Comentarios y repasos (10): Vida, memoria, respiración, María, reconocerse, capítulo 9 (t-ucda-I)   Leave a comment

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I. María
II. capítulo 9 (tratados, I. Un curso de amor)
III. más sobre la memoria y la relación
IV. el ejercicio del espejo (en Walsch)
V. un ejercicio básico sobre respiración y vida (Walsch)

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I. María

En este capítulo 8 del curso de amor (2º libro), de repente se comenta el poder simbólico de María, la madre de Jesús.

El “evento Jesús” de cierto modo abre un nuevo camino, una nueva era, como una especie de simple semilla en cuanto a la comunicación entre:
– este plano donde parecemos encarnar,
– y nuestro ser espiritual, que nunca hemos perdido (nunca separado del Origen, la Fuente).

Quizá esa “nueva era” podemos ver que queda más o menos reflejada en nuestro calendario, que no sería casualidad que empezara en un “año 0”, año en que más o menos nació Jesús.

Aunque aquí la voz nos explica, claramente, algo que tiene que ver con la encarnación de ese espíritu como Verbo, es decir, con la encarnación de la promesa del Padre-Madre-Vida, un Padre-Madre que nunca estuvo separado de nadie (que es nuestra esencia, y Todo Lo Que Es a la vez).

Así, en el evento Jesús, se habría dado una definitiva apertura a este hecho, con todas las consecuencias de tal “no-separación”.

Ahora lo consumamos, con la llamada “segunda venida”.

Para dicha apertura, el “espíritu” que encarnó en María… es decir, el “modo espiritual re-unido” de existencia que podríamos llamar “espíritu en María”… podríamos decir que tuvo que dar cierto asentimiento para albergar todo este “juego cósmico nuevo” que se iba a dar… para abrir la posibilidad de la encarnación de “lo realmente nuevo”.

La encarnación del “Verbo” no es el nacimiento en la carne de un niño… sino que se dio en la resurrección, como evento cósmico y por otra parte natural…, dentro del “cultivo de Unidad espiritual” que por así decirlo es lo que lógicamente intentamos realizar en estas tierras evolutivas de nuestros sueños… que serán abarcadas en el movimiento del espíritu (la “Creación”).

Y es que todo tiene como propósito la reunificación, para conseguir –en tal proceso de Creación en sentido amplio– resignificarlo todo más ampliamente (incluídos ahí nosotros, como seres con muchas “partes”, en un gran juego de creación).

Así que la “encarnación del Verbo” sería lo dado en la resurrección, en un año posterior al año 0…, y no en el nacimiento en la carne del niño llamado, más o menos, Joshua ben Joseph.

Por así decirlo, el espíritu encarnado en Jesús (que en el fondo y de entrada podríamos decir que es nuestro “Yo en Unidad” más esencial)… ese “espíritu”… habla desde estos cursos y textos para comentar cómo está esperando que seamos simplemente sus iguales, pues siempre estuvimos ahí con él, con ellos.

Somos compañeros en la Unidad de Amor, que todo lo abarca, trasciende.

Somos sus iguales en “logros”, y solo tenemos que darnos cuenta, pues la semilla plantada solo requiere ya de nuestro cuidado (del cuidado de lo que en este curso de amor se llama “el Cristo en ti”).

Somos sus iguales en lo que ya está “conseguido” o facilitado enormemente aquí en esta tierra: la vivencia posible de “la resurrección”, en la vida física, de todos.

En eso, ese espíritu de cierto modo sería “maestro”…, una especie de maestro interior en reconciliación entre “divino” y “humano”.

Y está “dentro” de todos nosotros… igual que en realidad todos estamos –como espíritu– ya dentro de toda otra persona que veamos (recordar el capítulo 13 del primer libro).

Y en ese sentido, las apariciones que sucedieron, dentro de la Mente que somos… las apariciones y las comunicaciones que tuvo “Jesús” hace 2000 años… simbolizarían esto fuertemente, en aquel tiempo de entonces.

Así que desde ahí dentro, simplemente esperan a que nosotros, como Seres o Yoes en Unidad… les tomemos de la mano para literalmente ser sus iguales.

Como ejemplo quizá básico, cada vez que un niño nuevo parece “encarnar”, ¿diríamos quizá que se dan gestos así, como aquel, interiores…, entre los “Yoes en Unidad” de madres e hijos?

Ya sabemos que todo es símbolo, y que desde dentro a veces representamos símbolos más fuertes de nuestro enlace con Todo Lo Que Es, con “Dios”, con la Vida como Origen.

María, cuando “se aparece” (y se podría hablar y aclarar sobre qué es ese “aparecer”) en el contexto católico… en esta especie de plan de diluir alegremente la iglesia católica a base de darse la paradoja de aparecerse a pastorcillos o niños del campo en zonas que ahora llamarían “deprimidas”… y cosa que termina dando con los humanos organizándose como respuesta para fabricar unos enormes complejos arquitectónicos religiosos…
…decíamos… María…, cuando se aparece… paradójicamente parece reforzar la Iglesia… así como profundizarla… y establecer puentes…, y sobre todo quizá aprovechar ciertos sitios clave en cuanto a posiblemente “energías” terrestres para enseñar “conversión” a ese nuestro “Reino interior”.

María… al leer este cap. 8, podríamos pensar que sería como nuestra “abuela”, de cierto modo.

Es decir, ella “encarnó aquel evento”… trayendo esa “semilla crística” que luego “plantó” el Espíritu en todos en una nueva re-evolución.. esa que tenemos dentro según anuncia aquí el capítulo…, dentro a través de “Jesús”, tras “resucitar” este.

Y las “apariciones” de María, las de ahora, seguramente ocurren de forma parecida a como se darían algunas de las de Jesús, de hace 2000 años… ya que cuando las ven en grupo no las ven todos los que están presentes.

En el caso ahora más importante, de Medjugorje, las ven solo los llamados “videntes”, en su Mente. Antes, allí, creo que las veían de forma más grupal ellos mismos…, reunidos en una sola mente con el espíritu que de cierto modo sería la “Madre” de nuestra Mente. Ahora, tienen apariciones más individuales, creo, aunque quizá siguen dándose las grupales de los 5 o 6 videntes a la vez, en esa especie de “trance” o “salida” de este mundo –al respecto habría que recordar que todo “universo” es de cierto modo privado (que en cierto sentido somos muy literalmente un “centro del universo”, cada cual).

Y estas apariciones de María son pues como recordatorios simbólicos, fuertes, de esto mismo que decimos: acerca de “ser Madre” de nuestra resurrección… parece.

A María le gusta aparecer con el bebé… es muy simbólico.

Interpretaríamos eso como que señala al “Cristo” en cada uno, como un bebito a cuidar asi de suavemente.

Por eso, entre otras cosas, y como dice en el 8º capítulo… María sería el “mito” que “sustituiría” a todos los demás… porque parece simbolizar que ya somos el resucitado… y que solo hemos de cuidar al “Cristo en cada uno” para que “crezca”… —pero que lo somos sin condiciones.

Plena liberación.

Hay que recordar también que “mito” es algo más fuerte y real que nuestra “realidad” usual.

Claro que, por cierto, así no lo entenderá la Iglesia… en general… pero da igual, pues esto es efectivo de mil maneras.

Recordemos que lo que decimos conscientemente a menudo da igual, y que lo importante son los “acuerdos interiores” que de cierto modo “ratificamos” o manifestamos, prolongamos y reforzamos…, cuando estos acuerdos se componen desde Dentro para la liberación de la humanidad de sus propios fantasmas y creencias sobre lo que la Vida es, lo que Dios es.

Así que María es madre/abuela de nuestro “Cristo en ti”… de nuestra “semilla de resurrección en la forma”… de nosotros mismos como “bebés para la eternidad”.

Este sentido tendrían las oraciones que llaman a María nuestra madre.

Así, este capítulo 8 no niega que haya habido “apariciones” de Jesús, bajo diversas “formas corporales” proyectadas en la Pantalla Mental de uno o varios asistentes…, sino que aquí la voz de UCDA dice que no utilizó su mismo cuerpo físico, no exactamente el mismo que tenía antes de “morir”.

Podemos recordar, incluso, que el cuerpo de todas maneras nunca es el mismo… ni siquiera este físico tan duro y sometido al continuo ilusorio temporal.

Podemos suponer que la forma física usual (la tan sujeta a las leyes de aquí) no permitiría “x” juegos de comunicación que allí ya estaba teniendo “el espíritu de Jesús”, en muchas dimensiones…, al parecer.

Y como sabemos, los “universos privados” se pueden ajustar de muchas maneras para que, desde el interior, proyectemos selectivamente —unos sí, otros no— una especie de “versión” determinada de lo que vemos.

Necesitaremos pues seguir este “no-plan” de “la Vida”, de Dios… y poder jugar con otras mentes así… mentes que no se asusten mucho… para poder jugar a otras manifestaciones en la forma… y esas cosas (para poder jugar a Ser en unidad también en esos niveles que nos resultarán naturales… los niveles más allá de la forma física… y dejándonos fluir).

Entonces, como siempre, lo importante en cualquier cosa es lo que ella simboliza en el juego digamos “interdimensional”.

Y eso, lo “simbólico-mitológico”, actúa digamos que “directamente”… causa y efecto a la vez.

Es digamos que “más poderoso” que lo normal de aquí, simplemente por estar más comunicado, y simplemente porque lo de aquí no sería más que “sombra” para jugar.

Así que antes de seguir es muy importante no perdernos y distinguir algunas cosas sobre la religión.

La religión: un componente humano más, que está siendo disuelto por estas obras de apariciones y transmisiones de mensajes y textos…, fuera y dentro de las iglesias organizadas… y todo “para reunificarnos”.

¿Cuál es el sentido natural de que la voz insista aquí, en estos capítulos, en cosas como estas, que rozan algunas cosas que parecen dogmas en los que podríamos pensar que “no habría que meterse”?

El objetivo natural de lo físico pongamos que es “reflejar unidad”.

Este objetivo no es en realidad un objetivo… sino el simple reflejo de nuestra re-unificación interior (asumir el Reino dentro).

Y nadie somos menos capaces que nadie en esto, sino que todos somos Mente-Espacio, acogiendo toda esta ficción de ser un “yo separado”… un yo que se cree separado de lo que ve…, cuando toda esa ficción es sin embargo un truco, y no hay nada separado.

Por tanto, de ahí la natural insistencia en que aceptemos la enormidad del “logro” de cierto modo “común” de la resurrección (pues somos uno)… del logro “conseguido” ya para todos en esa “resurrección de Jesús”.

Por tanto, somos “iguales a lo conseguido” en el “evento Jesús”. Somos lo conseguido ahí. Y es lo que hemos venido a manifestar tarde o temprano.

Somos divinos y humanos, y el grito de hace 2000 años es: ¡demostrado! ¡Ya! ¡Adelante!

Nunca somos menos que eso. Solo en nuestras imaginaciones ilusorias, las que sabemos que parten de “la percepción” para juzgarnos a nosotros mismos… solo ahí somos “inferiores”.

Entonces, para aceptarnos a nosotros mismos de verdad (!)… completos…, vamos a aceptar eso que nos puede pasa, y que ya está dentro nuestro, como “evento-semilla”… y que de hecho sería algo así como una especie de “experiencia re-visitable”, de cierto modo.

Insistamos: todo esto es para aceptarnos a nosotros mismos, en la plenitud de todas nuestras capas y capacidades. Para ello de cierto modo hemos de aceptar interiormente ese “evento”, esa “capacidad natural”… ese ser completo… esa elevación de la forma en una “personalidad espiritual” concreta que lo plantó para esta tierra… y que de cierto modo habría dejado una especie de sello indeleble ya en todos, dentro, y como una invitación a “ser nosotros mismos”, a ser “todo-nosotros”…, a ser enteros como divinos-humanos a partir de “la amistad” con esa personalidad… a ser amados por nuestro origen de una manera que ahora nos parecerá en general imposible.

De ahí lo natural de esta “aceptación de Jesús”, más allá de todo dogma, de las religiones…, como evento cósmico natural.

De dicha aceptación va a hablar mucho más tarde en el curso.

Es pues como una carrera, tal y como lo compara todo a veces la voz…, pero una donde no hay competición.

Todos los corredores saben que son como el que tiene el récord, pues son humanos… y se miran en el récord y en ese ejemplo cercano.

Todos nosotros, siguiendo la comparación… todos somos divinos y humanos (somos espíritu que puede reconciliar todo, pues para eso es… para crecer englobando, pues el amor es eso: todo lo abarca, lo trasciende, lo abraza).

Y para convencernos de esa posibilidad de “reconciliación”, está el “récord” del “evento Jesús”, en esta especie de “carrera espiritual”.

Lo únicos que ocurre es que ya vamos más allá de “los ejemplos”, es decir, vía directa: “el Cristo en ti”. Pasó el tiempo de los intermediarios, y debemos acoger directamente la mano de la “amistad interior”… la amistad con quienes están ahí dentro nuestro, en espíritu, aun cuando estemos aún en cuerpos físicos.

Y, en este caso “amplio” sobre nuestra “carrera espiritual” sin competencia…, la carrera es lo invisible de nuestra capacidad de “aceptar unidad” aquí… unidad con Nosotros Mismos…, y todas las consecuencias que esto tiene.

Así pues, como dijo hace mucho la voz a través del evento Jesús (al parecer): “milagros” como esos y más permitiremos que sean vistos (“hechos”) a través nuestro… al manifestar el “Todo” de quien sí realmente somos.

Y así, en el sentido más simple de “resucitar”… incluso… ya ha parecido darse el que la gente “normal” se presente “resucitada” a alguien, tras morir… con cuerpos de otro tipo pero “cuerpos” al fin y al cabo… y sin una “actitud fantasmagórica”, es decir, a plena consciencia.

Esto ya es algo que parecen haber hecho muchos, en este mundo.

Vamos pues por estos capítulos algo impactantes, breves, simplemente descriptivos de lo que somos… que siguen por otra parte intentando que, al saberlo, lo seamos y lo sigamos dentro (que sigamos a lo que ya somos… un Yo en Unidad).

Con “lo peor” de las religiones es pues como si unos corredores en las carreras se hubieran puesto a distorsionar por completo el entrenamiento, que ya no se haría tanto para emular a los mejores y crecer… sino más bien ya solo para compararse entre ellos y competir demasiado, hasta matarse (matando su fuerza, su vida interior)… reforzando así lo contrario de la función de “los mejores”: que sería expresar con todo el ser una especie de “gloria” posible, un simple: “eh, mirad cómo es posible… mirad vosotros, que sois como yo…, corredores… y que podeis hacer esto”.

Tenemos eso en vez de una relación sana (de casi ni siquiera “competencia”… sino “autosuperación”, dirían en el deporte)… pues lo que “el ego” hace en nosotros cuando le dejamos ya sabemos lo que es.

Y en la “carrera espiritual” ni siquiera hay mejores, solo hay “primero” (y el tiempo no existe, como nos recordará cuando comente esto sobre las carreras).

Así que no perdemos el norte.

El esquema en los Tratados es lo de siempre:

no podemos buscar lo que somos, pues ya lo somos.

Solo lo podemos crear de nuevo, cosa esta que queda reafirmada con el tratado cuarto que ya veremos: sobre la creación de lo nuevo.

Solo “crearlo de nuevo”… manifestado…, en un sitio (“lo físico”), que no parecía afín a ello debido a cómo hemos vivido aquí (solo debido a interpretaciones mentales, pues somos Mente, no cuerpo… el cuerpo es un destilado final para jugar y cuidar).

Lo creamos fabricando un nuevo “estado de ser”, el de Unidad… y conservándolo al cuidar y dejar crecer al “Cristo en nosotros” como un bebito… el “Cristo” que es ya la relación con todo.

Y para eso veremos el segundo y el tercer tratado.

Solo podemos “recrearnos de nuevo” abandonando explícitamente lo que había en nuestra mente, las “creencias de lo viejo” (segundo y tercer tratado también).

Hay que reconocer en la práctica que tenemos esas creencias, para que se disuelvan.

Pues lo que creemos, crea… como ya sabemos, pues nadie nos puede forzar a nada, ya que somos los “dueños” de estas creaciones, que están a nuestro servicio… en la tarea de “ser Dios”… y donde reflejamos nuestro “asumir unidad”, más o menos.

Lo que creemos, con el sistema de lo viejo (separación), fabrica más de lo mismo.

Con el sistema de lo nuevo… pues no. 🙂

Así que nos deseamos entre todos mucha observación de la respiración 🙂 …

…atracción de Luz a través de ella…

…escucharnos a través del cuerpo…

… y practicar el “pedir” unidad…
… pedir que todos esten incluídos en todo…
… cosa que decía UCDA desde el primer libro…
… y que no es sino una versión posible del Ho’oponopono…
o de lo que se elija (UCDM, etc.)…
… para facilitar el cultivar la actitud de unidad…
… el aceptar primero unidad antes de reaccionar proyectando en “los demás”…
… antes de seguir en la actitud de proyectar —de que “hay algo fuera” de mí.

Esa actitud es la que, hasta que no se disuelva, no podremos pasar de los Tratados en adelante.

II. capítulo 9 (tratados, I. Un curso de amor)

Quizá podemos poner algún ejemplo real en la vida de cada cual sobre lo que dice aquí en el cap. 9:

– no habla de “equilibrio”, sino de plenitud alcanzada… en el gesto de simplemente ir hacia dentro, a reconocer partes nuestras (pues dentro en realidad tenemos todo, la semilla del todo que somos)…

– observar… rincones de nuestra personalidad más “global”… “alma”… que ya está completa y solo busca experimentarse en tanto que ya completa desde su origen…

– mirar ofensas y nuestras reacciones ante ofensas o “accidentes”, etc., que hayamos tenido mientras hacíamos esta o alguna otra lectura o práctica que “disuelve egos” 🙂 … en el sentido en que vamos descubriendo que toda pérdida es irreal, y que toda pérdida tiene que ver con “sentimientos de amor perdido” (lo cual es absurdo), y que a su vez tiene que ver con nuestro rechazo juguetón de ese “Ser o Yo en Unidad” que somos (y así, estas cosas que leemos y hacemos, o estas relaciones que a veces tenemos… son poco a poco lo que usamos a veces casi sin querer como algo que “disuelve egos”, con cariño…).

– ¿Cuál fue nuestra reacción más inmediata ante algo que recordamos intensamente una vez que ya nos hicimos “egos espirituales”?… fue quizá una reacción de “escondernos autocompasivamente”… de “secreto”… de “oscuridad” casi “reptiliana”…

– ¿o bien, por contra, fue algo más “yang”: manipular… etc…?

– en esa estrategia de defensa, quizá vemos o sentimos nuestros aspectos (de la personalidad, del mundo) que más “valoramos con el ego”…

– al observarlo más neutralmente… ahora puede que podamos cambiar nuestras valoraciones… relativizarlas… al solo darnos cuenta de nuestro estado reactivo que quizá ahora aún nos retiene… incluso reflejándose en el cuerpo.

III. más sobre la relación y la memoria

Al hilo de lo que estamos leyendo en los tratados del curso de amor (I.9), podemos hablar de la memoria y la relación, del objetivo de las relaciones.

Nos acordamos de la memoria, la memoria, el recuerdo… como eso que es “sagrado” aquí, en nuestro mundo de “relaciones exteriores”…, en nuestro mundo de “lo relativo”.

¿Por qué?

Porque permite la relación, la relación con la que luego hacemos la mutación para ser directamente lo que siempre fuimos (solo relación, no seres separados).

La relación es lo más de lo más, no hay más.

Neutral, sin juicio… la relación es… como el amor… simplemente es.

Antes de “separación”, HAY la intensidad creadora de la relación y Luz que somos, en unidad.

La relación, la ex-presada aquí, es donde más nos confrontamos… y tenemos a veces que “renunciar” a más cosas “propias”… renunciando así a nuestro modo de valorar adictivo… desde el exterior al interior… que usamos en vez de “valorar” simplemente brillando.

Sin memoria, no podríamos hacer nada… así que lo único que hay que hacer es ver con quién la usamos, dentro de la mente… si con el miedo y su sistema de escasez… o con lo otro.

Vamos a detectar a nuestro Ser o Yo en Unidad… para que nos podamos ayudar a nosotros mismos a “usar” la memoria mejor… sirviendo al Todo cada vez que nos las veamos con recuerdos…, teniendo en cuenta que queremos más armonía.

Y en el fondo, ya sabemos: en todo presente que no “brille”, es que estamos viendo nuestra propia proyección de pasado.

Así que detectamos a la parte nuestra que tenemos unida al Creador que nos creó completos… y nos ayudamos así a poner “recuerdos divinos” en lugar de todo aquello que hemos retenido, y que nos separa de nosotros mismos.

La relación es lo único que existe.

Por tanto, la sagrada memoria, y el sagrado tiempo que nos permite expresarnos aquí en tanto que relación interior, santa… la memoria y su transformación… parecen ser la parte más crucial de todo.

Guardando nuestras ofensas, usamos la memoria para relacionarnos con nuestras propias ilusiones… en un mundo privado.

Mantenemos así todo el sistema del ego en bloque, nuestra decisión por el ego… y no nos damos cuenta de que podemos decidirnos por el otro bloque… de que podemos situarnos en el espacio que siempre se nos reservó y que hemos dejado vacío… en compañía de todos Nosotros como Espacio… en el espacio o círculo donde podemos de nuevo sentirnos como seres que eligen su sistema de pensamiento: o bien unidad o bien separación… en ese nivel tan profundo.

De ahí que UCDA habló al final del primer libro del curso sobre la transparencia de la “confesión”… para lo cual a veces hay que crear climas donde nos dé igual desnudar el alma… cosa que parece que nos da a veces muchísimo más reparo que desnudar el cuerpo.

Así, construimos durante otra vida más el “castillo en el aire” que es el “yo separado”… que vive de la falsa memoria de ilusiones sobre lo que “nos hicieron”, o sobre lo que “los demás” son… y que nosotros no somos.

Proyectamos así nuestros miedos… y así, proyectados, los protegemos… y la energía enorme que gastamos en conservar las proyecciones, esos cordones… nos hace alejarnos de la Unidad de esa Única Relación que cada uno ya somos con todo
(recordar el final del primer libro, el mantra).

Y pasamos pues a vivir fragmentados…, en un “necesario” esfuerzo por mantener esos juicios, ofensas, resentires o meras proyecciones con las que no integramos algo: “yo no soy eso, ese error que veo fuera no es mío”.

Así que vamos dando tumbos, atados a esos cordones con los que nos atamos a los demás… y con los que nos atan “los demás” con nuestras propias proyecciones… y ayudados por el refuerzo que “los demás” también hacen de nuestros propios errores… al no vernos “puros” y reforzar así nuestros propios errores que son solo el que “alguna vez hemos proyectado”, juzgado (todos lo hicimos).

Pero en el fondo ya sabemos: no hay “los demás”… sino una unidad que se limpia de proyecciones y creencias “de lo viejo”… del sistema de lo viejo… si cada uno permite eso mismo “pidiendo unidad”, practicando lo que sea: el arte del pensamiento que trata de unirse al Yo para verlo Todo Como Un Regalo… o Ho’oponopono… etc. Es lo mismo, detener el juicio, reunirse con Uno Mismo.

Sí, esos errores que no son de nadie.. no son en Realidad míos… pero no lo son porque tampoco son “de ellos”… tampoco pertenecen a esos seres que siento que están fuera de mí.

Pues no hubo nada afuera, yo no soy un cuerpo.

Podemos seguir libremente en la creación de experiencia a partir del sistema del ego. Somos libres de elegirlo durante mucho más tiempo. Y lo único es que en teoría ya anhelamos otra cosa.

La relación que somos (Creación) está antes que nada… está antes que cualquier otra cosa… es como un fondo previo e inasible, previo a cualquier cosa.

Y la relación la alejamos con eso que hacemos fulminante e inconscientemente con nuestra “mente normal”: el juicio, que nos separa:

“son los otros quienes cometen errores… y yo no, pues yo no soy ellos para nada”.

Solo hay una mente; por eso nos podemos comunicar telepáticamente, etc.

Los otros solo están “creando”, como yo… perfectamente… a partir de lo que alojan dentro como sentimientos distorsionados y creencias.
Esa creación es perfecta dado lo que nos hemos propuesto experimentar pero que nos hemos olvidado de que nos lo propusimos (experimentar lo que no somos).

Todos distorsionamos… por eso todos somos “otros”… y nos mostramos la distorsión dándonos la oportunidad de o bien entregarla colocándonos en Cero… o bien realimentarla creyéndonos la película de la pantalla que nos hipnotiza.

Y podemos comentar lo siguiente que quizá nos sirve para recordarnos el servicio que la vida es…

…para entender que en las relaciones lo que encontramos no nos lo da “el otro”… sino nosotros… pues dar es recibir a la vez.

Lo que damos es lo que sentimos que recibimos.

Y así, en las relaciones, podemos darnos cuenta de qué y quién estamos eligiendo ser:

¿En qué sentido venimos a ser “dioses”… como Dios?

¿Qué le pasa al “Dios absoluto”… al que ya lo tiene todo y que ya es todo, sin brechas?

Quiere ex-perimentarlo.

Toda historia es búsqueda de esa explosiva expresión gloriosa que la Creación es, en su eterno Ciclo entre “adentro” / “afuera”…, en estas tierras de nuestros sueños, en el aspecto exterior de la Vida.

Por eso Dios sirve a la Vida… y la Vida es servicio a Dios-Diosa.

Nosotros, dentro, somos ya un “todo”.

Somos como Toditos… perfectos… pues fuimos así creados… a imagen y semejanza de ese Todo Absoluto… al que en el fondo anhelamos “volver”, ex-presándolo.

Hemos decidido servir a Dios, a la Vida, en el mundo de lo relativo de nuestras ilusiones compartidas y relaciones exteriores; no en el absoluto, donde no hay experiencia, pues ahí ya somos Conocimiento, y ahí somos y tenemos otro tipo completamente diferente de “experiencia” que no podemos llamar “experiencia”… pero que podemos proyectar aquí.

Por eso no funcionan “las relaciones”, porque no nos acordamos de para qué es la Vida.

La vida es para ser Dios, para ser Vida.

La vida no es para encontrar algo afuera, sino para crear de nuevo lo que ya somos, expresarlo, experimentarlo.

La vida es nueva creación de lo siempre nuevo.

Lo natural, lo perdemos; al buscar fuera perdemos el servicio creativo abundante que la vida ya es, como expresión de la Vida.

Si ya nos encontramos a Nosotros Mismos dentro… podremos ver más de nosotros mismos en el “afuera”… y podremos sentirlo tras crearlo y co-crearlo… poniéndolo en las relaciones, de dentro hacia fuera.

Por ejemplo, en “el afuera” de la mirada de un “otro”… podremos vernos ahí… más ahí… juntos podremos ver ahí dentro nuestro verdadero ser…, y podremos compartirlo, co-re-creando su experiencia.

No buscamos encontrar algo en “una relación”, sino que pondremos ahí lo que ya somos, y que hemos “redescubierto” para poder recrearlo en las relaciones… — en vez de poner nuestras carencias imaginarias, etc.

Así, el mundo se re-concilia consigo mismo…, se re-crea y re-unifica… dando la vuelta al Calcetín que cada uno ya es (mediante Conocimiento y Experiencia).

Así el mundo se re-crea a partir de la experiencia de un Uno como nosotros… un Uno que Despierta… al ser ese “Todito” que cada uno ya somos… en ese despliegue del “Cristo en ti”… como perspectiva plena de Unidad de Amor que cada Uno ya somos con todos y todo.

Así hablaba, en Walsch, la voz de nuestra Unidad de Amor… sobre la “relación santa”:

«La relación santa es cuando tu interior encuentra el exterior de otro, y cuando el interior de otro encuentra tu exterior, y cuando, en el mejor de los momentos, ambos exteriores se funden por el calor de los dos interiores, permitiendo que estos se encuentren y despierten al reconocimiento de que son Idénticos y Uno Solo, y lo experimenten.

» Esta es la expresión en el mundo de lo que llamáis Amor.»

Se puede, como ya sabemos, con una sola mirada…, y quizá a menudo sobre todo con ella… y la risa que a veces nos da, es la del encuentro.

IV. el ejercicio del espejo (en Walsch)

Ejercicio del espejo (que aparece en Walsch).

Para hacer contacto aunque sea mínimo con nuestro Yo o Ser en Unidad…
para ser conscientes de que tenemos una Consciencia…
podemos hacer una cosa divertida ante el espejo…

… aunque hay quienes tenemos poca costumbre de mirar ahí 🙂 :

Es respirar profundo, durante mas o menos 10 segundos….. diciendo solamente “¿Quién?”, ante el espejo durante esos 10 segundos cada vez.

Eso tres veces.

Es diciéndolo largo…: “quieeeeen….”.

Mirándonos fijo a los ojos, diciéndolo en alto, o bien en silencio.

¡Recordemos que no sabemos quiénes somos! Y que aquí solo venimos a recordar quiénes realmente somos. Esto puede ser un paso.

Si esto lo hacemos bastante (100 veces durante un mes) tendremos, dijo la voz a Walsch, tendremos seguro al menos un primer reconocimiento de Quien Realmente Somos, si no se tiene claro ya.

Quizá no “consumemos” ese reconocimiento de Quien Realmente Somos… pero sí se dará un cierto tipo de reconocimiento claro.

Es otra forma de “pedir milagro”, digamos, para quizá ayudar a ese nuestro “arte del pensamiento”, o al Ho’oponopono… o lo que estemos haciendo para alimentar otra actitud muy diferente en nuestras vidas, las vidas que antes alentaban más plenamente la vibración “separación”.

Frente a ello, pleno agradecimiento por ser todo lo que vemos… y por literalmente ser o estar en todos aquellos a quienes vemos…, le guste o no esto a nuestro “yo separado”. Gracias a que somos espíritu, podemos “jugar a universo” (y somos literalmente el universo y más allá).

No nos queremos tanto quizá a nosotros mismos como para practicar este mirarnos en el espejo… mirarnos buscando un “otro” que es más nosotros mismos que nosotros mismos.

Ese “quién”, tan simple…, nos lo preguntamos con esta actitud, obviamente:

¿quién es esta persona?
¿quién está ante mí?
¿quién es este ser que creo ser?
¿quién?
¿quién?

Estamos pidiendo “auto-consciencia”, por así decirlo… y como en otro nivel…

Y así, nos traspasamos a nosotros mismos… y así… atravesamos de frente, afrontamos, nuestra propia sombra y este juguete que hemos creído ser y que creímos que podía usarnos a nosotros…, este juguete y sombra que es el cuerpo…

Es igual quizá que al mirar a los ojos de “otra persona”… directamente…,
que es cuando curiosamente mejor traspasamos la visión que ve al otro como un cuerpo… y que es como mejor veremos “el espíritu”, y como vamos hacia el espíritu, que es a la vez nuestro y suyo… en unidad… hacia ese espíritu que introdujo tan bien la voz de UCDA en el cap. 13 del primer libro, hace mucho tiempo… en ese capítulo tan sugerente.

V. un ejercicio básico sobre respiración y vida (Walsch)

Un ejercicio básico, también extraído de Walsch, para apoyar nuestra concentración, si lo necesitamos… y nuestro reconocimiento de ese Ser más amplio que somos, que nos abarca abarcando al “pequeño yo”.

Se centra en la respiración.

Se nos pide que intentemos hacerlo incluso nada más levantarnos. Para que se haga automático.

Es para “meditar”, y lo podemos acoger sin ansias… para ayudarnos en la concentración y reunificación con nosotros mismos… en eso que “debíamos” hacer en este tratado del curso de amor (reconocer y aceptar aquí, en el estado físico en que estamos, más o menos confundidos o separados de Nosotros Mismos… aceptar la parte nuestra unida al Creador, es decir, unida al Centro de todo y todos).

Quizá este “ejercicio” nos ayude a detectar y aceptar nuestra forma particular de conectar con la unidad, que se pide que constatemos en el segundo tratado (si no ha sido ya constatada).

Esto va aquí propuesto si es que no tenemos ya otros pequeños procesos propios… ya fijados quizá…, y que sintamos que nos ayudan a “expandirnos”.

Siempre nos acordamos de que debemos retirar nuestra “ansia”, las expectativas, etc., de estos “ejercicios”… pues ya estamos “iluminados” desde siempre, ya somos “luz”.

Tenemos el otro ejercicio, el del espejo, que ayuda tanto a concentrarse.

Y ahora este, que pide algo más de nosotros:

«Simplemente respira la Vida que está por todo tu alrededor.

Respira profundamente, con el ritmo natural de la Vida, por un periodo prolongado.

Siéntate o túmbate tranquilamente al hacerlo.

Ahora, al inhalar, siente que tomas la energía de la Vida.

Tras respirar profundo por un tiempo, imagina que esta energía de la Vida entra a través de un portal por encima de tu cabeza.

Contempla esto con tu visión interior, mientras fluye atravesando tu cuerpo.

Al exhalar, permite que salga a través de tus pies.

Haz esto varias veces. Escanea tu cuerpo con tu mente.

Ahora, imagina que llenas tu cerebro con esta energía. Siente el oxígeno inundando tu cerebro, nutriendo y alimentando sus células.

Siente que estas células se expanden. Haz esto intencionalmente durante siete minutos.

Puede que sientas un pequeño mareo tras ello. No te preocupes.

Si lo sientes, si tu cabeza da vueltas como si volara…, es porque con esto realmente estás iluminando, aligerando tu ser.

Has enviado la luz blanco-dorada de la energía de la vida a tu cerebro. La has dirigido ahí intencionalmente.

Esto alivia, ilumina tus células cerebrales, las hace “volar”.

Puede que sientas una sensación de iluminación.

Con esa sensación física puede llegarte un mayor discernimiento de la Vida, de todo lo que hay a tu alrededor.

No te sorprendas si ocurre.

Has abierto tu mente, exponiéndola a la suave brisa de la consciencia expandida.

Recuerda: la respiración es el proceso por el cual la Fuerza de la Vida entra en ti, fluye a través tuyo, y es enviada por ti de vuelta a la Vida Misma.

Ahora puedes regresar y releer lo que acabas de leer.»

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