Comentarios, 21. Varios capítulos del curso de amor; y la contemplación de lo cotidiano (el caso de la caca)   Leave a comment

imagen florÍndice:
I. Un curso de amor, D:Día6
II. C:23
III. D:Día7
IV. D:Día8
V. D:Día8 (II)
VI. C:31
VII. Elevar la “caca”: C:22
VIII. T1:2
IX. T1:3
X. C:27
XI. D:Día9
XII. T1:4
XIII. D:Día8 (III)
XIV. T1:5

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I. Un curso de amor, D:Día6

En este capítulo se nos compara con una obra de arte, a cada uno.

La creación de por ejemplo una obra musical pasa por ciertas fases. Y en la particular obra de arte que somos cada cual con su vida, se dice que estamos en una cierta fase a estas alturas del curso.

Nuestra existencia pasa por fases similares a las de las obras de arte -nuestra existencia como expresión de la relación “creador/creado”, como expresión o realización de la relación entre creador y creado.

Igual que la realización plena de una idea artística sigue con fidelidad el despliegue de unas ideas o inspiraciones iniciales, unas ideas que a veces parecen venir como rayos y como “de otro mundo”…, con nosotros sucede que formamos parte de un cierto proceso… donde la IDEA perfecta o perfecto PENSAMIENTO de DIOS que YA somos desde siempre… de cierta forma “quiere” expresarse aquí…, a fin de poder CREAR LO NUEVO (a fin de extender la Creación):

«Formas parte y estás dentro del movimiento del proceso creativo en el cual no existe distinción entre Creador y creado.»

O bien, dicho de forma similar, poco más abajo:

«Formas parte y estás dentro de la relación de creación en la cual el creado y el creador se hacen uno solo.» (en el original en inglés esta vez la palabra “creador” va así, en minúsculas)

El objetivo de este tercer libro es:

«facilitarte la aceptación de la vida tal y como es.»

En el mundo que hemos fabricado, mundo montado en torno al aprendizaje (en torno a la forma del aprendizaje, al arquetipo o paradigma “APRENDIZAJE”, pero distorsionado, como hemos visto…)… en ese mundo… teníamos así como muy metido en el alma que hay “un lugar especial” donde elevarse (escuela, etc.)…, un lugar preparado como en una gran dualidad frente al hogar familiar u otros lugares.

Así, para ahora ACEPTAR la vida normal y poder elevarla (elevar las formas)…, es como si nuestro “patrón mental” nos incitara a buscar lugares especiales… y a separarnos bastante de la vida normal.

Entonces, nos cuenta esto:

«No puedes encontrar un lugar fuera de ti mismo que te permita la elevación de la que hablamos. No existe ningún marco sagrado para el aprendizaje que pueda lograr esto. Ninguna cima de ninguna montaña en ningún lugar de la Tierra puede lograr esto. Es tan solo la relación que desarrollamos en este lugar interior elevado lo que te brindará la realización plena y la manifestación exterior del cumplimiento que ya existe.»

Ya veíamos en el segundo libro que literalmente de hecho ese cumplimiento o realización ya existe: ya estamos “realizados” en la UNIDAD.

Y como siempre, solo se trata de darnos cuenta de eso, con toda el alma aquí (el corazón)… y seguir desde ahí (habiendo creado aposta la semilla de un ESTADO DE UNIDAD).

II. Un curso de amor, C:23

Parece que a un yo culpable (o mejor, culposo) no le gusta IMAGINAR… la “FANTASÍA”… dejarse llevar por la imaginación.

Son “cosas de niños”.

Es decir, que un “yo” en conflicto… en conflicto con su Verdadero Ser… no se deja servir por la imaginación.

Un yo culpable “vibra” en el USO…, vibra en el concepto de USO frente al de SERVIR… vamos proyectando USO por doquier… y entonces eso de dejarse influir por el fluir libre de alguna IMAGINACIÓN nos parece algo fuera de lugar.

Y es que en su fluir, la IMAGINACIÓN quizá nos parece o bien algo demasiado instrumental (como en las visualizaciones que intentan atraer bienes materiales a nuestras vidas)… es decir, algo que “quiere UTILIZAR” demasiado al UNIVERSO (un universo que sentimos como separado de nosotros mismos)… o bien nos parece, a los yoes separados, que la IMAGINACIÓN es un excesivo abandono, un abandonarse inútil… un abandonarse a que nos USE esa IMAGINACIÓN, y para vete a saber qué fines (mostramos así nuestra “natural” desconfianza en lo desconocido… cuando sin embargo vivimos entre los “males” conocidos como si tal cosa… sin inmutarnos… conformistas… en el reino intermedio de la falsa nada).

Un yo culpable, entonces, al sentirse separado de la unidad, de esa unidad que ya es en su verdadero ser con toda la Vida… parece que no puede dejarse servir cómodamente por la imaginación.

De esto hablaba este maravilloso capítulo 23, tras el aclarador capítulo 22, que iba sobre imaginarnos “intersección”, sobre imaginarnos canales de paso para dejar ir o para dejar pasar todo…, imaginándonos y sintiéndonos como “canales de eternidad”, para que así el sentido que ya tienen las cosas naturalmente se pueda mostrar por sí solo (se pueda recrear)…, a través nuestro… en cada situación de vida, sin la intervención habitual, temerosa y culpable, que realiza nuestro yo separado al habitar inercialmente en el pasado y al estar por tanto todo el rato proyectando/juzgando.

Por ejemplo, este capítulo 23 contaba esto sobre las creencias:

«La forma no es una constante sino un resultado. Si bien tú crees que la creencia es resultado de la forma, no lo es. La forma es resultado de la creencia. Por lo tanto, no solo es que la creencia sea capaz de cambiar la forma, sino que además es necesaria para poder hacerlo.

» La historia ha demostrado que aquello que crees posible, llega a ser posible.»

Y el asunto es que antes de la creencia, en la cadena de la creación (donde después de la creencia va la forma), tenemos las siguientes cosas:
– el ESPÍRITU
– la INSPIRACIÓN
– la IMAGINACIÓN
[- la creencia
– la forma]

III. Un curso de amor, D:Día7

Durante el tiempo intermedio aún experimentamos una nueva condicionalidad, unas nuevas condiciones…, hasta que se manifieste plenamente lo nuevo, el Ser o Yo elevado de la forma –ese “producto” natural de dejar paso a la unidad aquí.

Estas condiciones son las del tiempo de la aceptación, que sustituyen a las condiciones del tiempo del aprendizaje.

Como nos decía en el capítulo anterior, son realmente reconfortantes, son unas bien reales “bienaventuranzas” 🙂 .

Podríamos pues hacer una breve lista 🙂 , no exhaustiva:

Bienaventurados los que vivan la unidad en las formas… pues dejarán atrás todo esfuerzo.
Bienaventurados los que vivan la unidad en las formas, pues sus cuerpos se regenerarán.
Bienaventurados los que vivan la unidad en las formas, pues su tiempo se disolverá en la presencia del amor eterno de su Yo.
Bienaventurados los que vivan la unidad en las formas, pues su Yo se expandirá y recreará universos compartiendo sin límites.
Bienaventurados los que vivan la unidad en las formas, pues vivirán en la certeza.
🙂
Nos sigue acompañando detalladamente, por tanto, este curso de amor…, en este cambio de “actitud”, de perspectiva interior, que nos permitiría -si lo permitimos- ser plenamente quienes desde siempre ya somos… sin usar a nuestros sacrosantos intermediarios –como puede ser el sacrosanto intermediario de LA MUERTE.

IV. Un curso de amor, D:Día8

Este práctico capítulo habla de la aceptación de nuestros sentimientos y, sorpresivamente, de nuestro “ego espiritual”.

La aceptación es la clave en este momento del curso, pero no se trata de aceptar cosas externas:

«Cuando hablamos de aceptación, no estamos hablando de cosas externas, sino internas. No estamos hablando del viejo dicho u oración que te pide que “aceptes lo que no puedes cambiar”»

Se referirá a ese rezo que dice algo así como…: “dame fortaleza para aceptar lo que no puedo cambiar…”, etc.

Este rezo nos puede llevar fácilmente a justificar el sufrimiento.

Entonces, ¿qué pasa con la aceptación? Esto:

«[…] no se te pide que aceptes lo que no te gusta, sino que aceptes que no te gusta lo que no te gusta.»

Este es nuestro mantra ahora 🙂 :

“acepto que no me gusta lo que no me guste”.

Pero no como una NORMA, no (como explicará más adelante).

Es decir, ME acepto a Mí Mismo, a mi Ser… acepto mis sentimientos.

El mundo de las circunstancias externas me ha desatado un sentimiento de incomodidad o de lo que sea. Pues bien, lo acepto, acepto ese sentimiento…, y lo tengo claro, pero no como norma, sino solo en ese momento… pues ese sentimiento solo en un primer momento lo expreso así: “no me gusta esto” –y ya está, sin juicios.

Es un primer paso, como dice aquí:

«8.12 ¿El saber lo que no te gusta hará que seas intolerante? Esta es una pregunta importante. Has sido intolerante contigo mismo y ha sido fácil extender esta intolerancia a los demás. Una vez comienza a practicarse la aceptación del Yo, constatarás que el yo de la intolerancia era el yo del miedo. La aceptación de ti mismo, en el amor, lleva a la aceptación de los demás. Conocer este aspecto de cómo te sientes —eso que aquí llamamos “lo que no te gusta”— es tan solo el primer paso en esta fase inicial de la aceptación, y solo es importante debido a tu intolerancia hacia tus propios sentimientos.»

Así que:

«Entonces, y solo entonces —cuando hayas aceptado cómo te sientes— podrás responder auténticamente. Solo cuando hayas aceptado cómo te sientes dejarás de etiquetar las cosas como buenas o malas; solo entonces podrás enfrentarte a cualquier cosa desde un lugar de paz.»

Esto de RECHAZAR LOS SENTIMIENTOS nos pasa o nos pasaba todo el rato. Hace poco hablábamos de ello a cuento de la crianza, de los niños.

Casi todos hemos vivido una infancia donde había sentimientos que la familia no podía aceptar… que no parecían poder ser aceptados en la esfera “familiar”… o en lo que fuera que nos rodeara en nuestros momentos “de referencia”.

La escuela normal en ciertas etapas también parece creada en gran parte para automatizar el que de niños sintamos que no podemos aceptar y expresar libremente nuestros sentimientos (en un ambiente de respeto)…, y así, entonces, la escuela “normal” también parecía contribuir mucho a facilitarnos EGO… es decir, a facilitar que seamos más y más inauténticos según hacemos pasar esta película de vida… desde nuestra Mente 🙂 .

Y ya se sabe que al vivir el rechazo de los sentimientos pasamos a vivir en lo que se llama “inautenticidad”…, en el fingimiento…, en el “no ser nosotros mismos”… y por tanto en el NO PODER COMPARTIR QUIENES REALMENTE SOMOS.

No sentimos que podamos expresarnos libremente, pues “pensamos” -al final muy inconscientemente- que nuestra supervivencia (que depende de los adultos) está en juego si expresamos libremente los sentires.

Y esos sentimientos, no expresados, se pueden convertir en emociones muy distorsionadas, al final.

La revelación de Walsch divulgaba de forma sencilla lo más elemental en esa transformación “diabólica”:
– el miedo no expresado libremente se puede convertir en PÁNICO;
– la tristeza, no expresada libremente, en DEPRESIÓN;
– el enfado, no expresado libremente, en CÓLERA;
– el amor, no expresado libremente, en POSESIVIDAD,
– y la envidia, no expresada libremente, en CELOS.

Parece lógico pensar que SI esos sentimientos de los niños no son aceptables ES PORQUE sacan a relucir los propios sentimientos de los adultos… todos resonando en una especie de FALTA DE SANACIÓN…, de los “CUERPOS DOLOR”… con todos los sentimientos no aceptados a flor de piel… cada cual en su propia no-auto-aceptación… tanto adultos como niños.

Es decir, que los sentimientos “puros”, los susceptibles de todavía no ser demasiado distorsionados… los de “los niños”… sacan a relucir que los mayores tienen áreas de no-aceptación… tienen dificultades con su propia aceptación de sus propios sentimientos.

Ya decía por eso la revelación de Walsch que parte importante de la “locura” de nuestra civilización consiste en dejar la educación en manos de precisamente LOS PADRES, que son normalmente los menos indicados para ello, pues de entrada muchos no quieren tanta carga, y no es justo que asuman tanta carga en la sociedad y se vean obligados a hacer eso tan SOLOS… con tan pocas ayudas, sin poder realizarse más y contribuir de forma más plena a la sociedad teniendo más tiempo PARA ELLOS (con trabajos que les gusten más…, o metiéndose en política, en política realmente emancipatoria…, o con la espiritualidad, etc.). Es penoso que los padres se vean obligados a mezclar el amor incondicional con el sacrificio tan agudo… es penoso que no puedan hacerlo solo realmente “por amor”… como todo en la vida –aunque muchos sean “salvados” por la presencia y ayuda de los abuelos de los niños 🙂 .

Los padres, al ser muy jóvenes, están aún buscándose mucho a Sí Mismos, aún están “sanándose”… y realmente no tienen ni la sabiduría ni la paciencia que sí podrían tener en un momento dado tantos amorosos y altruistas ancianos -por ejemplo- que hay… deseosos de COMPARTIRSE… o gente apropiada como los más mayores…, en este mundo… para realizar realmente una crianza desde el amor y profundo respeto a la vida que se necesita para acompañar a los niños.

Entonces, volvemos a lo que decíamos: JUICIOS:

» 8.5 ¿Aceptar que no te gusta algo causa que surja un juicio? ¿Juzgas a los guisantes si no te gustan? Y, sin embargo, ¿acaso no aceptas que te encuentras a merced de situaciones de todo tipo? ¿Un trabajo que no te gusta? Puede que no te guste, y puede que digas a menudo que no te gusta, pero también puede que digas a menudo que lo aceptas. De hecho, puede que necesites un trabajo que no te gusta, pero, al aceptar la simple verdad de que no te gusta tu trabajo, has aceptado a tu Yo y has aceptado donde te encuentras, en vez de aceptar la circunstancia externa.»

Así que pasamos a realizar la inversión del pensamiento: utilizamos el mundo para poder aceptarnos a NOSOTROS MISMOS, a nuestro YO, a nuestro SER. No es que aceptemos el mundo, sino que nos aceptamos a través de él… a cada momento, sin configurar nuevas normas, nuevas reglas…, sobre “quiénes somos nosotros”… simplemente fluyendo con nuestros sentimientos.

Pues:

«8.8 Todo el poder de efectuar cambios deriva de la aceptación —no de la aceptación de cómo son las cosas, sino de la aceptación de quien tú eres en el presente.»

V. Un curso de amor, D:Día8 (II)

Vamos a comentar sobre el tema de la aceptación; en concreto, sobre:
– aceptar la no-aceptación,
– y la certeza.

Es decir, vamos a hablar sobre aceptar que no aceptamos… sobre aceptarnos como seres que “no-aceptan”… sobre aceptar que algo NO nos gusta en un momento dado, etc.

Pues ocurre esto:

«Distanciarte, o no aceptar tus propios sentimientos, es no vivir en el presente, y creará una actitud que no será compasiva.»

Lo comentamos así, un poco en plan “trabalenguas” (aceptar la no-aceptación), pues el texto de este capítulo habla a veces así.

Se tratará de aclararnos con la parte 8.19 del capítulo que citábamos ayer, del Día8, que también puede parecer un poco trabalenguas en algún momento.

En esta parte en realidad debemos tener en mente siempre esto, muy importante:

estamos hablando de ACEPTAR las cosas INTERIORES, no las exteriores.

Hablamos de aceptar NUESTROS propios SENTIMIENTOS sobre algo…, los sentimientos que surjan concretamente en una situación dada.

Pero también hablamos de aceptar los SENTIMIENTOS que podríamos llamar “DE LOS DEMÁS”, pues en el fondo todos somos una sola mente…:

«8.19 […] Aunque eres propenso a aceptar lo que “te gusta”, aquellos sentimientos que tú consideras “buenos” sentimientos, aún eres propenso a no aceptar lo que no te gusta en ti mismo y en los demás, e incluso, a veces, la falsa sensación de certeza sobre tu no-aceptación, de la que hemos hablado.»

Vamos por partes.

¿A qué se refiere con esa parte final: “falsa sensación de certeza sobre tu no-aceptación”?

Esto lo dejamos para el final.

Aunque somos propensos a aceptar lo que ya nos gusta (los sentimientos que consideramos “buenos”), aún somos propensos a no aceptar los sentimientos que no nos gustan, y que surgen en nosotros mismos o en “los demás” (y como somos una sola unidad de dar y recibir –por cierto–, como somos una sola relación o una sola mente… en el fondo sabemos que la distinción usual entre “NOSOTROS” y “LOS DEMÁS” no tiene el sentido habitual que tiene normalmente).

Este “no aceptar los sentimientos que no nos gustan” es la trampa “del ego” en que quizá más fácilmente caemos cuando somos “EGOS ESPIRITUALES”.

De ello también habla, recordemos, este capítulo.

Pues como “somos espirituales”… entonces podemos pensar que algunos sentimientos son inaceptables… que no los deberíamos estar teniendo o que los demás están “retrasados espiritualmente” si los tienen, etc.

Y así, no dejamos que fluyan, y por tanto tenemos que emplear energía para RETENER… y esta energía, este pensamiento-energía, puede terminar saliendo en forma de juicios, o de muestras de superioridad moral, o de enfermedades, etc.

Entonces, volviendo a la parte final… ¿a qué se refiere con esa “falsa sensación de certeza sobre tu no-aceptación”?

Digamos que acepto que no me gusta algo (y en este capítulo pone un ejemplo concreto: los cotilleos).

Acepto “que no me gusta algo” en un momento dado: AHORA, pero NO me lo pongo como norma, NO lo hago una regla, NO lo hago otro montaje mental.

Y además, lo acepto YO, en concreto YO:

“A MÍ no me gustan, AHORA, ESTOS cotilleos concretos en ESTA situación concreta”.

Porque, como sabemos, no se trata de PREDETERMINAR LA CERTEZA, con JUICIOS, diciendo por ejemplo…:

“es que esto ES INTOLERABLE”.

En el juicio: “esto ES intolerable”, vemos, por cierto, un peligroso uso del verbo SER, el uso de siempre (usarlo para realizar una atribución (“ES”)… una atribución que proyecta, que divide: “ES intolerable”).

Aquí tendríamos pues un ejemplo de la “falsa sensación de certeza” sobre algo que no aceptamos, de la que hablaba al final de la cita.

Es decir, que a la vez que nos surge ese juicio, estaríamos sintiendo algo: la falsa sensación de certeza.

Siento esta “falsa sensación de certeza” (por ejemplo la que se expresa tras ese juicio: “esto ES intolerable”)… y entonces, de cierto modo, también HE DE ACEPTAR que siento esa sensación en concreto, AHORA, YO… en ese momento dado (esta es esa sensación tan habitual que está tras los juicios, tras todo atisbo de “superioridad moral”, etc.).

También he de aceptar que tengo ese sentimiento, aunque no me guste… para poder observarlo digamos “neutralmente”, como el resto… y que pueda pasar y fluir, para permitirnos re-crearnos.

Así que, en definitiva, se nos decía que aceptamos de buena gana los sentimientos que nos gustan, los que consideramos “buenos”… pero que NO aceptamos tanto los otros sentimientos, incluyendo esa falsa sensación de certeza que está por ejemplo tras juicios del estilo de: “esto ES intolerable”.

Así, no aceptándonos a nosotros mismos interiormente, es como fabricamos la artificial separación, pues en el fondo somos un solo Ser, unidos, como veremos pronto más detalladamente en este tercer libro del curso… unidos como Yoes de Sentimiento, como Yoes “espaciosos” –como lo dirá en los siguientes capítulos.

Aceptando (en el buen sentido de “aceptar”)… aceptando… acogiendo, abrazando ese sentimiento o “sensación falsa de certeza”… no cometemos ninguno de estos dos errores:

– aceptar el juicio (“ES intolerable”)…,

– aceptar que la CERTEZA es realmente eso.

VI. Un curso de amor, C:31

La confesión (de todo tipo) como un simple compartir: de vernos como creencias, a vernos como verdad.

En este capítulo 31, el curso resolvía esta aparente “paradoja”:

– si lo que DOY, lo RECIBO (si DAR es RECIBIR),
– entonces, si yo DOY a alguien una confesión (es decir, si hago el acto de pretender “liberarme”…, abriéndome a “dar” por ejemplo algún secreto que tenga…, algo que me perturbe del pasado por ejemplo… algo que me hayan hecho o que yo haya hecho…),
– entonces, yo podría pensar que, como DAR es RECIBIR, en la confesión RECIBIRÉ ese mismo “mal” que sufrí, esa misma oscuridad que siento en torno al secreto o a lo que sea.

Lo que quiero decir es que podríamos pensar que la “confesión”, de cualquier tipo, serviría de entrada solo para reforzar la idea de “pecado”, pues al ser un desahogo para “deshacernos de lo que no queremos” (como dice este capítulo 31), podríamos entender que eso de “desahogarnos”, que ese “deshacernos” de algo… queriendo retirarlo… es una PROYECCIÓN más de la mente… y que, en general, ese librarnos del “pecado” es en realidad reforzar esa conciencia (pues lo que damos, lo recibimos; lo que proyectamos nos lo quedamos para nosotros mismos, en realidad –como cuando insultamos… que primero nos duele a nosotros).

Pero sería lo contrario, pues no tenemos en cuenta ahí que “confesar” simplemente es de entrada un compartir:

compartir para darnos cuenta profundamente de realmente quiénes o qué somos:

– somos antes relación que identidad separada

– somos una sola mente, una UNIDAD…, una unidad con por ejemplo aquella persona que nos ayude a abrazar y a dejar ir nuestros sentimientos retenidos, etc.,

– somos una sola Unidad de Luz Creadora con aquellas personas o aquellas situaciones involucradas en la vivencia más o menos dramática del pasado que hayamos retenido… retenido como “creencia” para sustituir a nuestro verdadero Ser –retenido como fuente de distorsión constante.

Así, en la vida guardamos cosas que no compartimos… y a menudo a partir de ellas vamos siendo, en la vida, como cargándolas –vamos siendo a partir de esa identidad “retenida”.

Es decir, esas cosas nos sirven para identificarnos: nos identificamos con ellas. Y de cierto modo nos identificamos con el pasado, con lo muerto.

Así lo decía este capítulo:

«Todo lo que guardas en privado y sin compartir es, esencialmente, lo que crees que eres.»

El hecho de abrirnos a comentar cosas como los “secretos”, etc., en ámbitos más o menos terapéuticos (regresiones, etc.), o en ámbitos religiosos… nos puede ayudar a darnos cuenta de que no somos quienes CREEMOS SER… sino quienes realmente somos (LUZ-AMOR-RELACIÓN que todo lo abraza/acoge/alberga/integra/asume/transforma).

Al compartir -por ejemplo en una “confesión”- nos podemos dar cuenta de que nuestro SER (es decir, aquello que habíamos identificado como “nosotros mismos” al identificarnos con por ejemplo aquellos secretos bien guardados, los que habríamos utilizado para decirnos interiormente: “esto es lo que creo que soy”)… nos podemos dar cuenta de que nuestro SER no está formado por creencias… sino que puede ser visto bajo otra luz –la que siempre existió, la luz de la Verdad donde realmente está nuestro verdadero Ser.

VII. Elevar la “caca”: C:22

Hablemos un poco de “la caca”, pues vamos a integrar todo lo cotidiano 🙂

En este capítulo 22, de la intersección, se nos llamaba a usar la imaginación para reforzar el sentimiento de estar ya en relación con todo… en una relación productiva… que es la intersección como asociación colaborativa, no como encuentro pasivo.

Son tres los pasos de esta “relación” que se nos invita a tener con todo lo que hay en nuestro mundo:

– convergencia
– intersección
– paso a través.

Se nos invitaba a ser “canales de la eternidad”, para que las cosas se dieran a sí mismas su sentido a través nuestro, de un “nosotros mismos” que se va desalojando de “ego”, de “ego” como ese afán de darle el sentido a las cosas por nuestra cuenta… a partir de nuestros pasados no integrados, de nuestras retenciones, heridas, inercias, etc.

Si dejamos de dar sentido desde el pasado, desde el pasado de nuestras heridas… permitiremos que se cree lo nuevo, ya que la eternidad que ya somos dentro, es siempre nueva.

Y luego, más adelante en el curso de amor, estos “pasos” se relacionan con los principios de la creación, como los llama en el tercer libro, en el precioso capítulo D:15:

– movimiento
– ser
– expresión.

Y ahora, ya que “tenemos que” aplicar el “arte del pensamiento” a toda situación cotidiana, podemos usar para ello la intersección, una intersección que no podría ser más literal en el caso del mundo físico y nuestros cuerpos, en el caso de:

la comida, la digestión de alimentos (es decir, lo físico y sus respuestas, más o menos programadas a la hora de intersecarse la materia a través nuestro… de nuestros aparatos biológicos).

La comida pasa a través del cuerpo físico, mediante la digestión… una vez que convergemos con la comida y que la hacemos intersecarse con nosotros en la digestión, por intermediación de todos los programas biológicos.

“Tenemos que” vernos en relación… siempre, en general… como aparatos intersecadores…: vernos como “comedores” que no existen ANTES de la relación de intersección con los alimentos… ya que esta relación se da al unísono con la “convergencia” y con el “paso a través”…

Literalmente nos intersecamos con Gaia… nos pasa a través toda la Tierra, ¡hacia nuestras cacas! (ya que “todo está en todo”… un pedazo de alimento contiene “infinita información”).

¡Vaya con las relaciones automáticas que están inscritas en lo físico!

Y quizás, dependiendo de cómo estemos de “integrados” (de cómo actúan al unísono en nosotros la convergencia, la intersección, y el paso a través) hacemos mejor o peor digestión.

Una clave del capítulo estaba en esto:

“formarse una relación en la intersección”, en nuestro atravesarnos, se crea una intersección productiva con lo que sea que haya en nuestro mundo.

Y aunque se refiere a todo en general (se refiere a que sintamos que ya estamos relacionados invisible e interiormente con todo y con todos… y así que recreemos el significado de todo desde esa única relación “santa”… que desde la eternidad ya somos con todo… estando ya “realizados”… ya logrados)… sin embargo, lo físico tiene esas relaciones potenciales ya inscritas en sus mecanismos…:

– cuando hacemos caca, nuestras cagadas son literalmente “gloria bendita” para muchos seres (lo serían más si con el Ego no nos hubiéramos alejado tanto de la tierra)… son gloria bendita… para muchos microorganismos… para los suelos… o podrían serlo.

Pero, debido entre otras cosas al concepto de “basura” (un concepto completamente del ego, del sistema de la separación), evitamos en parte la relación natural que ya es en sí y por sí misma la caca (como “llamada” a todos esos organismos que disfrutarían en el suelo disolviéndola y haciendo así que las plantas tuvieran alimento)… esa relación que viene incorporada al mecanismo biológico.

Si nos damos cuenta, esto lo podemos encuadrar en un marco mental donde estamos proponiendo ver a los objetos como HACES de relaciones, verlos más como conjuntos de relaciones, potenciales, infinitas… verlos más así que como simples “identidades muertas”.

Los objetos en el fondo provienen todos de la Misma Energía Original (ya que somos una sola unidad en el fondo)…, incluso aunque se trate de objetos muy transformados y muy incorporados a nuestro mundo demencial egoico, humano… aunque estén por ello sirviéndonos aparentemente para nuestros fines, unos fines por ejemplo más o menos autodestructivos (como literalmente es el caso de una bomba nuclear).

“Deberíamos” pues poder sentir el “placer” que esos organismos experimentarían simplemente viviendo o disolviendo las cacas… (esto como una traducción literal de “estar en relación”… desde dentro, con todo, sin pensar en “mejores” ni en “peores”).

Así, podemos aplicar el arte del pensamiento a las benditas cagadas y actos de cagar.

Pero no, normalmente maltratamos a nuestras cacas, tirándolas, arrojándolas… a ese concepto que, ya dije, inventamos con el ego: “basura” (tirándolas al “water”).

Como dar es igual a recibir, la “basura” no tiene sentido en las leyes del amor, las leyes de la relación de Creación, de Dios.

La basura es, por cierto, lo que tanto nos sirve para comerciar… en esta sociedad de consumo, donde, para relacionarnos con empresarios, con trabajadores, y demás… hemos instaurado la tradición de que, para eso, para poder relacionarnos (en vez de relacionarnos haciendo por ejemplo guerras), para relacionarnos… hemos de tirar a la basura, todos los días, millones y millones de los productos y envases que ellos mandan fabricar, diseñar o vender (maravillosos envases que en muchas partes del mundo pagarían por poder utilizar).

Igualmente ocurre, como sabemos, con la respiración… ya que en la intersección automática con nosotros, el aire “pasa a través” habiéndose formado una potencial relación, creándose automáticamente una relación potencial… pues la “caca” que echamos por el aire, el CO2, que es lo que nosotros no queremos… es sin embargo “gloria bendita” para los vegetales, para el reino de las plantas.

Es curioso también el hecho de que nuestra falta de cuidado con los procesos químicos esté haciendo que el mismo mundo donde compartimos todos estos conceptos erróneos (“basura”), ese mismo mundo… exprese que quiere “matarse” a sí mismo, que quiere acabar (con la contaminación, la proliferación de armas, de venenos en la tierra o de agotamiento de los minerales en los suelos, etc., etc.)… y ese mismo mundo destruya poco a poco las mismas CONDICIONES sobre las que se sostiene –y con ello la calidad potencial de vida de nuestros cuerpos en general.

A nuestra alma no la envenena nadie… es cierto… pero aquí estamos como para guiarnos por las vibraciones más sutiles, si queremos… las vibraciones de las cosas, de las situaciones… y poder discernir las que quizá nos faciliten ir más ligeros por la vida, más alegres.

La “elevación de la forma”, de la que habla el curso de amor (que no es una “elevación” en el modo viejuno de pensar estas cosas), a veces tiene que ver con elegir “no-pesadez” en lo físico, no-densidad… pero de forma natural… como niños.

Son innegables algunas sensaciones… y es innegable ese trabajo inconsciente contra lo natural de nuestros cuerpos… ese trabajo inconsciente que realizamos con el mundo, la idea de mundo… plasmada en venenos, etc…. en compuestos añadidos a la tierra van quedándose en nuestros cuerpos, y nos hacen más confuso en teoría el darnos cuenta de las vibraciones… como si nos dificultáramos así más la reunión de lo físico con lo espiritual.

Ya nos damos cuenta, a veces, sutilmente, de que nos envenenamos poco a poco… pero con el consciente mental lo negamos.

Esto a la vez hay que conciliarlo con lo que tanto insiste el curso de amor: dejar de vivir en un mundo de “si esto, entonces lo otro” (“si tengo hábitos sanos, no enfermo” (por ejemplo)).

Es decir, lo más importante es salir de todo patrón mental de “aprendizaje”.

Así que nuestro “camino” se trata de algo espontáneo, sutil…:

elegir lo que nos siente bien, o no, para el proceso de elevación o neutralización de la “dualidad”… pues tampoco se trataba negar lo que sentimos con la “mente consciente”, y con milagros mentales ideales…, no se trataba de negar mentalmente los mensajes que de hecho nos mandamos a través de nuestro cuerpo (diríamos que nos los mandamos desde, o con, el “superconsciente”).

Si comemos por ejemplo un chuletón… luego para mucha gente hay una sensación innegable de pesadez… que podemos o no “elegir”, elegir volverla a tener… si sentimos que ella nos ayuda a lo que sea… según nuestros fines (por ejemplo si sentimos que va a permitir conservar esa conexión con la unidad que tenemos… nunca perdida…).

Pero lo normal a veces parece ser el seguir el hábito de tomar las diversas drogas, naturalizadas en esta civilización… y los diversos excesos… como supermanes espirituales que creemos ser quizás… para entre otras cosas por ejemplo no ser desleales al grupo…

Son elecciones…

Y luego el ámbito de “dar y recibir”, “dar y recibir como una sola cosa”… parece que está “más allá de todo”, claro está… pues todo aquí, una vez que nos creemos separados (usando el cuerpo para reforzar esa sensación de separación)… todo aquí está para facilitarnos el dejar de creernos separados… usando el cuerpo para eso también (para sentir la unidad con todo)… dejando que esté a nuestro servicio, el cuerpo… como decía el curso de amor… tal y como en realidad siempre lo estuvo.

Pero “la civilización” es la plasmación de una preferencia “ego”: prefiere que el cuerpo esté al servicio de las inercias civilizatorias… de las relaciones establecidas de consumo, y sus inercias (nicotina, azúcar, envases mil, etc…)… y nosotros, por lealtad y miedo, no nos atrevemos a ser fieles a nuestras sensaciones más sutiles — de ligereza, alegría, y demás.

Este tema lo hemos hablado alguna vez.

Hay gente que ya “funciona” así… que está “elevando” literalmente las formas así… sin actitud de ira o sin acritud contra el sistema o contra esta “gran civilización de venenos” y de maltrato sistematizado a la tierra y a nuestras cacas 🙂 …

Entonces, no se trata de simplemente ser cínicos con las acciones posibles de la gente, la gente que advertimos vibraciones más sutiles… y a veces podríamos querer ver si las podemos usar (dejar que el cuerpo nos sirva con esos mensajes y seguirlos, mensajes que nosotros mismos nos mandamos y que son otro tipo de invitación a otro tipo de vida, quizá una vida más en unidad y relación).

Podemos practicar como siempre la sensibilidad, la mentalidad abierta.

Es fácil, con esto de “lo espiritual”… es fácil también hacer un cierto tipo de “populismo”… es decir, ir vendiendo que “lo espiritual” es: “podéis hacer todo lo que queráis”… que “lo importante es la culpa… es decir, hacerlo sin culpa”.

En un sentido es así, y somos libres de seguir eligiendo desintegración entre nuestras partes (subconsciente, consciente, superconsciente), libres de elegir no integrarlas.

Y es cierto que todo da igual.

Pero en otro sentido, se trata de descubrir esa escucha interior que nos permita crear cada vez más claramente el estado de Unidad que, si queremos vivir en unidad y relación, debemos crear aposta (pues no hay otro modo de salir de lo que hemos creado, que es un estado de separación, y que tanto esfuerzo a cada uno nos ha costado crear y que por eso tanto “queremos”, aunque nos haga sufrir).

Y entonces, ahí está: el camino de cada cual… el camino o vía o método intransferible de cada cual… donde, para nada “da todo igual”…

Mientras tanto, como dije, “la espiritualidad” también parece utilizarse para justificar mucho el simple cinismo… y la separación mas burda.

Por un lado está claro: el paradigma nuevo o la “nueva era” es salir hacia una mentalidad milagrosa como base (salir de la mentalidad de un mundo de “si esto, entonces lo otro”), es decir, salir de la mentalidad que pone el PARA por delante en todo, el patrón del “esto es PARA esto”…: esto PARA iluminarse… lo otro PARA no sé qué…

Por otro lado, ese salir del “para”… no nos puede hacer meramente mirar para otro lado con lo que sentimos… pues somos Nosotros Mismos quienes a través del cuerpo nos estamos mandando todo el rato mensajes.

Hagamos pues este amago de “arte del pensamiento” con la caca, y demás…

Y recordemos otra vez que, sin el Ego, no estaríamos viviendo por ejemplo el concepto de “basura”… pues todos viviríamos todo el rato en relación.

Es decir, al “vivir en relación” (interior) con todo lo que es… se hace simplemente ridículo, absurdo, el concepto de “basura”…
tendríamos presente de forma natural por ejemplo al suelo que ama tan profundamente a nuestras cacas 🙂 … vibraríamos con el suelo, vibraríamos de amor, literalmente… etc.

Quedémonos pues con esto… ya que siempre hemos estado “iluminados”… hasta cuando cagamos y hasta cuando “la cagamos”… así que, como cualquier otro aspecto cotidiano de nuestras vidas… la caca es algo “maravilloso”… y algo a entregar (con el arte del pensamiento en el caso de este curso de amor)… algo a entregar igual que todo el resto de las maravillosas cosas que componen nuestra creación… algo a elevar (asumir, abrazar, acoger en el amor que ya somos, al volver a constatarnos unidos al Amor que nos creó, al Origen).

Y ello pese a que maltratemos tanto a esas cacas, que son nuestra EXPRESIÓN automática… una expresión automática de lo físico… y a la que tan adictos somos también.

Es “expresión”, es decir…: paso a través… tras la convergencia con los “alimentos” que nos metimos en la boca para que se produzca la “mágica” intersección que llamamos “metabolismo”… como relación colaborativa que produce algo tan deseado en el mundo biológico como es el tesoro de una caca, un excremento.

(Y siempre recordando también que en el fondo en el fondo… los alimentos en realidad no nos alimentan… ya que todo es “mentira”)

Repasemos:

movimiento – ser – expresión

convergencia – intersección – paso a través

El otro “problema”, con las comidas y los venenos… se parece al asunto que tratábamos en el Día8, hace poco, con la sensación de esa “falsa certeza”, que nos hace hacer normas, reglas.

Es esa sensación es la que está tras los juicios…, como el de “esto ES intolerable”.

Fabricamos normas a partir de no ACEPTAR, simplemente (sin la mente), la sensación de “falsa certeza” (como una mera sensación)… es decir, formamos reglas o normas a partir de no aceptar un sentimiento nuestro… a partir de no aceptarnos a nosotros mismos, por no aceptar nuestros sentimientos (sin añadir “mente”).

Al no aceptar “solo el sentimiento”, damos demasiado “crédito mental” al pensamiento que acompañe ese sentimiento… en vez de irnos guiando suavemente y a cada momento por los mensajes que nos mandamos a través del cuerpo… (si desarrollamos el observador).

Entonces, como ya sabemos… esa “guía” de “lo que nos sienta mejor”… la podemos acabar usando muy poco inocentemente…, usándola para hacer normas, para reforzar nuestra “desconexión vital”:

la regla “nunca más un chuletón”, por ejemplo… puede crear ansiedad, tensión, proyecciones… que terminarán saliendo de cualquier modo.

Creo que se dice que varios nazis, célebres por lo asesinos, eran vegetarianos… –y otros muchos casos así.
VIII. Un curso de amor, T1:2

Paradójicamente, para aprender a dejar atrás todo APRENDIZAJE, es decir, para dejar atrás el paradigma del APRENDIZAJE y por tanto todo PENSAMIENTO, todo PENSAR…, debemos aprender a PENSAR de otra manera, en el sentido de que cuando PENSAMOS, estamos TENIENDO EN CUENTA cosas, estamos considerándolas, teniéndolas en consideración.

Y entonces, APRENDER A PENSAR de NUEVO, es aprender una nueva forma de TENER EN CUENTA las cosas, de tenerlas EN CONSIDERACIÓN.

Esa “otra manera” es simplemente invitar a la Unidad real (interior)… siempre que nos acordemos.

Allí DENTRO somos ya una unidad con todo…, incluyendo al Amor que nos CREÓ –ya que nosotros no nos hemos creado a nosotros mismos, y no somos un cuerpo.

Es decir, invitamos al “orden superior” (dar = recibir), y teniendo en cuenta que “superior” e “inferior” no tienen el significado moralista que solían tener en el mundo viejuno donde estábamos acostumbrados a habitar…, cuando solo éramos “humanos” enfrascados en una particularmente demencial historia planetaria egoica (de “montárnoslo por nuestra cuenta”, sin “Dios”).

“Dios” (Vida), como ya sabemos, siempre ha estado plenamente con nosotros…, es decir, nosotros siempre ya hemos estado “iluminados”, y “en Casa con Dios”.

Entonces, que lo superior y lo inferior sean “diferentes”, no quiere decir que haya algo mejor o peor. Aparte, si nos parecen tan diferentes es solo en nuestra percepción, es solo POR la percepción…, por nuestra elección por la separación, una elección que se manifiesta al crear la percepción y la posibilidad de sumergirse en ella tan totalmente creando esforzadamente un estado de ser separado…, sumergiéndonos en ella como ilusión de SEPARACIÓN total con respecto a ese INTERIOR donde ya somos TODO (donde somos una sola relación ya plena con todos los aspectos de la Creación, una sola relación que ya cada uno es, que cada “Yo en unidad” ya es).

Las claves de este impactante capítulo del primer Tratado son obviamente:

– REGALO: una cierta conciencia plena de la “gratuidad”… de la maravilla de lo que experimentamos, una experiencia que deseamos profundamente (pues si no no estaríamos aquí). Esta conciencia empieza a cerrar el circuito o círculo de comunicación con Nosotros Mismos, unidos al Creador, ya que también somos “parte” del Creador.

– RESPUESTA/RELACIÓN: todo regalo puede nutrir nuestra sensación de “relación”…, nutrir el diálogo en y con ese “interior” donde ya estamos todos unidos…, si nos permitimos anclar a esa conciencia gratuita de la gratuidad, del don.

IX. Un curso de amor, T1:3

En este divertido capítulo, se habla de nuestras dudas o miedos acerca de los milagros… y se nos pide algo “sacrílego” para que tensemos más aún la situación:
se nos pide que “pidamos milagro”…, con el único fin de que nos convenzamos de nuestro poder.
Este capítulo es por cierto aún más “divertido” sobre todo en conjución con el siguiente, el T1:4.

Tenemos pues muchas objeciones que plantear ante esta sugerencia de los “milagros”… se nos ocurren muchas trabas, o bien guardamos inconscientemente muchas trabas…, profundas trabas… muchos “obstáculos” que querríamos interponer ante la presencia de los “milagros” en nuestras vidas concretas… ante el hecho de que se pudieran “materializar” en la vida… ante la posibilidad de que nos cambien literalmente “la vida”…, es decir, nuestra percepción –hacia una percepción verdadera.

Y este capítulo nos habla de lo que parecen ser nuestras principales objeciones:

___

1º: nos creemos NO MERECEDORES, no valiosos:

«En primer lugar, dirás que no tienes ninguna objeción a los milagros, sino tan solo a que sean obrados a través de ti.»

___

2ª objeción: “¿ELEGIRLOS nosotros? ¡PERO CÓMO!” :

«En segundo lugar, te opondrías a que se te pidiese que eligieses un milagro.»

Encima de que no valemos… de que no lo merecemos… ¿cómo NOSOTROS vamos a elegir, para colmo, “el milagro”… con nuestra ignorancia supina?

___

3ª objeción: “¡Ni hablar, YO YA TENGO FE, no necesito “pruebas”!” :

«En tercer lugar, puede que te opongas a la sugerencia de que necesitas pruebas para apuntalar tu fe, y a la vez estás convencido de que el fracaso de dichas pruebas haría que tu fe se tambalease.»

Es decir, nos resistimos a creer en eso que nos dice aquí la voz del curso: que necesitamos pruebas para reforzar nuestra fe, ahora, en este momento del curso.

Y le diríamos, por tanto: “oye, no, no…, que yo no necesito nada para reforzar mi FE”.

Pero, a la vez, no tenemos realmente esa FE que pensamos que sí tenemos, pues como dice esa cita donde la voz habla de nuestra 3ª objeción: estamos convencidos de que, si las pruebas fracasaran, nuestra FE sufriría, es decir, que se podría quebrar o debilitar más aún.

Así que… ¡qué poca fe en nuestra FE, tenemos! 🙂

___

4ª objeción: “el poder de Dios no se ABAJA tanto como para darnos el “capricho” de convencernos personalmente de nuestro poder… no a nosotros… pequeños mortales… 🙂 “:

«En cuarto lugar podrías resistirte a la sugerencia de que Dios otorgaría milagros ante tal capricho, ante la descabellada idea de que tú te convenzas de tu propio poder.»

___

5ª objeción: “¿Pero si NI SIQUIERA SÉ lo que son los milagros!… cómo voy a hacerlos?” :

«También temes no saber qué son los milagros, y que por tanto no puedas obrarlos.»

___

6ª objeción: “además, si pudiera elegir el tipo de milagro… ¡seguro que elijo mal!”:

«Aunque hay muchos más temores que te pueden persuadir, consideraremos solo uno más: el miedo a tomar la decisión equivocada en lo que respecta a tu elección de los milagros.»

___

Así que finaliza este capítulo diciendo:

«3.25 En resumen, debido a una serie de razones estás demasiado asustado como para siquiera intentarlo. En resumen, no tienes disposición, y sí muchas razones para no estar dispuesto. Lo que hemos hecho aquí es sacar tus temores a la luz, unos temores de los que ni siquiera eras consciente de tener tan cerca, ni de que te aterrorizaría tanto dejar que se marchasen.

»3.26 Ahora, podemos tratar cada uno de estos temores aplicándoles el arte del pensamiento, en vez del pensamiento de la mente del ego.»

X. Un curso de amor, C:27

Para descubrir a nuestro verdadero Yo, el verdadero Ser, debemos desalojar de nuestra consciencia ese mismo concepto de “PARA” (o, digámoslo así: hemos de “abrazar” y disolver la manera habitual de SENTIR que tenemos cuando usamos ese concepto de “PARA”, de USO, UTILIDAD).

Por eso hay tantos tipos de “espiritualidades”… caminos, etc… porque es así de “paradójico”: estamos usando una herramienta para salir del paradigma “herramientas”, y SER DESDE LA UNIDAD.

La utilidad, el concepto de USO, que sentimos esas veces que usamos el concepto de “PARA”, es lo que deshacemos VIVIENDO EN UNIDAD Y RELACIÓN.

Para esta “nueva vida”, el curso daba una sola indicación “mental” inicial, un único ejercicio mental con el que comenzar este curso de amor: pedir “que todos estén incluidos en lo que aquí hacemos”.

Así que todo “curso espiritual” es una herramienta para dejar atrás todas las “herramientas”, pues la Vida Eterna que ya somos no las necesita, ya es plena…, y así, todo curso busca que nos unamos a nuestro verdadero Yo “para” re-crear, para crear lo nuevo… o para SER ya, aquí, reuniéndonos con la siempre nueva plenitud que YA SOMOS.

Para ello, se requiere que vayamos más allá del paradigma y del tiempo del “APRENDIZAJE” (relativo al sufrimiento)… un APRENDIZAJE que COMO PATRÓN se encuentra tras casi todas nuestras ideas… y por tanto se requiere que vayamos más allá de toda idea de UTILIDAD o de USO (frente al SERVICIO que ya somos a la Vida, si nos dejamos…, y que ya la Vida es desde siempre para nosotros, si nos dejamos).

Aquel “casi-ejercicio” inicial, ese ejercicio “PARA” la unidad… se ampliaba maravillosamente en los capítulos 10 y 13, por ejemplo.

Y en estos capítulos finales del primer libro, como el 27, cerramos un poco “el círculo”.

Veamos cómo trata el 27 de esta salida a “otro paradigma”.

Todo tiene que ver, como siempre, con la importancia de la relación, de que, para empezar, la relación es ANTES que lo relacionado –de cierta manera.

Y además:

«Ya hemos dicho que la relación es lo único “conocido” en un mundo incognoscible.»

“Conocido” como cuando se dice de una variable, que es lo único que se conoce, en una situación.

Aquí el puente de paso a cualquier cosa real es la relación, pero:

«Ya hemos dicho que el único ser que no está más allá de los límites del conocimiento total es el Yo o Ser. Por tanto, todo se torna conocido a través del conocimiento del Yo.»

Porque, como dice ahora:

«Cuando constates plenamente que el único modo de conocer al Yo es a través de la relación, tus preocupaciones sobre la concentración en el yo desaparecerán.»

Nuestras preocupaciones sobre el mini-yo (ese miniyo o pocoyó personal, ese “yo” con minúsculas (self frente a Self)…, con el que nos preocupamos habitualmente gracias a permitir que nos acompañen esas “eternas” compañías nuestras de “el futuro” y “el pasado”…), esas preocupaciones… son lo que nos confunde, pues a ese pequeño yo lo hemos mezclado con el verdadero Yo, el verdadero Ser:

«Te confundes entre el yo personal y el verdadero Yo o Ser, solamente porque aún no has reconocido a tu verdadero Yo. Una vez que lo hayas reconocido, ese tipo de confusión se acabará.»

Seguimos pues:

«27.8 Si solo puedes llegar a conocer a tu Yo, a ti Mismo, a través de la relación, solo puedes conocer a Dios a través de la relación.»

En un principio, Dios y “Yo verdadero” son casi sinónimos, para nosotros, pues el Yo verdadero es, diríamos, “lo que Dios creó”.

Y sigue:

«Cristo es la relación santa que existe entre todo y Dios, que proporciona la conexión que constituye el propio concepto de “entre”»

Ese concepto de “entre” ha salido al hablar de la relación, en el curso.

Es una conexión “rara”, no es algo a pensar simplemente como conectando cosas separadas… sino que habla de una conexión relativa a la creación… como una relación ya plena creadora.

Así que la relación es algo que de cierta manera está “entre”, sin ser ni una cosa ni la otra (entre las dos relacionadas, si son dos)…, ni tampoco es un tercer objeto frente a los dos “relacionados”.

Recordamos que los objetos, y los cuerpos, NO son anteriores a la relación que ya somos todos con todos.

Así que de esa “relación santa” dijo que proporciona la conexión que constituye el propio concepto de “entre”…:

«así como mantiene la conexión de la unidad. Por tanto, tu relación con Cristo siempre fue y siempre será. Tu tarea aquí es llegar a conocer esa relación una vez más.»

Proporciona también el mantenimiento la conexión de la unidad, de esa conexión que llamamos “Unidad”, en general… como ese ámbito de cierto modo contrapuesto al de estas experiencias de la forma…, aunque todas estas experiencias no podrían existir sin esa unidad espiritual previa, siempre nueva y eterna.

Así que nuestra “tarea” para el curso es vivir en unidad aunque estemos en las formas…, aunque estemos creyendo y “creando”, en esas formas, un estado separado…, uno que nosotros mismos hemos creado interpretando dichas formas.

Y vivir en unidad es conocer esa RELACIÓN que siempre ha existido en la verdad, en la realidad… y que somos ya con todo, pues al relacionarnos con “Cristo”…, con, por así decirlo, la “Unidad de Amor Creadora” más “cercana” que tenemos espiritualmente hablando… relacionándonos con Cristo… redescubrimos aquí a nuestro verdadero Ser, y por tanto a Dios, pues Cristo es: “la relación que existe entre todo y Dios”.

Lo siguiente nos lo aclara:

«27.9 El pensamiento de Dios por el cual fuiste creado es sinónimo del Cristo en ti. Es tu relación con tu Fuente y con todo lo que Ella creó.»

Cuando hablamos del Cristo que habita en todos y cada uno de nosotros, del “Cristo en ti”, hablamos pues del pensamiento de Dios que fue lo que nos dio nacimiento como una especie de “yo virginal”, un ser ya en relación con todo y todos a la vez –con todos los aspectos de la Creación, con todo “lo que Dios creó”.

Pero aunque nuestra identidad esté puesta aquí en las cosas separadas, resulta que nos pregunta esto –y es muy simple, solo se requiere de nuestra aceptación de la pregunta:

«¿Puedes comenzar a visualizar o a percibir tu verdadera identidad como la relación misma?»

Sí, hemos oído bien, somos antes relación que cualquier otra cosa, y solo relación (en la verdad).

No hay asideros pues, todo es fluir, flujo de relación…, flujo de esa “posibilidad creativa” de infinitas posibilidades que es la mera relación.

Y además:

«Y qué hay de Dios? ¿Puedes desaprender todo concepto y liberar tu mente para aceptar toda relación en su lugar?»

Los conceptos son también como objetos, asideros para la manera vieja de identificarnos (la manera no-fluida).

¿Los podremos soltar?

Aunque se decía que bastaba con soltar uno solo de los conceptos COMPLETAMENTE… para que pudieran ir cayendo solas el resto de las “fichas”.

«Si todo significado y toda verdad residen en la relación, ¿puedes ser algo distinto que relación? ¿Puede serlo Dios?»

Relaciones de relaciones, al infinito. En un constante “dar igual a recibir”.

Nuestro verdadero YO, el YO o SER verdadero de CADA UNO, es simplemente nada más y nada menos que un HAZ infinito de relaciones, en eterna transformación mutante… un infinito haz de relaciones infinitas con todos los aspectos de lo realmente creado por Dios, es decir, por el proceso de la Vida, en todas sus dimensiones.

Todo está en todo.

«¿Puedes imaginar, en vez de objetos y cuerpos particulares, que la relación es todo lo que existe, y que por tanto es lo que tú eres y lo que Dios es? ¿Es tanta la diferencia entre decir que solo existes en relación y decir que solo existes como relación?»

Insiste en que solo existimos COMO relación –no solamente EN relación, sino COMO RELACIÓN.

Somos relación.

Y no por ello perdemos “individualidad”, que es lo que tratará ahora mismo:

«el Yo que tú eres es un Yo único.»

Sigue siendo “único”, aunque sea el “unido”, el que se pone con mayúsculas… el Ser… el Yo “verdadero”…, aunque esté en la unión…, esa unión que es nuestra verdad literal, como seres de relación.

Y:

«Un Yo de relación no implica que ese Yo sea igual a todos los demás. Pero sí implica un Yo que es esencial para todos los demás.»

Nuestro Ser verdadero es diferente del resto, los “espíritus” son de cierta forma “diferentes”…, a la vez que son el mismo, el mismo Amor (a la vez que también, en cierto sentido, son “iguales”).

Nuestra unicidad (cualidad de únicos) nos viene dada por el hecho de ser ESENCIALES para el resto, para TODO el resto (y no solo para uno solo de los demás aspectos de la creación).

«Tú importas, e importas como parte interactiva de la relación que la vida es. Ya estás realizado como quien tú eres. Todo se cumple en unidad. En la separación meramente luchas por todo lo que ya es tuyo en relación. La relación es unidad, y la relación es tu estado natural. Es quien tú eres.»

XI. Un curso de amor, D:Día9

En este capítulo se trata de hablar de:
– la libertad (la verdadera),
– la expresión,
– nuestras “imágenes ideales” como obstáculos a nuestra libre expresión y aceptación de quienes somos…
– y de cómo esos límites ideales están asociados al paradigma del APRENDIZAJE…
– y a la idea de “potencial”.

XII. Un curso de amor, T1:4: El centro del universo

«La caridad es una responsabilidad. Amar es responder.»

Vamos a dejar de pensar para siempre 🙂 .
Así que, al principio, sustituiremos “aposta” el pensamiento usual, “vigilando” nuestra mente…, intentando salir del estado de represión.

Pero… ese pensamiento usual nos ha costado tanto fabricarlo…: es nuestro querido estado separado.

Lo vamos a sustituir por algo que atraiga al orden superior de la experiencia, es decir, que nos sirva para abrazar ese no-lugar donde dar y recibir son lo mismo, ese no-lugar donde ya estamos desde siempre, desde nuestro origen.

Y nadie nos puede obligar a hacer esto, a vivir en unidad y relación real en las formas separadas…, a crear un estado de unidad aquí, aunque aún estemos en las formas, antes de la ilusión de “morir”.

Por tanto, necesitamos crear y cuidar ese estado, si es que queremos salir de la jaula de nuestras proyecciones/reacciones/retenciones.

Entonces, este capítulo sigue comentando sobre el arte del pensamiento y sobre nuestro ser como “centro del universo”, pero claro, NO como el yo del ego pensaría ser el centro.

Normalmente no creemos en lo que dicen estos cursos, de milagros… de amor… etc… que a veces nos facilitan tan detalladamente que vayamos hacia dentro, hacia nosotros mismos…, pues resulta muy difícil confiar, soltar realmente el miedo.

Pero como ya sabemos, no se trata de “creencias”, y este curso de amor en concreto las afrontará detalladamente para sustituirlas, e ir finalmente más allá de toda creencia.

Nos es difícil de “creer”, decíamos… y por ejemplo este capítulo trata claramente de la seriedad… en cuanto a ese invento que hicimos llamado “responsabilidad”… esa “responsabilidad seria” que se opone a lo que llama aquí “RESPUESTA”… la respuesta desde nuestro centro.

Y decía:

«La caridad es una responsabilidad. Amar es responder.»

Es fácil sentir ese sentimiento de “responsabilidad seria”, cuando hacemos algo con la típica “caridad” de la “mala”, la antigua “caridad”… o con esas malas “buenas intenciones”…, para “salvar” a otros… a otros que por ejemplo piden limosna… o lo que sea.

Lo difícil es “solo sentir”… dejar pasar el sentimiento puro… sin pensar.

«¿Es que no ves la diferencia? ¿Es que un padre no puede ser guiado por la responsabilidad y aun así fracasar a la hora de dar amor? ¿Es que una bailarina no puede luchar con todas sus fuerzas para perfeccionar su talento sin experimentar la alegría que se deriva de él?»

Así terminaba el párrafo 13, con esas dos preguntas retóricas.

Eso es lo aparentemente difícil, solo sentir… como siempre…:
no hacer tanto caso a lo primero que venga a la mente…, a las primeras reacciones, las más “mentales”, digamos… que acompañarían a la primera emocionalidad del momento donde sintamos por ejemplo esa “seria responsabilidad”.

Y normalmente, al actuar, si se dio el caso… muchas veces no permitíamos que ese sentimiento se disolviera… esa seriedad…, y nos olvidábamos de nosotros mismos una vez más… nos olvidábamos de simplemente “sentir esa seriedad”… esa falsa certeza.

Y así, parece que volvíamos y volvíamos a reforzar el hecho de que guardamos esos sentires, de que los retenemos como fundamento de nuestro “ser dividido”… para retener sentimientos más profundos, de los que tenemos miedo (miedo del amor “real”).

Y es que en general usamos todas las situaciones para reforzar la mente que interpreta y quiere seguir reinterpretando lo nuevo:

«Tú, que has pensado que es tu interpretación de los acontecimientos y de los sentimientos lo que les ha dado su sentido, vuelve a pensar. Su sentido, su significado, ya existe, y su determinación no depende de ti. No es tu responsabilidad.»

Y sigue:

«4.14 ¿Crees que el Creador es responsable de lo que ha sido creado? Pensar en el Creador de esta manera significa pensar en el Creador con el pensamiento invertido de la mente del ego.
[…]
» 4.16 La petición que te hago para que elijas un milagro no es sino una petición para que escuches la manera en que la Creación responde a quien tú eres.»

XIII. Un curso de amor, D:Día8 (III)

Este capítulo, uno de mis preferidos y de los más graciosos…, hablaba sobre la ACEPTACIÓN así:

«Aun así, no se te pide que aceptes lo que no te gusta, sino que aceptes que no te gusta lo que no te gusta. Entonces, y solo entonces —cuando hayas aceptado cómo te sientes — podrás responder auténticamente. Solo cuando hayas aceptado cómo te sientes dejarás de etiquetar las cosas como buenas o malas; solo entonces podrás enfrentarte a cualquier cosa desde un lugar de paz.»

¡Horas y horas de textos… para tener que decirnos esta simpleza aquí, que parafraseo a gusto! :

¡cabeza de chorlito! ¡Acepta que no te gusta lo que no te gusta! 🙂
¡Acéptate!

¿Y si… en la vida, hemos vivido o nos hemos metido en “situaciones que no nos gustan” precisamente para seguir NO-ACEPTANDO ese sentimiento que subyace al mero hecho de que no nos gustan?

¿Y si nos hemos metido en ellas precisamente para NO PODER simplemente ADMITIR claramente ante NOSOTROS MISMOS que esas cosas no nos gustan… esas situaciones?

Y entonces, ¿y si ocurre que estamos metidos en ellas, o que nos hemos metido en ellas para poder NO-ACEPTAR ese sentimiento… es decir, para no aceptarnos A NOSOTROS MISMOS como “Seres”…, como Seres o Yoes de sentimiento… y para así poder quizá seguir más o menos resentidos, etiquetando (juzgando) más o menos inconscientemente a diestro y siniestro todas las cosas como “buenas”/”malas”?

Esta constante “vibración de dualidad” que emitimos… está pillada, ya sabemos… la hemos pillado al menos un poco 🙂 … quizá… y no hace falta expresarla en juicios para que nos esté todo el rato haciendo fabricar una experiencia de vida que en realidad no querríamos tener –una experiencia que sería el estado normal de la mente en un mundo aparentemente demencial.

Así que sigamos hablando de esta divertida aceptación, por si nos sale hablar meramente del sentir, a ratos…:

Esto del “no gustarnos” algo… y el poder admitirlo inocentemente… es tan importante quizá en la vida, tan simple…

Uf… y la culpa… es decir, ese gran “conflicto fundante”… ese conflicto objetivo en nuestra mente… el conflicto entre lo que CREEMOS SER y lo que SOMOS realmente… la culpa o el conflicto interior… con el que no nos hemos permitido tantas veces ser auténticos… ser otra vez como niños:
“eh, simplemente esto no me gusta… y a ver ahora qué siento, sin juicios”.

Así que al mantenernos en situaciones que “no nos gustan”, parece que conseguimos a veces que siempre haya un cierto sentimiento dentro… o un cierto resentimiento.

¿Y entonces, nuestra mejor manera de ocultar tal resentimiento puede ser, en algunos casos, “mantenerlo bien a la vista” así, viviendo inercias…, haciéndolo por tanto hiperpenetrante por todos los rincones de “la vida”… al mantenernos forzadamente en un no-cambio –una inercia o patrón?

Primero, y como siempre, está claro que casi siempre hay algo que no queremos “ver”.

Y luego, paradójicamente, ese “algo” lo sumerge todo… pues estamos en esa situación precisamente para eso… para no ver… para mantenernos a nosotros mismos en ese “estar sin ver”.

Podríamos decirnos, por ejemplo:

“oye que no, yo es que no me quiero simplemente “escapar” sin más de esta situación dada… de esta relación, etc., pues es que parece que aún tengo algo que aprender de ello”.

Pero “escaparse desde dentro” y hacia dentro… sin escaparse… también es la posibilidad hablada tantas veces… aunque a veces parezca tan difícil, en algunas ocasiones.

Al menos siempre podemos intentar permitirnos hacer más “ayunos” de esa situación, de esas energías… para poder “ver desde fuera” esos sentires… esas relaciones… etc… aunque siempre hay gente que necesita rupturas claras.

¿Entonces… nos mantenemos en esa cierta situación de “no gustarnos esa situación” para mantenernos en un sentir más o menos profundo… y para así poder proteger ese resentimiento… para protegerlo de ser observado como “desde fuera”…, y para que así no sea potencialmente “mutado” desde ese Corazón que está más allá de las formas… desde ese Corazón que se va quizá poco a poco instalando en “el otro sistema de pensamiento”?

Estos discursos sobre el sentir nos darán, claro está, la posibilidad de hablar o de sentir las maneras en que usamos los hábitos para con ellos proteger creencias del sistema de lo viejo, el de la separación.

Como ya sabemos, los hábitos no son “malos/buenos”… sino que “lo malo” es el apego, es decir, el uso INTERIOR del apego.

“Malo” pues no hay nada… y si aquí eso es “malo” es porque no nos permite observarnos desde “fuera”… y así no permite que se dé la sustitución natural del modo de pensar viejo.

Es “malo”, pues, porque no nos permite conseguir el objetivo que supuestamente hemos elegido: esa sustitución de sistemas de pensamiento… para que finalmente podamos ir más allá de todo pensamiento, a la reunión de mente y corazón.

Es decir, no es “malo”, sino disfuncional, como siempre… pues no hay nada que sea condenable en sí mismo, pues no hay nada realmente separado.

XIV. Un curso de amor, T1:5

El todo o la nada, ser o no ser…, esa era la cuestión, sin más.
¿Por qué?
Por esto que dice el curso de amor, en este capítulo:

«La totalidad de la vida podría verse de hecho como la ilusión de un lugar intermedio que has creado entre el todo y la nada.»

Y:

«La nada es tan real como el todo, y es esto lo que algunos de vosotros experimentaréis o habéis experimentado como “noche oscura del alma”. Constatar que resides en la nada es tan solo el equivalente a constatar que hay un todo al que perteneces.»

Así que si queremos salir realmente de “los problemas” (de la conciencia de “dualidad”)…, es decir, si queremos «experimentar la verdad», debemos «pasar a un estado que sea real», como dice en 5.8.

Entonces, podemos disolver ese “lugar de confort” (sin forzar sus límites), y por más “feliz” que nos parezca ese lugar, a veces (o infeliz, si nos hemos acomodado a cierta infelicidad).

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