¿Qué es la vida? La posibilidad creativa de convertirnos en espaciosos, para realizar la “tarea” que ha venido a hacer el alma   Leave a comment

imagen corazón en círculoVenimos de hablar sobre nuestro nuevo modo de vivir en las formas, cuando comentábamos el Día 12 de Los Diálogos de Un curso de amor (en el índice están todos los enlaces y pdf’s).

Y entonces, ¿qué es la vida?

¿En qué sentido vida es relación?

¿Cómo somos nosotros como relación, y solo en tanto que relación… como relación que incluye, abarca, trasciende todo?

¿Espacio? ¿Un Yo invisible en el espacio?

La vida va a tener que ver con el despliegue y el reconocimiento gozoso de una especie de relación interior, una relación que ya somos por y para toda la eternidad.

Nos reconocemos reconociéndonos en “los demás”, que nunca estuvieron separados… y en lo demás… que nunca estuvo separado… sino dentro.

Quizá esta verdad donde más intuitivamente se ve es en la relación de maternidad… y que es quizá modelo de acogida para cualquier otra relación… desde el ser espacioso “maternal” que somos, que abarca todo, desde su espacio abstracto.

Por eso el único mensaje, que era una invitación sin imposición, era solo este: “amaos los unos a los otros como YO os he amado”… y ese YO es un YO que busca y encuentra la inspiración en el Ser Uno para estar entre los muchos yoes, seres.

Ese YO es la constante demostración e invitación al estado de unión, a la “consciencia de Cristo”.

En estos capítulos (“Días”) casi finales del curso de amor, esto tan simple se detalla… esta mecánica divina se detalla (que es nuestra única tarea aquí), y así la voz nos invita a vivirlo y a quererlo aún más profundamente.

Así que vamos ya a comentar los Días 11 y 13.

«11.1 Somos un solo Ser. ¿De qué otra manera podríamos ser capaces de recibir lo que damos?»

Dar es recibir gracias a eso, porque somos un solo Yo, un solo Ser, un solo “Sí Mismo”.

Sigue:

«¿De qué otra manera podrían nuestras vidas ser capaces de no experimentar ninguna pérdida sino solo ganancias? ¿Por qué otra razón tendríamos que compartirnos a nosotros mismos para conocernos a nosotros mismos?»

Ese es el lema de nuestro curso de amor: para ser quien eres, debes compartir quien eres.

Para conocernos como quienes somos, debemos querer compartir y compartir quienes somos.

Así, en ese movimiento, experimentamos que somos un ser de “solo ganancias”… al expresar ese ser, al “sacarlo fuera”, gracias a la relación.

Así, el amor se re-conoce mediante este mundo de relaciones, el mundo de lo relativo.

«11.2 Debido a que somos un solo corazón, una sola mente, un Yo, un Ser, podemos conocernos solamente si compartimos en unidad y relación. Y solo podríamos compartir en unidad y relación por medio de una separación aparente de la unicidad en la que existimos.»

Es decir, solo separándonos aparentemente con respecto a la unicidad en la que existimos, podemos conocernos al compartir a la vez en unidad y relación. Así, para poder re-conocernos en unidad, hemos de separarnos en relaciones aparentes, y:

«Esta es la gran paradoja que unifica el mundo de la forma con el mundo del espíritu, el mundo de la separación con el mundo de la unión, al tiempo que esto no unifica el mundo de la ilusión con el de la verdad.»

El mundo de la ilusión no puede unificarse con el de la verdad, pero sí podemos unificar… (estamos aquí para ello):
– las formas objetivas y neutras, es decir, la separación “objetiva” y neutra…
– con el espíritu y la unión, con “lo real”.

«Compartir en unidad y relación es el método y el medio para poder ver más allá del mundo de la ilusión hacia la verdad de la unión de la forma y del espíritu, de la unión entre los yoes separados y el Yo Único, o Ser Uno.»

Nos compartimos y nos reconocemos a la vez como forma y espíritu, unidos en un Solo Ser, el Ser Uno, el Yo Único. De ese Ser Uno somos, de cierta forma, sus pensamientos, en despliegue eterno.

«11.3 La elevación del yo de la forma no es otra cosa que el reconocimiento del Yo Único dentro del Ser, del Yo.»

Nuestros seres en la forma, nuestros yoes de la forma, se elevan reconociendo esa unicidad de origen dentro del Ser.

Y ahora:

«11.4 El Yo Único existe dentro de los muchos para poder conocerse a Sí Mismo a través del compartir en unión y relación.»

Así que a la vez que nosotros nos re-conocemos gracias a “elevar” nuestros yoes de la forma, es decir, a compartir en relación y unidad…, el Yo Único que ya somos se reconoce a Sí Mismo.

«11.5 Todos los beneficios que podrías querer traer al mundo los traes por un único camino: la vía de compartir en unión y relación. Solo en la relación, la unicidad del yo, del ser, se separa de la unicidad, y así reconoce la unicidad. Es solo por medio de las relaciones separadas confluyendo en la unión, como el Yo Único es capaz de ser o bien el observador o bien el observado. Esto es tan cierto al respecto de Dios como lo es al respecto del yo de la forma. Dios es la unicidad y la separación. La vida es la relación. Dios es lo que es. La vida es la relación de lo que es conSigo Mismo, con su Yo, con su Ser.»

La vida es relación entre unicidad y separación, entre la sensación de “ser único” y la separación. Compartimos en unidad y relación, haciendo que las relaciones separadas confluyan en la unión, se unan en la unión, y así dejamos paso al Ser Uno o Yo Único.

«11.6 La separación, por sí misma, no es nada. Lo que está separado y unido en relación, lo es Todo, porque es todo lo que es conocible.»

Nos podemos conocer, reconocer, en relación y unidad… una vez que estamos separados y unidos en relación. Por eso somos “Todo”, porque solo así puede ser conocible algo.

Sin embargo, es como si no hubiera un “Todo de Toda Cosa”, un Todo Total, pues no es conocible (como la nada, no es conocible):

«El Todo de Toda Cosa no puede ser conocido, no más de lo que se pueda conocer la nada. El Todo de Toda Cosa es incognoscible. Por tanto, tú eres lo conocible de Dios. Eres lo conocible porque eres la relación del Todo ConSigo Mismo, del Todo con Su Ser, con Su Yo.»

Como estamos separados y unidos en relación, somos lo conocible.

Podríamos visualizarlo usando dos planos, como una ayuda transitoria.

Por un lado un plano horizontal, donde estamos separados y unidos en relación, y por tanto somos lo conocible… y somos lo que hemos llamado “Todo”, pues solo gracias a esa relación entre separación y unicidad hay “lo conocible”.

Luego, un plano vertical, donde estaría esa relación del Todo Consigo Mismo, del Todo con Su Ser.

Volvamos a leerlo:

«11.6 La separación, por sí misma, no es nada. Lo que está separado y unido en relación, lo es Todo, porque es todo lo que es conocible. El Todo de Toda Cosa no puede ser conocido, no más de lo que se pueda conocer la nada. El Todo de Toda Cosa es incognoscible. Por tanto, tú eres lo conocible de Dios. Eres lo conocible porque eres la relación del Todo ConSigo Mismo, del Todo con Su Ser, con Su Yo.»

Si somos, es porque estamos en unidad y relación y somos conocibles, aunque no nos demos cuenta a veces. Si somos es también por esa relación “en vertical”: del Todo con Su Ser, consigo mismo.

Y ahora:

«La separación es tan incognoscible como el Todo de Toda Cosa. Estar separado en realidad significaría no existir. Ser el Todo de Toda Cosa significaría no conocer la existencia. Solo lo que existe en relación sabe que existe. Por tanto, la relación lo es todo. La relación es la verdad. La relación es consciencia.»

Ni somos separados ni somos el Todo de Toda Cosa. Solo existiendo en relación podemos sentir esa relación “en vertical”, del Todo que somos, relacionándose con su Yo. Así experimentamos el saber real de nuestra existencia… solo en ese despliegue se da la consciencia.

«11.7 La consciencia-de-Cristo es el discernimiento de la existencia por medio de la relación. No es Dios. No es el hombre. Es la relación que nos permite tomar conciencia de que Dios lo es todo. Se la ha llamado sabiduría, Sofía, espíritu. Es aquello sin lo cual Dios no conocería a Dios. Es aquello que distingue el todo de la nada. Debido a que es aquello que distingue, es también aquello que ha tomado forma, además de ser aquello de lo cual surgió la forma. Es la expresión de la unicidad en relación ConSigo Misma, con Su Ser, con Su Yo.»

La unicidad necesita expresarse, salir “fuera”, desplegando la relación consigo misma, para discernir la existencia por medio de la relación. La podríamos visualizar momentáneamente como la unión de esos dos planos, vertical y horizontal, donde solo gracias a ese despliegue la unicidad despliega su relación.

«11.8 La vida es el tejido que conecta la telaraña de la forma con el Todo divino. La vida es consciencia. La consciencia-de-Cristo es discernimiento de lo que es. Es el discernimiento de la conexión y de la relación de Todo con Todo. Es el confluir de lo incognoscible y lo conocible por medio de movimiento, expresión, y ser.»

Nos reunimos, como lo conocible de Dios, para que pueda confluir lo incognoscible con nosotros y a través nuestro, en “la consciencia-de-Cristo”.

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Voy a comentar ahora el Día 13 (el Día 12 recordamos que está aquí ya comentado, y en él la voz nos presentaba nuestro “Yo espacioso”).

Nuestro Yo espacioso será lo que nos sirva para hablar de forma muy concreta del estado de unión.

Somos espacio de acogida, veamos pues desde el principio cómo “fue” la historia, cómo es la historia de nuestro desvío del reconocimiento de esa acogida… para re-aprender a conocernos a nosotros mismos como seres de acogida… y así a la vez el Ser Uno se conoce a sí mismo gracias a nuestra elevación.

«Cuando el Ser Uno, o Único Ser, se hizo forma y se conoció a Sí Mismo, conoció el pensamiento separado. Pero más que la forma del único ser, fueron los pensamientos separados de ese ser único quienes dieron lugar al conocimiento del yo o ser que creó los muchos yoes o seres.»

Es decir, es como que un conocimiento del ser se despliega en muchos yoes o seres, gracias a los pensamientos de ese Ser Único que se hizo forma, y se conoció a Sí Mismo al conocer el pensamiento separado gracias a ese movimiento del “se hizo forma”.

Diciéndolo muy simplemente, intuimos que al hacerse forma se despliega la posibilidad de conocerse, pero simplemente porque puede crear pensamientos separados que a su vez permiten la creación de muchos yoes, seres. El ser que crea esos “muchos yoes”, “muchos seres”, se reconoce a sí mismo a través de esos pensamientos (y nosotros somos “Pensamientos de Dios” en ese sentido y “para” ello).

Ese Ser Uno no se identifica con la forma, sino que es el mero punto de apoyo para la creación, es decir, el movimiento de re-conocerse, de conocerse a Sí Mismo… a través de la creación de los muchos seres o yoes que somos, y que dependemos de esos “primeros pensamientos” del Ser Uno… que somos tal cosa.

«Los muchos seres que han ido y venido desde el comienzo de los tiempos, ahora se conocen a sí mismos como los muchos y el único, lo individual y lo colectivo. Este es el conocimiento en relación que está disponible para ti ahora

Conocimiento en relación que incipientemente, como vimos hablando de nuestros dos planos, vertical y horizontal, es un reconocimiento del Ser Uno aquí en las formas.

Y ahora veremos la descripción de ese reconocimiento.

Entonces, ahora nos vemos como los muchos y el único, individuales y colectivos, en un plano horizontal que anhela verticalidad… donde parece como si se desplegara minuciosamente el conocimiento de aquel Único Ser del cual todo surge (al hacerse forma para poder pensar y pensarnos).

«13.2 El yo “único” de la forma es el yo, el ser, en el que naciste. El yo único de la forma llega a conocer al Ser Uno por medio de la relación con otros yoes experimentando unicidad a través de ser yoes de la forma.»

Es decir, es como si el yo o ser “único” de la forma fuera nuestra madre.

Es como que naciéramos a un yo único de la forma, que quiere hacer posible siempre de una nueva forma el reconocimiento del Ser Uno aquí, en la forma, mediante la relación con otros yoes o seres que igualmente nacieron acunados por el yo único de la forma, y con el mismo fin de experimentar unicidad desde ahí, para poder hacer ese servicio al Ser Uno –con lo que a su vez nos servimos a nosotros, reconociéndonos a nosotros mismos en unidad y relación (horizontal y vertical).

«13.3 No tienes por qué perder la experiencia del yo de la forma, sino que tienes que integrarla de tal manera que seas tanto los muchos como el único. La unicidad que representa tu yo individual en esta vida es la unicidad del Uno Santo que es a la vez uno solo —de manera parecida a como tú consideras el yo individual— y Todos.»

Fijémonos a qué cotas estamos elevando la “representación” que consigue hacer nuestro “yo personal” si nos hacemos canales, pues este es el fin de nuestro yo personal, de nuestra personalidad, como “representación” de unicidad de amor, de esa unicidad como sensación de ser únicos pero en el amor (no especiales).

«13.4 El amor que se encuentra en las relaciones del único Ser con los muchos es el amor de Dios. No existe ningún otro amor. El amor de Dios está siendo constantemente dado, recibido y sentido en la relación. El amor de Dios es tu amor. Tu amor es el amor de Dios. Dios es amor.»

Vemos pues cómo se despliega el sentido de la unicidad del amor, del “Dios uno”.

«13.5 Así se explican las relaciones y las formas carentes de amor. Donde no hay amor, Dios no está presente. Donde no hay amor, hay una falta de divinidad, o lo que has definido como ‘mal’. Una carencia completa de amor crea unos obstáculos formidables —en otras palabras, obstáculos de forma sólida que no contienen espaciosidad.»

En el caso del desamor, es como haber cerrado el paso del Yo espacioso que somos, pero la consciencia-de-Cristo sigue ahí:

«La forma sólida es en realidad una carencia, una sustancia carente de espaciosidad, una forma que es solamente forma. Estas formas son de todas maneras englobadas por el espacio de amor de la consciencia-de-Cristo y, por tanto, pueden fácilmente ser tornadas ineficaces.»

Entonces:

«13.6 Imagina el Ser espacioso, el Yo del espacio, como un Yo invisible, como un Yo o Ser cuya forma es transparente. A través de esta transparencia, se hace ahora patente la realidad del Ser Uno siendo también los muchos o el todo.»

Gracias a unirnos a nuestro Yo espacioso, a ese Ser invisible de forma transparente, que está y es el Ser único de la forma…, podemos constatar que el Ser Uno está también en los muchos y en el todo (es nuestro “servicio a Dios”… sirviendo aquí en este plano en unidad y relación).

El Ser Uno, el Único Ser, del que empezábamos diciendo que “conoció el pensamiento separado” y que se hizo forma, forma en general…, y que luego pensó y así “nos pensó”… ese Ser Uno… puede así “sentirse a sí mismo”.

«La espaciosidad del amor, la hermosa complejidad de la forma, la asombrosa majestuosidad de la naturaleza, se hacen todas visibles dentro del Ser Uno debido a la invisibilidad del Ser único sin fronteras de la forma.»

Gracias a esta creación “intermedia”, de un Ser o Yo único de la forma, que no tiene límites… y del que somos “parte” en nuestro Yo espacioso, gracias a esa especie de “lente de aumento” (lente de comunicación)… se torna “visible” todo eso.

«Todo en la creación está presente y patente en este Ser de forma sin fronteras. Este Ser es cada uno y toda cosa. Debido a que es todos y toda cosa, es también el yo del vacío, el vacío del yo sin amor. Siempre y cuando el vacío del yo sin amor exista dentro del Yo espacioso, ellos están en armonía. Solo se da desarmonía al intentar echar al yo carente de amor del Yo espacioso. Por tanto, mantener el yo sin amor en el Yo espacioso del amor es la respuesta a la pregunta sobre el mal y el levantamiento definitivo de los últimos velos de miedo.»

Así, cada vez que rechazamos aquí, estamos evitando nuestra propia unión con el Yo espacioso…, con nuestro Ser del espacio…, que nos comunica a todos en el Ser único de la forma sin límites, sin fronteras… y con él podemos recordar que somos ese espacio de acogida que engloba o abraza cualquier cosa que deba ser algo más que “evitada”, “desviada”.

Y:

«13.7 Lo mismo ocurre con todo lo demás que podrías temer, como el yo sufriente. El yo sufriente, si se mantiene en el Yo del espacio, existe en armonía con este Yo espacioso. Los intentos de echar al yo sufriente del Yo espacioso crean la desarmonía. El yo sin amor y el yo sufriente solo se volverán inefectivos si los mantenemos dentro. Solo así constatarás que todo existe dentro de ti. Solo así te haces un ser completamente sin miedo y llegas a ser totalmente espacioso, ya que el miedo es parte de la densidad de la forma, siendo una carencia de amor.»

Pues:

«13.8 Una vez el miedo se ha ido, la relación verdadera no solo es posible, sino inevitable. La relación verdadera existe de forma natural en el estado de armonía que es el Ser o Yo espacioso. Este es el estado de unión.»

 

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