Quitarle hierro al mundo: el meollo de lo que significa cuidarnos. Las raíces espirituales y biológicas de la política   Leave a comment

imagen corazón en círculoQuitarle hierro al mundo: el meollo de lo que significa cuidarnos: Las raíces espirituales y biológicas de la política

Este es un recordatorio* para quitarle hierro al mundo: un recordatorio de algunas cosas muy simpáticas del material revelado de Walsch, el de “Conversaciones con Dios”.

El curso de amor, que seguiremos repasando y comentando, tiene muchos pasajes de un tono muy desenfadado y simpático…, y sobre todo se aligera al ir avanzando, ya que todo se hace más íntimo aún en los dos libros que siguen al primero.

Aunque lo más desenfadado que conozco, de entre las revelaciones más célebres, es lo dado por Walsch (un auténtico “superventas”, dicen).

Ya comenté un poco sobre esto en el blog, sobre por ejemplo cómo hablar de “valores” y de “relación” en un contexto más liviano.

Los valores serían literalmente cualidades de la relación… aunque, en el fondo, la relación simplemente ES… y simplemente es UNA SOLA…, porque en realidad en nuestra unidad real de amor todos somos UNO SOLO (aunque no iguales).

Todo esto venía en parte porque en los textos de Walsch se insistía en pensar de forma más liviana la siguiente triada:
– moral,
– justicia,
– propiedad…

… y sustituyéndola, de una cierta forma muy natural, por esta otra triada, muy vital:

funcionalidad (lo que funciona o no según lo que hemos decidido SER: si es que hemos decidido ser armónicos, pacíficos, alegres, abundantes… es decir, redescubrir ese nuestro ser más profundo, más real)
ajustes de adaptación: capacidad de realizar ajustes de adaptabilidad en función de lo que hemos decidido ser y de la observación de lo que funciona o no funciona respecto a ello,
sostenibilidad de lo anterior.

Y es una delicia profundizar o repetir estas simples maniobras que se hacían en el texto de Walsch con las anteriores palabras y también con conceptos que parecen tan de sentido común como los de: “conciencia”, “honestidad”, “responsabilidad”… que son de lo más normalito que hay como palabras.

Estas palabras pueden sonar un poco demasiado serias… pero ya dije que en realidad lo que se intenta es “quitarle hierro al mundo”… al usarlas de una manera más natural, “infantil”, “biológica”.

Así que se comenta algo que es de sentido común y se generaliza.

¿Cómo llegamos a una situación dada, individual y colectiva?

Pues muy simple: tiene que ver con cómo cuidamos nuestra “esencia natural”… que es la simple vida… una vida que no sabemos de dónde viene… sino que la usamos… y con más o menos condicionamientos, libertad… para “crecer” en todos los sentidos.

Nuestro “ser natural” es en realidad un proceso.

Y tiene que ver con el cuidado.

Ser naturales es de cierta forma ser cuidadosos para proteger el regalo de la vida de forma más o menos continua y espontánea.

Ese “ser cuidadosos” es natural —o sigue siendo natural— cuando no pierde su “centro” en la vida más básica, su enfoque en la vida como regalo gratuito.

En cierto modo, a menudo parece que las situaciones que nos rechinan… todas las que duelen… las que nos llegan a la consciencia simplemente por “alejarnos de lo natural” (en el sentido de “natural” que acabamos de comentar, como un proceso, como “la vida en nosotros”…, como un respeto elemental).

Esto veremos que tiene que ver con que:

– somos seres “observadores”, es decir, que pueden tener conciencia de sus actos y de sus consecuencias… (para ver y admitir o no lo que funciona),

– y somos seres que pueden observar las consecuencias de nuestros actos (o de lo que pensamos, o de lo que dejamos de hacer), con más o menos honestidad

– y ello para poder “tomar nota” de todo  (es decir, para asumir la responsabilidad), tanto de forma individual como también –y más o menos naturalmente– de forma “colectiva”.

Así que estas tres cosas son la “santa trinidad” que nos permite enlazar todos los ingredientes de nuestro mundo (espiritualidad, sociedad…):

– conciencia, honestidad y responsabilidad.

1. conciencia:
conciencia de cómo nos sentimos, y conciencia por tanto de las consecuencias de nuestros actos… pues con nuestros actos (o con lo que dejamos de hacer) nos autodescubrimos…, es decir, descubrimos nuestros pensamientos sobre el mundo y por tanto sobre nosotros mismos… pues no hay separación real entre el “mundo” y “yo”.
Nuestros actos dependen de pensamientos, como sabemos.
Así que ejercitando la conciencia sobre cómo sentimos las consecuencias de los actos… podemos abrazar y trascender nuestra experiencia… en tanto que es esa relación interna que desplegamos en un “mundo” que en realidad nunca estuvo “fuera” de nosotros…
Descubrimos ahí los propósitos que abrazamos más o menos inconscientemente, los “para-qué”…, mientras descubrimos lo que verdaderamente hemos decidido ser, lo que proclamamos al universo con nuestro ser más profundo (el tipo de distorsión que hemos venido a vivir),

2. honestidad:
honestidad para reconocer esas consecuencias.
Honestidad con uno mismo (espiritualidad), o bien mirándolas junto a los demás cuando toca (“política”), con más o menos sentido de la “comunión”, es decir, de la común-unión o Unidad de Amor que somos.

3. responsabilidad:
responsabilidad para emprender medidas que nos hagan más coherentes teniendo en cuenta lo anterior…

Lo “natural” en nuestro mundo es algo contrapuesto a lo “normal”.

Sentimos como normales cosas que en realidad no sentimos como naturales.

El caso más claro o paradigmático es quizá este: es normal morirse de hambre en este mundo, por ejemplo. Pero nadie siente que en el fondo sea “natural” (en este sentido más espiritual-biológico de natural)… aunque sí parece normal.

Así que podemos hacer esa dualidad en este mundo… normal/natural… y quizá normalmente no sentimos la integración de esos dos opuestos… es decir, no vemos claro que, como toda dualidad… también esta se trata de una relación…, de una relación conceptualizada y dividida por nosotros mismos, como pueda ser la de “frío y calor”.

Frío/calor son simplemente cualidad de la “relación”, el movimiento que tienen las moléculas del aire con respecto a sí mismas… que es algo que podríamos ver como una relación global que ellas tienen consigo mismas, o que despliegan consigo mismas de forma más o menos natural al responder a ciertas condiciones. Y como sabemos, se trata de la mera vibración de las moléculas del aire…, una vibración que nosotros “conceptualizamos” por practicidad… separando lo que en realidad es un continuo neutral.

Es decir, dependiendo de la percepción, conceptualizamos algo que es un continuo y es neutral, pues somos una mente que contiene y cuida un cuerpo… un cuerpo que debe manejarse en un cierto ambiente de forma muy práctica, y que está comandado por una mente que se rige por conceptos que tienen que ver con la supervivencia más elemental.

Insistamos pues en que existe esa dualidad, natural/normal…, de la que todo dependería en realidad…, de la que parece depender nuestro crecimiento como especie.

Es por esto que algunas revelaciones dicen que en el fondo “el mundo” no existe…, pues “el mundo” parece un concepto que solo surge a partir de la ficción de que una dualidad como esa de normal/natural es real…, que es signo de algo real…, cuando en realidad no lo es (pues en el fondo solo hay una Vida).

Así que es como si hubiéramos fabricado un mundo que es demasiado “mundo”…, un mundo poco anclado en nuestro “ser naturales”… en el sentido de “natural” que comentábamos antes… un “ser naturales” que en el fondo es nuestro “ser divinos”… pues solo hay una vida.

Y por tanto nuestro “ser naturales” es en el fondo casi lo mismo que nuestro “ser biológicos”… pues la vida en general busca el mayor crecimiento posible, el más variado y más armónico… en la progresiva adaptación a un entorno (adaptación que también va por saltos).

Y nosotros, como humanos, aunque parece que por nuestras dotaciones mental-espirituales aquel crecimiento puede llevarnos aparentemente mucho más lejos que a otras especies en cuanto a “conectar con la Unidad de Todo” (más lejos que a un pepino o a una babosa)… sin embargo… es el mismo impulso de la vida, el mismo proceso-semilla central “biológico”: crecer, crecer buscando armonizarse con un entorno…, realizando ajustes adaptativos que proporcionen sostenibilidad.

Eso es la vida, el núcleo de la vida.

Todo individuo, y por tanto toda sociedad, se ancla en eso…, y si no se ancla ahí, desaparece como un mal sueño…, no realiza su destino “eterno”… por mucho que su “entorno de adaptación” sea cósmico y espiritual, como lo es el nuestro (lo cual no quiere decir que seamos mejores que un pepino o que una babosa… sino que tenemos un entorno donde potencialmente ejercer una extensión diferente de nuestro ser).

La cualidad de observadores, la que tengamos como seres vivos en un momento dado (y los seres humanos tenemos como hemos dicho un entorno de observación consciente ampliado a esferas interiores y exteriores inmensas… cósmicas… y divinas…)… esa cualidad de observadores… es decir, la consciencia…, o “conciencia” (utilizaremos ambas palabras de forma sinónima)… tal “cualidad de observadores”… es natural… es una dotación natural de nuestra mente-cuerpo.

Si queremos seguir biológicamente vivos debemos:
– primero siquiera PODER observar con nuestra mente las consecuencias de nuestros actos (es decir, debemos estar mentalmente sanos)…
– luego, debemos querer observarlas y de hecho observarlas, atendiendo a la ayuda de nuestros padres o de otros adultos y niños cercanos (si es que queremos seguir vivos en el cuerpo cuando tenemos uno de esos frágiles cuerpos infantiles).

Así que observamos de forma muy natural las consecuencias que tiene tocar algo que pincha, que quema, etc.

El impulso de la vida, que incluye sobrevivir y crecer… nos guía a la mera observación de las consecuencias… y nos sale solito ser “naturalmente honestos”… es decir, una especie de “ser buenos con nosotros mismos”… para así poder siquiera plantearnos el asumir una responsabilidad personal sobre los procesos, los daños, las relaciones… y evitar ciertas cosas dañinas para nuestro cuerpo o para el de otros… facilitando así la convivencia, la relación –más o menos.

Así que también observamos que, a los demás, todas esas cosas que a nosotros nos duelen también les molestan… y que también tienen que aprender y dejarse cuidar como nosotros.

Así que este proceso de “cuidado” en seguida parece involucrar a “otros” seres (o bien resulta que todos adquirimos un sentido sano de vivir con “otros seres” precisamente gracias a este amor expresado en cuidados).

Observamos con honestidad las consecuencias de los actos, por brutales que hayan sido… pues recordemos que a veces de niños nos pegamos bastante con los demás niños en los juegos… haciéndolo como para reforzar de forma más o menos natural nuestro “yo separado”… aprendiendo aquello de lo tuyo y lo mío…

Así que parece natural “observar las consecuencias”… es decir, sentir y observar cómo nos sentimos tras las consecuencias… y por ejemplo sentir que nos sentimos quizá mal no compartiendo cuando aprendemos que es mejor compartir para no estar solos… y todas esas cosas.

Ahí realizamos nuestras primeras elecciones… que podríamos incluso a veces llamar “morales”… unas elecciones que serían como puntos, puntos dentro de un continuo de crecimiento.

En ese continuo vamos ejerciendo esa observación, esa conciencia, con una mayor o menor pérdida de nuestro anclaje en el simple impulso natural de la vida… en el proceso más elemental de la vida tal como lo describimos… como adaptación, que aprende a realizar ajustes adaptativos de sostenibilidad… y que lo hace con cuidado y expresando un crecimiento armónico… extendiendo así la “consciencia” de una relación que somos con todo y con todos, con nosotros mismos y con el resto de lo que hay en “el mundo”… y condicionados más o menos por las experiencias que hayamos vivido y por la interpretación que hayamos realizado sobre lo que significan tales experiencias.

Según esa interpretación, dejamos que las experiencias ataquen más o menos nuestro núcleo central invulnerable… que ataquen “la Vida en nosotros”… nuestro simple “querer vivir”… el simple impulso vital hacia un mayor despliegue de nuestra Esencia como crecimiento biológico y social.

Y así, vamos ampliando ese proceso natural biológico de aprendizaje del “reconocernos”… del reconocernos siendo “nosotros mismos en relación”, cuando al principio ni siquiera tenemos mucho sentido del “nosotros mismos”… y vamos creándolo en relación… vamos creando una relación con nosotros mismos mientras estamos con los demás, con por ejemplo esos “otros niños” a los que también les duelen los cuerpos… y que como nosotros realizan actos que tienen sus consecuencias, a veces dolorosas… y que, entonces, querrán (ellos y/o sus padres…)… querrán en seguida que nos pongamos a mirar juntos las consecuencias de nuestros actos.

Y esta sería quizá la raíz de “la política”…, una raíz “anclada en lo biológico”:

– “mirar juntos” las consecuencias de nuestros actos, es decir, vivir juntos esa elemental aceptación de que podemos compartir una mirada…, incluso un sentir… o antes que nada ese sentir, sintiendo más o menos comunión que facilita el sentirnos “en el mismo barco”…,

– ejercer la libertad de la honestidad en el reconocimiento de las consecuencias… y a su vez dar así paso, o abrirnos, a más y más ciclos de “conciencia-honestidad-responsabilidad”… cuando, por ejemplo, nos pase algo “malo” tras no haber sido honestos reconociendo las consecuencias de nuestros actos (que siempre partieron de pensamientos), y no haber querido asumir responsabilidad personal…

– y el diálogo más o menos intuitivo –o bien casi solo “telepático”…– el diálogo que podemos establecer con o sin muchos adultos cerca… y que es un diálogo sobre cómo asumir responsabilidad, o sobre cómo ponerla en práctica para tomar las medidas pertinentes para que algo no vuelva a suceder –por ejemplo.

Así que “ser honestos” es como “la siguiente etapa” a la hora de facilitar la convivencia y nuestro crecimiento en todos los sentidos… pues para convivir se requiere de cierta honestidad a la hora de reconocer las consecuencias de nuestros actos y pensamientos… se requiere de cierta honestidad con nosotros mismos a la hora de querer siquiera pararnos a ver cómo nos sentimos… o a la hora de compartir con otros cómo nos sentimos o querer recibir de ellos su sentir.

Cuando uno realiza algo, se requiere que –si primero se es consciente de lo que pasa en algún grado–… se requiere que tengamos cierta disposición a ser honestos al reconocerlo, y no mentirnos demasiado sobre ello y sobre cómo nos sentimos.

La deshonestidad, desde el más elemental “no atender a nuestro sentir”…, parece algo que podemos aprender muy fácilmente en muchos contextos, imitando a los adultos, pues por puro instinto de supervivencia tendemos a querer ser como ellos para no desentonar… y en un principio copiaremos en cierta medida su modo de relacionarse con este proceso fundamental de crecimiento de la vida que estamos describiendo.

Así que “lo natural” es lo que nos impulsa desde dentro a crecer, en todos los sentidos de “crecer”, biológico… “social-relacional”…

Así que teníamos esa situación tan simple.

Un niño que no tiene que hacer mucho esfuerzo penoso para simplemente “querer vivir” y crecer…, para aplicar ese impulso natural de “seguir queriendo vivir” sin demasiadas heridas o heridas mortales en su cuerpo… y que no ha de esforzarse penosamente en “cuidarse”, contando más o menos con poder desplegar su confianza natural en el entorno… aprovechando más o menos el entorno de cuidados adultos que tenga.

Un niño “normal” no vive como un esfuerzo penoso el hecho de tener que aprender y hacer caso a veces de algunas recomendaciones, y sobre todo de su sentirse dolido, etc.

Así que el núcleo de ese “cuidarnos” tiene que ver con que vamos estableciendo una especie de relación con nosotros mismos… y por tanto un cierto “sentido de nosotros mismos”…, en una relación con nosotros mismos en tanto que cuerpos…, y mediada más o menos por la “cultura” de unos adultos que nos vigilan, cuidan, etc.

En esa relación vimos arriba esa triada mágica esbozada… esa “santa trinidad”:
– conciencia,
– honestidad,
– responsabilidad.

Y la responsabilidad se puede asumir personalmente:

– cuando tenemos conciencia de las consecuencias de nuestros actos,
– cuando reconocemos honestamente dichas consecuencias (quizá con ayuda de los demás… o a veces muy necesariamente involucrando a los demás),
– y cuando asumimos de alguna manera nuestra responsabilidad, aceptando llevar a cabo alguna medida o seguir alguna propuesta destinada a equilibrar la convivencia o a facilitarla…, realizando algo que la haga más sostenible…, aceptando tales cosas normalmente con ayuda de los demás y de una mayor o menor intuición compartida.

____
* La vida es un proceso.

Y todo es circular, en espiral… pues en cierto sentido es el proceso de cuidar del regalo que la vida es.

El espíritu dentro no nos fuerza a crecer bien… solo nos llama a crecer bien.

No juzga el crecimiento “malo”, solo impulsa hacia el bueno.

Nosotros, al retirarnos del simple impulso vital, del simple cuidado de ese impulso como “regalo de la vida”… nosotros… creamos condiciones individuales y colectivas para que todo parezca ser más difícil de lo que es… para que parezca que no hay suficiente para todos… para que parezca que tenemos que esforzarnos mucho… sintiéndonos al final muy separados los unos de los otros… etc.

Propongo pues este otro escrito de aquí arriba para refrescar la simpática revelación de Walsch… con estas cuestiones que relacionan tan frescamente todo con la “simple vida”… con lo biológico… relacionando con la mera vida las palabras más rimbombantes de nuestro vocabulario (conciencia, honestidad, responsabilidad, justicia, moral, propiedad…).

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