¿Cómo ponerse de parte de todo el mundo (y en concreto de los niños) para poder expresar unidad?   Leave a comment

imagen flor[¿Cómo ponerse de parte de todo el mundo (y en concreto de los niños) para poder expresar unidad en todas las relaciones (y así poder creérnosla con todo nuestro “cuerpo-mente-alma” 🙂 )?]

Sabemos ya que, de cierto modo, esa es nuestra única tarea en este mundo:

ponernos a Nosotros Mismos en las relaciones… colocarNos… colocar “Ser”… colocar en ellas algo auténtico de nosotros mismos… siendo quienes realmente somos…
… colocándonos de parte o de lado de todos, en cada relación…
… para elegir re-crearnos en todas las relaciones como nuestro Verdadero Yo… (pues somos literalmente relación; en espíritu ya somos relación, relación ya “realizada” con todo… pero que venimos a sentir como real aquí, al mundo de lo relativo).

Así que hemos venido a poner ese Yo o Ser en todas las relaciones… para expresar nuestro: “estar ya realizados en espíritu como una sola relación”.

Es decir, aquí hemos venido a “ser en unidad y relación” (como dice un lema de Un curso de amor)…, hemos venido a aceptar ser un Yo que acepta que, si existimos, es porque ya desde siempre somos Vida, vida plena… pues fuimos “creados” como Vida… Vida en unidad y relación con todo.

Recordemos por ejemplo que en el curso de milagros, este “ponerse de lado de todos” era expresado con el lema de:

“no ver propósitos o intereses realmente diferentes en nadie”…

… es decir, no querer sentir que REALMENTE los demás tienen DIFERENTES intereses… diferentes propósitos…
… pues el propósito o significado profundo y real de toda cosa es, como “sabemos”, uno solo:
…”el amor”…

… el propósito o significado del “amor”…

… la “energía” más allá de todas las energías… la energía que ya abraza e integra todo, sin nuestra intervención “consciente” ni nuestro esfuerzo… que ya lo trasciende todo… y que en el fondo todos somos… en unidad.

En las revelaciones de Walsch hay comentarios sobre algunos libros elementales que tratan sobre cómo hablar con los niños.

Tras esta introducción con la que continúo ahora (sobre los niños), pongo abajo algo muy sencillo y concreto sobre “cómo hablar con niños”… por si alguien no lo conoce.

Con los niños se da una situación muy curiosa… pues es inevitable tener que tratar con ellos… es inevitable “la relación”… pues los padres no parece que puedan huir fácilmente… huir sin más.

Y si tal huida se da, entonces en realidad se da de muchos modos “metafóricos”… pues, como sabemos, los cuerpos juntos no son garantía de ninguna unión real… sino a menudo precisamente de lo contrario.

Así que, aunque los niños sigan físicamente presentes (y presentes porque… ¡son “los hijos DE sus padres”!… y casi a veces como si fueran muebles…) esa huida se puede dar en la forma de maltrato físico o del igualmente importante maltrato o abuso emocional, a veces muy sutil… etc.

Esta imposibilidad de la huida parece que ocurre más aún en una sociedad como esta, que parece estar tan obsesionada con lo familiar… tan limitada por “lo familiar” (siguiendo a veces demasiado el lema del “yo me lo guiso, yo me lo como”….)… en una sociedad donde nos hemos dado tan pocas opciones a la hora de administrar sabiamente la crianza (sabiamente, no fríamente).

Ya somos unidad…, un solo “espíritu”.

Y para poder recordar que somos unidad… para poder recordar que YA “sabemos” que somos unidad… hemos de sentirlo lo más plenamente posible… expresándolo… sin miedo a “perder” nada en ese camino de la expresión.

A esto sería a lo que hemos venido aquí, por cierto: a “expresar” nuestro verdadero ser (el yo verdadero en unidad)… en esta “realidad exterior a la Vida”… pues para eso existiría esta realidad de relaciones (el mundo de lo relativo)…, es decir, para eso hemos co-fabricado esta realidad de relaciones exteriores… exteriores a esa Vida de Luz que ya somos… en unidad, “dentro”… todos con todo y todos (ya que cada cual es “parte” inseparable de una vida que es eterna).

Así que para poder “creérnoslo”… para poder creer que “tenemos unidad”, hemos de “dar” o “expresar” unidad… recordándonos que lo somos… haciendo “sensible” ese recuerdo, ese conocimiento.

Y Walsch, hablando sobre el libro de Faber y Mazlish, comenta esto tan concreto acerca de “ponernos de lado” de todos:

«Generalmente, la estrategia sugerida en ese libro es la de hablar a los niños de un modo tal que les permita a ellos verte como estando de su parte en las aventuras de la vida. Sin importar lo que piden, lo que son, hacen o tienen… se trata de encontrar una manera de posicionarte en el mismo lado del problema.

» Permíteme poner un ejemplo simple. Digamos que eres una madre cuya hija de 5 años le pide una galleta. Pero sucede que solo quedan 20 minutos para cenar. Ahora, como madre, se te plantea una elección. Puedes intentar explicar cuidadosamente a la niña que la cena está al llegar, y que tomar una galleta ahora acabaría con su apetito, y que, por tanto, la respuesta es que no (lo cual te coloca en el lado opuesto del problema). O bien, puedes empatizar con el apuro de la niña, puedes unirte a su infelicidad sobre el tema…, y realmente puedes conseguir que ella resuelva el problema por ti. Esto se hace emprendiendo un pequeño diálogo creativo, algo como lo siguiente:

» Niña: ¡Quiero una galleta!
Madre: mmm, ¿sabes? ¡Yo también quiero una galleta! Adoro las galletas, y tú también, ¿no?
Niña: ¡Sííííí!
Madre: Pero no podemos comernos una.
Niña: ¿Por qué?
Madre: Bien, pues porque la cena va a estar pronto lista, y si nos tomamos ahora la galleta, podríamos dejar de tener hambre, y entonces no nos comeríamos la cena. Y no he hecho todo ese trabajo para que no nos sirva para nada. Pero estoy triste, porque realmente me gustaría tomarme justo ahora una galleta. ¿A ti también?
Niña: Sí.
Madre: ¿Podrías pensar algún modo de no estar tan tristes por la galleta?
Niña: ¡Sí! ¡Nos tomaremos una de todas maneras!
Madre: (se ríe) Ese es un modo, pero no podemos hacer eso. ¿Recuerdas la regla?: no tomar galletas ni nada parecido antes de cenar. No me gusta a veces esa regla, pero es lo que es. Ahora… ¿qué voy a hacer? (muestra un rostro triste).
Niña: (instantáneamente queriendo ayudar) No estés triste, mamá. Podemos tomárnosla después de cenar. ¿Podría ser nuestro postre?
Madre: ¡Qué buena idea! ¡Chica, es una gran idea! ¡Nos la podemos comer tras cenar! ¡Genial! Vamos a agarrar una ahora mismo y la pondremos en nuestros platos para que esté lista para la cena.

» La clave en este intercambio es evitar colocarte a ti misma en la posición de obstáculo. Si el niño te ve como obstáculo para lo que quiere, puedes estar segura de que habrá dificultades. El problema es que tus niños te vean como obstáculo, como aquello que se interpone en el camino. Por este motivo puede que tus niños no te escuchen. Si, por otra parte, el niño ve que afrontáis juntos un mismo obstáculo que está frente a vosotros y no entre vosotros, entonces, lo más natural es que el niño se convierta en colega, para abordar y resolver juntos el problema. Era un ejemplo muy simplista, pero la fórmula puede ser aplicada en casi todos los problemas, sin importar su naturaleza ni la edad del niño.

» Ahora bien, el padre o la madre que se agota es la que insiste en permanecer como obstáculo, exigiendo que la niña escuche y obedezca, o algo así. Y con ello lo que se consigue es crear una fricción increíble entre los familiares y los niños, haciendo que cada intercambio se convierta en una lucha de poder de enormes proporciones, levantando resentimientos en todas direcciones.

» Y aunque esta posición de obstáculo pueda ser lo que funcione de forma más poderosa en un corto plazo, en el largo plazo nunca funcionará. No lo hará si tu objetivo es conservar el amor, el respecto y la amistad de tus hijos; no lo hará si quieres el tipo de relación con tus hijos en la cual acudan realmente a ti con sus problemas cuando sean más mayores, antes que acudir a cualquier otra parte.

» La cuestión principal en todas las interacciones con niños es: ¿Qué haría el Amor ahora? E igualmente esa es la cuestión principal en todas las interacciones con adultos.

» Y contrariamente a las posturas de la vieja escuela… aquí no se trata de sobreproteger (pues notemos que la niña no ha conseguido lo que quería). Aquí se trata simplemente de mantenerse firmes de un modo tal que reconoce que el niño es también una persona.» (este breve apunte sobre las relaciones con niños está en este libro de Walsch: “Questions and answers on Conversations with God”, aunque comenta algunas cosas brevemente sobre educación y sobre este libro de Faber y Mazlish en otros de sus textos)

Y seguramente este tema tan básico es un tema muy bien tratado y conocido en la enorme cantidad de textos y de prácticas que existen en “educación no directiva”, en “educación libre” o en “comunicación no violenta”, etc….
así que toca… practicar, como siempre 🙂

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