Matriarcado, patriarcado, y superación del feminismo   Leave a comment

imagen florEsta nota sirve como comentario para acompañar o motivar la lectura del 2º capítulo de Conversaciones con Dios, 3.

Habla de:
– el matriarcado antiguo,
– el patriarcado como descripción de lo que hay (miedo representado),
– y la “superación” del feminismo.

Para recuperar el poder de cada individuo -independientemente del sexo- abemos que no nos viene bien alimentar el sistema de pensamiento de la separación: “enemigos”, culto a los opuestos, al conflicto, etc.

Sabemos que el verdadero poder viene de la unión interior.

Cuando decimos “patriarcado” estamos describiendo, observando, y no juzgando (como quien describe una patata).

Si nuestras instituciones son “patriarcales” es porque de cierto modo aún no ayudan a expresar o satisfacer las “necesidades naturales” que involucra por ejemplo ser una mujer que da a luz niños pequeños, o, simplemente, ser un niño pequeño.

Es como que las mujeres se ven encauzadas, como sin darse cuenta, a situaciones bien antinaturales, donde el hombre parece presentarse como opuesto, en varios aspectos.

Pero el “patriarcado” no es una cuestión de sexos, en el fondo, como nada lo es, pues todo es una cuestión de miedo (es decir, de amor interpretado… o sobreinterpretado, distorsionado).

Como sabemos, la crianza es muy importante para la civilización: esos primeros años de las “almas” que recién llegan a esta ilusión de formas separadas, a este cuadro de mundo… un cuadro que nos iba a servir para “expresar a Dios” (a nuestro verdadero ser).

Siendo muy importante, sin embargo, en gran medida la crianza sigue en manos de:

– parejas frustradas (que en muchos casos no quieren ni pueden transmitir sabiduría, realización, amor incondicional…),
– individuos aislados y repletos de obligaciones y “cargas”, y a menudo sin recursos (dentro de lo que ahora llamamos rimbombantemente: “familias monoparentales”),
– y en manos de Estados que no sabían lo que es la educación (que interesadamente formaban sistemas de “educación” consistentes en encerrar gente para imprimir “datos objetivos” en sus mentes).

En realidad, no es que las “instituciones patriarcales” no ayuden a expresar, sino que restringen las posibilidades de una manera “tradicional” (es decir, fundada en nada más que en: “es lo que hay”).

Hacen esa restricción al manifestar, en gran medida, el sistema de pensamiento del miedo. Y sabemos que el miedo encierra, reduce. Así son las instituciones o los sistemas en esta “vieja era” que aún estamos “superando”.

Y nuestras instituciones en el fondo solo expresan en parte lo que ocurre dentro: que no dejamos que se exprese con naturalidad ese Ser Interior, tanto de mujeres como de hombres…, a la hora de afrontar, por ejemplo, la crianza.

Lo natural (en el sentido de que en nuestra naturaleza está querer expresar paz, alegría y armonía)… lo “natural” sería delegar la crianza y sus “cargas” económicas y de trabajo educativo en redes donde los parientes biológicos puedan elegir participar en diversos grados.

En esas redes se transmitiría a los niños la mayor cantidad de sabiduría y de amor posible… y, por ejemplo, como sugiere CCD3, podrían estar compuestas principalmente por las personas mayores más sabias y dispuestas de nuestras civilizaciones.

Es muy interesante la esquemática historia humana que cuenta CCD3, sobre el matriarcado.

Esto nos puede inspirar para hablar de la familia, como ya empezamos a hacer aquí… o, mejor dicho, de la obsesión con “la familia”.

Sobre todo podemos hablar del giro que dicen que ha dado todo: nos hemos ido encerrando en esa “institución del matrimonio”, de la que ahora salimos, difuminándola sobre todo en forma de parejas de todo tipo o individuos aislados. En el caso de las parejas, a menudo siguen guardando las formas matrimoniales –ya sean heterosexuales u homosexuales… etc.

Hemos llegado hasta aquí, hasta la célula matrimonial, y venimos desde formas de vida donde existían las familias extensas, o, por así decirlo, los grupos o redes extensas de apoyo mutuo.

Este lugar donde estamos ahora (saliendo del “patriarcado” para ir hacia un sentir, un reconocer y un basarnos finalmente en la Unidad espiritual humana que está más allá de las diferencias físicas y culturales, y que es lo que realmente nos nutre)… este lugar donde estamos ahora…, por tanto… ¿qué es lo que simboliza?

¿Qué es este mundo? ¿Qué forma es esta de simbolizar el miedo?

Vivimos nuestros pensamientos proyectados, como ya sabemos.

Y sabemos que el miedo separa, reduce, controla, disminuye el poder-hacer, la potencia… aliena.

Y sabemos que lo que ahora vivimos es la ilusión de nuestros miedos, de nuestras interpretaciones… proyectadas en la pantalla de nuestra Mente.

Estamos como encerrados en una especie de diálogo, pero que solo habla la ilusión, consigo misma.

Es un monólogo donde la ilusión se da golpes contra sí misma, sin escuchar el diálogo de la Creación, de la verdadera creación, que depende de una Vida –de un proceso de Vida, de un universo, de un “Dios”… o como lo queramos llamar– que no es realmente hostil, que es de amor y solo de amor y sostén, libre y liberador.

Sabemos que nosotros, a través de lo que pensamos, creamos poderosamente una realidad desde la unidad de nuestra mente, que es una sola Mente.

Si esa sola mente se cree los mitos de un Dios celoso, rabioso (es decir, de un universo, de una Vida, de un proceso de Vida así)… entonces, nos ha pasado lo que vemos: que hemos “creado” esto que vemos.

Si “nos creemos el miedo”, terminamos en-cerrándonos en nuestras ilusiones, pues ya sabemos que el miedo es prácticamente amor interpretado.

Nos encerramos en nuestras interpretaciones, como individuos y como civilizaciones.

Y así nos cerramos al verdadero poder, al que viene de dentro…, es decir, al poder de la unión, de la unidad.

Si nos creemos el miedo, alimentamos la ilusión de un poder que viene de fuera…, que dirime sus asuntos solo en el exterior de batallas inventadas, y que tiene que ver solo con la fuerza.

Así, hemos realimentado la ilusión de la separación, en una bola de nieve cuyo crecimiento no parecía tener final, en su caída hacia la autodestrucción gracias a la fuerza gravitatoria de la culpa… y en un ilusorio descenso hacia la boca de ese volcán inventado que llamábamos “infierno”.

Las mujeres se creyeron el miedo instigado por los hombres que estaban más frustrados. Estos se rebelaban así contra el sistema matriarcal, debido a sentirse menospreciados en un mundo que usaba a los hombres prácticamente solo para tareas físicas y reproductivas.

Así es esencialmente como podríamos resumir esta parte de CCD3 tan interesante -y tan esquemática- sobre una parte de nuestra historia física.

Igualmente, esa frustración masculina era miedo (como todo lo que no es amor). Y el miedo se contagió más y más.

Así creamos, así vamos dando pábulo a las creaciones que surgen del miedo… y desde este mundo físico -donde nuestro consciente se cree la película- pedimos y pedimos más de lo mismo.

Así, “creamos” pensamientos y creencias que sostienen lo que vamos inventando… en un círculo vicioso que manda esos mensajes hacia dentro de nuestro ser y a todo el universo a la vez… “vibrando” en tales pensamientos.

Es decir, nuestra unidad Mental utilizó a las almas a las que “les tocaba” “encarnar” como mujeres… las utilizó poco a poco… para expresar un miedo ilusorio en la pizarra del mundo, para convencerlas de irlo expresando… tal y como hemos visto en la historia y vemos ahora.

Y si hablamos de que lo “hizo” nuestra “Unidad”, es porque en general no hay víctimas ni villanos… sino Mente que cree en la realidad del miedo…, y a nadie se le hace nada “desde fuera”.

Todos alimentamos mentalmente los miedos que luego vemos expresados en la pizarra del mundo.

Lo que hemos vivido, y lo que aún hoy estamos viviendo con estos coletazos del patoso dragón del patriarcado, es el resultado aparentemente más radical de la historia en cuanto a forma de vida: una expresión o una pintura brutal que se expresa como lo que llaman “patriarcado”, en muchas sociedades.

En muchas sociedades vemos que prima la forma de vida en que las mujeres aún son recluidas y se autorrecluyen…, pues el signo de los tiempos va más allá de la batalla entre los sexos… y tiene que ver con lo dicho: miedo y separación.

Todo tiene que ver con ese “aislamiento” que producen nuestros egos… y con las formas de plasmarlo… unas formas que van adquiriendo variedad en esta carrera ilusoria de la idea de separación.

Y terminamos dando con situaciones donde las mujeres a menudo prescinden, misteriosa y automáticamente, de la ayuda natural entre ellas… de una ayuda que puede servir para aliviar las tareas de la crianza de niños –en una sociedad que, por otra parte, parecía estar tan “loca” que de esto no se podía casi ni hablar.

A menudo ni siquiera se cuenta con la ayuda de la familia más cercana… así que menos aún se podría pensar en poder hacer uso de más y mejores instituciones amorosas…, que ayuden a las parejas, las mujeres…

Idealmente, como cuenta este texto de Conversaciones con Dios 3, la ayuda más natural vendría dada por parte de los más Mayores, que a menudo serían quienes pueden comportarse lo más sabia y amorosomente posible con los niños en una civilización dada.

Sería una ayuda variada, dada sobre todo por los Mayores pues en general son ellos quienes ya sienten más auténtica y plenamente que no hay mayor placer que el servicio sabio.

Así, las mujeres en edad reproductora pueden elegir más y mejor su camino de vida, el empleo de su tiempo… con más apoyos que no sea el mero apoyo de otra persona a menudo tan frustrada como ella: el compañero –o la compañera, en caso de una pareja homosexual, etc.

Así, todos podemos desarrollarnos, dando más y mejores posibilidades a nuestro ser para que se dé cuenta de que es literalmente “creador”… pues con más apoyo podemos elegir más nuestros caminos y sueños… y podemos elegir la forma de estar pendientes de las criaturas una vez que por ejemplo las mujeres deciden destetarlas más o menos sanamente… sin forzar sufrimientos innecesarios…

Pues no solo es para que “ellas” puedan “desarrollarse”, sino que, como entramos en un modo de pensar “nuevo”, donde “todo el mundo gana” si alguien realmente “gana”… entonces, también “ellos”, en las parejas clásicas, también ellos… no están obligados a “sacrificarse”.

Como sabemos, no es obligatorio alimentar el sacrificio (como idea asociada al sufrimiento)… no tenemos por qué alimentar ni por un segundo más la idea del sacrificio, aunque, como somos creadores, hasta que no nos vivamos como tales, como creadores, seguiremos pensando que algo nos obliga desde fuera a cumplir con nuestros “deberes”, “obligaciones”, etc…. y no nos daremos cuenta de que todo es un gigantesco “circo”, donde pintamos los miedos en común…, miedos de unos seres enloquecidos por la culpa.

Quizá sigamos siglos aún en este tiempo ilusorio, eligiendo decirnos esas locuras del tipo de…: “tenemos que hacer esto”, “tenemos que hacer lo otro”… reforzando así la separación.

Ese miedo, como vemos, rodó y rodó una bola de nieve creciente que dio con este “patriarcado” objetivo…, donde las células matrimoniales expresan ese encerramiento, o separación, para empezar entre las propias mujeres, con otras mujeres.

Es decir, que básicamente las mujeres han “perdido” las alianzas o las conexiones naturales entre ellas, las ganas de tener esas conexiones, de usar más esas ayudas, casi “naturales”… que imaginamos que en “el matriarcado” se habrían institucionalizado casi de forma natural (pero hasta llegar a cobrar una forma monstruosa).

Algo de esa “ayuda” vemos que hay ya institucionalizado en los “países modernos” debido en parte a las luchas feministas, aunque, obviamente, una parte del feminismo tiene muy mala prensa, y con mucha razón, porque el único enemigo de las mujeres y de los hombres es el miedo en la mente, es la culpa como conflicto mental –y sabemos por tanto que el enemigo nunca ha sido “el otro sexo”.

“El otro sexo” es una entelequia, una estupidez… pues todos los sexos tienen ya todos los atributos latentes y expresables con mayor o menor énfasis en unos u otros cuerpos, dependiendo de nuestras necesidades y apreciaciones: ternura, paciencia, valentía, etc.

Por eso, observamos, sin juzgar, que “nuestras instituciones son patriarcales”.

No permitían o no permiten la plasmación de las “necesidades naturales” que involucra “ser una mujer con niños”.

Así que el rodaje del miedo hizo valer cada vez más los mitos sobre una historia espiritual de demonios masculinos, de espíritus “caídos”, como nos cuenta aquí CCD3. Y así Dios pasó de ser una Diosa acogedora a un Dios enfrascado en batallitas terribles…, teniendo celos de todos, exigiendo y necesitando retribuciones por doquier.

Por cierto, esta historia del “Mal” y de los demonios puede que estuviera lejanamente bien fundada, esotéricamente bien fundada, pues la historia que cuenta El libro de Urantia sobre el plano espiritual donde también estamos…, es muy interesante.

Es decir, todo esto sobre “Lucifer”, etc., podría estar “basado en hechos reales”, y podría seguir siendo “verdad” lo que nos cuenta CCD3…, pues en el nivel espiritual habría también una “política” y una administración… y una libertad de acción a la hora de ejercer esa relación natural de cuidado que existe entre lo espiritual y lo físico.

Así que esos “demonios” no serían temibles “espirítus malos”…, sino simplemente seres espirituales que simplemente desentonan un poco con respecto a los cauces normales de acción en sus esferas administrativas.

Serían simplemente rebeldes, como los llama el libro de Urantia… aunque ejercer cierta rebeldía, en esas esferas donde se administra el cuidado de lo físico, tendría a veces consecuencias importantes y algo tristes para los mundos físicos.

Pese a ello, los “satanes” y los “luciferes” no serían ni buenos malos, ni buenos (no en el sentido humano corriente moralista de “bueno” y “malo”).

Simplemente se habrían alejado mucho o poco de su función y por tanto de su ser.

Ese alejarse de su función sería en parte la contrapartida espiritual de nuestro “alejarnos de nuestra función” aquí en lo físico. Es decir, quizá lo podríamos ver como algo que parcialmente refleja o que resuena con nuestra decisión de “creernos el miedo” (aunque la correspondencia no fuera exacta).

Así que siempre es una historia de miedo, de apertura o de cerrazón…, de elegir aposta seguir o no seguir la guía acordada…, seguir el plan acordado por esa Unidad espiritual que ya somos, y que desde dentro cuida o abraza la administración de estos sueños físicos de formas en estos planetas maravillosos.

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