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imagen florÍndice:
I. Conversaciones con Dios, I, CCD1:4
II. D:Día18
III. Conversaciones con Dios, I, CCD1:8: ¿Por qué destrozamos las relaciones?
IV. Un curso de amor, D:Día19
V. T2:2
VI. T2:3
VII. D:Día20
VIII. D:Día21
IX. La evolución
X. D:Día22
XI. T2:4
XII. T2:5
XIII. D:Día23

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I. Conversaciones con Dios, I, CCD1:4 (enlace al PDF del primer libro)

En definitiva, esto que estamos haciendo aquí en estas tierras es algo tan divertido como esto: somos Dios que un día decidió que no basta con ser Dios, sino que hay que poder ELEGIR serlo. Para eso vinimos aquí, y para ello nos vino bien co-crear con Dios el “miedo” (“con Dios”, pues nada se puede hacer sin su presencia, ya que somos amor, somos la misma esencia que es Dios, amor). Y para ello, por tanto, creamos “dentro de Dios” el “miedo”… el miedo como bendita ficción opuesta a la Realidad de Dios.

O, lo que es lo mismo, somos VIDA que un día decidió que no basta con serlo, sino que deberíamos poder ELEGIR ser VIDA (para lo cual vendría bien inventar diversiones y montañas rusas mentales como es la muerte…, etc.).

O lo que es lo mismo, somos el Creador, que un día decidió que no bastaba con serlo, sino que quería poder ELEGIR ser CREADOR, para lo cual venimos aquí, todos, en comandita, habiendo creado la inmensa ficción de unos mundos impresionantes que parecen poder hacernos cositas e imponérnoslas a nosotros como “desde fuera”…, con sus preciosas leyes naturales y todo.

Es tan aburrido simplemente serlo TODO… que necesitamos experimentarlo, no solo SERLO… necesitamos experimentar que ya somos TODO pero así como “desde fuera”, pudiendo ELEGIRLO.

Nuestra nueva Diosa, como vemos, es pues la ELECCIÓN 🙂

Y así es como parece que crecemos… y crecemos sin fin… con y en ese CONOCIMIENTO que ya somos, y con la complementaria EXPERIENCIA que venimos como a rellenar de SER y de más SER…, de LUZ y de Conocimiento… y hacia el Supremo Sentir y el Supremo Ser de la creciente reunión de ambos -experiencia y conocimiento- en la bendita GLORIA de NUESTRO CENTRO de todos los centros, Origen de los orígenes.

Qué maravilla.

Ese tipo de cosas están “reveladas” por enésima vez a la humanidad, de sopetón, rápidamente, desde el principio de la revelación de Walsch, maravillosa.

Y nosotros estamos yendo con Un curso de amor hacia el mismo sitio… aunque con algunos detalles maravillosos y con un acompañamiento exquisito que nos intenta acompañar por la vida normal y corriente para que siquiera al menos en esos ratos de lectura dejemos de creer en el sacrosanto APRENDIZAJE, en la sacrosanta necesidad de las LECCIONES.

El aprendizaje, como insidioso patrón habitando dentro nuestro…, dice: no podrás SER o ESTAR de tal modo, a no ser que pase esto o lo otro de más allá para que puedas aprender esto o lo de acullá; no podrás SER esto a no ser que perdones esto otro, etc. etc.

Este “patrón del aprendizaje” es el gran aliado del otro gran esquema “mortal”: el tiempo, y todo para ahora servir a ese otro gran montaje que los humanos parecemos haber construido dentro de este ciclo de vida y muerte aparente: el gran montaje de la “idea del sufrimiento”.

Esos patrones son grandes distorsiones que hemos impuesto a la idea y al propósito del verdadero aprendizaje y del tiempo.

Nosotros mismos nos lo decimos (“eh, necesitamos tiempo”)…, y… voilà… lo creamos: se nos da tiempo para que sigamos más o menos “sufriendo” la carencia que deseemos –que se verá muy justificada por las circunstancias del universo, de la sociedad, etc., que nos rodee en ese momento (crisis, etc.)… o bien por lo que le vaya a pasar a nuestro cuerpo, con algunas enfermedades, etc.

Nos lo decimos… y normalmente sin palabras: “eh, universo, que necesito tiempo para poder ser feliz, tener paz, ser abundante…”.

Y el universo nos da tiempo intermedio, tiempo en el estado intermedio ilusorio que tanto nos gusta disfrutar todos juntos en la ilusión aparentemente autodestructiva de este mundo que ama tanto la complejidad… tan rebosante de humanidad atemorizada.

Así que ahí estamos o estábamos: en un estado intermedio entre ese TODO que ya somos, y esa NADA REAL que creemos que nos podría realmente devorar.

En eso parece pues que consiste la distorsión de “la educación” mal entendida en nuestra civilización: en aprender a adorar e integrar dentro nuestro lo peor del mundo “adulto”… lo que tan a gusto nos metimos de nuevo a asimilar, en otra vida más, en este simulacro de infierno:

– el Dios del PARA: “niño, niña: PARA poder ser así o asá…, tendrás que APRENDER esto o lo otro, con mucho esfuerzo/sacrificio/sufrimiento”…

– o nos metimos a integrar el Dios de las limitaciones sin freno, con el que pudimos dejar de creer en la esencia de nosotros mismos, y así pasamos a creer en la necesidad del sufrimiento.

Así que el universo nos responde “dándonos” nuestra voluntad, pues la “voluntad de Dios”, es decir, la de la Vida, es nuestra propia voluntad…, ya que no hay separación, y somos creadores a partir de lo que pensamos/sentimos, decimos, y hacemos (es decir, en lenguaje tradicional: “el Padre creó al Hijo a su imagen y semejanza”).

Así, nosotros mismos creamos nuestras vidas…, y ello lo hacemos aún anclados profundamente en ese “patrón del aprendizaje”, es decir, aferrados al “esfuerzo” o a la “lucha”…, a que nos cueste un tiempo llegar a SER algo (llegar a ser lo que en realidad ya somos).

Esa semilla de lo que ya SOMOS, en realidad solo nos pide que la expresemos… que la nutramos… que creemos (de “crear”)… y que, a ser posible, en ello nos apuntemos a crear realmente lo nuevo (y no solo a cosas como a la mentalidad de pensar en: “a ver qué CONTRIBUCIÓN tienen que realizar nuestras creaciones” en vistas a lo que se necesita por aquí o por allá).

En esta realidad terrestre, la aventura del sufrimiento ha estado muy bien mientras duró en nuestra querida vieja Era; ha sido nuestra creación.

Pero ahora parece que decidimos ir pasando página…, y estamos de hecho entrando del todo en “la nueva era”… en lo que el curso de amor llama constantemente “el tiempo de Cristo”.

Esto mismo que decimos aquí sobre el aprendizaje se aborda de otra manera, muy directamente, en la revelación de Walsch, y desde su mismo principio, en Conversaciones con Dios I.

Se trata de desaprender la necesidad de aprender, pues lo único que hay que “aprender” es a crear un nuevo estado, un estado que en Un curso de amor se llama “estado de unidad”.

Ya no hay necesidad de tener necesidades, es decir, necesidades basadas en la creencia en que la carencia es real.

Es tiempo de simple gozo en la expresión de la Unidad más allá de las formas, tiempo de creación… utilizando nuestras ilusiones (entre ellas las necesidades) para esa expresión.

Así, en el capítulo cuatro de Conversaciones con Dios I, esa voz que habla “con Walsch” y que lleva “hablando” a la humanidad durante eras y eras (la voz que es nosotros mismos en Unidad y en comunión más amplia con nuestro Origen)… la voz… da incluso “la receta de la creación”, que comento un poco:

«La vida es una creación, no un descubrimiento.»

Ni un aprendizaje, como ha dicho antes. Y sigue:

«No vives cada día para descubrir qué te espera ese día, sino para crearlo. Estás creando tu realidad cada minuto, probablemente sin saberlo.»

Como sabemos, toda “espiritualidad” (curso de milagros, etc.), es para recobrar la consciencia de ser creadores, en la vida normal…, para recobrar cierto sentido de la responsabilidad, al 100%.

Entonces, ¿cómo es que la vida es creación?

Sigue:

«He aquí el cómo y el porqué:
1. Yo os he creado a imagen y semejanza de Dios.
2. Dios es el creador.»

Es decir: somos creadores, y punto.

«3. Sois tres en uno. Puedes llamar a esos tres aspectos del ser como quieras: Padre, Hijo y Espíritu Santo; mente, cuerpo y espíritu; superconsciente, consciente y subconsciente.»

Como explica en otros lados de forma sencilla…: subconscientemente, por ejemplo, hacemos que nos lata el corazón; es decir, que como un regalo perfecta y benditamente “programado”, tenemos ya ese latir, que viene como desde “la parte subconsciente de la Mente”…, y así, no tenemos que pensar constantemente en ello con el “Consciente” –ya que nos agotaríamos.

O también, por ejemplo, “superconscientemente” podemos elegir crear o co-crear en ese nivel “del alma” algunos eventos que luego con el consciente nos sorprenden: la propia “muerte” de uno mismo, por ejemplo, como parada del actual cuerpo físico para pasar a otra aventura… o un accidente, etc.

Y entonces:

«4. El proceso de creación procede de estas tres partes de vuestro cuerpo. Dicho de otro modo, creáis a los tres niveles. Las herramientas de creación son: el pensamiento, la palabra y la obra.
5. Toda creación se inicia con el pensamiento (“Procede del Padre”). Toda creación pasa después a la palabra (“Pedid y se os dará, hablad y se os hará”). Toda creación se completa en la obra (“Y el verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”).
6. Aquello que pensáis pero no decís crea a un nivel. Aquello que pensáis y decís crea a otro nivel. Aquello que pensáis, decís y hacéis se hace manifiesto en vuestra realidad.
7. Pensar, decir y hacer algo, si no creéis verdaderamente en ello, es imposible. Por lo tanto, el proceso de creación debe incluir la creencia, o el conocimiento. Este es fe absoluta. Está más allá de la esperanza. Es conocimiento de una certeza (“Por vuestra fe seréis sanados”). En consecuencia, la parte activa de la creación incluye el conocimiento. Se trata de una claridad esencial, una certeza total, una completa
aceptación de algo en tanto realidad.
8. Este nivel de conocimiento es un nivel de intensa e increíble gratitud. Es un agradecimiento por adelantado. Y quizás sea esta la clave más importante de la creación: estar agradecido antes de, y por, la creación. Esta actitud de darla ya por hecha no es algo que haya que perdonar, sino algo que hay que alentar. Es un signo seguro de la cualidad de Maestro. Todos los Maestros saben por adelantado que la obra se ha realizado.
9. Celebra y disfruta de todo lo que creas y has creado. Rechazar cualquier parte de ello significa rechazarte a ti mismo. Sea lo que sea lo que se presente como parte de tu creación, poséelo, reivindícalo, bendícelo, agradécelo. Procura no condenarlo (“¡ maldita sea !”), puesto que condenarlo significa condenarte a ti mismo.
10. Si hay algún aspecto de tu creación del cual veas que no disfrutas, bendícelo y simplemente cámbialo. Elige de nuevo. Provoca una nueva realidad. Piensa una nueva idea. Pronuncia una nueva palabra. Haz algo nuevo. Hazlo con magnificencia, y el resto del mundo te seguirá. Pídelo. Exígelo. Di: “Yo soy el Camino y la Vida. Sígueme”.
De este modo se manifiesta la voluntad de Dios, “así en la Tierra como en el Cielo”.»

Entonces, Walsch le pregunta:

«– Si es tan sencillo como eso, si todo lo que necesitamos son esas diez etapas, ¿ por qué no es así para la mayoría de nosotros ?

» Sí es así, y para todos vosotros. Algunos de vosotros utilizáis el “sistema” conscientemente, con pleno conocimiento, y otros lo utilizáis inconscientemente, sin saber siquiera lo que estáis haciendo.
Algunos de vosotros camináis despiertos, y otros sonámbulos.
Pero todos vosotros estáis creando vuestra realidad – creando, no descubriendo -, utilizando el poder que os he dado y el proceso que acabo de describir.

» Así pues, me has preguntado cuando “despegará” tu vida, y te he dado la respuesta.
Harás que tu vida “despegue” cuando, primero, logres pensar en ella con suma claridad.
Piensa en lo que quieres ser, hacer y tener. Piensa en ello a menudo, hasta que lo veas muy claro. Entonces, cuando logres dicha claridad, no pienses en nada más. No imagines otras posibilidades. Disciplina tu mente para que mantenga con firmeza el pensamiento creador original.

» Cuando tus pensamientos sean claros y firmes, empieza a hablar de ellos como verdades. Grítalos fuerte. Utiliza el gran mandato que hace surgir el poder creador: yo soy. Afirma “yo soy” a los demás. “Yo soy” constituye la más poderosa afirmación creadora del universo.
Sea lo que sea lo que pienses, sea lo que sea lo que digas tras las palabras “yo soy”, eso pondrá en movimiento dichas experiencias, hará que surjan, las llevará a ti.

» No hay ningún otro modo de que el universo pueda funcionar. Ninguna otra ruta que pueda tomar. El universo responde al “yo soy” como un genio en una botella.»

Y a esto Walsch le objeta a la voz:

» — Dices “Libera toda duda. Rechaza todo temor. Descarta todo pesimismo”, como si dijeras “Póngame una barra de pan”. Pero todo esto resulta más fácil de decir que de hacer. “Desecha todos los pensamientos negativos de tu construcción mental” podría ser también “sube al Everest antes de almorzar”. Se trata de una orden excesivamente grande.

» Canalizando tus pensamientos, ejerciendo un control sobre ellos, no es tan difícil como parece. (Y en este sentido, tampoco lo es subir al Everest.) Es cuestión de disciplina. Es cuestión de proponérselo.
El primer paso consiste en aprender a vigilar tus pensamientos; a pensar sobre lo que piensas.
Cuando te sorprendes a ti mismo teniendo pensamientos negativos – pensamientos que nieguen tu más alta idea de ti mismo -, piensa otra vez. Quiero que lo hagas literalmente.
Si piensas que estas abatido, hecho polvo, y que de ahí no puede salir nada bueno, piensa otra vez. Si piensas que el mundo es un lugar malo, lleno de acontecimientos negativos, piensa otra vez. Si piensas que tu vida se rompe en pedazos, y te parece que nunca la podrás recomponer, piensa otra vez.
Puedes entrenarte en hacer esto. (¡ Fíjate en lo bien entrenados que estáis en no hacerlo !)»

II. Un curso de amor, D:Día18

En este capítulo se habla de las dos vías complementarias, simbolizadas por Jesús y por María. Son las dos maneras de expresar el poder de la consciencia-de-Cristo, es decir, de la consciencia interior de nuestra Unidad de Amor –la consciencia crística.
Una es la vía de María; la otra vía queda simbolizada por la vida ejemplar de Jesús, su hijo:

«María representa la relación que ocurre dentro, y Jesús la relación que tiene lugar con el mundo.»

Jesús es diríamos la “expresión”, en su sentido diríamos más normal. Pero es una expresión, como dice este capítulo, que se da para demostrar que la dualidad es un mito.

Y María demuestra la verdad de la unión. Su vía diríamos que es la manera final, el camino que todos tomaremos al final, la vía que todos acogeremos… donde todos reposaremos para traer el paraíso a las formas en esta tierra.

Pero:

«Tanto si demuestras el mito de la dualidad o la verdad de la unión, estás demostrando la misma cosa.»

Si seguimos el camino de Jesús, su manera, su vía, su “método”… debemos ser Nosotros Mismos “sin complejos”; tenemos que expresar nuestro verdadero Ser, caiga quien caiga… individuándonos sin complejos entre los muchos una vez hemos reconocido a “Dios dentro” (que como sabemos es lo mismo que reconocer a nuestro verdadero Ser).

Es una manera de mostrar los sentimientos que de cierto modo se centra en el afuera para así LLAMAR a ese afuera hacia dentro, para LLAMARNOS a nosotros, de cierto modo perdidos en el AFUERA… hacia adentro.

Las demostraciones milagrosas de Jesús tienen ese sentido: Dios (como proceso verdaderamente global de lo que la VIDA es), Dios… se ha abierto camino a través del canal llamado Jesús, de ese evento de dimensiones cósmicas… para poder llamarnos “desde fuera” (con esos milagros apoteósicos basados en “el afuera de los cuerpos”)… llamándonos hacia la relación santa o sagrada que ya somos todos desde siempre con el Creador (amor), y con los demás (creados por el mismo amor)… y para que así podamos crear lo nuevo (pues siempre hemos sido co-creadores con Dios, pese a que en el primer curso de milagros haya tenido que poner tanto énfasis en la separación entre el amor que nos creó y nuestras ilusiones de miedo, que nos sirven para que podamos elegir “ser Dios” (no solo serlo y ya está)).

Si seguimos la vía de Jesús, vamos a “decir nuestra verdad” y a “ser la verdad” que ya somos desde nuestro origen… en coherencia de ser, de palabra, de acción y de pensamiento… viviendo desde la relación interior de la Unidad en todo momento…, para que esa Unidad de ese profundo “Único Ser” que realmente somos todos en relación pueda brillar entre los muchos (con milagros)…, y para que cada uno de los muchos pueda ver atisbos de su verdadero brillo individual dentro del Ser Uno, del Yo Único, al aceptarse en una versión más grande.

La vía de María es algo quizá más difícil de expresar en palabras, pues ¿qué es eso de representar una relación?

¿No es eso mismo lo que hace Jesús? No sería lo mismo, no tan directamente.

Jesús –o muchos “Maestros” y “Maestras” en general–… Jesús… es cierto que “vibra” en esa única relación santa que ya somos con todos…, intuyendo los verdaderos “planes” de cada alma, intuyendo cada camino personal… uniéndose a cada vibración del otro y acogiendo la vibración más personal del que tiene enfrente… aceptando pues realmente el milagro de la vida en un sentido más profundo de la palabra “vida”.

Pero la vía de Jesús es acción, y no tanto quizá se trata de exponer directamente la relación en tanto que relación.

La vía de Jesús se dirigía a la acción, aunque a una acción extraña, digamos, al estar basado en Dios.

Por eso, como decíamos, su vida estaba cargada de milagros que demostraban fehacientemente que todas esas cosas con las que nos identificamos tan férreamente (cuerpos, sistemas sociales de gobierno, etc.), están en realidad fuera de Nosotros Mismos.

Así, la “acción” de Jesús como canal abría paso a nuestro apetito por crear lo nuevo…, abría espacio para lo realmente nuevo, para el cambio real…, para sacudirnos de los hombros el peso del miedo al cambio real, el miedo a aceptar ese Origen real de nuestro ser, un Origen que sí que nos puede sacar del ciclo actual (con el que nos podemos sacar de ahí, a nosotros mismos).

La vía de María es la de cierta “interiorización”, para anclar lo nuevo. Es la vía del gozo en la relación por la mera relación, y de mostrar y enseñar eso, demostrando los sentimientos de esta manera digamos más interiorizada. Es la vía del nuevo tiempo que llega.

Este breve capítulo dice esto:

«Otra manera de hacer esto [la vía de María, no la de Jesús] es la encarnación a través de la relación, en la cual es la relación, en vez del yo individuado, lo que se convierte en lo conocido. Ambas vías son vías de creación. Cuando se muestran los sentimientos, o se hacen visibles, se crea lo nuevo. Esta siempre ha sido la vía de la creación.»

Así caracteriza el curso a la vía de María, aunque va a decir más cosas en el siguiente capítulo.

Este camino de María es hacer conocida la relación, no tanto el yo individuado.

E insistiendo en esa complementariedad:

«Para que el paraíso que se ha reencontrado pueda recrearse para todos, deben convertirse en conocidos tanto el yo como la relación del yo con todo.»

La labor de canal de Jesús (un canal abierto a su Yo espiritual eterno) tuvo sin remedio que ser eso, una “vida ejemplar”, en tanto que es una vida que hace que sea conocido otro tipo de individuación del yo…, una individuación de alguien que como Jesús se individúa plenamente pero anclándose en el Origen, en Dios.

Así, como vida ejemplar, es como si hubiera hecho eterna una personalidad al cumplir hasta el final la idea que Dios tenía para ella. Y recordemos que idea y creación en este caso son lo mismo: Dios nos crea pensándonos perfectamente… como pensamientos Suyos…, de amor… y lo único que hacemos es “aprender” a sintonizarnos con esa idea, y de cierta forma “aprendemos” a llevarla a cabo en los patios de juego de la creación.

Jesús es el nombre del evento de la individuación plena de una personalidad que se ancla en el Todo de Todo, en Dios, para individuarse entre los muchos y abrir posibilidades entre los muchos, demostrándoles en carne y hueso lo que realmente son esos “muchos” aparentemente separados, demostrándoles el Ser Uno, individuando el Ser Uno, el Único Ser, entre los muchos.

Jesús hace conocido al Ser Uno como Individuo (con mayúsculas), representando así la verdad de la Unicidad, representando el verdadero Ser en una vida ejemplar “de acción”.

María hace conocido al Ser Uno como Relación, representando así la verdad de la Unicidad como relación.

III. Conversaciones con Dios, I, CCD1:8: ¿Por qué destrozamos las relaciones?

¿Por qué destrozamos las relaciones?

Lo podemos entender así: las destrozamos porque albergamos dentro este esquema mental: “si esto, entonces lo otro”.

El caso particular quizá más importante donde vemos los efectos que este esquema mental tiene en nuestras vidas, es cuando este esquema se traduce en lo siguiente:
“SI otros me aman, ENTONCES seré alguien digno de ser amado, y por tanto ENTONCES me amaré a mí mismo”.

Y bien, como ya sabemos, si no nos amamos a Nosotros Mismos, no podemos amar a “otros” (ya que en realidad nadie está separado de nadie).

Un caso quizá aparte, que nos daría mucho que hablar, sería el de los hijos o los alumnos…, ya que en este caso el DAR y el RECIBIR están oportunamente desequilibrados. Se espera que el papel de los padres (o abuelos, tutores, facilitadores o profesores, más o menos apoyados por los recursos de toda la sociedad), sea el de dar y dar sin parar… más y más amor… pero en forma de LIBERTAD, de confianza y de consciencia…, de honestidad sincera desde el corazón que comparte esa confianza en el compartir…, y de responsabilidad desde el corazón para hacerse cargo de las situaciones que conlleva dar tal confianza en el compartir (dar eso a los hijos/alumnos/pupilos, pues la esencia del amor es la libertad y la aceptación que conlleva esa sagrada triada bien entendida de la consciencia, la honestidad y la responsabilidad como respuesta del corazón compartido que somos).

Y ahora, por cierto, estos roles no son quizá muy apoyados, en muchas ocasiones, ya que parece que no tenemos mucha cultura que nos diga que el AMOR es esencialmente LIBERTAD y aceptación.

Entonces, comentando un pedazo del capítulo 8 de Conversaciones con Dios, podemos hablar un poco más sobre esto:

« Muchas personas cometen el error de tratar de amarse a Sí mismas a través de amar a otro. Por supuesto que no se dan cuenta de lo que hacen. No se trata de un esfuerzo consciente, sino de algo que tiene lugar en un nivel muy profundo de la mente, en lo que llamáis “subconsciente”.»

Claro, hemos aprendido y hemos hecho subconsciente ese patrón de respuesta ante la vida… a partir de esa separación con respecto a Nosotros Mismos (de esa inautenticidad aprendida o actualizada en estas vidas a través de mucha represión de las emociones cuando éramos pequeños…, a través de mucha “mala gestión emocional”…, etc.).

«Piensan: “Si puedo amar a otros, ellos me amarán a mí. Entonces seré alguien digno de ser amado, y por tanto me amaré a mí mismo”.»

Como ya dijimos antes.

Y sigue:

«El reverso de esto es que muchas personas se odian a sí mismas porque piensan que no hay nadie que les quiera.»

Lo primero era: “si puedo amar a OTRO, me amará; y solo si me AMA seré digno de ser amado, y me amaré”.

Y entonces, si todo depende de que algún “otro” me ame, me tengo que odiar necesariamente si veo que no me demuestran bien su amor, ya que solo así puedo amarme.

Esto parte de que nos sentimos vacíos, como ya sabemos y como veíamos en el curso de milagros. Nos sentimos en realidad como una mierda… nos sentimos en el fondo siendo “un regalo de mierda” para “el otro”…, y sentimos que ahí en la relación en realidad no podemos incorporar nada bueno… sentimos que no tenemos nada que dar realmente, nos sentimos lo contrario de un regalo. Y desde ahí, en el fondo, todo va a tratarse de la utopía de querer intercambiar ese vacío, ese regalo de mierda…, haciendo tratos y contratos…, trueques y regateos.

Entonces, dicho otra vez, rápidamente:

– “solo puedo amarme si otro me ama”.

– Y, “como voy a comprobar que en realidad nadie me ama…, entonces lo único que queda es odiarme”, lógicamente.

Así que en cualquier caso me odiaré, usando el reverso del primer “si esto, entonces lo otro”.

Su reverso es, como vimos: “si nadie me ama, entonces me odio”.

Es decir, mi “primer vacío” (y quizá muy subconsciente)… mi primer “odio a mí mismo”…, ese odio y ese vacío con el que en realidad entré en la relación y puse en la relación “sin querer”… ese odio que en realidad es lo que estaba poniendo en la relación “sin darme cuenta”… estaba bien justificado y requetebién justificado: “¿Ves? Nadie me ama… ¡Ay, qué odioso soy!.

Y el universo como siempre correrá presto a servirnos, a justificar nuestras creencias profundas creadoras… a justificar la creencia subyacente a ese “odio a mí mismo” (la creencia en la separación)…, pues se trata de que estamos aprendiendo a ser creadores…, a elegir serlo… y a elegirlo “a plena consciencia”… y entonces, no podríamos aprenderlo si se nos niegan las consecuencias de lo que creemos y sentimos (que somos vacíos y odiosos).

Así que en el universo puedo comprobar “perfectamente” (así lo crea mi perspectiva) que no hay nadie que realmente me quiera.

Círculo completo, historia terminada. C’est fini.

Aunque no todo se ha acabado… porque henos aquí de nuevo con otra fantástica oportunidad entre manos…, como siempre… otra oportunidad de “perdonarnos”… otra oportunidad para darnos cuenta -con toda el alma- de que SOMOS CREADORES…, es decir, otra genial oportunidad para hacer ese “trabajo introspectivo” (que no “lucha”)…, y ver qué es lo que realmente sentíamos cuando decidíamos en aquel entonces lo que decidimos… en cada decisión que tomáramos en cada una de las relaciones (al empezar, al mediar, al terminar…). Así quizá podemos sentir de nuevo incluso aquello que sentíamos cuando decidíamos lo que nos ha llevado a tal relación o a tal rotura… y así quizá podemos recordar bien, es decir, transmutar los recuerdos que eran interpretaciones en “memorias divinas” (utilizando ese canal de eternidad que somos y que nos coloca en ese tiempo que en realidad únicamente existe: Ahora).

Así que NO se trata de sentir remordimientos… pero sí ese arrepentimiento sano que nos sirve para aprender, en niveles más profundos, que somos seres que ELIGEN lo que creer y lo que valorar… que no hay nadie a quien culpar… que todo puede ser transmutado si nos ponemos en modo “canal”… y que dentro está el tesoro.

Y sigue:

«Se trata de una enfermedad [lo de que muchas personas se odian a sí mismas porque piensan que nadie les quiere]; este es el verdadero “mal de amores”, pues lo cierto es que SÍ hay otras personas que les quieren, pero no importa. No importa cuánta gente manifieste su amor hacia ellos; nunca es suficiente.»

Ya que para seguir en la inercia del ego, tenemos que proteger ese “AntiCristo” que tenemos dentro…, ese pensamiento de separación con respecto a nuestro verdadero Ser… es decir, con respecto a “Dios”, a la Vida.

«En primer lugar, [si les quieres] no te creen [no te creen que les quieras, los “enfermos” de los que hablamos ahora no te creen…, los enfermos del: “ay, nadie me quiere”, unos “enfermos” que hemos sido o somos casi todos aquí todavía]. Y entonces piensan que tratas de manipularles, que tratas de sacar algo de ellos. (¿Cómo ibas a quererlos por lo que realmente son? No, no, aquí debe haber un error. ¡ Seguro que quieres sacar algo ! Entonces ¿ qué es lo que quieres ?)»

Vemos ahí, en este discurso que la mayoría tendríamos inconscientemente… vemos ahí que vibra todo el “sistema de pensamiento del ego”: si alguien gana alguien tiene que perder… etc.

Y sigue:

«Se cruzan de brazos, tratando de comprender cómo alguien puede realmente quererles. Entonces, no te creen, y emprenden una campaña para hacer que se lo demuestres.»

Vemos pues el enfoque en el HACER, antes que en el SER:

“eh, si me quieres…, tienes que HACER algo concreto que yo te diga para demostrarlo —y casi siempre mejor ni siquiera decírtelo… no lo voy a decir, para estar más justificado”.

Esto parece muy típico en las relaciones, y mucha gente lo achacaría más a la posición “femenina” (debe haber muchos chistes al respecto).

Es como una actitud que dice: “eh, me tienes casi que leer el pensamiento para poder demostrar tu amor hacia mí con esos actos que yo secretamente sé que son los únicos que me podrían demostrar que tú realmente me quieres”.

Y sigue:

«Tienes que demostrarles que les quieres. Y, para hacerlo, pueden pedirte que empieces a cambiar tu conducta.»

Nos centramos de nuevo en el HACER… una vez más, e incluso honestamente le pedimos al otro que modifique su CONDUCTA para así poder creer que realmente nos quiere… aunque así, en realidad, lo que seguimos haciendo es tapar y tapar nuestros propios sentimientos (nuestro ser)…, para poder seguir rechazando o expulsando tales sentimientos (proyectando) de conflicto (la famosa “culpa”…, el simple conflicto entre nuestro verdadero Ser y quien creemos ser).

Y sigue:

«En segundo lugar, si finalmente aceptan que pueden creer que les quieres, inmediatamente empiezan a preocuparse acerca de cuánto tiempo lograrán mantener tu amor.»

Redobles… de taaamborrrrr… ¡porque hizo su aparición EL TIEMPO! El insigne asociado de su amada compañera LA PÉRDIDA.

El tiempo parece ser el gran ídolo con el que nos atemorizamos a nosotros mismos…, pues con su ayuda damos unas muy justificadas “respuestas mentales” (reacciones) a los sentimientos de nuestro ser… a nuestras creaciones… en vez de dejar que cada momento sea lo que es.

«Así, con el fin de conservarlo [de conservar ese amor que por fin le demostramos a él(ella), y tal y como él(ella) querían que se demostrara], empiezan a cambiar su conducta.»

Como vemos, ya nos hemos puesto tan nerviosos, a estas alturas, que una vez cambiada la conducta del “otro” a nuestro antojo… entonces… nosotros mismos nos ponemos a inventar historias sobre el hacer… sobre lo que hay que hacer o no hay que hacer…, de nuevo centrados en el HACER, en el miedo, en la pérdida, en el tiempo.

¡Qué locura de círculo vicioso! Pues como vemos se trata de una rueda que partía de la separación como idea mental… para seguir reforzando esa misma idea con ayuda de la imaginación (en la peor acepción de la palabra “imaginación”)… y con ayuda del tiempo y del miedo a la PÉRDIDA.

Y sigue:

« De este modo, dos personas se pierden a sí mismas -literalmente- en la relación. Inician la relación esperando encontrarse a sí mismas, y, en lugar de ello, se pierden a sí mismas. Esta pérdida de Uno mismo en una relación es lo que provoca la mayor parte de la amargura en estos emparejamientos.

» Dos personas se unen para compartir su vida, esperando que el todo sea más que la suma de las partes, y se encuentran con que es menos. Se sienten menos que cuando estaban solos. Menos capaces, menos hábiles, menos apasionantes, menos atractivos, menos alegres, menos contentos…
Y ello es así porque son menos. Han renunciado a la mayor parte de lo que son con el fin de tener – y conservar – la relación.»

Como vemos, hemos hecho un ídolo de la relación… es decir, otra separación artificial más…, pues como ya sabemos en el fondo solo hay una relación, ahí dentro…, todos con todos… y que pide ser expresada como tal, y gracias a que primero nos reunamos dentro con Nosotros Mismos… reencontrándonos con nuestro verdadero Ser (el realmente unido a la Vida)…, para que así este pueda “ver” la única relación en todo… y pueda vivir a partir de ella en toda situación, “viviendo en unidad y relación”, como dice Un curso de amor.

«Las relaciones nunca han tenido por qué ser así. Pero así es como las han experimentado la mayoría de las personas que conoces.»

Y Walsch pregunta:

«¿Por qué? ¿Por qué?»

» Porque la gente ha perdido el contacto (si es que alguna vez lo tuvo) con el propósito de las relaciones. Cuando has dejado de ver a los otros como almas sagradas en un viaje sagrado, no puedes ver el propósito, la razón, que se oculta tras toda relación.»

IV. Un curso de amor, D:Día19

Volvemos a hablar de las dos maneras de demostrar, en las formas, el poder de la consciencia-de-nuestra-unidad-de-amor.

Aquí, el curso señala otra vez, fuertemente, cómo nunca es un asunto de “intermediarios”…, cómo nunca se ha tratado de una cuestión de “intermediarios”.

La “labor” y la repercusión de los verdaderos “maestros”, como fue el caso del evento cósmico María-Jesús, es la de demostrar el PODER de la UNIÓN DIRECTA con el Origen, con Dios:

«Aquellos que han considerado a María como una intermediaria están tan equivocados en esta creencia como aquellos que han considerado a Jesús de esa manera. Ninguno demostró funciones intermediarias, sino que demostraron la unión directa con Dios. Cada uno demostró el aspecto creativo de esa función de distinta manera. Pero la función siguió siendo una de unión directa con Dios. Esta es muy literalmente la función de todos en este tiempo nuevo. Cuando hablamos de funciones únicas para cada uno, hablamos de expresiones de esta única y definitiva función. Juntas, la vía de María y la de Jesús demostraron la verdad de que como es adentro, es afuera, y demostraron la relación entre el mundo interno y el externo.»

Y vuelve a decir algo sobre los dos modos, el de Jesús y el de María, centrándose en el de María.

Son los modos de realizar tal demostración del PODER de la relación o unión directa con lo verdaderamente real.

Esos modos de demostración, como dijimos, los podemos comparar con “agujeros blancos” (en vez de negros, agujeros “creativos”) realizados por unas vidas concretas que se “eternizan”.

Es decir, esas vidas, más que quedarse como motivos o patrones “reales-físicos” que se borran en la historia… se convierten en poderosos MITOS, y como sabemos los mitos son más reales que lo que normalmente llamamos “la realidad”, pues de los mitos podríamos decir que actúan organizando la creatividad en la dimensión vertical de la consciencia multidimensional humana.

Estas vidas-mito, agujerean literalmente el modo de “encarnación” del Espíritu de la humanidad para que pase a darse la posibilidad natural de un nuevo ciclo sobre la tierra, y así la tierra pueda seguir el camino natural de su “eternización”, es decir, el plan divino:

«Los dos modos de demostración tornan conocido lo desconocido. Uno convierte en conocido lo desconocido mediante vidas ejemplares individualizadas. El otro convierte lo desconocido en conocido por medio de la creación de lo nuevo, de tal modo que lo desconocido deja de serlo y se hace disponible para ser experimentado.»

V. Un curso de amor, T2:2

Dios quiere lo que nosotros queramos. Todo el poder del cielo (es decir, de nuestra multidimensionalidad) apoya realmente nuestros deseos más íntimos y profundos, que siempre serán deseos que expresarán esa unión que ya somos de forma más y más plena.

Y estamos en la vida poniendo trabas y más trabas a la creación de nuestro estado de unidad.
Y por ejemplo decimos:
“no puedo hacer eso que seguramente me motiva más… porque simplemente “no puedo”… o porque no es “práctico”…, es decir, no sé cómo iba a poder vivir así…, cómo iba a poder ganarme la vida”.
Ese tipo de cosas.

También podemos objetar -como nos recuerda este capítulo- que no sabemos a qué llamada atender, qué “deseo íntimo” seguir… porque son muchas las llamadas:

«Algunos diríais que no sentís ninguna llamada, o que sentís muchas. Otros citaríais razones prácticas para hacer algo distinto de aquello a lo que os sentís llamados. Todas estas ideas ilustran tu creencia de que se necesita algo más aparte de tu propia voluntad. Solo en tu propia voluntad existe cualquier cosa, porque solo en ella es expresado el poder de la creación.»

Como decíamos, así es como el curso de amor acaba de expresar el “mantra” con el que comenzamos:

“Dios quiere lo que nosotros queramos”.

Lo único es que si no CREAMOS un estado de unidad -igual de aposta que hemos creado uno de separación-, no podremos “querer como Dios quiere” (sin dudar, con confianza, para sentir ese aspecto de Dios que hayamos venido a RECREAR en las formas).

Crear ese estado de Unidad es empezar a recordarnos y a crearnos aquí como seres completos.

Y “aquí” es ese estado que podemos llamar “desdoblado”.

“Aquí” venimos a hacer algo que podríamos llamar: “ayudar a que Dios se experimente así como desde fuera” (aunque no haya un afuera de Dios REAL, en un sentido muy concreto de “real”).

Gracias a estar aquí, podemos no solo “ser como Dios” (creadores que ya somos, ya que se nos hizo a Su imagen y semejanza)…, sino que, como ya vimos ayer…, podemos ELEGIRNOS y recordarnos aquí como creadores –pero tal y como Dios, el Origen, crea.

Y el Origen crea “sin pensar” (ver tratado 1); el Origen crea fácilmente, como simple consecuencia de su SER, de su ser Extensión.

Por eso, en este segundo tratado, el curso habla concretamente de los “tesoros” que ya somos y que ya tenemos… y que solo requieren ser “escuchados”, aceptados, elegidos (auto-eligiéndonos otra vez).

Así, podemos recrearnos a fondo…, podemos ser plenos creándonos de nuevo en la experiencia del pleno sentir de nuestro ser…, en magníficas versiones de Nosotros Mismos, del universo.

En Los Tratados de Un curso de amor -el segundo libro del curso- se pretende entonces que CONFIEMOS… llevarnos a un grado superior de confianza en nuestro compromiso con la Vida.

Se pretende alimentar la vida normal y cotidiana con impulsos prácticos, para que constatemos -con todo el cuerpo y toda el alma- ese proceso de DESAPRENDIZAJE y ese proceso, en paralelo, de la creación de un estado de Unidad que estamos realizando.

Este proceso nos lleva más allá de toda creencia (tratado 2), más allá de todo pensamiento “normal” (tratado 1), y más allá del yo personal (tratado 3)… hacia la creación de lo nuevo (tratado 4).

Lo único que requiere es la reunión de mente y corazón.

VI. Un curso de amor, T2:3

Vamos suavemente trascendiendo el APRENDIZAJE, pues al mundo de las formas en realidad hemos venido a EXPRESAR, a expresar “lo que es”, y las nociones de “aprendizaje” y de “intermediarios” necesitaban un retoque, hasta ser plenamente trascendidas.

En otros textos “revelados” se habla de que la vida no es ni siquiera un proceso de descubrimiento, sino de creación.

Así que siempre nos estamos re-creando a nosotros mismos, de cierta manera, a partir del material o, mejor dicho, de la “anti-materia” “no-creada” que nuestro Creador originalmente ES desde siempre: puro amor, pura relación, que es lo que realmente somos.

Es decir, es como que para poder expresar “lo que es”, vamos a estar siempre abiertos al hecho de que nos estamos definiendo, estamos definiendo quiénes somos, a cada momento, desde dentro, desde nuestra eternidad dentro (normalmente distorsionándola con pensamientos superpuestos a los verdaderos sentimientos que son nuestra unidad).

Vamos a abrirnos al hecho de que en cada situación y cada relación nos estamos “poniendo” desde el interior, estamos poniendo o bien “lo que es”, o bien esa nada, falsa, del pasado interpretado.

Y este capítulo comienza así:

«3.1 Tu vida es ya un acto de creación. Fue creada; toda ella. […] La única diferencia entre la vida que vives y la vida que quieres reside en tu disposición a expresar quién eres.»

La diferencia entre “creación” y “expresión” es el tema de este capítulo 3.

Esa afirmación (“tu vida fue creada”), nos podría dejar algo fríos, pues en una primera interpretación no se entendería cómo entonces vamos a poder vivir una “vida nueva”, una vida nueva que es la promesa que nos hemos hecho desde la Unidad. Y tampoco se entendería de repente que la resurrección es lo que ya vivimos… es ese paradigma en el que de hecho ya estamos viviendo aunque no nos demos cuenta.

Pero, como decíamos, estamos trascendiendo suavemente el paradigma del aprendizaje hasta que, en el último tratado (4º), se hable más explícitamente de ello una vez asegurada nuestra percepción de la conexión a la “unidad” en este segundo tratado (una vez asegurado que realmente estamos creando un estado de unidad, igual de aposta que tuvimos que crear un estado de separación para no vivir en unidad y relación con todos y con nuestro Creador).

Por ahora todavía hablamos de que aprendemos “de una nueva manera”. De hecho, recordamos del principio del Curso que es el “Cristo en nosotros” quien aprende, nuestro Yo en unidad –pues el ego no puede aprender nada, y el espíritu no lo necesita, nos decía la voz.

Entonces, ¿cómo cambiamos de chip para salir del paradigma del aprendizaje?

Pues aquí lo facilita, o nos guía, hablando de TESOROS. Y de hecho, la voz de la Unidad nos informa de que no es ella, aquí, quien nos habla de “tesoros”, sino que en realidad:

«3.2 […] Tu corazón te habla de este tesoro y te guía para que abras el cofre y lo liberes en el mundo»

Nuestro corazón está siempre susurrándonos, como ya sabíamos, sobre el tesoro de ese “todo completo” que ya somos, en Unidad y relación. Pero nosotros retenemos, retenemos el conflicto, expresando miedo en todas sus formas de retención, cerrazón, bloqueo, secreto, etc.

Como decía hace dos capítulos:

«El tesoro que se encuentra en el interior y que todavía no reconoces del todo es el de la unidad.»

Y también:

«Este cambio de mentalidad en lo que respecta a los tesoros que reconoces preparará el terreno para el reconocimiento de tesoros que hasta este momento no has reconocido.»

Y para realizar este cambio de mentalidad, en este aclarador capítulo 3, la voz pone ejemplos claros sobre el aprendizaje y la expresión, para mostrar la diferencia entre “creación” y “expresión”.

Nosotros no tenemos que aprender lo que es la belleza, o cualquier “sentimiento de Dios” (pues ya “somos Dios”, y nuestra alma lo sabe, y solo viene aquí a expresarlo):

«Si la capacidad de crear belleza en la música ya existe en ti, no tienes que aprender lo que es la belleza de la música, sino solo cómo expresarla. Si ves la belleza del interior, no tienes que aprender lo que es la belleza, sino solo cómo expresarla. La expresión y la creación no son sinónimos. La creación es una expansión en curso y continua del mismo pensamiento de amor que trajo la vida a la existencia. Las semillas de la creación existen en todo y aseguran una creación continua. Por tanto, las semillas de todo lo que puedes expresar existen “en” ti, en la creación que tú eres. El poder de la creación es liberado a través de tu elección, de tu disposición a expresar ese aspecto de la creación.»

La creación es, lógicamente, esa misma “extensión” de la que hablábamos en el primer curso de milagros.

Y pronto en el segundo libro del curso de amor se nos dirá que el ego (tal y como lo entendemos en estos cursos)… el ego es precisamente quien se va a contentar con dejar la semilla como mucho en remojo… y que no va a querer nutrirla con todas las condiciones necesarias, la “tierra”, el “sol”, los cambios precisos o las relaciones quizá necesarias para su florecimiento.

El ego no va a querer fácilmente permitir la expresión o el desarrollo del “Cristo en ti”:

«Cristo puede ser considerado como la semilla de tu identidad. Cristo es la expansión en curso y continua del mismo pensamiento de amor que trajo la vida a la existencia. Cristo es tu identidad en el sentido más amplio imaginable. Cristo es tu identidad en la unidad que es la creación.»

Cristo es pues “creación”, es esa expansión en curso y continua del amor original, extensión de ello.

Cristo es mi (nuestro) Yo en la unidad, mi (nuestro) Yo de la unidad.

El curso de milagros hacía la diferencia entre creación y fabricación. Como sabemos, con el ego fabricamos todo el rato porque estamos interpretando experiencias en base a otras interpretaciones de experiencias pasadas, en base a nuestras interpretaciones o a las de los demás, que hemos asumido, o que traemos al presente para que este presente deje de poder verse como el regalo o “presente” que es.

Por eso todo el primer tratado era para “aprender a pensar” solo en el modo “regalo”, con mentalidad milagrosa… y así, dejar atrás en realidad todo pensamiento, todo pensamiento “usual”, todo pensamiento que no incluyera “a Dios” (al orden superior de la experiencia, donde dar y recibir son una sola cosa).

En T1:4.3:

«Los milagros son, en otras palabras, una manera pensar, la nueva vía con la que vamos a aprender juntos. Son el estado de dar y recibir como una sola cosa.»

“Fabricando”, vivimos pues en interpretaciones de experiencias, en vez de vivir en el milagro del Ahora, en vez de vivir desde el Ahora de esa Unidad y Relación interior que ya somos desde siempre y que venimos a expresar de nuevo aquí, a ser posible, plenamente.

Y “crear” podríamos decir que es permitir y nutrir la expresión de “lo que es” (no de la ilusión mental del pasado).

VII. Un curso de amor, D:Día20

A veces los capítulos más breves parecen los más “importantes”.
Aquí se habla de algo que quizá nos dé mucho que hablar, de aquí hasta el final de los Cuarenta Días.

La “variable” en el mundo ¿qué es? ¿Qué es lo “desconocido”? ¿Cuál es el dato que falta?

¿Qué es eso tan misterioso de “lo desconocido”, a lo que tanto miedo le tenemos?

Cuidado, ahí va 🙂 :

«20.6 ¿Qué es entonces lo desconocido? La recepción y la expresión de la verdad.»

Esas dos palabras, EXPRESIÓN y RECEPCIÓN, pueden -cómo no- resumir el curso de amor, junto con “verdad” 🙂 .

VIII. Un curso de amor, D:Día21

En el capítulo anterior, la primera transición era constatar plenamente el final del aprendizaje.
Y se dijo que lo desconocido es la recepción y la expresión de la verdad.
Somos una relación, una relación tanto de recepción como de expresión, y “se nos necesita” como tales, si es que queremos realizar el “movimiento” que es la verdad, que es nuestro ser: llegar a conocer a través nuestro, “usarnos” como canales para “hacer conocer”.

En este capítulo también breve, se habla más concretamente de la recepción, y de un giro enorme en el pensamiento.

Este giro o inversión supone centrarnos en la recepción, y a la vez en la unidad como fuente u origen de la expresión y de la constatación y la realización de la verdad como ese movimiento constante del “llegar a conocer” y del “hacer conocer”:

«Puede que aún pienses en los términos que dicen que la recepción significa que hay algo que es dado por una fuente que está más allá del yo, pero ese es el “pensamiento” que debe cambiar.»

Y respecto a la inversión o giro en el pensamiento:

«21.7 […] Se reconoce que el conocimiento, la sabiduría, la guía o la información que se necesitan en cada momento están disponibles en cada momento, y que la interacción, en vez de tratarse de tomar algo de un origen exterior hacia el yo donde eso será aprendido y luego regurgitado o incluso aplicado, ha dado paso a una interacción que comienza en el interior y se extiende hacia el exterior.

» 21.8 Esto parecerá ser una inversión increíble, y de hecho lo es. Es el giro que te convertirá en un creador. Pero solo puede ocurrir si haces la primera transición.»

IX. Sobre la evolución y el movimiento eterno de hacer conocida la verdad

El concepto de “evolución” expresa el hecho de que, a través nuestro, Dios está saboreándose a sí mismo, en ciclos para nosotros incomprensibles.

Ahora bien, nosotros somos Dios, también –somos el proceso o la relación que la misma Vida ya es.

Entonces, si tenemos un problema con “la evolución”, es simplemente porque no nos sentimos Dios –es decir, no sentimos a nuestro verdadero ser, que podríamos describir como una relación con todo, y ya plena (y recordamos que la mera relación es “creadora”).

La “evolución”, en los niveles globales de la Vida, en los niveles “verticales” y “horizontales” de nuestra “multidimensionalidad”… la “evolución”… como ya sabemos… es algo incomprensible para la mente centrada en lo “físico” y el tiempo lineal.

Parece difícil entender cómo es posible que hablemos de la evolución de una sola unidad (pues todos somos uno solo); cómo es posible decir que una unidad puede evolucionar dentro de ella misma y “hacia” ella misma.

Pero somos eso mismo, estamos realizando eso mismo.

Lo que se es, no puede ser primero “entendido”, o no totalmente entendido “primero”.

Lo que se es, solo puede ser revelado, primero revelado: “conocido”, pues lo que es ya lo somos, desde siempre.

Lo que se es, es lo dado.

Un ejemplo banal del mundo físico y cultural: aquí, en lo físico, nos es dado, como dato, por ejemplo el dato de nuestra nacionalidad (haitianos, franceses, españoles, chinos…), o el dato de unos progenitores determinados.

Pero el encanto de lo físico es precisamente que aquí nos hemos ido “escondiendo de Dios” para hacernos “adultos” en una sociedad de adultos (escondiéndonos de “Dios” como el Dato de los Datos, la Vida de la Vida, como ese Conocimiento que ya somos desde siempre).

Y, por tanto, necesitamos que se nos revele el Dato de los datos…, necesitamos primero CONOCER nuestra “nacionalidad” como seres divinos, nuestra Filiación como seres o relaciones divinas –como Yoes en la Unidad de Ser y de Proceso que es la Vida, Dios.

Hace falta CONOCER que somos Dios, que somos relación divina, para permitirnos recibir eso, experimentarlo, y realizar plenamente “la obra del alma”.

Hace falta la revelación del conocimiento.

Y por eso la revelación o el conocimiento son primeros, aunque parezcan llegar los últimos.

Por eso “los últimos serán los primeros”. Por eso Jesús diría eso sobre su revelación –sobre su vida como revelación, sobre su ejemplo de resurrección como revelación.

En el mundo de lo físico, que es “el mundo al revés”, parece que para conocer necesitamos una experiencia, necesitamos entablar y crear una serie de relaciones a partir de nuestro libre albedrío expresado más o menos Conscientemente en un mundo físico.

Pero, en la verdad, nosotros ya somos una relación con todo lo que es.

Esa relación parece quedar “ocultada” por las aventuras de lo físico. Pero esa ocultación es solo para que, a través de esas aventuras, pueda llegar a ser conocida la verdad (y no se quede solo siendo el conocimiento que ya es desde siempre esa “verdad”).

Es decir, que utilizamos esas aventuras en gran medida para “mirar hacia otro lado”.

Y ese es el plan, aunque aquí, en realidad, sobre mucho más de lo que creíamos “el sufrimiento” como añadido al “dolor”.

En estas aventuras, parecemos querer cegarnos (hasta que dejamos de hacerlo), más o menos… por la actitud empleada a la hora de expresar ese deseo de entablar relaciones con las cosas físicas y con las personalidades encarnadas.

Tenemos esa necesidad de fundar la experiencia en un “afuera”, para poder hacernos conocidos en la separación, y para poder un día hacer conocida la verdad dentro de la separación, que es el plan divino del alma.

Esa verdad es a la vez “nuestra verdad” y la verdad de todos. Es una sola verdad, porque todos ya somos una relación creadora con todos y con todo –aunque cada cual sea una relación infinita única.

Somos únicos como relaciones divinas, no como seres aislados por ilusiones, por interpretaciones.

Así, en lo físico, la verdad de nuestro ser (como un solo ser y una sola relación) podrá re-conocerse como “desde fuera”.

Para eso sería “lo físico”.

Así que estamos realizando el ser -o la verdad- que deviene Sí Mismo y que se recrea a Sí Mismo en formas cada vez más “amplias”… pero que no ocupan “espacio” ni “tiempo”, pues somos “almas” atemporales, y no-locales.

Lo que no ocupa ni espacio ni tiempo (nuestro ser verdadero) “utiliza” y a la vez sirve amorosamente a estos (al espacio y al tiempo), para poder crecer mientras de cierto modo los “eterniza”. Es un servicio mutuo, es el despliegue de la relación que ya somos, de la relación entre físico y espiritual que siempre seremos.

X. Un curso de amor, D:Día22

Este capítulo se asegura de que no va a haber ninguna confusión en torno al concepto de “canalizar”.
Por ejemplo nos aseguramos de que podemos dejar de pensar en “intermediarios” cuando pensemos en “canalizadores” (pues en el fondo solo existe la unidad del amor, de la única verdad y sus infinitas expresiones).

La elección de nuestra aceptación de una canalización concreta (como por ejemplo este curso de amor), esa elección, es también una CANALIZACIÓN. Y de hecho, como dice este capítulo:

«23.4 Toda elección es, por tanto, un medio de canalizar. Está bebiendo del infinito número de experiencias o de información disponible, y canaliza solo lo que se desea conocer.»

Así que nos prepara para una generalización más:

«Algunos encontrarán muchas vías de canalización disponibles, tanto a través de ellos mismos como a través de canales espirituales, sin darse cuenta de que ambas cosas son lo mismo, porque ambas requieren una elección, la elección de permitir la entrada o la unión. En esta elección, el universo (lo que está disponible) es canalizado a través de la expresión de los deseos (lo individual).»

Es decir, gracias a las elecciones nos permitimos nuestros deseos al recibir y al expresar.

Da igual en el fondo si elegimos a “otros canales” (pues todos somos una sola Mente)…, o si elegimos “nuestras” canalizaciones… o ambas cosas.

Da igual, porque la unidad es una sola… la verdad es única… y siempre hacemos elecciones que permiten expresar y recibir la unicidad de lo universal…, y ninguna expresión de esa recepción de amor es igual.

Cuando lo permitimos, todos somos -y seremos para siempre- expresiones únicas del mismo amor que nos creó a todos ya perfectos.

XI. Un curso de amor, T2:4

El curso de milagros nos ayudaba a presentarnos a nosotros mismos nuestra verdadera identidad, a aceptarla de alguna manera, a mirarla dentro (la identidad original, relativa al Origen).

Pero parece que lo normal es que mucha gente SIGAMOS ACTUANDO según nuestra antigua identidad –aunque quizá la disfracemos mucho o lo intentemos.

Y a partir de ahora, este segundo libro del curso nos va a convertir en auténticos “expertos” 🙂 en desentrañar y dejar atrás todo este tema del representar…, del actuar (lo falso)… para ir más allá del yo personal y de toda creencia.

Y claro, como siempre, si actuamos con esas inercias… es “debido” al miedo enquistado y sus socios honoríficos (proyecciones, retenciones, vergüenzas, culpabilidades, inercias varias…).

Si no vivimos o actuamos como quienes realmente somos, no aprenderemos realmente, porque, como insiste tanto en decir este segundo curso de milagros, ya no se trata de “aprender”, sino de expresar lo que siempre hemos sido, recreándonos, volviéndonos a crear.

«Una primera etapa en el proceso de aprender a reconocer cuándo estás actuando según las ideas sobre quien crees ser, en vez de según quien tú realmente eres, es la aparición del esfuerzo o de la resistencia.»

En este bonito capítulo el curso de amor emplea la metáfora del nadador.

Una vez reconocida nuestra nueva identidad (“nadadores”, es decir, sabemos nadar)…, sin embargo, vamos al agua (de esa Casa de la Verdad recién encontrada, la identidad verdadera…)… y seguimos actuando como si estuviéramos en tierra: intentaremos nadar andando dentro del agua, o cosas así.

Nuestra “nueva identidad” requiere que vayamos aceptando -en la vida normal- que dar y recibir son lo mismo.

Si entonces, por ejemplo, seguimos actuando demasiado como si dar y recibir no fueran lo mismo… nos chocamos con nuestra vieja identidad, e intentaremos “andar dentro del agua” en vez de usar los brazos para flotar y evolucionar (nutriendo esa semilla de la expresión de la Unidad, a partir de nosotros).

Esto es muy curioso pensarlo así en el caso de “sentir una llamada” a algo (a hacer algo, a ser algo).

Y este es justo el tema de este capítulo.

¿Quién es el dador y quién el receptor de esa llamada?

Si dar y recibir son en verdad lo mismo, ¿cómo actuamos en esto de “sentir una llamada”?

Actuaremos con la vieja identidad si nos comportamos como si el DAR Y EL RECIBIR LA LLAMADA no fueran la misma cosa.

Así, actuaremos como si no fuéramos una sola unidad, una sola Mente…, una sola humanidad, un solo universo de universos –pues todo tiene una sola Fuente.

Este capítulo cuenta entonces que, cuando oímos eso de “sentir una llamada”, tenemos sentimientos encontrados, es decir, sentimientos y pensamientos que se oponen entre sí.

Por un lado sentimos que se nos PIDE algo, y entonces quizá pensamos que vamos a tener otra responsabilidad más… y… ¡uf! ¡Qué cansado! ¡Más alimento para el cansancio!

Por otro lado sentimos que se nos DA algo, y entonces el otro grupo de pensamientos reconoce felizmente la llamada, aceptando el regalo de un posible “tesoro”.

Y:

«Lo que se requiere para reclamar tu poder es estar dispuesto a desplazarte a través del conflicto entre dos grupos de pensamientos y sentimientos encontrados, hacia el lugar de la unidad.»

Y el capítulo terminará reforzando la siguiente proposición o propuesta central, en los párrafos finales (esta propuesta que es también “central” para todo el curso de amor y para toda “espiritualidad”):

«Lo que estás llamado a hacer es ser quien eres. Aquí se te pide que vivas una vida tan fluida como la de los pájaros que surcan el aire. Se te pide que vivas una vida donde no existe división entre quien tú eres, y lo que haces. Este lugar sin divisiones es el lugar de la unidad.»

XII. Un curso de amor, T2:5

Sentirse llamado, sentir la unidad: ambas cosas parecen ser similares.
Nosotros mismos nos llamamos a nosotros mismos a través de todo el universo… nos llamamos a ser “más nosotros mismos”.
A través de ese universo que nunca estuvo fuera de nuestro Yo verdadero… “nos somos” llamados a Ser quienes realmente somos, a crear eso en las formas.

La llamada es como si primero nos llamara a ser ese Ahora más y más presente… y más allá del presente…, hacia el presente como regalo (como “presente”)… como regalo de la Unidad que ya es:

«Una vez más, permíteme que enfatice la naturaleza temporal de “tiempo-presente” que contiene el ser llamado.»

Déjame -dice-, déjame que resalte, que haga notar, que enfatice de nuevo esa esencia temporal de tiempo-presente que conlleva el ser llamado.

Se nos llama en un momento dado, en un momento-regalo-presente, y:

«Un llamamiento es, de forma muy básica, un medio de comunicación. Si no estás escuchando no oirás las llamadas que están dirigidas a ti. Si solo buscas un tipo específico de llamamiento te perderás muchas oportunidades de aprender y de desaprender. Por tanto, el reconocimiento de los distintos llamamientos que pueden escucharse es ahora necesario.»

XIII. Un curso de amor, D:Día23

Sobre la confianza, la aceptación…, sobre esas cosas hemos tenido que cambiar de mentalidad… o deberíamos hacerlo si queremos dirigirnos “hacia la unidad”.
La aceptación y la confianza son algo activo… como “funciones” que requieren activación dentro de nosotros.

No pasa lo mismo con la entrega a nuestra propia voluntad divina, la que nos permitirá llevar y transmitir lo que se nos ha dado:

«Se trata de una entrega voluntaria, pero no activa. Se trata de rendirse a las fuerzas que se mueven dentro de ti. Se trata de una rendición consciente ante lo desconocido. Se trata de la disposición a llevar lo desconocido a lo conocido, y lo conocido a lo desconocido.

» Entregarse a las fuerzas que se mueven dentro de ti significa entregarte a tu propia voluntad. Requiere el reconocimiento pleno de que dentro de ti tienes la voluntad de conocer y de hacer conocido. Esta voluntad es una voluntad divina, tu voluntad, la consciencia-de-Cristo. Está viva en ti. Todo lo que se requiere es que la lleves con discernimiento, con integridad, con disposición. De esta voluntad nacerá lo nuevo.»

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