Comentarios, 22: un curso de amor, tratados y diálogos; comentarios sobre el sufrimiento y sobre el relato de la vida terrestre en la revelación de Walsch   Leave a comment

imagen florÍndice:
I. Un curso de amor, T1:6
II. D:Día12
III. C:30
IV. T1:7
V. C:31
VI. T1:7 (II). Divagación sobre el sufrimiento
VII. Un curso de amor, D:Día13 (II)
VIII. D:Día14
IX. T1:8
X. D:Día15
XI. Las nuevas revelaciones (Walsch): sobre el sencillo relato de toda la vida terrestre
XII. Un curso de amor, D:Día16
XIII. D:Día17

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I. Un curso de amor, T1:6

Todo esto es lo mismo:
– Invocar “mentalidad milagrosa”,
– sintonizarse con las leyes del amor (dar = recibir),
– invocar un orden “superior” de la experiencia, que siempre nos está “envolviendo” (pues somos Nosotros)…
– y como nos cuenta este capítulo, de nuevo…: reproducir y recordar una “MEMORIA DIVINA”, un “recuerdo divino”.

Es decir, un “recuerdo”…, pero en este caso de “algo” inefable… relativo a nuestro origen, que es la “divinidad” como relación…, pues nosotros somos una relación, como lo es la relación de “divinidad”.

Así que es un recuerdo pero de algo “original”, algo relativo al origen.

Así, este capítulo también dice que:

«[…] la oración recuerda y reproduce la verdad y permite que la verdad exista tal y como es. La oración hace esto porque es el acto de elegir la unión de forma consciente. Elegir la unión te lleva al estado real del “todo” desde el estado irreal del lugar intermedio. Y solamente desde un estado que sea real puede en verdad ocurrir algo.»

Pero como siempre, se trata de evitar que volvamos a antiguas concepciones sobre “pedir”, “rezar”, “orar”… porque en el fondo nos estamos “pidiendo” a nosotros mismos (estamos pidiendo recordarNos):

«La plegaria y los milagros funcionan juntos una vez son vistos por lo que son. No olvides, sin embargo, lo que la unión es. La unión es la mente y el corazón unidos en incondicionalidad. Se trata de tu unión contigo Mismo, con tu Ser, con tu Yo. La unión contigo Mismo es la unión con Dios.
[…]
» Usar la oración solo como medio para acceder a un dios que consideras separado es intentar usar lo que no puede usarse. Se ha dado crédito a esas ideas sobre la oración porque al menos reconocen que existe algo a lo que acceder.»

Ahora nos previene contra las oraciones que solo pongan “el corazón” o solo “la mente”:

«Las oraciones como estas emanan o bien del corazón o bien de la mente, y no tienen el poder del incondicional. Las oraciones como estas emanan del estado de miedo que es la realidad del yo separado.»

Podemos poner “mucho corazón” en estar alentando alguna emoción profunda, alguna poderosa creencia-emoción subyacente… alguna creencia en la carencia (en que nos falta “Dios”, nos falta abundancia…, etc.):

«Orar desde el miedo no es orar en absoluto, porque dicha oración no elige la unión, que es el prerrequisito. Orar desde el miedo significa pedir desde un estado irreal de carencia de lo que se considera que falta o que se desea. Por el contrario, la verdadera oración, formada en la unión, es un medio de crear, recolectar o recordar una memoria divina, y de transformar esa memoria divina en una experiencia del momento presente.»

Es como la metáfora de los ejes, se trata de fertilizar/transformar/mutar la memoria “horizontal”… con la “vertical” (original), contando con que en general la memoria es algo indispensable (tal y como avisa este capítulo en 6.7, pues lógicamente sin memoria no hay relación posible).

Y acaba este breve capítulo con dos párrafos muy claros. En ellos se refiere a una “nueva manera de pensar”, que es ese “arte del pensamiento” que da título a este primer tratado.

Así que seguimos con este “arte” (de cultivar mentalidad milagrosa), y ayudándonos todo lo que podamos y queramos del repaso de los capítulos de todo el primer libro del curso.

Con este “arte”, sentamos las bases “vibratorias” de los próximos tratados, donde se aborda algo así como una “limpieza” más profunda de nuestra mente y un acceso más explícito a nuestros tesoros, a la unidad donde ya están. Y fijémonos en que el curso usará sobre todo la palabra “tesoro”, evitando la palabra “deseo” (esta vez, en este curso, no en otros)…, pues los “tesoros” YA están ahí…, y siempre lo estuvieron…, y no tienen nada que ver con ninguna carencia de ningún tipo –frente al hecho de que quizá la mayor parte de nosotros tendríamos asociada la palabra “deseo” a algún tipo de “carencia”:

«6.8 Entonces, ¿qué ocurre cuando volvéis a visitar las memorias de experiencias pasadas bajo el abrigo omniabarcante de una nueva manera de pensar? Las diferentes personalidades se convierten en una sola, los diferentes caminos se hacen solo uno, y las experiencias futuras igualmente se unifican. Y, en esta unicidad, se encuentra la paz perpetua.

» 6.9 Lo que sucede cuando se logra esta unicidad, es que las memorias divinas surgen para reemplazar a la percepción. Esto es mentalidad milagrosa. Estás aquí para alcanzar este estado de ser. Se trata de tu regreso a ti Mismo, a tu Ser. Anuncia el regreso del cielo a través de la segunda venida de Cristo, la energía que conectará los dos mundos.»

Así describe nuestro desaprendizaje, por ahora, como vemos…: un desaprender nuestra percepción, con un “aprendizaje” que se da automático al sustituir esta percepción con “nuestro ser original”…, con el recuerdo del Yo verdadero… un recuerdo que empieza quizá a abrirse paso en este mundo para poder verlo de otra manera, para lograr cada vez una mejor “percepción verdadera”.

II. Un curso de amor, D:Día12

Estamos habituados a ser un “cuerpo visible” en un espacio invisible.
¿Pero y si fuera sobre todo al revés? ¿Y si somos ante todo el “espacio invisible” que rodea, crea, abraza a las formas?

Estamos habituados, y con todo el poder de nuestra Mente… a un cierto “habitar” en nuestros cuerpos…, a un habitar que se ciñe a ellos como únicos puntos centrales posibles.
Así, convertimos al cuerpo en CENTRO de un falso universo mental de interpretaciones -como ya sabemos.
Pero nosotros, en realidad, como ese “verdadero centro” del Universo que somos… como ese canal para la eternidad… no estamos en realidad “dentro del cuerpo”.

En este Día 12 “tocamos” pues de lleno la paradoja de lo que somos, y se nos invita a palparla, a contactar más aún con “el mundo al revés”, con esa “liberación del cuerpo” que ya trató el curso.

Este maravilloso capítulo lo comenté bastante, hace meses, en este texto que recomiendo leer (así nos ayudamos).

Allí escribí cosas como esta, por ejemplo –acerca de esta “otra sensibilidad” de la que trata el Día 12…, esta sensibilidad “inversa”, a la hora de habitar el universo:

«otro modo NO corporal de sensibilidad, uno más natural, uno de cierta manera complementario y “anterior” al que vemos como “normal”»

Este Día 12 contiene frases tan maravillosas como:

«El cuerpo está ahora preparado para reconocer que está encarnado, envuelto, rodeado, acogido, por la consciencia. Tus sentimientos son los que serán los órganos sensoriales de esta espaciosidad.»

III. Un curso de amor, C:30

La vida no es finita.
Nosotros estamos vivos y somos vida; por tanto somos infinitos.
Y somos muchos “tipos de infinitos”: somos “Yoes en Unidad”, Seres de la unidad…, Yoes de relación… en una sola relación eternamente mutante.

Somos “Yoes” que son relación YA con todo…, una relación ya plena interior con todo.

Somos Yoes de espíritu, “invisibles” aquí… seres de sentimiento, seres de Espacio que abraza y “crea” formas y sueños… eternamente.

Somos vida que a ratos ha utilizado a la mente (que es una parte de la vida) de una forma distorsionada.

Esa forma de usar la mente nos hace “creernos finitos”, en vez de simplemente disfrutar de la ilusión, en vez de simplemente “reírnos” sanamente de la ilusión de finitud, que es otra de nuestras ilusiones que en realidad estaban destinadas a “servirnos” como “seres unidos”, y no a que nos esclavizaran de miedo.

Cito los párrafos 7 y 8 de este capítulo, sobre todo para comentar unas frases del 8:

«30.7 Este mundo, tal como lo percibes, se erige sobre el fundamento del miedo, un miedo surgido de la creencia en que la vida es finita, en que naces en un cuerpo y mueres en un cuerpo. La persona que conoce, que realmente conoce la simple verdad de la identidad del Yo, ya no vive con una actitud dualista respecto a Dios, sino en un estado monista con Él. La diferencia reside en constatar la relación con el infinito en vez de lo finito, con la vida como opuesta a la materia.

» 30.8 Esta enorme diferencia suele soslayarse y rara vez es considerada como la llave que abre la puerta de la consciencia universal, del estar presente. En la materia no hay ningún “ser” -ningún “estar siendo”-, ni tampoco ningún “presente”. En la materia, el ser debe estar asociado a la forma. En el sentido temporal descrito por la palabra “presente” no hay infinitud, sino solo un vago concepto del ahora. Este es el concepto clave que no solo conocí sino que también demostré. Es el legado, la herencia que os dejé.»

Ni la materia ni el sentido temporal del “presente” contienen vida-infinitud…, no contienen ningún “estar-siendo” de “la vida”, que es infinita.

En la materia, el ser se apega a la forma…, es decir, el estar-siendo infinito (de la vida infinita) es como si se “perdiera”, asociándose a las formas.

IV. Un curso de amor, T1:7

El sufrimiento, la falsa aceptación, y la única “realidad” que nos dará satisfacción.

De repente, como un rayo, viene un capítulo muy breve en este segundo libro del curso de amor… un capítulo sobre el sufrimiento y la nueva época “de milagros” que se abre camino para traspasar el tiempo de la necesidad de CONTRASTES, de APRENDIZAJE, y de INTERMEDIARIOS (es decir, para superar la época de necesitar vivir y presenciar el “mal” para poder “entender” el bien, etc. etc.).

Primero, deja claro que lo único que nos llena en realidad (antes de pasar a hablar de nuestros “tesoros/deseos”, en el tratado 2)… lo único que realmente nos llenará, es reconocer que somos seres que existimos en la unión.

Pues:

«Incluso aquellos que tuvisteis más éxito habéis comprobado también que vuestro éxito en el mundo ha sido incapaz de brindaros la satisfacción y la paz que deseáis.»

Parece que siempre vamos a querer “más” y “más”… hasta que aquello que “consigamos” lo podamos “utilizar” interiormente para sentirnos plenos sin condiciones… plenos en unidad… habiendo deshecho las condiciones del patrón del aprendizaje… los patrones del “a por más”, etc.

Así que cuando realmente “consigamos” lo REAL (dentro de lo que sea que sintamos “conseguido”)… entonces… nos reconoceremos o sentiremos en unidad… una sensación que vamos a poder conservar… y constatando así que ya somos un constante “SERVIR” a la unidad en plenitud… y una unidad plena de “servicio” a Nosotros Mismos, en unidad y relación con “todas las consciencias” de todo el universo, que nunca estuvieron separadas.

Así que ahora pasa a hablar del sufrimiento y de la falsa aceptación:

«… puede que estas personas no consideren el sufrimiento como algo penoso, sino solo como una parte natural de la condición de ser humano, y que requiere aceptación. […] Esta creencia acepta el sufrimiento a través del contraste, de modo que el mal se ve en relación al bien, la paz en relación al caos, el amor en relación al miedo. Esta creencia existe en el lugar intermedio, donde por un lado hay oscuridad, y por otro luz.»

» Y sí, he dicho que el contraste es un dispositivo de enseñanza que el Espíritu Santo aprecia. Pero todavía no he dicho que la época del Espíritu Santo está tocando a su fin, a pesar de que he dicho que el momento de la segunda venida de Cristo ya está aquí. […] He dicho que es necesaria una nueva forma de aprendizaje, y que ya está aquí.
[…]
» Esta es la razón por la que ahora debemos hablar de ser humanos de una nueva forma. Debemos reconciliar las diferencias entre lo humano y lo divino. Debemos, en otras palabras, hablar de la encarnación.»

V. Un curso de amor, C:31

Somos inseparables
Esta es, podríamos decir, la primera “definición” de “Dios”:

SOMOS INSEPARABLES.

Es decir, simplemente al decir que “somos inseparables”, estamos de cierto modo “definiendo a Dios”.

¿DEFINIR? Pero… ¿qué quiere aquí decir la palabra “DEFINIR”, y “DEFINIR A DIOS”?

¡Herejía! ¡Sinsentido!

Bueno… no tanto.

Cuando definimos una palabra, podemos definirla por ejemplo por lo que consigue HACER cuando la decimos.

Veamos las palabras que se llaman “insultos”: ellas de cierto modo remiten a lo que consiguen HACER o dejar de hacer (por ejemplo lo que hacen con lo que sentimos) en un momento dado.

En este caso, con las palabras que son “insultos”… lo que HACEMOS es “dañarnos” relativamente (al cegarnos)… pues con ellas es como si retuviéramos dentro “un sentimiento”.

¿Y eso?

Claro, ya lo sabemos, pues es justo cuando “proyectamos” tal sentimiento… cuando lo proyectamos mental-intelectualmente (con esos insultos o apreciaciones y atributos (“juicios”)… tan emocional o ciegamente cargados)… es justo así y ahí cuando nos “tragamos” o nos quedamos dentro lo que en realidad “no nos gusta” — y eso suele dañarnos, como se suele decir, “celularmente”.

Entonces, decir “DIOS” es en parte lo mismo que decir: “somos inseparables”.

Y ESO (la unidad que ya somos) solo pide que la experimentemos, así que “definir” no sirve más que para, si acaso, remitir a la experiencia…, que no necesita de conceptos… como no los necesita el insulto para hacer lo que hace.

Somos inseparables “como espíritu”.

La no-separación entre nosotros es como la “manifestación” de esa unicidad de origen “espiritual”… de esa unicidad como “Luz” o Mente que somos.

Es como la “manifestación” de tener un solo origen común, que por tanto es garante de nuestra inseparabilidad.

Estas cosas nos sonaban a veces lúgubres, tristes… porque en la Vieja Era, este lugar de la Unidad Real, era principalmente visitado tras la muerte.

Ahora en la nueva era, el tiempo donde dijo Jesús que empezaría a haber más como él… en este tiempo llamado “el tiempo de Cristo” (llamado así en este curso, por esta voz)…, en esta era sin intermediarios (es decir, donde no se necesita del intermediario de la muerte)… estamos quitándonos de la cabeza esa idea de “lúgubre” o de “tristeza” que asociábamos con lo espiritual, etc… o incluso que asociábamos con esa “muerte que en realidad no existe”, etc.

¿Podemos entonces “entender” que lo inseparable no es LO MISMO?

Somos inseparables de Dios, pero no somos lo mismo. Somos inseparables de los demás, de los espíritus de los demás, pero no somos el mismo espíritu, aunque estemos extrañamente “encajados” todos en todos.

Así que, como realmente somos inseparables de Dios…, entonces, al vernos ahora en el mundo de la experiencia o de la percepción… al vernos ahora aquí tan de cierto modo diferentes de Dios (al aplicar todas las creencias que rebajan lo físico a algo inferior, etc.)… entonces… así, en lo físico… podemos creer que al reunirnos a consciencia con Dios podría suceder que perdiéramos “nuestra esencia”…, nuestra verdadera personalidad o individualidad (cuando precisamente eso es lo garantizado o donado “por Dios”).

Para hablar de inseparabilidad, este capítulo pone como ejemplo el agua y el vino –célebres el milagro aquel.

El agua y el vino son literalmente inseparables –no hay vino sin agua–, pero no son lo mismo.

En el vocabulario que va a emplear este capítulo (que nos puede costar): no son DIFERENTES, no realmente…, pero tampoco son lo mismo.

Así que cuidado, así interpretamos la palabra “diferente” (como hace el texto): el vino y el agua NO son diferentes…, y tampoco son lo mismo.

El vino y el agua provienen del mismo “lugar”…, y por tanto no son realmente diferentes (en ese sentido de “diferente”)…, pero no son tampoco lo mismo.

Igualmente, nuestros espíritus son inseparables sin ser el mismo.

Igualmente, somos inseparables de “Dios”, pero no somos exactamente lo mismo que Él (hay algo que es Origen).

Nuestros espíritus provienen de la misma Fuente u Origen, al igual que el agua y el vino provienen del mismo “lugar”, o al igual que cualquier otra cosa: todo proviene del mismo Origen, por muy variada que sea la forma…, incluso hasta un objeto fabricado…, o incluso un objeto muy “tecnológico” (pues solo hay una “energía” original):

«31.4 Te cuesta entender que algo pueda ser inseparable y al mismo tiempo no ser lo mismo. El milagro de la conversión del agua en vino ilustra, como lo hacen todos los milagros, la falacia de esta idea. Si quieres ser un obrador de milagros debes comprender de forma correcta esto último, así como todos los milagros. Lo que es inseparable no puede ser diferente, pero esto no significa que deba ser lo mismo. Inseparable no significa reemplazable. El agua no reemplaza al vino ni el vino reemplaza al agua, pero ambas cosas provienen de la misma Fuente, por lo que no son distintas aun cuando no sean lo mismo.»

Recordemos esto ahora: inseparable no significa reemplazable.

Si provenimos de la misma Fuente, NO somos diferentes, aun cuando NO seamos el MISMO (espíritu).

Parece que, si tememos perdernos, si tememos perder nuestra individualidad al “reunirnos con Dios” (cuando aún estamos “vivos”), es porque nuestra mente interpreta “inseparable” por “reemplazable”.

Y entonces, al no practicar “el sentido espiritual de la vida” (maravillándonos “por nada”… agradeciendo “nada”… o sintiendo por ejemplo ya a los demás de entrada como espíritus)… al no practicar eso… NO CONFIAMOS (inconscientemente) en que esa identificación pueda ser deshecha (esa identificación entre “inseparable” y “reemplazable”).

Y entonces dirá, más abajo:

«La forma imita a la verdad, pero no la reemplaza.»

La forma es SEPARABLE de la verdad, y por eso será que la puede imitar (en este sueño de Dios que estamos ayudando a fabricar).

Por eso, de cierta manera, las formas serían “reemplazables” para el espíritu.

Nosotros, en realidad, somos “verdad”, vida infinita, vida eterna…, por mucho que la forma haya imitado tan bien a la verdad, como describe en estos párrafos:

«31.6 Esta es la dificultad que se presenta al estudiar la mente. La mente es tu ser y por tanto no la puedes estudiar, del mismo modo en que nunca puedes ver la totalidad de tu cuerpo sin ayuda, ni puedes quitarte el cerebro para mirarlo con un microscopio. Sin embargo, dices que tu cuerpo te pertenece y lo identificas como tu ser, como tú mismo. Tu cuerpo se mueve y respira, tu corazón late y tu sangre corre sin ayuda de tu yo consciente. Sabes que si tuvieses que encargarte conscientemente de estas funciones ciertamente morirías, pues dirigir el funcionamiento del cuerpo es más de lo que tu mente consciente podría manejar. No podrías dar todas las órdenes necesarias si eso fuera necesario. Pero afortunadamente tienes un cerebro que cumple esta función, y este cerebro también es tú. ¿Trabaja independientemente de ti? ¿Está separado? ¿Es lo mismo?

» 31.7 De igual manera ocurre con la mente. La mente es tu ser. No es casualidad que para muchos haya llegado a ser sinónimo de cerebro, como una palabra intercambiable que transmite la misma idea. La mente es el centro de control, es quien recuerda y almacena el conocimiento, es la que es tanto tú, como al mismo tiempo la que está más allá de tu comprensión sobre ti. La forma imita al contenido. La forma imita a la verdad, pero no la reemplaza.

» 31.8 El resto de tu mundo también imita a la verdad. Vives en un solo mundo, un solo planeta, una sola Tierra. Puedes vivir en diferentes continentes, diferentes países, distintas ciudades, pero todos contáis con una única Tierra como parte de una mismidad y de una interdependencia que aceptáis. Sois conscientes de que esta Tierra está inmersa en un cosmos que está más allá de vuestra comprensión, y también de que la Tierra y todo lo que hay en ella forma parte de ese cosmos. Crees plenamente que eres inseparable de la Tierra, del cosmos, de la gravedad y de las leyes que rigen el universo, así como crees que tu cerebro, y erróneamente tu mente, son inseparables de tu cuerpo.»

Nuestra mente sí es separable de nuestro cuerpo, como acaba de comentar la voz del curso.

¿De ahí que el cuerpo sea reemplazable 🙂 ?

VI. Un curso de amor, T1:7 (II). Divagación sobre el sufrimiento

Ya que este capítulo habla del sufrimiento, podemos decir algunas cosas más sobre esto, sobre las relaciones…, recordando al final la visión de la vida de Jesús como un cierto “agujero blanco”…, es decir, como un “récord” por el que todos pasaremos.

El sufrimiento parece la “materia” mental con la que estas civilizaciones primitivas, como la nuestra, parecemos llenar el espacio del amor, de ese amor que nos une en la verdad…, que somos en verdad.

Qué juego más curioso el planteado en la creación en general.

Parece un juego de una especie de evolución física, que va abriéndose más claramente a ese otro mundo de una cierta “evolución espiritual”.

Pero ese juego parece más una confrontación, aunque quizá solo a veces.

Es decir, a veces parece más como si fuera un juego donde la Evolución hace frente al Espíritu (al Espíritu como amor, un amor que literalmente ya somos como una sola Relación ya plena).

Como si la Evolución se pusiera a defenderse panza arriba, demasiado exageradamente, frente al principio espiritual que le da su sentido.

En ese juego, digamos que “demasiado distorsionado”…, es como si se “hicieran frente” esas dos cosas: evolución y espíritu. O podríamos llamarlos así: tiempo y espíritu, o “amor condicional” y “amor incondicional”… hasta que salimos del tiempo condicionado al tiempo de la verdad, del Origen.

“Tiempo” es lo que parece estar plasmado tan bien por “la genética” –plasmado o justificado por ella–… con la linealidad abrumadora de la sucesión de vidas y generaciones…, de las historias que nos contamos y que en parte venimos a desmontar, en esa linealidad que parece tan clara en la película temporal de cuerpos (en parte haciendo frente a la claridad de la luz que somos como creadores, como luz-espacio que engloba los cuerpos).

Así que “el Amor” no entiende solo de eso, de linealidades… no solo… pues el amor, que es nuestro ser (recordemos)… todo lo abarca, aunque nosotros en un estado civilizatorio primitivo parecemos estar enfocados sobre todo en “polarizar el amor” (podríamos decirlo así), polarizándolo hacia el lado “evolutivo”.

Ya sabemos que somos seres separables de los cuerpos, que somos “Mente”, que somos vida eterna, y no morimos realmente como esencia.

Pero nos metemos de lleno en las encarnaciones a reconocer o a sentir eso mismo… Es decir, es como si viniéramos a las formas a sentir uno de los múltiples aspectos de ser vida eterna, de “la otra vida” que somos, la realmente creadora.

Aunque, siguiendo con el tema de…: “demasiado distorsionado”… puede que las encarnaciones se den en un marco –como en este planeta– donde parecemos muy exageradamente olvidadizos de que somos seres separables de los cuerpos…, y nos olvidamos dramática y repetitivamente del lazo entre “espíritu invisible” y “densidad del tiempo evolutivo”… sumergiéndonos en el “encanto” del drama de la genética biológica-“cultural”… y finalmente en el drama de las civilizaciones y sus problemas de gobierno, conflictos, venganzas, diferencias.

Utilizamos la ficción de la carne y su descendencia, los “árboles genealógicos”, los conflictos de familia/sangre…, de territorio, etc. Tenemos toda una ficción descomunal, fabricada de forma tan “realista” por todas nuestras proyecciones y con todo ese amor distorsionado, es decir, ese amor que naturalmente por ejemplo quiere más a los hijos propios que a los ajenos 🙂 … a “los nuestros” frente a “los otros”.

Que vengamos a DESPERTAR de la condición evolutiva y a integrarla en el abrazo del espíritu-uno que somos… obviamente no quiere decir despreciar lo “natural”…, despreciar por ejemplo la maternidad. DESPERTAR no es lo que hace esta civilización, a menudo, cuando simplemente DESPRECIA por sistema, como hemos visto… y con una especie de patrón reactivo… el mundo de los cuidados maternales, el parto, etc.

Entonces, si el “sufrimiento” existe, es porque es posible que la relación entre forma y espíritu se viva particularmente mal…, de una manera parece que especialmente dramática, equivocada… como en esta tierra… como en estas tierras parece ocurrir cuando no ponemos cuidado en el cuidado.

Así que es posible “vivir equivocadamente” esa tensión que es la relación entre evolución y espíritu –entre tiempo y amor.

El sufrimiento es pues un asunto “mental”, no es “real”… por ser una tensión mental, un nudo… en esa tensión general “natural” entre la evolución y el espíritu.

Si el sufrimiento no es real, podemos entender que solo apunta hacia lo real, solo señala hacia lo real (pues todo está relacionado con todo de alguna manera).

Todo está relacionado con todo: el mundo de la FORMA está relacionado con el mundo del ESPÍRITU.

Y las relaciones son “tensiones”, o necesitan de situaciones, de “campos tensionados”… para que puedan darse.

Pensemos en la tensión inevitable de tener que componernos con otros cuerpos separados desde que somos bebés (golpes con objetos…, práctica incesante natural del movimiento, y errores y golpes naturales en él para poder aprender de nuevo a ser humanos)…

O pensemos en una tensión necesaria para que exista la “relación social”: la tensión que se da entre la igualdad y la libertad.

¿Tensión por qué? :
– Si imponemos artificialmente una plena libertad, desde arriba, como medida artificial que no surge del movimiento natural de las relaciones humanas…, entonces peligra el sentido de igualdad, de justicia (igualdad de oportunidades, etc.).
– Si como medida artificial imponemos artificialmente una igualdad plena, entonces peligra la libertad.

Si rompemos esa tensión, la relación social parece que se torna sufriente. El sufrimiento la habita como nudo que parasita esa tensión “natural” entre igualdad y libertad.

Y es que para que por ejemplo “dos” cosas se relacionen, tiene que haber una especie de “algo” entre medias…, ALGO entre las dos o más cosas relacionadas… ALGO muy extraño que en un momento dado puede ser temido…, malinterpretado… pero que es ALGO que “tensa”, que “abre” el espacio de posibilidad para la relación…, el espacio de posibilidad que ES en sí la propia RELACIÓN, la RELACIÓN EN TANTO QUE CREADORA…, la relación como algo que precede…, como realmente original… relativa al Origen (fuimos creados como relaciones, literalmente, como nos cuenta el curso de amor).

Y el sufrimiento tiene que ver pues con algo que nosotros hacemos o dejamos de hacer, INVISIBLEMENTE, en esa relación.

Es como si nos metiéramos y nos hundiéramos mal ahí…, “mentalmente”, en esa relación…, no atendiendo la llamada que sería ese sufrimiento, un sufrimiento que podríamos ver como rozamiento falso entre dos polos que en realidad se necesitan (el espíritu necesita las formas para SENTIR a fondo lo que ya sabe que ES, como espíritu).

El sufrimiento sería como un habitante de esa tensión natural, que puede convertirse en “demasiado parásito” de esa tensión, que puede convertirse en adictivo, como parece que pasa y pasó en esta tierra.

De ahí el gran “mensaje” y acontecimiento personal de Jesús, como abismo abierto para siempre en esa creencia en el sufrimiento.

Su “mensaje” es como un “agujero blanco” por el cual todos saldremos.

Y de ahí también la gran e inmediata distorsión que realizamos históricamente los humanos de esa célebre vida ejemplar de Jesús.

Esa vida, si no es UNA VIDA MÁS… es en la misma medida en que tampoco la nuestra tendría por qué ser “una vida normal”, “una vida más”.

Y de ahí la ejemplaridad de la vida de Jesús, como alguien que cumple perfectamente –dicho en lenguaje tradicional: “la voluntad de Dios” para su persona…, es decir, alguien que asume su diseño original estando en las formas separadas.

Es decir, lo que Jesús muestra, y con algo objetivo (un “récord” por el cual todos pasaremos), lo que Jesús muestra… es que todas las vidas son “infinitamente especiales” en la idea que Dios tiene de nosotros, pues esa idea y nuestra co-creación es lo mismo.

Esa es la idea que machacamos y machacamos incesantemente con nuestra mente reactiva…, apegada a sufrir el “conflicto” de “inconscientemente” no querer Ser Quienes Realmente Somos.

(Y ya sabemos que el “mensaje” de Jesús, el inscrito en su propia vida como un todo… era que se llevaba todo el sufrimiento consigo.)

VII. Un curso de amor, D:Día13 (II)

En el Día 13 puede parecer haber algo de lío, pero no es tal.

El Yo espacioso, que ya nos ha presentado antes, y que lógicamente se describe como “transparente”… se hace equivaler ahora a algo que nombra así: el “Yo-único-sin-fronteras-de-la-forma”…

Es simplemente eso, literalmente: un Yo único, un Ser único; sin fronteras; “perteneciente” a las formas, o relativo a “formas”.

Simplemente un Ser único, “perteneciente” a las formas, y descrito como “sin fronteras”, sin “barreras”.

Este Yo, este Ser –dice el capítulo– es a la vez CADA UNO, Y TODA COSA.

Así que cuando nos “subamos” o nos “montemos” en él (es decir, en la Relación), vamos a notar palpablemente, perfectamente, la naturalidad de por ejemplo la “telepatía”…, y notaremos muy “con el sentimiento” (ya que nuestro Yo espacioso es un ser de sentimientos)…, notaremos nuestra antigua frontera o barrera que interponíamos con tanto esfuerzo ante esa comunicación natural que es la tradicionalmente llamada “telepatía”… y notaremos, obviamente, el “oscuro” obstáculo que interponen “los demás”… y que es algo que podremos ayudar a “sanar” mejor, si se tercia, al abrazar con “nuestro” Yo espacioso esa “parte” de “yo sufriente” o de “yo sin amor” que parezcan presentarnos “los demás”.

Vemos cómo en estos breves capítulos centrales del tercer libro se está describiendo a “Dios” como necesidad o impulso de conocerse (digamos que este es un aspecto clave de esa Vida que llamamos “Dios”).

El impulso, deseo o necesidad de lo que llamamos “Dios” (y que consigue hacer lo que quiere hacer automáticamente siendo lo que es, creación)…, es simplemente ese conocerse y reconocerse expansivo.

Lo dice literalmente en este capítulo, y podemos ayudarnos de algunos recuerdos de la revelación de Walsch para intentar desarrollar más el sentir sobre ello, si es que nos falta en estos Días del tercer libro tal sentir. Allí en los textos de Walsch se describe desde muy pronto, y mucho más directamente, este proceso donde en realidad participamos todos a gusto… este proceso de formar parte de Dios y de su “auto-conocimiento”.

Nosotros –este estado de consciencia que ahora “tenemos”– somos por una parte “instrumento” de Dios, de la Vida (su servicio “glorioso”)…, y a la vez somos una parte directamente suya… pues nada está separado de nada y somos Luz, aunque no lo parezca (Luz creadora).

Somos por tanto “parte” inseparable de esa “Vida” que llamamos “Dios”.

Entonces, y como tan bien se cuenta en el texto de Walsch “En casa con Dios”, entonces… ya somos la experiencia de esa vida eterna que antes podríamos decir que “anhelamos” (anhelo que alimentamos a menudo artificialmente, y que se interpone como experiencia de carencia ante la constatación de nuestro verdadero Ser… y que por tanto es a veces lo único que nos aparta de constatar que ya somos vida eterna).

Somos pues ya vida eterna, experimentándose a Sí Misma en su proceso cíclico de “verdadero anhelo”: conocerse y re-conocerse a Sí Misma para siempre en ciclos expansivos.

Este es pues el ciclo eterno de la Creación, el que nosotros somos a la vez “en vertical” (hacia dentro y fuera de la Esencia singular que cada uno es como “parte” inseparable de la Singularidad Central), y de cierto modo en horizontal.

Como vemos, ese ciclo lo traducimos en diversas apariencias de universos, de historias…, y todo ello vivido limitadamente aposta…, en “menos dimensiones” de las que realmente tenemos como ser global, como singularidad central.

Imaginémonos, pues, en el centro de todo, siendo parte del Ser Uno.

Ahí dentro no tenemos la consciencia de individualidad que parte de la forma, no seríamos un “yo único de la forma”, como lo dice este Día 13…, no seríamos un yo individual que evoluciona en las formas.

Pero entonces, compartimos “su plan”, un plan que es a la vez pensamiento y que es a la vez inmediatamente nuestro plan y nuestro pensamiento (y nosotros EN TANTO QUE SOMOS pensamiento “de Dios”).

Y para ese plan, o servicio, están estos “yoes únicos de la forma”.

Y ese “pensamiento” es como hemos dicho en parte directamente nosotros mismos (globalmente), y, como dijimos, también somos parte esencial de ese Ser Uno.

Entonces, nuestro pensamiento, “plan”, o diseño, es, como ya vimos…, propósito:

desear conocernos y experimentarnos lo más completamente posible (pero lo que conocemos y experimentamos es esa Esencia).

Para ello solo se puede “crear”, solo podemos crear, co-crear.

¿Qué es entonces “crear” cuando tenemos un “yo único de la forma”, un yo individual aquí en las formas?

Esa pregunta sería en parte equivalente a esta otra:

¿Cómo integrar la experiencia del yo individual de la forma «de tal manera que cada uno sea tanto los muchos como el único»?

¿Qué vamos a permitir que suceda, de forma natural, en dicha integración, con la expansión de Consciencia que implica?

Eso es lo que describe este Día 13, un poco.

También podríamos describir esa integración parecido a como se describe en otras partes: se trata de buscar inspiración en el Ser Uno, a la hora estar entre “los muchos”, entre los yoes separados.

Y esa inspiración, como es mucho más que una cosa “mental-intelectual”, es lo que se describe aquí, como dije, en este Día 13 del libro final del curso de amor…, y utilizando a ese “Yo espacioso” que ya nos ha presentado hace poco.

VIII. Un curso de amor, D:Día14

El Yo espacioso es algo que podemos haber sentido; es como un estar dentro y fuera a la vez, muy aliviador; una “expansión de consciencia”, podríamos llamarlo… y es algo que puede acompañarnos en la vida normal, aunque no tengamos una “cultura oficial” para hablar de ello (la estamos desarrollando).

Este estado sería pues, en parte, nuestro estado natural, un estado que no tendríamos por qué rechazar para poder experimentar este tan bonito sueño de los cuerpos.

Este estado es algo resbaladizo… algo que, como sabemos, no requiere “esfuerzo”…, sino lo contrario: la paz mullida de la Relación… de las conexiones y situaciones apropiadas y que seguramente no esperamos, o que al principio se escapan casi siempre a nuestro control.

Por ejemplo, puede darse en la tranquilidad que nos da a veces por ejemplo cierta persona y no otra… sin saber por qué ni para qué, por las conexiones que haya en esa relación que ya somos en lo invisible, una relación con todos a la vez.

Y, aunque no sabemos ni por qué ni para qué… también sabemos que siempre es un estado “para sanar” –y “sanar” es simplemente compartir en unidad y relación, anclando así lo nuevo.

Por ejemplo, puede “ocurrir” con una pequeña meditación compartida con alguien, cosa esta que puede facilitar, por lo que sea, que nos “subamos” sin querer a ese espacio de libertad donde ya somos visión que siente que en realidad no necesita un cuerpo para “ver”.

Por tanto, abriéndonos a ese espacio, nos abrimos a sentir el cuerpo cada vez más como una pura posibilidad para la expresión de esa Unidad de Relación que ya somos en lo invisible con todos y todo.

Lo que nos “sana” es pues entrar en “ser espacio”, facilitarnos entrar ahí, en el Yo espacioso… es decir, permitirnos ser eso, aunque tengamos un cuerpo que tan a menudo usamos como excusa para recordar y recordar sin cesar el pasado y nuestras interpretaciones y reinterpretaciones (mentalmente, inercialmente, “inconscientemente”)… recordando así todo lo que podamos de “nuestro” pasado de heridas y de fracasos… con lo cual evitamos la espaciosidad natural.

En libros donde se describen un poco las fases de esa experiencia enormemente creativa que es la muerte, se relata cómo es que el sufrimiento se ve simplemente como un sinsentido en nuestro estado “sin cuerpo”.

Ahí, en esa espaciosidad de “ya no tener un cuerpo”… el sufrimiento es descartado sin más ni más, sin rechazo, sin juicio…, como una experiencia que no tiene ningún sentido, y en el mismo momento en que es observada la situación que sea.

Es como un descarte que va pegado a la observación.

Pero nosotros, al tener miedo a lo desconocido, rechazamos esa espaciosidad que en realidad es visitable y “utilizable” ahora, aunque aún tengamos un cuerpo físico “vivo”.

Así que vemos cómo en estos capítulos del curso de amor se está alentando a que “usemos” esa espaciosidad (una vez que hemos salido, poco o mucho, del paradigma del uso hacia el de “servir”)…, para sanar… para revertir todo ese trabajo de proyección/retención que hicimos para ser un yo separado dolido… para invertir todo ese trabajo egoico con un trabajo de aceptación y abrazo espacioso de esas “piedras” que nosotros mismos habíamos arrojado y habíamos dejado estancarse en el fondo del pozo de nuestro ser…, para así torpedear a placer el reconocimiento de nuestro Ser verdadero –como “yoes separados” dolidos.

Volviendo al tema de la fase de la muerte donde nos experimentamos “sin cuerpo”: ahí, en ese estado “sin cuerpo”, es decir, siendo “solo espacio”, estando ya “muertos”… parece que nuestro estado natural de observador (de creador de la experiencia, es decir, de CÓMO se VIVE esa situación concreta), nuestro estado natural de observador… no se encuentra con ninguna traba para poder ser “el primero”, para ser el que “manda” de forma natural.

Por algo nuestro “cuerpo Mental” tiene precedencia, está como englobando el resto (pues la “jerarquía”, como sabemos, es cuestión de jerarquías de abrazo, de englobamiento… de “muñecas rusas”).

«14.2 El Yo espacioso constata que el mundo exterior es una proyección y, muy a menudo, que es un rechazo en vez de una extensión de lo que está en el interior. Así, la enfermedad es un rechazo de los sentimientos. Todo lo que causa miedo es un rechazo de los sentimientos. Todo lo que provoca soledad es un rechazo de los sentimientos. Todo lo que causa violencia es un rechazo de los sentimientos.

14.3 Lo que se expulsa del yo se convierte en algo separado y, a través de esa separación, es olvidado deliberadamente. El Yo espacioso ya no expulsa ni olvida porque todos los sentimientos se aceptan como siendo del Ser Uno, o Único Ser.»

IX. Un curso de amor, T1:8

Este capítulo tan esotérico nos lleva a hablar casi indirectamente del “permiso” -o acuerdo- que debió dar el “alma” de María (en unión con todos, pues ahí dentro somos una unidad de amor)…, la madre de Jesús, para “permitir” que se diera la vida de “locura” que se dio 🙂 … es decir, que se diera la apertura de ese “agujero blanco” o sumidero de Luz, en el espíritu humano, por donde poder colapsar con más fuerza todos nuestros egos hacia Ser Quienes Verdaderamente Somos.

Es decir, podríamos decir que el capítulo habla del permiso concreto para que se diera esa “vida de Jesús” tan concreta: una representación tan colosal de nuestro verdadero Ser en las formas, una representación como un Ser sin carencias en medio de todas nuestras “locuras egoicas” normales y despistadas.

Esta representación, lógicamente, iba a repercutir como lo que era, ya que todo pensamiento, acción, palabra… repercute en la unidad que somos.

Así que podríamos decir que hablamos indirectamente de los “permisos espirituales” para que se representara aquí ese “guión” de repercusiones cósmicas que fue la vida ejemplar de Jesús, representado gracias en gran medida a que María aceptó su “yo virginal”, su estado virginal, en esta tierra, en un momento concreto.

De ese estado virginal dice esto en 8.13:

«un estado inalterado por la separación, […] un estado en el que, lo que es engendrado, es engendrado mediante la unión con Dios»

Por eso dice que María es el mito que viene a acabar con todos los mitos y toda necesidad de mitos, pues se trata de simplemente aceptar nuestro estado original o virginal, aunque estemos en las formas, lo cual de cierta forma queda representado por María para siempre.

De ahí la importancia enorme que tiene todo el fenómeno mitológico de María en nuestra cultura, que, como siempre, es muy real para las personas que lo viven, ya que el mito, como nos recuerda en este capítulo, es más poderoso que lo que aquí llamamos “realidad”.

Las apariciones de María involucran toda la mente y el corazón de las personas involucradas… constituyendo a menudo para ellas, y para las personas que se acercan, un giro de 180º en la perspectiva de “cómo ven el universo” y cómo ven su papel en él (cosa que cualquier “revelación” puede “conseguir”).

Son, como ya comentamos en algún texto del blog… son toda una enseñanza en sí mismas, pues queda trastocada por entero la forma de “proyectar universo” en un momento dado para un grupo de mentes -o individualmente-, constituyendo así una llamada que en muchas ocasiones es respondida (una llamada a la conversión, una llamada a devenir en sintonía con la Vida con mayúsculas, es decir, en sintonía con “Dios”).

Por algo este de María es “el último de los mitos”, nos cuenta este capítulo.

Por tanto, y como los mitos son más efectivos que “la realidad”, comprobamos que María es la última de esas “representaciones” efectivas, muy efectivas… que se da aún mucho en el catolicismo.

El fenómeno crece con santuarios como el que hay en Bosnia, Medjugorje (leer Meyugorie).

Y es que curiosamente las cosas que más fuerza tienen a la hora de mover y convertir corazones y mentes (en la religión católica), son en gran medida los efectos dados en torno a santuarios marianos como ese, donde literalmente se han cambiado muchas vidas, o donde se han dado toques de redirección en la dirección de no solamente las “vidas individuales” de mucha gente, sino en general de nuestra civilización (por ejemplo, como comenté en un texto, la historia de Portugal no se puede comprender sin el “fenómeno interior espiritual” que se dio en torno a las apariciones de la llamada “virgen de Fátima”).

Esa aceptación de María, de su estado original, por tanto, la podemos imaginar, o nos la podemos representar en un primer momento (ya que parece que es para eso que se dio esa imagen concreta en esas vidas concretas), como una aceptación de la encarnación (de la entrada en las formas) de un “espíritu” como el de Jesús, un “espíritu” digamos “maestro”, que iba a tener muy claro lo que venía a “hacer” aquí a esta tierra (lo que venía a ser)… demostrando su parte de “aceptación plena” de la Vida en todas sus dimensiones.

Para terminar, no puedo dejar de citar las frases memorables con las que comienza este capítulo:

Dice que, aunque no nos hayamos dado cuenta:

«la resurrección y la vida son ahora una sola y la misma cosa.» (8.2)

«8.3 El hecho de que sean lo mismo no ha supuesto la constatación automática de este cambio de tan enormes proporciones. La propia naturaleza de este cambio conlleva una lenta constatación. El cambio ocurre a tu alrededor todos los días sin que tú te des cuenta. Solo en retrospectiva pueden verse los cambios mayores. El entendimiento de la realidad de un acontecimiento histórico cambia con el tiempo, y pueden pasar cien años, mil, o incluso dos mil, antes de constatar la verdad real. Aunque anteriormente se hayan aceptado muchas versiones de la verdad, solo existe una. Solo existió una verdad en el momento en que el acontecimiento o el cambio tuvo lugar, y solo existe una verdad en el tiempo o en la eternidad, a pesar de toda la variedad de interpretaciones que se le dan.

» 8.4 Yo he venido a ti ahora para revelarte la única verdad que ha existido durante los últimos dos mil años sin que tú la comprendieras. La naturaleza de la vida cambió con la resurrección. Yo soy la resurrección y la vida. Tú también lo eres.»

X. Un curso de amor, D:Día15

Este capítulo nos habla del paso más allá de la observación, de la observación neutral que hemos practicado mucho o poco.
Este paso es, dicho rápidamente:
reunirse con “otros” para practicar la creación.
Entramos en una descripción, todo lo precisa que se puede hacer, de en qué consiste esta Nueva Era que fue anunciada en la Tierra con el Símbolo Cósmico que fue la vida ejemplar de Jesús.
Su vida, como sabemos, anunciaba nuestras vidas… era el precursor de las nuestras… en tanto que nuestras vidas aquí van a consistir en la conservación de la Consciencia de nuestra Unidad de Amor, en las formas –con la consecuencia de “la creación de lo nuevo”.
En este “reunirnos con otros” no se trata de que una “consciencia de grupo” vaya a “complementarnos” (tal y como por ejemplo buscaríamos el complemento “idealizado” de una pareja cuando lo buscamos desde la carencia y desde una creencia que aún está algo apegada a la forma física bien sea masculina o bien femenina)…, tampoco se trata de compartir creencias, obviamente…, ni mucho menos se trata de “ideología”, claro está.

La “creación” tiene que ver con que nosotros somos “ESPACIO” (“espacio”, entre comillas)…, y no CUERPO (por algo el curso de milagros terminaba con el mantra constante de “no soy un cuerpo, soy libre”).

Es como si fuéramos a sentir una llamada de otros “yoes espaciosos”, para que, con ellos, y a través de ese ser “yoes espaciosos”, el espíritu pueda tornarse conocido en las formas (que es por cierto el propósito por el que estamos aquí en las formas, y con ello “anclamos” la creación de lo nuevo).

XI. Las nuevas revelaciones (Walsch): sobre el sencillo relato de toda la vida terrestre

¿Violencia?
¿Por qué o para qué aparenta estar tan “loca” esta civilización, que se presenta a sí misma la “solución” de la VIOLENCIA…, con enormes cantidades de “imágenes que valen más que mil palabras”… en videojuegos, películas, etc… como algo adecuado a la hora de resolver conflictos?

Entre muchas cosas interesantes, este texto de Walsch habla de eso (está en pdf en internet).

En definitiva, toda esa violencia es como el pus que supura globalmente de nuestra colosal identificación con los cuerpos… y sale bajo esa forma brutal, ya que no por nada nuestra identificación con los cuerpos se hace a costa del sacrificio ilusorio del “Cristo en nosotros” (es decir, del sacrificio del Ser verdadero en nosotros…, del sacrificio de nuestra realidad como espíritu dentro de la Relación plena que es nuestra Unidad de Amor eterna con todos y con Dios).

Podríamos entonces decir que ahora, en nuestros días, nos estamos presentando globalmente una máxima distorsión del Origen… la máxima distorsión que “hicimos” como seres “evolutivos”… la distorsión que ahora se presenta en la masiva distribución mediática de la “idea” de la violencia como un medio válido para resolver conflictos.

Casi al final del libro relata además brevemente nuestra historia, las razones de nuestra historia.

Así, podemos “entender” cómo todo es “mental”, es decir, cómo es que todo está regulado por las creencias que albergamos (y que ahora limpiamos) desde los tiempos en que proyectamos un Dios a imagen y semejanza de nuestros propios miedos…, al habernos identificado exclusivamente con nuestros cuerpos.

Ese es el Dios que ahora y sin parar nos seguimos devolviendo en el espejo de nuestras instituciones, es decir, mediante el carácter de nuestras instituciones u organizaciones políticas, mediáticas, etc.

Entonces, Walsch le dice esto a la voz de la Unidad, que habla en todo ese libro con él, en momentos a veces muy divertidos:

«– Pero los seres humanos eran violentos mucho antes de que las tecnologías de difusión masiva extendieran la idea de la violencia como un medio de resolver conflictos.»

A lo que la voz responde con un sencillo “relato” sobre nuestra historia.

Es un relato relativo a las CREENCIAS, es decir, un relato que tiene en cuenta que, con nuestras experiencias fabricamos “comprensiones”; luego de cierto modo esas “comprensiones” o “aprehensiones” las convertimos en CREENCIAS que de cierto modo solidifican un pasado que condicionará, como siempre si le dejamos… nuestras respuestas ante el presente; y esas CREENCIAS subyacen a los conceptos que luego pasan a ser el ladrillo para construir los modos de actuar grupales y las convenciones sociales (lo “bien visto” en las sociedades o las civilizaciones, como por ejemplo está bien visto meter a la gente en la cárcel para “arreglar” o “ajustar” una situación (hacer “justicia”)):

«Tienes razón en eso. Vuestros medios masivos y vuestras tecnologías, vuestra actual habilidad para compartir instantánea y gráficamente las comunicaciones más violentas, solo ha hecho que el problema se eleve a proporciones que amenazan al planeta. Pero, como lo señalas, la violencia ha existido durante siglos.

» Primero surgió de la comprensión humana más primitiva de la Vida y de Dios. Repasa otra vez la primera parte de este diálogo, donde la describimos. Recordarás que, en suma, los humanos han asumido que las fuerzas de la naturaleza que de tiempo en tiempo parecía que trabajaban en su contra, eran el resultado de decisiones concientes tomadas por algo ajeno que era más fuerte que ellos.»

Podemos comentar ahora que no estábamos equivocados en una cosa, como “seres primitivos” (aún somos primitivos)…: no estamos equivocados en sentir que hay Algo Más Grande.

Simplemente esa sensación, ese misterio que es la Vida: “Algo Más Grande”.

Sí que hay Algo Más Grande que nosotros: el proceso de la Vida que desde siempre nos acuna… que nos fabricó como Luz que desea extenderse en sus creaciones…, que nos fabricó como Relación Intachable…, y que garantiza la continuidad de esa vida eterna que cada cual ya es.

Sí hay Algo Más Grande, entonces, y siempre hemos tenido la perspicacia sobre ello, pues está “celularmente” impresa en nosotros.

Pero, como vemos, a partir del momento en que asociamos a eso Más Grande lo “malo” o todo lo “malo” que (así lo interpretamos) hallamos en nuestra experiencia (todo lo incontrolable y que se opone a la comodidad de nuestros cuerpos o planes físicos), entonces, ese Algo Más Grande queda teñido aparentemente para siempre, desde el fondo de nuestra mente… de nuestro propio sentido de “maldad”, simplemente por nuestras proyecciones sobre Ello.

Le echamos la culpa a la Vida, al Universo, a Dios…, a lo que sea que nombremos como Lo Más Grande que nosotros.

Y sigue:

«Esto evolucionó hacia el pensamiento de que ellos eran los elegidos de una deidad enojada. De ahí en adelante los nativos quisieron no “enfadar a los dioses”. Así que desarrollaron rituales para aplacarlos y pacificarlos.

» Más adelante estas ideas primitivas dieron lugar a una mayor comprensión de la naturaleza, pero no era fácil deshacerse de la superstición.

» Los sistemas de creencias ya se habían construido, y cuando la concluyente evidencia física de cómo funcionaba el mundo las desmintió, simplemente las ajustaron para adaptarlas al nuevo conocimiento.

» Al final, surgieron las religiones organizadas, y muchas de estas instituciones -en particular aquellas que promulgaron doctrinas de superioridad y exclusividad– alentaron la percepción de un Dios enfadado que quería las cosas de una manera, la Suya, y a quien tenían que apaciguar y aplacar.

» Así, la venganza y la violencia se convirtieron en características Divinas, de las que se habla en muchas Escrituras Sagradas, como hemos mostrado gráfica y repetidamente en este diálogo.

» Y ya sea que las religiones de esas Escrituras efectivamente estimulen o no la violencia, muchos de sus seguidores han estado dispuestos a creer que sí lo hacen, pues en tales creencias yace su justificación para hacer cosas injustificables y decir que hacen justicia.

» — Todavía no lo entiendo [le dice Walsch a la voz]. A medida que los seres humanos evolucionaron y se volvieron cada vez más y más sofisticados en su comprensión de la naturaleza y la vida y cómo funcionaba todo, seguramente podrían haber abandonado la idea de que la violencia era “natural” y, por consiguiente, correcta. ¿Cómo pudieron continuar creyendo eso?

» Porque esta creencia está basada en otras creencias, creencias subyacentes que nunca han sido seriamente desafiadas.

» Estas son creencias fundamentales, inculcadas a la sociedad tan precisa y seguramente como la violencia masiva es inculcada en vuestra sociedad de hoy.

» El Mito de la Creación de casi cada cultura humana cuenta, de una forma u otra, una historia de una Deidad enfadada que se separa a Sí Misma de los humanos con una perorata sobre la incapacidad de estos para hacer lo que Él ha pedido.

» Para reforzar el mensaje, las escrituras de casi cada religión importante contienen pasajes que describen vívidamente nuevos actos de ira y violencia de un Dios iracundo.

» La ilusión de desunión e indignidad -la idea de que toda la vida está separada, en vez de intrínsecamente unificada, y de que los humanos son inherentemente malos- es la causa de conductas disfuncionales y violentas.

» Los humanos actúan violentamente porque creen que están solos -que, al final, están aislados- y que deben hacer lo que sea para preservar, proteger y defenderse en un mundo lleno de maldad.

» ¿Y qué es ese “yo” que deben defender? Obviamente, el cuerpo. Eso es lo que piensan. Y así, la supervivencia del cuerpo se convierte en el principal motivador de los humanos, y en cuanto sienten que la seguridad, estabilidad o supervivencia de sus cuerpos está amenazada, atacan a otros en defensa del yo que creen que son -y dicen que lo hacen en defensa propia.

» Como has visto a otros cuerpos como el tuyo hacer lo que llaman “morir”, piensas que tú también puedes morir, así que haces todo lo posible por evitarlo -porque crees que si mueres será tu fin. Tu observación de que tu cuerpo puede “morir” -es decir, dejar de funcionar- es correcta, pero no lo es el pensamiento de que tú eres tu cuerpo.

» Aquí es donde está tu confusión, aquí es donde se origina tu miedo, y esta es la fuente de todo el horror que habéis creado colectivamente y que habéis experimentado en conjunto, en vuestra vida en la Tierra.»

XII. Un curso de amor, D:Día16

Como en realidad solo el amor existe, ni siquiera podríamos decir que existen dos “emociones”: amor y miedo (pese a que el primer curso de milagros empleó ese recurso al principio).
Ahora, se nos aclaran más las cosas, por ejemplo porque en el curso de amor podemos hablar claramente de los sentimientos como algo distinto de las emociones.
Al decir que “solo hay dos emociones”, corremos el “peligro” de ponerlas en el mismo plano, de comparar dos cosas incomparables (este es siempre el peligro, comparar el amor con el miedo, como ya sabemos)… y eso no sería del todo apropiado.

En este capítulo explica esto, al hablar de nuestros sentimientos.
Y es que el miedo, como dice este capítulo, es simplemente una respuesta a un sentimiento que tenemos.
Ningún sentimiento es malo, simplemente ES (ya que solo el Amor existe).
Podríamos decir que son “neutrales”.
Solo nuestras RESPUESTAS son lo que hace “bueno” o “malo” a un sentimiento, nuestras respuestas interpretativas (no las respuestas de ese Corazón que ya somos desde siempre).
Así, en vez de quedarnos siendo espacio, siendo consciencia (amor)… es decir, en vez de “no responder por nuestra cuenta”… en vez de SER NOSOTROS LA RESPUESTA que YA ES desde siempre (vida eterna)… nos dedicamos a dar sentido por nuestra cuenta a las cosas, “mentalmente”, desde nuestra mente interpretativa –que, como ya sabemos, es lo que hacíamos casi siempre.

Así interpretamos los sentimientos, y así empezamos a vivir en “la dualidad” o la “matrix” creada por nosotros mismos con nuestros propios sentimientos rechazados o expulsados.

Pues esta dualidad la fabricamos así:

– por un lado al RECHAZAR sentimientos.

Ese rechazo es lo que terminará fabricando ENFERMEDAD.

El curso de amor usa ahora esta palabra, “rechazo”, para el caso de los sentimientos que, no habiéndolos admitido, nos sirven para de cierto modo culparnos A NOSOTROS MISMOS, no a los demás, por alguna situación lamentable de la vida.
Esto provoca una manifestación física, y por tanto algo “exterior” a Nosotros Mismos (a nuestro verdadero ser), pues el cuerpo, como sabemos, es exterior a Nosotros Mismos, a nuestro Corazón, al Corazón que cada uno es como centro invisible del ser…, tal y como lo ha definido el curso de amor:

«Los sentimientos rechazados son aquellos de los que te culpas a ti mismo. La enfermedad es la forma en que se manifiestan los sentimientos rechazados.»

Así que el rechazo provoca lo que llamamos “enfermedad”, que el curso aquí simplemente define como “sentimientos rechazados”.

– por otro lado, la dualidad se fabrica EXPULSANDO sentimientos.

Y el capítulo lo explica así:

«Los sentimientos EXPULSADOS son proyectados fuera del cuerpo. Se trata de sentimientos no deseados, de los que se culpa A LOS DEMÁS. Estos se manifiestan en tus interacciones con el mundo, y adquieren forma en las acciones de los demás, o en los momentos en que las acciones de la naturaleza o los accidentes parecen frustrar los planes, o en los “problemas” o crisis de todo tipo. Estas manifestaciones también suceden para probarte lo que crees que sabes: que son los demás, o el mundo en general, quien tiene la culpa del lamentable estado de tu vida.»

En este caso, como vemos, el mundo nos representa todos los sentimientos EXPULSADOS, con los que pretendemos culpar a “los demás” y a “lo demás”.

Y el cuerpo enfermo (en el primer modo de “fabricar dualidad”) nos presentaba todos esos sentimientos RECHAZADOS con los que pretendemos culpar a ese “otro” ficticio que es nuestro “pequeño yo” (esa división de nosotros mismos que divide nuestro ser, nuestro yo)…, y que es el yo personal separado ilusoriamente de nuestro Yo verdadero (de nuestro Yo impecable, o “Yo en unidad”, o “Yo original”).

XIII. Un curso de amor, D:Día17

La consciencia de nuestra Unidad de Amor es algo muy viejo, nos cuenta este capítulo:

«La consciencia-de-Cristo, por tanto, precede al hombre llamado Jesús, y a la creación misma. Es tanto lo femenino como lo masculino, la “identidad” de Dios, o, en otras palabras, el Todo de Todo al que se le ha dado una identidad.»

Y vidas como la de Jesús o la de su madre son representaciones del poder de esa consciencia de la Unidad de Amor –o “consciencia-de-Cristo”, en el lenguaje de este curso.

Nuestros planetas están destinados a ser “agujereados espiritualmente” con representaciones perfectas del poder de lo original, es decir, de esa consciencia-de-Cristo que nos acuna desde siempre…, y que es más vieja y a la vez más nueva que “nosotros”.

Lo que por tanto crea esos “agujeros blancos” espirituales en nuestros planetas es, pues, la REPRESENTACIÓN de la PRIMERA VENIDA de tal consciencia-de-Cristo, de la primera venida de Cristo –la representación de lo original.

No es “la primera venida”, sino la REPRESENTACIÓN de la Primera Venida.

Es decir, la primera venida YA ES, pero sucede como si en estos planetas, en este tipo de creación, hubiera de ser representada perfectamente para que realmente nos enteremos de que estamos acunados por esa infinita sabiduría desde siempre.

Esa representación de la primera venida fue hace unos dos mil años. Ella da el pistoletazo de salida para la segunda venida de Cristo. Esta “segunda venida” es lo que está todo el rato el curso describiéndonos para facilitarla: es el movimiento que haremos aquí de CONSERVAR finalmente la consciencia-de-Cristo en las formas.

Jesús y María representaron ese poder perfectamente, pero no podían obligar a nadie a conservar la consciencia-de-Cristo todo el rato, sino que podían mostrar el camino –DOS CAMINOS, el de Jesús y el de María, como nos cuenta en este “Día 17”.

Es decir: al conservar la consciencia-de-Cristo en las formas representaremos constantemente aquí el poder completo de la consciencia-de-Cristo, para que esta pueda realizarse plenamente en esta “segunda venida” que todos “haremos”.

Así que NO se trata de que “Cristo”, la consciencia-de-Cristo, haya estado por vez primera en la Tierra hace unos dos mil años. Lo que sí “pasó” es que ha sido representado perfectamente EL PODER DE LA CONSCIENCIA-DE-CRISTO, en esta tierra, en las vidas de Jesús y de su madre María (como nos cuenta este capítulo).

Y además, dice esto:

«El tiempo de Cristo y la segunda venida de Cristo son expresiones destinadas a simbolizar la finalización del ciclo del nacimiento, muerte y re-nacimiento como un medio de llegar a conocer.»

Entonces, lo que nosotros haremos en las formas es ser símbolo constante y viviente (creativo, pues anclamos lo nuevo al conservar la consciencia-de-Cristo en las formas)… ser símbolo, decíamos… de que ha finalizado un tipo de proceso que utilizábamos como medio de “llegar a conocer”. Este proceso es el que aquí llama: “el ciclo del nacimiento, la muerte y el re-nacer” –el renacimiento otra vez en un cuerpo.

Lo que simboliza y muestra la vida de Jesús es que, para re-nacer, ahora podemos elegir la RESURRECCIÓN. Es decir, para renacer, podemos resucitar en vez de elegir otra vez creernos la separación con respecto al Origen. Y de cierto modo esa resurrección no nos privará de nada, de las formas físicas… de las alegrías físicas…, sino que nos establecerá en otra relación con ellas.

Eso es lo que quedó expuesto, como símbolo cósmico, en la resurrección de Jesús: NO NECESITAMOS VOLVER A NACER DE LA CARNE (somos libres, no somos un cuerpo, seguimos siendo tal y como Dios nos creó).

Ese proceso biológico es el proceso que, claro está, hemos usado durante tanto “tiempo” (“tiempo” en la esfera del alma), para que “Dios”, como conocimiento pleno, se re-conozca a sí mismo en las formas…, se “experimente” en estas tierras a través de la realización de nuestra experiencia y de nuestro sentir en las relaciones del mundo relativo.

Es decír, nuestro ser, como absoluto, es decir, como fragmento inefable del Absoluto (como Relación ya plena de Conocimiento)…, nuestro ser como algo creado por Dios…, se desintegraba literalmente para venir a las formas, y se metía en este proceso o programa de nacer en el tiempo lineal-biológico para intentar RECORDARSE.

Este programa o proceso ya sabemos cuál es: es un cuerpo que crece tras salir de otro, y que muere tras haber visto más o menos “a Dios” en las relaciones establecidas con sus semejantes y con el universo… realizando así este proceso o ciclo concreto como medio de “llegar a conocer” –el proceso que terminaba aparentemente con la muerte pero que sigue en un re-nacimiento en otro cuerpo.

Entonces, para resumir: esas dos representaciones perfectas de la primera venida (Jesús y María) las hemos pedido aposta como gigantescos anuncios cósmicos, anunciando que aquí vamos a venir todos como “Cristos” y como “Marías” 🙂 –decimos que “nos las hemos pedido” porque nada sucede “por casualidad”.

Esas dos representaciones, pues, son simplemente el pistoletazo de salida para trascender ya este tipo de existencia –o de relación con lo físico– a la cual estamos tan aferrados como “almas”: “nacer biológicamente”, en este más o menos dramático conjunto de sacrificios y de sufrimientos que ahora parecen requerirse en esta civilización tan demente por miedosa…, para poder siquiera vivir, o criar a los nuevos seres humanos, etc.

Este final parece que ya toca, que ya lo hemos pedido, aunque en general lo vayamos a constatar poco a poco y quizá con altibajos.

 

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