Comentarios (14): de actores a reales; la segunda venida; C5:12; la nueva espiritualidad; la comunicación como algo simple   Leave a comment

imagen florÍndice:
I. De actores a seres reales. Un curso de amor, T3:1
II. La segunda venida. Un curso de amor, T3:2
III. C5:12
IV. La nueva espiritualidad
V. la comunicación es simple

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  I. De actores a seres reales. Un curso de amor (T3:1)

En esta parte de los tratados nos empezamos a aclarar “del todo” sobre lo que ha estado pasando aquí, y sobre nuestro pasar de:
– ser actores,
– a ser reales.

Para que un actor se dé cuenta de que lo es, debe hallar a ese Yo que representa los papeles.

Debe “volver en sí”.

Ese es el “yo personal”, frente al ego.

Esa es la “personalidad”, como esencia o núcleo potencialmente integrador… integrador de todas estas partes nuestras… en las parecimos poder separarnos realmente: nuestro Yo en Unidad (“alma”), el “yo del cuerpo”…, el yo de la “mente”…

Así, el yo personal se hacía él mismo ilusión, obra de teatro… se convertía él mismo en “nada”… pero ilusoriamente… pues nunca puede “ser nada”.

Lo hacía, lo hacíamos, confundiéndonos con nuestros papeles…, echando mano para ello del sistema de pensamiento de lo que se estaba representando (“ego”).

Pero, “practicando” las creencias de la Unidad –como indica explícitamente que hagamos la anterior parte de Un curso de amor (T2)–, y yendo pues hacia el ámbito real o mundo real…, más allá de toda creencia… llegaremos a poder separar cada vez mejor la verdad de la ilusión.

Esto nos permite darnos cuenta de esa “parte” esencial nuestra… la esencia de nuestro yo personal, más allá del ego: el Ser o el Yo que de cierto modo es “inmutable” y que ha estado representando papeles, literalmente, para representar o expresar el sistema de pensamiento del “ego”: la separación, la escasez.

Y, como decíamos arriba… si por cierto quisiéramos utilizar la palabra “personalidad”, como se hace en alguna otra maravillosa transmisión de nuestra Voz en Unidad de Amor…, esto sería la “personalidad”, ese núcleo o esencia.

La ilusión en que vivimos aún en esta tierra se podría llamar así: la confusión entre el “yo personal” y el “ego”.

El “yo personal” digamos que es lo que nos permite hacer representaciones, expresiones.

Pero, al servicio del ego, ese yo personal, o ese yo a secas… nuestro ser… se ha confundido con el ego.

Cuando vivimos sin discernimiento, in-Conscientes…, creemos ser las ilusiones del sistema del ego. Nos lo tomamos casi todo muy en serio… y nos confundimos con esas ilusiones (nos fundimos con ellas, y nos confundimos en la vida por ellas).

Es como un vicio, una inercia…: no querer despertar de este sueño donde nos identificábamos tan directamente con las ilusiones, en vez de “salir” de ellas y mirar desde arriba… para darnos cuenta de que nosotros lo creamos todo aquí… de que nosotros creamos esas ilusiones… y que, por tanto, algún propósito les hemos de dar y les hemos de haber dado ya:

– tanto en general (“con Dios”…, pues nunca estuvimos separados del Todo de Toda Cosa)…

– como en nuestro caso vital en particular.

Creemos que somos el papel representado… creemos ser lo representado…, creemos ser la necesidad, la separación, la escasez… cuando estas son solo algo a utilizar para el servicio a la Vida… para que, al desaparecer dichas ilusiones de forma natural, resplandezca nuestra “verdad interior”.

Son los peldaños de esa “Escalera” que somos nosotros mismos, nuestro ser (cada uno una versión de universo, y más allá)… pero nuestra visión cegata ha hecho que la Escalera se confunda con uno de sus peldaños… en una visión enloquecida que se puso a actuar representando las pequeñas motas de polvo y las rugosidades de ese peldaño en particular.

Nos veíamos a nosotros mismos como siendo ilusiones… y así, ni siquiera “nos veíamos”… sino que nos cegábamos… pues no nos dábamos cuenta de Nosotros Mismos (más que en momentos relámpago, quizá)… no nos dábamos cuenta de quiénes somos en realidad.

II. La segunda venida. Un curso de amor, T3:2

Lo que se ha llamado “la segunda venida” es el “arte cósmico” que se va a plasmar simplemente al vivir nuestras vidas desde el propósito original.

El arte, nos cuenta este capítulo, hace que algo se vuelva conocido.

No es que el arte represente algo… ni que represente al yo separado de una persona determinada que “es artista”… sino que, con “el arte”, el ser humano se presenta a sí mismo algo anteriormente “desconocido”… es decir, hace re-nacer algo olvidado… a partir de lo cual crea algo nuevo en la forma para poder re-presentar lo olvidado.

La “segunda venida” hará que nuestro Ser en Unidad se vuelva conocido en la Forma (re-creándose así, de nuevo).

Este Ser, por cierto, nunca tendría por qué haberse abandonado así, como hemos hecho, creyendo todas esas creencias de la separación… con las cuales hemos creído que nuestra Unidad era incompatible con la forma.

Así que el arte realiza el movimiento de “la verdad”, de la verdad como proceso, pues la verdad no es un resultado, sino el proceso de despliegue expansivo e integrativo de la Vida.

La verdad podríamos decir que es el proceso de des-cubrimiento, de quitar el velo, en un descubrir que en realidad es también un crear… un “crear de nuevo”… a partir del recuerdo de lo que somos eternamente (“espíritu”).

Dice también:

«El arte se convierte ciertamente en algo al expandir el discernimiento o, en otras palabras, al hacer que algo se vuelva conocido. Esto es lo que la verdadera relación hace, y es su propósito, así como lo que ella es.»

Así que nosotros hacemos conocida la Verdad de nuestra relación aquí, en el mundo de la experiencia, donde hemos elegido venir a re-presentarNos.

Pues dice:

«Elegiste representarte a ti mismo de una nueva manera, expresarte de una nueva manera, compartirte a ti mismo de una nueva manera. La elección de representar a tu Ser en la forma fue una elección por la separación, pero no porque la separación en sí fuese deseada, tal y como has supuesto que lo fue.»

La verdad de nuestra relación interior (Unidad) ya es Conocimiento… ya tenemos Dentro esa relación total con todos y todo… –eso que llamamos por ejemplo “el Cristo en ti”, la “Unidad de Amor en ti”.

Ya la “conocemos”, ya la somos aunque no la experimentemos. Es la relación con todos y todo “ya lograda” dentro…, y gracias a la cual podemos existir “fuera”.

Y, como vimos, de cierto modo existimos aquí para hacer “florecer” las semillas de esa relación que es “el Cristo en ti”… las semillas o tesoros que nos llaman… y que son ya esa relación… y que ya contienen toda la información dentro… simplemente esperando a ser expresada.

Esa relación simplemente “busca” ser representada, expresada aquí, en las formas, que es como nosotros elegimos “crear”, para mayor gloria de la Vida (es decir, de “Dios”).

No podríamos vivir esta nuestra representación actual de un universo si no fuéramos ya “Espíritu”, en relación total con todo y todos… desde Dios, desde la Fuente Primera.

Y de cierta forma, el universo tal y como actualmente lo vemos ya “representa” la verdad de nuestra unión. Solo sucede que nosotros no lo queremos ver así, a cada paso… al estar en distorsión… “vibrando en juicio”, en ego…, que es como normalmente estamos… siendo un “ser de pasado”.

Y ahora simplemente toca redoblar esa representación, re-representar la verdad, que es lo que habrían hecho “los maestros” (por ejemplo Jesús)… y lo que vamos a hacer todos tarde o temprano…: asumir la verdad… asumiendo esa visión interior que verá o pondrá Unidad sobre todo lo que vemos (es decir, que no verá “miseria”, aunque sienta todo lo asociado con esta en la experiencia humana y lo deje pasar como regalo… “actuando” y siendo desde esa conciencia de regalo…, en la visión de nuestra Unidad de Amor).

Es decir, en esta experiencia de Forma, nos toca asumir y sentir que somos realmente creadores.

Y esto se hace, como ya sabemos, entregando toda nuestra percepción. Y esta entrega a su vez terminará entregándole de vuelta “a Dios”, a la Vida, una Forma Nueva de representarnos a nosotros mismos como esa Unidad que somos… en la que se nos creó.

Y esta es la manifestación o consecuencia irremediable del “regreso del hijo pródigo” 🙂 :

Fiesta (celebración individual y colectiva a la vez).

III. C5:12

«5.12 Las lecciones del amor se aprenden comprendiendo la relación entre lo que sientes y lo que haces. Cada sentimiento pide que te entregues a una relación con él, pues en él encontrarás amor. En cada unión, en cada momento de involucrarse, es donde existe el amor. Cada unión, cada compromiso en el que te involucras, viene precedido por una suspensión del juicio. De ahí que no sea posible unirse a lo que se juzga, ni sea posible comprometerse en algo que es entendido. Lo juzgado permanece fuera de ti, y es eso que permanece fuera lo que te invita a hacer aquello que el amor no haría. Lo que permanece fuera es todo lo que no se ha unido a ti. Lo que se ha unido a ti deviene real en la unión, y lo real es solo amor.» (C5:12)

Para contrarrestar el juicio…

…y darnos una forma de detener “la mentalidad usual egoica” …

…esa mente-ego que es la “extensión” de nosotros mismos que nos inventamos creyendo que nos alejábamos de la eternidad… que conlleva tanto un “yo” como un castigo por tener tal “yo”…

…. para contrarrestar el juicio… decíamos…
….para invitar a nuestro Yo-en-Unidad… ese que es extensión de la verdad de la Unión…
…. teníamos el arte del pensamiento.

En ese “arte” nos comprometemos a “ser la respuesta” que buscábamos “fuera”… dándola.

Dándola porque aceptamos la llamada constante de la unidad dentro.

Dándole así nuestra receptividad a “lo divino”… pues igual que creamos un estado de separación, ahora debemos querer “crear” aposta la experiencia del aprendizaje en unidad… ese aprendizaje que conlleva un desaprendizaje de forma automática.

… y “lo divino” nos “enseña” a integrar “lo humano”… simplemente haciéndolo… abrazándolo… al simplemente “hacer contacto”…

al aceptar unión, deteniendo la mente egoica que nos separa de nosotros mismos… en nuestro estado usual, automático.

IV. La nueva espiritualidad*

Estamos todo el rato demostrando lo que más valoramos y demostrando nuestras creencias; demostrando valores y creencias.

Podemos decir que no lo estamos haciendo… que no tenemos valores ni creencias…, pero da igual, pues sí los tenemos.

Sí los tenemos, y se demuestran en el proceso que llamamos “vida individual” o vida “política”, de un colectivo (ambas vidas imbricadas).

Todo proceso, individual o colectivo, está demostrando lo que se valora y lo que se cree.

Recordemos ya dos creencias fundamentales y opuestas, que ahora se están sustituyendo entre sí… para ir dando con el cambio global que muchos humanos expresaremos más y mejor…, a partir del cambio interno:
– creencia profunda en la separación,
– creencia profunda en la unidad.

Entonces, y si lo consideramos de forma temporal (aunque el tiempo sea ilusorio), lo que estamos demostrando que en realidad valoramos y creemos, ahora mismo… viene “de tiempos inmemoriales”… donde los humanos terminamos creyendo firmemente en la separación y demás compañía: la escasez, la necesidad (en vez del regalo), el juicio, etc.

Y todo eso se lo atribuimos, en el pasado, a la Vida en general, es decir, a “Dios”, que es el nombre para el agente o actor, para el poder y la inteligencia reunidos…, combinados…, de Todo Lo Que Es… que de cierto modo nos engloba y abraza… y que tiene que ver con todo aquello que no podemos explicar… todo lo que parezca que no podemos controlar, en un momento dado.

Así nos fuimos manifestando a nosotros mismos cada vez más y mejor ese sistema de creencias…, y así lo instituimos como algo “normal”, como “lo normal”, dándole cuerpo (y por cierto, lo normal se antepone a lo natural).

Es lógico que lo hagamos, pues lo que creemos y valoramos lo procuramos “instituir”, fosilizar…, tanto individualmente -con nuestros hábitos- como colectivamente -con las instituciones que legislan, etc.

Procuramos instituir… inmortalizar… nuestro interior… es decir, todas aquellas características que proyectamos y seguimos proyectando sobre Dios… es decir, que le atribuimos a “la Vida”… “en un pasado lejano”… un pasado que se repite ahora, en cada “gesto interior”… con nuestra comprensión sobre la Vida y sobre Dios.

Así, instituyendo, conseguimos que nuestro mundo se convierta en “Dios para nosotros” (el Dios inventado)… y que nos devuelva esas características… tras haber creado por nuestra cuenta esa “Vida” o ese “Dios” a nuestra imagen y semejanza (un Dios que necesita algo para poder ser feliz).

Así, nos hundimos cada vez más en esa Vida… en esa concepción… experimentando nuestras propias creencias, reforzándolas… y nos hacemos a nosotros mismos a imagen y semejanza de nuestro ídolo… del Dios que quisimos instituir.

Entonces, ahora vemos que somos esos dioses… y que, por ejemplo, necesitamos algo muy concreto para poder ser felices (aunque la felicidad sea en el fondo un estado de ser… un estado en el fondo independiente de las circunstancias).

Nos encontramos exigiendo que ciertas cosas se den así y no asá, en la vida… que haya unos resultados concretos “para poder ser felices”.

Mas todo es proceso, todo cambia, y en todo se infiltra la unidad, la unidad de amor.

Como de cierto modo Dios es por ejemplo el nombre para Todo-Lo-que-Es… Dios también es el proceso de la Vida en general, la combinación de todo en su “ser procesual”, en devenir…, en eterno cambio…

Y así, cualquier proceso puede abrirse más o menos a ser infiltrado “por Dios”, es decir, fertilizado por esa Vida interior que ya somos en unidad.

Y la Vida nos demuestra que somos “poderosos”… es decir, es perfecta como proceso de “libertad”… pues podemos devolvernos a nosotros mismos (con nuestro “mundo”, un “mundo” que guerrea ahora tanto contra la Tierra y contra la paz)… podemos devolvernos… podemos darnos… a nosotros mismos… lo que creamos sobre la Vida (“creamos” de “creer”).

“Lo que valoramos” es valorado en un proceso interno, en el fondo invisible…, igual que lo que creemos.

Mas, al nombrarlo con un sustantivo (“valor”, “creencia”) perdemos a veces la posibilidad de percatarnos de qué es lo que estamos haciendo:
– creer y valorar… como procesos…
– y además, el proceso de demostrar esos “valores” y “creencias”.

Al convertir los procesos en algo fijado, con un nombre…, nos intentamos convencer de que no podemos cambiar el modo de hacer lo que hacemos… y, por tanto, ni la actitud… ni el propósito.

Es la falsa inmortalidad del Dios antiguo: un Dios que no cambia.

Así, creemos que podemos actuar desde fuera hacia adentro (“magia”), para evitar que la unidad se infiltre más… la unidad de amor como eterno cambio… que inspira cambio.

Entonces, como bien se ve, estamos “haciendo terapia” de nuestras vidas… tanto en lo individual como en lo colectivo… pues la “terapia” a veces no es más que “abrir los nombres”, los sustantivos… para poder sentir el verbo-proceso que se esconde detrás:
– valor — valorar.

Así, si volvemos a sentir el proceso… el proceso por el cual fabricamos lo que valoramos… nos volvemos a sentir con poder, con poder de “crear de nuevo”.

Así, podemos “rehacernos”, re-crearnos… simplemente quizá haciéndonos preguntas… sin miedo… en cada proceso.

Esto lo hacemos a nivel individual y colectivo.

¿Valoramos la unión, valoramos la separación? ¿Qué demostramos, cuándo y dónde?

Todo el mundo sabe ya que si no hay “cambio” interior, en el nivel individual, no lo habrá en lo colectivo.

Dijimos que nos engañamos sobre aquella demostración constante de nuestras creencias y nuestros valores… al decirnos a nosotros mismos que no la estamos haciendo…, que no los estamos demostrando (que “lo que hay es lo que hay”: por ejemplo una institución que legisla…).

Nuestras creencias más “sagradas”… y nuestros valores… están plasmándose en las acciones de cada día en las instituciones, aunque digamos que hemos separado religión de política.

Y aunque la religión sí se deba separar, pues propone una doctrina muy concreta, lo que no se puede separar de nada es la espiritualidad (tampoco de “la política”), pues la espiritualidad tiene que ver con eso tan amplio que todos estamos “haciendo”, dentro, con las creencias y los valores -y que estamos plasmando fuera, demostrándolo.

Estamos constantemente demostrando una espiritualidad, con todo.

Lo único que ocurre es que no hablamos sobre ello… y, por tanto, todo se nos hace confuso, pues además, en esa espiritualidad estamos mezclando confusamente valores y creencias a menudo contradictorias… y que a menudo varían demasiado entre las diversas partes del mundo.

Y, en general, ya sabemos cómo el mismo curso de milagros nos animaba a empezar a idear nuestro “buen despertar” :)…, nuestro despertar “del todo”… sintiendo que hay una especie de creencia global, un “valor” global… que nos está “matando”, y con el cual “degeneramos”, literalmente: la separación.

Al sentirnos separados de todos y de todo (al valorar y creer profundamente en la separación) conseguimos cerrarnos a esa “inspiración” constante que somos…, conseguimos retener esa Vida que somos… y así, nos hacemos insensibles por ejemplo al instrumento fundamental que es nuestro cuerpo (fundamental una vez puesto a expresar la unidad)…, e insensibles al resto de seres y de procesos de la Vida.

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* [Comentando los textos de Walsch (transmisiones donde la voz de nuestra unidad de amor conversa con Neale Donald Walsch)]

V. la comunicación es simple

Salía hace poco una noticia en televisión sobre un accidente de automóvil, donde la madre muere y su hija sigue viva en el auto.

Luego, alguien escucha una voz.

Alguien de entre los que llegaron al lugar, no recuerdo bien, pudo oír una voz en su mente.

Debía ser quizá que en principio no encontraban o no buscaban a nadie más, pero había una niña viva.

La voz era de mujer, que quería simplemente hacer notar la presencia de la niña.

Es increíble cómo lo cambia todo…, todo lo que pensamos sobre “este mundo”…, el hecho de saber que nos pueden hablar, desde dentro nuestro…, gracias a que siempre hemos sido mente…, y no cuerpo… mente que abraza y fabrica y engloba este cuerpo.

Seguramente, a esos policías o enfermeros que había les habló “la voz del alma de la madre”.

Y, para poder “dar” ese mensaje… esa voz de la madre conectó quizá de forma muy natural (ya que la Luz del amor es lo natural, del amor como comunicación posible)… esa Luz de ese Alma de la madre… transformada en voz… y muy naturalmente… conectaría… en la etapa de la muerte en que estuviera en ese momento… atravesando todos sus “miedos”, quizá… atravesando todos sus otros “quehaceres” en ese maravilloso y enormemente creativo proceso que es la muerte… conectando tan naturalmente con quien tuviera que hacer conexión –en el alma, en el centro sin proyecciones de nuestro ser, utilizando esa relación única que Cada Uno es ya con Todo– para dar ese simple mensaje.

¡Cómo se abre paso la vida!… el amor como vida…, la vida como amor.

Lo más natural…, lo digamos “más esencial” para toda nuestra espiritualidad y nuestra ciencia… está en una simple noticia de televisión, resumido.

Somos mente, no cuerpo, somos vida eterna.

Ese amor que es nuestro mismo ser… es el mismo impulso divino de comunicación que se manifiesta cuando hay otras voces que nos transmiten textos…, más globalmente y tan “mágicamente”…, textos enormes como el curso de milagros, como el curso de amor… etc.

Es el mismo amor, el “amor de Madre-Padre” por nosotros… de ese Creador… manifestado en largos textos esta vez… e impulsado por la misma urgencia de “salvarnos”… a través de personas a las que “les toca” (Helen Schucman, Mari Perron, Jayem…) ese “trabajo” en concreto… aunque esa misma voz esté hablando a todos en cada momento.

Es ese mismo amor de madre-padre… ese amor infinito que, como sabemos… es lo que en el fondo somos…, amor con la Vida como Luz… la Luz personal que es nuestra Creadora… amor con nuestros “Creadores” en unidad y desde siempre… como una sola relación… con nuestros Yoes-en-unidad… bien a resguardo, para siempre.

Y, desde dentro nuestro… ese amor va y nos habla.

Es el mismo fenómeno en la madre que “salva” a la hija; es el mismo fenómeno que en “los cursos”, en concreto en los dictados por el espíritu que encarnó como Jesús.

Es lo mismo lo que hace que la voz de los cursos haga que la Luz que somos comunique con almas concretas para fines concretos… en comunión… en comuni(cac)ión… haciendo “comunión” con esas almas que andamos por aquí “perdidas”, las almas de los canales… o las de cualquiera… que andamos jugando a no ser quienes realmente somos.

Y nos llama porque ya estamos hartos y elegimos eso… “salvarnos” de nosotros mismos ya en este momento… cansados de crear un tipo de experiencia… para salvarnos de nuestro propio agarre a nuestras proyecciones y a nuestra amargura.

La Vida, como Creadora y Creación… como relación infinita entre Creación y Creador… como Vida… como simplemente Creación… la vida… en el Centro de los centros… como Luz central comunicadora-creadora… en eterna extensión… nos habla simplemente por estar dentro… cerrando el círculo de nuestro anhelo… teniendo más o menos “prisa”, prisa según el “accidente” en que nos hayamos metido 🙂 .

Ahora parecemos estar bastante “accidentados” en esta Tierra 🙂 …, y parece que muy confundidos al ver como “normales” cosas muy locas… percibiendo sin amor una creación que se convierte cada vez más en pesadilla por eso mismo… pues como sabemos, percibir es proyectar, es interpretar, es fabricar… una pesadilla… en bucle.

En la pesadilla hacemos cosas obvias que nos entristecen, pero que vemos como “normales”… así que nos da igual.

Vamos pues parece que perdiendo la más elemental e inocente ternura con nuestros mismos cuerpos… al envenenar la tierra y los cuerpos… envenenando “porque es lo normal”… envenenando aire, tierra, cuerpos… para expresar lo de siempre… lo que llevamos milenios expresando… pero ahora digamos que de modos cada vez más “moleculares”…: expresando “desamor”… que es algo de lo que ya estamos cansados aquí… en una realidad percibida que, al percibirla así, con desamor… desatendiéndola… sin atención plena… la vamos amando menos y menos cada vez.

Así, nuestro sueño aparenta deteriorarse más… pues somos creadores desde nuestro sentir, desde nuestra creencia… desde nuestro descuido o cuidado “interior”.

Nos creíamos que la eternidad era un sueño…, cuando es este “tiempo de acción” lo que es un sueño… un sueño que convertimos en pesadilla por el simple descuido buscado… usando a lo loco ese mismo “poder de la eternidad” que somos… y que, con un solo giro de percepción -de la ilusión a la verdad- iremos alumbrando de milagro en milagro… dando con la expresión de la Unidad de Amor que somos.

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