación… la duración de una relación (libertad-igualdad).

Serían tensiones que permiten el contraste, el ajuste…, es decir, la justicia (y el encarnarlos, el encarnar la justicia… sería lo que permite tal cosa).

A grandes rasgos, diríamos quizá que el “capitalismo” tira hacia la libertad (con muchas “buenas razones”, pues siempre será un valor de la relación que somos)… y el “comunismo” tira hacia la “igualdad” (con muchas buenas razones).

Y digamos que todo es porque la mente se separa del corazón…  es decir, se separa del centro donde, por sí solo, se realiza todo ajuste… toda “justicia”… toda armonización.

Así, convencidos de las razones de una mente separada de su núcleo (enloquecidos por tanto por la separación…)… polarizamos hacia una parte de los valores, artificialmente separada, y así perdemos de vista que “el problema” es espiritual, en cuanto a que somos “seres espirituales” con, digamos, un grado mayor de libertad a la hora de elegir qué es lo que queremos ser (si paz y alegría, o conflicto y miedo)… y con un grado mayor de libertad para realizar “el movimiento de la vida”: para realizar ajustes adaptativos que garanticen la sostenibilidad de nuestras opciones, de nuestras elecciones, de nuestra elección interior de “ser paz y alegría” (a poder ser esa, mejor la elección de paz y alegría 🙂 ).

Y ahí tenemos que a veces idolatramos más la libertad: los políticos de ahora lo expresan a veces así… dándose a sí mismos unas consignas obsesivas y simplistas sobre “la libertad”.

Y cuando “despolarizamos”, estaríamos dando muestra de que nos lavamos las manos del hecho de que somos nosotros mismos quienes hemos “elegido conflicto”… y no hemos elegido bien dentro “ser paz y alegría”… sustituyendo con otras cosas la verdadera paz de nuestro corazón… porque tenemos la mente dividida, separada del corazón… en incoherencia.

Eso es por cierto lo que representaría quizá la historia de Pilatos 🙂 … con su falsa inocencia : “yo me lavo las manos, yo, que no he querido matar a nuestro núcleo de paz y alegría”…, un núcleo que es lo que vienen a manifestar “los maestros espirituales” (una relación armoniosa de paz y alegría que todos somos con todo, manifestándola en carne y hueso con la simple mirada y los “dictados” no imperativos que vienen de nuestra Unidad de Amor).

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