Comentarios (12): Un curso de amor (T-II): aprendiendo a “usar” las necesidades, hacia vivir en unidad y relación   Leave a comment

imagen florÍndice:
I. capítulo 3, tratado II, Un curso de amor
II. capítulo 4
III. capítulo 5: honestidad con nuestro “deseo” (con las llamadas interiores)
IV. capítulo 6
V. capítulo 7. Necesidades y relación
VI. capítulos 8 y 9. El uso de las necesidades
VII. más sobre el tratado II

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I. capítulo 3, tratado II, Un curso de amor

«Responder a la llamada»

El corazón nos llama a elegir lo que ya hemos elegido en unidad, lo ya “realizado”.

Si queremos constatarlo aquí, en lo físico, debemos expresarlo…, constatando así nuestra unidad.

Mucha gente ya lo está haciendo: darse cuenta de que hay otra manera de aprender, desde y en la plenitud de la unidad y la relación… y no desde la “separación”… donde se aprende y se enseña más “separación”.

Este es el despertar de toda la humanidad, paso a paso en cada individuo que se compromete con la unidad, por la mera alegría de la unidad.

Nuestra unidad con todo se constata expresando…, pues este es un lugar de experiencia… donde podremos sentirnos completos al sentir que sabemos lo que ya desde siempre sabemos.

Es el papel acordado, en la libertad del ser en unidad, de nuestro Yo en unidad… que ya fue creado libre.

Cada uno tiene su llamada diferente, y los tesoros o semillas que son desplegadas desde la plenitud de todo lo ya realizado.

Ahora desplegamos esas semillas de unidad.

Y simplemente, si ocurría algo… es que las sombras de la ilusión de la separación se habían interpuesto para entorpecer la subida de “las ramas del árbol”…, del árbol cuya información completa ya estaba dentro de la semilla:

«3.2 No habría ninguna necesidad de la forma si no hubiese habido un deseo de expresión. La vida es el deseo de expresar afuera lo que existe dentro. Lo que aquí tanto suelo nombrar como dentro, como si “dentro” fuera un lugar en el que residiera algo, es la unidad, y se trata del lugar en el que reside el ser. Se trata del lugar o ámbito de un solo corazón y una sola mente. Se trata del lugar en el que todo existe ya plenamente hecho realidad. Es como un cofre lleno de tesoros. Como un menú de posibilidades. Lo único que tienes que hacer es reconocer incondicionalmente el tesoro que ya has escogido traer al mundo. Tu corazón te habla de este tesoro y te guía para que abras el cofre y lo liberes en el mundo, en tu mundo, en el mundo humano. Como he dicho, en el ámbito de la unidad, en el que reside tu ser, esto ya se ha logrado. Tu vínculo entre el ámbito de la unidad y el ámbito de lo físico es tu corazón. Tu corazón te habla de lo que ya se ha logrado y te pide que lo expreses con tu cuerpo, uniendo así los dos ámbitos a través de la expresión.
[…]
» Sin la expresión, el regreso a la unidad, que ha sido logrado, no será constatado.»

II. capítulo 4, tratado II, Un curso de amor

Aunque ya lo “sabemos”… quizá es bueno recordar la diferencia entre decir:
– “es perfecto”, y,
– “es maravilloso”.

Esto tiene que ver (claro) con la diferencia entre “observar lo que es”, y opinar.

Dado lo que todo creemos dentro (o creíamos): separación… dado eso… la enfermedad es perfecta.

Si lo podemos ver tan tranquilamente así… como cuando decimos… “esa persona tiene el pelo moreno” 🙂 …

Todo apunta a decisiones (interpretaciones) de nuestra Mente como un todo… un todo integrado (aunque aquí no la vivimos así, solo para jugar y re-conocernos).

Son decisiones con respecto a cómo quiere verse la Mente… Ella a Sí Misma… decisiones que como vemos, de cierto modo, hasta “se heredan genéticamente”.

Las ocasiones son pues creaciones perfectas: enfermedades…, o un planeta donde “por amor al arte” pasan hambre muchos millones de personas…, o donde se envenena el mismo medio que da de comer a estas personas, etc.

Simples observaciones.

Y, a la vez, vistas sin carga… son oportunidades de declarar quiénes somos respecto a ellas… de “elegir nuestro ser”… de elegir serlo… de ser lo que verdaderamente somos… en unidad… para poder actuar desde ahí.

O bien, si no, son ocasiones de seguir en la inercial de los patrones de reacción que sean…, desde ese ser que hemos montado con el sistema del ego… que se justifica a partir de la percepción.

Por eso, ayunar de inercias (por ejemplo la comida, etc.) hemos comprobado que era algo tan potente para poder “vernos”… para poder “ver”… para poder ver las “ocasiones” como algo donde podemos “elegirnos”… a través de ellas.

No es pues “qué nos PARECEN las situaciones”…, como ya sabemos… sino “quién queremos SER respecto de ello”, a cada paso.

Decisión.

Entonces, no es que las ocasiones “me parezcan” perfectas… sino que lo SON…, no lo parecen… lo son… por ser creaciones de una “Mente”… una “mente perfecta”…, una mente que elige ahí dentro fabricarse cosas con un sistema de pensamiento… y elige creerse separada.

Y luego, la Mente puede, a partir de ellas, elegir “el otro significado”… la unión (“lo que le hago a otros… me lo hago a mí”).

Asi que este Tratado del curso de amor, el segundo sobre “la unidad”, es para reconocer y usar ese otro “estado de unidad”… –quien no lo haya reconocido– dando un proceso para eso.

Y en el cap. 4 va a hablar por tanto de un aprender a “nadar” en otro medio (unidad).

Al aprender lo nuevo, automáticamente se desaprende lo viejo… y viceversa…: otra vez tenemos la ley del “vivir en unidad y relación”, la ley de la Unidad de Amor: “dar = recibir”:

«Este tratado intenta mostrarte cómo vivir como quien eres, cómo actuar en el mundo como el nuevo Ser que has identificado. Al igual que cuando se aprende a nadar, se trata de una nueva forma de movimiento. Al igual que moverse por el agua es una forma de movimiento distinto a moverse por la tierra, la nueva manera de actuar o de expresar quién eres es muy distinta de la manera en la que has actuado con anterioridad, o expresado quién eres. Esto se debe, por supuesto, a que solías actuar según un conjunto de condiciones que se correspondían con quien crees que eres, en vez de con quien realmente eres.»

Con los Tratados tenemos un proceso muy suave, encantador… para que “el corazón”, que estaba enfocado en la separación (que estaba apoyando de todo corazón “el sistema de la escasez”)… pase ahora a enfocarse en el sistema de la unidad…

… y pueda hacer así mejor de pasillo entre el alma y la mente.

III. capítulo 5: honestidad con nuestro “deseo” (con las llamadas interiores)

Aquellas lecciones del curso de milagros, sobre preguntar adentro sin miedo “qué quiere Dios que yo haga” (Dios, la Vida, sentida como no separada de nosotros… claro está)… parecen ser concretadas en esta parte del curso de amor.

“Como es adentro es afuera”… y nuestras llamadas pueden venir de muchos “lados”.

En el cap.5 habla de tres tipos de llamamientos:

– los avisos más directos (el curso mismo lo es),
– también las “demandas” o “exigencias”…
– y las “señales”, los “signos”.

Claro que, en aquella lección de UCDM, se trataría de preguntar adentro sin miedo… y aceptar lo que se oye y se siente, con paciencia… para ver nuestros “verdaderos deseos”… para ir despacio quizá hacia ese núcleo de nuestro deseo… admitiéndolo sin miedo (admitiendo y dejando pasar nuestros propios juicios sobre las cosas que aparezcan)… y así ir quizá “atravesando capas”… y poder quizá finalmente discernir mejor nuestros tesoros en forma de llamamientos a ser expresados.

Esta expresión era necesaria, como vimos, para constatar lo ya “logrado”.

Puede que necesitemos esta especie de “honestidad con el deseo”. En vez de llamarlo “deseo”, si nos fijamos, y quizá para no confundirnos aquí… lo llamamos “llamadas”, “llamamientos”… que son en el fondo regalos “ya logrados”… semillas de Unidad, en ese Yo en Unidad que ya somos –un Yo ya “deseado” por la Vida, por Dios… desde “siempre”.

Esta honestidad puede que la necesitemos ejercitar con más gente, para ayudarnos a constatar y sentir… a dejar pasar “nutritivamente” la “energía” de cada parte de nuestro Deseo.

Esto sucede igual que también en general podíamos llegar a necesitar “confesar”… confesar lo que sea que nos “pique”… ya que todo lo que retengamos con miedo sirve para reforzar ese miedo.

Evitamos así, para siempre, el mero rechazo de nosotros mismos en el que solemos estar, pues, como decía hace poco en el capítulo 1… hemos juzgado nuestros deseos de “ser otra persona”… otra máscara… diferente de la que somos ahora.

Iremos hacia adentro, ayudados de la respiración conectada… no perdiendo la paz… y esto hará que sintamos nuestra vida animada por el núcleo de la Vida en nosotros… conectada con Todo… la Vida… o la Diosa en nosotros… que se desea a sí misma expandiéndose a través nuestro…, deseando para siempre en paz, creando.

Nos podemos seguir ayudando para ello con los tres “ejercicios” simples propuestos hasta ahora… y con lo que sea.

Fijémonos lo despacio y dulcemente que UCDA trata de que no nos sintamos “ofendidos” por las llamadas a ser (es decir, a constatar, expresando) aquello que con el ego quizá no queremos ser.

De este modo podemos interpretar toda esta llamada definitiva a la Unidad, que es el segundo tratado.

IV. capítulo 6

Los “problemas” que tenemos con el cambio son tratados de nuevo con gran claridad en el curso de amor (segundo libro).

Quizá todo “problema” es siempre ese: un “problema” con el cambio, un enfrentamiento que tenemos ante algún cambio.

Ya el curso de milagros nos decía cosas muy simples sobre esto.

Y es que resulta que en el fondo lo único que NO cambia de “Dios”, de la Vida, es que “Dios” siempre cambia…, en esa extensión perpetua del mismo pensamiento de amor… dentro del cual nadamos…, como olas del océano de la Creación.

Y, como sabemos, nosotros, como olas, somos creadores perfectamente libres… creando eternamente a partir de lo que decidimos pensar sobre las cosas (y por tanto sobre nosotros mismos, pues “las situaciones” nunca estuvieron separadas de nosotros):

«6.8 […] tú crees que el cambio y el crecimiento son indicios de todo lo que puede ser logrado, en vez de ser indicios de lo que ya lo está. Al igual que un árbol existe plenamente logrado en su semilla y, aun así, crece y cambia, tú existes plenamente realizado en la semilla que es el Cristo en ti, incluso mientras continúas creciendo y cambiando. La forma física y las acciones de todo tipo no son otra cosa que expresiones de lo que ya existe en la semilla de lo que ya está logrado.»

 

V. capítulo 7. Necesidades y relación

Este breve capítulo 7 del segundo tratado es muy importante, y se trata de la ley del amor: dar y recibir son una sola cosa.

Hace más o menos un año comenté en el blog algo sobre este tema tan divertido de “necesitar las relaciones”:
– «Aceptar la necesidad y la dependencia»
– «Más sobre necesidades y dependencia».

Es obvio que necesitamos las relaciones para poder expresar esa única relación “sagrada” que ya somos.

Entonces, cuando estamos despistados, es decir, “con el ego”, interpretamos toda necesidad como algo relativo a la carencia, en vez de como simple oportunidad de expresión de Nosotros Mismos… siendo quien realmente somos en cada relación.

Entonces, este capítulo 7 incide en lo más fundamental en nuestro “viaje sin distancia”: no negar que tenemos necesidades (no simplemente negarlas, con nuestra mente consciente).

Y claro está que esto forma parte de ese aviso que se daba en UCDM: no negar que tenemos un cuerpo.

El amor trasciende y abarca todo, no lo niega todo.

Aunque no SOMOS un cuerpo, aunque no SOMOS estas “relaciones exteriores” y estas historias ilusorias con las que nutrimos la ficción mental de la separación y su sistema de creencias… aunque no SOMOS todas estas historias que nos construimos, tan mentales, sobre nuestra identidad… aunque no SOMOS todo eso… sí que NECESITAMOS estas cosas que nosotros mismos hemos fabricado y que TENEMOS –“la ilusión de cuerpos separados”– para seguir sin parar hacia la verdadera Creación.

Las necesitamos “individualmente”: entrando así uno a uno, una a una, en la visión verdadera.

Y las necesitamos “colectivamente”: para entrar así en “ciclos”, en ciclos donde vamos puliendo nuestras creaciones con ayuda de “Dios dentro”… afinándolas y sintonizándolas con Todo… hacia una expresión eterna de ese “núcleo” que somos, con Dios-Espíritu.

El ejemplo del artista es una comparación válida, aunque nos puede despistar. El artista quizá es el prototipo de alguien que simplemente Es Quien Es, en una declaración de “libertad” para ser quien realmente es… expresada con medios más o menos limitados.

Y la “no-actividad” a la que llevan estos cursos o prácticas espirituales, la no-actividad de “despertar” de este sueño… sería lo mismo:

una declaración de “ser quien realmente se es”, pero en todo…, en cómo miramos todo… en un cambio de percepción global.

Y es que toda espiritualidad parece que solo trata de extender esa misma “actitud” a cada vida particular y en todo contexto: Ser desde el Núcleo que Somos, en Unidad y Relación… ser quien realmente somos en cada relación.

Nosotros en general vamos a “ser quienes realmente somos”, aunque solo si queremos ajustarnos a la meta elegida: despertar del sueño de sufrimiento.

Pero, como ya somos previamente una Unidad con cualquier otro ser (en espíritu, dentro)…, no se trata de una libertad entendida como “independencia pura”.

Dentro, en esa Luz que somos para siempre, dentro… nadie es realmente independiente de nadie.

Así que esa “expresión” que venimos aquí a realizar, para con ella poder constatar nuestra Unidad con todo… esa expresión… no es igual a “la expresión artística”, por ejemplo, pues, en la expresión de esa única relación “sagrada” que ya somos se trata de re-crear todo un mundo, toda nuestra percepción… creando aquí en lo físico nuestro “estado de Unidad”, integrando todas las partes de nuestro Ser…, elevando así la misma Forma… y creando así, literalmente, “mundo nuevo” –viendo “mundo real”.

Sería la expresión general que permite que sea el “Pintor Dios” (Vida en Unidad que somos con el Todo de Toda Cosa)… que sea ese Pintor… Pintora… quien pinte un “mundo nuevo”, “mundo real”…, a través nuestro.

Es la entrega de todo nuestro mundo, de toda nuestra mente, es decir, de todas esas interpretaciones o perspectivas con las cuales nos dábamos una determinada percepción (“con el ego”).

En esa entrega, en Unidad con todo (incluyendo a “Dios”), podremos re-pintar la Vida entera como proceso, a través nuestro… y así podremos “cambiar” todo de verdad, es decir, “desde dentro”.

Como cada cual ya somos esa única relación, ahí dentro, con “Dios”… “uno con Dios”… podemos dejar que se pinte a través nuestro lo que queramos “con Dios”…, a través de toda nuestra percepción y por tanto de nuestros cuerpos.

La expresión depende por tanto de esa aceptación interior que se da dentro de cada uno, de cada una… de cada uno como un Todo, pues hemos aceptado que cada cual YA ES una relación con TODO.

Esa aceptación depende de la relación que establecemos con el propio Yo en Unidad, con el Ser en la Unidad… unido al “Todo”, a “Dios”.

Íbamos hacia esa relación desde el estado “egoico”, donde, por defecto, nos entendíamos como “separados de todo”, al sobreidentificarnos con el cuerpo e hipnotizarnos con sus historias.

Entonces, sucede que el gran ídolo en la humanidad era la “necesidad”, pero la necesidad “del ego”, y no esta otra de “necesitar las relaciones”… dándonos plena cuenta de que ya somos una sola relación con todo.

La necesidad es pues necesaria, en el mundo de lo relativo, para que podamos encontrarnos a nosotros mismos… pero finalmente no “buscando afuera”… sino expresando nuestro adentro, en cada relación.

Así que si nadie se necesitara aquí, en ese sentido de “necesitar”, no habría mundo exterior de relaciones donde expresar el Conocimiento Absoluto que ya somos… en la Relación que ya somos, en Espíritu.

Por ejemplo los animales, ese gran símbolo de esta extraña relación instaurada en nuestro sistema terrestre: los animales se “necesitan” entre sí, y tanto, que se devoran unos a otros, enteros y vivos.

Pero es simplemente un sistema interdependiente que se autorregula perfectamente para ajustar el funcionamiento de la Vida a condiciones cambiantes… dando así versiones armoniosas y sostenibles de la unidad de la vida sobre la Tierra…, versiones que tenderían a reflejar cada vez mejor “la Unidad con el Creador”.

Nosotros tenemos más elecciones al respecto de esos “ciclos de muerte y vida” (pues somos conscientes de que somos conscientes)…, y también tenemos pues una relación a veces más extrema (potencialmente más destructiva y también más “armonizadora”) con ese mismo hecho de la realidad exterior: esos “ciclos de muerte y vida encadenadas”… necesarios para un sistema ecológico.

Entonces, al respecto de esas “muertes”… citando una parte de este capítulo 7:

– «No puedes ser una buena persona en un mundo malo».

Es decir, si sentimos esos ciclos de muerte como algo “malo”…, si no los podemos abrazar en nuestro ser espacioso… o si sentimos cualquier otra cosa de la Tierra o del “mundo artificial humano” como algo intrínsecamente “malo”… no podremos ser “buenas personas”.

Antes “tendremos que” cambiar la percepción hacia una “percepción verdadera” (mundo real… o “creación de mundo nuevo”)…, para no seguir proyectando sobre esas cosas nuestro propio sentimiento de “mal”, que tiene que ver con nuestra identificación con el cuerpo.

VI. capítulos 8 y 9. El uso de las necesidades

Seguimos en esta parte del curso de amor hablando maravillosamente sobre NECESIDADES.

Fijémonos en esto (del cap. 9):

«Cuando se ha satisfecho una necesidad, has estado acostumbrado a tener una reacción a esta satisfacción como si tuviera lugar aparte de ti o en el exterior.»

Y es que, como no estamos sintiéndonos en unidad con todo el universo y “más allá”… entonces no sentimos que somos “nosotros mismos” quienes satisfacemos esa necesidad.

No decimos, por ejemplo:

– «mira, ahí voy YO, YO en forma de ensalada 🙂 …, de helado…, de aire… satisfaciendo eso que antes llamaba “MI” necesidad”»
– «mira, ahí voy YO, siendo esa persona que me da, o que me permite».

No, no. No lo sentimos.

El otro es un OTRO…
… yo soy yo… con minúsculas… soy mi mini-yo…
… soy el poco-yo que va interpretando todo en separación.

Igualmente, cuando vamos hipnotizados por ahí…, hipnotizados por la mente (que es lo usual, ese “ir con el ego”, con la mente separada del corazón)…, no sentimos que esa gente con quienes nos cruzamos sea YO… No decimos…:

«¡mira! Soy YO en forma de bebé…, en forma de persona muy mayor…, o de bombero, o de torero, de monja, de asesino…»…

SÍ, ellos son nosotros…, bajo todas esas formas…, pues solo somos UNO, aunque aún no lo sintamos así… aunque no lo hayamos “practicado” mucho… aunque no lo queramos en realidad “practicar” (es decir, sentir).

Así que normalmente vamos en modo “separación”.

Y no sentimos…:

“¡mira! Ahí voy YO en forma de árbol!”, satisfaciendo mi “necesidad” de sombra, de frescor, de inspiración, de fortaleza.

Nos separamos de la causa UNA…, de la UNIDAD… no vemos que el mundo es nosotros… lo usamos para separara causa de efecto.

Al mundo lo sentimos separado de nosotros cada vez que “satisfacemos una necesidad”.

Nosotros… sentimos… nosotros sentimos que NO nos hemos dado nada a nosotros mismos a través del Universo, por medio del Universo de nuestra creación…

Nos hacemos “efecto”, efecto de lo que quiere el mundo hacer con nosotros:

– “ay ay ay…, me quedé sin trabajo… qué pérdida”, decimos…

Interpretamos como carencia lo que nos acabamos de dar a nosotros mismos a través del universo, en unidad.

Lo interpretamos como carencia, gracias a esta sutil intervención de la creencia en la separación… esa constante y sutil intervención que permitimos que se dé en nuestra mente.

Y entonces:

«Le asignas la satisfacción de una necesidad a una persona, sistema u organización.»

Sentimos…: “¡eh!, una cosa soy YO…, y otra cosa, separada, será el Estado…, o la persona que me ha dado algo… etc.”.

Así es como normalmente íbamos reforzando separación, día a día.

 

VII. más sobre el tratado II

(Cultivando la “conciencia del regalo”, aprendiendo a “utilizar” las ilusiones en el servicio a la Vida que somos en tanto Vida)

«Lo que ahora necesitamos arreglar es que tú crees que el cambio y el crecimiento son indicios de todo lo que puede ser logrado, en vez de serlo de lo que ya lo está.» (T-II.6)

Por ejemplo imaginemos el cambio que experimentamos al satisfacer una necesidad, al sentirnos satisfechos por ejemplo tras comer.

Imaginémonos a nosotros mismos haciendo, “con el ego”, lo que quizá nos parezca “lo normal” (y NO lo natural)…:

interpretamos que ese cambio que experimentamos ES un indicio de todo lo que podría ser logrado (volver a comer la siguiente vez, por ejemplo 🙂 )… en vez de interpretar dicho cambio como una señal clara de lo que YA ESTÁ LOGRADO.

¿Y qué es lo que ya está logrado? Ser un ser de relación, capaz de satisfacer sus “necesidades” en unidad y relación, con todo el universo. Ser un Ser que es en el fondo el Universo y más allá, en unidad.

Ahora…, otro ejemplo de esa ansia “del ego” en el relacionarnos con las cosas y la gente… ansia que hay inscrita en nuestro modo de mirar cuando por ejemplo percibimos a un niño:

quizá alguna vez nos hemos hecho percibir que el crecimiento de un niño significa todo el agobio de “lo que queda por lograr”… en vez de ver, en ese cambio, algo divino… en vez de ver “la evidencia de Dios”… Dios-Vida que es puro cambio… siempre ajustando y ajustándose para albergar todo y reunir potencialmente todo.

Imaginémonos -para terminar con “el cambio”- aplicando las bellas reglas del arte del pensamiento, a cualquier cambio…:

– «2.19 Estas son las reglas básicas del arte del pensamiento: primero, experimentar lo que es, y reconocer lo que es, como un hecho de tu existencia como ser humano y como un regalo del Creador. Segundo, reconocer la relación inherente a la experiencia, la llamada que espera respuesta, y la naturaleza de todos los regalos como siendo regalos para todos.» (T-I.2)

Todo es creación (si queréis “indirecta”) “de Dios”, de la Vida a través nuestro… porque nunca estuvimos separados de Dios, de la Vida, del núcleo de la Vida que anima nuestra re-creación constante.

El Universo nunca estuvo separado de la Creación.

Todo pasa a través nuestro y PARA nosotros, como regalo. Nosotros hacemos que transcurra el tiempo a través nuestro y para nosotros.

Estamos tratando ahora también con estos capítulos de T-II que tratan sobre “la necesidad”.

Estamos aprendiendo a usar las ilusiones, una vez que se supone que estamos ya algo “desidentificados” respecto a ellas.

Nos acordamos de las palabras mágicas:

– soltar, ceder, dejar ir… es lo mismo…

– todo es un regalo.

– la visión invertida sobre dependencia / confianza / relación, que estamos viendo en estos capítulos desde el T-II-6.

Como siempre, abrirse a mirar de otra manera… en una “mirada” que está muy bien sugerida aquí, en este Tratado II.

¿Por qué no podemos expresar nuestras preferencias en la vida?

¿Para qué nos hemos fabricado quizá algunas relaciones de aparente dependencia…, donde no podemos comunicar más “desde dentro”… donde aparentemente no podemos “ser nosotros mismos”?

Nos pillamos viviendo en la vida con esas creencias falsas que este tratado confronta:
– creemos que NO estamos “logrados”, “realizados”…,
– creemos que HAY pérdidas, en vez de solo ganancias,
– creemos que HAY relaciones especiales.

Sentimos quizá “para qué” se dan esas nuestras faltas posibles de comunicación…

Vemos el significado que le damos a las proyecciones de nuestra “incomunicación”.

Por tanto:

A.

Nos acordamos de que todo es un regalo, en el sentido de que aprendemos a ver las ilusiones por lo que son… sin juicio… y poco a poco como regalo (la ilusión de la necesidad, por ejemplo, no es “real”… pero sí es un regalo).

Todo es para poder re-verse… verse como Diosas… a partir de esas ilusiones… pues sin “oscuridad” el Dios-Luz que somos no se puede ex-presar.

Por eso… practicamos el arte del pensamiento.

Todo es un regalo (auto-regalo) de la Creación, para que la vida pueda conocerse a sí misma (re-conocerse)… a partir de este Aspecto Exterior de la Vida.

Es decir, en resumen: las ilusiones no son reales. Es juego-regalo.

B.

Nosotros decidimos lo que significan para nosotros mismos esas ilusiones (no hay nadie más “fuera”).

C.

A partir de esa decisión, nos volvemos a crear de nuevo: “mundo nuevo” (en el cuarto tratado la Voz de nuestra Unidad de Amor hablará sobre lo nuevo).

Este esquema “A, B, C”… está reafirmado en el curso de amor así:

– este tratado II trata sobre nuestras creencias, ilusiones.

– el siguiente, al hablar mucho de que estamos representando (o bien la ilusión… o bien la verdad), nos pone en rumbo a tener muy claro en sentimiento y pensamiento qué es lo que estamos representando (verdad o ilusión, sin juzgar la ilusión)…
El asunto es dejar claro en nuestro sentimiento y discernimiento el hecho de que “nosotros decidimos”… para que no nos fabriquemos de nuevo un “yo del ego”.

– el último tratado (IV), sobre “lo nuevo”, nos habla precisamente del punto C: volver a crearnos.

En la plena libertad sentida… cuando sintamos que la ilusiones son simplemente eso, ilusiones… y que nosotros decidimos lo que significan al ir viviendo en unidad… al aprender a aprender en unidad (es decir, al representar la Verdad de la relación única que ya cada uno es con todo, desde siempre, pues fuimos creados como un ser de relación… espíritu)…

… al decidir lo que significan y vivir por tanto “representando la verdad”…, nosotros seremos o somos “canales automáticos” de “la creación de lo nuevo” (aprendizaje y desaprendizaje se dan al unísono).

 

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