Comentarios (17): verdaderos comienzos, propósito original, etc.   Leave a comment

imagen florÍndice:

I. T3:17
II. C2
III. T3:18, T3:19
IV. C3
V. T3:21
VI. T3:22
VII. T4:1
VIII. C4
IX. T4:2
X. T4:3

 

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I. T3:17

El único “problema” que tenemos tiene que ver con que hemos considerado que solo la muerte y el nacimiento son verdaderos comienzos.

Ahora, en el tiempo del fin de los intermediarios, en “el tiempo de Cristo” (en esta “nueva era”), esto se acabó, por fin.

Así que en el meollo de todo este asunto está el tema de qué es “verdad”, en eso de “verdadero” comienzo… y qué es un “verdadero” cambio, por ejemplo (y podemos usar muchas “herramientas inspiradas”, mucha imaginación… para imaginarlo, y para “hablar” sobre esto del “cambio” y la “verdad”):

«17.2 La historia bíblica de Adán y Eva, en la que comen del árbol del conocimiento, es un ejemplo del efecto de la observación y del juicio que surgió de ahí. El yo “cayó” fuera de la unidad por medio de los juicios hechos a lo que observaba como algo “diferente” de él —al comenzar a hacer distinciones entre el yo, y todo lo demás que existía junto con él en la creación. Esta es la razón de que la historia de la creación incluya el nombramiento de las criaturas. Fue el comienzo de la percepción y de la idea de que lo que era observable era algo “distinto” de quien hacía la observación. Ahora, tu ciencia te está probando la relación entre el observador y lo observado, el efecto que uno no puede evitar tener sobre el otro. La ciencia aún tiene un largo camino por recorrer para determinar por medio de sus procesos lo que esto dice sobre la naturaleza del hombre, pero está más cerca cada día de un entendimiento de la unidad y de la interconexión de todas las cosas.

» 17.5 Ese error fue ver a Dios como alguien “distinto” y separado del yo, del ser. Aunque para la experiencia que se deseaba era importante aprender las lecciones de lo que era observable en el ámbito de lo físico, al haberse comenzado a olvidar de lo no observable, se inició un proceso de olvido o desaprendizaje de la verdad, que es lo que ha conducido al mundo en el que ahora existes por medio del aprendizaje de la falsedad del mecanismo del tiempo. […] Como tu verdadero Yo o Ser no podía aprender la falsedad, entonces, un nuevo yo, al que hemos llamado ‘el ego’, fue creado. Como el ego no puede aprender la verdad, tuvo que invocarse a tu verdadero Yo para que este aprendizaje tuviese lugar.

» 17.6 El Espíritu Santo fue llamado a devolver este recuerdo a las mentes y a los corazones. Pero, una vez más, permíteme que te recuerde que el Espíritu Santo no es distinto de quien tú eres, sino un aspecto de quien tú eres y de Quien Dios Es. […]

» 17.8 […] El tiempo del Espíritu Santo, o el tiempo en el que era necesaria la comunicación entre la ilusión y la verdad, debe terminar para que la verdad se convierta en la única realidad.»

II. C2

Con motivo de que estoy haciendo un blog solo para el curso de amor, pero para jugar a poner la traducción “en femenino”… podemos ir repasando el primer libro del curso.

Este capítulo es muy claro.

Es como si fuéramos un “enorme” ser de sentimiento (“de amor”), que alberga todo tipo de fantasías… entre otras la de poblar estos cuerpos.

Por más que nos queramos engañar desde la dimensión de los cuerpos, seguimos siendo un tal “ser de sentimientos”, un “foco de Consciencia” más allá de la diminuta “consciencia” que aquí tenemos.

Y lo bueno es nos podemos dar cuenta de eso sin que nos haga falta morir y volver a nacer a la ilusión del tiempo.

Por eso parece que estamos cada vez más en una “nueva era”, en lo que aquí llama “el tiempo de Cristo”, un tiempo sin intermediarios… sin siquiera necesitar la muerte como intermediaria; en el tiempo de la resurrección, el de “la segunda venida”.

Si queremos darnos cuenta del cambio de era, debemos salir de la confusión entre miedo y amor, que es lo que empieza a tratar en este capítulo.

Por ejemplo, nos recuerda que, sin darnos cuenta, hemos definido “amor” como reacción ante el miedo.

Es decir, que cuando hemos reaccionado al miedo lo hemos llamado “amor”, y nos hemos quedado tan anchos.

Así nos hemos habituado a nuestro propio infierno de separación ilusoria del amor… un infierno “autoconstruido”.

Nos recuerda entonces que vamos a reconocer al amor por sus efectos.

Hemos colocado los dos extremos (miedo y amor) al mismo nivel, cuando en realidad no lo estarían.

El miedo, como distorsión del amor, no está en el mismo nivel, diríamos.

Así, en la confusión, inventamos un “término medio”, un término medio que en realidad es “un infierno”.

Ese tal “infierno” lo describe un poco aquí, al hablar de nuestras ilusiones sobre nuestro “ser minúsculos”, sobre “ser poca cosa”… sobre la seguridad, etc.

Y resalta de nuevo la importancia de los pensamientos, que son, digamos, “creadores”… para poder afrontarlos por lo que son, para poder verlos claramente como lo que son…, para así poder algún día descartarlos sin proyectar:

«La demencia de tus procesos de pensamiento y del mundo que percibes te debe ser dada a conocer antes de que estés dispuesta a desprenderte de ellos».

Si no admitimos que somos adictos (a un infierno autoconstruido) no podemos empezar a liberarnos de ello (igual que un alcohólico debe admitir siquiera que lo es si quiere poder hacer algo con ello).

Así que se trata de ver con la visión del amor, la del “Cristo en nosotros”… como lo llama en este curso. Esta visión ni siquiera ve “miseria” o “desesperanza”; realmente no están ahí, no REALMENTE.

Y ese es, como “sabemos” desde UCDM, el mejor regalo que podemos hacer a “los demás” y al mundo en general…, ya que mundo y “los demás” en el fondo son “nosotros mismos”: el regalo de la visión, de una percepción verdadera.

Por eso nos recuerda que la compasión nada tiene que ver con lo que pensamos.

La verdadera “compasión” surge de una mente o de una visión que no siente que la ilusión sea real.

Y terminará hablando sobre la integración de lo que hemos aprendido: debemos ser lo que hemos aprendido, pues si no, el ego entra a “hacer caja” para su cuenta.

También habla de resultado y de control, y de cómo el regreso a casa comienza en un estado de neutralidad.

III. T3:18, T3:19

La elección de vivir “en la verdad” en vez de en la casa de la ilusión, será atractiva por esto que dice a continuación (y no servirán ya más los “profetas”, las prédicas, las evangelizaciones, etc.):

«Lo que hará que esta elección sea tan atractiva será la gente común, viviendo vidas extraordinarias, milagrosas y observables.»

En el capítulo 19 habla sobre los cambios que puede experimentar nuestra forma física (para decir que no tengamos miedo).

Tenemos ejemplos, que además se hacen célebres, de personas que al vivir “en unidad y relación” desarrollan por ejemplo la no-necesidad de comida, e incluso la no-necesidad de líquido.

Sobre ello comenta la voz del curso una cosa muy graciosa aquí: dice que los que “viven en lo nuevo”, es decir, en “la casa de la verdad”, encontrarán mucho más amenazador y les producirá aún más ira que al resto, el hecho de constatar realmente, de forma observable, que el Verdadero Ser es expresado aquí en la forma física –con por ejemplo esa “falta de necesidad” relativa a la supervivencia física.

Podríamos pensar que la gente que vive “en la casa de la ilusión” se podría sentir más amenazada o “enfadada” con esas demostraciones del Verdadero Ser en la forma física –por ser tan chocantes… porque enfrentan directa y palpablemente todo lo que creemos sobre el mundo al demostrar un tipo de “regalo” que puede que recibamos de la Unidad…: el de la falta de “necesidad” de comer nada.

Pero no es así, y quizá ya lo hemos comprobado bien, pues mucha gente “en la ilusión” ni siquiera puede escuchar la posibilidad de no necesitar comer (recordemos cómo seguramente casi todos nosotros hace años no teníamos oídos para esta “música”).

La gente, en la ilusión, ni siquiera podríamos darle crédito a esa idea… y por tanto no podíamos quizá ni molestarnos ante una idea que estaba tan lejos de uno mismo, mentalmente hablando, en tanto que “ideas posibles”.

Aquí uso la palabra “ideas” teniendo un poco en cuenta la distinción entre idea y creencia.

Seguro que recordamos enseguida alguna conversación sobre el tema, donde la gente que diríamos “vive en y para la ilusión” seguramente llevaría la conversación al terreno de las creencias –la conversación sobre este asunto de la posibilidad de vivir palpablemente “sin necesidades”, de demostrar ese sentir, en la forma física, y de forma tan “biológica” y elemental (no necesitando comer ni beber nada).

IV. C3

Con motivo de que estoy haciendo un blog solo para el curso de amor, pero para jugar a poner la traducción “en femenino”… podemos ir repasando el primer libro del curso.
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En este capítulo 3 del primer libro habla sobre varias cosas que tienen que ver con la necesidad de “perder el juicio” que tenemos:

– somos literalmente amor eterno.

– como tales, no podemos SER APRENDIDOS, igual que no podemos aprender el amor.

– Las formas no son lo que nosotros somos.

– Las formas simbolizan.

– hemos venido a simbolizar lo mismo que simbolizaba por ejemplo Jesús, lo mismo a lo que dio un rostro.

– en el mundo de formas actuamos “a conveniencia”, a nuestra conveniencia… colocando las formas y su significado por nuestra cuenta, según nos convenga: «Nada es lo que es, sino solo lo que es para ti.»

– se trata de realizar otro tipo de aprendizaje, no el que estamos acostumbrados.

– Vamos de la mente al corazón para utilizar los conceptos de este.

– el amor abarca todo, y ya lo sabíamos… entonces… ¿ahora qué?

– La ayuda que vehiculan estas palabras viene así como “de dentro”, de forma incontrolable.

– estamos acostumbrados a un proceso de control, ligado al aprendizaje, según los patrones de lo viejo, donde necesitamos pruebas, necesitamos comparar y acumular… re-arreglar en nuevas configuraciones.

– no “perdemos el juicio” lo suficiente.

– necesitaremos seguramente perderlo más, para poder reunirnos con y como la mente-causa que somos, e irnos dejando de sentir “efecto”, como efectos.

– necesitamos abandonar nuestro viejo modo de pensar.

– hemos ligado amor y dolor, y eso lo debemos recordar siempre como prueba de la fortaleza del amor, no de la fortaleza de la demencia.

V. T3:21

Este esclarecedor capítulo cierra el círculo que empezaba este tercer tratado, cuando hablaba de “representar la verdad”.

Ya hemos visto lo que no era “representar la verdad”: no era buscar crear más “explosiones” en la casa de la ilusión, para así deslumbrar, iluminar o soliviantar a los que allí viven o vivimos… sino que se trata de una “representación directa” de la verdad:

de SER quienes realmente somos y COMPARTIR quienes realmente somos, para en ese compartirNOS como quien realmente somos poder siquiera empezar a darnos cuenta de eso, precisamente… aprendiendo de una nueva manera (desde la unidad: “ya realizados”).

Nos damos cuenta de quiénes somos realmente… y así recordamos y recreamos “quienes realmente somos” de nuevo…, al permitir la creación de “lo nuevo” en este mundo de relaciones exteriores… es decir, en este “Aspecto Exterior de la Vida” —como se decía en este curso tiempo atrás.

Los cimientos de la casa de la ilusión ya han sido removidos y, como ya vimos, tras la explosión han caído ya muchos “regalos”, regalos ya muy trillados…, como si fuera el polvo tras la explosión: música, poesía, artes, ciencias/teorías.

Todo “camino espiritual” es pues un viaje de “depuración”, de transformación profunda… donde la identidad pasa:

– de estar establecida en “los datos” de este mundo, pues en ellos se había establecido inercialmente (como comenta este capítulo 21)…

– a verse definitivamente establecida en “la verdad única”, en algo interior y profundo (aquel “Reino de Dios”, que se decía antes)… haciendo así que el “yo personal” pase a servir solo para representar la verdad y a existir solo en tanto que eso, para ese fin, que podríamos llamar “vibratorio”, profundo… el que conlleva una verdadera renovación potencial.

Si no se “representa la verdad” (con lo que supone de paradójico)… si no se hace la verdad observable a través de uno mismo, a través del propio “yo personal”, con todos sus defectos y sus virtudes “integrados”… más allá de la creencia… entonces, AHORA nadie puede “creérselo”…, nadie podrá creerse nada en este tiempo nuevo que aquí llama la voz “el tiempo Cristo” –el tiempo del “original”, de nuestro yo virginal.

Para empezar no podremos creérnoslo ni siquiera nosotros, ni siquiera el sujeto que dice querer “despertar” de este sueño de olvido que vivimos en la tierra según nuestro propio diseño… un sueño que como sabemos alimenta y se basa en el sistema de pensamiento de la separación:

«Creas lo que creas, mientras tengas un cuerpo diferente al del resto, un nombre que te distinga de alguien y aun así te vincule con otros, una nacionalidad que te separe de otras nacionalidades y un sexo que te divida de aquellos del sexo “opuesto”, la unidad parecerá ser solo una creencia.

» 21.18 Por tanto, algunas cosas sobre tu yo personal deben ser aceptadas como aspectos de tu forma y dejar de ser aceptadas como aspectos de tu identidad. Esto hará que tu existencia parezca tener una naturaleza dualista por algún tiempo mientras llevas la observancia hacia la observancia de tu yo personal. Como se dijo al principio de este tratado, para cuando se complete el aprendizaje de este tratado el yo personal continuará existiendo solo como el yo que presentas ante los demás. Tan solo se tratará de una representación. Solo representará la verdad. En otras palabras, dejará de ser considerado como tu identidad, y pasará a ser considerado como representante de tu identidad, una identidad que no tiene nada que ver con los pensamientos de una mente separada ni con las circunstancias del cuerpo físico.
[…]
» Lo que tú has considerado como tus fracasos o debilidades, es algo tan valioso como tus éxitos y fortalezas. Lo que te ha separado, también te unirá.
[…]
» Aunque no se llame a nadie para evangelizar, se llama a todos igualmente para que representen la verdad y hagan observancia de ella.»

VI. T3:22

«siempre ha existido en ti una tensión creativa entre aceptar quien tú eres y convertirte en quien quieres ser.»

En este capítulo termina zanjando la cuestión de esa tensión, de esa separación que hacemos entre “lo que es” y “lo que será”.

Así que…:

«Esta tensión continuará si no eres capaz de integrar en tu nueva realidad dos preceptos de este curso de aprendizaje. Uno de ellos es el requerimiento tan repetido de dimitir como tu propio maestro. El otro es la capacidad de terminar con todos los actos de comparación.

» 22.5 El requerimiento de que dimitas como tu propio maestro se originó en Un curso de milagros y se continuó aquí. Junto con esta dimisión se encuentra el concepto de recibir en vez de planear. Tu sensación de que se requiere un papel específico para ti, o de que hay algo específico de lo que necesitas ser consciente, son funciones del patrón del proceso de planificación que antes gobernaba tanto tu mente. Estar dispuesto a recibir en vez de planear significa romper el patrón de la planificación.»

VII. T4:1

En este capítulo la voz hace algunas simples revelaciones sobre el nuevo estado del mundo en el que vivimos hoy, un mundo donde el aprendizaje es mediante observación, mediante “comunicación directa”… y donde por tanto los intermediarios de todo tipo dan literalmente un gran alergia:

«1.18 Al elegir tú a Dios, has completado el acto que Dios inició, eligiéndote. Esto es lo que todos los elegidos son en el tiempo —aquellos que han elegido a Dios como Dios los ha elegido a ellos. El que tú hayas elegido a Dios y hayas elegido un nuevo medio para llegar a conocer la verdad —el de la consciencia-de-Cristo— es lo que ha marcado el inicio del nuevo tiempo.»


VIII. C4

Con motivo de que estoy haciendo un blog solo para el curso de amor, pero para jugar a poner la traducción “en femenino”… podemos ir repasando el primer libro del curso.
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En este capítulo 4, habla de lo equitativos que queremos ser con el amor, con el darlo y recibir algo a cambio… lo más equitativamente posible.

Así, vamos a delimitar bien qué puede significar realmente aquello de “perder el juicio”, un “perder el juicio” que no es por ejemplo “sentimentalismo”.

En nuestra búsqueda de equidad… en la búsqueda de recibir algo muy grande a cambio de un amor que sentimos que es tan valioso… pues de hecho lo es (pues es nuestro ser, y nuestro origen)…, en esta búsqueda… hacemos lo contrario de Dios, de un Dios o una Vida que es solo extensión de Sí Misma… y una extensión de amor a todos y todo por igual.

Así, hemos ido inventando “un dios menor”, como ya sabemos… un dios a nuestra imagen y semejanza… semejanza de seres humanos que retienen, por miedo, desconfiando en el universo y por tanto en sí mismos, en una especie de auto-ataque generalizado.

Pero en esto, a la vez, se muestra cuánto valoramos el amor, cuánto lo protegemos… y en ese gesto no vamos muy desencaminados, ya que “tenemos razón”, pues como ya vimos resulta que nuestro Ser es solo y realmente Amor –solo que sucede que la ley del amor es “dar = recibir” :)… de ganancias sin pérdidas.

Entonces, a veces nos ponemos en dos extremos.

Por un lado valoramos tanto, y tan lógicamente, el amor…, que lo celebramos en el modo de ponerlo muy a resguardo, si somos de esas personas más digamos “conservadoras” que se las apañaron para crear ciertos buenos paraísos artificiales, de puertas para adentro de por ejemplo una casa donde intentar preservar lazos “más reales”.

Entonces, en el otro extremo, tenemos las personas más “enfadadas con el mundo”… que a menudo se declaran enemigas de las anteriores.

Estas personas, más ostensiblemente “enfadadas”… también tienen razón a su modo (por ejemplo el prototipo de alguien que está “muy politizado”)… también “tienen razón”… cuando claman que no tenemos derecho a experimentar el amor cuando hay tantas personas que están tan mal, tan sin amor, en el mundo… y que si acaso debemos solo ayudar a arreglar esto que nuestra cólera nos muestra (la miseria y la enfermedad del mundo, como ese mundo de relaciones de poder demenciales, de víctimas y victimarios explotadores, que abusan de quienes se dejan abusar, etc.).

Si las enfadadas tienen su parte de “razón”, es porque el amor ya nos da y nos ha dado a todos todo por igual, lo cual no quiere decir, obviamente, que como ahora no todos lo reciben por igual, en su percepción…, entonces nosotros deberíamos pasar a un estado colérico constante… a intentar a toda costa “arreglar el mundo”, de fuera para adentro (con ánimo de “solo dar”).

Habla también por ejemplo del enamoramiento y del romanticismo: creemos que el amor es una elección (en vez de nuestro mismo ser), y así, en realidad no dejamos que el Amor nos guíe.

También habla del sentimentalismo, con el cual somos deshonestos con Nosotros Mismos… pues nos podemos volver “locos” y no reconocer lo que sentimos, y actuar por tanto artificiosamente en contra de lo que sentimos, como si el amor no fuera libertad… como si el amor fuera la obligación de simplemente rechazar sin amor todo lo que no se le parezca a nuestras ideas sobre “lo que debe ser”… sobre “lo amoroso”, en un momento dado. Y así, no nos permitimos sentir más a fondo y de forma pura algún sentimiento, como el de enfado, etc.

Con el sentimentalismo, pues, nos podemos poner “nostálgicamente” en contra nuestro, casi sin querer… en esa inercia del sentimentalismo con la que buscaríamos sumirnos en la desesperación de no ser como “podríamos” o como “deberíamos” ser ya… comparándonos con todos aquellos que sí parecen haber alcanzado algo realmente valioso.

IX. T4:2

La misma “consciencia” que existía en Jesús, habla muy claramente aquí, divinamente 🙂 , en este capítulo.

«2.11 Ser el primero no significa ser el mejor. El hecho de que yo fuese el primero en demostrar lo que tú puedes ser no significa que yo sea mejor que tú. Al igual que en los acontecimientos deportivos se le aplaude al “primero” y pronto un nuevo récord reemplaza al primero, y al igual que alguien tuvo que ser el “primero” en pilotar un avión o en aterrizar en la luna, ser el primero solamente implica que habrá un segundo y un tercero. […] lo que uno consigue abre las puertas para los demás, y esto es algo que tú sabes. Incluso aquellos que no deseaban volar en un avión cuando esta hazaña se consiguió por primera vez, han volado después en aviones.»

Fijémonos en la importancia que a veces tiene el detenerse en las palabras.

Dice el primero en DEMOSTRAR (no el primero en ser, pues ya somos todos “lo mismo”).

Difícilmente estaría de más hablar durante mil páginas o mil horas… hablar de la importancia de esta diferencia:

– entre lo que ya sabemos y somos, pues como “almas” ya TENEMOS y ya SOMOS todo… ya CONOCEMOS todo como “almas”… como originales originados en el Origen real…

– la diferencia entre eso… y lo que elegimos representar en este mundo de experiencia.

La experiencia de Jesús simplemente habría abierto la puerta a la representación de la única verdad que existe (dentro de todos por igual…, esa verdad que es nuestro ser como Creador y como Creado…, en unión con “el Creador”, con la Vida).

Es decir, se abre cierta “elección definitiva” en cuanto a “desde DÓNDE” representamos… “desde DÓNDE” elegimos hacer la representación que inevitablemente tenemos que hacer por tener un “yo personal”, mientras habitamos en estas tierras de la experiencia física.

Poco antes decía:

» Yo nunca he sido ni seré nunca predecible, porque yo soy la consciencia-de-Cristo. La consciencia-de-Cristo significa ser consciente de lo que es. Solo una consciencia de lo que es, una consciencia que no concibe lo que fue ni lo que será, puede coexistir en paz con la unidad que está aquí y ahora en la verdad.

» 2.2 Una vez más, deja que repita y enfatice mis palabras: donde antes te dirigías al exterior en tu búsqueda y veías dentro lo que percibías fuera, ahora te diriges al interior y reflejas fuera lo que descubres dentro. Lo que descubres dentro es de una manera en que lo que percibes fuera no es.»

X. T4:3

¿Para qué estamos aquí?

Nuestro propósito original es expresarnos como quienes realmente somos (un Yo en unidad de amor).

Eso es lo que provocó el inicio de esta experiencia física, aunque ahora no nos lo parezca. Eso es lo que hizo que hubiera “yoes personales” (no “ego”) para que pudieran hacer observable el Yo o Ser de amor.

 

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