Nuestro “ser original” y el nuevo tiempo sobre la Tierra, a partir de Un curso de amor (citas, etc.)   Leave a comment

imagen florRelacionarse desde nuestro “ser original” es igual a:
“ya estamos realizados” =

= “se acabó el tiempo de los intermediarios”
(el último intermediario fue lo llamado “Espíritu Santo”) =
= llega el tiempo de “vivir en unidad y relación”, compartiendo en cada relación quienes realmente somos… para poder ser quienes realmente somos.
[
para los textos del curso de amor, mirar el índice de entradas]

Lo que sigue nos puede servir para saborear hacia dónde vamos con el curso de amor (hacia apuntarnos al “nuevo tiempo” en esta Tierra… donde ocurre que, como nunca antes… 🙂 … ya no hace falta “la muerte” para experimentar nuestro yo verdadero…).

Precisamente, las palabras atribuidas a Jesús nos confirman todo el rato que, si los Maestros venían para algo (“Maestros” a los que nuestra común y bien compartida “idiotez humana” convierte a veces en “gurús”, en el sentido malo de la palabra “gurú”)… si los maestros venían “para algo” aquí…, es para ir acabando con el tiempo de los intermediarios.

En un caso, en el caso del mismo Jesús –o bien, digámoslo así: “la voz de nuestra Unidad de Amor”, que habla por Jesús–, en este caso, los dictados que da esta voz en el curso de amor, admiten que Jesús vino a traer el llamado “Espíritu Santo”, que sería “el último de los intermediarios”.

Y al final es como si alguien como Jesús, con su resurrección, ya hubiera colonizado digamos DIRECTAMENTE nuestros corazones (siendo eso mismo lo que significa tal resurrección).

De hecho, ya sabemos que eso mismo es lo que dice por ejemplo en el curso de amor, casi literalmente:

«T1:8.5 Como yo ya no sufro la separación, tú ya no necesitas sufrir la separación. A pesar de que la resurrección no devolvió la vida a la forma que una vez ocupé, me devolvió a ti en la forma del Cristo resucitado que existe en todos vosotros, trayendo así la resurrección incluso a vuestras formas. Me convertí en el Verbo hecho carne con mi resurrección en vez de con mi nacimiento.»

Solo ocurre que nosotros no queremos aceptar esa certeza, esa certeza de la falta de necesidad de “sufrir la separación”, en las formas separadas.

Como sabemos, el sufrimiento, que en el fondo es solo un problema espiritual y solo depende de la separación inventada en nuestra Mente… solo se debe, ese sufrimiento, por tanto, a nuestra adicción a la separación…, al yo separado…, y a todo lo que conlleva este en cuanto a “crear experiencia”.

Esto de “crear experiencia” es algo que “está muy bien” 🙂 …., pero lo que no hace falta es que lo hagamos identificándonos con las ilusiones.

Así que, aunque no lo reconozcamos, parece que el sufrimiento en esta Tierra ya forma parte del “pasado” (como idea)… pues de cierto modo ya estaría terminando esa “experiencia global” de vivir “con sufrimiento” entre estas ilusorias formas separadas que proyectamos.

Es decir, se habría acabado ese “plus” de culpa que añadimos… pues el problema no eran las formas en sí… el “problema” no era la separación como hecho neutro que conforma la misma percepción… sino que el problema es mental, es esa nuestra Enfermedad Mental Global de identificarnos con las ilusiones, en vez de meramente usarlas (la necesidad, el fracaso, la desunión… etc.).

Todo se debe al conflicto tradicionalmente llamado “culpa”, pues con él creemos la falsedad o la “tontería” de que, cuanto más nos decidimos por la separación… más y más “culpables” tenemos que sentirnos y debemos sentirnos… y más lo podemos ser… más y más “culpables”… por separarnos de la Vida global interior…, de Dios.

Tal separación simplemente era una tontería.

Ese mismo párrafo decía (volvemos a copiar la mayor parte):

«A pesar de que la resurrección no devolvió la vida a la forma que una vez ocupé, me devolvió a ti en la forma del Cristo resucitado que existe en todos vosotros, trayendo así la resurrección incluso a vuestras formas. Me convertí en el Verbo hecho carne con mi resurrección en vez de con mi nacimiento.»

La “eternización” de su “persona”, “llevada a cabo” al resucitar (como habría habido otras “eternizaciones”)… habría logrado simplemente “habitarnos”, ahí dentro… en el corazón… para “garantizar” la resurrección de todos, tarde o temprano (y dando por supuesto aquel conocido resultado, o consecuencia… el de la…: “unión de cielo y tierra”… una unión sentida…, vivida…, experimentada en la percepción “real”… en sucesivos cambios de percepción que veremos individual y globalmente).

Entonces, aunque ahora estamos ya con la parte T3 del curso, hace poco estábamos con el tratado de la unidad.

Y por cierto, sobre los intermediarios la voz dirá esto en el tratado 4:

«T4:2.4 […] Pero también vine a proporcionar un intermediario, ya que eso es lo que se deseaba: un puente entre el yo humano u olvidado, y el Yo divino o recordado. Jesús, el hombre, fue el intermediario que introdujo el tiempo del Espíritu Santo, invocando al Espíritu Santo para que poseyera al yo humano u olvidado con el espíritu del Yo divino o recordado. Aunque Dios nunca abandonó a los humanos que sembraron la Tierra, los humanos, en el estado del yo olvidado, no podían conocer a Dios debido a su miedo. Yo revelé un Dios de Amor y el Espíritu Santo proporcionó un medio indirecto y menos temible de comunión o comunicación con Dios.»

Podemos traer más citas del curso en general para apoyar lo anterior sobre nuestro ser original como “el Cristo”… y para resonar con este párrafo que pongo ahora, del capítulo 6 de la parte sobre la unidad (T2):

«T2:6.10 […] Recuerda que la expresión “el Hijo de Dios” y el nombre “Cristo” representan solamente la creación original, y no deben confundirse con deidades celestiales separadas de ti. El Cristo es tu Ser, tu Yo, tal y como fue creado y como permanece siendo. El Cristo es el Ser realizado.»

Nuestro ser original.

Solo “se nos pide” que “seamos” desde ahí si es que realmente queremos experimentar cambios sustanciales (pues ya sabemos que el único “problema” del mundo era esa separación interior inventada por nosotros como algo “real”).

Así que nos toca “ser desde ahí”… y “dialogar”, y re-unirnos con esa “parte” nuestra… la real… el Yo verdadero.

Y decía también:

«T2:11.1 El Cristo en ti es la relación»

Y en capítulos del primer libro:

«C2.10 Tu verdadero Ser es el Cristo en ti.»

«C5.1 El Cristo en ti es plenamente humano y plenamente divino. Como plenamente divino, nada le es desconocido. Como plenamente humano, lo ha olvidado todo.»

«T2:3.2 No habría ninguna necesidad de la forma si no hubiese habido un deseo de expresión. La vida es el deseo de expresar afuera lo que existe dentro. Lo que aquí tanto suelo nombrar como dentro, como si “dentro” fuera un lugar en el que residiera algo, es la unidad, y se trata del lugar en el que reside el ser. Se trata del lugar o ámbito de un solo corazón y una sola mente. Se trata del lugar en el que todo existe ya plenamente hecho realidad. Es como un cofre lleno de tesoros.»

«C27.9 El pensamiento de Dios por el cual fuiste creado es sinónimo del Cristo en ti. Es tu relación con tu Fuente y con todo lo que Ella creó.»

Una relación ya completa, “de golpe”…

Por eso teníamos aquel “mantra” del curso…, que nos habla un poco más sobre esa RELACIÓN que ya somos, en unidad.

En vez de nuestra “identidad separada”, somos esa incomprensible “identidad” de ser literalmente una relación ya con todos y todo… y sin perder nuestra “condición única”, condición de ser únicos.

Fijémonos de nuevo en ese mi “mantra” preferido, al final del primer libro del curso 🙂 :

«C32:2 […] La forma en que experimentas la relación con cada aspecto de la creación es diferente a pesar de la unicidad de la creación. Es en la diferente relación de un aspecto de la creación CON TODO el resto donde existe esa diferencia que aprecias como tu CONDICIÓN ÚNICA. Y solo allí. Solo en la relación eres únicamente tú. La relación es lo único que existe. Pues el Amor es relación.»

Sobre la intermediación, en el primer tratado:

«T1:9.8 Has esperado mucho tiempo para recibir lo que has creído que solo podía provenir de algún otro. Las distintas iglesias son prueba de esto, ya que buscas un intercesor en la religión, alguien que te facilite esta recepción o comunión. Mas solo a través del Cristo dentro de ti este dar y recibir llegan a ser uno solo en verdad.

» T1:9.9 Mientras yo esperaba mi muerte recibí el regalo de saber lo que vendría con mi resurrección. Intenté hacer llegar esto a otros en términos muy simples. Intenté hacer saber que, aunque yo moriría y resucitaría en una nueva forma, vosotros también lo haríais. Hice saber que esta nueva forma existiría en vosotros, que os convertiríais en el Cuerpo de Cristo, y que el dar y recibir sería consumado.

» 9.10 Sois el Cuerpo de Cristo.»

Y en el Preludio:

«P.39 El Cristo en ti es tu identidad compartida. Esta identidad compartida hizo que Jesús y el Cristo fueran uno solo. Los dos nombres significan lo mismo, así como la unicidad es lo que siempre fue compartido y lo que siempre se compartirá. Tú eres eternamente uno con Cristo. La única forma en que puedes identificar a Jesús como algo diferente es si consideras al Jesús que fue hombre, el Jesús que existió en la historia.»

Digamos ahora algo sobre el vocabulario que emplea UCDA (sobre “ideas”).

El curso (como todo buen “curso espiritual” en este tiempo nuevo) pretende facilitarnos el camino hacia un terreno más allá de toda “creencia”, hacia la certeza de vivir en unidad y relación.

Entonces, englobando las “creencias”, va a situar lo que llamará “ideas”.

Y ese “pensamiento de Dios”, que acaba de nombrar, va en ese sentido.

Ya “sabíamos”, por el curso de milagros mismamente, que en realidad somos “pensamientos de Dios”…, aunque no lo entendamos ahora… pues no mucha gente quizá nos identificamos fácilmente con nuestra “Luz”, con ese “Espacio” que somos… con ese “aura creadora” que realmente somos.

Y es que… como ya sabemos…: no somos el cuerpo 🙂 , sino luz libre… aunque no lo “entendamos” ahora… y aunque en realidad no sea algo para “entender” sino para “aceptar”, siéndolo…, dejándonos “expandir”…, pulir…, borrar… borrar nuestro auto-concepto… nuestro concepto sobre nosotros mismos… para poder aceptar “el pensamiento de Dios”, el pensamiento que Dios tiene y siempre tendrá sobre nosotros mismos pues constituyó nuestra misma “creación”… –y fluir desde él, aquí, y en cualquier otra “realidad” que co-fabriquemos.

Entonces, si en realidad cada cual en sí mismo ya es relación… y si no es nada más que relación… ¿qué pasa con “nosotros”, con “la identidad”?:

«C27.11 Un Yo de relación no implica que ese Yo sea igual a todos los demás. Pero sí implica un Yo que es esencial para todos los demás. Tú importas, e importas como parte interactiva de la relación que la vida es. Ya estás realizado como quien tú eres. Todo se cumple en unidad. En la separación meramente luchas por todo lo que ya es tuyo en relación. La relación es unidad, y la relación es tu estado natural. Es quien tú eres.»

«T2:3.8 De esta misma manera, entonces, Cristo puede ser considerado como la semilla de tu identidad. Cristo es la expansión en curso y continua del mismo pensamiento de amor que trajo la vida a la existencia. Cristo es tu identidad en el sentido más amplio imaginable. Cristo es tu identidad en la unidad que es la creación.»

«C27.14 Vivir en relación es aceptar todo lo que ocurre en el presente como tu realidad presente, y como un llamamiento a estar en relación con ello.»

«C27.15 Vivir en relación es vivir desde tu centro, el corazón de tu Yo.»

Como ya sabemos, el mensaje es esa unidad, esa unicidad.

Y como ya vemos, cuando nuestra voz de la unidad de amor ha tomado la palabra en nombre de Jesús (en el curso de milagros, en el curso de amor, etc.), ha “terminado” de zanjar la cuestión sobre la necesidad de “intermediarios”… sobre la necesidad de PROYECTAR, en general… y de proyectar en alguien o en Jesús mismamente nuestra necesidad de tomar distancia respecto al “Dios” real…, es decir, de tomar distancia:
– entre nuestro Yo-en-unidad (en la certeza de la unidad, que ya es algo realizado, que es como se nos creó (unidad)… pero que venimos a constatar, a cerciorarnos de ello)…
– y nosotros, como tradicionalmente separados de la Vida.

Más citas que ahondan en lo mismo, en otras partes de los tratados:

«T2:10.10 Constantemente olvidas que el Cristo en ti es el aprendiz aquí. ¿Qué necesidad hay de que un cerebro informático, o el ego, sean tus maestros, cuando el aprendiz en ti es el todopoderoso? El aprendiz en ti es la fuerza unificadora del universo.»

«T2:11.13 […] existe una condición según la cual tú estás aquí y eres capaz de experimentar la vida como un ser separado. Esa condición es la relación, y la relación es lo que hace que siempre seas uno con tu Creador.

» 11.14 Aquí, esa relación es a lo que llamamos “Cristo”, para mantener la santidad y la importancia de esta relación para siempre, y como algo muy relevante en tu mente. Aquí, esa relación ha recibido un nombre, al igual que a tu relación con tu identidad separada le hemos dado el nombre de ego. Aquí, te pedimos que elijas la única relación verdadera y que derrotes a la única relación irreal.»

«T2:12.9 Si Cristo es la relación, y si el Cristo en ti es el tú real, entonces, esta relación que lo abarca todo —tanto adentro como fuera de ti, tanto a ti como a todo aquello con lo que te relacionas— es esa tercera cosa que es la relación santa.

»12.10 Esta relación santa es lo que se te llama a cultivar, como un jardinero cultiva su jardín.»

«T3:1.12 Como ya se ha dicho, el Yo logrado es el Cristo. Tu remembranza del Yo-crístico, del Yo de Cristo, ha suprimido al yo egoico, y nos permite comenzar con las lecciones sobre el yo personal.

» 1.13 No podíamos haber empezado el plan de estudios por aquí, pues sin las lecciones de este Curso habrías sido incapaz de distinguir el yo personal del yo egoico. Incluso ahora existe el riesgo de que te enfoques en el yo del cuerpo, ya que este yo ha estado ligado durante mucho tiempo al yo egoico.»

» T3:14.14 Estamos escribiendo una primera página nueva, un nuevo Génesis. Ello comienza ahora. Comienza con el renacimiento de un Yo o Ser de amor. Comienza con el nacimiento del Cristo en ti, y con tu disposición a vivir en el mundo como el Yo de Cristo.»

«T3:17.7 […] El nombre de Cristo se asoció con mi nombre, el nombre de Jesús, porque yo viví como hombre con el espíritu santo en mi mente y mi corazón, y como tal, representé la verdad. Muchos otros, con muchos otros nombres, han representado la verdad y, al hacerlo, han disipado la ilusión en ellos mismos y en aquellos que siguieron sus enseñanzas y su ejemplo. Esto ha ocurrido durante la época del Espíritu Santo.

» 17.8 El Espíritu Santo, al contrario que Dios el Creador, ha conocido la existencia de la ilusión y el sistema de pensamiento del yo del ego, y ha sido capaz de comunicar dentro de esa ilusión. Sin este medio de comunicación con el yo del ego, la capacidad de aprender la verdad no podría haber regresado a ti. La época del Espíritu Santo ha terminado ahora, pues el tiempo de la ilusión llega ahora a su fin. Lo que es finito tiene un punto final y este es ese punto final para la época de la ilusión. Lo que hará que se termine el tiempo de la ilusión es el regreso de Cristo, o tu capacidad y tu disposición a vivir como tu verdadero Yo, a vivir en la casa de la verdad en vez de en la casa de la ilusión. Al igual que la verdad es la verdad, y la ilusión es la ilusión —al igual que estas cosas son lo que son, sin ninguna clase de juicios—, el comienzo también es el comienzo, y el final es el final. El comienzo del que hablamos aquí es lo mismo que el final del que hablamos aquí. El tiempo del Espíritu Santo, o el tiempo en el que era necesaria la comunicación entre la ilusión y la verdad, debe terminar para que la verdad llegue a ser la única realidad.»

«T4:1.24 […] Muchos que aún no han llegado a la madurez han nacido en el tiempo de Cristo y no encajan en el tiempo o consciencia del Espíritu Santo.»

«T4:2.27 […] El estado percibido de la separación creó el estado percibido de un mundo separado. El verdadero estado de unión, devuelto a ti a través de la confluencia de la mente y el corazón, te revelará ahora la verdad de lo que fue creado, y te permitirá crear de nuevo.

» 2.28 Este estado de unión es lo que me diferenció de mis hermanos y hermanas en el momento de mi vida sobre la tierra. Debido a que mi estado de consciencia, un estado de consciencia al que llamamos consciencia-de-Cristo, me permitió existir en la unión y la relación con todos, yo podía
ver a mis hermanos y hermanas “en Cristo” en su verdadera naturaleza. Los veía en la unión y la relación, donde ellos se veían a sí mismos en la separación. Esta capacidad para ver en la unión y la relación es la visión compartida hacia la que se te llama.

» 2.29 Tú has vivido con la visión del yo separado durante tanto tiempo que no puedes ni imaginar lo que podrá significar la visión compartida, y aún no la reconoces cuando la experimentas.»

«T4:4.16 […] Creer que eres mortal significa que, para renacer como un Yo verdadero, crees que debes morir para el yo personal de la forma. Esta es una manera antigua de pensar. ¿Es que no hemos trabajado a lo largo de este curso para devolverte tu verdadera identidad ahora? Reunir corazón y mente en la relación significa reunir el yo personal con el verdadero Yo en la realidad en la que ahora existes. Recuerda que el corazón debe residir en la realidad en la que creas estar. Solo por medio de la aceptación mental de tu nueva realidad puede el corazón liberarse para poder existir en la nueva realidad, que es el estado de unidad y relación.

» 4.17 ¿Es que no ves la necesidad de deshacerse de la idea de que tu verdadero Yo te será devuelto solo con la muerte?»

«T4:4.18 […] La forma ha sido tan solo una representación de la consciencia singular. A medida que la forma se convierta en una representación de la consciencia-de-Cristo, adquirirá la naturaleza de la consciencia-de-Cristo, de la que mi vida fue la vida ejemplar. Sostener la consciencia-de-Cristo en la forma es la creación de lo nuevo. Mi única vida ejemplar no podía sostener la consciencia-de-Cristo para aquellos que vinieron después de mí, sino que solo podía ser un ejemplo. Lo que estáis llamados a hacer es, por medio de vuestra multitud, sostener la
consciencia-de-Cristo, y así, crear la unión de lo humano y lo divino como un nuevo estado de ser. Esta unión te llevará más allá de la meta de expresar tu Yo en la forma, porque este objetivo simplemente reflejaba el deseo de una experiencia temporal. La experiencia temporal ha sido
alargada debido al atractivo de la experiencia física. Lo que este tratado te está diciendo es que si la experiencia física te resulta atractiva y si creas la unión de lo humano y lo divino como un nuevo estado de ser, esta elección será eternamente tuya. Se tratará de una elección de tu creación, una creación libre de miedos. Se tratará de una nueva elección.»

«T5:5.6 Por tanto, Dios puede ser considerado como el Todo de Toda cosa; y la vida, o el Cuerpo de Cristo, como todo lo que forma las partes aparentemente individuales del Todo de Toda cosa. La consciencia-de-Cristo es tu discernimiento de esto.

» 5.7 Al igual que tu dedo no es sino una parte de tu cuerpo, sin estar separado de tu cuerpo o ser diferente de él, tú eres parte del Cuerpo de Cristo, del Cuerpo de Energía que forma el universo.»

«T5:5.13 […] La vida tras la muerte simplemente ha sido un tiempo de mayores elecciones porque ha sido un tiempo de mayor discernimiento. Liberada del cuerpo y de la visión limitada de este, la verdadera elección ha sido revelada a aquellos que han experimentado la muerte. En ese momento, lo que va a determinar la manera en la que tu vida continuará es tu juicio de tu yo y tu capacidad de creer en la gloria que te pertenece. ¡Lo mismo ocurre ahora mismo! Esto se debe a que este es el tiempo de Cristo y, por tanto, el tiempo de tu capacidad de elegir la consciencia-de-Cristo, la consciencia devuelta a aquellos liberados de sus cuerpos por la muerte. Liberarse del cuerpo a través de la muerte fue el medio elegido en el tiempo del intermediario, el medio elegido para conseguir la consciencia-de-Cristo y la revelación directa. La elevación del yo personal en este tiempo de Cristo puede ser la nueva elección.»

«T4:6.4 En este tiempo de Cristo, este tiempo de la revelación directa y de compartir directamente, el futuro probable que imagines, preveas o desees, será lo que tú crees. Este es el poder de la devoción del observante. Una visión compartida de la unidad y un regreso de todos al estado natural para todos, es lo que te pido que imagines, preveas y desees.

» 6.5 Te pido que compartas una visión de lo que es, la misma visión de lo que es que es la consciencia-de-Cristo. Se trata de una visión de la perfección de la creación. Se trata de una visión de unidad y relación en armonía. No excluye a nadie…»

T4:7.3 […] El entendimiento de la unidad que crea y sostiene todas las cosas vivas estará tan cerca ahora de la superficie de la consciencia como lo estuvo durante el tiempo del Espíritu Santo el entendimiento de que el hombre está empapado de espíritu. Las personas, tanto las religiosas como las no religiosas, aquellas que se consideran espirituales y las que se consideran pragmáticas, mantendrán este entendimiento a su alcance. Muchos se sorprenderán de las experiencias de unidad, y no sabrán qué pensar de ellas. Aquellos que intenten entenderlas se acercarán cada vez más a la verdad por medio de la ciencia, la tecnología e incluso el arte y la literatura. Aquellos que se permitan experimentar la revelación entrarán en la consciencia-de-Cristo.

» 7.4 Aquellos que sostienen la consciencia-de-Cristo morarán en ella libres de juicios. No buscarán crear su versión de un mundo perfecto ni imponérselo a otros, sino que residirán en el mundo perfecto que es la visión de la consciencia-de-Cristo.»

«T4:11.3 […] En la unidad, los maestros y los aprendices no son necesarios. Lo único necesario es el sostenimiento de la consciencia-de-Cristo, en la que existimos juntos como creadores en unidad y relación.»

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