Nuestra siguiente semana con UCDA: repaso (V)   Leave a comment

imagen corazón en círculo[Anterior entrada de repaso del primer libro de Un curso de amor (UCDA)]

Ahora viene una nueva etapa de este tipo de entradas del blog, en las que íbamos comentando los capítulos del curso de amor.

Estas páginas serán más “personales”, y quizá alguien se nos sume alguien aquí o en facebook a comentar.

Ver el índice de entradas para encontrar el texto completo de UCDA, y por capítulos (punto 5).
Y ver ahí en el punto 4 una lista con los enlaces a estos comentarios.
Para aprender a usar ese índice de entradas, podemos utilizar esta otra página, que contiene las instrucciones de uso.

¿Cómo nombraremos las citas de los párrafos y capítulos?

A partir de ahora nombraremos así los capítulos del primer libro:
C:1 (que sería el capítulo 1), C:23 (el 23), etc.
Y cuando queramos añadir el número de párrafo:
C:23.10 (el párrafo 10 del cap. 23).

Nombraremos así los capítulos de los tratados, del segundo libro:
T1:5 (tratado primero, cap. 5), T4:11 (tratado cuarto, cap. 11).
Y cuando queramos añadir el número de párrafo:
T4:11.5 (párrafo 5 del capítulo 11 del cuarto tratado)

¿Cómo citaremos los textos?

Todo lo que se halle en letra negrita o por ejemplo subrayado dentro de una cita, es nuestra aportación, porque el texto del curso prácticamente solo contiene subrayados en cursiva.

Repasaremos todo el primer libro (con su introducción, preludio y los capítulos C:1 al C:32), teniendo en cuenta algunas claves, y también a veces teniendo en cuenta alguna parte del principio del segundo libro (T-I), que iremos leyendo y practicando (en lo que llama “arte del pensamiento”, hasta “fundirnos” con ese modo de “estar en el mundo”).

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I.  capítulo 22
II. capítulo 23
– III. capítulo 24
– IV. ¿qué es el error?
– V. capítulo 25
– VI. capítulo 26
– VII. capítulo 27

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I. capítulo 22

Vamos a recurrir a la imaginación, pero de conceptos que toquen a nuestro corazón… como ha dicho en el anterior capítulo 21.

En este capítulo 22 de cierto modo vamos a darle “vida imaginativa” a la expresión: “no hay nada fuera de ti”.

Cuando nos encontramos con algo y alguien, y resulta que además estamos interiormente “en el ego”, con el “ego” como sistema de pensamiento de la separación…, entonces somos divididos por los encuentros…, nos dejamos dividir por la idea de que aquello con lo que nos encontramos está fuera de nosotros.

Nos encontramos con otro y pensamos que aquello que tenemos en común nos deja a nosotros incompletos.

Así, creamos ocasiones donde retenemos en realidad lo que no se puede retener, ya que en el fondo no significa nada: el miedo.

Pero para que nos podamos permitir sentir que realmente no significa nada, hemos de dejarlo pasar, dejarlo atravesar.

Dice en 22.9:

«es en el pasar a través donde el significado ocurre por sí mismo.»

Nos debemos dejar atravesar por los miedos, vengan de donde vengan en apariencia… para que se puedan ir solos, en su intrínseco “no significar nada”.

Si retenemos miedos por nuestra cuenta…, por ejemplo al pensar que algo se nos puede quitar en un encuentro (donde entonces nos habremos identificado con cuerpos), etc…., entonces, estaremos dando significado a algo que en el fondo no lo tiene…, y lo estaremos conservando, el miedo… lo estaremos reteniendo, y por tanto, al final, lo tendremos alojado como resentimiento, como resentir, como remordimiento, etc., etc…., y terminará “creando” todo aquello que pensamos que en el fondo ya no queremos: los efectos del miedo, es decir, tristeza, impotencia, cansancio vital, etc.

El resorte automático es, con el ego, un “no dejar pasar”…, un alejarse de ello por nuestra cuenta (habiéndole otorgado el sentido por nuestra cuenta a esa sensación)… y, por tanto, lo normal es no dejarse atravesar.

Y para ello, nuestros pensamientos por ejemplo podrían ser como estos: “ya bastante tengo con los míos, con mis miedos”…, “ya tengo de sobra con lo mío”…

Si ocurre que, cuando algún tipo de miedo “pide paso” a través nuestro…, nosotros (como es lo usual, lo automático) activamos la separación… es decir, si activamos el sistema de ideas de la separación…, entonces, estaremos encontrándonos con alguien o algo de una forma tal que quedamos así como divididos por el encuentro… separados de nosotros mismos, de nuestro ser… por ese encuentro, ya que habríamos utilizado un miedo que podríamos haber dejado pasar… lo habríamos utilizado para reforzar la idea de que hay alguien que está separado de nosotros, alguien o algo.

Así, en vez de identificarnos en el Todo que somos como relación plena con todo (una relación también personal, pero de una manera que no imaginamos desde nuestro mini-yo “personal”…), en vez de ser la relación santa o sagrada que ya somos… nos identificamos con el “pequeño yo”, con el mini-yo, el poco-yo.

Si ese “otro” con el que nos encontramos creemos que es alguien o algo que está realmente fuera de nosotros…, entonces, protegemos el miedo, impedimos que salga y que atraviese y se recoloque o disuelva en su “mundo sin significado”, ese mundo sin significado que sería en realidad “su mundo”… el “lugar” del miedo…, en teoría: un lugar sin significado real… solo para jugar, como hemos hecho en nuestro juego de reacciones frente al amor (fabricando así miedo)… un miedo que por tanto es algo simplemente a ser albergado por nosotros sin darle ya importancia… pues ya no queremos seguir fabricando miedo.

Así que nosotros sabemos que tenemos también miedo, que somos unos seres por los que eso sucede… y, sin embargo, en un encuentro dado concreto, hacemos que ese miedo particular, concreto, nos separe… hacemos que sirva para, en ese momento muy concreto, reforzar la separación… permitiendo y reforzando la idea de que estamos separados.

En ese momento tan concreto, con un miedo a veces tan enorme, nos resulta quizá difícil no rechazarlo. Nos resultará difícil ejercer el verdadero “rechazo”, la verdadera limpieza… que sería el “dejar pasar a través” que es el tema de este capítulo 22.

En realidad el miedo siempre estuvo en cierto sentido “fuera” de nosotros, fuera toda Persona… pues nosotros somos “núcleo de amor”…, y el miedo no puede entrar ahí… el miedo siempre estuvo como en juegos de “no-ser”… juegos a ser contemplados como eso, jueguitos…

El miedo siempre habría sido la capa exterior de todo lo real… pero, al rechazarlo mal, lo hacemos interior y lo hacemos real (ilusoriamente real)… para con ello “reforzar separación” al no dejarlo “pasar a través”.

Hacíamos pues real el miedo… reforzando nuestras creencias en la separación.

Y dice:

«La intersección suele considerarse como una división en vez de una relación. Las ilustraciones que acabamos de utilizar, en cambio, se concentran sobre la idea de atravesar en vez de dividir, y ayudan a mostrar que incluso aquello que está dividido por la intersección permanece entero.»

Es como que nos intersecamos con algo, pero pensamos que en la intersección se nos puede dividir en vez de dejarnos enteros y más llenos por haber permitido dejarnos atravesar por algo, y que así el significado se dé por sí solo…

Frente a eso, cita ejemplos visuales (eje, cebolla, aguja y tela…) donde más o menos poder ver que:

«la colaboración crea algo que antes no existía, proveyendo con una función y con un propósito a cada uno de los participantes.»

Y en 22.11:

«Por un momento puedes pensar en el eje como un canal por donde se derrama la eternidad, y en el corazón pleno como aquel que permite el libre paso de todo aquello que es provisto.»

Al permitirnos ser con un corazón pleno…, al permitirnos ser plenamente ejes “neutrales” por donde se pueda derramar eternidad… es como si dicha eternidad pudiera dejar todo “recolocado”, resituado… dándose por sí solo el significado, el sentido.

Si nuestro corazón es pleno, vamos teniendo menos miedo de dejarnos atravesar… pues nos reconocemos como “eternos”…, gracias a que ese eje que somos es un canal de paso para la eternidad… la cual nos invita a unirnos, en cada pase.

Y así, entonces, ya no usaremos esas capas que somos, esas capas de nuestro ser, ya no las usaremos para proteger nuestro corazón negando por nuestra cuenta lo que sucede… negando cosas para que estas se queden al final estancadas entre nuestras capas… en los estantes de nuestro ser… reforzando el mini-yo.

Se quedan ahí estancadas debido a que creemos que somos los “dadores de sentido”, a que creo que soy “yo” quien tiene que darle “individualmente” el significado a todo, por mi cuenta.

Y claro, así hacemos que los encuentros no sean intersecciones productivas.

Como en los encuentros no hemos encontrado nada… pues forzamos el sentido por nuestra cuenta a muchas cosas (en nuestra inercia miedosa…)… entonces, al vernos con esa carga (el del falso yo personal, el mini-yo, el yo separado)…, con la carga de tener que darle el sentido por nuestra cuenta a todo… entonces, hemos almacenado las cosas, y por tanto nos hemos dividido, utilizando los encuentros para ello…, creando una parte separada dentro de nosotros, el yo separado… y que podríamos llamar “la memoria falsa”… donde almacenar las cosas para cuando les encontremos el sentido.

Y así nos hemos cargado de cosas que arrastrar y cargar.

Todo eso es “memoria falsa” porque está estancado en un limbo de “no relación”, en un limbo ilusorio, donde, en cada uno de esos encuentros donde no encontráramos el sentido pensando que teníamos que darlo nosotros por nuestra cuenta… en cada uno de esos encuentros… nos inventábamos una idea falsa: la no-relación.

Pero nosotros mismos solo somos relación…, y solo existe la relación que, como el amor, simplemente “es”.

Nos llenamos de cargas a arrastrar al reforzar esa idea de que: “no hay relación con algo o alguien”, cuando, sin embargo, ya somos una relación con todo y todos a la vez, y ella sería lo único real y lo que verdaderamente nos da nuestra unicidad, en tanto cualidad de “ser únicos”… es decir, lo que verdaderamente nos da nuestra verdadera “Personalidad”… aunque ahora nos va a parecer en principio muy impersonal (como comentará en este capítulo en la cita fundamental del final).

Diríamos que la “relación” con el miedo sería de otro tipo que la relación que podamos tener con todo, ya, desde nuestro “un solo corazón”… desde nuestro “un mismo espíritu en todos” (aunque no igual)… desde ese espíritu que en el fondo somos todos.

Con el miedo, en tanto que es una “nada” a permitir que se resignifique sola… con el miedo… parece más bien que no tenemos una relación, sino que potencialmente podríamos “acogerlo” sin estancarlo… pues nosotros lo “creamos” para, en cierto modo, oscurecer nuestro núcleo de amor.

Así, ese miedo podría ser simplemente mantenido en “su jaula”, su mundo, y verdaderamente acogido en el “sin sentido” que es, y no falsamente estancado creando dolor en nosotros al pensar que tenemos que dar sentido a una cosa que simplemente podría quedarse como oscuridad a ser acogida o disuelta por la luz.

Pues:

«Lo que pasa a través de ti es transformado por la relación contigo del mismo modo en que tú eres ciertamente transformado por la relación con ello.»

Como resulta que nosotros, en la “Una Sola Mente” que somos… como resulta que nosotros, en algún momento, con esa Mente, hemos fabricado el miedo (de cierto modo al reaccionar frente al amor… para experimentarnos como “no amor”…)… nosotros… al dejar pasar el miedo y ser transformados por la relación con él… entonces lógicamente nos quedaríamos transformados en “puros creadores”.

Es decir, transformados en seres que se reconocen como plenamente responsables… y el miedo quedaría acogido como la nada que es… en un rincón, ya no tanto “estancado”… sino simplemente acogido como aquello que nos ha vuelto a dar nuestra sensación de “creadores” responsables… ante aquello que era nuestra creación, nuestra criatura… pero a lo cual ahora ya no nos toca darle su sentido… y permitiremos que la eternidad la recoloque en su pasar a través del eje que somos y de las capas donde verdaderamente poder permitir que el sentido se dé solo a partir de esa eternidad que fluye.

«Comienza a imaginar que tu vida pasa a través de ti en vez de quedarse detenida en la intersección para que la examines. Comienza a imaginar que ves el mundo sin el énfasis en tu yo personal. Comienza a formar frases y a contar historias sin usar el pronombre “yo”. Al principio esto parecerá que despersonaliza tu mundo y lo hace menos íntimo. Te parecerá que eludes cierta responsabilidad primordial, la de asignarle significado a todo. En vez de resistirte a esto, esfuérzate por dejar de asignar significados. Comienza de forma simple. Ve de lo general a lo específico. Por ejemplo, cuando sales de tu casa por la mañana sueles pensar: “qué día tan lindo”. Lo que dice esta expresión es que has interiorizado inmediatamente lo que te rodea y lo has juzgado. Es un día lindo “para ti”. El día tiene todos o casi todos los requisitos que consideras que lo convierten en un día placentero. Reemplaza dicho pensamiento por otros como: “el pasto es verde; los pájaros cantan; el sol es cálido”, como en un simple informe.

» Cuando se te pregunte: “¿cómo te fue hoy?”, responde hasta donde sea posible sin usar la palabra “yo” o “mi”. Deja de referirte a las cosas o las personas desde el punto de vista de la posesión, como “mi jefe”, “mi esposo”, “mi coche”.»

II. capítulo 23

En el capítulo 23 va a seguir insistiendo en el papel posible para la imaginación, en cuanto a facilitar nuestro desaprendizaje… el desaprendizaje de nuestras creencias antiguas…, las del sistema del ego: “si alguien gana, alguien tiene que perder”… etc.

Aquí abordamos muy directamente de nuevo el hecho de que hemos usado el cuerpo para proteger el miedo (en vez de para sentirnos en unidad y relación).

Hemos usado el dato “obvio” de la separación para proteger el miedo que conlleva la creencia en que somos un “yo separado”.

Lo que habitualmente pensamos, en este mundo, es justo lo contrario de lo real…, pues la realidad es muy diferente: las FORMAS resultan de las CREENCIAS, no al revés.

Fabricamos literalmente las formas creyendo creencias.

Luego, estas formas pasan a ser las depositarias de las creencias, en el tipo de inercia que despleguemos…, en un continuo temporal más o menos fuerte, como es el continuo que parece haber en estas tierras densas.

En este mundo, por tanto… creemos muy intensamente en que la creencia deriva de la forma. Creemos muy fuertemente que las formas producen las creencias.

Y esto sería un ejemplo superficial: creemos que es antes por ejemplo la FORMA de un “partido político”…, creemos que es antes la FORMA institucional, antes que sus creencias.

Una vez institucionalizado algo, lo que sea…, parece que nos olvidamos muy fácilmente de que su surgimiento vino, por así decirlo, del mundo de lo inmaterial.

Su surgimiento vino “de la nada” 🙂 …, pues primero vino la creencia, la ilusión de compartir ciertas ideas a raíz de algún acontecimiento o de algún tipo de cambio, de trastocamiento, en la profundidad de las relaciones humanas y no humanas –un cambio muy “vivo” o muy fuerte.

Tras eso, viene la forma, la institución.

Es muy fácil ver cómo los políticos profesionales (esa gran aberración) defienden sus grupos diciendo que son instituciones que “llevan mucho tiempo”.

No existe, quizá, por cierto, nada más terrible que “compartir ideas”, en el sentido en que los grupos usan la palabra “ideas”.

En vez de compartir objetivos concretos, compartimos “nada”… pues esas ideas generales ya no hacen vibrar a nadie, normalmente. Así, no compartimos objetivos concretos con los que experimentar unión aquí y ahora… con algo que se pueda sentir profunda y concretamente… y que quizá se pueda evaluar, e incluso tras poco tiempo… comprender y contrastar.

En vez de eso, se comparte un modo ciego de “hacer masa”, de un modo muy extraño… en un cierto modo de “hacer nada”.

Sobre esto ya hablábamos en otro lado (donde todo es como si de cierto modo el problema estuviera en la confusión entre ideas e ideales… y una mala comprensión de lo que significan los ideales).

Así, las personas que en un momento dado defiendan esa nada, o que defendíamos (pues casi todo el mundo ha sido, mucho o poco, “hombre masa”)… quienes defendamos “una idea vacía”… ya no tendremos que pensar realmente… ya no tendremos que revivir de alguna manera el surgimiento de cualquier institución.

Es decir, ya no hay que pensar en nada, pues “pensar” sería de cierto modo “revivir”…, redigerir una “memoria muerta”… para que la Luz nos renueve a través de nuestra apertura a “revivir” algo.

Nosotros, por cierto…, con cualquier “espiritualidad”… lo que queremos es revivir nuestro propio surgimiento como Luz y a partir de la Luz… como Origen… como espíritu creador más allá de las formas. Y eso fertiliza o a la larga armoniza todos los aspectos de “la vida normal”.

Así de simple.

Y es que en el caso de los partidos políticos estatales, los partidos de masas pagados por el Estado (esa aberración), todo pareció derivarse de ideas muy miedosas sobre el control de masas, etc., surgidas de ciertas élites que venían diseñando los países europeos tras la segunda guerra mundial.

Así que esta es la manera de proteger el miedo: recurrir a la falsedad de respaldarse en las formas y en el tiempo.

Entonces, parece que solo “sintiendo amor” (mientras vamos purificando nuestra asociación del amor con el dolor, mediante todo esto que estamos diciendo sobre la Relación y otras cosas, en este curso de amor)… parece que solo sintiendo amor…, podremos atrevernos a CREER de otra manera y, por tanto, a “sostener” otra clase de formas.

De hecho, sabemos que algunas revelaciones nos dicen que, cuando llegamos a un estado grande de liberación de creencias… pocos de nosotros elegimos seguir en cuerpos como estos…, una vez totalmente liberados de ellos.

Mientras tanto, la libertad del cuerpo puede ser plenamente sentida, podemos resucitar plenamente… aunque aún estemos en tierra… es decir, aunque aún no estemos ante esa elección más “definitiva”…, como es la opción que parece derivarse de la salida definitiva de este modo de experimentar un continuo temporal como el que tenemos en esta tierra “tan densa”.

Nuestra tradición católica habla de “cuerpos gloriosos”… de una cierta “resurrección de la carne”, donde, como podemos imaginar desde nuestras revelaciones complementarias… parece que en realidad cabría de todo allí, en esos “cuerpos gloriosos”.

En ellos cabría pensar que, al final, entraría todo tipo de vivencia…, es decir, todo tipo de “sistema de realidad”.

Y, por cierto, como sabemos…, esos “cuerpos gloriosos” pueden ser de cierta forma “preludiados” en la tierra, anticipados o “preludiados” en gran medida aquí…, en nuestra estancia terrestre, ya que para eso habría tenido lugar el acontecimiento de aquella variada “demostración” de las posibilidades de la resurrección que debió hacer Jesús, como semilla crística definitiva para este sistema de realidad.

Así que entre otras cosas podemos liberarnos literalmente de muchas “necesidades corporales” que, en algunos casos, y quizá según las personas…, son necesidades que no podríamos “vivir de forma inocente”…, es decir, que son “necesidades” con las que, por el motivo que sea, alguna gente no podrá convivir una vez alcanzada cierta “descreencia”, una vez alcanzada cierta conexión con la Unidad…, una vez alcanzada cierta aceptación del Ser que sí somos, en unidad.

Como sabemos, ese “Ser”, ese Yo en Unidad, no es el cuerpo…, sino que, en todo caso, de cierto modo lo alberga… a este cuerpo que de cierto modo lo podemos pensar como antena de recepción de todo un universo (privado)… cuando él, a su vez, se hace contenedor de las creencias que condensamos en él (hasta ahora básicamente el sistema del ego fundado en miedo).

Así que, entonces…, sucede esa “liberación total” de algunas necesidades, como ocurre en los casos donde la reconexión con la Unidad o realineamiento con el Cero se expresa en algunos cuerpos mediante la no necesidad de comer, etc.

Esto que hablamos del yo separado… claro está… es como en el anterior curso, como en el curso de milagros.

Y recordemos que ahora, este, el de amor…, nos puede servir de reafirmación y de cierto “ir más allá” para algunas personas a la hora de incitarnos a hablar de cómo hemos asociado amor con dolor… o a la hora de perdonarnos a nosotros mismos el hecho de haber fabricado todo este mundo de “necesidades”, etc., etc.

Este curso de amor tratará explícitamente de muchas cosas sobre nuestra liberación de la creencia, como vemos aquí anunciado en el capítulo 23.

La imaginación dice que ejercita las facultades combinadas de corazón y de mente. Y claro está que recordamos que eso es lo que íbamos a “reunir”: mente y corazón.

Y entonces:

«23.19 Más allá de la imaginación está la chispa que te permite concebir lo que nunca fue concebido antes. Esta chispa es la inspiración, la infusión del espíritu. Si rebobináramos el recorrido de la creación de la forma, podríamos decir esto: el Espíritu precede a la inspiración, la inspiración precede a la imaginación, la imaginación precede a la creencia, y la creencia precede a la forma.»

También nos cuenta en este capítulo cómo cada situación va a desafiar nuestras creencias, es decir, que toda situación la podemos contemplar como un eslabón más en el desaprendizaje.

Y entonces, así nos habla aquí sobre nuestra actitud de no-apertura:

«Si no recuerdas que estás comprometido con un proceso de desaprender que desembocará en la convicción que por tanto tiempo has buscado, te sentirás puesto a prueba e intentarás tener el control de la situación de aprendizaje [no dejando paso a lo nuevo]. Sin embargo, la clave para desaprender es no tomar el control. Lo que tú llamas “tener el control” es simplemente otra manera de decir “actuar de acuerdo a viejas creencias”. Mientras pretendas mantener el control, las viejas creencias no serán depuradas.»

III. capítulo 24

Dejarnos tocar, o dejarnos atravesar por el mundo… pero desde un estado de Abrazo…, agudizará nuestra capacidad de conmovernos… y así poder “perdonarnos” por haber fabricado una realidad que solo se puede compartir… donde es imposible “estar solo”.

Pese a que el universo nos pueda parecer algo ajeno, enorme, exterior e impersonal…, vamos en dirección a la compasión total, vamos hacia sentir que tener compasión por algo es tenerla con nosotros mismos… ya que solo hay Uno.

Somos un mismo espíritu, un solo latido… aunque luego, el latido que “cada espíritu” es… no sea “igual”.

Es aquella “paradoja” que vimos, y que no es paradoja sino intento de descripción de algo que solo podemos “entender” siéndolo (“practicando”, muy dentro nuestro, con mucha tranquilidad… el capítulo 13, el de la percepción inocente): ser lo mismo sin ser iguales… reconociendo qué conocemos ya del espíritu “del otro”.

Somos lo mismo sin ser iguales… cosa que se ve reflejada en los cuerpos, es decir, en esta imitación de creación… pues, como sabemos, nuestra creación refleja e invierte de cierto modo la Creación:

aunque utilicemos los cuerpos para reforzar el sistema mental de la separación…, el mensaje que este mundo nos envía, visto en su simplicidad, sin interpretaciones… es que estos cuerpos son “el mismo”…, sin ser iguales.

Eso mismo lo sentimos de cierto modo con la personalidad, con “la vibración íntima” de cada cual.

Alcanzando pues esa “personalidad impersonal” (en el amor que todo lo acepta, que todo lo trasciende… en el amor que somos “en Unidad”… en nuestro Yo reunido… completo… en un nuevo concepto y sentido de “amor personal”)… alcanzando esa “personalidad impersonal” que se anunciaba en el capítulo de la intersección… tendremos cada vez más ternura por todo… ya que vamos a sentir que somos literalmente “el todo”… siendo de entrada ese “universo” que ahora nuestro ser representa como “en distorsión”…, representando todo un universo privado que de cierto modo distorsiona “la Creación interior”, para proporcionar la tentación de jugar a no ser Amor.

Y así, vamos a sentir que somos mucho más que ese “universo exterior” que nos presenta fuera una versión de la creación que somos…, en este “aspecto exterior de la Vida”… que nos presenta una versión implorante y que a la vez celebra y nos celebra… que implora por el amor… incitando primero a nuestra ternura.

Al dejar que pase por nosotros “el mundo”… o que circule lo que antes habíamos retenido, lo cual quizá se vea agitado y removido por algo que ocurre o existe “fuera” (pero que ahora no sentimos tan “afuera”)… así… al ejercitarnos imaginativamente en ese sentido del “permitir”… vamos a sentir ternura, anunciando el proceso de desaprendizaje de nuestras creencias antiguas y su automática sustitución por las nuevas (si “practicamos”):

«Estos sentimientos de ternura, pueden ser interpretados como un signo. Te anunciarán que ha comenzado el proceso de desaprender. […]

El tiempo de la ternura precede al tiempo de paz y es el precursor de la compasión.»

Aquel “dejarnos atravesar” lo ha tratado el curso de amor hace poco, trayendo recursos a esa imaginación que vamos a permitir que viva dentro nuestro…, en nuestra mente que antes solo jugaba a “dualidad”… ya que la imaginación concita mente y corazón… concita esa “mente”, en el sentido de “mente intelectual-perceptiva”…, con el corazón… y nos ayudará a salir de la dualidad.

Ahora, en esta llamada de atención del cap. 24 sobre la ternura…, se anuncian los conceptos de los capítulos finales del primer libro (participación como devoción, implicación, atención, presencia…)…, que incitarán cada vez más a esa reunión de mente y corazón, apoyando aquel “uso” de la imaginación:

«Ninguna lección que no toque tu corazón logrará nada. El propósito de las lecciones finales es tanto el de desaprender como el de atravesar el desaprendizaje hacia un nuevo aprendizaje. Estas lecciones deben aprenderse en la vida y por tanto requieren involucrarse con la vida. Este involucrarse es una promesa, un compromiso. Se requiere participación, implicación, atención, estar presente. Esas son las lecciones con las que concluiremos»

IV. ¿qué es el error?

¿Qué es el error?

¿Cómo el error nos lleva al limbo? 🙂

¿Qué es la “experiencia” que llamamos “error”?

El error era usar una experiencia para justificar creencias o para crearlas.

Con esas creencias tapamos mental o intelectualmente el miedo.

Ese es el miedo asociado a ser un “yo separado”.

Al usar la experiencia para justificar interpretaciones perceptivas… mentales… “separadoras”… justificábamos el sistema de pensamiento que tan bien practica o encarna “el yo separado”.

Ese sistema es el que dice que para que alguien pueda ganar algo… algún otro tiene que perder algo… etc.

Así, y con la “obviedad” de que para el ego “somos cuerpos”….así… justificamos la idea de que estamos realmente separados unos de otros.

Cuando, sin embargo, el mensaje, ese “mensaje” por ejemplo plenamente encarnado en el evento de la vida de Jesús, que re-presentó aquí al “Un-Solo-Hijo”…

…ese mensaje…

…fue que todos somos lo mismo, la misma Luz como espíritu… aunque de todas maneras tampoco ahí seamos iguales.

Somos lo mismo… sin ser iguales… al haber sido creados de un mismo Origen (por cierto, claro, un origen virginal, inmaculado).

Entonces, nuestra única tarea es aprender a vernos y a ver en esa luz del Origen… aprender a crear el estado de unidad aquí… gracias a ver al otro como “hermano”… pues compartimos lo esencial de ser hijos de esa Luz.

Cultivando el abrazo de esa luz dentro nuestro (que siempre está ahí dentro, primero como paz…)… cultivando nosotros su paz… puede extenderse el estado de unidad… mirando y buscando esa paz en “otros”… sintiéndolos sutilmente en unidad.

Por eso se nos pedía que fuéramos “la sal de la tierra”… y que fuéramos otra vez como niñitos para poder volver al reino…
para siquiera poder permitir esa mirada que transforma este estado separado en uno de Unidad…

.. esa mirada que nos devuelve, en vida, a la Unidad de Amor personal… cada uno en su “Yo en Unidad”:

Así que el error es usar la experiencia para no “ser uno” con ella…
sino para ante todo justificar al “yo separado”… ese “yo” del que decimos…:

“tiene una experiencia”.

Esa es la famosa “dualidad”… como actitud de la mente… tan fácilmente vivible cuando percibimos… tan inscrita en la misma percepción… como doblez ilusorio entre:
– “la experiencia”
– y “el que tiene la experiencia”.

En vez de que las experiencias nos atraviesen y se otorguen solas su sentido… nos interponemos (con más o menos “orgullo del ego”…)… nos interponemos reteniendo lo que sea…: conservando ofensas…, remordimientos…, etc.

Y así vamos recreándonos en nuestra muerte fisico-“espiritual”… y de cierto modo la vamos fabricando.

Y es que le añadimos tanto morbo a la nada…

Terminamos viviendo enredados en una maraña de ilusiones sobre lo que fue y será… lo que me deben o no… lo que me hicieron y lo que significa eso que me hicieron… que queda todo como enterrado y enredado… y así no practicamos (con o sin terapias y confesores, etc.)… no practicamos la entrega de toda esa maraña que ha hecho de nuestra vida algo en gran parte ilusorio (limbo)

Y luego, si estando en ese limbo metafórico ocurre por ejemplo que morimos repentinamente o violentamente… puede que entonces nos convirtamos en fantasmitas (“almas del purgatorio”, en nuestra tradición).

V. capítulo 25

Nuestro deseo de ser reconocidos por lo que hacemos puede provenir de la sensación de necesitar reafirmar el yo, el mini-yo pequeñito…, el mini-yo que no siente aún del todo que solo hay amor…, y que el amor solo se extiende.

El mini-yo lo tenemos ilusoriamente enfrentado a nuestro Yo en Unidad.

Y como sabemos, es debido a nuestra separación entre mente y corazón… que mantenemos ese enfrentamiento entre el “mini-yo” y el “Yo en Unidad”.

Así que ahora el mini-yo va a ser transformado… al ser nosotros “ajustados” (si nos dejamos)… para poder recibir el estado de unidad y sintonizarnos con el “Yo en Unidad”.

El mini-yo se mantenía en ese enfrentamiento simplemente al estar arrastrando y reforzando creencias.

Esas creencias nacen de experiencias interpretadas.

Estas experiencias fueron interpretadas con el sistema de pensamiento de la separación, del ego, del yo separado, de la escasez.

Eso nos hizo ir reteniendo nuestro ser, que incluye a la vez mente y corazón y se deja guiar por el corazón.

En esa retención, vamos usando la separación o división dentro de nuestro ser (la separación mente/corazón)… al servicio de ese sistema de creencias (del ego): el de la escasez… el de “si alguien gana, alguien tiene que perder”…, etc.

Y así, en cada momento “ahora” lo que hacemos es reaccionar con interpretaciones…, y no respondemos a la experiencia presente como Creación, como Regalo… sino que reaccionamos ante nuestras propias creencias… proyectadas… reaccionamos con y ante las creencias de nuestro mini-yo.

Y es como si reaccionáramos a nuestras anteriores reacciones… en un círculo vicioso que vamos interponiendo frente a la mera experiencia.

El mini-yo vivía aposta en ese “error” para recrear y recrearse en “experiencias” de ese tipo, en experiencias de separación… donde la mente va por un lado y el corazón por otro.

Como sabemos, este tipo de experiencia es del tipo que da lugar a la interpretación llamada “sufrimiento”… es decir, ante una experiencia donde, en vez de unirnos a ella, dejándonos atravesar por lo que sucede… y dejándonos guiar por algo que esté más adentro… usamos la experiencia para seguir “pensando”, para seguir reforzando la ficción de un “yo” que “tiene la experiencia” (en vez de un yo que “es la experiencia”)… y así… podemos seguir separando la mente del corazón, y seguimos tapando ese “miedo original” que depende de nuestro “error original”, el de que “el amor puede ser perdido” — como vimos antes cuando hablábamos del error.

Así, íbamos reforzando nuestra mente separada, con sus creencias… interpretando todo lo vivido con ese sistema de pensamiento de la carencia y la escasez.

Esta interpretación nos parece inconsciente porque está muy enterrada… pero está a flor de piel… pues toda nuestra experiencia está teñida de esto. Mientras estamos “en el ego”, vivimos literalmente en ilusiones… creyendo que nuestra definición viene de fuera… nuestro ser viene de fuera…, vivimos en el error de haber hecho un ídolo de la separación.

Nuestro “Yo en unidad” ya está en todos… y ya es todos… así que suponemos que de él no va a provenir la sensación de necesitar ser reconocidos 🙂 … :

«Pero no busques alabanza o reconocimiento por tus creaciones en esta etapa. Pronto constatarás que la creación no proviene del yo personal ni es para él.»

Buscamos pues preservar un cierto tipo de “yo personal”, pues aquí no se tratará en el fondo de destruir nada.

Este “yo personal” ya no es un “yo separado”… sino que vive en relación y unidad, mecido por la Unidad… pendiente de ella, de la Unidad de amor.

Eso será todo lo que va a quedar reafirmado en el segundo libro, en los Tratados, donde buscamos el reconocimiento de la unidad, donde buscamos reconocer el estado de unidad, e irnos entregando a él… para que lo personal cobre un nuevo significado ahora insospechable… y que ya seguirá siendo por siempre inefable.

Este estado siempre es reconocido de forma particular por cada cual. Siempre se nos presenta a cada persona de forma distinta.

Desde ese estado de unidad ya no volveremos a construirnos un “yo personal falso”, es decir, un yo, un ser, anclado en las creencias del sistema de pensamiento de lo falso, de la separación.

Buscamos reunirnos con nuestro Ser, con nuestro Yo en Unidad, en una unión que provocará que el yo personal quede abrazado por él y vivamos realmente en relación y unidad… aprendiendo en unidad.

Así que, como hemos visto, con cualquier tipo de “libro espiritual”, incluyendo el curso de milagros, o con este… o con otras “espiritualidades”… o con el uso de drogas, etc., muchas veces caemos en el simple intento de destruir, un intento ficticio… en la simple destrucción de todo “lo personal”… que era como “el enemigo”. Y eso parece que provoca la construcción de “egos más fuertes”, o bien de simplemente “otros egos” igualmente construidos en y para la ficción del “yo separado”… etc.

Se trata, como sabemos, de aprender a entregar…, y esa rendición no es en el fondo destrucción, sino un permitir.

En cierto modo “lo personal” sí que era nuestro “enemigo”…, en el sentido de que nuestro problema era el tomarnos las cosas “personalmente” y no dejarnos atravesar por todo… como vimos en el cap. 22.

Si nos dejamos atravesar, es decir, en la intersección productiva… puede darse la relación natural entre nosotros y lo que nos atraviesa, pues ya somos una sola relación con todo a la vez… y ahí reside nuestra particularidad única, en esa única relación santa con todo, aunque cada cual a su manera.

En esa intersección productiva, para la que podemos usar la imaginación, tal y como se nos dijo en el cap. 22… en la intersección… la situación y nosotros… o la “otra persona” y nosotros… quedamos transformados a la vez por un sentido o un significado que se da por sí mismo, por sí solo, desde la unidad…, derramándose junto a esa eternidad que se derrama por ese eje o canal que somos cuando nos dejamos.

Así que, se trataba de dejarse trabajar por el “Espíritu” para transformar nuestro “estado separado” en un “estado de unidad”, donde diríamos que ponemos todo lo “personal” al servicio del amor, al servicio de la unidad… y así ese “yo personal” queda transformado al quedar supeditado a nuestro Yo en Unidad… para al final ser “personales” de una manera que ni siquiera podemos imaginar cuando estamos “en el ego”.

Antes de conseguir realmente eso, para afianzar nuestra “devoción”, en el sentido de participación, dice:

«Necesitas practicar el reconocimiento de tus sentimientos de falta de amor, y constatar que estos provienen de tu incapacidad para recibir.»

Es como si hubiéramos proyectado en cada relación nuestra incapacidad de recibir desde Dentro nuestro Sentido, un sentido que como sabemos es “solo amor”…, pues el “Yo en unidad”, con el que nos podemos sintonizar, no nos va a ofrecer otra cosa que amor.

Así que:

«Detrás de cada decepción o desilusión, cada ataque y cada herida, siempre crees que hay una persona que actuó hacia ti sin amor. Mientras sigas creyendo que los sentimientos de falta de amor provienen de cualquier parte menos de tu interior, no serás invulnerable.»

Nuestros “sentimientos de falta de amor” provienen, por tanto, de haber distorsionado nuestra “relación santa”, es decir, de haber distorsionado (“a placer”) esa única relación, interior, que ya somos cada uno con todos a la vez y desde siempre (“la Creación”).

¿Para qué estamos aquí, pues? Para vivir “en armonía”:

«Si todavía crees que estás aquí para alcanzar algún estado de separación que percibes como ideal, entonces todas tus acciones estarán fuera de armonía. Si, en cambio, has aceptado los postulados básicos de este curso, y crees que estás aquí para constatar la unidad, entonces todas tus acciones estarán en armonía.»

Y en esa constatación de la unidad pasaremos por momentos donde, sin estar sanados, nos creermos realmente vulnerables.

Pero pasaremos a usar esa vulnerabilidad, la del mini-yo… la vulnerabilidad que antes usaríamos para reforzar corazas y máscaras que separaban nuestra mente de nuestro corazón… pasaremos a usar esos sentimientos de vulnerabilidad para entregarlos a nuestro Yo en unidad, reforzando así la unión, hacia la verdadera invulnerabilidad… que se deja atravesar.

«Durante el tiempo de la ternura puede que te sientas vulnerable. Pero el tiempo de la ternura es un tiempo de sanación, y a medida que sanes, constatarás que ya no eres vulnerable a las heridas. El miedo a ser herido —física, mental, emocional o espiritualmente— ha evitado que te comprometas con la vida.»

VI. capítulo 26

Para apoyar el sentido de una “vida plena” que se da en este capítulo 26, se nos insiste en la autorreferencia… en que tenemos que referenciarnos en el adentro, es decir, aprender a relacionarnos con nuestro origen, dentro nuestro, en “el corazón”.

Las “respuestas” que realmente nos valen son únicas, solo para nosotros, y vienen de ahí, de nuestro origen, que fue y es amor.

El hecho de que todos seamos infinita e igualmente amados por nuestro Origen, hace que las respuestas que se nos dan, desde dentro, sean perfectamente únicas, personales.

De esto depende el verdadero sentido de “personal”.

Es decir, para Dios, somos todos muy especiales e infinitamente especiales.

Y, como sabemos, en este plano horizontal, de lo físico y de nuestras relaciones ficticias…, intentamos “hacernos especiales” los unos a los otros.

En vez de “amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado” (este que es el único mensaje de la única “religión” o espiritualidad posible… y que es un mensaje que no se puede escribir)… es decir, en vez de amarnos sin especialismo… sin hacernos por nuestra cuenta especiales los unos a los otros… nos amamos intentando por nuestra cuenta hacernos especiales los unos a los otros, reflejando así el hecho de que cada uno, “con el ego” en mente…, cada uno por su cuenta…, se hace especial a sí mismo, pensando en papeles… imaginando lo que piensan otros que habría que hacer… que habría que ser… pensando mucho sobre lo que fue y lo que será… pensando en el tiempo… pensando en lo que “deberíamos ser” para poder cumplir con esto o con aquello… pensando en cumplir roles que vienen sobre todo de las fantasías del “plano horizontal”.

Así que nos hacemos identidades desde la fabricación ilusoria de relaciones horizontales… fabricando la ilusión de que lo que en realidad nos define es este plano horizontal… en vez de ser la Identidad que Ya Somos… desde el Origen… y manifestarla aquí… como esa “una sola relación que ya somos con todo a la vez”… en la Creación verdadera.

En este plano horizontal, en el plano de nuestras ilusiones y proyecciones en relaciones más o menos ficticias…, en relaciones más o menos alimentadas por nuestras proyecciones de carencia, por nuestros miedos… aquí, en este plano, vamos fabricando estas “relaciones especiales” en nuestra mente intelectual-perceptiva… y así solemos dificultar la escucha… la capacidad de escuchar nuestras “respuestas únicas”, esas que desde dentro se nos dan ante cualquier cosa (en ese diálogo que es la Creación, al que simplemente no hemos respondido).

Así que el texto aquí nos dice que va a proponer algo que literalmente no podemos comprender…, sino que debemos empezar por aceptar.

Se trata de algo aparentemente muy platónico. Y entonces, por cierto, ahora en este contexto tan “espiritual”, quizá podemos empezar a entender la simpleza y la profundidad de lo que en realidad significaría ese mensaje sobre las “ideas”, que se atribuye a “Platón”… ese mensaje que parece ser el mensaje elemental en “el platonismo”… sobre el reflejo de las ideas en un mundo de sombras (ya que nosotros mismos somos una idea de Dios… y somos a la vez de cierta forma todo el universo… en universos completos y privados).

Quizá en aquel entonces en Grecia hablaba esta misma voz personal de nuestra Unidad de Amor… esta que habla en nuestro curso de amor y en el curso de milagros. Y por supuesto, como puede intuir cualquiera, solo sucede que el mensaje espiritual y simple de la voz habría sido distorsionado tras muchos siglos de mente deformada con el “intelectualismo”… igual que es fácilmente distorsionado ahora.

Nosotros y nuestro Origen, Dios, fuimos y somos co-creadores del patrón, o modelo, de todo el universo que es “Nosotros Mismos”.

Esto queda mejor dicho en singular:
Yo y mi Origen, fuimos y somos co-creadores del patrón o modelo universal que YO SOY.

Dice que somos un pensamiento o idea de Dios, y que eso es todo lo que buscamos.

Al encontrar esa idea…, al escucharla y aceptarla adentro…, seremos realmente “originales”, es decir, literalmente nos sentiremos perteneciendo al origen, relativos al origen… con su propia historia única pero anclada adentro.

Recordemos que “el universo” es uno mismo, pues recordamos que no somos el cuerpo, sino que más bien somos una mente, una mente que no podemos comprender, pero que fabrica de cierto modo toda esta ficción de ser potencialmente muy pequeñitos aquí, en “el universo” que parece ser exterior… y que parece -solo parece- ser algo perfectamente compartido con los demás… algo “común”.

Aquí estamos, pues, abrigados y acogidos por Nosotros Mismos, ya que nuestro ser es todo el universo… aunque, si contenemos ideas distorsionadas sobre nosotros mismos ahí dentro, en la mente de lo falso… en la “memoria falsa”… pasa lo que pasa :).

Pero de eso se trataba en general en el juego, de siempre volver a “aprender a crear”.

Así que estamos acogidos, rodeados, abrigados… por todo un universo infinito.

Este universo está al servicio del cuerpo y de sus realizaciones: por ejemplo la de satisfacer la curiosidad infinitamente…, la del juego y la recreación alegre infinita en este “aspecto exterior de la Vida”….

Somos pues todo un universo privado… un universo que “sirve” a las ideas que aceptemos en esa mente.

Y así, el cuerpo, también sirve a todo esto…, estando ahí, como centro aparente y como “final” de todo… como encajado en mil capas… en tanto que sirve de antena para sintonizar ideas-universo desde este nuestro “exterior denso”.

Entonces, el Origen o Dios, como “compañero” que fue en una co-creación con nosotros de tal “modelo de universo”… este Origen… se “manifestará” en torno a nosotros, estemos o no estemos identificados como cuerpos, identificados como “nuestros cuerpos” (que nunca son nosotros)…, se manifestará, pues… “en torno” a nuestros sistemas energéticos de forma digamos más armónica y pura cuanto más aceptemos la idea de Dios sobre nosotros mismos (aunque esto no va por grados, por niveles)… y, digamos, además, se manifestará “en torno” y “como” tales “sistemas energéticos”… igual que lo hace ahora… para que podamos vivirnos como originales, es decir, como radicados en Dios, como pertenecientes al Origen, a Dios:

«26.20 Aquí no puedo decirte lo que vas a oír. ¿Cómo podría hacerlo, cuando cada uno escuchará la respuesta de su corazón? ¿El llamamiento del amor al amor inmaculado? Es la respuesta que solo tú puedes oír. No hay molde, ni forma, ni respuesta predeterminada. Por eso todas las respuestas te han decepcionado en el pasado. Tu respuesta no es la misma que la de cualquier otra persona. No importa cuán llena de sabiduría esté la respuesta de esa persona, su respuesta no es la tuya.

26.21 Tú eres un pensamiento de Dios. Una idea. Este pensamiento, o idea, es lo que buscas. Solo puede ser hallada en su Fuente, su Origen. Su Fuente es el amor, y su ubicación es tu propio corazón.

26.22 Piensa por un instante en una novela o película sin argumento. Sería como decir que ninguna idea se llevó a término en sus páginas o en la película. En la idea de Dios acerca de ti se halla todo lo que es conocido de ti. La idea que Dios tiene de ti es perfecta, y hasta ahora tu forma no ha sido más que una representación imperfecta de la idea de Dios. En la idea de Dios acerca de ti se encuentra el modelo o arquetipo del universo, de modo similar a como ocurre con una novela, película, pieza musical, invención o idea artística, que se transforman en obras maestras al llevar a término un modelo o patrón. Una idea es algo irrevocablemente ligado a su fuente, y es uno con su fuente. En consecuencia, no fue un Dios separado de ti quien tuvo esa idea de ti. Naciste al unísono con la idea de Dios acerca de ti.

26.23 No es necesario que esto sea comprendido, sino solo que lo aceptes hasta donde puedas. Por ahora es necesario porque confías en un Dios que es “distinto” de ti para obtener respuestas. Aceptar que naciste al unísono con la idea de Dios acerca de ti equivale a aceptar que tu Yo es cocreador del modelo del universo, equivale a aceptar la idea o la historia que eres tú. ¿Acaso no puedes ver que fuiste concebido en un lugar dentro del modelo de la creación de Dios? ¿O que no solo puedes conocerlo, sino que siempre has conocido ese lugar?»

VII. capítulo 27

Comentemos despacio con cuidado el comienzo del capítulo 27.

«Volvemos ahora a lo que tu ser es. El ser es. Así como el amor es.»

En cada una de nuestras reacciones ante lo que pasa…, en las situaciones… ¿podemos observar y detectar la creencia que existe sobre cómo debemos ser tratados, queridos, etc…. la creencia sobre lo que debe ser el amor… sobre “lo que el amor es”…, sobre lo que “la relación” es?

¿Qué creencias nos retienen?

Sigue diciendo:

«Has asociado ‘ser’ con ser humano.»

Y paradójicamente, para ser “humanos”, para ser amor, vamos a aceptar ser y extender ese amor que es una sola relación en cada uno (“sagrada”), y que todo lo acoge, que no tiene atributos como el de “humano”, “amor humano”.

«En tu búsqueda de identidad, te confinaste a lo visible y descriptible.»

Nos hacemos una identidad desde el exterior hacia dentro… en vez de dejarnos simplemente “ser”.

Si recordamos, así empezaba el curso de milagros, con la distinción entre conocimiento y percepción, pues nuestro único “problema” es haber creído que nos conocemos desde fuera, gracias a la percepción… el único problema era pensar y practicar el que “la identidad nos viene de fuera”, del mundo de la percepción.

En vez de eso, contraponía conocimiento a percepción.

No nos conocemos a nosotros mismos desde fuera… no nos hallamos o conocemos “por lo de fuera”…, sino que ya lo somos Todo, ya estamos en todo y en todos… y ya desde siempre somos “solo amor”… y así, aquí, solo venimos a extendernos como tales, como relación, como amor.

Así, hemos creído que nos definía y nos determinaba:
– lo que pensaban y decían de nosotros…
– o las reacciones emocionales que siguen a las sensaciones corporales…

… y así le hemos intentado hacer a los demás lo mismo… la misma jugarreta 🙂 … con los “juicios” anclados en percepción, en experiencias donde nos hicimos un yo separado… y hemos ido compartiendo entre todos “la locura del juicio”, esa que dice: “mi identidad me viene de fuera”.

Así, creamos individualmente y entre todos un adentro ilusorio de locura…, un adentro de proyecciones…, con toda nuestra lista de relaciones especiales…, con todos los:

– “me tendrían que haber hecho esto”,

– “esto tendría que ser así, o tendría que haber sido así”…

– “lo de más allá tiene que ocurrir así pues si no no seré feliz”…

– “si eso otro no es asá, entonces no conseguiré lo otro de más allá, que tanto me hace falta seguro, para con ello poder SER un ser humano como dios manda en este mundo (como el dios del ego manda)”… etc.

Así que una vez todos bien construiditos así…, con nuestras identidades falsas basadas en la separación y en la lógica de lo viejo… reforzadas en la inercia “inconsciente” habitual… pero que en realidad es algo que está a flor de piel… es decir, que es lo más palpable, patente y “consciente” del mundo…
…una vez todos así, habiéndonos construido un yo separado a partir del miedo… y todos más o menos profundamente anclados en él…, en nuestro querido autoconcepto que parte del tiempo lineal y sus aventuras… sucede que:

«En consecuencia, has identificado la muerte como el único medio por el cual alcanzar la unidad con tu Padre, sabiendo que esa unidad no es compatible con la naturaleza humana que te asignas.»

Ante la construcción ficticia, ilusoria, de una vida separada de la Vida… llamamos o invocamos a su opuesto también ilusorio: a la muerte ilusoria… ese fantasma, siempre acechante, la muerte.

Ahí la tenemos, a la muerte, como única solución para poder tener una “vida plena”… la única solución para todo este lío que hemos hecho de la vida… o para todo este “abandono”, dejadez, etc., en que hemos logrado que se convierta “la vida”…, bajo los dictados de nuestras creencias del sistema de la separación, de la escasez, del miedo, del “no hay tiempo”… etc.

«En este único error residen todos los errores.»

Una vez creada la identidad falsa, “con el ego”, con habernos permitido creer que nos define lo perceptivo “exterior”…, creyendo que eso era todo lo que nos definía (y claro, así lo lógico era desconfiar en cualquier tipo de guía interior…)… una vez en la identidad falsa, entonces, el único error era el de pensar que no somos compatibles ya con “la Vida”, con la Vida como una sola… como Unidad de Amor Personal.

Lo que es incompatible con “la Vida” es nuestra creación ilusoria de identidad… nuestro autoconcepto.

Así, ese error, en sus variadas formas: “somos incompatibles con la Vida”, “somos no merecedores”… etc…., ese error… no nos deja aceptar esa coherencia “gratuita” que experimentamos cuando ya no tenemos nada que conseguir sino todo que SER, a partir del Origen, de Dios, del Padre.

Y sigue diciendo:

«Pues, ¿qué búsqueda puede llegar a buen término cuando la única respuesta a la vida parece ser la muerte? Es por este motivo que mi muerte y resurrección proporcionaron una respuesta y pusieron fin a la necesidad de respuestas.»

La vida de Jesús fue, como “sabemos”, la de una perfecta demostración de la unión de “voluntades”, de la suya con el Padre original, con el Origen, con el origen de la Vida.

Jesús es seguramente el primero en un cuerpo humano en llegar a esa meta…, pero eso del “primero”, como nos explica en otro lado… no quiere decir “el único” ni “el mejor” (pues cada uno, como espíritu, somos eslabones, indispensables… en esa Creación interior de Luz que somos como Unidad de amor).

De ahí ese simple mensaje, el único “necesario” en “espiritualidad”, y que no se puede escribir, como ya dijimos:

“amaos como YO os he amado”…

… cuando ese “YO” ya no es más que el YO de la unidad de amor…, es el Yo o Ser que Jesús recobraría en Unidad, “dándose cuenta” de que siempre había sido solo ese Yo (y ninguna proyección de “los demás”)…

… su Yo en la Creación, como Luz… “espíritu” unido a la vida “humana”… un espíritu “único”, como es el de todos nosotros, pero en unidad y relación, no en las proyecciones de separación con las que falsamente nos hacemos “únicos”.

Desde ahí dentro, Jesús podría mirar a todos, actuar con todos, pensar con todos… trayendo a todos la misma Luz que somos todos… que cada uno recibiría a su manera dependiendo de su disposición a dejar ir las proyecciones que nos hacen retenernos.

Cada uno recibiría la Luz que ya es… en presencia de Jesús… en esa única relación que cada “otro Yo en Unidad” es con todos los demás Yoes o Seres en Unidad… en una relación ya realizada, consumada.

Lo único que se nos pide, por tanto –y lo que traerá el cielo a la tierra como resultado–, es lo de siempre… es lo mismo, la misma originalidad que la Vida “demostró” perfectamente y de forma personal en la vida de Jesús.

Al igual que Jesús era el Mismo… y era “Él Mismo” ante todos… nosotros seremos “Nosotros Mismos” ante todos… y los Mismos… para que “los demás” puedan verse a Sí Mismos en relación, en unidad (no iguales, pero sí lo mismo)… en la relación interior como espíritu.

Y claro, esto es siempre de una manera nueva y gozosa…, adecuada y original, para cada “ser original” que se presente.

La resurrección de Jesús no es esencialmente la posibilidad de tener otros cuerpos… no demuestra que haya que morir para así “luego” poder vivir plenamente, y poder resucitar…, sino que demuestra el poder de esa unión que realizó en vida, y que la convirtió en vida ya plena, ya plena en el pleno Ahora.

Y luego, claro está… vemos que el poder de esa unión con la Vida, ahí dentro, permite tal grado de “Consciencia” con mayúsculas…, que luego son posibles todo tipo de “espectáculos”, todo tipo de “comunicaciones” personales (con diferentes tipos de cuerpos, usados por Jesús, seguramente)… “después” de que el espíritu de Jesús dejara de proyectar o de “contener”, en la Mente, este tipo de cuerpo que ahora tenemos, este tipo que está en fuerte y digamos “más monolítica” resonancia con todo nuestro tiempo lineal terrestre… y con todo lo biológico de nuestro sistema terrestre, pues por ejemplo las células son básicamente la misma célula, con similar funcionamiento en toda la vida terrestre.

Y así, se verifica la “teoría” de que es posible que la Consciencia “maneje” el universo de mil modos…, guiándose, como siempre, por el Amor dentro… un amor que no asusta gratuitamente… sin reconocer profundamente lo que es “lo mejor” para todos como espíritu.

En esa “guía” y en esos “nuevos estados”…, quien guía y el que es guiado no están separados… claro está, sino que SON… son a la vez…, Uno Solo… como siempre han sido… al igual que en esta vida terrestre ya fueron a la vez Uno Solo, en la vida de Jesús.
____

Aparte de en este comentario de arriba…, sobre el cap. 27, también se pueden ver otras palabras aquí.

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