Un nuevo modo de vivir entre formas. Nuestro nuevo modo de vivir en el mundo. Ser seres espaciales, de “espacio que acoge”   Leave a comment

orquídeaComprendernos como espacio:
repasando
Un curso de amor, Diálogos, Día 12
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Un nuevo modo de habitar el mundo

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¿Cómo entendemos la Consciencia en acción, la consciencia de la unidad de amor (“consciencia de Cristo”) en acción?

La “espiritualidad” sabemos que sobre todo no es un asunto de meras palabras 🙂 , de meras “buenas intenciones”…, sino que apunta a otra forma real de habitar el mundo, como seres de “Consciencia”.

Para familiarizarnos con esto tenemos el curso de amor.

En él, la voz de nuestra Unidad de Amor ha ido invitando a esa especie de “consciencia universal”, en la estela del curso de milagros. Y aparte del curso de amor podemos reforzar todo esto con por ejemplo Walsch, Jayem, etc.

Ahora comentamos aquí, a placer, acerca de cómo hay una especie de “nuevo modo de habitar en el mundo”… ahora… en este “tiempo” o época que estos cursos llaman a veces “el tiempo de Cristo”.

Vamos a dar un salto en nuestro repaso del curso de amor, al ir mentalizándonos con un nuevo modo de habitar entre las formas.

Solo nuestro apego a lo impermanente hace que nos dé miedo el cambio total en nuestra relación con las formas del que aquí hablamos (un cambio que depende muy directamente del hecho de que nuestra vida es eterna, como “Vida”).

Este cambio no necesita del trance de “la muerte”, y esta posibilidad de asumir el cambio en vida hace que la vida eterna pase a ser mucho más que un concepto, como habrán reconocido en vida todos los “maestros”.

Sabemos que para alcanzar esa enorme etapa creativa que en realidad se da cuando “morimos”, ya no nos hace falta tal “morir”, sino aceptar una nueva manera de vivir entre las formas durante la vida física…, una “resurrección” ya aquí y ahora… y que depende de una aceptación en vida de ese “núcleo de amor” en nuestro ser más allá del tiempo.

Así que en esta entrada del blog aquí abajo hago un comentario de esa breve parte central del tercer libro del curso de amor (“Los Diálogos”).

En esa parte, se describe la nueva “visión” sobre nosotros mismos como seres de “consciencia”, de “espacio”, es decir, se describe de cierto modo nuestra “percepción verdadera”.

Usamos la metáfora del espacio, pero, como pasa siempre con el lenguaje y sus figuras… no nos vale… pues el lenguaje en general no vale, ya que deriva de la percepción, y nosotros “no somos percepción”, sino que la incluimos.

Somos el Ser del cual surge el universo… y el “problema” aquí es que lo somos “en Unidad”.

Y por ello se nos dan tantas y tan diferentes pistas e invitaciones, con o sin palabras, a nuestra futura aceptación de la Unidad, y para poder CREAR desde un espíritu más de transformación que de mera evolución.

Esta manera nueva veremos que es la de un “ser de sentimientos”, un ser cuyos “órganos” no son físicos, ni mental-intelectuales… sino que son “sentimientos”.

Somos pues una especie de “espacio libre”, de Apertura… y “creador” de Apertura… un Ser que en realidad engloba potencialmente todo sentimiento desde el amor de su núcleo…, y que puede ir “usando” todo sentimiento más “conscientemente”, para “ser él mismo” creando a cada momento Quien Realmente Es… y recreándose en ello.

Así empieza esta parte que comentamos abajo (Día 12 del libro 3):

«Ahora escuchamos a los sentimientos. […] Constatamos ese espacio sagrado en que nos hemos convertido. Nuestro espacio es el espacio de la unidad. Es el espacio de la comodidad, porque a los pensamientos ya no se les permite gobernar.»

No hay juicio en ese espacio.

Y para permitir la creación de ese espacio tuvimos todas nuestras anteriores “prácticas”, lecturas… comentarios… todo el convertirnos en un “canal”, un canal que no juzga… para que el sentido se dé por sí solo en el mundo… para permitir que el sentido sea lo que es… más que imponerlo desde nuestro pasado de reacciones.

Ese espacio es uno de donde hemos alejado el juicio…, de donde hemos retirado todo pensamiento que nos alejara de “ser solo inclusivos”, pues el amor o la relación con todo que ya somos desde siempre, y más allá del tiempo… solo es eso: inclusión y cierto tipo de permitir.

Así, sigue diciendo:

«Imagina que el aire que te rodea es visible y que tu forma es un espacio invisible dentro de los alrededores visibles.»

Para esto se nos viene preparando y avisando en el curso de amor… si lo recordamos. Se nos avisaba de que teníamos que empezar a querer usar la imaginación a placer… para con ello poder dar paso esa re-unión con lo que realmente somos.

Todo se debe a que, como vemos, hemos decidido aceptar nuestro Ser Único en combinación con las formas… hemos decidido “elevar” lo físico admitiendo que somos creadores, y que por tanto no solo “evolucionamos”, sino que podemos “permitir transformación”.

En ello, también la conciencia del “milagro” nos iba preparando, habituándonos a permitir esos “saltos cuánticos” posibles… posibles en nuestra experiencia… saltos que se convertirán cada vez más en más y más “milagrosos”… en todos los aspectos de la experiencia a lo largo de los siglos… y en nuestra experiencia particular ahora.

Nuestra forma es pues un espacio invisible, en esos alrededores “visibles”.

Insistamos en que esa visibilidad ya no es la de los ojos.

Imaginemos que podemos “tocar” ese espacio, ese “aire” visible… pues estamos ahí, en ese otro espacio invisible, en ese digamos “agujero” o singularidad que hace visible el espacio.

Esto ocurre de una cierta forma opuesta a lo habitual, pues lo habitual en la percepción es “ser” un cuerpo en un alrededor de “espacio invisible”, un espacio que no presenta resistencias…, como vemos que pasa, lógicamente, estando en un cuerpo adulto normal… en la percepción, o al menos en la percepción “adulta”…, donde parecemos ser el cuerpo, en este ámbito de lo “sólido”.

Ahora, inversamente a lo anterior, somos un espacio invisible en un alrededor visible… pues este alrededor sale de nosotros… de nuestro Yo… ya que todo surge de Mí Mismo.

Así, de cierto modo estoy dando paso a una vivencia cada vez mayor de “la creación” como “proceso”.

Y dice:

«Esta es la realidad de la consciencia-de-Cristo.»

A esto llamamos consciencia-de-Cristo, consciencia de nuestra Unidad de Amor.

Nuestra “forma” es pues lo opuesto a lo habitual: es un espacio invisible (una singularidad que comunica con la Singularidad central invisible…)… un espacio invisible dentro de alrededores hechos “visibles”, a su modo “palpables” con y en los sentimientos… hechos visibles desde y con los sentimientos de ese “Yo de Luz” que somos…, ese Yo o Ser de “antimateria”, por así decirlo (o capaz de moverse de otra manera en la dualidad materia/antimateria).

«Esta consciencia puede parecer estar encarnada por la forma, pero lo cierto es, y siempre ha sido, justo lo contrario.»

Pensamos que el cuerpo realiza algo así como una “encarnación” de la consciencia… pero es más bien al revés: la consciencia “encarna” al cuerpo… lo manifiesta.

Así lo dice:

«El cuerpo está ahora preparado para reconocer que está encarnado, envuelto, rodeado, acogido, por la consciencia.»

Y, como dijimos sobre los sentimientos…, resulta que:

«Tus sentimientos son los que serán los órganos sensoriales de esta espaciosidad.»

Así que ese “espacio invisible” que somos, tiene como órganos ya no un “estómago”, un corazón… los órganos sensoriales habituales…, sino los sentimientos, como órganos del Ser.

«No habrá sensaciones de vista u oído, olfato o tacto, sino tan solo de amor del Yo, de amor del Ser.»

Un sentimiento de nuestro centro en el “amor del Ser”, un sentimiento de acogida y abrazo constante… desde el cual nos prologamos con sentimientos… sin las sensaciones corporales, en una especie de extensión de ese “instante sin cuerpo” que se llamaba “instante santo”, o “sagrado”…, que en realidad puede ser vivido como algo “natural”.

De esto ya nos avisaba el primer libro del curso, en el capítulo 10 y en la práctica del capítulo 13… donde explícitamente se hablaba de empezar a relacionarse con los espíritus de los demás, sabiendo que en todos ellos notaremos algo familiar (pues todos estamos sutilmente unos “dentro” de otros), y que los sentiremos “diferentes” espíritus…, pero siempre como “amor”.

«Los sentimientos de amor del Ser son ahora lo que mantiene abierto el espacio de dicho Ser, permitiendo que el espacio sea.»

Así que vemos cómo ocurre que, desde nuestro centro, ese sentimiento que somos dentro es lo que nos abre a ser nosotros mismos…, lo que abre ese Ser, permitiendo que el espacio sea.

«El confluir de la forma con la consciencia-de-Cristo es este confluir del Ser con el amor incondicional del Ser Uno. El Ser Uno se ama a Sí Mismo. No hay nada más que amar. El Ser Uno es el Todo.»

Permitimos pues que desde dentro nuestro se dé esta “elevación” de la forma, en presencia de nuestro Yo-elevado-de-la-forma, de nuestro Ser-elevado-de-la-forma.

Y esto hace que puedan confluir dichas formas con la consciencia de Unidad, con esa consciencia “de amor” como relación inclusiva —la consciencia de Cristo, de nuestra “Unidad de amor”.

Recordemos que la palabra “Ser” puede igualmente decirse “Yo”.

Nuestro Yo, nuestro Ser, confluye con la Singularidad central, con el Ser Uno, con el Yo Único… confluye en su amor… con el amor del Ser Uno o Único Ser, para de cierta forma poder extender su “mirada” siempre nueva desde ahí.

Confluimos con el Todo, al aceptarnos como centros o singularidades en esa singularidad de la que “salimos”.

El Ser Uno, o Único Ser, sería pues la Singularidad central de la que penden nuestras singularidades, es decir, nuestros Yoes eternos “de antimateria”, por así decirlo (con esa nueva relación constatada entre materia y antimateria).

«El espacio del Ser Uno lo es todo. El espacio no está ni dividido, ni separado, ni ocupado por la forma. El espacio es todo lo que existe. La consciencia-de-Cristo es el espacio de todo lo que existe.»

Somos esos Yoes, como “flotando” en ese espacio sin formas aparentes… donde vamos a ver qué nuevo papel tienen las formas.

Una vez situados en la “percepción verdadera”… siendo nosotros mismos EN “el espacio de todo lo que existe”… y COMO una parte plena de tal espacio… y “existiendo” por tanto COMO espacio de “todo lo que existe”… como “relación”… veremos qué pasa con lo que antes podría parecer “sólido”, inabordable, etc.

«Navegar este espacio infinito como una expresión de amor es la cosa más simple que pueda imaginarse. Todo lo que debes hacer es escuchar a tu Ser. Tu Ser es ahora un espacio consciente sintiente, sin verse impedido por ningún obstáculo de la forma.»

Solo tenemos que permitirnos escucharnos a Nosotros Mismos, como esos otros Yoes de “espacio que siente”… cuyos órganos son sentimientos… y que no se ven limitados por obstáculos, pues un obstáculo no limita, no es frontera estricta, sino que puede envolverse, como veremos (pues al estar todo dentro en el amor del Ser Uno… todo se puede de cierto modo “incluir”, abarcar, abrazar).

«Cuando un obstáculo de la forma, ya sea de naturaleza humana o material, parece presentarse, todo lo que debes hacer es recordarte a ti mismo que el espacio ha reemplazado a lo que una vez fue tu ser de la forma. Siente el amor del espacio que eres. Todos los obstáculos se desvanecerán.»

Ahora somos ese Ser, ese Yo como centro invisible hecho literalmente de espacio…, que puede recordarse de forma “sensible” como tal espacio (en este otro modo NO corporal de sensibilidad, uno más natural, uno de cierta manera complementario y “anterior” al “normal”).

Nos recordamos esto a nosotros mismos… y sentimos el amor de ese espacio, y en esa consciencia los obstáculos se disipan.

«Todos los obstáculos de la forma son reales solo en el mundo de la forma, un mundo percibido en lugar de conocido. La consciencia-de-Cristo reemplaza la percepción con el conocimiento, la forma con el espacio.»

Ese es como vemos el sentido del conocimiento, de ser seres de conocimiento, que traen o unen, al aceptar Unidad… que traen o unen y reúnen lo siguiente:

– el “cielo”, o digamos…: la “antimateria”, es decir, algo… un “no sé qué”… relacionado con eso que pensamos que es la “antimateria”. Somos pues seres de conocimiento que, al aceptar… unen o reúnen “cielo” con…

– con la “tierra”: con todas las formas que pendían del miedo inicial, o creencia raíz, de la separación… que nos permitió crear y recrearnos en Lo Que No Es, en lo que No Somos Nosotros Mismos… creyéndonos lo que no somos.

«No todas las formas serán encontradas como obstáculos. Las formas son solo tan reales como el perceptor las perciba ser. Por tanto, tu espacio se unirá sin esfuerzo con el espacio que esté libre y abierto a la unión.»

No todas las formas se resistirán. Toda depende y pende de su respectivo Espacio Real… y con ese espacio nos podemos unir, reunir… y dice que sin esfuerzo.

«No existen fronteras entre espacio y espacio. Tan solo existen fronteras percibidas.»

Solo la percepción “colapsa” la frontera como límite para dar la sensación de separación.

«Cuando una frontera es percibida como sólida, es un obstáculo, porque no tiene ningún espacio disponible para la unión.»

Pero, como ahora no somos meramente “perceptores” físicos…:

«Lo que para un perceptor es una frontera, un límite, el Yo o Ser del espacio lo encuentra como obstáculo.»

Ya no hay límites, sino obstáculos a “rodear”, a englobar, a abrazar.

«Los obstáculos no deben evitarse, porque el espacio abarca todos los obstáculos, haciéndolos invisibles.»

No evitación, sino abrazo natural, sin esfuerzo.

«La mente diría que hacer los obstáculos invisibles significa indiferencia, insensibilidad. El Ser, tu Yo del espacio, no reconoce obstáculos, porque no conoce la indiferencia. Solo conoce el amor por el Ser Uno. Siente el obstáculo pero no lo conoce. El sentimiento, que es el órgano sensorial del Ser del espacio, recuerda entonces su espaciosidad y la reclama. Por tanto, el obstáculo queda envuelto en el espacio, convirtiéndose en uno con él. El perceptor no reconoce la envoltura, pero no siente daño ni disminución del ánimo al volverse invisible en el espacio.»

Como vemos, estamos hablando de “hacer invisible” a “alguien”, al “ego de alguien”…, para re-unirnos con su Yo del Espacio (de hacernos “indiferentes” a lo que presenta obstáculo, abrazando tales obstáculos con el espacio que sí somos).

En esa unión, nadie sale dañado, por supuesto… pues es el espacio para los milagros… un espacio que como vemos “surge solo”.

Así, es como si fuéramos “volando”, encontrándonos con meros obstáculos…, no límites…, que pueden o no unirse. Y si no pueden “unirse”, son evitados de forma natural.

«La solidez del perceptor es por tanto desviada, evitada por el Ser Uno, y no llega a ser un obstáculo. El espacio abierto de aquel perceptor que no vea solo con la percepción y que no mantenga sus fronteras sólidas, es unido más que evitado.»

Los “perceptores abiertos” pueden o no constatar que están abiertos… pueden o no constatar esa unión en su Yo, su Ser:

«El perceptor abierto puede reconocer o puede no reconocer esta envoltura, pero puede constatar una sensación de confort o de seguridad, una sensación de amor o de atracción.»

Y ahora parece decirnos que, al revés de lo que ocurre normalmente con la percepción usual…, los objetos o en general toda forma que encontremos no-humana es fácilmente “evitable”… en este abrazo natural del Ser:

«Los obstáculos no humanos no tienen necesidad de ser evitados porque sus límites no han sido solidificados por la percepción.»

No nos encontramos con otro perceptor que “solidifica límites” al percibir.

«Un aparente obstáculo de forma no humana es envuelto con facilidad en el espacio del Ser Uno, y puede ser movido o atravesado.»

Así, “subidos” a este “Yo en Unidad con el Ser Uno”, podemos mover todo “obstáculo” no-humano, o atravesarlo, pues ya no estamos “viendo” desde el cuerpo.

Nuestro cuerpo es quizá automáticamente “cuidado”, reconfigurado… en estos movimientos que siempre son desde el amor del Ser…, pues el cuerpo depende y cuelga de la Unidad, es cuidado por ella en la dinámica ilusoria de la separación.

Y es que el universo al parecer late, pulsa, a una velocidad enorme… y solo nuestro apego a lo impermanente hace que nos dé miedo el cambio total de nuestra relación con las formas del que aquí hablamos.

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