Lo transicional: ¿entendiendo los fantasmas y el “purgatorio”? Apariciones y la “supervivencia de segundo nivel” (un pequeño “ejercicio” de comprensión con El libro de Urantia)   Leave a comment

imagen corazón en círculo[Atención, este texto, muy básico, requiere conocer un poco El libro de Urantia. Este texto es un “divertimento” que tarda bastante en entrar al grano sobre el tema de las apariciones, sobre cómo “entenderlas”]

Para empezar, ante todo dejemos claro lo esencial: sabemos que lo que de cierto modo “se conserva” es el amor

Se conserva lo que tiene que ver con el amor…, todo lo que nos ayude a unirnos con el amor en estas vidas o sueños terrestres… en tanto que somos literalmente ese “amor abstracto”… un ser personal de amor-luz creadora… no creado por nosotros… en un amor que es relación… una relación con todo lo real.

Y ahora, al grano.

En la tan interesante revelación llamada El libro de Urantia (LU) se dan una serie de “datos”, es decir, se exponen los datos de una manera muy concreta… y que solo parece estar ahí, en LU.

Este libro es de cierta forma una especie de enciclopedia, algo técnica o digamos “fría”, por ello…, excepto en la larga cuarta parte, que contiene una narración sobre la vida de Jesús.

Es pues una “enciclopedia” sobre la dinámica de esa relación global en la cual todo estaría dividido, en apariencia, a partir de un Interior o un Origen…, el llamado en este libro: la “Fuente-Centro primera”… en una especie de división en niveles hacia el interior del Uno Original… pues en realidad somos de cierta manera una sola cosa con todo.

En LU se distingue de forma muy clara por ejemplo entre cuerpo, mente, alma y espíritu… más una quinta cosa, que es una especie de clave resbaladiza: la personalidad.

Esta “personalidad” es como un factor integrador… y que no tiene que ver con el concepto usual de “personalidad”.

Nuestro cometido aquí, en planetas como este, en los evolutivos…, nuestro cometido aquí, como mente personal con un cuerpo, es, de cierto modo, repersonalizarnos “en Dios”, “elevarnos”, reconocernos como espíritu, pero muy concretamente en todos, con todos.

Esta es la actitud que LU llama “adoración” (y que es en general a lo que se invita en cualquier “camino espiritual”).

En la adoración nos reconocemos como Filiación del Padre espiritual (y reconocemos al resto, sin excepciones). Nos reconocemos como descendencia “de Luz”… y no tanto como “hijos” del mundo material.

La adoración sería esa especie de “actitud” con la cual, a través de nuestro “ego”, mediante nuestro cuerpo…, hacemos de canales para que el “Uno” mire y se busque aquí…, como espíritu sin mancha, pero concreto y diverso a su manera –pues todos, como espíritu, somos una relación única con todos, como deja claro Un curso de amor (cosa esta que, “traducida” también al curso de milagros, rezaría así: solo hay una relación, una relación “santa”).

En el terreno del “espíritu”, LU establece así el nombre de ciertas cosas (y lo más a menudo lo hace usando nombres muy tradicionales):

El espíritu Ajustador:
dice que estamos habitados, dentro de nuestra mente, por algo llamado “Ajustador”.
LU lo describe como “fragmento del Padre”.
Sería un fragmento directamente de la Fuente-Centro Primera…, y que de cierto modo quiere personalizarse aquí a través nuestro (lo llama “pre-personal”).
Para conseguir personalizarse, nos guía (de cierta manera nos anhela y lo anhelamos), constantemente.
Y nos guía digamos que a la manera “del Padre”, de la primera persona de la Trinidad… que es el Padre de nuestra personalidad (ese factor integrador)… que es el dador de nuestra personalidad.
Así que esa personalidad, más o menos conscientemente, busca aquí dejar que Dios Padre se repersonalice; es decir, que de cierto modo buscamos repersonalizarnos  “en Unidad de Amor”, “en el espíritu”, gracias a “hacer la voluntad de Dios”, siguiendo la guía del Ajustador.

– para la anterior “tarea” de dicho Ajustador, nosotros, y quizá básicamente a través de él, podemos “hacer uso” de todo lo que viene de la segunda y tercera personas de la Trinidad.
Esto está así dicho rápido y mal, pues tal “uso” sería “inconsciente”… y depende de un cuidado de cierto modo ya establecido en una especie de plan o estructura.
Por ejemplo, en una cascada enorme de creaciones que parten de la segunda persona de la Trinidad… llegaríamos hasta nuestro Creador, un espíritu que nos creó en tanto que “seres de luz” que somos.
En estas dos personas quedarían englobadas multitud de “personalidades” que no “encarnan” como nosotros, en estos mundos evolutivos… y que tienen multitud de cometidos, de perspectivas, y de “mundos” posibles.
Por tanto en este apartado metemos casi todo lo demás: todo lo que “salió” como personalidad desde la Fuente-Centro Primera.
El Ajustador, y las demás potencias que están de cierta forma al servicio nuestro y de aquel… tienen el cometido de (si nos dejamos) ayudar a la elevación. Tienen el cometido de ayudar a que se eleve nuestro aspecto más material…, es decir, de ayudar a nuestra “conciencia material”… a “elevarse”.
Y tal proceso, si así lo elegimos, finalmente acaba con nuestra fusión con el Ajustador (que no se suele dar en este tipo de sueños o tierras como la que ahora parecemos poblar).
Es decir, termina dando lo que LU llamada “supervivencia de la personalidad”.

Debemos elegir, por tanto, sobrevivir, sobrevivir en el sentido divino. No es algo que se nos pueda imponer.

El alma:
Además, LU podríamos decir que sugiere que siempre hay una especie de “supervivencia de segundo nivel”, la del “alma”. A esta supervivencia solo entre comillas podríamos llamarla así, “supervivencia”, pues esta palabra queda reservada para la supervivencia de la personalidad.
Es decir, este “alma” puede o no terminar siendo englobada y “resucitada” del todo en ese proceso de supervivencia final de la personalidad, el que se da gracias a la fusión con nuestro Ajustador, según lo cuenta el lenguaje de LU.
Y esto, la fusión final con un Ajustador, no se puede dar en realidad en nuestros cuerpos físicos… es decir, que esa fusión supone la abierta y de cierta forma deseada desaparición como cuerpo físico, aquí.
Por otra parte, la posibilidad de cierta “resurrección plena” ya, estando aquí, en esta tierra… es de cierto modo algo que se habría abierto en la Tierra con la historia de Jesús.
Ello consistiría en parte en otra manera radicalmente diferente de habitar un cuerpo… de “ser amor”, pero a la vez teniendo plenamente todavía un cuerpo material (aunque quizá dicha resurrección, que no es la definitiva fusión con el Ajustador, tenga una forma de ser o de darse que sería algo excepcional respecto a “la dinámica usual” en los planetas evolutivos).

A esta supervivencia “de segundo nivel”, a la del “alma”, no la llama así LU (“de segundo nivel”).

Pero es una expresión que sugiero como descripción válida para lo que queremos comentar aquí.

Mientras en la Tierra se nos intenta sugerir nuestra “Filiación divina” (si nos dejamos) y gracias en parte a estar habitados por un Ajustador que está (que estamos) en medio de todo ese “ambiente espiritual” provocado por las otras dos personas de la Trinidad… mientras tanto… diríamos que se va creando, según LU, una especie de alma en un “terreno” que no es ni material ni espiritual.

LU denomina así a dicho ámbito: “morontial” (tuvo que crear una palabra).

Este terreno sería una especie de “materia” de la cual están hechos por ejemplo los cuerpos de muchas de las apariciones magistrales célebres de la historia (las de Jesús como gran ejemplo).

Así, deberíamos pues suponer que casi todos los “fantasmas” son (aunque “en otro nivel” que el de Jesús, pese a compartir ciertos aspectos)… todos los “fantasmas” serían… fenómenos que indican esa posibilidad, aunque digamos que de una manera no “magistral”.

Es decir, claro está: lo indican no incluyendo, en esa demostración, una función de enseñanza magistral o de prueba espiritual definitiva… sino con una función más digamos “automática”, relativa a por ejemplo la idea de un “purgatorio”, de una “mecánica cósmica del perdón”.

Es decir, este fenómeno secundario de las apariciones que no son absolutamente “magistrales”, donde lo morontial se hace patente aquí en lo físico-material, de alguna manera (lo morontial como esa especie de fase de existencia intermedia entre materia y espíritu)… este fenómeno… se daría de forma más “accesoria” que la aparición de un “maestro ascendido” como Jesús.

Todo esto es un modo de hablar, pues de cierta manera sabemos que el universo es “personal”, y hasta la materia está de cierto modo abrazada por lo personal… y, por tanto, quien “crea” lo material, etc., es de cierta manera la creencia o la idea, dentro de una Mente, en un nivel que no podemos concebir, pero que de cierto modo SOMOS.

Así, en estas vidas terrestres, es como si se diera, gracias a nuestro “aceptar Amor”… es como si se diera, a través nuestro, una posible acumulación paulatina de “alma”, en nuestra alma… en una especie de “grabación”, que queda en la Mente Cósmica.

Hay pues una cierta “supervivencia” del alma, de ese “archivo”…,  y que, como dijimos, sería una supervivencia así como “de segundo nivel”…., ya que el alma sería esa grabación de todo aquello que en las vidas tuvo “valor de supervivencia”, valor para la eternidad… en cualquier vida concreta como la nuestra ahora, como seres habitados por un Ajustador que realiza ese “trabajo” para el plan divino (entre otros “trabajos”, este de “fabricar alma”).

Teniendo en cuenta esto… podríamos intentar entender esa “presentación de recuerdos” que algunos llaman “reencarnación”… y en general cualquier “presentación de recuerdos” que vemos que ocurre en todo lo englobado en eso que por ejemplo el catolicismo llama “purgatorio”, y que en general sería el fenómeno de las apariciones, etc.

Expliquemos esto sobre el purgatorio.

En casos célebres del catolicismo se dice que hay gente con un carisma concreto, este: que se le presentan “almas del purgatorio” (la persona no las busca, no es “espiritista”).

Y estas almas le piden cosas para poder acelerar su proceso de ascensión, de reunión con Dios.

A veces, como en el caso célebre de María Simma, incluso le pedían que devolviera algo obtenido ilícitamente, unas tierras por ejemplo… demostrándose de este modo públicamente que María Simma tenía algo entre manos, alguna comunicación con lo que habitualmente llamamos “más allá”.

Estas apariciones se darían con ese tipo de “presentación material” que LU llama “morontial” (esa materia “post-material”).

Echemos marcha atrás, de nuevo, para sintonizarnos con lo que decíamos al principio de este texto, arriba del todo.

Sabemos que somos amor, y somos relación.

Esta “relación con todo”, que nosotros ya somos en la Unidad de Amor de la Luz y luego de la Mente… es lo que permite que parezcamos habitar un cuerpo, en creencias compartidas muy profundamente dentro de esa Mente –y un cuerpo que “ve” todo un universo, que se despliega de cierto modo a partir de él.

Visto así, es decir, considerando todo más con la perspectiva de que de cierto modo somos “Mente que contiene cuerpo”… Mente que se olvidó de que en realidad está fuera observando todo esto… observando la película… y que por eso se cree muy limitada y se autolimitó aposta para “jugar” a cierto juego… visto así, diríamos que en ese universo tan “limitado”, tan “rotundo”, en este cierre que vemos que se da aquí en “lo físico”… en este universo… se meterían (los meteríamos, pues nada se hace en el fondo sin nuestro concurso)… se meterían… estos fenómenos morontiales para realizar una función de cierto enlace o comunicación.

Entiendo que está demostrado, como “dato”, que existen esos recuerdos que luego se interpretan o etiquetan como “reencarnación”.

Es decir, que está demostrada la presencia de recuerdos de experiencias que no han sido vividas por la conciencia material actual ante la cual se presentan dichos recuerdos de experiencias “de otras vidas” (a estos datos sobre recuerdos verificados es a lo que se referirían las personas que afirman que “la reencarnación está demostrada”).

Y esto sería de cierta manera algo que podríamos esperar que sucediera… es decir, algo lógico que sucediera…

¿Y por qué? Porque en cualquier momento somos más que la conciencia material: estamos, como dijimos, conectados al ministerio de lo mental en sentido amplio… así como de lo espiritual.

Entonces, para poder continuar explicándonos con LU “la reencarnación” y esas otras “apariciones” que se engloban a veces como “manifestaciones del purgatorio”… entenderíamos que los Ajustadores que nos habitan se pueden hacer cargo de cierta forma de todas esas “memorias grabadas”, es decir, de las almas de la gente que “no sobrevivió”, como personalidad destinada a la ascensión que somos todos…, y como personalidad que por tanto ya no puede por sí sola tomar esa decisión (necesita quizá de un Ajustador).

Así que, por un momento (aunque dichas almas estén como “almacenadas” en otro lado)…, por un momento…, el poder de los Ajustadores, junto con nuestro “entorno espiritual”, permite que se presenten “cosas morontiales” en esta dimensión física.

Y eso se da porque quizá además, de cierta forma, ese sería su “deber”… : un deber de facilitar la “integración” de la Mente… conectando esta dimensión física donde vivimos personalidades habitadas por un Ajustador… con “personalidades ya no muy dinámicas” por estar “desnudas de Ajustador”… y haberse quedado casi como memoria, en una especie de purgatorio.

Estas memorias, por tanto, diríamos que nos las presentarían los Ajustadores, a nosotros… debido a la utilidad que para el plan divino tendría hacerlo así.

Nos las presentarían a nosotros, que somos “personalidades” que estamos en el lado físico de “la opción a sobrevivir”, ya que el Ajustador nos está habitando en lo actual de nuestra consciencia, y no nos vemos por tanto en esa especie de automatismo o de impasse que llamaríamos por ejemplo “purgatorio”.

Y esta actividad serviría de un modo que no comprendemos del todo, y que no nos haría falta comprender del modo usual, pues lo podríamos describir como una especie de resonancia de la gracia del “perdón” que recibimos aquí, como gracia salvadora, en nuestra ascensión por lo que LU llama “círculos psíquicos”, etc.

Así que hemos supuesto que esa “presentación de recuerdos” puede venir acompañada por una gran diversidad de fenómenos.

¿Por qué? Porque al final, la Fuente es Una Sola, todo está de cierto modo EN ella, hacia el interior.

Veamos un uso simple de este concepto de “interior”, al principio de LU:

«1:0.6 Este es el verdadero significado del mandato divino: «Sed perfectos como yo soy perfecto», que impulsa constantemente al hombre mortal hacia adelante y lo atrae hacia el INTERIOR en esa larga y fascinante lucha…»

Desde ese “interior” podemos tener o pueden surgir visiones, comprensiones y relaciones más allá de nuestro entendimiento material, pues para eso está todo el trabajo y ministerio del “mundo espiritual”, como dice LU en su prólogo, al hablar de los Ajustadores y demás elementos que están entre otras cosas para facilitarnos esta cierta “comprensión” de lo que en realidad no podemos comprender.

Si a la Fuente Primera se le puede aplicar también la palabra “Dios”, como así lo hace LU (“Dios, como Fuente y Centro primera”; pág. 64), esto siempre indica personalidad, como dice el prólogo de LU.

Por tanto estamos dentro de una Fuente que es asociable de forma personal… y fuimos creados como personalidad (aunque de cierta forma es una personalidad a ser “repersonalizada”, a la vez que permite la “personalización” del Padre).

De cierta manera todo sería posible considerarlo también como niveles de “Consciencia”, hacia el interior… y que serían, claro está, niveles que no podríamos entender –no con nuestro modo de pensar usual, un modo que es la manera usual, por cierto, de empezar a leer cualquier texto escrito.

Así, quizá podemos entender esos fenómenos y apariciones, que parecen mezclar lo morontial y lo físico…, como decíamos arriba… podemos entenderlos como “actuaciones” del Ajustador… en momentos donde venga bien esa comunicación entre:

– el plano de lo ya grabado (almas sin Ajustador, donde se grabaron actuaciones de personalidades que no sobrevivieron “en esa vida” concreta que parcialmente se nos presenta por algún motivo…)…

– y “nosotros”.

Además, quizá el Ajustador, cuando está habitando en los seres morontiales ascendentes… en esos mundos de transición que LU presenta con cierto detalle…, necesita comunicarse así con los demás Ajustadores –los que le venga bien en ese momento–, y sin importar el planeta o sistema realidad en el que estén, sea el que sea…, y para realizar cierto tipo de integración que, de cierta manera, facilite la supervivencia de la personalidad en todos los lados afectados.

Entonces, vemos que, en el fenómeno de las apariciones fantasmales, no se estarían comunicando las “personalidades de los difuntos”… como podríamos pensar de entrada… sino que la posibilidad de constatar una comunicación personal con alguien muerto sería un efecto los Ajustadores que ejecutan el plan de reunificación y “adoración”, con las ideas planteadas arriba, donde dábamos alguna posible idea que pudiera enriquecer nuestra comprensión…, como la que acabo de decir de la unión entre Ajustadores que están habitando mundos radicalmente diferentes en tanto que uno sería este, físico material…, y otro sería alguno de los miles de planetas principalmente morontiales.

Así, en una “aparición”, quizá nosotros en realidad solo estamos presenciando esa realidad de la comunicación de los Ajustadores, o de su función enlazadora (con nosotros, con este plano físico…, y con el plano de la grabación del alma… etc.).

Y esta comunicación luego nosotros la interpretaríamos:

– con la idea de la “reencarnación” (como que “vivimos” en otras vidas “antes”)…,

– o con la idea de la comunicación con antepasados propios o ajenos. Etc.

Los Ajustadores vemos entonces que utilizarían claramente este hecho universal reconocido por LU: que toda personalidad mantiene la memoria de la relación con personalidades… relación que es algo indestructible, según LU.

Una vez que nos fusionemos completamente con el Ajustador, entiendo que unas afirmaciones como las que podemos escuchar normalmente sobre la reencarnación…, serían afirmaciones ya perfectamente válidas, y podremos decir… “hemos vivido todas esas vidas”… etc.

Entendiendo lo transicional

Entonces, una idea para hablar de lo transicional viene quizá al plantearse si no habrá un continuo entre:

– la mente que “está en los circuitos materiales”

– la mente que NO está “en los circuitos materiales”

Quizá, el hecho de ajustarnos al Ajustador, nos va haciendo una especie de camino consciente en ese recorrido continuo que habría entre ambas cosas…  cosas que quizá no estarían realmente separadas más que por nuestro lenguaje, y quizá por nuestro miedo a percibirnos de muchas maneras durante la vida… de maneras diferentes de las usuales o diferentes de la media usual, o que tenemos por normal (unas maneras que no dependen del uso de drogas, etc.)…, mientras aún estamos en el cuerpo.

Si nos percibimos muy “raro” quizá es lógico que la conciencia material se asuste (que se asuste nuestro “yo” asociado a dicha conciencia)… pero quizá en el fondo no habría ningún motivo para tener miedo cuando no se trata de abusos que realizamos mediante excesos con drogas, desajustes en el sueño, etc.

Hacia esto -por cierto- nos irían en parte llevando el “curso de milagros” y el “curso de amor”, que es una especie de segundo curso de milagros… y que también, como este, fue planteado como un lento camino a modo de ejercicio espiritual… donde entre otras cosas se persigue que podamos perder el miedo a estar de otra manera en el cuerpo.

Dicho “estar de otra manera en el cuerpo” vendría en parte a “materializar” (o bien sería una consecuencia natural)… vendría a materializar… y de forma muy concreta… aquel célebre “estar en el mundo sin ser de él” (estar plenamente y de forma muy normal y natural en el mundo… pero a la vez sintiendo plenamente que no se es de él), cosa que es, como sabemos, una forma rápida de expresar lo que Jesús vendría a haber demostrado aquí, con su vida ejemplar…, entre otras cosas.

Así que nuestra manera o nuestra “media” normalizada de pensarnos “en un cuerpo” sería la de la “mente material”… es decir, la asociada tan férreamente al hecho de “tener un cuerpo”.

Y otra manera en general sería la de la mente sin ese límite.

Todo el tema estaría quizá en plantearse si, entre otras cosas, no sería nuestro cometido el de permitirnos sentir, acompañados del amor dentro (de la bondad y del “Ajuste” del Padre… del Dios “prepersonal”… que, como dice al principio el curso de amor “en realidad no puede ser personificado… pues es todo a la vez: es el Hijo, es el Espíritu Santo)… si nuestro cometido, decíamos, no sería el permitirnos sentir ese “continuo” en nuestras vidas… un continuo entre una “mente en general” y la “mente material”.

Entiendo que las presentaciones de “materia morontial” aquí, en una tierra física (que como caso extremo estarían las de Jesús… esas apariciones que parecen un extremo en perfección por su variedad y por la presencia de un propósito claro…)… entiendo que esas presentaciones e interacciones serían algo así como un caso límite (uno de ellos) en la potencial existencia de ese “continuo” del que hablo.

Entiendo hasta ahora que quizá nuestra práctica de la adoración y la previa o concomitante elevación e integración por los circuitos psíquicos… nos van sintonizando con la posibilidad de que nuestra personalidad se haga cargo de ese continuo, ayudada por los diversos ministerios espirituales y mentales.

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