Nuestra siguiente semana con UCDA: repaso (IV)   Leave a comment

imagen corazón en círculo[Anterior entrada de repaso del primer libro de Un curso de amor (UCDA)]

Ahora viene una nueva etapa de este tipo de entradas del blog, en las que íbamos comentando los capítulos del curso de amor.

Estas páginas serán más “personales”, y quizá alguien se nos sume alguien aquí o en facebook a comentar.

Ver el índice de entradas para encontrar el texto completo de UCDA, y por capítulos (punto 5).
Y ver ahí en el punto 4 una lista con los enlaces a estos comentarios.
Para aprender a usar ese índice de entradas, podemos utilizar esta otra página, que contiene las instrucciones de uso.

¿Cómo nombraremos las citas de los párrafos y capítulos?

A partir de ahora nombraremos así los capítulos del primer libro:
C:1 (que sería el capítulo 1), C:23 (el 23), etc.
Y cuando queramos añadir el número de párrafo:
C:23.10 (el párrafo 10 del cap. 23).

Nombraremos así los capítulos de los tratados, del segundo libro:
T1:5 (tratado primero, cap. 5), T4:11 (tratado cuarto, cap. 11).
Y cuando queramos añadir el número de párrafo:
T4:11.5 (párrafo 5 del capítulo 11 del cuarto tratado)

¿Cómo citaremos los textos?

Todo lo que se halle en letra negrita o por ejemplo subrayado dentro de una cita, es nuestra aportación, porque el texto del curso prácticamente solo contiene subrayados en cursiva.

Repasaremos todo el primer libro (con su introducción, preludio y los capítulos C:1 al C:32), teniendo en cuenta algunas claves, y también a veces teniendo en cuenta alguna parte del principio del segundo libro (T-I), que iremos leyendo y practicando (en lo que llama “arte del pensamiento”, hasta “fundirnos” con ese modo de “estar en el mundo”).

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I.  capítulo 13: la definición del “plan divino”
II. capítulo 14
– III. capítulo 14 (II): la adoración verdadera; los universos privados
– IV. capítulo 15
– V. capítulo 16
– VI. capítulo 17
– VII. capítulo 18
– VIII. capítulo 19
– IX. capítulo 20
– X. capítulo 21

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Este núcleo invulnerable…
que fue creado sin límites…
… siendo ese Amor que está detrás de todo…
… y como “en medio” de todo, en este universo…
… como si fuera una Única Relación con todo…
y que permite la proyección de todo un universo…
… ese núcleo…
… quienes no tengamos un mínimo respeto por ese núcleo garante de toda una eternidad…
… podremos ver a veces este poco respeto reflejado en las vidas…
… sintiendo lo poco que reclamamos o reivindicamos nuestro poder de ser quienes realmente somos aquí… en esta pantalla-mundo…
… en esta pantalla reducida de “expresión”, la que llamamos “mundo”…
… ese mundo que está a nuestro servicio para la plena expresión del Ser Que Realmente Somos (amor en la Creación, como una sola relación santa)…
… igual que nosotros, a la vez, estamos de cierta manera al servicio de ese mundo como una recreación en la creación de lo realmente Nuevo…
sirviendo a la Creación…
a la creación interior…
… para dejar pasar a Dios a este mundo de sombras…
… para dejar pasar la mirada del Amor…
… y el verdadero Poder…
… mediante nuestra resurrección aquí.

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I. capítulo 13

Llegamos al crucial broche final de esta primera etapa del curso de amor, de 13 capítulos, con aquel inspirador Preludio y la Introducción del principio.

Aunque este es un curso sin muchos ejercicios, esta especie de “test” que nos presenta en el 13 de una forma desenfadada, como siempre… este test… nos confronta enormemente, pues hay muchas personas ante los cuales no querríamos hacer este “ejercicio” en todo su detalle, con toda la tranquilidad que se requiere, y con la disposición a abrirse a algo tan amablemente sutil (aunque solo sea “en la imaginación”).

En esta etapa del curso ya hemos abordado lo más tormentoso de nuestras creencias “separatistas”… el sistema del ego… que ha sido abordado indirectamente, pues solo a partir de ahora, del cap. 14, hará un nuevo tratamiento directo del asunto del “sentirse especiales”, del “especialismo”, es decir, de nuestra separación elegida como sustitución del Amor. Como sabemos, usamos esa separación para intentar “dar cuerpo”, en estos cuerpos, a “la ilusión”, es decir, al sentido de “ser especiales” en tanto que “yoes separados” según dicte “el ego”…, un “ego” que en realidad nos quiere solos y nos quiere muertos (en la representación ilusoria de los cuerpos).

En ese abordaje indirecto hemos visto qué recursos más “divinos” 🙂 utilizábamos para nuestro autoperdón… viendo cómo en realidad asociamos el amor con el dolor… viendo qué es lo que nos hace retener un núcleo duro central… viendo lo que nos hace apartar, con toda lógica, el amor del mundo… o viendo lo que nos hace buscar miedosamente equilibrios, equidad egoica…, entre lo que damos y lo que recibimos… etc.

En todo el segundo libro, que recuerdo que estamos teniendo un poco “en mente” en solo sus dos primeros capítulos (T-I.1, T-I.2)… va a tratar explícitamente del sistema del ego y de sus creencias, y con el objeto de que de cierta forma practiquemos el sentir de aquella “ley clave” que todo lo cambiará: dar es recibir (mientras profundizamos en el sentir de que Todo Es Un Regalo).

En este capítulo 13 plantamos la práctica sutil necesaria para entender, “con toda el alma”, aquel querido “mantra” del primer libro del curso, del que hemos hablado estos días atrás.

Esa frase, ese “mantra”; nos lo daba la voz en el breve capítulo 32.

Allí nos decía que nuestra sensación de ser únicos, el sentimiento “válido” de unicidad, no proviene del especialismo, es decir, no proviene de la falsa unicidad de la separación, la que plantean las creencias de este mundo, esas creencias contrarias a “la ley de Dios”, es decir, a la ley de la Vida (dar = recibir).

No. Esa unicidad real proviene de la unidad espiritual…, en una sola relación, donde, de cierta forma, todos somos el mismo espíritu, el mismo amor…, aun siendo de cierto modo distintos espíritus.

Somos lo mismo sin ser iguales, y por cierto, fue desde esta distinción, una distinción que, como vemos, es “espiritual” (que tiene un sentido salvífico)… fue desde esta distinción de donde debió partir en gran medida todo el embrollo de la filosofía conceptual… perdiendo el norte en meros conceptos, cuando en realidad todo se trataba de algo muy práctico en el sentido de la elevación espiritual… en el caminar hacia Dentro, en la Reconciliación de la Mente… en la Mente del Único Espíritu que somos.

Nuestra verdadera unicidad, el sentido real de ser únicos… si proviene de algún sitio… es del hecho que aquí estamos comprobando, sutil y amablemente, en este capítulo 13: el hecho de que cada cual es YA una sola relación CON TODOS A LA VEZ, un mismo amor.

Somos una sola relación como Amor perfecto, como espíritu…, una sola relación con todos y todo… ya mismo, aquí y ahora… sintiendo ya nuestro destino en la eternidad…, intentando vivir en relación y unidad… sabiéndonos nacidos como somos de la Mente Eterna del verdadero Creador que simplemente nos pide paso a través de estos cuerpos… para permitir que “resucitemos”… invitándonos al amor a través de toda la Creación, y asomando en esta nuestra creación… asomándose también con capítulos tan inspiradores como este 13, de nuestro querido curso de amor, que lentamente vamos revisando y repasando en esta traducción aún no oficial que reviso, corrijo, y a veces rehago desde el texto en inglés, hasta donde llegan mis conocimientos de la lengua y sobre todo mis habilidades con internet (para esta labor de nuevo pido ayuda en forma de comentarios…, pues cualquier comentario de alguien que esté leyendo detalladamente el curso servirá para mejorar).

Aquí va el inicio de este capítulo 13, donde se habla de una nueva manera de “la percepción inocente”…, esa que nos va a llevar a una Percepción Verdadera de este mundo y de nosotros en este mundo, como seres eternos destinados a siempre una nueva eternidad:

«13.2 A medida que observas, pero no con tu mente sino siempre con tu corazón, y a medida que comienzas a incluir a los demás en tu observación, te pido que te concentres en una sola cosa. El ejercicio es simple y a la vez placentero. Solo requiere que te plantees una sola cuestión: qué conoces ya del espíritu de la persona que observas. Te asombrarás del conocimiento que ya tienes y del gozo que te brinda el recordarlo.

13.3 […] Solo deja que las impresiones vengan a ti, y cuando te provoquen una sensación como de sonrisa, sabrás que estás sintiendo cómo regresan los recuerdos. En cambio, si al tratar de traer recuerdos del espíritu te descubres con el ceño fruncido, entonces te estás esforzando, y por tanto necesitas dejar el ejercicio en esa ocasión. [Este ejercicio] pronto llegará a ser una rutina para ti pues desearás experimentar continuamente el placer que te brinda.

13.4 […] Es mejor dejar las palabras a un lado, o de lo contrario pronto estarías adjudicándole ciertos atributos a un espíritu y no a otro, con el único fin de diferenciarlos. El propósito de la experiencia es demostrarte que los espíritus no pueden ser diferenciados ni comparados ni definidos de la misma manera en que en el pasado definiste sus cuerpos.

13.5 Pronto descubrirás que lo que recuerdas del espíritu es amor. Al principio querrás darle muchos nombres y hasta es posible que no lo reconozcas como amor, puesto que llegará sin toda la tristeza y la nostalgia que a menudo sueles asociar con él. Y aunque la sensación de amor que te embarga puede sentirse como valentía en uno o como amabilidad en otro, y aunque esto siempre sea una parte de lo que te animamos a sentir, lo único que se te pide es que permitas que los sentimientos lleguen hasta ti y que junto con ellos llegue la constatación de que aunque no haya dos espíritus exactamente iguales, tampoco son “diferentes”. El amor de cada uno te llenará de felicidad pues ya está completo, y no tiene necesidades, ni anhelos, ni tristezas de ningún tipo. Al estar completo no te pedirá nada, sino que parecerá ofrecerte una cálida bienvenida, como si fueses un amigo perdido desde hace mucho tiempo, regresando al hogar.»

II. capítulo 14

Esta es nuestra creación. Es decir, este aspecto exterior de la Vida es nuestra creación.

Y nosotros, como extensión del Hijo, hemos usado esta creación, hasta ahora, la hemos usado de cierto modo para “huir”, para desafiar la Creación de Dios (tal y como nos cuenta el capítulo 14), y aunque siempre se nos haya CUIDADO, y nunca se nos haya simplemente “abandonado”.

En cuanto a la Creación de Dios, en el interior de todo, como un Todo relacional que Es…, hemos visto ya que el curso de amor la describe, dando, por así decirlo, más “pistas”.

Es aquella célebre “relación santa”, de la que hablábamos en el curso de milagros: en una sola relación.

Y cada uno ya es (recordando nuestro “mantra” esencial para el curso, en el cap. 32, un “mantra” que dijimos que íbamos a tener en cuenta)… cada uno es ya… una sola relación con todo y con todos, a la vez… ya mismo.

Es como si, ahí dentro, fuéramos ya una “perspectiva” completa de todo en la Creación (no en la creación con minúsculas).

Y esta relación total, completa, que ya somos, es lo que ha de manifestarse en estas creaciones con minúscula, prolongando el gesto de Jesús, agarrados de su mano (pues su espíritu está en todos siempre “mirando”)… prolongándolo como sus compañeros en el no-trabajo de “bajar el Origen” aquí…, de bajar a Dios aquí “a mirar”.

Así que este curso, como vemos, ha tratado muy explícitamente con lo que supone ser “creación de Dios”: aquella “una sola relación”.

Ahora, en el capítulo 14, va a decir que venimos a recordar quiénes somos pero EN LA CREACIÓN DE DIOS, es decir, como UNA SOLA RELACIÓN CADA UNO CON TODO YA (una sola, “A SU MANERA”).

Y es ahí, en ese Ser Uno, donde reside nuestro sentido real de “Ser Único”, y no en ese “especialismo” que hemos inventado para sustituir la “una sola relación” –es decir, nuestra verdadera unicidad como Creación de Dios.

El plan divino es pues recordarnos a nosotros mismos en nuestra identidad EN la Creación de Dios…, y ya no tanto utilizarnos a nosotros mismos utilizando nuestra creación para desafiar durante más “tiempo” a la Creación de Dios.

Este es el camino de Reconciliación de la Mente, de la Expiación o Restauración, del Perdón, del que hablábamos desde el primer curso de milagros.

Esto que hemos contado es pues lo que dice el curso de amor, nada más empezar el cap. 14:

«14.1 El propósito de la vida que compartes aquí con tus hermanos y hermanas ha sido desafiar la creación de Dios. Ahora, ese propósito común debe transformarse en el de recordar quién eres dentro de la creación de Dios, más que en el mundo que has fabricado.»

Esto cobra mucho sentido, y muy explícitamente… tras el capítulo 13.

En el 13 hemos visto descrita una muy inspiradora “no-tarea”, a “realizar” aquí: dejarnos “enseñar/ser amor”, mediante esas percepciones sutiles y también variadas a su manera… pero siempre inocentes y reconfortantes… placenteras… esas percepciones del “encaje espiritual” en el que nos vemos “metidos”…, metidos como espíritu…, como espíritu que es todos en uno…, que es uno en todos… como espíritus que, sin ser iguales, son LO MISMO.

Y más adelante en el capítulo 14:

«¿Qué creador haría un mundo en el cual el logro más elevado en él sería abandonarlo para así poder lograr vida?»

Nosotros somos Vida, con mayúsculas (y una sola), y NO hemos fabricado todo un Aspecto Exterior de la Vida para simplemente “abandonarlo”.

Ese “abandono” ya lo hacemos, repetidamente… ya nos aburre, al morir tantas veces, creyendo en la separación, en que la muerte es real, etc.

Ya lo representamos, pues, ese abandono…, cuando creemos en las ideas del sistema del ego, el de la separación…, creyendo por tanto que la muerte es real… que el tiempo es real… que somos efecto del pasado (en vez de ser un Ahora de “relación santa”)… fabricando de este modo vida ilusoria tras vida ilusoria… hasta el infinito de ese círculo vicioso que desde el primer curso llamamos “ego”.

Dios honra nuestras creaciones, como sabemos desde UCDM (para quienes venimos del curso de milagros), ya que nosotros somos “Su Hijo”.

Y esa “honra” depende de nuestro gesto de aceptación de Dios, aun estando en estas creaciones que sentimos a veces tan “demenciales”.

Dicha aceptación conllevará pues una nueva “representación de Dios”, de Dios como solo Amor, una representación que anunció, digamos… Jesús.

De esa aceptación y representación fue heraldo la vida ejemplar de Jesús, y también la vida “complementaria” y digamos más “interior” de María su madre… donde María digamos que alude a esa forma de “ser espíritu” que permite (y no solo simbólicamente) que “Dios” (“Jesús”) entre plenamente a fertilizar aquí, renovando estas creaciones para siempre en la eterna gloria de lo Nuevo… de la Novedad eterna que llamamos simplemente “Eternidad” o Creación.

Como vemos en el curso de amor, Jesús de cierto modo nos anunciaba a nosotros mismos… anunciaba nuestras siguientes vidas “humanas”, pero que transcurrirían aquí en unidad y relación prolongando el gesto de “ser plenamente divinos a la vez que humanos”.

Así que, con este “no trabajo” nos las vemos aquí, en este no trabajo de “limpieza mental” sin esfuerzo…, en estas creaciones con minúscula surgidas necesariamente del miedo…, del miedo que conlleva la separación imaginada con respecto a nuestro Origen.

III. capítulo 14 (II)

Antes de seguir con el capítulo 15, hay que subrayar algo más del 14, un par de cosas difíciles de digerir, pues están más allá de lo que podemos “pensar”… y a veces quizá debamos poner todo nuestro corazón aquí.

Por un lado está el tema de los “universos privados”:

– creemos ser una pequeñita cosa…, una pequeñita cosa rodeada de algo enorme… algo enorme que nos sobrevivirá…, algo enorme que de cierta forma “nos supera”… algo enorme ante lo cual hemos de arrodillarnos… que hemos adorar: un universo “exterior” a nosotros.

Adorando ese universo, como si fuera algo “general” que nos sobrevive…, adorándolo… en el fondo adoramos una perspectiva (un mundo), una perspectiva particular… nuestra particularidad… y así, en realidad, nos adoramos a nosotros mismos en tanto que “yoes separados”… adoramos un yo separado (el nuestro, surgido del miedo).

Adorando esa grandiosidad (mientras que así no nos damos cuenta de que estamos adorando al miedo que conlleva nuestro yo separado…), adorando esa falsa grandeza, que es “la del ego”… no nos damos cuenta de que ahí Dentro, dentro nuestro…, tenemos y somos “la semilla” de todo mundo…, de toda perspectiva (el amor del Padre-Madre del Cielo).

Entonces, si en realidad no hay nada “fuera”… si no hay nada separado… ¿qué ocurre?

Somos el universo por entero, la perspectiva entera.

Somos esa Mente enorme (una especie de “porción” de ella, que no podemos concebir, entender… ni tampoco podemos entenderla realmente en tanto que “porción”…, porque el pensamiento de “porciones” no nos vale aquí, pese a que así la denominemos…: “porción”)…
… somos esa Mente enorme… que “termina” en la ilusión de “ser un diminuto cuerpo” con una historia personal.

Esa mente “termina” dando (en el programa “mundo”) la ilusión de poblar “solo un cuerpecito”.

Y aquí, ante tanta grandiosidad “del universo”, visto como “exterior”… corremos el “peligro” (a eso veníamos en realidad, a exponernos para “luego resucitar”… aunque sin tanto drama…)… corremos el peligro… de terminar adorando meramente la separación.

Y la separación acabamos de decir que se resumía, por ejemplo, de esa manera:

«el universo exterior como algo afuera, enorme…, que sobrevivirá a esa “cosita ínfima” que yo soy…») 🙂

Así, “adoramos” a la separación, en vez de adorar a nuestro “Creador interior”, que nos creó como una sola relación con todo y todos… un “Cristo”…, una Relación Sagrada que está ya ahí, dentro… y que es única para cada uno –como subrayamos aquí y en el blog casi todos los días, pues estamos repasando el primer libro del curso de amor mientras tenemos en cuenta el “mantra” del final de este, en el capítulo 32, entre otras cosas.

Así, descubriendo al “Cristo” dentro… lo descubrimos en cada uno… y así nos conocemos a Nosotros Mismos… y nos descubrimos en cada espíritu “del otro”…, nos descubrimos como siendo el mismo espíritu sin ser iguales como espíritu (como ya vimos).

Imaginemos de pasada cómo cambiaría el mundo (aunque ese no sea nuestro objetivo inmediato), cómo cambiaría… si la gente estuviéramos concentrados en esta tarea tan “sutil” y placentera, como tarea fundamental a venir a realizar aquí (conocernos a nosotros mismos en la Creación, en la verdad de nuestro Ser, de nuestro Ser Uno).

Entonces, ese universo entero que creemos que nos sobrevive… en realidad “colapsa”… colapsa entero cuando nosotros así lo elegimos (“muerte”)… dentro de esta especie de guión o película… dentro de esta especie de programa, donde todo parece estar así como “demasiado programado”.

Se trata pues de “combatir” así la idea de sacrificio: nos sacrificamos inconscientemente porque creemos que este universo enorme está afuera y nos sobrevive… y que por ello, más que “nuestra felicidad”… lo que importa es nuestra contribución (o si no nuestra depresión por no poder “contribuir”)… cuando sin embargo el servicio, el verdadero Servicio, incrementa nuestra felicidad y nuestra “desprivatización” del universo… 🙂 … adquiriendo una percepción verdadera de todo y de todos.

Deja pues bien claro en el 14 que cada uno somos un universo…, y que nuestro universo desaparece con nosotros.

Este era el tema “universos privados”.

– Por otro lado, está el tema, tan peliagudo… del amor verdaderamente incondicional…:
“amar a todos como uno solo”, a todos por “igual”.
Es decir, amar al UNO a través de Todos, y a la vez amar al Todo a través de cada uno…

Ese es el célebre mensaje de: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”, ese mensaje de “amor no-especial”.

La lección de Jesús, muy simple… es decir, la lección que el Cielo dio mediante Jesús… es decir, la lección del Cielo que se dio a través de la vida ejemplar de Jesús… la lección que la Creación dio aquí, la Creación como una sola relación sagrada… es tan simple y práctica como ese amor que demostró en su vida, y que invitaba a asumir…, ese amor real que es un amor de “adoración”, de verdadera adoración.

Esta “adoración” es adoración al Padre-Madre del Cielo en todos.

Se muestra simplemente adorando al Padre en cada ser… en cada ser humano… en cada creación, es decir: viendo la creación como Creación con mayúsculas, Creación del Padre-Madre del Cielo… es decir, creación destinada a la eternidad por estar habitada por “el Cristo”, por “el Cristo en ti”… por la relación sagrada de todos en todos y con todos.

Es adoración al Uno en todos… adorándolo EN todos por igual…, a través de todos por igual.

Jesús, al descubrir dentro de Él, plenamente, esa “semilla” crística… esa semilla creada por el Padre (“el Cristo”)… y creada para toda la eternidad y para todos por igual… al descubrirla… automáticamente se da a su extensión… y la tarea es extender esa mirada interior en la conexión de todos los interiores…, descubrir al Cristo en todos por igual…, en una “práctica” realizada seguramente durante toda su vida… de la cual es lógico que no quisiera dejar nada por escrito, sino solo un “consejo” práctico: amaos los unos a los otros tal y como yo os he amado.

Ved a los demás tal y como yo os he visto, contempladlos en la gloria para la que fueron creados, cultivad la verdadera visión… contemplad al Cristo en ellos…, y así os conoceréis realmente a Vosotros Mismos como Vosotros Mismos…, en una sola relación sagrada, una sola Vida.

Así que eso es lo que sustituimos con nuestro especialismo, es decir, con nuestro modo de hacer reales las diferencias a partir de la percepción de cuerpos separados… para poder sostener nuestra enésima ilusión o película de “suicidio colectivo”… en un universo que en realidad es privado, privado para cada cual… y que ficticiamente nos supera y nos sobrevive… como si nosotros no fuéramos todo el universo y mucho más allá (el amor creador).

Nos apuntamos a la pequeñez del ego… con su falsa grandeza concomitante… y creemos que el universo nos supera y sobrevive como si no estuviéramos destinados a la eternidad…, a la eternidad ya…, Aquí y Ahora.

Así que con nuestro especialismo desafiamos a la Creación de Dios, es decir, desafiamos a lo que nos da nuestra verdadera condición de “ser únicos”, de ser especiales (una relación sagrada).

Y el capítulo 14 empezaba diciendo simplemente que nuestra tarea es dejar de desafiar a la Creación, pasando a descubrirla aquí, a descubrir la Creación con mayúsculas aquí (al Cristo en todos).

¿Cómo desafiamos constantemente a la creación de Dios, al Amor…, eso que es nuestra herencia natural?

Ya lo vimos. La desafiamos haciéndole caso al miedo. Desafiamos al amor real sustituyendo:

– nuestra gloria natural, que es nuestra verdadera sensación de “ser algo especial”, siendo todos igualmente “especiales”, siendo únicos pero por ser cada uno una relación sagrada con todos…, por estar, ser y tener una relación que de cierta manera contiene a todas las relaciones (el Cristo en cada uno)… pese a que podamos seguir teniendo a alguien llamado “especial”… a alguien que de cierto modo consideraremos “especial” (pues una cosa son las formas… y otra el contenido… como se decía en el primer curso de milagros: “Un curso de milagros”, UCDM…).

– sustituyendo esa gloria natural… por “especialismo”… es decir, por la “gloria” artificial, la gloria falsa…, que es ese sentido falso de “ser especiales”, ese ser “únicos” a la manera del ego, con el cual creemos en carencia, creemos en “conseguir” a partir de esa sensación de carencia… con el cual exigimos… ansiamos para en realidad, con tal ansia, reforzar la sensación de estar aislados…, en la falsa gloria, que muchas veces es anti-gloria (tendente a la depresión, a la desesperación)…, la gloria que depende de proyecciones, etc.

De ahí que hagamos esto en la vida, como dice el cap. 14:

«Le exiges mucho más a quienes amas que al resto de tus hermanos y hermanas. Ese plus que le exiges a aquellos, es que alimenten tu idea de ser especial. Buscas una confirmación constante con pruebas de que la persona que amas te ama a su vez, y, si no la encuentras tal y como pretendes, sientes que tienes motivos para quejarte por heridas que no pueden ser sanadas, y por reparaciones que no pueden ser hechas. Así es como encadenas a la persona que más amas con la mayor de las esclavitudes, y a esa servidumbre la llamas “una relación”.

14.11 Esto puede verse con claridad en las relaciones que alguna vez lo fueron “todo” para ti y que luego te fallaron.»

IV. capítulo 15

Nuestra gloria de juguete… :
ser especiales en el “modo separado” de la existencia humana (algo que pasó a la historia 🙂 ).

En los pocos capítulos que llevamos en este otro repaso, vemos cómo de forma muy concreta se ha dado hasta aquí una serie de invitaciones que nos llevaron quizá a sentirnos de otra manera en “el mundo”…, a sentir que somos realmente otra cosa muy diferente de la que podríamos pensar inicialmente que somos (en nuestro usual modo del: “yo separado”).

Todo ello, claro está, siempre está anclado en lo que el texto llama “amor” que, como hemos visto, no tiene mucho que ver con los significados mundanos del “amor”… aunque en el fondo tiene todo que ver.

Para hablar de esto teníamos todos los capítulos anteriores sobre “el amor” y nuestros desvaríos.

Aquellas “invitaciones” pueden o no estar respaldadas por nuestro “sentir”…, es decir, respaldadas por lo que nos hayamos dejado “tranquilizar”, apaciguar, realmente (ahora en el pasado)… ayudando así a permitir “que llegue el sentir”… que lleguen nuevas percepciones sobre nosotros mismos… que se nos muestren atisbos de nuestra naturaleza…, ayudando así a reunirnos de forma natural con ella… con nuestra naturaleza verdadera en la unidad… al eliminar obstáculos que ponemos ante el ser que verdaderamente somos y que es lo que Dios creó, no lo que nosotros creamos, aquí, al creer en nuestras creencias “separadas”.

Así, hemos podido (desde el cap. 14) entrar en materia digamos que más directamente… poniendo nombres a las cosas, poniendo nombre al “enemigo”, si es que podríamos hablar en estos términos: especialismo… el sustituto del Amor.

El especialismo es algo así como nuestra gloria de juguete.

Con ella sustituimos a la verdadera gloria, la que nosotros no nos hemos podido dar a nosotros mismos por nuestra cuenta…, ya que esta verdadera gloria proviene de esa Única Relación con todos que ya somos, es decir, proviene de “la Creación”…, de nuestra naturaleza espiritual como un solo espíritu…, sin por ello ser todos iguales como espíritus (somos lo mismo sin ser iguales, en nuestra verdadera naturaleza Creativa, en la relación sagrada o santa).

Todo el curso de amor va a tematizar esto de forma cada vez más directa, con invitaciones que seguro que vienen acompañadas en la lectura de percepciones a veces extrañas… de percepciones que nos envían, nos enviamos a Nosotros Mismos… desde dentro de ese Mundo Espiritual que todos somos en Unidad… y que nos ayudan a “comprender” con el corazón.

Se tratará de evitar, en el futuro, y por todos los medios posibles…, mediante todo lo dicho en el siguiente libro del curso, en los Tratados… se tratará de evitar… que nos hagamos otros “yoes separados” para sustituir a nuestro “yo separado” perdido… y que sigan sustituyendo la gloria falsa por más gloria falsa… en vez de por la verdadera gloria, la que viene de fluir o ser en unidad y relación.

Evitaremos crearnos más “yoes especiales”…, mas “yoes” o “seres” de esos de los que se habla aquí, en el cap. 15.

Nuestro “ser especial” depende de haber depositado nuestra fe básicamente en la idea de la separación.

Habiéndola depositado ahí, nos percibimos de una manera “separada”.

Y esto nos lleva “inconscientemente”, como por inercia… nos lleva a querer mantener esa base de separación… esa base elemental, ese cimiento… y normalmente de forma “esforzada”… en un esfuerzo del que no nos dábamos cuenta… pero en el que se sostiene todo un universo privado… y que encima distorsionamos “a nuestra manera”.

Seguiremos “con el ego” un tiempo, quizá… intentando “hacer especiales” a los demás de las maneras que sean la usuales… y seguiremos intentando ser nosotros especiales de aquellas otras maneras usuales… y todo todo… todo ello… para mantener “la Manera Elemental”…: aquella manera -junto al miedo- que surge de haber depositado la fe en “la idea de la separación”.

Por contra, nuestro “ser en unidad”, nuestro yo en Unidad, que vendrá a reemplazar para siempre nuestras “ganas de hacernos un yo separado”… nuestro “ser en unidad”… dependerá de haber depositado la fe en la idea de la unión.

Y, situando nuestra fe en la unidad…, en la unidad de amor… progresivamente, practicando la ley de Dios (es decir, sintiendo los efectos del amor, los efectos de la ley de “dar = recibir” en el lado del amor…) nos vamos a sentir de otra manera…, de la manera inversa… de la manera que nos sintoniza con el “conocimiento”… yendo de percepción verdadera en percepción verdadera… y pasando por momentos de Abrazo… como volveremos a ver en el cap. 20.

Tuvimos algunas pinceladas que llamaríamos “de aviso”, sorpresivas… sobre los “detalles” de cómo es esa percepción… por ejemplo en el capítulo 10, donde empezaba a hablar de ese nuestro “ser en el espacio”…, de nuestro “serlo todo”… de una forma muy literal (dentro de muchos capítulos aún seguirá en ello).

La semilla está plantada, la de aprender a vivir como Uno solo entre y para los Muchos… la semilla del “Cristo en ti”, de esa única relación con todos… que es lo que Dios creó… ese Cristo que es quien aprende lo único que se puede realmente aprender en este Aspecto Exterior de la Vida…, y que se puede aprender además sin esfuerzo: a ser en relación y unidad… siendo amor, siendo “divinos”…, siendo “Dios”, siendo “Todo”… en forma humana.


V. capítulo 16

Curiosamente, aquí hablamos de “Amor Propio”, en el buen sentido de esto…, en el sentido del poder que proviene del amor… el verdadero poder.

Quienes no tengamos un cierto mínimo de respeto por Nosotros Mismos… por ese núcleo invulnerable de Amor que la Vida o “Dios” “creó”… por el Cristo en nosotros, en tanto que el Cristo es esa Relación Total, que pide de cierto modo ser “manifestada”…,
…quienes no Nos respetemos… reflejaremos a menudo ese “poco respeto” en el “poco poder” que reclamamos “fuera” para nosotros mismos…, “fuera”, en la reducida pantalla que este mundo es.

Nosotros elegimos si seguimos o no en ese modo, en el modo de la falsa humildad del ego… la humildad mortal… o reclamamos nuestro Ser… la humildad de la relación y la unidad del Espíritu.

Este “núcleo invulnerable”… que fue creado sin límites…
… siendo ese Amor que está “detrás” y de cierto modo “en medio” de todo en este universo…
…como si fuera una Única Relación con todo y que permite la proyección de todo un universo…
… ese núcleo…
… quienes no tengamos un mínimo respeto por ese núcleo garante de toda una eternidad…
… podremos ver a veces este poco respeto reflejado en las vidas…
… sintiendo lo poco que reclamamos o reivindicamos nuestro poder de “ser quienes realmente somos” aquí… en esta pantalla-“mundo”…
… en esta pantalla reducida de “expresión”, la que llamamos “mundo”…
… ese “mundo” que está a nuestro servicio para la plena expresión del Ser Que Realmente Somos (amor en la Creación, como una sola relación santa)…
… igual que nosotros, a la vez, estamos de cierta manera al servicio de ese “mundo” como una recreación en la creación de lo realmente Nuevo…
sirviendo a la Creación…
a la creación interior…
… para dejar pasar a “Dios” a este mundo de sombras…
… para dejar pasar la mirada del Amor…
… y el verdadero Poder…
… mediante nuestra resurrección aquí.

Así que el capítulo 16 acaba diciendo 🙂 :

«16.25 […] De lo bueno que quieres ser, vas moviéndote mansamente por la vida tratando de cumplir con reglas divinas y humanas, teniendo en mente algún bien mayor. Si todo el mundo hiciese lo que quiere hacer, razonas, tu sociedad sufriría un colapso y reinaría la anarquía. Crees que eres justo cuando decides que, si nadie puede hacer lo que quiere, tú también debes renunciar a tus deseos en favor del bien común. Así es como te comportas de formas “nobles”, que no sirven a ningún propósito.

16.26 Si no puedes reclamar al menos una pequeña cantidad de amor por Ti Mismo, por tu propio Ser, tampoco puedes reclamar tu poder, pues ambos van de la mano. No hay “bien común” tal y como tú lo percibes, y tú no estás aquí para asegurar la continuidad de la sociedad. Puedes dejar que se vayan las preocupaciones que te aquejan si en su lugar trabajas por el regreso del cielo y el regreso de tu propio Ser.»

VI. capítulo 17

En el 17 se vuelve a insistir en lo simple que es todo… en esta cuestión tan increíble de que, si estamos “mal”, es porque no nos dejamos guiar.

Así que hemos de disfrutar durante un tiempo de nuestro “querer estar mal” 🙂

En nuestros esfuerzos por enmendar nuestras equivocaciones… queremos “pagar duro” por estas equivocaciones –nos dice aquí el texto.

Y así, con ello, compramos más y más “carga”… compramos una “culpa” que pasamos a tener que transportar… y que, como es lógico, a veces nos va a enfermar… y va a parecernos que oscurece más aún la inocencia de esos “niñitos” que vamos a volver a tener que ser si es que vamos a regresar a ese “Reino” que nunca abandonamos… en esa felicidad gratuita del Cielo… esa que solo es gratis… en ese Cielo hecho de eso que ya somos… rellenando el “espacio” que hemos dejado vacante… y que abarca a este espacio ilusorio de nuestras proyecciones, donde creemos estar realmente, tan bien rodeados de sombras… encajonados en una película de “solo tiempo”.

Así que de nuevo se nos habla del esfuerzo que tenemos que hacer al estar desdoblados… pues una parte de nuestra consciencia parece que la tenemos que tener ocupada y separada de nosotros para que cuide y mantenga ese “espacio” que dejamos vacante en “el Cielo”… esa llenura total que desde siempre está ahí.

Nosotros mismos nos hacemos la vida “imposible” al no creer en nosotros mismos, al almacenar esas cargas que vienen de creernos “yoes pequeñitos”, en vez de yoes completitos… ofuscando así nuestra mirada sobre el mundo.

Habla casi por primera vez de la incondicionalidad o plenitud de corazón, que es con lo que vamos a describir, de cierta manera, la “inocencia”… la inocencia como reunión de mente y corazón…, como “no doblez”…, como mirada sin dobleces ni sesgos… una mirada que no ve significado exterior y significado interior en conflicto… una mirada que casi hace inútil el concepto de “perdón”… y que veremos cómo, al final del curso, nos deja la aliviadora sensación de lo inútil que es hablar de “espiritualidad”… cuando de hecho nos sentimos siendo todos y todo… cuando de hecho nos sentimos unidad con la Vida, con Dios… y no sentimos ninguna relación como especial… y sentimos todo dar como un recibir… etc.

Así que este texto sigue acumulando divertidas observaciones…, observaciones sobre nuestras pesquisas y aventuras en este mundo… que la tradición no por nada llamaba “valle de lágrimas” 🙂 … donde tenemos mucho miedo a lo desconocido, y, sin embargo, no tenemos tanto miedo de todo lo “malo” que ya conocemos y habitamos a placer, a veces tan morboso.

Y así, nos aferramos a nuestras penas… pues por algo son “nuestras” 🙂 … en ese cosido y recosido que hicimos con tanto esfuerzo… cosiendo amor y dolor… en esta prenda cosida por nosotros mismos, que nos pusimos muy personalmente a nosotros mismos… con el yo separado inercial:

«17.3 […] Lo que de temible tiene lo desconocido es simplemente que es desconocido. Llegar a conocer lo que antes te resultaba desconocido puede hacer desaparecer el miedo, si lo permites.

» 17.4 Llegar a ser consciente de lo que no eres consciente no tiene que ver con magia, superstición o demencia. No obstante, te proteges de ello como si conocerlo fuese a cambiar la naturaleza del universo mismo. Lo que en realidad cambiará es tu percepción del mismo. Esto es lo que al mismo tiempo deseas y temes, del mismo modo en que deseas y temes conocerte a ti mismo.

» 17.5 En esto subyace una suposición que dice que conoces todo lo que es bueno para ti conocer, y que al conocer más, se te revelarían cosas que más bien querrías no saber, y que por tanto deben ser malas. Y sin embargo, lo que resulta evidente al considerar tus propios pensamientos es que estos revelan tu disposición a aceptar las cosas malas de ti y de tu mundo. […]»

VII. capítulo 18

Este es uno de los capítulos más descriptivos, donde parecería que vamos empezando a sacar el jugo a algunas cosas anteriores.

Debemos responsabilizarnos de haber elegido incondicionalmente la experiencia de separación, nuestro estado de separación.

Para vivir plenamente esa experiencia, parece que nos hemos tenido que decidir por separarnos de nosotros mismos… percibiéndonos aposta con una “mente” y un “corazón” separados.

Y no pasa nada por ello.

Para conseguirlo, pues, hemos tenido que utilizar el concepto de USO, y enterrarlo en todo un modo de vivir en el cuerpo, donde aposta nos hemos dejado usar por lo que en realidad es un instrumento.

Nosotros, que somos seres que naturalmente están en un estado de Unidad (ahora inconcebible para nosotros)… de cierto modo nos hemos dejado usar por el concepto de USO… que hemos implementado locamente por doquier en los cuerpos del mundo… en el mundo… en la perspectiva de nuestro Ser que llamamos “mundo”… sin la guía de un aprendizaje “en Unidad”.

Este capítulo, este libro, expone así por ahora nuestro “programa de salvación” 🙂 :

«El estado en que ahora existes no solo resultaba increíble, sino también inconcebible para ti en tu estado natural. Para alterar tu sistema de creencias la experiencia fue necesaria, así como es necesaria ahora.»

En este capítulo dirá que nos transmitimos cosas a través del cuerpo, pero que no hay nadie para “recibir los mensajes”, las señales:

«Como tú has percibido erróneamente al cuerpo como tu hogar, en cierto sentido no hay un “tú” al cual el cuerpo le pueda enviar sus señales. Entonces, el cuerpo parece estar al mando y ser a la vez quien vive y quien interpreta la experiencia.»

A través del cuerpo nos enviamos señales… pero cortocircuitamos el circuito que nos reuniría con nuestro Ser en Unidad…, ya que nuestra conciencia material está sobre-enfocada en el instrumento, está como enloquecida aquí…, reforzando la mera idea de separación con todo su sistema de pensamiento (carencia, escasez).

Comparando el cuerpo con un “martillo”, este “martillo” se queda como loco, dando golpes… y la mano que lo sujetaba está identificada con su herramienta, con el martillo.

Así expresa esto mismo en este capítulo, donde nuestra mano es el “yo separado”:

«Las decisiones acerca del placer y el dolor son tomadas mediante el juicio del yo separado, que no solo cree ser el cuerpo, sino que también cree estar a merced del cuerpo. Pero el cuerpo no tiene merced alguna que ofrecerle al yo separado. Es solo un instrumento de aprendizaje.»

En nuestra comparación… he ahí el “yo separado”, un yo que pasa a ser una “mano”, tan identificada con el martillo que ya no escucha cualquier sugerencia que venga “de arriba”…, del sistema nervioso del cuerpo (en nuestro caso: de nuestro Ser, de nuestro Yo en Unidad).

La mano se ve entonces como movida por el martillo (una locura)… y por tanto no puede atender a nada… no reconoce a lo que tiene “más arriba”… a ese sistema nervioso completo…, y está absorbida en el instrumento.

Hagamos un paréntesis sobre esa absorción: dicha absorción, adictiva cuando no es un mero entretenimiento y pasa a ser más “obsesiva”… la habréis a veces sentido quizá duplicada en la atracción por las pantallas de tv o de ordenador (que comentaremos algo más abajo)… en esa atracción mágica que parecen ejercer sobre nosotros las pantallas… donde parece que los “objetivos” que están inscritos ahí, en estas tecnologías…, los objetivos en forma de programación, diseño (internet, tv)…, parecen a veces más poderosos que nosotros mismos, como “seres que elegimos” (y, cuando elegimos, había a veces como una sensación de sucedáneo: como que estamos eligiendo, ahí, en un campo de elecciones… para en realidad no reaprender a elegirnos a Nosotros Mismos).

Sigamos con nuestra querida mano: la mano NO reconoce por tanto que ese Cuerpo que está por encima suyo es una unidad, conteniendo un sistema nervioso integrado… ni reconoce ya qué es lo que tiene más abajo: un mero instrumento de aprendizaje… el martillo (no lo percibe de forma verdadera, sino falsa).

Y así, no hace más que deambular, seguir la inercia por la que le lleve el instrumento… en lo que sea que esté pasando. La mano le va quizá lanzando mensajes contradictorios al martillo… ya que no puede verse en poder de asumir otra vez su papel de transmisora de ideas-movimiento que provienen de ese ser completo que tiene más arriba.

Ese “ser completo”, claro está… es aquel cuerpo que contiene la mano… y, en la comparación, somos nosotros en estado de Unidad…, en ese estado que, como dice aquí, es inconcebible una vez que hemos elegido incondicionalmente el estado de separación.

Pero como nunca hemos dejado de “ser en Unidad”, vamos a poder transformar el estado de separación que ahora tanto nos absorbe, en el que ahora tanto nos dejamos absorber… lo vamos a transformar… en un estado de pleno reconocimiento de la unidad, en un estado de unión (gracias en parte a los milagros).

Esta “absorción en el cuerpo” queda a veces también ejemplificada, como decíamos arriba, en nuestro modo de usar las pantallas, en nuestro modo de dejarnos absorber ahí, en las pantallas de tv y ordenadores…, que realizan a veces como un duplicado de esa absorción.

Esta absorción de nuestra consciencia en pantallas la podríamos entender a veces como una expresión más digamos completa, como una expresión metafísicamente más completa… de nuestra absorción en lo instrumental, es decir, de nuestra adoración al mero concepto de USO.

Esta absorción en las pantallas puede reforzar a menudo nuestra propia identificación con el cuerpo… nuestra propia absorción en la idea de que el cuerpo nos usa, en vez de verlo como un transmisor de señales de nuestro Yo en Unidad… que nosotros utilizamos para el plan divino (que meramente es nuestra felicidad).

Y nuestra a menudo tan dócil entrega al ídolo de “las pantallas”, cuando se convierte en algo más que “entretenimiento” inocente… a veces parece poder simbolizar muy bien esa adicción fundamental de este mundo: la adicción al concepto de uso, plasmado en cómo creemos inconscientemente que un cuerpo nos usa y que somos ese cuerpo.

Así que a veces con las pantallas simbolizamos muy bien que hemos asumido nuestra “derrota” en este sentido… y reforzamos por tanto la sensación de lo inasumible que nos resulta poder siquiera imaginar que “cambiamos de estado”, desde uno separado, al estado de unidad.

Para ir, por cierto, quitándole hierro a dicha sensación…, a este cambio de estado… ya hemos visto cómo nos preparaban los primeros capítulos del libro, donde, en el capítulo 10 y el 13, teníamos sugerencias sobre nuestro “ser espiritual”, sobre nuestra percepción inocente de lo que tenemos de propio, de nuestro, como espíritus que somos todos dentro de los demás… dentro del espíritu de cada “otro”, de cada otra persona (13)… o bien nuestro “ser mental” (10), en una mente unificada que contiene de cierta manera todo.

Así que, en nuestro ejemplo de las pantallas… vemos a menudo, aunque no siempre, que parece como que nos entregamos plenamente ahí, en la experiencia de las pantallas, a una especie de cortocircuito… sobre todo quizá cuando estamos solos.

Nos hundimos en pantallas, en un sucedáneo de eternidad “fuera el tiempo”… para reforzar nuestro estado separado, para reforzar el sistema de la separación: “somos el cuerpo”, “el cuerpo manda en nosotros”.

A menudo, apoltronados ante pantallas, parece que estuviéramos idolatrando solamente todo eso.

Al desunirnos con respecto a nuestro “Yo en unidad”, nuestro “Ser en Unidad”…, nos hemos sentido huérfanos…, y claro, hemos creído que el único refugio era el cuerpo, la creencia en que el cuerpo era nuestro hogar.

Y esto parece habernos instaurado dentro de un bucle o círculo vicioso muy fuerte, reforzando quizá mucho “más de la cuenta” nuestro estado separado.

Y, para estar plenamente en un estado separado, nos hemos inventado un concepto de aprendizaje que se relaciona con la lucha esforzada y sus sufrimientos, pues esas parecen haber sido nuestras guías en la separación, una vez que solo vemos cuerpos y más cuerpos, cuerpos en competencia potencialmente eterna… dentro de una especie de “exterior sin interior”, de mundo “solo exterior”.

Y esto es quizá lógico, claro está…, al estar identificados con un cuerpo donde tantos “trabajos” parecen ser necesarios para mantenerlo frente a una multitud de otros cuerpos que acechan para conseguir lo mismo.

Y es que no por nada quizá todas las historias de zombies parece que no hacen más que sacar a la luz el fundamento del concepto que tenemos de este mundo (en un extremo)… del mundo en tanto que separado…, en tanto que estamos completamente en el delirio de la separación total 🙂

Así que hemos de tener claro que “no sabemos aprender”.

Todo avance real se derivará de aprender el nuevo estado de Unidad… un estado que ya está ahí esperándonos desde siempre… donde tenemos ese espacio cuidado y reservado desde siempre… pero que necesitamos recordar aquí, en la separación…, para que esta separación se pueda transformar.

Esta es nuestra tarea aquí… es el “plan divino”.

Nuestra tarea es aceptar la integración de mente y corazón, aceptando milagros.

Y al aprender a “aprender en unidad”, transformaremos por completo (y personalmente, cada uno) el concepto de aprendizaje, lo dejaremos desfigurado hasta que en realidad desaparezca.

«El hecho de que te abstengas de desear algo plenamente aquí es lo que hace que esta existencia sea tan errática y caótica. Que la mente y el corazón estén en conflicto es lo que te impide desear algo plenamente, y, por tanto, lo que te impide crear.

» 18.15 En consecuencia, nuestra meta debe ser la integración de la mente y el corazón para que puedas crear un estado en el cual sea posible experimentar la unidad. Obviamente, esto depende de ti. Así como elegiste crear un estado de separación, ahora debes elegir crear un estado de unidad.»

VIII. capítulo 19

En este capítulo, el espíritu de nuestra Unidad de Amor habla de lo esencial sobre la vida de Jesús.

«19.8 Déjame referirme brevemente al papel que cumplí para que puedas comprender mejor el papel que te aguarda a ti. Vine para cumplir las escrituras. Lo que esto significa es simplemente que cierta comunidad había sido conducida a esperar mi llegada. Me esperaban con expectación, así que lo que hallaron en mí fue lo que esperaban hallar. Aquello que mis hermanos y hermanas vieron en mí me permitió ser quien fui, aun estando en forma humana. En verdad te digo que si tú contemplaras a cualquiera de tus hermanas y hermanos hoy de la misma manera en que me consideraban aquellos que esperaban mi nacimiento, ellos también recordarían quiénes son. Este es el papel que te pido que aceptes para que puedas dar a otros lo que me fue dado a mí.»

Aquí habla más personalmente, por tanto, ese espíritu que dictó este tipo de cursos, y que “conoce” o abarca la vida de Jesús, y que tiene digamos que pleno permiso para utilizar o saber de esa vida…, es decir, para utilizar ese gran símbolo vivo y de cierto modo “muy revisitable” que es esa experiencia de la “encarnación” de nuestra unidad de Amor, de “Cristo”, de nuestra “consciencia crística”…, personal y plenamente encarnada en aquella experiencia que preludiaba las que cada uno a su manera tenemos que ser ahora (que es lo único que realmente “cambiará” el mundo).

Vemos pues que ese espíritu habla más personalmente aquí, y recordemos que a la receptora, a Mari Perron, le habló de una forma muy directa, dictando este texto tan largo en su mente.

Es decir, que este espíritu puede muy fácilmente hablarnos dentro, de forma muy suave, sin necesitar de trances ni de estados excesivamente diferentes “de consciencia”, sino solo del efecto de “nosotros en unidad”…, de ponernos en el estado de unidad… ese estado que a Mari se le daba periódicamente sobre todo para recibir el curso de amor (otra receptora más, que se encontró sin querer con este curso, como le pasó a la receptora del curso de milagros).

Entonces, aquí en este capítulo 19, se nos invita a pedir el estado de unión, que se nos concederá igual que se nos concedió el de separación cuando lo pedimos.

Para poder aceptarlo, debemos realizar algunos ajustes.

Y necesitamos tal estado para repetir, con los demás, con cualquier otro humano…, el mismo gesto o la misma actitud que recibió Jesús en su vida: la de esperar de él lo mejor.

Vemos que simplemente estamos otra vez detallando aquel “amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

Pero, como decíamos, necesitamos ajustarnos para poder ser “conscientes”, para sintonizarnos, con “la respuesta” que es ese estado de unión.

Así, para ello, termina hablando de que permitiremos que, desde dentro de nuestra mente, se dé una revisión de nuestra vida para reintegrar mente y corazón.

Es esta una revisión que no contiene juicios, una revisión sentida…, en momentos de calma, de meditación quizá, o quizá usando técnicas de respiración, etc.

Y terminará hablando sobre cómo nosotros mismos creemos que nos podemos exculpar a nosotros mismos…, que nos podemos quitar la culpa a nosotros mismos, lo cual era uno de los objetivos de nuestra división entre mente y corazón… y lo cual prolonga nuestro estado separado, gracias a alimentarlo con esa ficción de la auto-redención, que termina reforzando la culpa, el conflicto.

De ahí la importancia de que la revisión que haremos de “nosotros mismos” se dé de otra manera…, para que no se dé con juicios de nuestra parte, juicios que nos exculpen artificialmente y refuercen el estado separado.

Por eso estamos ya en el capítulo 19, habiendo intentado limar en los anteriores el concepto de “yo separado”… para dejar que la labor de entregar nuestra percepción al Espíritu Santo se pueda dar sin nuestra intervención en el resultado, pues solemos aplicar pensamientos propios en nuestro propio auto-perdón artificial.

De ahí la importancia a veces de cualquier práctica que nos exponga, que nos deje expuestos… con la cual fortalezcamos esa actitud de “es posible pedir y recibir estado de unidad”… esa oración o petición que ahora tanto miedo nos puede llegar a dar… ahora que ya sabemos que sí nos puede llegar.

Cualquier práctica puede valer, prácticas que nos ayuden a convencernos de la posibilidad de la unión con algo más grande, con algo que se encarga “de todo” sin la intervención de nuestros pensamientos inerciales… expresando en esa práctica, pues, nuestra voluntad de unión o de entrega… de entrega a “algo más grande”, a algo que abarca a varios.

Y lo más “barato” y omnipresente que tenemos en este sentido a mano, en España, desde donde escribo, es la confesión cristiana, donde nos entregamos a revisar sin juicio (ya que ese es el objetivo de una buena confesión, “que Dios se encargue de todo”)… nos entregamos a ser liberados de todo ese peso inconsciente de nuestros “errores”, ese peso que a veces guardamos intensamente con una sensación inadvertida de enorme culpa. Nos entregamos, pues pero sin la intervención de nuestros juicios.

Eso es lo más digamos barato y omnipresente ahora (esto y la mera amistad espiritual o “dirección espiritual”)… pero obviamente tenemos cualquier terapia o similar que termine funcionando en ese mismo sentido de “entrega” y rendición a algo más grande (constelaciones familiares, renacimiento, terapia regresiva, meditación, etc.).

Este capítulo continuaba hablando algo más de esa experiencia prototípica del “Hijo” en Jesús… una experiencia que como dijimos vamos a repetir, cada uno a su manera, aquí (pues recordemos aquel “mantra” del capítulo 32: somos una sola relación, cada uno a su manera, con todos y con todo; lo somos ya, aquí y ahora. Y es en ese “una sola relación”, en “el Cristo en ti”, donde reside nuestra cualidad de “únicos”, nuestra unicidad… y no en el “especialismo” que es lo que aquí inventamos para esconder el conflicto o error original con el que vinimos a crear en separación):

«19.9 Cada uno de tus hermanos y hermanas es tan santo y tan amado por Dios como yo. ¿No puedes ser testigo de que son los amados de Dios así como, hace mucho, otros fueron testigos de que yo lo era? Hasta ahora no lo has podido hacer porque deseabas ser especial y que otros pocos fuesen especiales, en vez de que todos fuesen amados. Mas tal vez ya estés preparado.

» 19.10 El yo separado no puede volver a aprender la unidad excepto a través de la unión. Aquí, la unión se logra en la relación. Contemplar a tus hermanos y hermanas tal y como me vieron a mí aquellos otros hace mucho tiempo, es la forma de lograr una relación de orden superior y de reaprender la comunión, el lenguaje del corazón. Por ello, se te pide que experimentes el espíritu de tus hermanos y hermanas en vez de relacionarte, como lo has hecho siempre, simplemente con sus cuerpos. Yo no fui visto como un cuerpo por aquellos que creyeron en mí, aunque tuve un cuerpo que me ayudó a aprender, del mismo modo que tú.

» 19.11 Mi testimonio anunció tu llegada, así como las escrituras anunciaron la mía.»

Vemos que la voz dice que se nos pide relacionarnos con el espíritu del otro… que es en realidad el mismo que el nuestro sin ser iguales, como vimos en el capítulo 13.

IX. capítulo 20

Debido a nuestros profundos sentimientos de “amor perdido”, anclados en la creencia básica de que el amor se puede perder (una creencia profunda e “inconscientemente” anclada…: el error original…)… debido a eso, vamos incorporando todas las creencias del sistema de la separación, del “ego”…, plasmadas en la experiencia que tenemos de nuestro cuadro familiar o social.

Para ello nos vamos además apoyando en una interpretación sobre el cuerpo, y sobre nuestro habitar en él (una interpretación contraria al “Abrazo del Ser”, al Abrazo o Unidad que vivimos más o menos al leer este capítulo 20).

Esta interpretación, claro está, refuerza el sistema del ego, el de la escasez, de la carencia… en una serie de profecías autocumplidas que vamos descargando, medio inconscientemente, a lo largo de la vida… ayudados del programa-mundo –es decir, del programa “anti-milagros”.

Así, en este capítulo 20, el del Abrazo… tenemos propuesta una especie de meditación o experiencia “a la contra”…, una propuesta de bajar Adentro…, a ser acompañados por el espíritu personal que siempre nos acompaña… y como apoyo a todos los capítulos anteriores… en una apoteosis vivida de la experiencia de unión, desde la cual nos iremos extendiendo o apoyaremos la extensión de nuestro ser desde el sistema de creencias contrario al del ego…: el de la Unidad, la unidad de amor, desde donde reconocemos la base de abundancia que siempre hemos tenido actuando… como núcleo incondicional de nuestro ser.

Con el ego, en un extremo, podemos tener abundancia enorme de “sus cosas”, que son un tipo de experiencia del mundo, un tipo de ideas-fuerza: abundancia infinita de “escasez”, abundancia de “separación”…
…pues así somos, así es el poder del corazón, de nuestro centro… al apoyar ese sistema de creencias incondicionalmente.

Allá donde pongamos el corazón… eso será lo que vivamos, abundantemente.

Y solo importa de entrada aprender a felicitarse por la creación…, responsabilizándose… y si hace falta, de cierto modo, “bailando con el mal” un cierto tiempo.

Luego, además, si juzgamos nuestra experiencia… prolongaremos el ciclo de creación en que estemos (y cada vez seremos más reacios al cambio perceptivo que involucra el milagro…).

Si juzgamos nuestra “escasez” (escasez de lo que sea), como algo malo… en vez de simplemente querer retirarnos de esa vibración con toda la Inocencia que podamos… si juzgamos, pues, esa enorme “abundancia” que es nuestra mente en su capacidad de creer y “crear” experiencia desde lo que cree (creyendo y experimentando por ejemplo “escasez”)… seguimos perpetuando un ciclo antimilagroso.

X. capítulo 21

Nada real puede ser perdido.
Nada irreal se ganó nunca.

En esto reside la paz de nuestra Unidad de Amor, del Hijo Único de Dios, donde cada uno somos indispensables y donde ya lo somos Todo, cada Uno a Su Manera, en una Sola Relación Santa que cada Uno es con todos y todo a la vez.

Como vemos, este y todo otro curso o texto nos lleva a que conozcamos el Amor de Dios, ese amor que no es de este mundo pero que es nuestro ser más íntimo, que no podemos perder… nuestro Yo en Unidad de amor… una única relación plena ya existente y que abarca a todos y todo (y que busca su manifestación, como relación plena, a través de las sombras de este mundo).

Una vez ahí, en el Abrazo (poco o mucho… recordado o recientemente vivido…) se nos intenta acompañar para que marchemos por la vida desde ahí, desde ese lugar sin lugar… desde un amor que siempre es libertad… pues ni siquiera somos el cuerpo, tal y como ya empezábamos a intentar sentir en el capítulo 10.

Ese acompañamiento tratará -de aquí al final de este primer libro- tratará de reforzar, con conceptos “no-mentales”, la experiencia del Abrazo, la del anterior capítulo.

Se tratará de construir a partir de ahí un nuevo lenguaje que podamos sentir plenamente con el corazón y que incluya a la mente, para facilitar salir de la situación que describe aquí en el 21.

En este capítulo se dice esto sobre el lenguaje:

«… la raíz del conflicto entre la mente y el corazón está en el hecho de que el lenguaje viene determinado por la percepción…»

En el lenguaje automáticamente separamos lo percibido de quien lo percibe, cuando sin embargo solo hay una relación interior, sagrada, que es lo único real.

En esa labor de separación, tan inconscientemente inscrita en el lenguaje, en sus usos habituales…, vamos separándonos a Nosotros Mismos del significado real de todo… que es solo Amor.

Vamos reforzando el sistema de pensamiento de la separación, y su miedo.

Así, dividimos el significado.

El párrafo anterior, citado ahora más completo:

«Aunque la raíz del conflicto entre la mente y el corazón esté en el hecho de que el lenguaje viene determinado por la percepción, este conflicto también existe debido a un motivo adicional. Se trata de un problema de significado. La mente y el corazón interpretan el significado de maneras diferentes. […] Observas que hay dos modos de ver una situación, incluso aunque no los etiquetes como “el de la mente” y “el del corazón”. Y aceptas el conflicto de este dualismo. […] Actuando sin unidad, como si fueses dos personas que actúan de acuerdo a diferentes realidades en la misma situación, el conflicto es inevitable.»

La mente nos puede hablar, por un lado, con las creencias de la separación y su sistema de escasez (“para que alguien tenga algo, alguien tiene que perderlo”… “para ser amado, alguien tiene que perder amor…”)…

Pero nuestro corazón ya sabe desde siempre que “el amor es”, que solo puede extenderse, y que todos pueden sentir que “ganan” si se unen a Ellos Mismos y con Otros, EN OTROS y CON OTROS en unidad… pues nada real puede ser perdido.

Entonces, este capítulo seguirá hablando un poco más del significado… pues estamos doblados y doblegados por mini-conflictos “morales” de todo tipo… doblegados por la división entre:

– lo que por un lado creemos que nuestro mundo quiere que hagamos y seamos…

– lo que sentimos que podemos y debemos hacer y ser… :

«En circunstancias extremas se habla de conflicto moral. Por ejemplo, un individuo sabe qué es lo que sería “correcto” hacer y, sin embargo, actúa de acuerdo con lo que es aceptado dentro de su comunidad. En ejemplos así se considera que el significado interior y el exterior de una misma situación son diferentes. Es relativamente fácil ver que esto es lo que ocurre en esas circunstancias extremas, pero es una situación que se dará constantemente y en cada ocasión hasta lograr la unidad. »

Así que la maniobra hacia la que nos dirigimos y que se realizará en nosotros a más tardar en el libro 2 del curso (tras este libro primero, que es como de “purificación” de nuestra percepción… para dejar de sentir que el amor solo tiene que ver con el dolor)… la maniobra es la de lograr un cierto reconocimiento de la Unidad de Amor.

Esto es delicado… puede serlo… pues se trata de dejarnos mover y guiar (en nuestra mirada, en la comprensión, en nuestros actos…) por algo -el Amor, la verdadera Libertad- que es algo que no solo no está separado de nosotros, sino que ES el centro de nuestro ser… aunque podría parecernos lo más separado del mundo si lo pensamos… si lo afrontamos con mente y corazón separados.

Y ya vemos cómo este capítulo nos dice que vamos dificultando esa reunión de mente y corazón al aceptar, en el mundo, diferencias de significado interiores y exteriores.

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