Comentarios, 20 (curso de amor)   Leave a comment

imagen florÍndice:
I. Un curso de amor, D:8
II. Un curso de amor, D:9
III. D:10
IV. ¿Para qué sirven las crisis?
V. Un curso de amor, D:11
VI. D:12
VII. D:15
VIII. D:16
IX. D:17
X. C:13
XI. D:Día1
XII. D:Día3
XIII. D:Día4

 

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I. Un curso de amor, D:8

En este capítulo, el curso nos invita a contactar con ese lugar interior donde se originan nuestras más naturales habilidades, capacidades o talentos –y que todos tenemos.

También invita por tanto a darnos cuenta del papel que puede tener “lo fácil”, lo simple, en nuestras vidas –por así decirlo.

Todo el mundo seguramente recuerda una dimensión de la vida donde lo que se hacía costaba poco hacerlo, por ejemplo.

El papel de este “lugar” interior es lo que se revisa en el capítulo 8 para que nos demos cuenta efectivamente de nuestra unidad con toda la Vida, es decir, para que constatemos nuestro Ser o Yo verdadero, más allá de las limitaciones temporales.

Ya vimos que, “en unidad”, ya estamos “logrados”, y aquí se trata de “practicar” esto mismo:

«8.12 El yo dividido es el pequeño yo de la separación que anhela constantemente la unión con aquello de lo que está dividido. Entra en el lugar donde no hay división, el lugar de la consciencia compartida, el lugar de la plenitud. La puerta es esa habilidad natural que reconoces como un aspecto de tu Yo que te ha sido donado y no es aprendido. Sal por esa puerta. Da el primer paso fuera de la realidad conocida de tu discernimiento consciente, fuera de la realidad aprendida de tu consciencia separada, y entra en el ámbito de la consciencia compartida.

» 8.13 No te sorprendas, sin embargo, si no desciende sobre ti ningún rayo de luz, o si sientes que al haber dado ese paso todavía sigues igual. Una vez que eliges dar este paso, ya está dado. Y de lo que vas a ser consciente al otro lado de esa puerta va a requerir una nueva manera de ver, un nuevo tipo de discernimiento.»

II. Un curso de amor, D:9

En este capítulo se sigue incitando a recordar nuestro verdadero Yo, de forma práctica, recreándolo de nuevo en la forma.

Por eso se habla del “Yo o Ser elevado de la forma”, y de que este Ser es lo único “nuevo”… ya que nuestro Ser (Yo) es eterno y de cierto modo inmutable –solo que el recuerdo de Él en las formas provoca la natural creación de lo nuevo, la elevación de las formas, la creación del Yo elevado de la forma (al dar paso aquí, en nuestras carnes, a la experiencia de “vivir en unidad y relación”).

Es muy importante además recordar que este curso no es meramente “un instrumento para conseguir un fin”, como no lo sería nada, en general, en ninguna espiritualidad… ya que en general medios y fin son lo mismo (cierta verdad, más allá de las palabras), o causa y efecto son lo mismo, o “las ideas no están separadas de su origen”… etc.

Y es que meramente estamos saliendo de la “mentalidad de uso”… que es la mentalidad al uso en el “paradigma del aprendizaje”… y que es la mentalidad que rige en el paradigma de: “si esto, entonces lo otro”.

Así que vamos, pues, hacia sentir no ya tanto la categoría de USO…, sino la del SERVICIO que ya la Vida es hacia Sí Misma, milagrosa, gratuitamente…, la vida en esencia, hacia y por la mera vida… “respirándose” sin trabas.

El “tipo de práctica” que presenta esta parte del texto tiene que ver con detectar y con saber separar interiormente aquello que ya es “gratis”: las ideas frente a los pensamientos, que no dependen de estos…, separando y uniéndonos a lo que YA estaba…, a lo que YA ES y YA ERA… lo que ya era antes de que esa nuestra sufrida identidad de “aprendiz” pasara a conquistar nuestra mente bajo la batuta de la mente egoica.

Con esa mente egoica simulábamos sufridamente que todo tenía que resultarnos difícil y costoso si es que queríamos poder aprender algo “de valor”.

Y así, muchas veces, dejábamos o abandonábamos aquello que más fácil nos resultara… o aquello que más felices nos hacía.

Y sin embargo, todos y cada uno de nosotros ya valemos todo lo que se puede valer: infinito, aunque luego, como nos enseñan las matemáticas, hay muchos tipos de “infinitos” 🙂

« 9.13 Es así como debes llegar a considerar tu forma ahora: es aquello a través de lo cual, todo aquello que ya existe, todo lo ya logrado, llega o traspasa mediante la expresión de tu forma y la interacción entre tu forma y todo aquello con lo que estás en relación.»

III. Un curso de amor, D:10

El curso de amor ha necesitado ponerle nombre a las cosas de una manera tal, que podría parecer que está de más.

Estamos llenando de contenido y experiencia la fórmula que nos acompañará a partir de ahora: “vivir o compartir en unidad y relación”.

Así, como nos recordaba hace poco, el curso nos ha guiado pasito a pasito, con todas las palabras, “con todas las letras”… para que sintamos a fondo que de cierto modo ya no necesitamos ni PENSAMIENTOS (tratado 1), ni CREENCIAS (tratado 2), ni un YO PERSONAL para nosotros (tratado 3).

De ese modo, la palabra “vivir” va a significar cosas muy diferentes de las que “normalmente” significa.

Y así, pasamos a ser, en palabras del curso: el Yo elevado de la forma, es decir, un Ser que digamos está en plena amistad con la Vida (en plena amistad con “Dios”)… y que se dirige ya sin demasiados “problemas” hacia la comunión plena con dicha Vida…, codo con codo si es necesario con todas esas “dimensiones” que contiene nuestro Ser verdadero, y sin tener que pasar por “la muerte”.

Es decir, un Yo o un Ser que “vive en unidad y relación”.

La razón de que el curso dé unas palabras tan precisas podemos pensar que es -entre otras muchas razones- la de intentar asegurarse evitar (¡que por la Voz no quede lugar a dudas!…)… evitar… todos los malentendidos que puede proporcionar una “espiritualidad” como la del anterior curso de milagros, el otro curso muy digamos “íntimo”, que dio esta voz, y que muchos han utilizado o hemos utilizado para lograr un cierto estancamiento, un estancamiento que ocurre cuando no se realiza un verdadero “trascender la mente intelectual-física” más allá de las palabras.

Este trascender, lógicamente, ha de darse en el funcionamiento cotidiano normal de la vida “real” en este sueño de formas separadas, que es donde tenemos que expresar, definitivamente (en un “sueño feliz”), nuestro verdadero Ser, elevando así dichas formas en la creación inevitable de lo nuevo que surge de forma natural de las raíces de nuestro ser Original -o “verdadero”:

«10.7 En este tiempo de Cristo, el descubrimiento tiene que ver con la aceptación de tu auténtica vía de conocimiento, de un método que existía antes del tiempo del aprendizaje y que siempre ha existido. Cuando se practique esta manera, y cuando se le permita reemplazar al patrón del aprendizaje, entonces, esta forma de descubrimiento se convertirá en un constante llegar a conocer lo que es, así como en una constante expansión de lo que es, una constante expansión de la creación —o, dicho brevemente, una creación de lo nuevo.»

IV. ¿Para qué sirven las crisis?

Sabemos que el ego va por ciclos, reforzando extremos, reforzando sentimiento de dualidad, distorsión…

A la vez que las crisis puede parecer que sirven para que venga lo nuevo, también parecen servir para imposibilitar que venga lo nuevo.

Si la población pasa a definirse por un mero “tan solo quiero poder sobrevivir…”, entonces, las condiciones o el marco que define esa vida quedan reforzados… por defecto.

Esas condiciones o ese marco tienen nombres: por ejemplo los de las empresas de suministro energético, los Bancos… que salvaguardan la continuidad de un sistema que en realidad no funciona si lo que decidimos es tener más paz y alegría.

Y en general a esos nombres propios les hemos dado el poder de conservar un sistema donde lo que prima es la Propiedad frente a la capacidad de Acceder al uso de los bienes y ser Felices.

Y el gran logro nuestro sistema artificial social… parece ser el de conseguir darse un cierto aire de “naturaleza”.

Si tienes por ejemplo el monopolio de la energía, es decir, del modo en que por ejemplo la gente nos intentamos mantener calientes en invierno en ciudades exageradamente grandes… entonces te interesa que “la gente” quiera poder “meramente sobrevivir”, y que sientan que están “salvados” al menos pudiendo ser “normales” otra vez, al conseguir “un trabajo” de nuevo.

Son los ciclos del guión del ego.

Además, como las empresas farmacéuticas son privadas, y como el paradigma social de la salud estaba obligado a pasar por ellas, las crisis, como las guerras, dan beneficios seguros a los dueños de esas empresas, a los que les interesa vender cada vez más.

V. Un curso de amor, D:11

Comento un poco esta cita de D:11 :

«Algunos ven a Jesús tan solo como un hombre importante entre muchos otros hombres importantes. Los que piensan así no entienden el sentido de la vida de Jesús, en la misma medida en que no entienden el sentido de sus propias vidas. Se trata de aquellos que buscan hacer contribuciones individuales como hombres y mujeres importantes, y no buscan dar expresión a lo que se encuentra en el corazón de todos, a lo que se comparte en la unidad, a lo que es la verdad sobre quiénes somos todos, en vez de la verdad de quien el individuo es.»

Ya sabemos que nos podemos dar cuenta de lo simple que es todo a través de simplemente “las enseñanzas de Jesús” (a veces basta en realidad con dos o tres palabras de los evangelios usuales…, o casi de cualquier enseñanza en cualquier religión o espiritualidad).

Esas enseñanzas están detalladas en estos cursos, en varios cursos: de milagros, de amor… (así como en otros textos).

Aquí, la voz que habla por Jesús con aparentemente una gran “autoridad”, vuelve a expresar de otra manera por qué ocurre que, por decirlo de alguna manera…:

– unir plenamente o perfectamente nuestra voluntad con la voluntad de la Vida, de “Dios”, del “Origen”,

– no es algo equiparable a “hacer contribuciones individuales” (a: hombres “importantes” haciendo separadamente contribuciones importantes).

En este capítulo se termina pues de dejar zanjada una cuestión que podría no estarlo tanto, la cuestión sobre lo que supone una figura de “maestro”, como fue la de Jesús.

Ser “maestro en unidad”, en unidad de amor, parece ser algo extremadamente paradójico para una “mente finita”, una mente que encarna en el tiempo, pero que además está tan “deformada” como usualmente lo parecen estar las nuestras.

Esta “deformación” sabemos que en parte existe por vivir en esta nuestra “historia semi-fallida”, la terrestre… donde quisimos acelerar por nuestra cuenta el proceso de ese “aprendizaje cósmico natural” que podríamos llamar así:

“un espíritu aprende a habitar un cuerpo, y a expresarse por tanto como Espíritu a través de tal cuerpo”.

Así, al dejarnos deformar por el sistema de pensamiento del yo separado (“ego”), nos hicimos una especie de Mente sustitutoria que se tomó en serio sus propias ilusiones, fabricadas por Ella Misma (separación… y las subsidiarias: carencia, escasez…).

De este “problema” con los Maestros (el “problema” de proyectar sobre ellos partes de nuestro sistema de pensamiento deformado por nuestras prisas, esas prisas que en realidad nos retuvieron y detuvieron más y más)… de este “problema”… vendrían todos los “problemas” que también expresamos luego al hacer “institución” lo que antes era una “verdad vivida”, por ejemplo con las religiones…, al interpretar “las verdades” (“Jesús es Dios”) desde el yo separado.

Lógicamente, “Jesús era Dios”, o “Jesús es Dios”.

Es decir, los cristianos proclamaban que “Dios mismo” se había encarnado perfectamente en ese humano o a través de él.

Pues una cosa es que todos seamos una unidad con Dios, y otra cosa es cómo permitamos que ese hecho se plasme (ese hecho que sería el único y definitivo Hecho verdaderamente “científico”)… se plasme en las vidas concretas.

Y es que sí, Jesús era Dios, pues Dios mismo está en todas nuestras mentes, y Jesús, en teoría, simplemente hizo una demostración plena de ese Hecho, en esta dimensión, y al realizar esa fórmula que ya tanto hemos oído:

“unirse perfectamente a la voluntad del Padre del Cielo, aquí, en la Tierra” (unirse a Ello para todo ver, todo decir, todo hacer, todo ser).

Y entonces, en esta parte del curso de amor, esta “Voz espiritual” que surge de la comunión con la mente humana en varias personas…, y que está así como encargada de “contarnos la película”… al menos parte de la película… nos cuenta que, en efecto, sí, sí que Jesús era “especial”, por así decirlo, pero no en el sentido del mundo separado y de su especialismo, sino en el sentido de la Vida Real, en el de Dios…, en el sentido de que Jesús habría venido claramente a practicar el “deporte cósmico espiritual” por antonomasia:

“unir perfectamente una voluntad encarnada finitamente con la Voluntad de la Vida, de esa Vida Dadora de Vida que tradicionalmente llamamos “Dios”, esa parte Central de Todo Lo Que Es que también llamamos Origen, Fuente…”.

Entonces, el “especialismo verdadero” de Jesús radica simplemente en haber sido no ya “alguien importante que hace una contribución importante”, como otros hombres importantes pudieron hacer, sino aquel que establece un “récord deportivo” en una dimensión finita determinada y en un momento determinado: el récord de ese “deporte cósmico natural” que trata sobre hacer efectiva la unión interior que Todos Ya Somos con el Padre-Madre del Cielo.

Así, los que “veían a Jesús” podían decir “hemos visto a Dios”, tal y como cuentan literalmente hoy los cristianos, pues ver a Jesús sería como “ver a Dios”, es decir: sentir y ver perfectamente expresada la voluntad de la Vida Plena, en un ser finito igual al que mirara.

Y así, la experiencia viva encarnada de estar con un “deportista” de tal calibre como Jesús (deportista interdimensional 🙂 , no solo internacional)… pasó, convertida en frases y dogmas de fe… pasó a significar muy diversas cosas.

Pero no lo hizo por nada en particular, pues en general esa variación y confusión siempre ocurre con las palabras, con lo escrito o con lo dicho, ya que las frases o las palabras significan (y en parte ellas mismas realizan aquello que significan) dependiendo de los contextos relacionales donde se usen, y dependiendo de los pensamientos promotores o profundos que estemos alentando vibratoriamente con nuestras distorsiones, al vaivén de los contextos y de las instituciones diversas…, ya que somos un ser “desdoblado” (Cuerpo-Mente-Corazón), un ser que además digamos que está “sobredesdoblado” por ese sistema de pensamiento del yo separado, donde teníamos puesto nuestro Corazón.

VI. Un curso de amor, D:12

En este capítulo hablamos del tema de “escuchar a la unidad”.

Así, compara estas dos cosas:

– una situación normal de comunicación, es decir, cuando admitimos que los pensamientos “de otros” ENTREN en nosotros…, unos pensamientos que por tanto no pensamos nosotros, no pensamos nosotros por nuestra cuenta… y que nos llegan a través de las palabras de “otros” (normalmente a través de las palabras…).

– compara eso, con la situación de “comunicación” con la unidad, dentro nuestro.

Los pensamientos que vienen de la unidad, dirá, tampoco los pensamos nosotros.

Igual que a menudo no queremos ni escuchar al otro, no estamos “receptivos”… a menudo tampoco estamos receptivos a los pensamientos que llegan de dentro, de la unidad que somos todos “en unidad y relación”.

No estamos receptivos porque creemos que esos pensamientos o sentires no los estamos pensando o teniendo “nosotros”.

Esa creencia, claro está, es el “yo separado” en acción, separándose de Sí Mismo.

Los pensamientos de otras personas nos llegan a través de sus palabras, y a veces los admitimos, o los dejamos “entrar” (o a menudo no, pues no queremos recibir, no queremos tener en consideración las consideraciones de otros, no queremos “abrir” nuestra mente o mentalidad).

Los pensamientos que vienen de la unidad no estamos acostumbrados a pensarlos como “nuestros”, así que, como reacción automática, inconsciente, los consideramos como ajenos, cuando sin embargo nuestro verdadero Ser, nuestro verdadero Yo, está en realidad ahí, esperándonos (para “elevar” el yo de la forma, el yo personal de la forma… y que pueda dejar de ser “personal” para poder ser realmente universal, original, para poder ser el “Yo elevado de la forma”, lo nuevo).

VII. Un curso de amor, D:15

El curso ahora utiliza algunas imágenes para ilustrar los principios de la creación y el hecho de estar “animados” por el espíritu.

Esta ilustración sirve, por ejemplo, para poder hablar del propósito que tiene nuestra relación con todo, pues ya somos una relación con todo, una ya “lograda”. Ya estamos “realizados” en tal relación, o por ella.

Con el primer y segundo libros en teoría hemos “aprendido” a relacionarnos con todo, es decir, a dejar que todo nos atraviese –en una relación en el sentido “no especial” de “relación”, por tanto.

Y el propósito de la relación que YA somos con todo y todos es el de cierta “expresión verdadera” en las formas, cuya expresión máxima depende de poder dar el paso de “aprender” a sostener o conservar la consciencia de la unidad aquí, en las formas.

VIII. Un curso de amor, D:16

Este capítulo habla de la fase entre:
– el CONVERTIRNOS en quienes somos realmente,
– y el SER quienes realmente somos.

En la fase de “convertirnos” podemos experimentarnos aún como imágenes de lo anterior, como si algunas o muchas imágenes -o “arquetipos”- de nuestros “yoes viejos” se hubieran quedado en la “retina” del ser.

Es decir, podemos experimentar esto que cuenta aquí, una especie de “ser imagen”, que contrasta con “ser presencia”.

Hablamos aquí de “conversión” o de “devenir” parecido a como se habla de “conversión” en la religión; hablaríamos quizá de la conversión como de un proceso humano de transformación o de devenir que constata lo divino, o que se rinde a dejar pasar a este “divino” aquí, para poder sentir plenamente que somos la presencia de lo divino en estas tierras… recreándolas de nuevo en ese pasar.

IX. Un curso de amor, D:17

Llegar a unirnos con el corazón, y ser desde ahí, nos llenará de deseo, en el umbral que nos llevará más allá del deseo hacia una verdadera “reverencia”.

En este capítulo hablamos pues de deseo y realización, en el camino hacia la constatación de nuestra unión con Toda la Vida, como ese Todo Central que nos creó ya plenos, y que a veces llamamos “Dios”.

Al “realizarnos” desde el corazón, al constatar que ya estamos “logrados” ahí, el deseo no disminuirá, sino lo contrario, ya que, como ya sabemos… nosotros no nos hemos creado a nosotros mismos, y la fuente de nuestra creación (como una sola relación interior ya plena de conocimiento) nos creó con un “deseo” infinito, que podríamos decir que es el “núcleo creativo” de nuestro ser.

Ese deseo “de Dios” es garantía de una expresión creciente e infinita.

X. Un curso de amor, C:13

Sabemos que el “camino de vuelta a Casa” pasa por SENTIR LA UNIDAD PRIMERO, estando aún entre estos cuerpos que vemos.

Esto se traduce en sentir literalmente el “espíritu” de los demás, ANTES que cualquier otra cosa, en general.

Y por tanto se traduce siempre en algo que parecerá estar “más allá de la percepción”, ya que nos involucra así como en un “bloque de unidad”, en un bloque de “sentimiento de unidad”, constatando que ANTES DE NADA SOMOS RELACIÓN… en un bloque que parecerá a veces una especie de atmósfera que diríamos que podemos “masticar”…, un clima “sensible”, pero en un modo “no emocional” de eso que llamamos “sentimiento”.

Podríamos decir, para recordar más el anterior curso (de milagros), que es en un “modo Mental”… en el Modo o Ser de la Mente-Una, en la Unidad que ya somos desde siempre, y que venimos a sentir aquí para poder “despertar” y que se dé paso natural a la “recreación” a partir de nuestras vivencias “unitarias” (en esa unidad siempre nueva, capaz siempre de “renovar” lo que sea).

“Sentir la unidad” es algo que está bellamente descrito en este capítulo 13 del primer libro. La voz utiliza “los espíritus”, es decir, que nuestra “conexión en la unidad” diríamos que es eso que llamamos “espíritu”, y como espíritu de cierto modo todos estamos encajados en todo y todos.

Así que como vemos, aquí seguimos con nuestro divertido experimento de poner “en femenino” uno de los “cursos de Jeshua” 🙂 . Hago como si la voz estuviera hablándole a una mujer, ya que este curso en inglés sí que quiere respetar muchísimo más el tema del género en el lenguaje (cosa esta que en inglés, desafortunadamente, es mucho más fácil de hacer que en castellano):

«Aunque no lo constatarás al principio, porque no tienes experiencia sino solo un recuerdo de haberte sentido de esa manera, pronto descubrirás que los recuerdos que evocas del espíritu de los demás incluyen recuerdos que son tuyos, recuerdos de tu propio Ser, ya que no existe espíritu que no sea parte de ti o tú de él.»

XI. Un curso de amor, D:Día1

El curso nos ha ido preparando para esta aceptación con la que empieza la “cuarentena” que se propone al final de los tres libros.

Este capítulo simplemente propone la aceptación de Jesús, una aceptación de -digamos- un hecho neutral (uno más, similar al hecho de que tengamos unos padres biológicos determinados y no otros).

Ese hecho es el de que Jesús, de cierto modo, sería el que abre paso en la “otra historia” de lo que somos…, en nuestra historia “en vertical”, que podríamos llamar así:

Origen (“Dios”) “encarnando” formas; es decir, nosotros mismos, como vehículos del poder de la Vida (“Dios”), llevando este poder a las formas, como dirá en esta cita:

«1.12 […] De lo que se habla aquí no es del poder de Dios. De lo que se habla aquí es de nuestro poder, del poder del hombre divino, del poder de Dios llevado a la forma. Del poder de quienes nosotros somos, en vez de del poder de quien Dios es.

1.13 A Dios no le importa cómo Le llames. Dios sabe quién es. Eres tú quien no ha sabido quién es, y a través de mí se te podrá devolver este conocimiento. Así es simplemente como suceden las cosas.»

Jesús sería, pues, una especie de “punto de apoyo” inevitable para nosotros, para nosotros en esa “otra historia” en vertical…, y lo sería de una manera tan concreta y tan clara (aunque invisible), como claro y concreto sería el tan importante punto de apoyo sensible que supone una madre biológica normalmente para el bebé, en sus primeros años o meses.

El curso en general nos preparaba para esta aceptación, y en concreto por ejemplo nos preparaba para ella cuando comparaba a Jesús con un recordman, con un plusmarquista, para así poder pensar de otro modo que no fuera en el modo de la comparación con “los mejores”.

El curso hablaba sobre lo que significa ser el primero en algo (no el mejor): el primero en constatar lo que de cierto modo “todos” somos, como en una historia continua donde de cierto modo todos somos “lo mismo” fuera del tiempo… pero jugamos a no serlo dentro de él.

Así, dice en el párrafo 13:

«No se trata de tener la razón o no, ni de que unos sean más y otros menos.»

Al igual que ocurre en nuestra historia de vida vista “en horizontal”, donde por ejemplo tenemos que aceptar unos padres biológicos muy concretos*…, en nuestra historia de Vida con mayúsculas, vista “en vertical”…, es decir, en nuestra constatación y efectuación de la vida eterna en las formas separadas (con la consecuencia natural de la “elevación” de estas)… es como si tuviéramos también que aceptar unos “padres” muy concretos, si es que queremos poder fluir.

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* cosa esta que de cierto modo hemos de “aceptar” sí o sí, pues como Mente nosotros mismos hemos fabricado todo… pese a lo “perversa” y disfuncional que parece claramente ser ya esta civilización…, pues con ella es como si organizáramos sistemáticamente un SACRIFICIO: el sacrificio que los padres han de hacer de sus vidas “por los hijos”.

Así, la mayor parte de la gente parecemos estar traumatizados con “lo familiar”.

El trauma en lo familiar parece consistir claramente en que, entre otras cosas, allí están articulados esos dos extremos de la vida que nunca deberían tener que estar tan cerca, dando pie a que parezca que compiten entre sí. Esos dos extremos serían:

– el amor incondicional,

– el sacrificio de lo más preciado, del verdadero Yo, del verdadero Ser de unos padres que deben “sacrificar” lo más querido en sí mismos, las semillas de su mayor gozo… por tener que atender algo que, para colmo, no están preparados para atender (la educación o crianza de nuevos seres).

Así que en las apariencias de este mundo que surge de nuestra Mente para representar la demencia del sistema de la separación… parecemos estar traumatizados por toda esa serie de proyecciones que hemos hecho en la esfera familiar… donde se nos ha enseñado (nos hemos enseñado a nosotros mismos) a traicionar a nuestro verdadero Ser… a ser “inauténticos”, dentro de una especie de “mala organización generalizada” de la crianza, ya que a menudo “la familia”, como decíamos, supone para los padres la obligación de renunciar a sueños y a aspiraciones a veces muy “inocentes”…, renunciando así en gran medida a la constatación de su verdadero Ser (el “Cristo en ellos”), un Ser que deben “sacrificar” para acompañar una crianza para la que no estaban preparados ni querían estarlo.

XII. Un curso de amor, D:Día3

En este capítulo se afronta la “abundancia”, en cuanto a una realidad de nuestro ser.

Para ello la voz tiene que afinar algo más al hablar de la “aceptación”.

¿Cómo podríamos, si no aceptamos nuestro “Ser Abundante” (y si no expresamos de alguna manera eso, sin culpa)… cómo podríamos “vivir la abundancia”?

¡Qué cruel sería un universo que nos impusiera sentir la abundancia, o cualquier otra cosa, si no la queremos sentir en “nuestras creaciones”!

¡Qué cruel que se nos impusiera algo que en realidad nosotros estamos DICIENDO que no queremos!

¿Y cómo que “DICIENDO”?

Sí, pues ya sabemos que siempre estamos comunicando (“fabricando”, “creando”).

Y si “decimos” las cosas, al universo se las podemos “decir” con uno o varios de nuestros “niveles”, de esos “niveles” ilusoriamente separados… que podemos llamar por ejemplo así:
– pensamiento,
– acción,
– palabra…

“Decimos” pues que en realidad no deseamos experimentar algo… pues no lo queremos “con toda el alma” (es decir, en unidad de mente y corazón), y así lo expresaremos –con nuestra “vibración”, “creencias”, etc.

De cierta forma ya sabemos que estamos aprendiendo a “ser creadores”… así que no se nos puede forzar a crear de una manera concreta o de otra.

Sabemos que el universo solo conlleva un mecanismo de “consecuencias incorporadas” (no “castigos”, no “recompensas”, no “contratos”)… unas consecuencias que vivimos e incorporamos como “Mente” o como “Consciencia”… como consciencia que aprende a “crear como Dios/Vida crea”…, pero albergando dentro sus propias creaciones o sueños (formas).

XIII. Un curso de amor, D:Día4

Estamos o estábamos realmente enfadados… superenfadados con el universo.

Un mundo basado en el paradigma del “aprendizaje”, que idolatra el aprendizaje a su manera…, no nos deja elección… así que estamos enfadados, nos cuenta este capítulo, en niveles muy profundos… enfadados con “todo”, con la Vida (“Dios”), con el universo.

Este capítulo compara el aprendizaje con la respiración, pues el aprendizaje estaba diseñado para ser así de simple.

Nuestro mundo parece estar basado en un aprendizaje que está, diríamos, “muy distorsionado”…, muy apartado y artificialmente apartado por nosotros mismos del hecho de ser un PATRÓN DIVINO.

El nombre de esta maniobra de apartamiento es el que ya sabemos: “sistema de pensamiento del ego”.

Hemos apartado al APRENDIZAJE de su natural simplicidad como PATRÓN o ARQUETIPO, un patrón que el curso ya había definido hace poco como “divino”.

Solo con “el ego” (sistema de pensamiento del ego) lo hemos hecho todo más difícil de lo que es, en “la vida”…, y de cierto modo lo hemos hecho aposta pero en niveles muy profundos, al querer ir “por nuestra cuenta”, al elegir ese MIEDO que acompañaba esa decisión del ir “por nuestra cuenta”, e incluso al elegir el SUFRIMIENTO como método –ya que nos hemos sentido “traicionados”.

Este “sufrimiento” es como el colmo de la distorsión.

Así que “el aprendizaje” es un patrón divino que habríamos “distorsionado” a placer, con todo eso que hemos puesto por encima de él, y que los cursos de Jeshua y otros textos “no-dualistas” llamaban “ego” de forma resumida… y también…: “sistema de pensamiento del ego”.

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